martes, 19 de abril de 2016

Casa Gómez de Parada/Buch en Paseo de la Reforma




En Paseo de la Reforma N° 114, donde ahora se levanta el edificio “Seguros La Comercial” (ocupado hoy por la Secretaría de Desarrollo Social), estuvo la casa de Jorge Gómez de Parada Valdivielso y Concepción Buch Echeverría de Gómez de Parada, residencia que en 1900 diseñara el arquitecto Manuel Robleda y Guerra. Ahí habitaron sus hijos Teresa, Dolores, Jorge, Agustín, Javiera, Magdalena (la famosa Mayita) y Miguel, todos Gómez de Parada y Buch (aunque los tres hombres apenas durante las cortas visitas a México, ya que estudiaban en el extranjero).

Abajo, una fotografía de 1911 captada en el huerto de la hacienda de Puruagua donde aparecen algunos de los hermanos Gómez de Parada y Buch; destacan en primera fila Miguel (el menor de los hermanos), Mayita y “Jorge chico” con Rufo, su perro.



Don Jorge Gómez de Parada Valdivielso, ligado al marquesado de San Miguel de Aguayo –entre cuyas propiedades destacaba la hacienda de Puruagua (en Jerecuaro, estado de Guanajuato), con más de 25,000 hectáreas –, había adquirido desde 1898 un terreno con 20 m sobre el Paseo de la Reforma y frente también hacia la calle de Osorio (que se renombraría Atenas) de la Colonia Americana –que al poco tiempo pasaría a ser Colonia Juárez–, que contaba 50 m de fondo para una superficie de 1,000 m²; el terreno colindaba al oriente con la propiedad de la familia Bulnes (Reforma 108) y hacia el poniente con la residencia de la familia Méndez Armendáriz (Reforma 116) que hacía esquina con la calle de Milán.

Abajo, en un fragmento del “Plano General de la Ciudad de México” de 1907, que reproduzco gracias a la amabilidad de Javier Balbás Diez Barroso, he marcado el sitio donde en 1900 se edificó la casa Gómez de Parada-Buch.



El terreno con su frente a Paseo de la Reforma, se hallaba casi equidistante de las glorietas que hospedaban los magníficos monumentos a Colón y Cuauhtémoc, donado el primero por don Antonio Escandón y Garmendia en 1877 (con esculturas por Charles Cordier), e instalado el segundo en 1887 (con escultura y relieves de Miguel Noreña y Gabriel Guerra).



Además, el Paseo había sido ajuareado desde 1889 con 34 esculturas que diversos estados de la unión enviaron, luego de que en 1887 se diera la convocatoria para que cada entidad de la república donara dos esculturas de “héroes locales, dignos de ser recordados por sus logros políticos, científicos o militares”; Jalisco colocó dos obras de Jesús Contreras que fueron presentadas el 4 de abril de 1896, representando una a Donato Guerra y otra a Manuel López Cotilla, escultura que se colocó en la esquina con la calle de Milán, frente a la casa de la familia Méndez Armendáriz, apenas a 20 metros de la residencia Gómez de Parada-Buch.



El joven arquitecto Manuel Robleda y Guerra (vivió entre 1872 y 1946) se había recibido en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1899 -con un proyecto de manicomio, que fue publicado en El Arte y la Ciencia en 1900-, aunque desde hacía algún tiempo, trabajaba en el diseño del Hospital General que había sido encargado al Dr Eduardo Liceaga y al ingeniero Roberto Gayol Soto, y que él se encargaría de terminar cuando Gayol dedicó sus energías a concluir la columna de la Independencia. Además de la casa para los Gómez de Parada/Buch, Robleda diseñó entre otras, una magnífica residencia en la calle de Gómez Farías para el general Francisco Vélez.

En su libro “El Paseo de la Reforma, Crónica de una Época” publicado en 1997 por la ENEP Aragón, Ignacio Ulloa del Río realizó una magnífica investigación acerca de la arquitectura del Paseo; los datos de la casa Gómez de Parada/Buch aparecen detallados, pero desafortunadamente en la ilustración, la fachada se señala detrás de un frondoso árbol…



En 1910, la residencia Gómez de Parada fungió como alojamiento a la representación del Imperio Alemán que concurría a las “Fiestas del Centenario”, y en cuya representación asistió el embajador Karl Bünz. De ese momento es la fotografía que aparece al inicio de ésta entrada –fachada principal de la casa de Reforma 114–, así como la imagen que sigue, que muestra las páginas 16 y 17 de “Crónica Oficial de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México” que en 1911 publicara la Secretaría de Gobernación bajo la dirección de Genaro García.

Muestra “…al Excelentísimo señor Karl Bünz, acreditado como embajador especial; al señor Mayor Hanz von Herwarth und Bittenfeld, con el carácter de Secretario, acompañado de su esposa, la señora von Herwarth und Bittenfeld” así como el crucero “Freya” y varios miembros de la Embajada Alemana…



La publicación hacía mención de la amable manera en que propietarios “como el señor Jorge Parada, Hugo Scherer (Jr.), la señora viuda de Braniff y los señores Diputado De la Torre y Mier, Parada, De Landa y Escandón, De la Horga, y Braniff, habían puesto a disposición del Gobierno Federal sus residencias para albergar a las representaciones diplomáticas” y así dar lucimiento al evento…

Además, acerca de la residencia Gómez de Parada/Buch, en el documento aparecen imágenes de los interiores, donde se muestra uno de los salones de la que para la ocasión fuera Residencia de la Legación Alemana en México, así como la recamara que ocuparía Excelentísimo señor Karl Bünz.





Mención especial merece el “Salón de caballeros” que con “suntuosa y sobria decoración”, muestra en la fotografía plafones de complejo diseño y una sorprendente chimenea digna del salón fumador de un club privado; los aposentos de la casa serían telón de fondo para innumerables ceremonias y fiestas, donde en bodas y banquetes jugaba parte importante la etiqueta…



Como ejemplo, en 1917 y durante el proceso revolucionario, la casa fue escenario del matrimonio entre una de las hijas pequeñas, Magdalena Margarita (Mayita) e Ignacio Orvañanos Quintanilla, unión a la que los padres de la novia entregarían la hacienda de Puruagua en Guanajuato. Abajo, María Margarita Gómez de Parada y Buch el día de su matrimonio con Ignacio Orvañanos; a la izquierda, doña Dolores Quintanilla Falgar viuda de Orvañanos al lado de su hijo y a la derecha don Jorge Gómez de Parada Valdivielso y Concepción Buch Echeverría de Gómez de Parada (a los 66 y 63 años de edad respectivamente)




Desde 1909, la casa había cobrado popularidad al ser residencia de Jorge Gómez de Parada y Buch (“Jorge chico” 1885-1965) que había estudiado en Beaumont College y Stonyhurst College -Inglaterra-, entre 1898 y 1905 pero llegó a México y obtuvo relevancia como deportista. Reconocido futbolista, que fue campeón de goleo en la Temporada 1908-1909, campeón de liga y de la Copa Tower, Gómez Parada fue fundador del Club San Pedro de los Pinos en 1910, club de donde más adelante devendría el Club de Fútbol México en donde sería jugador y entrenador, llegando a ser nuevamente campeón de goleo individual y campeón de liga en la temporada 1912-13.

Abajo, Jorge Gómez de Parada y Buch en Stonyhurst College (al centro), como parte del equipo de foot-ball; más abajo, en 1909 con el Reforma Athletic Club.





Arquitecto de profesión, Jorge Gómez de Parada y Buch casó el 12 de octubre 1911 con Dolores Rubín Escandón -hija de José María Rubín Kern y María Dolores Escandón Arango-, a quien su madre regaló de bodas la Casa grande de la Hacienda de Santa Catalina del Arenal, mejor conocida como "La Condesa". Con la intervención del Arq. Mauricio de Maria y Campos, Gómez de Parada se encargó de reconstruir el viejo casco colonial de la hacienda, creando una edificación de “influencia inglesa” en la Avenida Tacubaya -que ahora es parte del Circuito Interior-, edificación que ahora alberga la Embajada de la Federación de Rusia.


Arriba, un fragmento de la litografía de Casimiro Castro que forma parte del álbum “México y sus Alrededores” publicada por J. Decaen en 1864 -titulada “La Villa de Tacubaya tomada desde Chapultepec”-, aparece a la izquierda, parte de la Hacienda de Santa Catalina del Arenal, donde se distingue la Casa Grande por la cúpula de la capilla; al fondo aparece la casa de la familia Mier (ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/02/la-casa-en-tacubaya-de-la-familia-mier.html). Abajo, una toma de la quinta Gómez de Parada / Rubín en Tacubaya, vista desde lo que hoy es Circuito Interior…





En buena medida, luego de las reformas agrarias decretadas a raíz del movimiento revolucionario, buena parte de la fortuna de la familia se perdió, y en el proceso se puso en venta la casa de Tacubaya; aunque la quinta perdió buena parte de los jardines al ser vendida al gobierno soviético, se conserva en buenas condiciones, aunque la edificación de 1913 ha sido parcialmente modificada y ampliada.




Por otro lado estaba María Margarita Gómez de Parada y Buch -“Mayita”-, que había asimilado el glamour de la “Belle Époque”, la moda de París, la etiqueta y el estilo en el comer -con conocimiento e intuición para tiempos, vinos y hasta “gourmandises”; elementos que Mayita no solo aprendió con gusto sino que dominó en juventud, al punto que la familia le encargaba el rol de organizar los banquetes, siempre siguiendo la ortodoxia culinaria europea.



Casada con Ignacio Orvañanos en 1917, vio pasar los días abundancia hasta que en la década de los treintas, las tierras de la hacienda Puruagua fueron repartidas entre campesinos y los escenarios de vida cambiaron radicalmente…



Ante la adversidad económica, decidió dar clases de cocina en su casa a sus amigas -y a sus cocineras-. Organizó para ello a su propia hermana “Lo”, – Dolores Gómez de Parada y Buch– y a la servidumbre de casa, hasta que con el paso del tiempo, aquello evolucionó de manera insospechada…

En “Mayita 1894-1989” (Carteles Editores, 2014) Jaime Arrangoiz Orvañanos nos cuenta: “Para una de las clases se le ocurrió traer de Puruagua a un panadero que hacía unas rosquitas deliciosas con pulque. Cuál no sería la sorpresa y la risa de Mayita y sus elegantes alumnas cuando vieron al panadero echar buches de pulque para rociar la masa. En ese entonces a Mayita no le pasó por la mente que con esas clases daba el primer paso para fundar uno de los mejores negocios de banquetes que ha tenido México: Banquetes Mayita.”



Tuvo éxito empresarial Mayita en una época en que la mujer ni siquiera tenía derecho a votar; mientras sus amigas no salían a la calle sin un “nécessaire”, Mayita llevaba una sofisticada caja de herramientas cuando atendió las mesas del nuevo régimen revolucionario, sirviendo banquetes a presidentes de la república y a huéspedes insólitos como Charles de Gaulle y Jacqueline y John F. Kennedy, o el papa Juan Pablo II…



Habría que agregar, de entre los hermanos que aparecen en la primera fila de aquella foto de 1911 en el huerto de la hacienda de Puruagua, a José Miguel Gómez de Parada y Buch que el 30 de diciembre 1931 casó con Lorenza Braniff Lascuráin, hija de George T. Braniff Ricard y María Concepción Lascurain Landa (ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2013/01/casa-braniffricard-en-paseo-de-la.html) y con quien fundaría el “Hogar Providencia de Don Vasco” para niñas y jóvenes huérfanas o desamparadas que aún funciona en Pátzcuaro.





Pero volviendo a Paseo de la Reforma 114, edificación que en 1900 el arquitecto Manuel Robleda había alineado con la banqueta lateral del Paseo, es interesante hacer notar que las ventanas miraban justo al otro lado del ancho boulevard, el enorme jardín de la residencia de doña Felícitas Juárez viuda de Sánchez.

“Feli”, hija de don Benito Juárez y Margarita Maza había casado con Delfín Sánchez Ramos, español que junto con su hermano José, vendieron armas a las filas mexicanas que luchaban contra conservadores e imperialistas. Al desposarse con Felícitas en abril de 1868, Sánchez participó activamente como empresario en el programa de desarrollo sostenido por Porfirio Díaz y Manuel González, en particular impulsando los ferrocarriles.



En 1889, cuando aún no se edificaba la casa Gómez de Parada/Buch, la familia Sánchez-Juárez dio un baile en su residencia del Paseo de la Reforma –edificada justo detrás de donde se colocaría la efigie de Mariano Jiménez, realizada en 1896 por Jesús Contreras y que se había instalado por patrocinio del estado de San Luís Potosí–, de la que en el México Gráfico del 22 de septiembre de 1889 se leía:

Al pie de la escalera de mármol [...], dos enormes bronces repartían mil rayos de luz. Al fin de la escalera el señor Delfín Sánchez hacía los honores a sus invitados; [...] Cuanto de caprichos tiene la moda y de ingente tiene el buen gusto se hallaba reunido allí.

Y sigue: “Tapicerías...cristales, sedas, maderas preciosas...Mil elegantes damas concurren a la fiesta... Allí estaban la bella señora de Mendoza, esposa del ministro de Argentina, las señoras [...] de Bulnes, Juárez de Sánchez, [...] de Torres Adalid, [...] de Obregón, [...] de Santacilia [...]. De improviso, atravesando el salón egipcio... (aparece) la cuadrilla del minuet... Isabel Sánchez [...] Carmen Sánchez; Soledad Juárez [...]. Comenzó la danza y todos los concurrentes se sintieron transportados a las Tullerías y se sentían vivir en la segunda mitad del siglo pasado.

En 1898 se publicaba la noticia trágica informando que don Delfín había muerto el 27 de agosto: días antes paseaba por los campos de la hacienda de Tenextepango en Morelos, acompañado de sus amigos Nacho de la Torre y Mier, y Porfirio Díaz, hijo; el carruaje se volcó y los tres cayeron, Sánchez se lastimó las costillas y se agravó en él un problema de corazón que padecía desde joven, lo que le provocó la muerte.


Poco después, los predios al poniente y la casa Sánchez-Juárez serían adquiridos por el señor Charles Markassuza y su sobrino Charles Felix Markassuza, sitio que llamarían sus oficinas, en Paseo de la Reforma No. 107 esquina con París. Aunque conservaron la casa que había diseñado el arquitecto Silvio Contri, para 1935 Markassuza asociado con Alberto J. Pani Arteaga (Secretario de Hacienda) encargan al muy joven arquitecto Mario Pani el diseño de un hotel en el amplio jardín que resultaría el moderno Hotel Reforma, frente a la casa Gómez de Parada/Buch.

En la foto de arriba, imagen oblicua captada en 1939 por la compañía Mexicana de Aerofoto, aparece el Paseo de la Reforma a su intersección con la calle de París. Al centro de la imagen, el recientemente inaugurado Hotel Reforma y a la derecha, la casa Sánchez-Juárez que luego compraría Francisco Buch de la Torre; a la izquierda, aparece la casa de la familia Mestre que de origen había edificado don Pedro María de Regil. Abajo, en una imagen la misma fuente pero ahora de 1940, una amplia toma oblicua de la Ciudad de México donde se ha marcada la casa 114 de Paseo de la Reforma, que dejaría de ser propiedad de la familia Gómez de Parada/Buch.





El predio ahora lo ocupa el que fuera edificio emblema de Seguros La Comercial -Paseo de la Reforma 116-, diseñado en 1963 por los Arqs. Héctor Mestre y Manuel de la Colina, edificio que además incorporó el predio adyacente de la residencia de don Santiago Méndez Armendáriz que para 1919 había sido vendido a Luís Caraza. La edificación fue aplaudida y ampliamente comentada, como uno de los edificios que estaban cambiando la fisonomía del viejo Paseo en los años 60’, durante el sexenio Adolfo López Mateos, y sorprendentemente, se usó como símbolo del "desarrollo estabilizador" de Gustavo Díaz Ordaz.



El edificio de Mestre y De la Colina, edificado durante 1964, es un magnífico ejemplo de la arquitectura del Movimiento Internacional que comparte paternidad con otras edificaciones de la misma mancuerna, como el par de edificaciones de departamentos de 1958 sobre la Calzada Melchor Ocampo (a unos metros de Reforma y lamentablemente destruidas) y la torre de oficinas, diseñada en 1970 también sobre Reforma pero en la zona de Lomas, para albergar las oficinas del Banco Comermex…




La aseguradora que usaba el edificio de Reforma 116 como emblema, ha tenido una historia compleja: según entiendo, como estrategia de mercado Seguros la Comercial se unió a Seguros América para conformar Seguros Comercial-América, firma que de hecho muchos aún recuerdan; a inicios del S. XXI fue vendida por el Grupo Pulsar al Grupo ING (holandés) que inicialmente recibió el nombre de “ING-Seguros Comercial América” aunque para 2005 se redujo a ING Seguros. En 2008 se vendió al grupo francés AXA, perdiendo ya su nombre de ING Seguros. El edificio ahora es ocupado por la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL).

Abajo, en una imagen de Google-maps, aparece al centro de la toma, el edificio “SEDESOL” que diseñaran los arquitectos Héctor Mestre y Manuel de la Colina en 1963; ocupa los terrenos que habían sido de las residencias de la familia Méndez Armendáriz (Reforma 116 de la que conservó el número) en la esquina con Milán y de la familia Gómez de Parada y Buch…





Este Blog está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme. Si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–. Conforme haya más entradas (ya hay más de 45), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…




viernes, 15 de abril de 2016

Casa Borja / Covarrubias en Jalisco N° 161, Colonia Roma.



La atractiva casa que en 1912 edificara para su familia el licenciado Manuel Borja Soriano, siguiendo un diseño del arquitecto Federico Mariscal, aún se conserva en el N° 161 de la avenida que ahora rinde homenaje a Álvaro Obregón.



Acerca de ésta edificación escribí en 2002 un libro llamado “Una Casona de la Colonia Roma” (ISBN 970-18-8487-6) que publicaron CONACULTA-INBA y el Gobierno de Quintana Roo, pero que ha estado agotado por una decena de años.

Don Manuel Borja Soriano fue un prominente notario del que poco se habla. Nació en la calle de Puente de Fierro (hoy Jesús María) en agosto de 1873 y estudió en la Escuela Nacional de Jurisprudencia donde se recibió en 1898 y para fin de ese año pasó a ser Juez de Primera Instancia.



Trabajó en el despacho J.M. Limantour así como en el bufete de don Rafael Pardo, pero para 1900 instaló su propio despacho -como Notario 47 del Distrito Federal-, en la calle del Esclavo N°1 (ahora República de Chile); en mayo de ese año, contrajo matrimonio con Francisca Covarrubias Bañuelos y fijó residencia en Colima N°290 de nueva colonia Condesa, apenas a unos pasos de la Avenida Veracruz (que hoy llamamos Insurgentes) y detrás de la “Escuela Comercial Francesa”, en cuyo predio frente a la Plaza Miravalle (fuente de Cibeles) hoy están las escuelas Valentín Zamora y Alberto Correa. Abajo, una fotografía de la casa de Colima N°290 tomada en 1903, predio que hoy ocupa un edificio de departamentos.



Hay muchas anécdotas que ilustran la probidad de Don Manuel Borja Soriano, pero una historia de 1918 es particularmente aclaratoria:

Hace años, un conocido general del Ejército Mexicano cometió el error de dejar para la última hora, como tantos lo hacemos, la expresión de sus postreras disposiciones. Fue llamado el licenciado y notario Manuel Borja Soriano para autorizar el testamento; pero cuando llegó, el enfermo ya no podía hacer uso de la palabra. Estaba presente el general Álvaro Obregón, quien dio a conocer al notario, en términos generales, la voluntad del moribundo. El notario, cortés pero firmemente, expresó al divisionario sonorense, quien disfrutaba entonces de un poder omnímodo, que lo sentía mucho, pero que la ley no lo autorizaba para redactar en esas condiciones la última voluntad del enfermo...

La labor de don Manuel sería de particular trascendencia cuando en 1925, otorgó fe a la escritura constitutiva del Banco de México como “banco único de emisión”; abajo, durante la lectura constitutiva del Banco de México, aparecen el primer director Alberto Mascareña y Manuel Borja (a la extrema derecha, el señor Romero, secretario y amanuense de Borja)



Desde 1910, don Manuel Borja Soriano estaba en acuerdos para adquirir un magnífico predio en la arbolada Avenida Jalisco de la nueva Colonia Roma; todo parece indicar que desde agosto de ese año había negociado la adquisición de un par de lotes con frente a lo que hoy conocemos Avenida Álvaro Obregón y que entonces era la avenida Jalisco de la muy nueva Colonia Roma.



Nos dice Edgar Tavares que “Las joyas del reordenamiento urbano del Porfiriato, fueron las colonias Cuauhtémoc, Juárez, Condesa y Roma. Ésta última es contemporánea de la Condesa y se fraccionó a partir de 1902 sobre los terrenos que para sí se reservaba al casco de ésa hacienda (donde hoy se encuentra la embajada de la Unión Soviética)”. Los terrenos donde se fraccionó la Colonia Roma pertenecieron al “Potrero de ROMA o Romita”, un vetusto asentamiento al noreste del fraccionamiento que recibía ese nombre por ser una colonización ROMA o “Romanish” (uno de los apelativos de la comunidad Tzingara o Gitana), del que derivó su peculiar designación.

El límite sur de la traza original lindaba en la Avenida Jalisco, que aprovechaba un viejo camino de labranza de la hacienda –de ahí los vetustos fresnos– (para más datos, ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2013/06/la-casa-de-la-familia-lamm-martinez.html)



Por su parte, hacia 1881, nace Federico E. Mariscal, arquitecto poco reconocido que cuenta con una trayectoria profesional de cerca de setenta años y que produjo, al iniciar el siglo XX obras del más absoluto eclecticismo para llegar, en la década de los cincuenta, al más puro racionalismo.

Hijo de don Alonso Mariscal y Juana Piña de Mariscal, Federico Ernesto, nacido el 7 de noviembre de 1881 -hermano menor de Nicolás Mariscal, al que me referí en http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2015/09/casa-de-don-francisco-espinosa.html - luego de estudios destacados, se decidió por la arquitectura, siguiendo los pasos de su hermano Nicolás. Abajo, una imagen de la señorita Eloísa Abascal y el arquitecto Federico E. Mariscal el día de su boda…



Mariscal tendría una destacada actividad, que comenzó cuando ya titulado, entre 1903 y 1904, proyecta en sociedad con su hermano Nicolás, un edificio para “Bancos Gemelos” en la calle de Uruguay número 45 entre Isabel La Católica y Bolívar. El edificio de dos patios y cuatro niveles retoma el estilo gótico de un palazzo veneciano que recuerda al Palacio Ducal, con un extraordinario lujo en los acabados de alabastro y mármol rojo que subsisten –aunque muy deteriorados- hasta nuestros días.



En 1905 y nuevamente en colaboración con su hermano Nicolás, proyecta y supervisa la edificación de la Escuela de Composición Académica frente a la Real Fábrica de cigarros; ésta, ya como La Ciudadela, se transformaría en uno de los escenarios más cruentos de la Decena Trágica.

En el gran edificio de cantera y tabique rojo aparente, ocho aulas por piso, patio y servicios, es una magnífica incursión del diseñador en la fusión de los lenguajes académicos con una intención industrial de influencia inglesa. Desafortunadamente, luego de funcionar como la Escuela Superior de Comercio y Administración del IPN, fue demolido y sustituido por un mal ejemplo de arquitectura moderna.



De 1906 a 1908, Federico Mariscal se encarga de su primer proyecto de envergadura, con la Inspección General de Policía (esquina de Victoria y Revillagigedo) luego transformada en la Sexta Delegación de Policía, donde Mariscal hace gala de su conocimiento de los estilos inglés y gótico-normando, cuya alta torre con aguda techumbre y flanqueada por almenas, ha sido recientemente restaurada. Recordemos que por esos años, la sociedad citadina -impresionada por la obra de Boari para el inmueble de Correos- aplaudió la originalidad y virtuosismo del nuevo edificio que podía “competir con los mejores del mundo”.



En 1909, Federico E. Mariscal demuestra su multifacética capacidad al proponer techar el patio principal de Palacio Nacional con una estructura temporal, a fin de alojar la Cena de Gala de las Fiestas del Centenario de la Independencia el 16 de Septiembre, bajo una majestuosa cubierta y con enorme pista de baile, espacio para el que diseña además un monumento efímero que desgraciadamente es poco recordado: el Cenotafio a los Héroes de la Independencia, investido después de los festejos, el 6 de octubre de 1910.


Arriba, los trabajos en agosto de 1910 para cubrir el patio central de Palacio Nacional; abajo, el mismo patio, transformado en “Gran salón de baile” para el evento del 15 de Septiembre. Más abajo, el Cenotafio a los Héroes de la Independencia en el patio central de Palacio Nacional, durante la ceremonia del 6 de octubre de 1910…


Y dice Louise Noelle:

“El monumento realizado para el Centenario, de inspiración académica, estaba formado por un gran basamento con escalera frontal, el cuerpo cuadrangular del propio monumento y un catafalco superior en el cual fueron depositadas, provisionalmente, las cenizas de varios de los héroes de la Independencia.”



“Sobre el frente se colocó una inscripción que decía Patria: 1810 – 1910 y a los lados la lista de los héroes. En las esquinas del basamento, y en los ángulos de la plataforma inferior, se colocaron cuatro grandes incensarios para dar volumen a la composición. El cuerpo del monumento estaba decorado en las esquinas con cuatro haces de cañas y hachas pretoriales y coronado por ocho remates (de) flameros votivos; unas enormes guirnaldas de hojas enlazaban los remates y caían a los lados de la placa conmemorativa terminando en una descomunal flor (de girasol), son los únicos detalles que tal vez por su exhuberancia hablan de México como un país exótico olvidando la mesura académica. En la parte superior, un águila imperial coronaba el monumento, que sobresalía sobre la azotea del Palacio Nacional que para esa época era todavía de solo dos pisos y cuyo patio fue techado especialmente para la ocasión, e iluminado con luz eléctrica, maravilla de la época. El monumento fue totalmente construido con madera, hierro, tela y cartón pintado.”



Será luego de esas Fiestas del Centenario, entre 1911 y 1912 que Federico E. Mariscal proyecte y supervise la construcción de la casa de don Manuel Borja Soriano en la Avenida Jalisco número 161, colonia Roma.


Arriba, en una sorprendente fotografía, el Claustro de la Escuela Nacional de Bellas Artes hacia 1909, aparecen al centro y frente, el licenciado Justo Sierra, Ministro de Instrucción Pública, custodiado por don Antonio Rivas Mercado a su derecha, y el pintor Antonio Fabrés a su izquierda. Al lado de éste, podemos ver al arquitecto Nicolás Mariscal y entre ambos en segunda fila, al pintor José María Velasco. De pie y justo atrás de Rivas Mercado, el joven Federico Mariscal y a su lado al maestro Samuel Chávez. En esa misma hilera, a la izquierda, se encuentra el arquitecto Adamo Boari, por esas fechas a cargo del nuevo Teatro Nacional y que años después concluiría Mariscal...



La Colonia Roma se había fraccionado en 1902, sobre los extensos potreros de la hacienda de La Condesa y urbanizados por la Compañía de Terrenos de la Calzada de Chapultepec, S.A., cuyo accionista principal era Walter Orrin (dueño por esos años de un circo famoso en el país), con importante participación del ingeniero y constructor C.C. Lamm y su hijo Lewis Lamm (ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2013/06/la-casa-de-la-familia-lamm-martinez.html)

Para 1910, sobre la entonces Avenida Jalisco (ahora Álvaro Obregón) se habían levantado varias grandes residencias, entre las que destacaba la que para sí había edificado el arquitecto Adamo Boari, construida con una nueva técnica de vaciado en concreto y de una sorprendente austeridad decorativa, comparada con la moda preponderante (ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/09/la-casa-boari-dandini-en-la-colonia-roma.html)



Tengo datos de que para 1911, el licenciado Borja solicitó del arquitecto Mariscal el diseño para una residencia sobre un curioso terreno irregular de poco más de 1000m², con frente sur de 28m. hacia la Avenida Jalisco y cuarenta metros de fondo, con un ancón hacia el nor-poniente. La planta, consideraba amplios jardines en derredor del edificio principal que además de los salones tradicionales, incorporaba cocheras, caballerizas y un patio formal hacia el que miraban habitaciones y comedor.



El diseño consideraba además -muy a la manera de un arquitecto que era considerado de “multifacética capacidad estilística”-, una interesante fachada hacia la calle, que rodeada de jardines emulaba elementos decorativos de la “Cour de Marbre” del palacio de Versalles, en lo referente al edificio edificado para Louis XIII entre 1624 y 1630, que ampliaría Louis Le Vau.



Bordeados por sobrias tallas en cantera y con remates de balaustres sobre los vanos, amplios paramentos de tabique rojo sostendrían decoraciones de peanas con ménsulas soportadas por roleos, en las que se colocarían bustos proverbiales…

Arriba, el diseño original para la casa Borja, en Av. Jalisco 161, fechado en 1911, en un redibujo de Daniel Martínez Martínez; abajo un fragmento de la fachada del “Patio de mármol” del Palacio de Versalles.


Ese elemento decorativo -con ménsulas soportadas por roleos, en las que se colocarían bustos alegóricos-, sería utilizado nuevamente por Mariscal cuando en 1916 diseñó para la señora Esperanza Iris un teatro sobre la calle de Donceles y que hoy conocemos como Teatro de la Ciudad.


Arriba, una fotografía de Casasola fechada en 1919 y que con el N° 91443 pertenece a la Fototeca Nacional del INAH, muestra la fachada del Teatro Esperanza Iris, diseñado por los arquitectos Ignacio Capetillo y Federico Mariscal en 1917. Abajo, un fragmento del “Plano General de la Ciudad de México para el año de 1907” y que reproduzco gracias a la generosidad de Javier Balbás, he marcado el predio para el que de origen se diseñó la Casa Borja en 1911; es interesante hacer notar que en el dibujo, aparecen los lotes ocupados en 1907…



Por alguna razón, para octubre de 1911 el proyecto original se ajustó a un terreno de 720 m², reduciendo los jardines para ajustarse al lote tipo sobre la avenida, con un terreno de 18m. hacia el frente sur de Av. Jalisco y 40m. de fondo –en un terreno regular-, quedando el diseño tal y como se ejecutó y aparece en un plano de obra, fechado a final de ese año…



Hacia el frente, la casa presentaba una amplia sala a la que se podía acceder desde una escalinata, o llegar desde el salón de recibir; ese espacio, estuvo decorado al gusto del período y en un estilo acorde con lo diseñado por Mariscal. Muros y plafón presentaban trabajos de yesería, con intrincados diseños que remarcaban ejes y enmarcaban lunas (espejos) en sitios de importancia visual. Abajo, en una imagen que hace años me mostró don Ignacio Borja Martínez, aparece el salón, con el amueblado que mantuvo desde 1912.


Por su parte, el amueblado muestra sobre el parquet, un tapete de tradición persa (probablemente Tabriz), con mesilla y sillones en madera dorada de corte neoclásico con tapiz de petit point a la manera Luís XVI, gabinete de corte barroco y pedestales para los jarrones chinescos con rasgos estípite, además del biombo con acentos rococó y el piano de estudio cubierto con un mantón de Manila…

Es interesante señalar el candil que aparece arriba a la izquierda, detalle que deja en claro la existencia de instalación eléctrica oculta, cosa que aún en 1912 era novedad...

Como parámetro de tiempo, consideren ustedes que el trasatlántico RMS Titanic, que zarpó de Southampton en su viaje inaugural el 10 de abril de 1912 y se hundió a los pocos días, coincide exactamente con el período de inauguración de la Casa Borja/Covarrubias en Avenida Jalisco.



Coincide también con una Ciudad de México que vivía -apenas a cuatro meses de la entrada de Francisco I. Madero a la capital, luego de la presidencia interina del licenciado Francisco León de la Barra-, los amagos revolucionarios y el temor que despertaban las fuerzas zapatistas al entrar a la Ciudad; sucesos que no habían paralizo la construcción de esta u otras residencias de la colonia Roma…



La construcción incluía 10 espacios de servicio en semi-sótano y en el piso principal dos salones, comedor, cocina y despensa, estudio, dos recamaras principales y dos con vista al patio, así como un espléndido baño con tina, excusado y modernísimo “bidé”.



Siempre me ha sorprendido el que las habitaciones maestras tenía un curioso esquema, separadas (o unidas) por un estudio anexo a una de las habitaciones interiores a través de un pequeño vestíbulo. Es posible especular sobre el uso de esos espacios que a principio de siglo y con una costumbre aún victoriana -que se extendió hasta los años cincuenta-, se asignaban: uno al señor de la casa (ligado al área pública) y otro a la señora (ligado con los espacios interiores) y comunicados por lo que Choderlos de Laclos llamaría “le couloir de l’amour”.



Así, la recámara del señor vivía los espacios públicos hacia la calle y los salones de recibir, mientras que la recamara de la señora vivía hacia el jardín interior y los espacios ligados al comedor y áreas de servicio…



Resulta sorprendente en nuestros días, el hecho de que la habitación principal estuviera en un sitio tan público, pero recordemos que en 1911 la Avenida Jalisco era silenciosa y evocadora de los bulevares de París o Viena. Además, es importante señalar que casi desde el principio –a decir de los nietos-, el uso de ésta habitación se modificó y el espacio de habitación pasó a ser el recinto de la creciente biblioteca de don Manuel Borja Soriano.



Al paso de los años, la casa sufrió apenas una modificación importante, ya que en algún momento –antes de 1930– se transformó la fachada recubriendo el aparejo de tabique y haciendo el aplanado a la manea de sillares de cantera…



Es una curiosa casualidad el que con ese nuevo aspecto, la casa Borja haya sido considerada como parte de la casa adyacente; así por años se consignó que era diseño del ingeniero Gustavo Peñasco, cuyo nombre aparece de manera conspicua en la casa de Tonalá N° 90, en la esquina Álvaro Obregón y adyacente a la casa que en 1912 entregara el arquitecto Mariscal.



Es curioso, pero para muchos resulta prácticamente incomprensible el que la fachada principal de la casa haya tenido un aparejo de tabique; más curioso aún resulta el que se hubiera confundido con la casa de junto…



Aun así, se conservaron todos los elementos de talla, así como las ménsulas soportadas por roleos, aunque los bustos han aparecido intermitentemente; generalmente pasa desapercibida la dovela que recalca la clave de la ventana principal, que recrea un roleo del que emerge una cara sonriente.

Es interesante imaginar lo que en 104 años ha contemplado esa efigie…



Un cambio trascendental en los alrededores, fue la tala de los viejos árboles sembrados desde el S. XIX sobre la Avenida Jalisco; tan trascendente, que los niños Borja subieron a la azotea de la casa para tomar una fotografía del boulevard que sorprendía a todos sin su arbolado; la imagen mira hacia el oriente, donde se distinguen los cruces de la avenida con las calles de Orizaba y Jalapa. Más abajo, otra vista de la avenida Jalisco –que se renombraría Álvaro Obregón en 1929– vista ahora desde su cruce con Orizaba; a la derecha de la imagen, se distingue el edificio Balmori, aunque aún no se edificaba el cine que tomó el mismo nombre…





Otros cambios sorprendentes, referidos a la casa Borja, fueron los relacionados con el proceso Revolucionario y sus secuelas; además de las inquietudes que entre los moradores causó la “Decena Trágica” es interesante señalar que durante “La Cristiada” (1926-1929) y a consecuencia de la “Ley Calles”, el salón de la casa fungió en varias ocasiones como oratorio, capilla improvisada en la que según cuenta la familia, ofició el propio padre Agustín Pro Juárez; en las imágenes de abajo, se distinguen claramente los espejos de la decoración de la casa Borja, donde la ventana central –que da a la calle– quedaba transformada en altar…





Ya desde el principio, don Manuel Borja había cedido su recámara a la biblioteca, compartiendo el espacio de habitación con su esposa, “a la manera moderna” y desde 1925 se había continuado con la electrificación completa de la casa. En 1928, se descartan caballeriza y pajar, y para 1929 se moderniza la cochera. Poco antes de la boda de Manuel Borja Covarrubias -en 1930-, a la casa se le añade un gran cuarto sobre el comedor como estudio para Manuel Jr., que se transformará en el pretexto para su permanencia con su nueva familia; así, luego de la boda, en 1931 la casa se amplió una vez más: sobre los viejos servicios sanitarios se añadieron un baño y otra recámara en preparación a los nuevos niños Borja Martínez. Abajo, en la terraza de acceso a la casa, aparecen los recién casados: Manuel Borja Covarrubias y María de la Luz Martínez Bejarano con sus invitados, en septiembre de 1930.



Manuel Borja Covarrubias y María de la Luz Martínez Bejarano de Borja siguieron habitando la casa, aún luego de la muerte de doña Francisca y don Manuel -que falleció el 23 de enero 1967 a los 93 años-. A la casa familiar, Manuel Borja Jr. hizo varias mejoras, entre las que destaca el agregar en el patio, unos arcos que habían pertenecido a la escalera de la histórica casona del Mayorazgo de Borja -en Correo Mayor N° 34-, luego de que fuera destruida en 1947. Los arcos se volverían sitio predilecto para las fotografías familiares de la creciente descendencia Borja-Martínez.



Son precisamente esos arcos los que marcarían un nuevo cambio en la historia de la casa, ya que el jueves 19 de septiembre de 1985, a consecuencia del sismo que afectó la cuenca de México, los arcos cayeron al suelo y la Sra. María de la Luz Martínez Bejarano viuda de Borja, decidió ofrecer la propiedad.


La casa sería entonces ocupada por la agencia de publicidad “Navarro y Asociados” y en un giro inesperado, por necesidad de espacio se conectó con la casa aledaña (Tonalá N° 90), unificando las construcciones que muchos suponían una. En la foto de arriba, los miembros de “Navarro y Asociados” en 1988, donde Juan Navarro aparece segundo de izquierda a derecha.

Tiempo después, la casa regresó a sus cabales y fungió también como residencia de Juan Navarro Alcántara y su familia. Para 1999, la familia decidió mudarse y la casa se puso nuevamente en venta, siendo adquirida para albergar la “Representación del Gobierno del Estado de Quintana Roo en el Distrito Federal” por Jaime Muñoz D.



Al patio se le agregó una cubierta acristalada que permitiría aprovechar el espacio en eventos concurridos y en general los espacios fueron remozados con corrección. El comedor se transformó en un salón de eventos y las diversas dependencias ocuparon los espacios de sótanos y primer piso, mientras que en la planta principal, la habitación de don Manuel Borja Soriano –que se había usado como biblioteca–, pasó a ser la oficina del encargado de la representación.



El salón principal de la casa, aquel decorado con yeserías y espejos, que mira a la calle y que fungió como capilla entre 1927 y 28, pasó a ser ocupado por la oficina principal y su recibidor…



La casa sigue formando parte importante de las actividades que se desarrollan en la Colonia Roma, en particular, los eventos que se organizan sobre el corredor Álvaro Obregón; abajo, en una imagen de Google-maps, se señala la casa Borja / Covarrubias que pervive como “Representación del Gobierno del Estado de Quintana Roo en el Distrito Federal” sobre la Avenida Álvaro Obregón N° 161, casi esquina con Tonalá.





Este Blog está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias y edificaciones que al paso del tiempo casi se han olvidado. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme en la sección de comentarios. Si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–. Conforme haya más entradas (ya hay más de 45), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…





En mayo de 1930 y por acuerdo emitido por el Presidente Pascual Ortiz Rubio, se instruye que respetando en todo lo que sea posible los planos originales, se dividirá el edificio que fuera “Teatro Nacional” en dos partes: la sala de espectáculos y un gran salón de fiestas. Al punto de innumerables periplos, entre los que destaca la justeza de los recursos, el 29 de septiembre de 1934, el Presidente Abelardo L. Rodríguez inaugura el edificio que había diseñado Adamo Boari y que Federico E. Mariscal enmendaría en un nuevo estilo que hoy conocemos como DECÓ...