martes, 24 de febrero de 2015

La casa de la familia Diener / Struck sobre la Calzada de los Insurgentes




La casa de don Agustín Diener, en la escuadra que forman las calles de Havre y Hamburgo esquina con Avenida de los Insurgentes, es un magnífico ejemplo de la arquitectura que se produjo durante los últimos años del porfiriato en la primera ampliación de la Colonia Americana, que cambiaría su nombre a Colonia Juárez y que desde los años sesenta, conocemos como “Zona Rosa”...



El apellido Diener, que tiene reciprocidad con la palabra “Siervo” y “Servidor” en antiguo alemán de la zona de la Selva Negra, en éste caso proviene de la zona de Pforzheim que es una ciudad en el sur de Alemania, en el estado de Baden-Württemberg; se encuentra en el valle del río Enz, en el norte de la Selva Negra. Es conocida también como ciudad del oro (Goldstadt) debido a que fue durante mucho tiempo el centro de la industria de joyas y relojes en Alemania.

August (Agustín) Diener, hijo de Ludwig Diener 1825-1898 y Emma Roller era uno de los talentos del linaje de cinco hermanos emprendedores, integrado por Max Diener 1860-1919 (casado en 1895 con Gertrude Hermann 1874-1950), Richard Diener (casado con Enriqueta Struck Álvarez 1862-1931), Adolf Theodor Diener 1864-1914 (casado con Norina Bolognese 1878-1946) y Ludwig Adolf Luis Diener 1875-1943 (casado el 12 de diciembre 1916 con Dore Wendland von Gerzo). Cuatro de los hermanos –Max, August, Richard y Adolf-- vivieron en el México del porfiriato y crearon entre 1879 y 1881 una compañía importadora de anillos, relojes y abalorios llamada “PERLE”, que con sus conexiones en Pforzheim (con la fábrica de argollas de la familia Diener, a cargo del hermano mayor Max) y pasado el tiempo pasó a ser la importante «Joyería y Relojería “La Perla”»…



Arriba, funda y placa de imprenta; papel y metal color plata. En la esquina superior izquierda se lee: “JOYERIA Y RELOJERIA”, “LA PERLA”, “1a Calle de Plateros Nos. 12 y 14 Apartado 229”; al lado se lee: “México… de… de 1…”. Abajo se lee: “Señor… Debe…”, abajo se ve un listón heráldico en donde se lee: “JOYERIA Y RELOJERIA”, “LA PERLA”, “DIENER HERMANOS”; abajo se lee: “por los siguientes artículos comprados con intervención de corredor”.

Nos dice Gaby Franger que “Los hermanos Diener desarrollaron una doble estrategia en términos de su éxito empresarial. Tres los hermanos se quedaron permanentemente en México y dos regresaron a Alemania, además de que Agustín, Adolf y Luis crearon alianzas con familias de la aristocracia alemana y la alta burguesía mexicana...”

Para 1880 Don Agustín y su hermano Ricardo unieron “Perle” con el negocio de la joyería “La Camelia”, propiedad de Alfonso Rothaker (en los números 12 y 14 de la calle Plateros) y para 1899, “Diener Hermanos” adquirió dos vetustas propiedades que sumaban 560m² en la esquina de la Profesa (también llamada 3° de San Francisco) y callejón de Santa Clara, a una cuadra de la esquina donde en 1890 se había edificado la relojería Hauser-Zivy y Compañía (representantes de la casa de orfebrería Christofle y de la cristalería de Baccarat), mejor conocida como “La Esmeralda” en la 2° Calle de Plateros (ahora Avenida Madero) esquina con la calle del Espíritu Santo (hoy Isabel la Católica); Diener Hermanos encomendó a la firma Dorner y Bacmeister –que ganarían prestigio con la edificación de un “Palacio de Cristal” para los señores Tomás Braniff y José Landero y Coss -- el diseño de un edificio que albergaría la nueva tienda, oficinas y espacios de habitación, inmueble que quedaría terminado en 1903. En el edificio se labró la leyenda «Viribus Unitis» (“con fuerzas unidas”) como emblema de la alianza del trabajo de los cinco hermanos.

Abajo, una imagen de la página 17 de “EL MUNDO ILUTRADO” que apareció el domingo 18 de enero de 1903 y que me proporcionó el arquitecto Iván San Martín.



INAUGURACIÓN DE LA JOYERÍA “LA PERLA”. Y dice entre otras cosas:

Prueba muy clara de lo que significan en la época de paz que atravesamos, el espíritu de empresa prudentemente dirigido y la perseverancia en el trabajo, fue la inauguración del nuevo edificio de la Joyería “La Perla”, efectuada el sábado 10 del corriente, y de la cual han dado cuenta las principales publicaciones periódicas.

Los Sres. Diener Hermanos, laboriosos y emprendedores propietarios de “La Perla” … en su afán de corresponder a su clientela la decidida protección que les dispensa, mandaron construir en la esquina de la Profesa y callejón de Santa Clara, el hermoso edificio que acaba de inaugurarse y que en nuestro “boulevard” figura como una de las más preciadas joyas de ornato. La suntuosa finca tiene 35 metros de frente por 16 de fondo, y en su fachada se encuentran doce esbeltos aparadores que rematan en óvalo. Su entrada principal, de correctas proporciones y vistoso aspecto, cae a la calle de la Profesa y está destinada al público que visite el establecimiento. La otra, que ve al callejón de Santa Clara, se destina al servicio del escritorio, de los empleados y de las habitaciones. Los trabajos arquitectónicos son obra de los Sres. Ingenieros Dorner y Bacmeister.



Así, el 10 de Enero de 1903, se estrenó el nuevo edificio -de moderna estructura metalica- para la «Joyería y Relojería “La Perla”», que los señores Diener mandaron construir con Dorner y Bacmeister en la esquina de La Profesa (que hoy es la peatonal avenida dedicada a Francisco I. Madero) y el Callejón de Santa Clara (hoy la también peatonal Motolinia, en un vocablo que aparentemente significa desdichado o pobrecito en náhuatl, y con el que era conocido Toribio de Benavente – 1482 a 1569-); arriba, una imagen del edificio en su estado actual, a más de 111 años de haber sido inaugurado…

En un magnífico ardid publicitario, los hermanos Diener entregaron en Catedral dos relojes (uno de peana para la sacristía y otro portátil para el campanero) que se mantenían a tiempo con el reloj de la fachada del edificio, por lo que sus carillones eran los más puntuales, al estar en sincronía con las campanadas de Catedral. Desafortunadamente, desde hace años, la carátula del reloj marca las 5:28…



Otro carrillón de trascendencia, y que suministró “Hermanos Diener”, fue el del torreón principal para la Quinta casa de Correos, que en 1904 diseñó el arquitecto Adamo Boari en la esquina de las calles de Santa Ysabel (hoy Eje Central) y San Andrés (hoy Tacuba).

Nos dice Clementina Díaz de Ovando que “en la torre principal del edificio se encuentra el reloj monumental que fue importado de Alemania por la empresa H. D. y Compañía de la «Joyería La Perla» y ensamblado en México, que ya para 1907 se dejaba escuchar hasta cuatro kilómetros a la redonda.”… “La empresa Hermanos Diener y Compañía, propietaria de la joyería La Perla, fue la responsable de comprar el mecanismo en Alemania, en el año de 1906, a un precio de 5,515 pesos de la época.”

Durante la restauración del “Palacio Postal” que se realizó entre 1996 y 2002, salieron a la luz cartas firmadas a principios del siglo XX por el arquitecto Boari, autor del proyecto general, en las que el italiano expresaba su inconformidad porque a la primera carátula del reloj instalada se le colocaron números romanos que no tenían relación con el diseño arquitectónico del inmueble y solicitaba fueran cambiados a números arábigos; a esto accedió August Diener a nombre de “Hermanos Diener y Compañía” antes de la inauguración, el 17 de febrero de 1907.



El 12 de abril 1890, August Diener contrajo matrimonio con la señorita María Struck Álvarez (1867-1963), hermana menor de Enriqueta Struck Álvarez (1862-1931) quien había contraído nupcias el 21 de mayo 1884 (en la Sagrada Mitra), con Richard Diener, hermano mayor de August. Hijas de Karl Gustav Struck y Antonia Álvarez eran oriundas de Colima, donde la familia se dedicaba a la importación; aparentemente, durante un período, la pareja habitó en el inmueble que había pertenecido a Alfonso Rothaker (en los números 12 y 14 de la calle Plateros) y en 1904 se trasladaron al piso alto del edificio de “La Perla”(Se puede obtener más información en el artículo en PDF: http://www.mexiko.diplo.de/contentblob/1684916/Daten/107260/Download_Kahlo_Diener.pdf)

En 1904, Agustín Diener adquirió para su esposa un predio triangular de poco más de 680m² sobre la Calzada de los Insurgentes, entre las entonces Avenida Reforma 2 (ahora Hamburgo) y Calle Reforma 8 Sur (ahora Havre), en los linderos de la entonces “Colonia Americana” que se desarrollaba alrededor de la glorieta al cruce de Londres y Dinamarca, que en 1910 cambiaría su nombre para honrar a Benito Juárez.

Abajo, en un fragmento del “Plano de la Ciudad de México” para 1907 de la “Compañía Litográfica y Tipográfica S.A.” y que pertenece a la “colección Balbás/Diez Barroso”, se señala el terreno adquirido por el señor Diener, para su esposa María Struck de Diener.



La casa Diener sería un magnífico ejemplo del eclecticismo predominante desde el siglo XIX y en la primera década del siglo XX y puede equipararse con las edificaciones a manera de “Villa italiana” que se construían en importantes ciudades europeas, particularmente en Dresde, gran urbe bajo el reinado del Rey Juan. Como ejemplo, abajo se muestra una imagen de la “Villa Hartmann”, diseño de 1874 por Hübner&Baron en Dresde (Laubergaster Ufer 33, 1874 für den Fabrikanten R Hartmann, Ansicht vom Elbufer Erdgeschoßhalle, Grundriß). Sorprende el que la Villa mostrara un tejado inclinado “a la manera moderna” en línea con el gusto por el barroco francés con mansardas erizadas de remates y pináculos según las enseñanzas de Viollet le Duc.



Para el diseño de la nueva residencia, don Agustín Diener contrató nuevamente al arquitecto Hugo Dorner y desde 1906, la edificación quedó a cargo de los ingenieros Luis Bacmeister y Aurelio Ruelas (conocidos por edificar el “Palacio de Cristal” que hoy es Museo del Chopo -y que fuera diseño de Bruno Möhring, para la compañía siderúrgica alemana Gutehoffnungshütte en Oberhausen y luego rearmado en México en 1905—así como también por haber edificado en 1902 la nueva sede y tienda para “La Perla”); Dorner y Bacmeinster también edificarían la casa en el número 64 de Hamburgo, esquina con Havre --justo frente a la entrada de la casa Diener en Havre N°32--. Abajo, una imagen de la casa en Hamburgo 64, tomada en 1909 desde la esquina de Hamburgo y Havre, en que se pueden apreciar buena parte de las características compositivas que utilizó el arquitecto Dorner para la casa Diener, incluyendo buhardilla así como pináculos y filigrana metálica para rematar la composición.



La casa de la familia Diener se desarrolla a manera de “Villa”, como edificación aislada y rodeada de jardines; la planta cuadrada, edificada en la escuadra del terreno triangular, permite dejar áreas jardinadas en los ángulos agudos. La edificación se despliega en cuatro pisos y casi 800 m² construidos, con un semisótano iluminado por ventanas altas, dos pisos principales y un par de habitaciones en la buhardilla que envuelve la totalidad de la composición. Abajo, la casa Diener y las fachadas que miran hacia el Norte, vista desde la esquina de Hamburgo e Insurgentes.



En general, la composición puede calificarse como ecléctica --con influencia de la tradición del barroco francés y sus mansardas (techos de gran inclinación que en realidad albergan habitaciones)--, pero influida por las restauraciones gotizantes de Eugène Viollet-le-Duc que tanta polémica causaron en Francia y donde destacan remates y filigrana metálica a la manera de lo que en los Estados Unidos de América se conocía como “Victorian Style” en la costa Oeste y “Chateau Style” en la costa Este, haciendo referencia a los diseños de Robert Mook o Richard Morris Hunt.

En el ángulo sur-poniente, la casa presenta una atalaya que ancla la esquina de Havre y Hamburgo y remata los agudos tímpanos de la habitación superior con florones ornamentales. Esa prominencia a manera de torre, contiene las habitaciones principales de la casa y da acceso en la planta noble a una terraza que da salida al jardín norte; es además el respaldo a la escalera principal de la casa que comunica las tres plantas privadas y en la parte alta da acceso a una amplia terraza confinada por la buhardilla.



Algo que pocos saben, es que don August Diener, propietario de la joyería “La Perla” y que desde 1907 habitaría la magnífica casa de Insurgentes, conoció en 1891 a Carl Wilhelm Kahlo cuando ambos viajaban a México procedentes de Alemania (crucero de Hamburgo a Veracruz); don Agustín fue instrumental en que el joven Wilhelm de apenas 19 años permaneciera en México. Gracias a Diener, Kahlo trabajó como dependiente por algunos años en “La Perla” y casó con María Cardeña en 1895, hasta que encausó sus esfuerzos a la fotografía y a partir de 1898 –contratado por los Bocker—se dedicó de lleno a esa actividad para en 1901 abrir su propio estudio; ese año de 98 luego de enviudar, contrajo nupcias con Matilde Calderón, madre de Frida…

En la foto de arriba, Guillermo Kahlo en 1920 y la casa Diener –que ya para entonces era llamaba “Das Schloß” (el castillo) por sus propietarios-- fotografiada por él en 1919, y en que aparecen las fachadas norte y poniente sobre las calles de Hamburgo y Havre respectivamente. Abajo, en una fotografía contemporánea que muestra la silueta de la casa, aparecen mansardas y fachadas que miran hacia el Norte, vistas desde la esquina de Hamburgo e Insurgentes.



Volviendo a la arquitectura de la casa, es de destacar el ornamentado techo a manera de mansarda (nombre que proviene del francés “mansarde” que a su vez se debe al arquitecto parisino François Mansart (1598-1666), quien lo popularizó en Francia para burlar la reglamentación que limitaba la altura de los edificios; tiempo después su sobrino nieto Jules Hardouin Mansart prestigió esta especie de techo muy inclinado al utilizarlo en el Palacio de Versalles y lo transformó en elemento de distinción-) que corona la construcción y que es probablemente el elemento urbano más distintivo; esa arquitectura pretendía modificar la tradición española que la Ciudad de México mantenía en sus zonas urbanas al crear edificios exentos –libres de colindancia- que daban la impresión de ser un entonces novedoso “Jardín edificado”. Para entenderlo, puede verse la fotografía de abajo que corresponde al “Dersden-Blasewitz” en una imagen tomada en los años treinta y que ejemplifica la idea de “Ciudad Jardín”...



Los complejos remates -de hoja de plomo moldeada-- que rematan el perfil de la casa muestran filigranas con flores de lis, cresterías y florones que delinean la buhardilla de tejas metálicas que ahora se muestran pintadas de azul y que años atrás fueran verdes.



En general, al exterior la casa muestra fachadas remarcadas en cantería, donde predominan los vanos con arcos rebajados y puertas de doble batiente, muy en boga con la tradición de su tiempo. En el acceso principal, sobre la calle de Havre, la casa se remete tres metros y permite la entrada por una puerta en la reja ornamentada con flores de lis y limitada por pilares y farolas. Abajo, una foto del acceso principal en su estado actual.



Ese acceso principal, da a un vestíbulo que permite paso a un amplio salón de doble altura que además de permitir la distribución a las diversas habitaciones de la planta noble, aloja la escalera principal y se ilumina gracias a un colorido vitral; ese espacio es probablemente el sitio más recordado por quienes acceden al inmueble; abajo una foto del vitral de la escalera y detrás el vitral del “hall” de la casa.



En una fotografía que probablemente se tomó entre 1911 y 12 en el arranque de esa escalera, aparece la familia Diener con doña María Struck Álvarez de Diener a la extrema izquierda y don Agustín Diener Roller con su característico “jaquet largo”, ambos flanqueando a sus hijos; foto que amablemente me proporcionó el arquitecto Alejandro Diener.



En lo general, la casa se desplanta sobre un amplio sótano, donde hay varias habitaciones dedicadas al personal de servicio. En la planta principal, la casa cuenta dos grandes habitaciones para recibir, comedor y terraza con escalinata que desciende al jardín norte, además de cocina, “office” y vestíbulo con medio baño. Arriba hay cinco habitaciones y dos baños, y en la parte más alta, en el ángulo de Havre y Hamburgo --disimulada por la mansarda-- una habitación con vastas ventanas que permite además acceder a una amplia terraza descubierta con vistas perimetrales.



En algún momento (probablemente en los años treinta del siglo XX) se añadió una edificación con cocheras, habitaciones de servicio, locales comerciales (hacia la Avenida de los Insurgentes) y una capilla en lo que había sido el jardín sur; esa construcción, aunque complementa las características arquitectónicas del edificio original se decoró con un estilo que hace alusión al estilo neo-colonial que se popularizó en el período con pretiles mixtilíneos, nichos y recubrimientos de azulejo.



Al paso de los años la casa cambió de propietarios (buena parte de la familia Diener mudó su residencia a Las Lomas de Chapultepec), y siguiendo un período de notable deterioro se ha mantenido en condiciones razonables, hasta ser dometida a una importante remodelación en 1980 y que recientemente los nuevos propietarios la han remozado, aparentemente con el fin de albergar oficinas de la industria minera…



La casa conserva intactos y en magníficas condiciones los emplomados originales --opacos y coloridos-- del tragaluz, así como los --transparentes y biselados—que se renovaron en la fachada oeste para la escalera y la fachada norte para la terraza. La “Casa Claudio Pellandini situada en la segunda calle de San Francisco número 10” fue la encargada de ejecutar los del tragaluz en 1906, siguiendo el diseño del arquitecto Hugo Dorner que eligió conmutaciones sobre un diseño de Flor de Lis para decoración de toda la casa; en la remodelación de 1980 afortunadamente se salvaguardó la decoración con representaciones de la flor del lirio en vitrales, herrería, carpintería y cantería…

Arriba, los arcos de la terraza norte --que permite la salida al jardín—y sus vitrales con decoraciones de flor de lis; abajo detalle de cantera y herrería con variantes del mismo motivo.



Las ampliaciones sobre la avenida de los Insurgentes tuvieron diversos usos, aunque aún quedan huellas de algunos de sus inquilinos, que incluyen un consultorio dental dedicado a fabricar prótesis dentales (Puentes) en los años cuarenta y cincuenta, así como una “Tiendita de Horrores” dedicada a disfraces y entretenimiento en los años noventa.



Arriba, parte de la fachada hacia la Avenida de los Insurgentes; abajo, una imagen de Google-maps de 2014, en que se ha marcado el triángulo que ocupa la casa frente a la Avenida de los Insurgentes y en la escuadra de las calles de Havre y Hamburgo. Más abajo, el jardín de la casa, visto desde la esquina de Insurgentes y Hamburgo.




La casa es también recordada por haber albergado las oficinas del connotado Carlos Arouesty Robert (de Arouesty y Asociados) dedicado a la publicidad e imagen corporativa y que en 1980 adaptó el inmueble, recibiendo en 1991 un reconocimiento por la restauración.

Para otros la casa de la familia Diener es perpetuada como oficinas de “Dianética”, la “Ciencia Moderna de la Salud Mental” inspirada en el Best-Seller Ronald Hubbard y que es ahora empleada por la Iglesia de la Cienciología.



Aunque desde su construcción en 1907, el entorno urbano ha cambiado sustancialmente, la casa de don Agustín Diener se conserva en buenas condiciones, casi como recuerdo de otro tiempo…



Este Blog está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las grandes residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado. Conforme haya más entradas, aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



miércoles, 11 de febrero de 2015

La casa Amaro / Izaguirre en Polanco




Joaquín Amaro Domínguez fue Secretario de Guerra durante los períodos presidenciales de Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil y Pascual Ortiz Rubio. Su labor al frente del Ejército Mexicano, de 1924 a 1931, culminó en un plan para la renovación de jefes y tropas surgidos de la Revolución y con el rediseño de los sistemas de enseñanza al interior de la institución. En 1933 sobre terrenos aledaños a la nueva “Colonia del Bosque de Chapultepec” que promovía el señor Cuevas Lacurain, edificó una casa siguiendo un proyecto del joven arquitecto Manuel Giraud; arriba, una recuperación de la casa Amaro en el N° 1 de la Calzada de la Exposición y junto a la que desde 1938 se desarrolló el fraccionamiento Chapultepec-Polanco.

Contados individuos en la historia moderna de nuestro país, teniendo enorme poder a su alcance, evitaron la tentación de tomarlo y ejercerlo. Joaquín Amaro, sin detentar la presidencia –tradicionalmente el cargo más importante en la esfera política--, convivió y resguardó la institución castrense, obteniendo en el proceso algunas atractivas sinecuras...



Joaquín Amaro fue hijo mayor, entre 10 hermanos, de Antonio Amaro y Ángela Domínguez, dedicados al campo (aunque su padre, Antonio Amaro, llegó a ser segundo de Luís Moya); contaba instrucción elemental -sabía leer y escribir- y mostraban una personalidad rebelde. Nacido en Sombrerete, Zacatecas, en agosto de 1889, se integró prontamente al movimiento revolucionario en febrero de 1911 incorporándose a la lucha maderista, adjunto a las fuerzas comandadas por Domingo Arrieta. Era moreno, de corta estatura, con habilidades natas en el combate y singular agrado por los caballos; fue conocido con apodos como "el indio de la arracada", "el azote de Dios" y el "Atila de guarache" de entre los que "el indio" permaneció...



Arriba, en una fotografía de 1914, aparece Joaquín Amaro (a la izquierda con apenas 23 años) despidiendo al ya gobernador y general Gertrudis García Sánchez.

Al paso del tiempo, Amaro se fortaleció como uno de los revolucionarios más leales y capaces del ejército constitucionalista. A decir de Martha Loyo, antes de los 28 años Amaro había fraguado ya fama de aguerrido y violento, un personaje con capacidad militar y con una de las mayores virtudes en ese ámbito: lealtad a toda prueba. Esa singularidad sería explotada por las cabezas del liderazgo revolucionario, y luego de Carranza, por los sonorenses Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

En 1915, el general Obregón dijo: "Amaro es un brillante soldado de caballería y un gran organizador; promete llegar a ser uno de los mejores generales de nuestra Revolución".

Luego del triunfo de la rebelión de Agua Prieta en 1920, Amaro obtiene (contando apenas 31 años) el grado de general de División (Lázaro Cárdenas, otro joven y precoz revolucionario lo obtuvo hasta los 33, en 1928) y recibe el nombramiento como jefe de Operaciones Militares de la 3° Zona Militar al noreste del país. Mantendrá desde entonces cercanía con tres hombres de su confianza: José Álvarez, zamorano de origen, como jefe de su Estado Mayor así como Andrés Figueroa y José Hurtado. Según parece, era un trabajo en equipo diseñado por el propio Amaro: Figueroa y Hurtado, brazos de su organización militar, y Álvarez desde la ciudad de México --su operador político--, intermediario entre las influencias personales en las secretarías de Guerra y de Gobernación y base del entendimiento de la política nacional.



Sabemos que en 1921, contrataba maestros para que lo instruyeran en todo tipo de lecturas en especial literarias, para actualizarse en textos militares y para organizar la biblioteca del cuartel. Además desataca la contratación de maestros para que dieran clase de esgrima, tiro y gimnasia, a los oficiales y estado mayor a su cargo.

El 3 de septiembre de 1921, el ya General Amaro adquirió una casa en Saltillo y contrajo matrimonio con la hija del Coronel Manuel C. Izaguirre, quien se encontraba bajo sus órdenes directas; con Elisa Izaguirre, originaria de Morelia, Michoacán, tendría dos hijos en Coahuila: Joaquín en 1922 y Leonor en 1923. Tiempo después, se trasladó a la Ciudad de México, plaza donde se le nombró Comandante de la Columna del Desfile Militar del 27 de septiembre, que conmemoraba el Primer Centenario de la Independencia de México, distinguido nombramiento que rechazó por no encontrarse en cabal forma…

Como galardón a su leal desempeño frente a la rebelión delahuertista de fines de 1923, Amaro recibe la Secretaría de Guerra, en la que permanecerá por espacio de siete años. Tenía entonces en sus manos la oportunidad de materializar planes y estrategias de planeación y organización, orientadas a disciplinar y hacer eficiente el desempeño del ejército mexicano a la par de cualquier ejército moderno; la profesionalización representó al mismo tiempo la institucionalización del ejército, que abandonó con ello su carácter caciquil y caudillesco para transformarse en un “cuerpo garante del gobierno y del sistema político constituido”, “un organismo funcional, moderno, salvaguarda del gobierno e instrumento de pacificación social”.



El 1 de diciembre de 1924, el General Plutarco Elías Calles tomaba el Cargo de Presidente y con esa misma fecha nombraba al General Amaro Domínguez como Subsecretario de Guerra y Marina. En 1925 trasladó su domicilio al “Rancho de la Hormiga”, propiedad que había pertenecido al doctor José Pablo Martínez del Río y que durante el gobierno de Álvaro Obregón quedó en usufructo de la Secretaría de Gobernación. Desde “La Hormiga” (donde también nacieron otros tres de sus hijos: Guillermo en 1925, Manuel en 26 y Elisa en 27) el General Amaro emprendió la reorganización el ejército y sus instalaciones, incluyendo a los Batallones y Regimientos sublevados, dotándolos de nuevos uniformes, armamento e incluso una nueva “fábrica de municiones” en los terrenos que habían sido parte del emplazamiento de la fallida “Exposición Universal de México”…

En la foto de arriba, el general Amaro en el período en que habitó “La Hormiga”.

Martha Loyo nos dice que Amaro era sin duda un líder nato, autodidacta en un sentido amplio del término para aprender de las experiencias y saberse manejar en un contexto de volatilidad, de oportunismo, de ambiguas militancias y frecuentes traiciones. Pocos revolucionarios como él estuvieron siempre del lado de los "ganadores" (al menos hasta antes de su rompimiento con Cárdenas, el presidente) y siempre además con una proyección en sentido ascendente.



Al paso de los años, insinuaciones o invitaciones no le faltaron para convertirse al villismo, o al delahuertismo; sin embargo, Amaro pudo mantener firmes sus principios obregonistas para solventar al mismo tiempo la consolidación de los sonorenses en el poder político. Ese agudo sentido de su realidad en un contexto vulnerable (donde también le apoyó el agudo sentido práctico de José Álvarez) lo hizo figurar como el hombre indispensable para controlar y dominar el complejo y rudo espectro del militarismo revolucionario mexicano, situación en donde fracasaron otros líderes revolucionarios como Madero, Carranza y probablemente hasta el mismo Obregón. Y así seguiría con Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez, período en el que trabajó muy de cerca con su antiguo subalterno, Lázaro Cárdenas del Río.



A decir de Martha Beatriz Loyo Camacho, en “Joaquín Amaro y el proceso de institucionalización del ejército mexicano, 1917-1931: “Amaro después de todo también era humano y susceptible a su condición, como tal solapó prácticas de corrupción y enriquecimiento de sus subordinados, de hecho él mismo se enriqueció convirtiéndose en propietario y empresario al mismo tiempo.”… "Amaro siempre defendió o solapó -dice la autora- a sus generales leales, pero no sólo por la lealtad en sí misma y la confianza hacia él, sino también porque le importaba sobre todo mantener en su división a quienes habían demostrado carácter, inteligencia y sangre fría para ejercer el mando" (p. 91). Por otro lado, los principios de moralidad inculcados al ejército podrían contrastar con varias de sus acciones que lo muestran como un ejecutor falto de escrúpulos, implicado además en magnicidios tales como el asesinato de Francisco Villa en julio de 1923, o las ejecuciones de Francisco Serrano y Arnulfo R. Gómez en octubre y noviembre de 1927. Éstas son evidencias de los "trabajos sucios" que estaba dispuesto a realizar en aras de eliminar riesgos o potenciales enemigos del orden establecido. Para él y para el régimen que respaldaba, "la eliminación de cualquier obstáculo que pudiera amenazar la precaria estabilidad del gobierno era fundamental" (p. 109). No había pues consideración con los enemigos, "Amaro actuaba sin miramientos y sin piedad" (p. 93)

La autora señala el bajo perfil político de Joaquín Amaro, en el entendido de que rechazaba inmiscuirse en la política nacional. Siendo sus terrenos lo militar, parecería lógica su posición, en tanto un hombre de campo, de armas, carente de discursos y renuente a la prensa y a la opinión pública. No obstante ésa era una posición política pues a pesar de todo, como decía Calles, la Revolución se había convertido en gobierno, y ambas cosas, gobierno y Revolución parecían indisolubles; luego, su manera de entender la política era otra, menos protagónica, subterránea y velada pero política al fin para pertenecer por igual a la cúpula política nacional y permanecer en ella a toda costa.



Durante la estancia del general Joaquín Amaro en el “Rancho de La Hormiga” (de 1925 a 1929 mientras fungía como Secretario de Guerra y Marina durante el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles), se construyeron caballerizas, alberca y cancha de tenis, frontones y stand de tiro, así como salas de clase para los alumnos de la escuela militar. Además, ordenó también la construcción del alojamientos para el Estado Mayor en lo que había sido la “Fundición de Cañones” (al norte del Molino del Rey), edificó la Fábrica de Cartuchos en lo que había sido el Rancho de Coscoacoaco, así como los campos de polo (“Campo MARTE” a la manera de la explanada frente a la escuela militar de París) en tierras que antaño pertenecieran a la Hacienda de San Juan de Dios conocida como “Los Morales”.

En ese período y por intermediación de José Álvarez, conoció al señor Alberto Cuevas Lascurain --heredero de parte de la “Hacienda de los Morales”--, y con quien entablaría una buena relación.

Arriba, una imagen de la casa grande del “Rancho de la Hormiga” donde habitó el general Amaro; el inmueble fue ampliamente transformado y en 1935 se transformó en la “Residencia oficial de la presidencia” que desde tiempos de Lázaro Cárdenas se conoce como “Los Pinos”…

Abajo un anuncio de “Jueves de Excélsior” que apareció el 19 de Febrero de 1925.



Desde 1923, don Alberto Cuevas Lascurain había intentado urbanizar y comercializar algunos terrenos de su propiedad en la sección sur-oriente de lo que había sido la hacienda de sus padres: “La antigua Hacienda de San Juan de Dios de los morales”; limitados al sur por el trazo de la antigua “avenida de la Fundición” (hoy Rubén Darío) y al poniente por la “Calzada del Paredón” (hoy Arquímedes) los terrenos de la “Colonia del Bosque de Chapultepec” habían sido un ensueño insostenible, ya que los terrenos tenían una enmarañada estipulación de usufructo ligado a las tierras federales de la “Casamata” por parte de la Secretaría de Guerra y Marina. Gracias a la buena relación de Lascurain con Amaro, el problema se solucionó en enero de 1925 y la nueva colonia se puso en venta desde el principio de ese mismo año.



Arriba, en un plano de 1929, aparece marcada la nueva “Colonia del Bosque de Chapultepec” en terrenos de “La antigua Hacienda de San Juan de Dios de los morales”; una referencia importante es el “Río de Los Morales” que aparece al centro de la imagen y que puede entenderse mejor considerando que el cauce es hoy el trazo de la avenida Campos Elíseos de Polanco…

Nos dice Martha Loyo Camacho que “durante su gestión como secretario de Guerra, Amaro disfrutó de las ventajas y privilegios que le daba su puesto en el gobierno. Si bien no sabemos cuál era su salario real, fue evidente que incrementó su patrimonio…” y en 1926, don Joaquín recibió algunos terrenos como parte de su participación en la nueva “Colonia del Bosque de Chapultepec”, y como correspondencia por las acciones emprendidas para asegurar que el fraccionamiento floreciera; dice Loyo que tiempo después recibió un fragmento de terreno de 27,000m² en el fraccionamiento Chapultepec Campos Elíseos “para fraccionar lotes”…



Sabemos que desde 1928, el general Joaquín Amaro Dominguez encargó a un muy joven arquitecto Manuel Giraud el diseño de una nueva residencia en los terrenos de lo que entonces se llamaba fraccionamiento Chapultepec Campos Elíseos, anexo a la Colonia del Bosque de Chapultepec. La propiedad colindaba con el Río de los Morales y tenía acceso desde la “Calzada de la exposición” (que ya para 1929 se llamaría oficialmente prolongación del paseo de la Reforma) por una servidumbre sobre los terrenos que se mantendrían como parque frente al nuevo “Campo MARTE” (hoy parque Churchill).

La enorme residencia incluía amplios jardines, caballerizas, picadero, muro de frontón (pelota vasca), una edificación separada para las dependencias de servicio y la casa propiamente dicha con poco más de 2,000 m² construidos.



Arriba, en una magnífica “toma oblicua” de la compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1931 y que mira hacia el Oriente, aparecen parte de los terrenos de lo que hoy conocemos como Polanco y donde sobresale la casa del general Amaro…

En primer plano (abajo) la zona donde se trazarían en 1937 las calles dedicadas a Julio Verne, Alejandro Dumas, Tennyson, Eugenio Sué, Aristóteles, Galileo y Temístocles; como referencia, la estrella roja (abajo derecha) marca el sitio donde hoy se levanta el Obelisco, en la intersección de Reforma, Campos Elíseos y Julio Verne. A la derecha, lo que entonces era la “Prolongación del Paseo de la Reforma” y los terrenos del Polo Club donde ahora está el Auditorio Nacional –terreno señalado con una estrella amarilla--.

Formando una diagonal que atraviesa la imagen, aparece el “Río de los Morales” que entubado dictó el trazo de la avenida Campos Elíseos; abajo a la derecha, aparece la “casa de compuertas” y su puente (círculo morado) desde donde se regulaba parte del caudal que llegaba hasta el Río del Consulado (hoy Circuito Bicentenario).

Las tres grandes residencias que entonces existían eran la Casa de la familia Cuevas (marcada en amarillo y con frente a la Calzada del paredón, que hoy conocemos como Arquímedes), terreno en el que hoy se encuentran el “Centro Asturiano” un par de casas y la torre que alberga la tienda “Organitec”; la casa de don Ramón Beteta (http://polancoayeryhoy.blogspot.mx/2011/04/hotel-presidente-chapultepec.html, marcada en naranja), donde hoy se alzan las torres de los hoteles Hyatt Regency e Intercontinental-Presidente; finalmente la casa del general Joaquín Amaro (marcada en rojo), donde hoy encontramos las calles de Andrés Bello y Jorge Elliot, así como los hoteles “W” y J.W. Mariott, las torres del “Condominio Presidente Reforma”, “Torre Forum” y otras ocho edificaciones…



El proyecto del arquitecto Manuel Giraud Esteva contemplaba una casa principal de dos pisos, con amplio pórtico al frente sur y limitado por columnas dóricas pareadas, así como un enorme vestíbulo de doble altura coronado por un extenso tragaluz y rematado por una escalera de desarrollo en semicírculo. La edificación de doce habitaciones ganó fama para Giraud que en sociedad con el ingeniero Parra edificaría residencias tan espectaculares como las de los generales Ávila Camacho (http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/02/la-casa-avila-camacho-jauregui-en.html) o la nueva residencia oficial de “Los Pinos”. Arriba, en una imagen de la fototeca del Centro de Extensión de la Universidad Iberoamericana en Saltillo, la señora Elisa Izaguirre de Amaro con un grupo de “Hijas de María del Verbo Encarnado” frente al pórtico de la casa.

Para 1929 y durante el transcurso del conflicto entre la Iglesia y el Estado, al General Amaro se encomendó hacer frente la nueva rebelión escobarista del 9 de marzo. Amaro se encontraba presto para salir a combatir a los sublevados, pero tuvo un accidente jugando a la pelota vasca en su nueva casa y perdió el ojo derecho, por lo que tuvo que renunciar a la Secretaría y trasladarse a los Estados Unidos de América, para ser atendido. Tiempo después regresó a la casa de Saltillo, aunque su esposa mantuvo residencia constante en la casona de la Calzada de la Exposición que ya para entonces se llamaba Prolongación del Paseo de la Reforma.



Desde 1937, los hermanos Cuevas Lascurain –-ahora coligados con el despacho de la Lama y Basurto—se dieron a la tarea de desarrollar un nuevo fraccionamiento en la parte sur de los terrenos de la “antigua hacienda de los morales”. Ese desarrollo se llamaría “Chapultepec-Polanco” y se inauguró en 1938 (http://polancoayeryhoy.blogspot.mx/2011/03/la-placa-de-inauguracion.html)cia) con la presencia del entonces Presidente Lázaro Cárdenas.



Arriba, una imagen de Manuel Ramos fechada en 1938 donde aparece en primer plano el parque central del nuevo fraccionamiento Chapultepec-Polanco y que hoy se conoce como “Parque Lincoln”; la calle diagonal al centro de la imagen es Luís G. Urbina y la casa que se aprecia al centro es una de las casas “muestra” que aún perviven en el número 57 de la calle de Alejandro Dumas. Al fondo de la imagen se pueden ver el Castillo de Chapultepec y la tupida arboleda del Paseo de la Reforma; a la extrema izquierda puede verse además parte de la casa Amaro/Izaguirre que aún conserva la barda que limitaba la propiedad hacia el cauce del Río de los Morales y que ya entonces era la avenida Campos Elíseos.

Abajo, una foto aérea de la Compañía Mexicana de aerofoto fechada en 1940, donde se ha marcado la casa Amaro/Izaguirre que ya para entonces formaba parte del desarrollo de Chapultepec-Polanco y frente a cuya fachada norte se trazó la calle de Eugenio Sué.



Abajo, en una toma oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1941, aparecen los terrenos de la antigua Hacienda de los morales y el recientemente inaugurado fraccionamiento Chapultepec-Polanco; en primer plano se pueden ver los campos de polo del Campo Marte y la casa club, que ahora se conoce como el “Casino Militar Campo Marte”. Al centro derecha, se marcan los límites de la casa Amaro/Izaguirre rente al Paseo de la Reforma.



En 1930, el Ingeniero Pascual Ortiz Rubio fue designado como nuevo Presidente, tomando posesión el 5 de febrero; a pesar de la pérdida de un ojo, el militar zacatecano fue ratificado Secretario en el Ramo de Guerra. Con la finalidad de contar con un ejército profesional de primer mundo, durante esa gestión se elaboraron reglamentos como el de Transportes de Ferrocarril, Aplicación de Asignaciones de Técnico, Defensas Rurales, Almacenes, Ceremonial Militar, Servicios de los Estados Mayores y Comandos Superiores del Ejército y Armada Nacionales, Conservación y Almacenamiento de Material de Guerra, Archivo, Servicio de Transportes a Bordo de Unidades de la Armada y Reglamento para la Secretaría de Guerra, así como también ordenó se creara una Comisión de Historia.

El 15 de octubre de 1931, el General Amaro Domínguez renuncia al cargo y el 7 de noviembre se hizo cargo del Colegio Militar; tiempo después se le designa Director de Educación Militar, sin cesar en su cargo anterior. Con ello tuvo a su cargo el Colegio Militar, la Escuela Naval Militar, la Escuela Médico Militar, la Escuela Militar de Veterinaria y Mariscalía, las Escuelas de Tropa, las Escuelas de Formación y Aplicación de Aeronáutica y la Escuela Militar de Transmisiones.

Durante esa gestión del General Amaro, se inauguraron la Escuela Superior de Guerra, la Escuela Militar de Aviación y la Escuela Militar de Intendencia; su labor de profesionalizar y reformar al Ejército Mexicano finalizó cuando pasó a disposición de la Dirección de Armas.

El 16 de agosto de 1939, el General Amaro Domínguez solicitó Licencia Ilimitada para separarse del activo de las armas, para atender asuntos políticos; para el 1 de octubre de 1942, durante la II Guerra Mundial, el General zacatecano cesó de estar a disposición de la Dirección de Personal y con esa misma fecha fue designado Comandante de la Región Militar del Istmo, que fue creada en la misma fecha. En esa comisión permaneció hasta el 31 de diciembre de 1943 y posteriormente prestó sus servicios como Comandante de las 28/a. y 18/a. Zonas Militares.



Amaro era, pues, un "hombre funcional y necesario" (Loyo p. 183); lo fue en momentos de crisis, de transición, y dejó de serlo una vez que cumplió su cometido. Educado y conveniente en el arte de la guerra y además renuente a la diplomacia política, luego de siete años al frente de la Secretaría de Guerra, desde donde respaldó a tres presidentes, Amaro "regresó a su casi anonimato después de 1931, desapareciendo poco a poco del escenario público del país". Detrás de él quedó un ejército que no era más el mismo, adaptado entonces a su condición institucional. En adelante ninguna rebelión o asonada volvió a poner en riesgo la estabilidad política del régimen posrevolucionario.

Amaro murió el 15 de marzo de 1952, en Pachuca, Hidalgo, cuando se desempeñaba como jefe de la 18 zona militar.

Desde Abril de ese año, en los diarios del país parecieron innumerables notas acerca de los problemas sucesorios del general Amaro, ya que se hicieron presentes varios hijos e hijas procreados fuera del matrimonio. Varias de las propiedades pasaron a muy diversas manos aunque los hijos del matrimonio Amaro/Izaguirre recibieron la mayor parte.

El 4 de noviembre de 1952, aparece en el diario Oficial de la federación el Dictamen por el que se otorga pensión, a solicitud del Ejecutivo, a la señora Eliza Izaguirre viuda del general Joaquín Amaro. Sabemos que en ese mismo periodo, el terreno de su casa anexo a Polanco fue subdividido, trazando dos calles que permitieran la lotificación. En la fotografía aérea de 1956, se ha marcado el lindero original de la propiedad. El predio restante fue seccionado y la casa fue luego cedida a la Prelatura de la Santa Cruz y funcionó como el “Colegio Margarita de Escocia”.



Como referencia, arriba a la izquierda puede verse el “Obelisco” que marca la entrada al fraccionamiento “Chapultepec-Polanco” desde el paseo de la Reforma; a la extrema izquierda, se adivinan los terrenos del “Polo Club” donde ahora encontramos el Campo Marte y Auditorio Nacional. Abajo a la derecha, se distingue la glorieta de Campos Elíseos, frente a la que ahora se accede al hotel Presidente Intercontinental…





Arriba y abajo, vistas de Google-maps de la zona de Chapultepec y Polanco en el año 2014. Como referencia, se ha marcado el lindero original de la casa Amaro/Izaguirre, edificada en 1928-29.



Decía Amaro en 1921: "decir revolucionario equivale a ser hombre, hombre de ideas de progreso, tanto para la querida madre patria como para sí mismo". Ante la ausencia de más elementos, Martha Loyo termina por reconocer en él un "liberalismo moderado, progresista y reformador heredado del pensamiento político del siglo XIX , distinguiéndose por su contenido anticlerical y moralista" (p. 96). A esa ideología nacionalista y anticlerical (p. 183), podríamos agregar que su sentido pragmático de la realidad y su carácter reformador fue producto de su inmediatez, de las vicisitudes de los acontecimientos revolucionarios. Luego de todas las experiencias acumuladas, podemos inferir que Amaro fue uno antes de 1920 y otro después. Con nuevas expectativas, los recursos mediáticos de su triunfo y el grado militar más alto, Amaro emprende su verdadera carrera hacia el ascenso social; una nueva forma de vida transforma al rudo militar de la arracada en un distinguido e instruido oficial del ejército, quizá estimulado por su matrimonio o por el arribo del fino y educado José Álvarez a su Estado Mayor; como quiera, Amaro se transformó a la par de la Revolución. Amaro en efecto "tenía conciencia de su talento natural para la milicia pero sabía que eso no era suficiente. Se fue transformando en la medida en que la Revolución también lo hacía, y buscó la superación no solamente en el conocimiento de las batallas sino en su capacidad de organización y planeación" (p. 94).



En 1957, se encomendó al escultor Humberto Peraza y Ojeda una escultura ecuestre que rindiera homenaje al general Amaro; Peraza es conocido por sus esculturas taurinas, entre las que destacan El par de Pamplona y Juan Silveti para la plaza El Toreo, de Cuatro Caminos; un busto de Carlos Arruza y una estatua de Armillita para la plaza México y otra de Rodolfo Gaona para la plaza de las playas en Tijuana; aun así, su pieza más importante es la recreación del “Pegaso” que adorna la fuente del patio central de Palacio Nacional. El bronce que homenajea a amaro es una pieza de 4,5 m que se encuentra ahora sobre el Paseo de la Reforma y frente al Campo Marte, al otro lado de lo que fuera el jardín de la casa del General…

Peraza comentaba que cuando hizo la estatua ecuestre de Francisco Amaro, el presidente Adolfo Ruiz Cortines la inauguró en el “Campo Marte del Colegio Militar” en 1958, pero a la semana siguiente terminó su sexenio y se fue adeudando una gran cantidad de dinero por ese trabajo. Cuando ingresó a la presidencia Adolfo López Mateos, su gobierno no reconocía la deuda; por fortuna, Aarón Sáenz era muy amigo del comité que encargó el trabajo e intervino, diciéndole al escultor “dame tu recibo y yo lo cobro”…







Citas: Martha Beatriz Loyo Camacho, Joaquín Amaro y el proceso de institucionalización del ejército mexicano, 1917-1931, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas-Fondo de Cultura Económica-Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana-Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca, 2004.



Este Blog está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las grandes residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado. Conforme haya más entradas, aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



domingo, 14 de septiembre de 2014

La casa Boari / Dandini en la Colonia Roma




En el parque triangular que se forma a un costado de Insurgentes, al cruzar Álvaro Obregón y Monterrey -- ahora dedicado a la memoria de Juan Rulfo--, estuvo la casa del arquitecto Adamo Boari, autor de la Catedral de Matehuala, del Templo Expiatorio de Guadalajara, el Palacio de Correos y el Palacio de Bellas Artes.



Adamo Boari nació en el poblado de Marrara -vecino a Ferrara- Italia, el 22 de octubre de 1863. Estudió en la Scuola di S. Bartolomeo y realizó estudios sobre edificación y diseño en Ercole d'Este para pasar luego a las universidades de Ferrara y Bolonia, donde en 1886 se tituló como ingeniero civil; trabaja un año con el ingeniero Amico Finzi en el proyecto para la Stazione ferroviaria di Oggiono (Como-Lecco y Monza-Molteno-Lecco) pero deja el empleo en 1887 para cumplir con el Servicio Militar…

Se sabe de algunos de sus diseños realizados para la “Esposizione Nazionale di Architettura” de Torino en 1890 y enviados desde Río de Janeiro –Brasil--, donde buscando aventura se había establecido desde 1889, laborando en la instalación de la red ferroviaria paulista; para 1891 trabaja como promotor de una de las propuestas para el proyecto que se enviaría a la Exposición Universal de Chicago representando a Brasil, y viaja más tarde a Buenos Aires y Montevideo. Abajo, una fotografía del “BUILDING OF BRAZIL” de la Chicago World´s Fair de 1893, en cuya preparación (y probablemente diseño) participó Boari.



Durante sus andanzas por Sur América (mientras supervisaba la construcción de la estación para el entronque ferroviario Santos-Campinas), contrae fiebre amarilla y luego de varios meses se traslada a los Estados Unidos de América para recibir tratamiento en Nueva York. En marzo de 1892 se muda a Chicago, donde trabaja como ingeniero nivelador bajo las órdenes de Daniel Hudson Burnham (Burnham&Root) durante los preparativos del Jackson Park para recibir la instalación de la Feria Mundial, que se había bautizado como “Columbian Exposition of 1893”.


Durante los meses que antecedieron a la inauguración de la feria y por disposición del propio Burnham, se encarga de la supervisión y terminación del “Administration Building” (incluyendo los diseños de culminación para tambor, cúpula y obra escultórica) y durante 1893 siguió como supervisor de trabajos de la muestra que ya para entonces se conocía como “The White City”. Arriba, una toma general del estanque central (Court of Honor) de la “Chicago World’s Fair of 1893”; abajo el edificio administrativo, de cuya terminación Boari se hizo cargo desde 1892.


En ese período tuvo contacto directo con John Rooth (encargado de la planificación arquitectónica de la feria) y con el popular arquitecto Louis Sullivan que diseñara el pórtico de acceso al “Transportation Building”, único proyecto que no coincidía con el albo tinte predominante en el resto de los edificios de la feria. Abajo, el acceso al Transportation Building, diseñado por Sullivan.



Desde 1894, Boari trabaja en el despacho de Dankmar Adler y Louis Sullivan, encargándose primero como ingeniero de dibujos estructurales del Guaranty Building en Buffalo N.Y. y después de diseños interiores menores del Auditorium Building en la calle Michigan de Chicago, donde ya se encontraba instalado el propio despacho. Mientras tanto, Adamo de 30 años estudia inglés, revalida estudios y toma cursos universitarios a fin de titularse; además participa en varios concursos, entre los que destaca un certamen internacional convocado en 1897 por el gobierno mexicano para diseñar el nuevo Palacio Legislativo. En 1899 Adamo Boari recibió diploma del Chicago Architectural Board para el ejercer profesionalmente como arquitecto en los Estados Unidos.



El gobierno encabezado por el general Porfirio Díaz, convocó en marzo de 1897 a un concurso internacional (inspirado en el que en Alemania se había hecho en 1882 para diseñar el Reichstag) para diseñar el nuevo “Palacio del Poder Legislativo Federal de los Estados Unidos Mexicanos”. El ingeniero Adamo Boari participó en el certamen con una propuesta, sumándose a otros 56 proyectos consignados y en abril 1898 recibió el premio de segundo lugar, emparejado con los diseños de P.J. Weber & D.H. Burnham de Chicago y Pio Piacentini & Filippo Balatri de Roma –declarándose desierto el primer lugar--. Arriba, acuarela del proyecto enviado por Boari en 1898.

A raíz de ese premio, al ingeniero Boari se le solicitó ese mismo año enviar una propuesta para techar el crucero de la Parroquia de San Miguel Arcángel (S. XVIII) de Atotonilco –Jalisco-- complementando la torre diseñada por el arquitecto Francisco Eduardo Tresguerras; el proyecto y calculo que envió en septiembre de 1898, considerando una cúpula y tambor de 16 gajos, se ejecutó en años siguientes. Abajo, la Parroquia de San Miguel Arcángel al centro de Atotonilco.



En 1899, el ya arquitecto Boari viaja a México por invitación de la administración del Presidente Porfirio Díaz y presenta ante el gobernador de San Luis Potosí, Carlos Díez Gutiérrez López Portillo, un proyecto para el “Nuevo templo parroquial de Matehuala” que el obispo de la arquidiócesis don Ignacio Montes de Oca le había encomendado el año anterior. El proyecto toma como modelo la iglesia de Saint Joseph de Brotteaux --de Lyon, Francia--, edificada por Gaspar André en el mismo siglo XIX (consagrada en Mayo de 1884).




La primera piedra del edificio Neo-románico, se olocó en 1906 y la nave norte fue el primer cuerpo en ser terminado y usado para las celebraciones religiosas; a mediados del siglo XX se terminó la primera fase al concluir el altar, la nave sur y los laterales. La catedral aún no se ultima y por éstos días se erigen las torres que flanquean la fachada principal. Arriba, la parroquia –ahora Catedral—de Matehuala que sigue el proyecto de Boari de 1898; abajo, el interior que muestra las características columnas pareadas del edificio que conmemora la tipología del género románico.




Ya instalado en México, Boari concursa y gana la convocatoria de 1899 para diseñar un templo en Guadalajara; el proyecto para el Templo Expiatorio de Guadalajara --edificio que el entonces arzobispo de la ciudad, Pedro Loza y Pardavé, proponía edificar para la reparación de la comunidad Tapatía— incluyó la iglesia de estilo neo-gótico y un amplio edificio anexo.


La primera piedra se colocó el 15 de agosto de 1901 y para 1911, las columnas interiores y los muros a la altura de los capitales ya estaban terminados; aunque se ha propuesto que el arquitecto efectivo es Salvador Collado (mexicano que diseñó el magnífico puente colgante de Arcediano) quien supervisó la primera fase de la edificación, la autoría de Boari permanece incuestionada. Los trabajos se suspendieron durante la Revolución y se reanudaron en 1924; el Templo Expiatorio de Guadalajara se terminó en 1972. Arriba, el Templo Expiatorio desde la Av. Prisciliano Sánchez; abajo, el sorprendente interior neo-gótico del templo.




Desde 1900, y probablemente a raíz de su buena relación con el ministro Felipe Berriozábal Basave y Manuel González Cosío (primer director de la SCOP), trabaja en tres proyectos que cambiarán el rumbo de su carrera: La remodelación del Teatro Nacional, la remodelación de Palacio Nacional y la propuesta de un monumento en honor de Porfirio Díaz.


Aunque éste último no prosperó, por sus obvias implicaciones, establece simpatía con el presidente Porfirio Díaz y así, éste estimuló a Boari para proponer mejoras funcionales al edificio federal, en lo que el propio Boari llamó la “Sistematizatzionne di Palacio Nacional”…



Se le encargó entonces un proyecto de actualización del edificio de Palacio, que incluía la modernización de los servicios, aumento y redistribución de los espacios. Boari propuso una ampliación al edificio, con una arcada en la parte alta sobre la totalidad de la fachada a la Plaza Mayor (a la manera de lo que luego propuso en el edificio para la casa del Correo) y una modificación al remate de la portada principal, incorporando un nicho ceremonial para la “Esquilón San José” (Campana de Dolores); aunque esas intervenciones no prosperaron, se harían veinte años después con un diseño a cargo del arquitecto Augusto Petricciolli, con la remodelación que da al edificio la apariencia neocolonial que hoy tiene.

Es interesante señalar que durante esos años, Adamo Boari se ocupó en validar ante la Academia su título de Arquitecto del Chicago Architectural Board (no el de Ingeniero obtenido en Italia) y en 1904 obtuvo la certificación de su diploma como arquitecto ante la Escuela Nacional de Bellas Artes, cosa que además le permitió integrarse al cuerpo docente de la escuela como titular del curso de composición. Abajo, en una fotografía de 1905, “la Escuela Nacional de Bellas Artes” donde se señala al arquitecto Adamo Boari que fungía como titular de la materia “Composición II”. Al centro de la imagen aparecen el Licenciado Justo Sierra, ministro de Instrucción pública y a su derecha el arquitecto Antonio Rivas Mercado, director de la Academia, amigo y crítico de Boari; de pié y detrás de Rivas Mercado el joven arquitecto Federico Mariscal. A la izquierda de Sierra, el pintor Antonio Fabrés que fungía como subdirector de la escuela; a su izquierda podemos ver al arquitecto Nicolás Mariscal y detrás, entre ambos, al pintor José María Velasco.




Desde hacía varios años, el gobierno federal consideraba la edificación de una nueva casa (la quinta) para el sistema mexicano de correo; en 1901 se encargó al arquitecto Boari elaborar el proyecto para un edificio que ocuparía el terreno del antiguo Hospital de Terceros de San Francisco (construido en 1761) y que tendría la supervisión estructural del ingeniero mexicano Gonzalo Garita y Frontera (1867-1921).



Lo que algunos llaman “la joya dorada del Centro Histórico” se constituyó en un lapso menor a cinco años, a partir de la primera piedra que se colocó el 14 de septiembre de 1902 hasta su inauguración en febrero 1907, donde el Presidente Díaz depositó dos tarjetas postales con la imagen del nuevo Palacio. Arriba, en una fotografía de Kahlo, el edificio en 1906.

El edificio de cuatro pisos es de un estilo ecléctico, “plateresco isabelino y/o gótico veneciano” cubierto al exterior con cantera blanca de Pachuca, que alberga un patio deslumbrante, con elevadores y una escalera metálica de la Fondería Pignone (Florencia); para muchos, lo más sorprendente es que la estructura del edificio es una (entonces) modernísima armazón metálica diseñada y provista por “Milliken Bros.” de Chicago. Llaman la atención los frescos de Bartolomé Calloti, que hacen referencia al correo. Abajo, en una fotografía de Guillermo Kahlo fechada en 1906, el “Detalle escalera, 2° y 3er Pisos” del Edificio de Correos.



Desde 1900, se tenía el proyecto de remodelar el viejo “Teatro Nacional”, inaugurado por Santa Anna en 1845 y donde se interpretó públicamente por primera vez el Himno Nacional el 15 de septiembre de 1854; el teatro había sido diseñado por el arquitecto Lorenzo de la Hidalga y edificado entre 1840 y 1844, cerrando la Av. 5 de Mayo a lo largo de la calle de Vergara (hoy Bolívar). En 1902 se encomendó a Adamo Boari y a Gonzalo Garita la reestructuración y remodelación del foro.

Probablemente a causa del éxito de la obra de la Quinta Casa de Correos (y la decisión de continuar la Avenida Cinco de Mayo de Vergara hasta Santa Isabel (hoy Eje Central), se encomendó a Boari definir un sitio para el edificio y elaborar el proyecto para un nuevo teatro…



Entre 1902 y 4, Boari viaja extensamente, visitando los grandes teatros de las capitales del mundo y elabora un inventario/catálogo de características y programas; en el proceso obtiene el primer diseño del nuevo teatro que se edificaría sobre el terreno que ocupaban el templo y convento de Santa Isabel y algunas edificaciones sobre la calle de Hombres Ilustres.

El edificio de distintivo protocolario y notable vanguardia comenzó a edificarse en 1904, nuevamente con la supervisión estructural de Gonzalo Garita y trascendental estructura y cimentación de la firma Miliken Brothers de Chicago. Arriba, el proyecto definitivo para la fachada del Teatro Nacional, firmada por Boari y fechada en 1906; abajo le estructura metálica del teatro en una fotografía de Kahlo fechada el 1° de diciembre de 1906.


Casi siempre se piensa que el diseño del Teatro Nacional es un capricho formal “del Italiano” y se evalúa únicamente por sus características estéticas; es indispensable recordar que las habilidades técnicas de Boari permitieron contemplar en el diseño elementos de avanzada que funcionaron y duraron en el edificio hasta su muy reciente remodelación en 2010, prácticamente CIEN AÑOS luego de instalados. Otro de los talentos notables de Boari, es el saberse rodear de magníficos profesionales y eso va desde escultores y herreros de extraordinario talento, hasta técnicos de alta especialidad, que incluyeron a Westinghouse en las instalaciones eléctricas o A. Rosenberg en las maquinarias del escenario.

Y hablando de las habilidades de Boari, es indispensable mencionar a su acompañante en la obra: cada mañana desde 1904, el arquitecto aparecía con una singular acompañante que sorprendía por la absoluta regla con que seguía las indicaciones de su amo…



Aída era una extraordinaria Setter (antes de que se diera la subdivisión entre Inglés, Irlandés y Gordon) que incluso figura entre los medallones que ornamentan el edificio del Teatro Nacional -ahora Palacio de Bellas Artes-. Abajo, del cincel de Fiorenzo Gianetti, uno de los medallones del Teatro Nacional; representa a Aída, la perra Setter de Adamo Boari…



Entretanto...


En 1907 y a insistencia de los promotores de la nueva Colonia Roma, Boari adquiere un terreno en el desarrollo, aunque en el extremo sur, alejado de la calzada de Chapultepec y su acueducto. Arriba, en un detalle del “Plano perspectivo de la Ciudad y el Valle de México (1906)” aparece señalado el terreno que en 1907 adquirió Boari para edificar su casa en la naciente colonia Roma, muy cerca del Castillo de Chapultepec y aún más del edificio de gradas del nuevo Hipódromo de la Condesa.


En un magnífico predio triangular de 1050 m², limitado por las avenidas Veracruz –al poniente-- y Jalisco –hacia el sur-- (avenidas que hoy conocemos como Insurgentes y Álvaro Obregón) y la amplia calle de Monterrey hacia el oriente, se edificó en 1908 la casa que para sí diseñó el arquitecto Adamo Boari. Arriba, en el Plano oficial de la Ciudad de México en su edición de 1908, aparece marcado el predio de que se habla (nótese lo poco ocupada que aún está la Colonia Roma); abajo, una fotografía del edificio de gradas del Hipódromo, apenas a unos 1000 metros de la casa del arquitecto.



La colonia Roma era el nuevo sitio de crecimiento para la ciudad de México; inaugurada en diciembre de 1902 ofrecía parques, infraestructura de avanzada y terrenos donde la arquitectura vanguardia podía exhibirse suntuosamente. Abajo, una imagen de la calle de Durango al cruce con la avenida Orizaba, frente al entonces Parque Roma (que ahora llamamos Plaza Río de Janeiro); la casa edificada en 1906 con características “liberty” pertenecía a la familia Lascurain (al fondo puede verse la torre del templo de la Sagrada Familia).



Ese es el contexto en que se diseñó y edificó la casa durante el año de 1908, con características que la ubican en una situación de vanguardia en el México de la primera década del siglo XX. La casa Boari, se erigió en la parte sur del terreno, con una estructura de concreto armado y encofrado integral, cosa que la pone a la delantera de las aportaciones técnicas y en un estilo que en ese momento se denominaba modernismo (y nosotros catalogaríamos como “Nouveau”). Abajo el ángulo sur-poniente de la casa (fachadas que miraban a las avenidas Veracruz –al poniente-- y Jalisco –hacia el sur—y frente a la que aparece el arquitecto en 1909.



Es necesario recordar que el arquitecto Boari había pasado varios años recorriendo las capitales del mundo, dedicado específicamente a inventariar las aportaciones que se habían hecho a los grandes teatros, proceso en el que además conoció las contribuciones de avanzada que en materia residencial se descubrían en Chicago, Nueva York, París, Londres, Roma, Torino, Praga, Berlín, Viena o Bruselas, sitios donde pudo revisar las obras de modernistas como Sullivan y Wright, Guimard y Sauvage, Mackintosh y Townsend, Sant’Elia y Velati-Bellini, Ohmann y Maróti, Wagner y Hoffman, Olbrich y Behrens o Paul Cauchie y Victor Horta.



Además, creo importante recordar que en ese momento Boari se encargaba de la supervisión de la ya avanzada obra exterior del Teatro Nacional --una de las edificaciones más importantes del período, con una estructura que contemplaba secciones de muros y losas encofrados—y se preparaba ya para realizar el decorado de los interiores. Abajo, el Teatro Nacional en 1908 cuando comenzó a recibir las tallas Fiorenzo Gianetti.



Es también interesante recordar que por esa época vino a México el húngaro Géza Maróti, a fin de revisar los diseños que realizaría para los interiores. En el teatro actual se conservan aún los diseños de Maróti para arco en mosaico del proscenio (y el telón de seguridad que terminó realizando la casa Tiffany de N.Y.), el vitral central de la sala y la escultura exterior para el remate de la cúpula central, aunque trabajó en muchos más elementos del interior; ejemplo de las propuestas de Maroti, puede ser uno de los arcos y acceso a los vestíbulos…



Es relevante mencionar a Geza Maroti, por el simple hecho de que además de llevar a cabo diseños para el Teatro Nacional, amistosamente participó en el diseño de algunos espacios interiores de la casa de Boari en la Colonia Roma.


El arquitecto Antonio Rivas Mercado dice en sus notas para febrero de 1909: “Boari se mudó a su casa en la colonia de Orrin; el cubo de concreto es moderno y novedoso, sin adornos y con una terraza al poniente que resultará muy agradable en día de carreras. Los hierros son de Romero Soto y los de la reja se repiten en el remate”. Arriba, en una fotografía fechada en 1911, aparece la casa Boari, vista desde la esquina de las avenidas Veracruz y Jalisco, con el abocinamiento de la terraza de acceso. El “cubo” presentaba oquedades hacia oriente y poniente, así como salientes y “Bay Windows” hacia norte y sur; un sorprendente detalle que se menciona en prácticamente todas las descripciones, son dos ventanas esquineras en la fachada sur, que encantaron a los observadores.


Hacia el norte –donde el terreno se estrechaba por el encuentro de Veracruz y Monterrey--, el esquema producía un amplio salón con vistas a un jardín; arriba, visto desde la azotea, el jardín norte…


Nunca he encontrado fotografías que muestren específicamente el espacio interior de la casa, pero en pláticas con el doctor Luís Ortiz Macedo, repetidamente me dijo que el “Hall” tenía sorprendentes similitudes con el Hall de la Grosses Glückert hauss de Joseph María Olbrich, edificada en Darmstadt en 1900.

Arriba, una foto de la Grosses Glückert hauss; abajo, una fotografía de 1909 en que aparecen en un salón de la casa el arquitecto Adamo Boari, su perra Aída y la que en 1913 sería su esposa, la señora María Dandini de Silva.



Así como Frank Lloyd Wright escribe acerca de Boari refiriéndose a él como “hirviente italiano” que observaba curioso y vivaz la “arquitectura austera” que producía en su oficina de Chicago, en un comentario del arquitecto Nicolás Mariscal se lee: “La casa de Boari es moderna y elegante, amplia e iluminada, con un agradable salón que mira al sur y que decoró el húngaro” (refiriéndose sin duda a Géza Maroti).



Nuevamente recuerdo al doctor Ortiz Macedo que me dijo que la casa tenía un comedor con elementos que le recordaban la casa que para sí había edificado en 1905 Paul Cauchie en Bruselas; específicamente con una serie de dibujos en los marcos y enjutas, endeudados con la estética modernista y que parecían de la mano de alguien como Maroti…



Hombre de innumerables talentos, Boari mostró siempre interés por las ciencias aplicadas –sin duda relacionado a su formación original como ingeniero y su participación en proyectos ligados a las vías férreas de Brasil--, y una intensa pasión por la nueva tecnología que significaba el naciente mundo automotriz. Arriba, uno de sus diseños, fechado en 1912, para un automóvil monoplaza que previsiblemente se llamaría “Aída”; abajo, Boari con su hermano Sesto (Sixto), la señora María Dandini de Boari y su perra Aída en 1913, frente a uno de los ahuehuetes de Chapultepec…



En una fotografía de 1923, donde aparecen los terrenos del “Hipódromo de la Condesa”, poco tiempo antes de ser transformados en la “Colonia Hipódromo” podemos ver una carrera de automóviles sobre el óvalo del estadio. La foto mira desde las gradas y hacia el oriente, donde al fondo aparece la avenida Veracruz que hoy llamamos Insurgentes; arriba y al centro de la imagen, las casas que en 1909 proyectó para María Conesa el arquitecto Saúl Orvañanos y a la izquierda (señalado con una flecha) se adivina la casa de Adamo Boari…



Con el fin del régimen de Díaz y la llegada a la presidencia de Francisco Madero, la actividad profesional de Boari pareció recuperarse; incluso se hizo una asignación presupuestaria para la continuidad de la obra del Teatro Nacional y el propio presidente visitó con el arquitecto el edificio en obra. Luego de los desafortunados sucesos de 1913, las cosas cambiaron por completo, y a pesar de que el gobierno de Huerta consideró continuar con la obra, el desastre presupuestal lo impidió…


Aunque la edificación del Teatro se detuvo, uno de los espacios se puso en función: “La Pérgola”; a pesar de su obra inconclusa, la estructura de concreto y acero se sembró de buganvilias y por años fue deleite de los paseantes que llegaban a “La Alameda”. Arriba, una foto de Guillermo Kahlo fechada en 1915.

La edificación de los templos de Matehuala y Guadalajara también se detuvo y para 1914, con los levantamientos armados en México y el inicio de hostilidades en Europa la actividad de Boari quedó prácticamente interrumpida; además, a causa de su atributo de extranjero, su situación en la Academia se vio atacada y para 1915 quedó fuera de la Escuela Nacional de Bellas Artes.



Adamo Boari siguió asesorando varios trabajos de excavación para el desagüe del valle y aparentemente proyectó una casa en la calle de Nápoles, además de visitar periódicamente la obra del teatro y seguir sufragando varios de los gastos para el mantenimiento de la obra casi abandonada. Durante 1914 elaboró los planos y maquetas definitivos para terminación interior del Teatro Nacional y entregó al comité encargado de la supervisión; en 1915 prepara un inventario de los avances de obra, solicita a Kahlo un inventario fotográfico y pone a resguardo los modelos que del proyecto definitivo que para el Teatro Nacional se habían preparado y en diciembre de 1915 hace entrega de un “estado de cosas” a la SCOP. Arriba, el corte transversal del “Nuevo Teatro Nacional”, dibujo a tinta de J. Cañizo, firmado por Boari en 1914; abajo, el estado de las obras exteriores del Teatro Nacional en 1915…



En 1916 Boari parte rumbo a Italia y se establece en Roma, viajando a menudo a Ferrara. Se menciona que desde Roma, enviaba aportaciones e ideas para la finalización del Teatro Nacional de México, y con la experiencia escribió un libro sobre la construcción y diseño de teatros, usando como ejemplo en edificio inconcluso de México. Además diseñó el edificio “Serbatoio” para los tanques de almacenamiento del Acueducto de Ferrara, proyecto que se terminó en 1932; aparentemente también brindó apoyo a su hermano Sesto Boari en el proyecto del “Teatro Nuovo” de Ferrara.



Sabemos que por ese período nació su hija Elita Boari Dandini, aunque me ha sido imposible averiguar la fecha exacta del nacimiento (algunas fuentes aseveran que el nacimiento se dio cuando la pareja aún vivía en México). Además es interesante hacer notar que la casa de la Colonia Roma se arrendó en ese período al señor R.L. Wiles, originario de Nayarit y que administraba estaciones de combustible de la marca “Corona Roja” (Red Crown). Arriba, el “Serbatoio acquedotto di Ferrara”; abajo el arquitecto Boari y su esposa María Dandini en 1917.



Boari siguió enviando propuestas para la transformación del Teatro Nacional, incluso para la instalación de un cinematógrafo que permitiera aprovechar el espacio techado; en 1921 cuando se trasladaron los Pegasos de Querol a la Plaza de la Constitución para celebrar el fin de la lucha armada, propuso un nuevo proyecto a fin de aprovechar el edificio y evitar su deterioro…

En 1923 autorizó al señor Wiles a demoler la barda de la casa de la Colonia Roma y a edificar en el jardín norte una estación de servicio para la que Boari envió bocetos; es interesante hacer notar que parte de las rejas de esa barda (que Rivas Mercado dice ser de Romero Soto, autor de parte de las rejas de Bellas Artes) se usaron como remates en la estación de servicio.



Arriba, en una fotografía de 1928, el jardín norte de la casa Boari, en que se edificó una estación de servicio y expendedora de gasolinas “Corona Roja” y lubricantes “Zerolene” de la compañía Standard Oil Products, administrada por R.L. Wiles; atrás se distingue claramente la casa. La aquiescencia siguió operando hasta 1938 cuando luego de la expropiación petrolera, la estación cerró sus puertas y permaneció en abandono hasta 1941.

Con el rumorado reinicio de las obras de terminación del edificio del Teatro, en 1923 Boari intentó volver a México, pero su salud y la animadversión de los nuevos arquitectos “modernos” en la SCOP frustraron el intento.

Adamo Boari murió en Roma el 24 de febrero de 1928.



El 26 de febrero de 1928, aparecía la noticia en los periódicos nacionales reportando la muerte --tres días antes-- del arquitecto Adamo Boari en Roma; la nota del EXCELSIOR, firmada N.M. (¿Nicolás Mariscal?) decía en parte:

“Dígase lo que se quiera, nuestro Teatro Nacional es la obra de un genio, que acaba de morir en medio de la indiferencia más injusta y desleal: el arquitecto Adamo Boari, a quien los arquitectos no hemos tributado el más sencillo homenaje conmemorativo, quien sufrió las consecuencias del olvido -cuando no del ultraje-, y a quien se tuvo lejos -casi como desterrado-, de la obra en que puso toda su alma de artista, como lo hizo en nuestro fascinante edificio del Correo”



Entre 1930 y 34, el arquitecto Federico Mariscal fue nombrado Director de las obras de conclusión del Palacio de Bellas Artes e intervino el edificio de Boari con un nuevo estilo que ahora llamamos “Art-Decó”, en consonancia con la nueva vanguardia. Al exterior modificó la apariencia de las cúpulas que dejaron de ser vitrales y descartó la ornamentación que no estuviera fija, eliminando además la explanada de acceso para dar cabida a un estacionamiento y continuidad a la calle de Cinco de Mayo; al interior modificó la escalera de acceso en el Gran Vestíbulo (la escalinata original tenía mucha similitud con la escalera exenta del edificio de correos), el aforo y dimensión de la sala, y la decoración completa de vestíbulo, salas y salones de recepción…



La casa de la colonia Roma siguió operando como “gasolinera” de Corona Roja hasta 1938 cuando luego de la expropiación petrolera, la estación cerró sus puertas y permaneció en abandono hasta 1941. Según entiendo, Elita Boari Dandini hizo varias visitas a México y en 1942 vendió la propiedad en la que se edificó un edificio de departamentos que sufrió grave deterioro luego de los sismos de 1985. El sitio es ahora un jardín…



El parque triangular que se forma a un costado de Insurgentes, al cruzar Álvaro Obregón y Monterrey -- ahora dedicado a la memoria de Juan Rulfo— no tiene placa alguna que señale que ahí estuvo la casa de Adamo Boari, autor del proyecto del “Palacio de Correos”, “Palacio de Bellas Artes” o la “Catedral de Matehuala” …



Afortunadamente en 1972 se terminó el Templo Expiatorio de Guadalajara, siguiendo en casi todo el proyecto de Boari; su interior neo-Gótico, siempre sorprende a los visitantes…



La Quinta Casa de Correos fue declarada Monumento Artístico de la Nación el 4 de mayo de 1987 y a mediados de los años noventa se restauró extensamente el edificio que había sufrido varias intervenciones, incluyendo la adición de un entresuelo, una invasión del espacio con oficinas del Banco de México (conectándolo al inmueble vecino con puentes) y el retiro de los elevadores.



Y el Teatro Nacional, ahora Palacio de Bellas Artes…



Ahora que se festejan los ochenta años de terminación del Palacio de Bellas Artes, recuerden que la obra exterior no es equivalente al proyecto que dejó Adamo Boari en 1916 para su Teatro Nacional…

Abajo, la maqueta principal que dejó Boari para la terminación del Teatro Nacional y que Federico Mariscal mandó destruir luego de las críticas a su proyecto para concluir el edificio en 1934.



Este Blog está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las grandes residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado. Conforme haya más entradas (ya hay más de 30), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…