martes, 24 de noviembre de 2015

La casa de don Antonio Rivas Mercado y Matilde Castellanos Haff




Entre 1893 y 97, el arquitecto Antonio Rivas Mercado edificó para sí una casa en la nueva Colonia Bella Vista, fraccionada sobre lo que había sido el Potrero de San Fernando. Con la caída del régimen de Porfirio Díaz y a raíz del movimiento armado “La Revolución se detuvo frente a las rejas de la casa”. Luego de la muerte del arquitecto, el inmueble fue heredo a su hija mayor, y por inconformidades testamentarias, desprovista del amueblado original y rentada; con el tiempo la edificación albergó varias instituciones que modificaron la zona de caballerizas y después quedó en abandono. Desde hace una adocena de años, se trabaja en su restauración…

Las aportaciones de Rivas Mercado son poco apreciadas, y aunque se reconocen un par de sus obras más importantes –el Monumento a la Independencia de México y el Teatro Juárez de Guanajuato– la masa de su obra arquitectónica y decorativa –que incluye desde el edificio que ocupa la rectoría de la Universidad Autónoma Chapingo, hasta la portada poniente del Castillo de Chapultepec– es prácticamente desconocida, además de que su jerarquía como educador y director de la Academia de San Carlos es sistemáticamente pasada por alto.



Juan Antonio Cesáreo Rivas Mercado nació en la ciudad de Tepic, el 28 de febrero de 1853. Sus padres fueron don Luis Rivas Góngora y doña Leonor Mercado. Su padre procreó varios hijos antes de su matrimonio, por lo que además de sus siete hermanos mayores, Antonio convivió con tres hermanastras.

Nos dice Miguel Ángel Delgado Ruiz que en el Archivo Parroquial de Tepic –en un libro forrado con piel de cerdo color verde, y que en su portada dice: Libro de Bautismos Número 32, para las fechas del 16 de septiembre de 1852 al 9 de noviembre de 1853–, la página 154, en la boleta marcada con el número 258, aparece:

“Tepic/Juan Antonio/Cesáreo/h.l.”

Y dice: “En la iglesia parroquial de Tepic, a veinticinco de marzo de mil ochocientos cincuenta y tres; el presbítero D. Desiderio Romero, bautizó solemnemente á un niño de veinticinco días de nacido en esta Ciudad, y le puso el nombre de Juan Antonio Cesáreo: hijo legítimo de D. Luis Rivas Góngora y de Da. Leonor Mercado; abuelos paternos D. Manuel Rivas y Da. Ana Góngora; maternos D. Sebastián Mercado y Da. Juana Camacho; padrinos D. Luis Rivas Mercado y Da. Leonor Rivas Mercado por poder de D. Juan Suarez Navarro y Da. Ignacia Morales de Suarez. Para constancia firmó conmigo Yg. Castro (Rúbrica). Desiderio Romero (Rúbrica)”


Considerado desde su juventud como un muchacho peculiar, estudió en la ciudad de México cuando su familia se mudó a la capital en 1857, año en que su padre –a cargo del capítulo en México de la empresa de importación y exportación “Barrón-Forbes & Co.” – trasladó las oficinas; para 1864 –año en que a México llegaban Maximiliano I y la Emperatriz Carlota–, Antonio de 11 años fue enviado a Inglaterra, donde hizo estudios primarios bajo la tutela de uno de los socios comerciales de don Luís Rivas –Don Eustaquio Barrón y Escandón– en el colegio jesuita de Stonyhurst; luego se le mandó a Francia –al amparo de Elena Rivas Góngora de Lavadie (hermana de su padre)– para cursar los saberes secundarios en el Liceo de Burdeos, y más tarde se trasladó a la capital para cursar los de arquitectura en “L’Atelier Taranne des Beaux-Arts” de París, llevados en paralelo con los de ingeniería en La Sorbonne. Se graduó con honores diversos en 1878 y dedicó el año siguiente –muy a la manera de la tradición de “Le Grand Tour d’Europe”– a recorrer Italia con varios amigos, pintando acuarelas para sobrevivir; su habilidad pictórica y analítica se vio reconocida con la exhibición de acuarelas en España, donde además de visitar Málaga –tierra natal de su abuelo don Manuel de Rivas– se maravilló con la arquitectura de tradición árabe y adquirió el gusto por portar un FEZ.



Dada su imponente estatura y significativo peso (casi dos metros y rondando los 100 Kg.), desde entonces se le conoció como “El Oso Rivas”, acompañando el mote con una historia que lo suponía luchando contra el oso de un Tzingaro frente a la abadía de Saint-Germain-des-Prés…

“Sentado dentro de un cuadrilátero pintado con gris sobre el pavimento —escribe Fabienne Bradu en su biografía de Antonieta—, un oso pardo miraba bonachonamente, y casi con indiferencia, al grupo de curiosos que mantenía su distancia. Un hombre que sólo llevaba encima una falsa piel de pantera, unos botines negros y un bigote lustroso, daba vueltas alrededor del cuadrilátero enseñando un luís de oro en una mano y sujetando con la otra la cadena que lo ataba a su compañero de trabajo.”

‒“¡Un luís de oro para quien logre quedarse más de un minuto luchando con éste feroz oso de Siberia!”

Antonio Rivas Mercado –en 1872, alumno del “Atelier Taranne”–, que era parte de aquél grupo de estudiantes curiosos, luchó con el oso y venció…




En 1879 regresó a la Ciudad de México y el 24 de febrero presentó un “…documento ante la Junta Directiva de Instrucción Pública donde expone que cursó en la Escuela de Bellas Artes de París los estudios correspondientes a la carrera de ingeniero-arquitecto y obtuvo satisfactorias calificaciones y honoríficos premios, por lo que suplica, que conforme al Artículo 43, le sea concedido el examen profesional que necesita para poder obtener el título también en México, de donde es nativo y piensa ejercer.”

Luego de recibir el consentimiento por parte del director de la Escuela Nacional de Bellas Artes, Román S. de Lascurain -el 27 de febrero-, presentó el examen de grado el 21 de abril, ante los profesores Manuel Gargollo, Vicente Heredia, Manuel Rincón, Antonio Torres Torrija y José Rivero. “Recibió el título por unanimidad, con la presentación de los planos de planta, fachada, corte longitudinal y detalles del proyecto del Palacio Legislativo”.

Así, comenzó a ejercer su carrera, donde el primer encargo fue un diseño integral para remodelar de la Casa Grande y tinacal de la hacienda de San Antonio Ometusco (en el municipio de Axapusco –Estado de México– y que lamentablemente se encuentra arruinada), como una recreación casi onírica de espacios de arquitectura ecléctica, aclimatados en una hacienda pulquera, honor a un encargo de su hermana Juana Rivas de Torres Adalid…

De 1882 es el diseño para la transformación de la casa grande en la hacienda de Santa María –Zempoala, Hidalgo–, al pie del cerro de Tecajete que además de darle nombre a la hacienda marca el inicio del acueducto del Padre Tembleque. En ese período, la hacienda pulquera era propiedad de don Manuel González y Flores de Balboa, presidente de México, que se transformaría en un significativo promotor del trabajo del arquitecto Rivas Mercado de treinta años.

Arriba, una imagen contemporánea del conjunto de la ex hacienda de San Antonio Ometusco; abajo, el acceso a la hacienda de Santa María Tecajete, edificación terminada en 1883.



Para 1883 y por encargo de la presidencia ante el FCI, Rivas Mercado diseñó y al año siguiente supervisó su primera obra en la ciudad de México: el edificio de la “Aduana Nacional” anexo a los parques ferroviarios de Santiago Tlateloco, frente a la arbolada Plaza de Santiago y justo a espalda del conjunto colonial del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco (que por entonces era resguardo y para 1910 mutaría en prisión).



El edificio de reposada simetría, aprovechaba la perspectiva desde los jardines y retomaba los cánones académicos del “Orden gigante” en las pilastras de su fachada; fue muy bien recibido por la crítica: “El edificio de dos plantas es imponente y elegantísimo, con sus pisos de azulejo italiano y su fachada renacentista, rematada por un reloj de carrillón. Es un buen ejemplo de la arquitectura que se diseña en París y que ha edificado en México el arquitecto Rivas”.


El edificio se destruyó en 1963 para dar paso al “Conjunto Urbano Presidente López Mateos –Nonoalco Tlaltelolco–“; estuvo frente a la calle interior que lleva el nombre “Almacenes” frente a lo que queda de la plaza, ahora “Jardín de Santiago”, en la esquina de la Avenida Ricardo Flores Magón y Paseo de la Reforma.

1884 es además el año en que don Antonio Rivas Mercado queda como Profesor de Composición, adscrito a la Academia, y suma a sus deberes el puesto de Diputado Suplente, representando –sorprendentemente– al estado de Guanajuato.

También en 1884 el arquitecto Rivas Mercado diseñó una casa para su cuñado -don Ignacio Torres Adalid- en la entonces “Avenida Poniente 4” (hoy Juárez) N°18. (Ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/06/la-casa-torres-adalid-rivas-mercado.html). Aunque desafortunadamente los espacios interiores han sido notablemente modificados, la fachada es un buen ejemplo de la composición académica que Rivas Mercado asimiló en Francia.



Por orden del el general Manuel González en 1881 se inician una serie de significativas reformas en el Alcázar de Chapultepec, ya que se le distingue como “residencia oficial del Presidente de la República”. En copia de los planos signados “Palacio de Chapultepec. -Croquis de la distribución para residencia presidencial-”, firmados por el arquitecto e ingeniero Juan N. Anza en agosto de 1882 y con calca de José Ortega y Espinosa, aparecen las plantas baja y alta de la intervención, y en el costado sur, la excavación para la gran escalera ceremonial que se reconoce como “Escalera de los leones” además de los espacios que hoy llamamos “Salón de acuerdos” y su antesala, así como la “Sala de banderas”. Al año siguiente, se designa como “virtuoso creador de la escalera ceremonial” al arquitecto Antonio Rivas Mercado y en 1885 el acceso ceremonial quedó terminado, aunque habría que esperar hasta 1901 para que recibiera los lampadarios... (Ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2015/06/el-alcazar-de-chapultepec-residencia.html)



Es evidente que un elemento clave e ineludible en la bonanza profesional de don Antonio Rivas Mercado, fue la amistad entablada con el general Manuel González Flores –presidente de la República, diputado y gobernador de Guanajuato– amistad que probablemente inició luego de que en 1882 hiciera el proyecto de remodelación de Santa María Tecajete. Para 1883, el presidente González encargó también al arquitecto Antonio Rivas Mercado el proyecto y ejecución de su residencia privada en la Ciudad de México y poco tiempo después, el plan para la remodelación de una hacienda –cuyos trabajos comenzarían en 1886 con un nuevo tinacal y se prolongarían por varios años, incluso a manos de su hijo y heredero– que había pertenecido a la Compañía de Jesús como hacienda de La Concepción, en un sitio comúnmente llamado Chapingo. (Ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/01/la-casa-de-campo-de-don-manuel-gonzalez.html)



Nos dice Israel Katzman que hacia el final de siglo, Rivas Mercado proyectó y edificó en el Paseo de la Reforma N°95 una casa para el periodista don Vicente García Torres (fundador de El Monitor Republicano) y la “Casa Grande” del Rancho Espejel, como parte de esa hacienda pulquera en el estado Hidalgo, y que en mucho recuerda las casas que el arquitecto debió ver en la Toscana italiana durante su recorrido en 1878.



Una curiosa observación, es notar que el arquitecto Rivas Mercado solía aceptar como pago de sus servicios viviendas de clientes, inmuebles que de manera reiterada remodelaba, subdividía y rentaba, cosa que pasado el tiempo le permitió hacerse de un número importante de propiedades que permitieron recibir recursos sustanciales en forma de rentas…

Es precisamente durante los primeros años de la última década del siglo XIX, que recibe en pago parte de un terreno en el que proyecta y luego edifica una nueva residencia para sí, en lo que tiempo atrás había sido el potrero y vergel que perteneció al Colegio Apostólico de San Fernando y que había pasado a ser propiedad de don Rafael Martínez de la Torre -uno de los mejores oradores parlamentarios ante el Congreso y defensor del depuesto Emperador Maximiliano-, en un fraccionamiento que originalmente se llamó colonia Bellavista y de San Fernando.

Abajo, en un fragmento del plano de la Ciudad de México para 1867, elaborado por el Ministerio de Fomento el año anterior, se señalan los terrenos al norte del templo y convento de San Hipólito, anexos a San Fernando y que darían lugar a la Colonia Bellavista.



El antiguo Colegio de Propaganda Fide de San Fernando inició edificación en 1735, cuando se puso la primera piedra de la iglesia; la construcción fue dirigida por Jerónimo de Balbás hacia 1738 y luego por Antonio Álvarez y Eduardo Herrera. Con el sismo de 1858 la estructura de templo y colegio quedaron dañadas y para 1860, luego de la Desamortización, la iglesia fue totalmente saqueada…



Arriba, en una fotografía tomada en 1857, pueden verse la barda y atrio de San Fernando, cuando aún conservaba la portería a la izquierda; a la derecha de la imagen, aparece la arboleda del potrero –donde se fraccionaría parte de lo que hoy conocemos como la Colonia Guerrero– y se alcanza a distinguir lo que ya para entonces era la barda del célebre cementerio que recibió sepultura de cadáveres entre 1832 y 1871. Ahí se encuentra –entre otros muchos– el cenotafio de Vicente Guerrero, razón por la que como homenaje, ese nuevo fraccionamiento recibiría su nombre.

En un fragmento del plano de la Ciudad de México correspondiente a 1881, puede verse la ya proyectada “Colonia de Guerrero” como “Ampliación de la Ciudad” desde Violeta hasta Degollado y de De Soto hasta Nonoalco (aunque no sobrevivió el parque “Martinez De la Torre” entre Magnolia y Moctezuma). En la imagen he marcado el Potrero de San Fernando que aún se conservaba y que se transformaría en Colonia Bella Vista, que luego sería asimilada a Guerrero.



Por otro lado, la calle que nos interesa –de origen las 2° y 3° calles de Humboldt–, se abrió de tajo sobre el Hospital de San Hipólito que en 1847 fue Hospital Militar, Hospital Municipal en 1850, Escuela de Medicina de 1850 a 1853 e incluso hospital para dementes hasta 1895. En “Por la vieja Calzada de Tlacopan”, don Artemio de Valle-Arizpe nos dice equívocamente que el hospital “Duró desde 1566… hasta 1906 en que lo derribaron en su mayor parte debido a las no muy largas gestiones que hizo el licenciado don Joaquín D. Casasús para abrir la primera calle de los Héroes y darle así importancia a la casa en que vivía”.

La demolición de parte del hospital se debió al proyecto de 1895 que contemplaba erigir frente al Panteón de San Fernando el monumental “Panteón Nacional y monumento a los Héroes”, precisamente en la actual calle de Héroes -que tomó su nombre de este proyecto-, una extensa rotonda con un espectacular monumento. Decía don Jesús Galindo y Villa: “Debemos levantar un templo, el templo de la gloria, a nuestros héroes; donde al par de que en él reposen para siempre sus cenizas, pueda darse en todos tiempos culto público a quienes consagraron su aliento y su existencia al servicio eminente de la Patria”; el diseño del arquitecto Guillermo de Heredia de 1900 se edificó entre 1903 y 08, pero por hundimientos y humedades, se suspendió la construcción y lo edificado fue derribado en 1921.



Para 1923, en parte de los terrenos que se libraron para la rotonda, se edificaron el Centro Escolar Belisario Domínguez (en Héroes 83) y la Biblioteca Cervantes (en San Fernando 14).
Abajo, ahora en un fragmento del plano de la Ciudad de México que corresponde a 1907, he marcado nuevamente la zona que ocupó el Potrero de San Fernando y en el que ahora aparecen la 3° calle de Humboldt y la enorme rotonda del “Panteón Nacional y monumento a los Héroes”, en lo que había sido parte del Hospital de San Hipólito y el panteón de San Fernando; me resulta interesante señalar que ya en el plano se distingue claramente la casa del arquitecto Rivas Mercado, que se señala con la flecha en la 3° calle de Humboldt…



En 1891, como parte del pago por servicios realizados a la orden del general Manuel González, Antonio Rivas Mercado recibió un terreno de 439 m² en el número 717 de la tercera calle de Humboldt, entre Violeta y Mina. Ese predio daba frente al terreno que ese mismo año había adquirido don Joaquín D. Casasús en el número 720 de Humboldt y al que agregaría varios predios para formar una propiedad de más de 5,000 m². Casasús edificó entre 1894 y 1898 –siguiendo un proyecto del arquitecto Silvio Contri– una residencia que sorprendería a propios y extraños. (Ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2012/10/casa-de-don-joaquin-d-casasus.html )

Por su parte, el arquitecto Rivas Mercado, adquirió en 1892 tres terrenos, que fusionados al número 717, alcanzarían una superficie de 2,153 m², con un extenso frente a Humboldt de poco más de sesenta metros. Ahí, a partir de octubre de 1893, edificaría su nueva residencia, probablemente considerando ya su matrimonio con Matilde Cristina Castellanos Haff con quien casó el 8 de mayo 1893, en el templo de San Cosme y San Damián de la Ciudad de México. De 1893 a 1897, el matrimonio vivió en la avenida dedicada al cinco de Mayo, mientras que don Antonio trabajaba en el número 6 de la Puerta Falsa de Santo Domingo, calle que hoy llamamos República de Perú.



Doña Matilde Cristina Castellanos Haff nació el 13 de mayo 1869, hija de don José María Castellanos Bustamante (n. 1844) y María de la Luz Haaf Mejía (n. 1841); su hermano menor, José María (n. 1872) se dedicó a la farándula, mientras que ella engendró seis hijos de los que cuatro sobrevivieron: Alicia en 1896 (cuya efigie aparece en el medallón de la puerta de bronce de la Columna de la Independencia y que casaría con José Manuel Gargollo y Garay para vivir en una casa del Paseo de la Reforma que sobrevive hasta nuestros días –Ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2015/08/casa-gargollo-rivas-mercado-university.html), Antonieta en 1900 (que casaría con Albert Edward Blair), Mario en 1904 (que casaría con María de la Luz Rühle) y Amelia en 1908, todos Rivas Mercado y Castellanos, dado que adoptaron como apellido compuesto el de su padre.


Arriba, en una extraordinaria fotografía fechada en 1905, que reproduzco gracias a la generosidad de Jorge Vertiz, aparecen doña Matilde Cristina Castellanos Haff de Rivas Mercado, con sus hijos Alicia –la mayor–, Antonieta –a la izquierda– y Mario. Abajo, en una foto de 1916, Alicia, Mario, Antonieta y Amelia.



A la casa de “la tercera de Humboldt número 717” se mudaría el matrimonio con su hija Alicia en 1897, cuando se terminaba la casa Casasús al otro lado de la calle y aún estaban vacantes la mayoría de los predios, por lo que rodeaban a la casa los innumerables árboles del Potrero de San Fernando.



Fabienne Bradu describe la casa que el arquitecto Rivas Mercado construyó para su familia como “una casa barrocamente amplia y curiosamente oblicua al frente de un vasto terreno que formaba parte de la antigua huerta de San Fernando.”

En efecto, la fachada de la casa se inclinaba hacia el Sur-poniente, dejando un amplio espacio trapezoidal en el frente, confiriendo a la casa una extendida perspectiva desde la calle; en ese jardín había además una fuente en cuyo centro se colocó la escultura “Caïman sauvage”, de las Fonderies d’Art du Val D’Osne.

Abajo en un fragmento de la fotografía de H.J. Gutierrez captada en 1911, y que reproduzco gracias a la amabilidad de Javier Balbás, aparecen sentados en el jardín del frente Alicia, Amelia, Mario y Antonieta Rivas Castellanos; a la izquierda se percibe la terraza de acceso a la casa y a la derecha se alcanzan a distinguir la fuente y su escultura.



Por otro lado Kathryn S. Blair dice: “La mansión de los Rivas Mercado proyectaba una personalidad única. Era una casa de dos pisos, aunque de línea horizontal, plantada en ángulo y de buena altura. Se entraba por una larga galería abierta, desde la cual se proyectaba un pórtico clásico sobre el rellano de un par de escaleras que bajaban de cada lado hasta el camino circular. Rompía la simetría un pabellón solitario en el extremo derecho de la galería y, por encima del techo alto y plano, había una torre visible desde la calle. Una armoniosa composición de piedra y ladrillo embellecía la fachada, y el friso de mosaico que adornaba el pórtico agregaba un toque pompeyano. Los colegas de Antonio habían bautizado el estilo ¨clásico ecléctico¨: puro Rivas Mercado.”



Y sigue Kathryn S. Blair: “El estudio del segundo piso era la habitación más caliente e iluminada, con lo que daba pábulo a la acusación de haber construido una mansión de treinta habitaciones como si fuera un taller de artista.”

Posiblemente, la mejor herramienta disponible para entender la edificación estrenada en 1897, es el maravilloso dibujo que el arquitecto Mayolo Ramírez Ruíz firmó en 1982 y que reproduzco aquí gracias a su generosidad. En la perspectiva aparece la casa de Humboldt 717 vista desde lo alto y mirando hacia el oriente, destacando las fachadas Sur-poniente (a la derecha, con el pórtico) y Norte (a la izquierda, con dos niveles y el remate de la pequeña cúpula para un catalejo); en la vista se han eliminado las losas de la terraza del despacho –cosa que permite mirar al interior del gran salón– y de la sección central de la construcción –que permite ver el recibidor y la doble altura de la escalera–.



Esta composición de “Clásico Ecléctico - Puro Rivas Mercado” puede entenderse gracias a Martha Olivares Correa que nos dice: “…la arquitectura ecléctica es un análisis y cuestionamiento que permitió encontrar nuevos lenguajes, a través del dominio y yuxtaposición de varios estilos. Precisamente Rivas Mercado, al conocer a fondo y manejar libre y hábilmente la mayoría de los géneros, pudo impulsar a la arquitectura mexicana y sacarla de su letargo”

El distintivo memorable de la casa siempre ha sido el pórtico de acceso, contenido por columnas toscanas y un colorido entablamento del que sobresale un soportal central -rematado por frontón- y que recibe las escaleras que dan acceso a ese solemne pero apetecible espacio; las barandas de hierro forjado, diseñadas para sostener macetas de porcelana plantadas con colorida vegetación, debe haber conferido al conjunto una memorable alegría. Abajo, en una imagen de “H.J. Gutiérrez” que custodia el AGN, una fotografía tomada hacia 1909 en la escalinata de la casa, donde aparecen Alicia, Amelia y Antonieta…



Ese acceso –casi ceremonial– a la casa, se entiende al ver las fotografías del pórtico, e imaginar la vista que desde ahí se lograba, mirando hacia los jardines, la rotonda de acceso para los carruajes, las caballerizas, la reja de acceso y la calle de Humboldt, rematando todo con el acceso a la casa de don Joaquín D. Casasús…

En la fotografía de abajo, tomada cerca de 1912, cuando la casa estaba en esplendor, puede verse el pórtico de la casa Rivas Mercado.


Además de ser acceso a la casa, ese pórtico daba paso a la escalera que permitía el ingreso al taller y oficina del arquitecto en planta alta, oficina que con su amplia terraza bordeada por una balaustrada y rematada por una parrera, era magnífico remate a la composición del conjunto.

En esa oficina –que seguramente le recordaba los estudios que había conocido años atrás en París– y desde 1897, el arquitecto Rivas Mercado realizaría los proyectos de algunos de los encargos más importantes de su carrera, además de ser el sitio en que de manera alterna, desahogaría su labor académica y como diputado, cargo que había aceptado desde 1884 y que desempeñó de manera intermitente incluso hasta 1910.



En 1899, por instrucciones del Presidente Porfirio Díaz, se le encomendó la renovación y decoración de los salones de Palacio Nacional en que se llevaría a cabo la Segunda Conferencia Interamericana en 1901, luego de las reuniones de la Primera Conferencia, que se había celebrado en Washington, entre octubre de 1889 y abril de 1890. Durante el encuentro de México, se aprobó la creación de Organización Panamericana de la Salud. Así, Rivas Mercado entregó los diseños y se encargó de la ejecución de lo que llega a nosotros como el “Salón Panamericano” en Palacio Nacional.



En un maravilloso documento que se conserva en el Centro de Estudios de Historia de México -CARSO-, podemos ver las notas que para una carta fechada el 17 de Julio de 1900, hizo don Antonio; en el documento que se enviaría al ministro don José Y. Limantour, explicando pormenores de la iluminación del Salón Panamericano, pueden verse además los datos del despacho: “Antonio Rivas Mercado -Arquitecto- 3° calle Humboldt 717, México” (dirección que poco después pasaría a ser Héroes N°45, con la construcción del “Panteón Nacional y monumento a los Héroes”).



Desde 1891, don Antonio impartió clases ante estudiantes de ingeniería y arquitectura, además de instituir nuevos métodos de enseñanza y proponer la disgregación de las dos carreras. A fin de 1903 llegó al cargo director de la Academia de San Carlos –puesto que desempeñó hasta 1912–sustituyendo a don Román S. Lascurain, quien llevaba 26 años en el cargo.



Arriba, una fotografía de 1907 en la Academia de San Carlos, donde se señala al arquitecto Antonio Rivas Mercado “Director de la Escuela Nacional de Bellas Artes”. Al centro de la imagen aparecen el Licenciado Justo Sierra, ministro de Instrucción Pública, y a su izquierda el pintor Antonio Fabrés, que fungía como subdirector de la escuela; de pié y detrás de Rivas Mercado el joven arquitecto Federico Mariscal. A la izquierda de Fabrés podemos ver al arquitecto Nicolás Mariscal y detrás, entre ambos, al pintor José María Velasco. A la extrema izquierda de la foto, de pié y en la segunda fila, el arquitecto Adamo Boari, buen amigo de Rivas Mercado. Además, se distingue en la primera fila al Arq. e Ing. Antonio Torres Torrija a la derecha de Rivas Mercado y en la segunda fila, a extrema derecha, al pintor Félix Parra.

En San Carlos, Rivas Mercado continuó con su cátedra de composición y además llevó a cabo innumerables reformas y modificó los planes de estudio, disgregó las carreras y mejoró los locales, adquiriendo –e incluso diseñando–, la nueva cubierta acristalada para el patio principal del edificio –y la del “patio de la higuera”–, fabricadas en París por L. Lepeyre que se colocarían en 1910, aunque no se terminó la instalación sino hasta 1913.



Del taller en la calle de Humboldt, salió en 1900 el proyecto para la residencia de don José Natividad Macías Castorena (1857-1948) –Abogado y en dos ocasiones rector de la Universidad Nacional– que se edificaría entre 1902 y 1904 en el número 6 de la calle de Londres de la Colonia Americana –que ahora conocemos como Juárez–. La casa que hoy pervive como “Museo de cera de la Ciudad de México” es un buen ejemplo de esa línea de arquitectura ecléctica que en éste caso, presenta un magnífico trabajo de composición, homenajea la tradición francesa, con sus techos a manera de mansarda y que ostenta además un intrincado trabajo en el aparejo de tabique.


Como nota curiosa, algunos la recuerdan como escenario de la película “Doña Macabra”, comedia mexicana producida y dirigida en 1971 por Roberto Gavaldón con guión de Hugo Arguelles, protagonizada por Marga López y Carmen Montejo. Años después (1976), también ahí y con Carmen Montejo y Ernesto Alonso, se filmó “Coronación” de Sergio Olhovich con Gabriel Figueroa en la fotografía.


Por encomienda del general Manuel González Flores (gobernador de Guanajuato hasta 1893 y ex-presidente de la República), se encargó al arquitecto Rivas Mercado el diseño y terminación de un teatro inconcluso en la ciudad Guanajuato; a la muerte del general González, el gobernador Joaquín Obregón González continuó y concluyó la obra.


Sobre parte de las heredades que ocupó el primer convento de franciscanos descalzos en la ciudad de Guanajuato –de lo que existía en el solar el templo barroco de San Diego y algunas capillas anexas– se había edificado desde 1872 y por instrucciones del gobernador Florencio Antillón, un nuevo teatro a cargo del arquitecto José Noriega; la obra inconclusa fue entregada a Rivas Mercado y al ingeniero Alberto Malo en febrero de 1901. Se hicieron algunas modificaciones importantes al diseño original del edificio, aprovechando parte de lo ya edificado y para 1903 se entregó un nuevo teatro que sería inaugurado por el Presidente Porfirio Díaz: el “Teatro Juárez”.


El nuevo diseño aprovechaba parte los elementos estructurales que ya en 1873 se habían edificado, e incluso se sirvió de parte de las esculturas –representando Musas– que se habían encargado a una fundición de Ohio, incorporándolas a la nueva fachada junto con bronces de leones encargados a Jesús Contreras. Al interior, el rediseño fue integral y desde 1903 el edificio se considera uno de los recintos teatrales más agraciados en México; ya entonces, los comentaos coincidían en que “combina la majestuosidad del neoclásico en su fachada con detalles de la tradición mozárabe en el interior”, clara muestra de ese eclecticismo que diera fama a Rivas Mercado.





Para los festejos del “Centenario” se comisionó gran cantidad de monumentos, entre los que destacaba el ganado en 1886 por la firma Cluss & Schulze (Adolph Cluss, Paul Schulze) de Washington, D.C para retomar el viejo proyecto de una columna que conmemorara la independencia de México, monumento que ya desde tiempos de Santa Anna se había proyectado en la Plaza de Armas.

En enero de 1887 el gobierno resolvió posponer la edificación, y adquirió los derechos del diseño. Luego de la desaparición de ese despacho, Rivas Mercado fue designado por el presidente Porfirio Díaz para retomar el proyecto en 1901; hizo algunos ajustes al diseño y redefinió la ubicación para la construcción de la “Columna conmemorativa del centenario de la Independencia de México” que se colocaría “…en la quinta glorieta del Paseo, donde ya se ha hecho la ampliación del trazo que comienza en el monumento al emperador Cuauhtémoc y la rotonda podrá ser de una mayor circunferencia, acorde a recibir la columna y su pedestal...” y para el 2 de enero de 1902, se colocó la primera piedra.


La compleja ingeniería fue labor de Guillermo Beltrán y Puga, Gonzalo Garita, Luis Zavaterelli y Manuel Gorozpe, en un largo proceso que implicó la re-cimentación de la estructura cuyo fuste ya se había levantado hasta los 25 metros en 1907.


La columna fue terminada para los festejos del centenario, e inaugurada el 16 de septiembre de 1910. La columna en sí mide 36 metros y sumada al pedestal, alcanza los 45 metros de altura - equivalente a la de unos 15 pisos-, por lo que en 1910 era la estructura más alta de la zona y mereció críticas y admiración para Rivas Mercado.


El monumento es una “columna honorífica” que se levanta sobre un pedestal de tres cuerpos, rematado por diversas estatuas e inscripciones alegóricas a la independencia de México, y coronado el fuste de capitel compuesto por una Victoria Alada. Tanto la Victoria dorada como las otras esculturas en bronce y mármol son obra del escultor italiano Enrique Alciati, y se elaboraron en Florencia y París, junto con las tres que serían destinadas a la Catedral de León...


Y por cierto, no es un Ángel; es una Victoria, representada como una mujer alada, con el pecho parcialmente cubierto y ropajes agitados por el viento. El modelo más imitado siempre ha sido la escultura encontrada en las ruinas del santuario de los Cabiros en la isla Samotracia descubierta en 1863 por Charles Champoiseau y que se exhibe desde 1883 –sobre la quilla de un barco– en la parte alta de “l'escalier Daru” en el Museo del Louvre.



El mercado Hidalgo de la ciudad de Guanajuato fue diseño de Antonio Rivas Mercado, trabajando en mancuerna con el ingeniero Ernesto Brunel –que en Celaya se encargó de construir también el mercado Joaquín Obregón González siguiendo un proyecto del arquitecto Luis Long y en León hizo importantes trabajos para terminar la catedral, trabajando en colaboración con Enrique Alciati–; a pesar de la severidad interior del edificio, la labor de Rivas Mercado se hace evidente en la portada norte, que da acceso ceremonial al edificio y en la linternilla central, que recuerda las enseñanzas interpretativas de Eugène Viollet-le-Duc. La construcción se inició en 1905, aunque la innuguración no se llevó a cabo sino hasta septiembre de 1910 como parte de las Fiestas del Centenario de la Independencia de México.

Como sería de esperarse, con la renuncia del presidente Porfirio Díaz el 25 de Mayo de 1911, todo el trabajo que venía desarrollando el arquitecto Rivas Mercado, se detuvo súbitamente. En la fotografía de abajo, Antonieta Rivas Mercado y Castellanos, sentada en la escalera de acceso a la casa de Héroes 45. –En 1908, la calle que había honrado a Alejandro de Humboldt, cambió su denominación por la de “Héroes”, porque ya entonces se edificaba el “Panteón Nacional y monumento a los Héroes”, a cargo del arquitecto Guillermo de Heredia–



Entre 1911, tiempo de Madero y 1913 de la Decena Trágica, don Antonio contaba ya sesenta años y su labor redujo de manera importante, además en ese año, se separó de su esposa. Llegó también La Gran Guerra en Europa y es de ese período en que Fabienne Bradú, nos dice:

“A diferencia de otras familias acomodadas de la capital, los Rivas Mercado permanecieron en el país… La Revolución no los afectó en el sentido material o económico; no se tocaron sus edificios y vecindades y como no tenían tierras en el campo no se sintieron amenazados…”

Y nos narra también un acontecimiento notable: “La Revolución se había detenido justo frente a su casa, cuando el general Lucio Blanco se instaló en la casa abandonada de los Casaús para transformarla en su cuartel general. Una mañana, …(don Antonio) se percató que Lucio Blanco señalaba hacia su casa y hacía planes con ella. Vio entonces que el general se acercaba con un séquito de hombres tachados de cananas. Resolvió enfrentarlos y salió a la terraza…”


–Buenos días mi general, ¿se le ofrece algo?
–Sí arquitecto, se me ofrece.
–¿En qué puedo servirle? Dígame nomás…
–Quería que me deje entrar a su casa.
–Según he podido ver, está usted instalado en la casa de mi vecino y sucede que aquí no tenemos lugar de sobra. Tengo a toda mi familia viviendo conmigo. Usted comprenderá.
–Arquitecto, no le estoy pidiendo que se vaya de su casa, sino que deje pasar a mis soldados al jardín de la entrada.
–¿Piensa instalar blancos de tiro en mi patio?
–No, no se trata de eso. Es que mis soldados no saben marchar en redondo, y su rotonda está muy bien para que aprendan a dar vueltas sin perder la cadencia del paso…
Don Antonio aceptó, juzgando que el daño hubiera podido ser mucho mayor…


De 1911 a 1918, Don Antonio siguió a la cabeza de la Escuela Nacional de Bellas Artes, participando activamente en la labor educativa e intentando mantener las actividades cotidianas, aún a pesar de los altibajos políticos y sociales. En la fotografía de noviembre de 1911 lo vemos con Francisco León de la Barra y Ramón Corral, durante una de las exposiciones de la Academia de San Carlos.






Nos dice Rubén M. Campos que para 1918, al inicio del gobierno de Venustiano Carranza, el arquitecto Rivas Mercado se dio a la tarea de “transformar el conjunto de Chapultepec en una residencia de tamaño y jerarquía apropiadas al rango del Presidente de la República; el Presidente Carranza comisionó al arquitecto para realizar el diseño de anexión al Castillo de ese edificio llamado ¨Colegio Militar¨, con el fin de lograr para el primero mayor extensión y comodidad”


En un magnífico texto de Louis Bozzo Jr., que en 1921 habla de las mejoras hechas en Chapultepec, leemos:
“Mister Rivas Mercado has devised a plan worthy of the vastness of the original idea, and adapted the large building next to the castle, tearing down almost nothing and embellishing the new facades and rooms with impeccable taste; happily, the project provides for all eventualities, such as state receptions, grand balls, banquets, the permanent installation of baths, stables, picture galleries, a trophy museum and hothouse garden, including a new splendid grand ceremonial staircase…”



“The new plans by architect Rivas Mercado provide, on the lower floor -behind an entrance to the ex-Military Academy, which communicates with the castle-, for a complete apartment on benefit of superintendent, janitor and warden, such as a presidential residence needs. Behind this new gateway, which crosses the whole building from north to south -with a large parking area under cover for automobiles and carriages, that can easily enter and leave without interfering with one another-, follows the guard room, the flag room, the armory, and the officer´s hall with a series of service apartments and multipurpose rooms.”

Todo un esquema funcional, diseñado en 1918 por el arquitecto que muchos tachaban de simple decorador…



Luego de entregar el proyecto para la remodelación de Chapultepec, residió en París por poco más de cinco años y regresó a México en 1926.

Don Antonio Rivas Mercado falleció en la Ciudad de México el 3 de enero 1927, a la edad de 73 años.

¿Y la casa?

Luego de la muerte del arquitecto y de acuerdo a lo dispuesto en el testamento, Alicia su hija mayor, quedó en disposición de la casa, mientras que Antonieta (nombrada albacea) Mario y Amelia recibieron otras propiedades y capital.

Desafortunadamente, para fin de 1927 Alicia rentó la casa y Antonieta retiró la totalidad de los muebles -para guardarlos en una bodega del convento de San Jerónimo-, y mientras diseñaba una nueva casa, se mudó a vivir a la que había sido residencia de Adamo Boari en la Colonia Roma (Ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/09/la-casa-boari-dandini-en-la-colonia-roma.html)



A partir de ese momento, la casa de Héroes 45 tendría una enredada y dolorida historia, vendida a la familia Sosa y sirviendo como despacho, oficina, casa, escuela y bodega. En la imagen de arriba, que pertenece al archivo DACPAI.INBA y que reproduzco gracias a la amabilidad de Dolores Martinez, aparece la casa cuando albergaba el Instituto Washington.





En el extremo sur de la propiedad, sobre la zona ocupada por caballerizas y dependencias de servicio, se edificó una construcción de tres niveles –que incluso se amplió a cuatro– contra la escuadra de la colindancia. Los 24 espacios resultantes se utilizaron como salones de clase para la Primaria "Andrés del Río" e Instituto Washington. Lamentablemente, el edificio de muy mala factura redujo las vistas de la casa y además se arrimó peligrosamente a la estructura.



































Para 1982, cuando el INBA montó la exposición “La Arquitectura en México – Porfiriato y movimiento Moderno”, la casa Rivas Mercado despertó enorme interés al figurar como parte central de la exhibición el dibujo de Mayolo Ramírez Ruíz, encargo de la Dirección de Arquitectura del INBA, en aquel entonces a cargo de Juan Urquiaga ; ya desde entonces, comenzaron los designios por rescatar la casa.



Al paso de los años, innumerables obstáculos y desavenencias aplazaron el proceso de rescate, aunque afortunadamente el proceso parece llegar a buen término; a pesar de lo extendido del proceso, los avances son evidentes, y en la fotografía de abajo, tomada a final de Noviembre de 2015, puede verse la fachada norte –vista desde la calle– donde además de andamios, aparecen terraza y oficina del arquitecto (arriba), así como las ventanas del gran salón (abajo) y un nuevo acceso a los sótanos de la remodelación en curso.



La restauración inició formalmente en 2007, con la intención de terminar en 2010; una de las primeras acciones, fue demoler parte de las aulas que se habían construido en la colindancia oriente y que afectaban la estabilidad de la estructura.











De “El Sol de México” el 22 de julio de 2014
Ciudad de México.- La reconstrucción de la casa Rivas Mercado está prácticamente terminada y corre a cargo del personal de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) y una vez que se terminen las obras albergará un centro de educación musical para orquestas juveniles.

"La casa Rivas Mercado es un ejemplo de un lenguaje histórico y universal que proyecta una percepción única con un estilo ecléctico, Rivas Mercado, familiarizado con el uso del mosaico en la decoración Victoriana, utilizó en la casa un número considerable de piezas encáusticas como recubrimiento de pisos y muros, así como frisos y detalles arquitectónicos, tanto en el interior como del exterior, logrando una riqueza decorativa excepcional", explicó Simón Neumann Ladenzon, titular de la Seduvi.

Y termina el artículo de El Sol de México: “Una vez concluida la restauración a cargo de la Seduvi, que tiene considerado ese inmueble con valor patrimonial, será la Secretaría de Educación Pública, la cual a través de un convenio con la fundación, decidieron que la vocación del edificio será para albergar un centro de educación musical para orquestas juveniles, que dependerá de Conaculta.”



Afortunadamente, desde 2007, los trabajos de rehabilitación de la casa son encabezados por el Doctor y arquitecto Gabriel Mérigo Basurto –de cuya página en red he tomado la imagen de abajo–, y la magnífica restauración de ese inmueble de 1893 está a punto de ser revelada…





Para terminar, una imagen de la casa en el estado que guarda a final de Noviembre de 2015…



Estoy seguro que el arquitecto Mérigo pronto repondrá en las esquinas del tímpano central las acróteras correspondientes -que llevan tiempo perdidas- y que por el momento son unos poco afortunados dados que parecerían aplanados con cemento…


(En la arquitectura grecolatina -y por ende en la tradición de ese eclecticismo de Rivas Mercado-, la acrótera es un elemento decorativo que remata los tres extremos del frontón.)


Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. Si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–. Conforme haya más entradas (ya hay más de 50), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…

También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html



¡Tan cerca de la Torre Latinoamericana!
Habrá que irla a visitar…