lunes, 14 de julio de 2014

La casa de don Cayetano Blanco Vigil.


En 1929, la familia Cuevas decidió trazar sobre terrenos de su propiedad y lindantes con lo que había sido el desarrollo original de “Chapultepec Heights”, lo que acometieron transformar en la calle más refinada y exclusiva de la Ciudad de México: La Avenida del Castillo de Chapultepec.



Sobre su trazo, se edificarían las residencias de familias como los Ávila Camacho (Manuel), Bernot Romano /Cuevas Núñez, Cockburn Nowland, Cuevas Lascurain (Carlos), D’Acosta, Natus, Pliego Villalba o Eychenne; una de las tres que sobreviven, transformada desde hace algún tiempo en restaurante, es la que para doña Elena Sánchez Blanco edificó en 1936 el Licenciado Cayetano Blanco Vigil, siguiendo un proyecto elaborado por los arquitectos José Mendoza Montenegro y Vicente Mendiola en el N° 140 de la Av. del Castillo..



Don José Blanco casó el 31 de enero 1887 en la Ciudad de México con Guadalupe Vigil Iberri (nacida en 1857- padres: Pedro Vigil Fernández 1822- e Inés Iberri Ituarte 1830- ) y procrearon a tres hijos: María Luisa Blanco Vigil (n. 1887, casada el 4 de junio 1914 con Luis Ocampo Castresana); José Blanco Vigil (n.1888, casado el 30 de agosto 1918 con Rosa Esparza Dávila) y Cayetano Blanco Vigil (n. 1890, casado el 25 de agosto 1915 con Elena Sánchez Blanco)

El menor de los hermanos, don Cayetano Blanco Vigil se convirtió en un importante empresario y financiero, que logró prosperidad como dueño de la “Fábrica Imperial, compañía mexicana de cerillos y fósforos S.A.” en la zona de Atlampa (el edificio aún existe, en el cruce de Oyamel [Eulalia Guzmán –Eje 2 Norte-], Pino, Ciprés y la zona de vías que llegan a la estación Buenavista).



Aunque en nuestros días, los “fósforos” o “cerillos” son objetos casi extravagantes, en los años 20 y 30 del S.XX eran cosas de suma importancia y son manifiestamente uno de los inventos más importantes de la historia, ya que permitieron al ser humano obtener fuego de manera instantánea…



Otra de las actividades de don Cayetano, fue el fundar y encabezar la significativa “Compañía de seguros La Azteca”, que en 1954 estrenó su nuevo edificio de oficinas en Insurgentes Sur N°170 esquina con la calle de Niza en la colonia Juárez. Proyecto del arquitecto José Hanhausen elaborado en 1952, el edificio aún se levanta en la magnífica esquina de Niza y Liverpool, aunque lamentablemente afectado en 1985, abandonado y en franco deterioro.



Además, don Cayetano Blanco Vigil formó parte de los consejos de administración de varias otras compañías, aunque es de destacar su participación como asesor en el Banco de México y miembro del Consejo por varios años.

Casó con Elena Sánchez Blanco el 25 de agosto 1915, en San José y Nuestra Señora del Sagrado Corazón de la ciudad de México y por varios años residieron en la Colonia Juárez. En 1934, don Cayetano adquirió de don José Cuevas Lascurain un terreno con poco más de 2,000 m², con frente a la Avenida del Castillo de Chapultepec, en la esquina con la calle de Volcán, y que lindaba con el Río de los Morales frente a las instalaciones del “Club Hípico Alemán” (Ver: http://polancoayeryhoy.blogspot.mx/2011/05/club-del-bosque-club-hipico-aleman.html).



Arriba, en una imagen oblicua de la Compañía Mexicana de aerofoto fechada en 1934 que mira hacia el sur, aparece en primer plano el Club hípico alemán. Hacia el fondo pueden verse la Calle del Río (ya que bordeaba el “río de los morales” que corría bajo lo que hoy es Campos Elíseos), Avenida del Castillo de Chapultepec (hoy Blvr. Manuel Ávila Camacho “Periférico”), la vía férrea del Ferrocarril de Cuernavaca, Montes Urales y la avenida Prado Norte con su amplio camellón; al centro, se señala el terreno que adquirió don Cayetano. Abajo, en una fotografía oblicua de 1948 donde aparece el “foro al aire libre” del Conservatorio Nacional de Música casi terminado, pueden verse además lo que había sido la “Casa Club” del Club hípico alemán en el terreno que ahora ocupa la Embajada de Cuba (http://polancoayeryhoy.blogspot.mx/2011/05/club-del-bosque-club-hipico-aleman.html) y marcada en un círculo, la casa de doña Elena Sánchez de Blanco.



El proyecto que se ha caracterizado como “de estilo nórdico campestre” o “mansión del estilo Tudor” se encargó a los arquitectos Vicente Mendiola y José Mendoza Montenegro en 1935; José Mendoza era reconocido por lo minucioso y ecléctico de sus diseños mientras que Mendiola graduado diez años antes y extraordinario acuarelista, era examinado por su arquitectura de líneas “decó” y en la siguiente década por su rescate del estilo colonial en proyectos como el Palacio Federal de Toluca (1948) o el Palacio Municipal de Guadalajara (1945).



Mendiola es también recordado por obras monumentales como el diseño de las fuentes para “La Flechadora del Norte” (La Diana cazadora) y el “Monumento a la Industria Petrolera de México” (Fuente de Petróleos) ambas en conjunto con el escultor Juan Olaguibel R. y en el Paseo de la Reforma (Ver: http://polancoayeryhoy.blogspot.mx/2011/03/la-fuente-de-petroleos.html).



Para la casa de la señora Elena Sánchez de Blanco se proyectó una estructura de características funcionales y modernas, pero con una envolvente de claras reminiscencias a lo que Banister Fletcher llama “English Mediaeval Architecture” (Leycester’s Hospital -1571-) e Israel Katzman catalogaría bajo “Campestre Romántico”, con fachadas que hacen alusión estructural a las “half-timbered houses” de tradición anglosajona y germana. Arriba, los West Acton Apartments, edificados en 1930, donde doña Elena residió por algunos meses y que seguramente fue inspiración para la casa en Avenida del Castillo de Chapultepec.

El “half-timbered house” se refiere a un sistema estructural, conocido también como “timber framing” o "post-and-beam construction” donde pesadas vigas de madera forman un armazón que luego se cubre parcialmente para formar muros de carga que resultan extraordinariamente estables y flexibles; el sistema fue muy popular en Europa hasta el S. XIX y en los Estados Unidos evolucionó hasta transformarse en el popular “Box Frame”.



La edificación que Mendoza y Mendiola proyectaron en 1935 para los Blanco Vigil, se despliega en una planta en “T”, de más de 2,000 m² construidos -sin incluir el edificio anexo- y desarrolla en dos niveles hacia el frente sur (además de las buhardillas) y cuatro niveles en la sección norte, que corresponden a las áreas de servicio. Existe además un anexo, en la esquina nor-oriente, dedicado a choferes y jardineros. Arriba, la fachada sur-poniente de la casa principal, en una fotografía de 1944 que apareció en la revista “SOCIAL”; abajo la fachada nor-oriente, con el acceso de servicio vista desde lo que en 1936 era aún el cauce del Río de los morales...



En los frentes significativos, se ornamentó la fachada con vigas a la manera de “half-timbered house”, aunque en las secciones de servicio, se hace evidente que la estructura es de tabique reforzado, concreto armado y lozas de concreto. Al paso del tiempo, la avenida del Castillo se pobló por completo, al igual que las calles hacia el norte en el fraccionamiento de Las Lomas de Chapultepec. La urbanización de Chapultpepec-Planco que se había iniciado en 1938 provocó que se entubara el río y para 1948, en los terrenos que antes de la guerra habían servido como canchas deportivas de la sociedad hípica alemana, se edificó el nuevo Conservatorio Nacional de Música. Abajo, en una fotografía oblicua fechada en 1945, aparece el edificio del conservatorio (Ver: http://polancoayeryhoy.blogspot.mx/2011/03/el-edificio-del-conservatorio.html) y en la maraca, se señala la casa Blanco-Vigil.



Para los interiores, así como lo he hecho en otras ocasiones, transcribo los textos que en 1959 se publicaron en la revista “SOCIAL”, repitiendo la publicación original de 1944 con textos que desafortunadamente no tienen el boato de la pluma de Francisco Borja Bolado...



“Rodeada de grandes jardines, primorosamente cuidados y bellos tejados de pizarra, innumerables ventanas y viguerías exteriores forman combinaciones que acentúan un estilo, que da cobijo a al interior de soberbio mobiliario…”



“Notable, típica y de gran belleza, la chimenea del hall -de ladrillo-, clásica de las casas de campo inglesas, con capuchón de hogar, en cobre repujado, complementado el conjunto por una rueca, las armas, entre ellas un arcabuz y un corvillo, auténticas procedencias de la Torre de Londres. El candil en bronce, un óleo de familia, etc., hacen de este rincón uno de muy especial belleza”.



“En la biblioteca y despacho privado del señor de la casa, con mobiliario de rica y severa suntuosidad, estamos rodeados de altos lambrines, inmemoriales libreros y plafones de ricas tallas, todo en caoba y nogal. Un óleo familiar preside el espacio y frente al librero de portezuelas de cristal, una espléndida mesa tallada rodeada de opulenta sillería, en cuero y con motivos repujados en oro –todo estilo Renacimiento italiano— que forman un conjunto excepcional.”


Y sigue la descripción de la revista SOCIAL: “El salón principal es riquísimo. En el mobiliario destacan piezas inglesas y francesas de gran mérito. El gobelino –Luis XV—con una escena de caza, es magnífico. Lo es también, la mesa de caoba, inglesa –siglo XVII--, el soberbio piano Chippendale, así como el musiquero con bronces y pinturas sobre porcelana. Mencionemos los tapetes franceses, el busto de Beethoven –a la izquierda--, la gran lámpara de bronce estilo Imperio, el arpa francesa, de concierto. Sin embargo, la obra extraordinaria de este salón aparece a la derecha, en el muro: es un Van Dyck firmado, admirable en dibujo, color y en todos sus detalles.”

Para la imagen siguiente nos dice: “otra perspectiva del mismo gran salón con el hermoso candil de cristal, la chimenea Imperio en mármol verde y blanco. En la repisa, un busto de mármol, firmado por Godefroy y varias piezas de porcelana. En primer término, la mesa ya descrita con varias piezas de cristal cortado y porcelana. A la izquierda, un taburete Chippendale, y a la derecha un austero sofá de época y una banqueta, tapizados en terciopelo verde, que entona con los muros tapizados con papel seda y los brocados de las cortinas.”


Las fotografías siguientes, “nos muestran dos aspectos del comedor, soberbio también, con mobiliario Chippendale, y sillas tapizadas en lana bordada. Este lugar está enriquecido por el plafond y la viguería de caoba y el tapiz de seda sepia en los muros. En uno de ellos, gran gobelino francés –también Luís XV—que es su mejor decoración. Como obra de arte notable, mencionemos, en original marco Chippendale, una jícara de Pátzcuaro, de principios del siglo pasado, prodigiosamente trabajada en oro, con admirables dibujos y temas decorativos sobre la laca, verdadera pieza de museo. Notable también, el reloj inglés –gran sonajería—así como los candelabros y el candil de cristal. Más abajo, sobre el aparador, parte de un extraordinario juego de plata holandés, del siglo XVIII. Como fondo, un gran carée de espejos. Los tapates franceses antiguos.”



Para terminar, la descripción dela casa Blanco en “SOCIAL” de 1944 termina con: “Finalmente llegamos a una de las recámaras, en la parte superior, delicadamente decorada en tonos pastel en muros y plafond. Las puertas, esmaltadas en blanco. El piso, de madera de caoba, recubierto con delicado tapete francés. La cama –como todo el mobiliario—en madera de magnolia en su color, con telas de seda en distintos tonos de azul y rosa, que se repiten en las faldillas del vanity y dan a la alcoba una grande alegría.”


Al paso de los años, la casa vió presentarse familia y desarrollar el linaje, donde la descendiente distinguida es María Elena de las Nieves Noriega Blanco Vigil, que fuera Diputada de Representación Proporcional ante las cámaras. Al exterior, el mayor cambio se dio cuando la Avenida del Castillo de Chapultpec se transformó en Boulevard Manuel Ávila Camacho y recibió un poco acinturado un tramo de la vía de circunvalación que se conoció como el “Circuito Periferico de la Ciudad de México”V; en el proceso, la casa perdió parte de la banqueta…



La casa Blanco Vigil / Sánchez Blanco permanece hasta nuestros días casi intacta en su exterior, pero desde 1971 quedó vacía y lista para recibir nuevos moradores que consintieran el frenesí de la sección más conflictiva del Periférico y luego la construcción del “segundo Piso” entre 2012 y 2013.

El restaurante “Sir Winston Churchill´s” se inauguró en 1972, por el señor Rey Fernández y su esposa inglesa Jane Pearson; transformaron la casa Blanco/Sánchez en un exitoso restaurante del área de Polanco / Lomas, en un período en que “La hacienda de los Morales” era el único de la zona. El refectorio es un espacio de reputación y tradición, donde disfrutar de la tradición gastronómica inglesa, a cargo del chef Francis Rougeaud.



Como dice la propia página del restaurante: “Sin duda, uno de sus platos clásicos es el roast beef, horneado y servido con Yorkshire pudding y salsa de raíz fuerte; otras opciones son la espada de camarones y el acostumbrado filete Wellington.”



Arriba, una fotografía tomada de la página web del “Sir Winston Churchill´s” en que aparece “la chimenea del hall -de ladrillo-, clásica de las casas de campo inglesas” que se conserva del acceso de la casa original. Abajo una vista del Boulevard Manuel Ávila Camacho en un día despejado; se señala el techo de la casa e ilustra la importante transformación del entorno residencial en que se edificó la casa cuando la calle se llamaba Avenida del Castillo de Chapultepec…















En el restaurante, un retrato de Sir Winston Churchill preside uno de los comedores; sustituye el retrato de don José Blanco, padre de Cayetano Blanco Vigil…



Este Blog está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las grandes residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado. Conforme haya más entradas (ya hay 30), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…

lunes, 23 de junio de 2014

La casa Torres Adalid / Rivas Mercado



Poco conocido, el primer proyecto residencial urbano del arquitecto Antonio Rivas Mercado (autor del diseño final para la columna conmemorativa del centenario de la Independencia de México en el Paseo de la Reforma y la terminación del maravilloso Teatro Juárez en Guanajuato) se edificó en 1884 para su cuñado don Ignacio Torres Adalid.


Sobre avenida Juárez, frente a la Alameda Central de la Ciudad de México, subsiste una portada con monograma de iniciales “T A” -sobre la cruz ansada de Santiago- con adarga, roleos y cornucopias, que a pesar de las vicisitudes, presiden aún la fachada de lo que fuera una de las espectaculares residencias que rodeaban el parque sobre la que entonces se conocía como la calle de “Puente de San Francisco” o “Avenida Poniente 4” casi frente al templo de santa Isabel, y donde hoy miramos el Palacio de Bellas Artes…


Don Ignacio Torres Adalid, fue un importante empresario mexicano hijo de Agustín Torres-Torija Guzmán (1790-1840) y Josefa Adalid Gómez (1806-1869); el matrimonio procreó cinco hijos, con María Dolores Torres Adalid (n.1832), Javier Torres Adalid (1834-1893, casado el 17 de octubre 1860 en el Sagrario de la Ciudad de México con Leonor Carlota Rivas Mercado n. 1842), Ignacio Torres Adalid (1835-1914, casado con Juana Rivas Mercado 1849-1899), José Torres Adalid (1836-1888, casado el 11 de septiembre 1864 en el Sagrario de la Ciudad de México, con María del Pilar Sagaseta Río 1840-1893) y Agustín Torres Adalid (n.1838-y que murió joven)


La familia Torres-Torrija / Adalid Gómez era reputada por poseer inmensas propiedades dedicadas a la producción ganadera y pulquera en los estados de México, Hidalgo y Tlaxcala. La hacienda emblema era San Antonio Ometusco (que originalmente incluía San Miguel Ometusco a unos cuantos kilómetros hacia el poniente de San Antonio), que a la muerte de don Agustín Torres-Torija, pasó a manos de su viuda, doña y Josefa Adalid Gómez. Para 1846 doña Josefa dividió la hacienda en dos, y la entregó a sus hijos mayores José e Ignacio. San Antonio era apenas un rancho que José Torres Adalid no pudo conservar a causa de aprietos económicos, por lo que la vendió a su hermano Ignacio en 1878, reunificando así la propiedad. Este último convirtió la hacienda en una de las más ricas propiedades productoras de pulque del país; luego, con un extenso entramado para el transporte, distribución y comercialización de pulque, se transformó en uno de los hombres más ricos del México de final del siglo XIX.



El 23 de diciembre 1868, Ignacio casó en la Parroquia del Sagrario metropolitano con María Juana Bautista Anselma Rivas Mercado, nacida el 21 de mayo 1849 y quinta hija del matrimonio de Luis Rivas Góngora (ca. 1811-1892) y Leonor Mercado Camacho (ca 1820-1901); no confundir a Juana con su hermana mayor Leonor Carlota Rivas Mercado (n.1842 Casada el 17 de octubre 1860, con Javier Torres Adalid 1834-1893), cuyo retrato pintado en 1860 por Juan Cordero es parte de la colección de Museo Nacional de Historia y se exhibe en el MUNAL.

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La manufactura pulquera descansa en la producción y crecimiento del agave o “Maguey del Pulque” (Agave salmiana) e implica la extracción de la savia (aguamiel) almacenada en una oquedad hecha al centro de la planta por el proceso conocido "raspado"; así, el maguey produce savia dulce que se almacena en el hueco. A intervalos regulares, el “tlachiquero” succiona hacia un cuenco hueco (llamado acocote, el fruto de una cucurbitácea) la savia y la deposita en un odre. Abajo, fragmento de una litografía de Casimiro Castro que apareció como portada en “México y sus alrededores” donde aparecen el maguey y el tlachiquero con su acocote y odre.

Después ese aguamiel se coloca en barriles de pino, donde se fermenta por bacterias (Zymomonas mobilis) durante uno o dos días para obtener un líquido blanco de aspecto lechoso, que contiene un 5 por ciento de alcohol y que se debe beber prontamente, ya que al seguirse fermentando adquiere un sabor fuerte, por ser cultivo ideal para otras bacterias.

En el caso de Torres Adalid, la propiedad emblema para la producción de pulque era San Antonio Ometusco (Otumba, Estado de México), que a partir de 1879 fue sujeta a un extenso proceso de remodelación por don Ignacio, a manos del joven arquitecto y hermano menor de su esposa –entonces recién llegado de París-- Antonio Rivas Mercado.



El primer propietario registrado de la hacienda de San Antonio fue el Sr. Javier de León, quien la cedió a los Torres Torrija en 1840; la verdadera época dorada de la propiedad fue durante la administración de don Ignacio Torres Adalid entre 1878 a 1911, en pleno Porfiriato y con todos los beneficios que implicaba el vertiginoso crecimiento de la economía.

Al parecer la Casa Grande de la hacienda fue edificada a finales del siglo XVII, probablemente en 1695, con una segunda etapa constructiva a mediados del siglo XIX (1845) y finalmente una tercera y extensa intervención de 1879 a 1897 a cargo del arquitecto Rivas Mercado, con la que adquiere la apariencia que podemos apreciar –aunque ruinosa-- hasta el momento.



Rivas Mercado, doblemente emparentado con los Torres-Adalid por el matrimonio de dos de sus hermanas mayores (Leonor y Juana Rivas) con dos hermanos (Javier e Ignacio Torres), fue objeto útil para engrandecer la hacienda como primera encomienda luego de su regreso de un viaje de estudio por Europa en 1879. Antonio se graduó como arquitecto en 1878, pero durante buena parte del año siguiente recorrió Italia en bicicleta, pintando acuarelas para sobrevivir; luego visitó España, donde conoció la arquitectura mozárabe y las nuevas interpretaciones que ornamentadas con mosaico se habían hecho populares. Así, ya en México, su primer trabajo en la remodelación de San Antonio Ometusco es una recreación casi onírica de los espacios de la arquitectura académica, aclimatados una hacienda productiva, según la insistencia de su hermana, Juana Rivas de Torres Adalid…



San Antonio Ometusco sirvió a Rivas Mercado como terreno de ensayo, y muchos de los elementos que incluyó en la remodelación (como los torreones de observación, el zócalo abalaustrado o hierros de Val d’Osne) serían repetidos en sus intervenciones en otras propiedades pulqueras, destacando la remodelación y ampliación de la hacienda de “La Concepción –Chapingo-” para el presidente y general Manuel González (ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/01/la-casa-de-campo-de-don-manuel-gonzalez.html)

Arriba, patio de la Casa Grande en la hacienda de San Antonio Ometusco, con lo que queda de la remodelación que le hiciera el arquitecto Antonio Rivas Mercado, por orden de don Ignacio Torres Adalid a partir de 1979; aunque ruinoso, se pueden distinguir aún las modernas columnas metálicas y las bucólicas escenas pintadas al fresco en los muros del pasillo. Abajo, una fotografía contemporánea del ruinoso exterior y la colorida fachada que miraba hacia el vergel…



San Antonio Ometusco era apenas una de las propiedades de don Ignacio Torres Adalid el “rey del pulque” -como era ampliamente conocido en la Ciudad de México-; dueño de una gran cantidad de haciendas pulqueras (en los estados de México, Hidalgo y Tlaxcala) San Antonio Ometusco fue siempre la propiedad predilecta de su esposa, y en la que se creó la leyenda de que don Ignacio llamaba “mis vacas verdes” a sus magueyes...

Además de la quinta de campo construida en 1888 sobre la calle del Calvario 206 (Tacubaya) don Ignacio había reservado parte de una de sus haciendas cercanas a la ciudad de México (Mixcoac) como sitio de reunión para todas aquellas personas que durante los fines de semana intentaban distraerse de las labores cotidianas. Así, la hacienda “La Castañeda” abría sus puertas a quienes quisieran gozar recorriendo sus jardines o utilizar sus salones de baile, donde por “25 centavos la entrada” se adquiría el derecho a formar parte de la fiesta y espectáculo. En pleno progreso porfiriano, los terrenos de La Castañeda fueron vendidos (“a buen precio”) para construir el más moderno de los manicomios. Abajo, una fotografía de la inauguración del “Manicomio General” en lo que habían sido los terrenos de La Castañeda de don Ignacio Torres Adalid, y cuyos terrenos albergan hoy el conjunto “Torres de Mixcoac” y WalMart Plateros.



El éxito en la producción pulquera de Ignacio Torres Adalid no hubiera sido tal, de no estar acompañada por un extenso sistema de distribución del producto de sus haciendas y su comercialización final. Así, además de una relación cercana con las compañías ferrocarrileras que ligaban los centros de distribución con aquellos de consumo –específicamente en la capital--, poseía una importante red de expendios de primera, segunda y tercera categoría; además, se integró a la lucha contra la “Compañía Explotadora de Pulques Conservados” y después a la ”Compañía Expendedora de Pulques” Sociedad Anónima. Esa Compañía Expendedora de Pulques, con el extraordinario capital social de $11’601,000.oo pesos en 1910, mantenía funcionando un amplio conglomerado de locales que lograban competir eficientemente contra la distribución de cerveza, que tenía la enorme ventaja comercial de una mucho mayor vida en anaquel...



Escribió Federico Gamboa que: “Don Ignacio había logrado que San Antonio Ometusco fuera la hacienda pulquera más importante y próspera del porfiriato. De sus barricas salieron millones de pesos acumulados con puntillosa honradez y un trabajo tesonero, administrada y aumentada sin ayuda de apoderados ni socios”... “Aficionado al juego, al buen vivir y al derroche durante su juventud, al llegar a la madurez se entregó por completo al trabajo. Su carácter irascible y violento le permitió poner orden en la administración de sus haciendas y negocios, pero en el ambiente social de la ciudad de México mostraba un rostro diferente: el de la asistencia.”

Asiduo visitante al Jockey Club, al hipódromo de Peralvillo, y con doña Juanita a la ópera y al teatro, don Ignacio gozó sin límites las mieles de la dictadura, ganándose el reconocimiento de propios y extraños. Si San Antonio Ometusco fue un modelo entre las haciendas de su época, su “espléndida morada” en la ciudad de México, edificada en la avenida Juárez y la quinta de campo construida en Calvario 206, Tacubaya, causaron la admiración de sus contemporáneos; en su modernidad, y al menos desde 1887, la casa de avenida Juárez contaba número telefónico. Abajo, la página del “Directorio Telefónico de la Ciudad de México” para el año de 1891.



Durante el período colonial, las calles que rodean la Alameda se identificaban por los edificios relevantes; la avenida que hoy dedicamos a don Benito Juárez, estaba constituida por varias fracciones que recibían su nombre gracias a la edificación significativa frente a la que estaban; así la ancha avenida recibía la denominación de San Francisco (a pesar de estar frente al convento de Santa “Ysabel”), calle de Corpus Cristi (frente a ese templo, hoy sede del Acervo Histórico del Archivo General de Notarías de la Ciudad de México), o Calvario, por las capillas que le daban importancia (ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/04/la-casa-haghembeck-de-la-lama-en.html).



Para su casa en la ciudad de México, don Ignacio adquirió en 1882 una propiedad deteriorada sobre un terreno de poco más de 950m² con frente a la calle del puente de San Francisco, justo de cara a la entrada sur-oriente de la Alameda; aunque al poco tiempo la calle cambiaría de nombre -unificando la totalidad del trazo bajo el nombre de Avenida Juárez-, la esquina del parque siguió siendo sitio importante de reunión y desde 1889 se vistió de gala con la colocación de dos esculturas de leonas en sus esquinas, obsequio a la ciudad de Torres Adalid, a instancia de Rivas Mercado. Arriba, el acceso a la Alameda, flanqueado por las esculturas firmadas por Heizler: “Lionne avec lièvre” a la izquierda y “Lionne avec figuier de barbarie” a la derecha, fundidas por Le Val d’Osne.



La relación que entabló Antonio Rivas Mercado con don Ignacio Torres Adalid, había iniciado con la intervención en San Antonio Ometusco -luego de su regreso de estudios en Francia a final de 1879- y se prolongó por más de veinteicinco años hasta la desafortunada muerte de su hermana Juana en 1899 y la construcción de su tumba en 1905. Es incuestionable que para Rivas Mercado el sitio elegido para edificar la nueva residencia citadina, significaba un especial y emblemático reto por el simple hecho de hayarse enfrentada (al otor lado del parque de la Alameda, donde hoy se levanta el Teatro Hidalgo del IMSS) con la casa que para sí había eregido el arquitecto Manuel Tolsá, en la Avenida de los Hombres Ilústres (hoy venida Hidalgo) en 1794…



La edificación de la nueva residencia Torres Adalid inició en 1884, sobre un terreno con 20 metros de frente mirando al norte hacia el parque de la Alameda y casi cuarenta y cinco metros de fondo con un ancón en la colindancia hacia el oriente. El edificio gozaría de una situación de privilegio sobre la gran avenida, y su acceso principal daría vista hacia el parque y su vereda esquinera. El proyecto para la residencia contó tres niveles al frente y se organizaba en torno a dos patios, obedeciendo en buena medida a los lineamientos dictados por la vieja tradición virreinal aclimatada en la Nueva España.



El proyecto de la fachada se desarrolla con cinco entre-ejes que definen la planta principal, a manera de Planta Noble y haciendo énfasis en el eje central de la composición, que se remarca con el acceso y escudo con monograma “TA” sobre una cruz anzada de Santiago. En la parte baja, los cuatro entre-ejes laterales definen pasos a accesorias y departamentos de entresuelo, que muy a la manera colonial, debieron albergar dependencias ligadas a comercio del pulque.

Arriba, el proyecto de Antonio Rivas Mercado para don Ignacio Torres Adalid en la entonces “Avenida Poniente 4” (Juárez) N°18, ejecutado 1884, según una acuarela moderna expuesta en el pasillo de acceso al propio edificio; es interesante hacer notar que comparado con la fotografía contemporánea (abajo) la fachada conserva muchas de sus características originales, aunque ha perdido cerca de metro y medio por hundimiento y acrecimiento del nivel de banqueta.



La composición tallada enteramente en cantera gris, corresponde a la tradición del eclecticismo academico, con la inserción de elementos que enfatizan la vertiente renacentista italiana y alusiones que refieren a las obras de Michelangelo Buonaroti en su interpretación francesa. Se enfatiza la planta noble con un balcón que con entre-ejes marcados por pilastras, rematala composición con una cornisa mensulada sobre la que descansan balaustres y hornasinas.



El acceso principal, marcado por un tablero coronado por cornucopias y serlianas con cartela y adarga, ostenta el monograma de iniciales “T A” sobre una cruz ansada de Santiago. El conjuto ornamentado con venera, guirnaldas, festones, cornucopias y palmas, descansa sobre una repisa a manera de consola –flanqueada por ménsulas multiformes- que remata el arco adintelado de la puerta con guirnaldas y una clave que porta el número 18.



Los muros bajos de la portada, presentan un tratamiento almoadillado, con cintas alternas que se pliegan en pilastras esquineras; aunque la parte baja ha sido sustancialmente alterada para dar mayor amlitud a los comercios, en el entresuelo se puede apreciar aún el atento trabajo que presentan el encuadre de las ventanas, las ménsulas, consolas festonadas y gotas, con tableros insertos de mármol “Rojo Alicante” (proveniente de España) como pincelada de color. Los balcones de las ventanas del entresuelo unifican la parte alta de la portada con tres vanos y cierran la composición con balcones laterales independientas.



Para la planta noble, se unifica el balcón en los cinco entre-ejes con un friso de ménsulas y consolas festonadas coronado con una fina reja de hierro forjado; los entre-ejes se resaltan con pilastras estriadas de orden jónico y doble capitel (a la manera Paladiana), mientras que las ventanas se rigen por lineamientos renacentistas, con jambas y dintel con cartela (nuevamente marmol “Rojo Alicante”) soportando tímpanos; dos tímpanos tradicionales flanquean tres tímpanos curvos y doblemente truncos, que en la ventana principal está rematado con una cartela mayor, adarga y su vénera respectiva.



Luego del friso superior, la portada remata con cinco segmentos de esbeltos balaustres, interrumpidos por mojones que sostienen urnas como apogeo de las pilastras y que desafortunadamente han desparecido (en la fotografía de abajo, se repusieron con Photo-Shop).



En general, la fachada es de agradable equilibrio, y debió ser en su momento una distracción sobre la avenida; en particular el balcón corrido de la planta noble, con ménsulas y consolas festonadas, resulta un magnífico encuadre para la portada principal. Abajo, el estado actual del edificio de Avenida Juárez N° 18.



Al interior, la casa se desarrollaba en torno a dos patios; uno mayor, abierto y dedicado a recibir carruajes y ventilar los espacios del entresuelo; otro de menores dimensiones, cubierto por una cristalera que daba cobijo a la escalera y vistas a las habitaciones de la planta alta. Ambos patios han desaparecido, pero gracias a la residencia de don Rafael Ortiz de la Huerta y Huerta en la antigua calle de Medinas, hoy República de Cuba 92, podemos tener una idea clara de sus características ya que el edificio subsiste en inmejorables condiciones (ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2013/04/casa-ortiz-de-la-huertarincon-gallardo.html).



Para la apariencia interior de la casa Torres Adalid / Rivas Mercado, no he hayado documentos que ilustren amueblado o hagan descripciones detalladas. Nos dice Arturo Aguilar Ochoa: En aquellas casas, muebles a la última moda europea, nada parecidoa los antiguos estrados coloniales, con pesadas telas como el damasco antiguo, con toscas sillas de sentar, taburetes y cojines recargados de adornos. El salón era ahora muy parecido al de cualquier casa europea, al menos en el tipo de muebles y, además, era la parte más iluminada de la casa, pues los balcones daban a la calle, regularmente abiertos en el día, con cortinas de telas ligeras, y cerrados con vidrieras y puertas de ricas maderas en la noche”. La condesa Kolonitz también señala que en algunas casas se ponía “[...] a la izquierda o la derecha del sofá [...] escupideras de mármol blanco sobre un pedestal de madera. Es posible que no sea sino la reminiscencia del tiempo en que todas las señora vivían, de la mañana a la noche con el puro en la boca; pero ahora fumar ha pasado de moda entre las damas y hasta se reprueba”.



Arriba, “Sala porfiriana”, una ambientación que para la exposición “México, los proyectos de una nación” se hizo en el Palacio de Iturbide en 2001; puede ilustrar las características de lo que fue el amueblado de la casa de Av. Juárez N° 18 en 1900…

Y sigue Arturo Aguilar Ochoa: “El matrimonio Torres Adalid poseía una magnífica residencia ubicada en la Avenida Juárez número 18, muy cerca de la Alameda. El carruaje del matrimonio era conocido por casi todos los habitantes de la ciudad. Nuevamente su cuñado, el arquitecto Rivas Mercado nos lo describe detalladamente: arrastrado por dos caballos negros perfectamente acoplados y conducido por un cochero inglés de librea y su impecable lacayo”.



En una interesante ilustración de 1884 (que se exhibe en la planta baja del edificio actual), que se publicó como campaña publicitaria en defensa del pulque, aparece “Tipo actual de los expendios de pulque en México”, con la “casilla situada en la esquina de Avenida Juárez y la Calle de López, en el año de 1884”; es relevante el hecho de que junto a la “casilla” aparece la residencia de don Ignacio Torres Adalid, recién terminada.

En 1899, por insistencia de doña Isabel Rivas de Torres, se realizaron algunas mejoras a la casa de la avenida Juárez; encargado de una ampliación y apertura de entradas de luz, estuvo el arquitecto Antonio Rivas Mercado que 15 años antes había edificado la casa. Durante una de las revisiones de obra, doña Juanita (María Juana Bautista Anselma Rivas Mercado de Torres Adalid) de cincuenta años, cayó de uno de los andamios y murió minutos después.

A partir de entonces, don Ignacio se transformó en mecenas de “causas nobles”, a pesar de que el propio arquitecto Rivas Mercado decía que don Ignacio «era un inválido cicatero que contaba hasta el último centavo». Efectivamente, don Ignacio padeció polio y también es cierto que era estricto con su esposa en cuanto a gastos, pero luego de enviudar, parece ser que su carácter se volvió sentenciosamente miserable…



Varios cambios se dieron en torno a la casa Torres Adalid con el paso de los años; para 1906, se demolieron el templo y convento de Santa Isabel y para 1908 comenzaron las obras para el nuevo Teatro Nacional, que hoy conocemos como Palacio de Bella Artes. En el Proyecto de Adamo Boari para el teatro, se contemlaba una pérgola con fuentes sobre la Alameda y la estructura se edificó justo frente a la casa, casi como preámbulo al acceso principal…



Para 1910, luego de las fiestas que conmemoraron el centenario de la Independencia llegó un importante cambio político, pero no sería sino hasta 1913 --luego de la Decena Trágica-- que el mundo cambió radicalmente para don Ignacio.

Nos dice Arturo Aguilar Ochoa que: “En 1914 don Ignacio Torres Adalid no tuvo otra alternativa que dejar atrás su emporio con todo y sus sueños, construidos durante treinta y seis años. Si los vendavales que soplaban sobre los llanos de Apan no lograron perturbar la vida cotidiana de su hacienda, los vientos revolucionarios acabaron con su próspera historia. Antes de abandonar México, volteó la mirada por última vez sobre San Antonio Ometusco (Estado de México), su amada hacienda transformada por la revolución en un sangriento campo de batalla.”

En 1914, luego de morir en Cuba Ignacio Torres Adalid y con el declive del mercado a causa de la lucha armada y la puesta de moda de la cerveza como bebida de distinción, las haciendas sufrieron varios cambios de propietario, con el consecuente deterioro de su estructura arquitectónica. Cuando San Antonio Ometusco fue devuelta a Javier Torres Rivas (sobrino y heredero condicionado de Torres Adalid) por Venustiano Carranza, la propiedad se legó a la asistencia privada y desafortunadamente está en ruinas.



La casa de Avenida Juárez 18, pasó a la asistencia, como parte de la segunda fortuna más grande dejada a la beneficencia en México. La cantidad de inmuebles que pasaron a la Fundación que administraba la herencia, ocupa páginas y páginas. Arriba, la Avenida Juárez en 1936, vista desde el balcón de la casaea familia Escandón (ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2013/02/la-casa-de-la-familia-escandon.html) . Abajo, una toma aérea de 1938 en que se señala la casa Torres Adalid; es interesante observar que aún pueden distinguirse el patio principal y el patio de la escalera, cubierto por lo que debió ser una espectacular vidriera.





Desde 1930, en México comenzó el impulso arquitectónico a lo que ahora llamamos “Art Decó”; una de las primeras edificaciones importantes en sorprender a la ciudad fue el edifico de “La Nacional de Seguros”, en a esquina de Avenida Juárez y San Juan de Letrán (que ahora llamamos Eje Central –Lázaro Cárdenas-); el proyecto del Arq. Manuel Ortíz Monasterio inaugurado en 1932 fue simbolo de la nueva arquitectura. Poco tiempo después, se remodeló ampliamente la casa Torres Adalid, ampliando los comercios de planta baja y sacrificando el primer patio; en ese período se creó una nueva imagen para el edificio con ecos de esa modernidad “decó”, aunque afortunadamente se conservó la fachada de Rivas Mercado.

Arriba, una fotografía de 1935, en que aparece predoninante, el edificio de la “Nacional de Seguros”; a la derecha, se señala la que hasta 1914 había sido casa Torres Adalid / Rivas Mercado. Abajo, en una fotografía contemporánea el ”pasaje Torres Adalid” y el patio que ahora distribuye a los pisos altos del inmueble; más abajo, el “Directorio” del edificio sobre muros de granito rojo, con iluminación trasera y líneas que claramente nos remiten a la tradición de “les arts décoratifs”





La zona ha seguido cambiando, con la aparición de nuevos edificios, donde destaca la torre emblema de la compañía “Latinoamericana de Seguros” con 44 pisos y diseño del arquitecto Augusto H. Álvarez, inaugurada en 1956. En el bullicioso entorno del Palacio de Bellas Artes, la que fuera casa Torres Adalid, pasa completamente desapercibida…





En el Panteón Francés de la Piedad, subsiste el mausoleo que en 1905 diseñó el arquitecto Antonio Rivas Mercado para la familia Torres Adalid / Rivas, luego de la muerte de su hermana Juana Rivas de torres den 1899. Ahí también se custodian los restos de don Ignacio Torres Adalid, que luego de morir en Cuba en 1914, fue traído a México y colocado junto a su esposa.



Este Blog está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las grandes residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado. Conforme haya más entradas (ya hay 30), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…