miércoles, 17 de abril de 2019

La casa Herrerías - Montoya, en Tlacopac.




En 1939, Ignacio F. Herrerías y Vesta Montoya adquirieron poco más de 6,000 m² de “terreno rústico” que años atrás habían pertenecido a la “ladrillera” de la Hacienda de Guadalupe, en la confluencia de los ríos que bajaban de las barrancas de Pilares y Guadalupe para formar el Río Tlacopac –justo al norte del todavía entonces “San Angel Inn” de Madame Roux y al poniente del templo dedicado a La Asunción en el poblado de Tlacopaque– ; con diseño de los hermanos Martínez Negrete, edificaron ahí una moderna casa para la familia y sus dos hijos, que terminada en 1940 sería enlutada cuatro años después; la construcción, alberca, frontón y jardines siguen ahí, aunque la casa ha sido trasformada y ahora pasará a ser “Casa Club” de un extenso conjunto residencial.




Ignacio Francisco Herrerías era parte de una familia de reconocidos periodistas; su padre –Ignacio Herrerías Ituarte que nació en la ciudad de México en 1880– inició carrera al lado de su primo Agustín Víctor Casasola y saltó a la fama con una reseña del asalto a la casa de los hermanos Serdan –evento del que fue testigo– el 18 de noviembre de 1910, cuando la policía poblana al mando de Miguel Cabrera irrumpió la casa…



Respecto a ese texto de Ignacio Herrerías, decía Medardo Fernández:
“Leí, volví á leer y releí el interesante relato, llano y sencillo como de repórter, pero intenso, intensísimo, como de Herrerías, joven de temperamento nervioso, de imagen exaltada y de poderosas energías intelectuales”
“Efectivamente, mi compañero de labores fue testigo presencial de los sangrientos sucesos; reporteaba para uno de los diarios metropolitanos, é incidentalmente se hallaba en la capital angelopolitana por asuntos profesionales cuando ocurrió la tragedia. No olvido todavía la violencia del sacudimiento nervioso que en mí produjo la lectura de las correspondencias telegráficas que Herrerías envió á su periódico. Vibrantes eran los relatos, y recuerdo que produjeron impresión profundísima en el ánimo del público”.
También entonces, Herrerías trabajó para ilustrar los textos con el muy joven Ernesto García Cabral, “El Chango” que alcanzaría enorme popularidad con sus portadas en Revista de Revistas…



Nombrado corresponsal de guerra por el diario "El País", Ignacio Herrerías fue enviado a describir la revolución en Chihuahua, llegando a la hacienda de Bustillos –entonces Cuartel General de Francisco I. Madero– en marzo de 1911 para cubrir la llegada de Abraham González y la primera reunión de Francisco Villa con Madero, y llegaría además a narrar la toma de Ciudad Juárez el 10 de mayo, batalla que daría lugar a la firma de los “Tratados de Ciudad Juárez” -el 21 de mayo de 1911-, precipitando la renuncia del presidente Porfirio Díaz.



Arriba, con sombrero claro, Ignacio Herrerías al llegar a la hacienda de Bustillos; abajo –durante la toma de Ciudad Juárez–, Pascual Orozco da un parte de guerra a Francisco I. Madero, en tanto Abraham González conversa con un periodista -Gerald Brandon-, mientras son fotografiados por Ignacio Herrerías.



Nos cuenta Betty Luisa Zanolli Fabila, biznieta de don Ignacio que:
“El periodismo era su vida, su pasión y su apostolado, tanto que a finales de ese año -1911- fundó y presidió la primera agrupación mexicana de periodistas, la Asociación de Periodistas Metropolitanos, para cuyos agremiados consiguió seguridad médica y un terreno en el Panteón Civil de Dolores donde podrían ser inhumados.”

Abajo, en una imagen de Agustín Víctor Casasola captada en el Tívoli de San Cosme en algún momento de 1911, aparecen los “Periodistas músicos”, contacto de negativo en el que se señala a Lorenzo Ríos –guitarrón–, Librado Rivera –laúd–, Rafael Reyes Spindola –guitarra– e Ignacio Herrerías –flauta traversa–.



Para el 11 de agosto de 1912, Humberto Strauss periodista uruguayo acreditado por “El Imparcial" e Ignacio Herrerías para "El País" –que planeaba “tomar película” de encuentro– acompañados por el fotógrafo Alfonso Rivera, abordaron tren número 21 del Ferrocarril Interoceánico con rumbo a Morelos, con la intención de entrevistar a Emiliano Zapata.

Nos cuenta Carlos Moncada que el último despacho de Strauss decía:
“…se asegura que el jefe rebelde supo por cartas y emisarios que una persona, haciéndose pasar como periodista, quiere llegar a donde él está para asesinarlo, y Zapata y todos los jefes rebeldes desconfían de todo y todos.”

Con esos anuncios, a la altura del poblado de Ticuman el tren fue asaltado por las fuerzas rebeldes zapatistas, al mando de Amador Salazar -primo de Zapata-; los 36 soldados federales que se transportaban en el tren así como los 20 pasajeros civiles resultaron muertos en el ataque, Ignacio Herrerías tenía 32 años al momento de su muerte y su hijo Ignacio F., apenas un chamaco de diez…



Antes de su muerte, Ignacio había fundado con su primo Agustín Víctor Casasola, la “Agencia Fotográfica Mexicana” reconocida como la primera agencia mexicana de prensa que luego de la muerte de Herrerías pasaría a ser la “Agencia Mexicana de Información Fotográfica”, semilla del afamado Archivo Casasola que la familia nutrió con tres generaciones de emprendedores.

Con la inexorable impronta de su padre y al cobijo de la familia Casasola, la carrera de Ignacio F. Herrerías se encaminó también hacia el periodismo -aunque en la vertiente deportiva-, combinado con la sorprendente perspicacia administrativa del muchacho que siempre se mantuvo cercano a Agustín Víctor Casasola primero, Miguel y Gustavo después, y comenzó a preparar camino en la industria editorial.


Arriba, Ignacio F. Herrerías en 1928, al que desde pequeño apodaron “Chamaco”. Abajo, la “Agencia Casasola Fotos”, en Ayuntamiento N°4 (casi esquina con lo que ahora llamamos Eje Central); a fin de 1912 la agencia se había expandido, y cambió su nombre a “Agencia Mexicana de Información Fotográfica”. Así, la representación atrajo a más fotógrafos y comenzó a comprar fotografías a agencias extranjeras y fotógrafos aficionados para venderlas a los diarios. Cuando “El Imparcial” cerró en 1917, Casasola recuperó los archivos del diario, compilando muchas de sus fotografías en el "Álbum histórico gráfico" que cubre los sucesos de la Revolución mexicana.



“El Chamaco” Herrerías se dedicó al periodismo desde los 14 años, y desde 1916 se inició en “El Pueblo” donde colaboró en deportes y escribía con el seudónimo de Gulliver; dos años después pasó a “El Demócrata” y en 1920 fundó un semanario que llamó “El Décimo”, un periódico deportivo y de espectáculos que alcanzó mediano éxito.

En 1924 dejó la publicación e ingresó a “El Globo” de Félix F. Palavicini (fundado en 1914 como apoyo al gobierno carrancista instalado en Veracruz) cubriendo la “fuente de guerra”. Ahí conoció al entonces ministro del ramo -general Plutarco Elías Calles-, quien simpatizó con el carácter desenvuelto del “Chamaco” y sus ideas sociales, por lo que decidió enviarlo con una beca a cursar dos años del bachillerato en periodismo a Nueva York; nos dice Blanca Ruvalcaba:
“Nacho Herrerías fue el primer periodista mexicano que llevó a cabo estudios especiales en la rama del reportaje”




“El chamaco” regresó a México, y un año más tarde viajó a Los Ángeles para trabajar en “La Opinión”, donde después de un tiempo, fue jefe de la sección deportiva y se hizo popular entre el público hispanohablante. Poco después intentó independizarse nuevamente y con un grupo de amigos y compañeros comenzó a editar un bisemanario tipo tabloide -dedicado a los deportes- al que llamó “El Gráfico”; simultáneamente, se dedicó a organizar encuentros y torneos de box con fines caritativos, y como resultado, dio a conocer numerosos pugilistas mexicanos en los EEUU. Además, durante ese período contrajo matrimonio y procreó dos hijos, pero el matrimonio no prosperó y "El chamaco" volvió a su país.

En 1932, ya de vuelta en México, ingresó como colaborador en la redacción de Excélsior -en la sección de deportes-, pero unos veinte meses después abandonó ese diario para iniciar una nueva aventura que sería su despegue definitivo como editor: fundar la revista “Mujeres y Deportes”.


Nos dice Felipe De la Torre que la publicación
“…alcanzó enorme popularidad y le proporcionó a su fundador los medios económicos suficientes para establecer su propia editorial a la que denominó Publicaciones Herrerías, S.A.”


Esa nueva casa editora tomó oficinas en el viejo edificio de “La Guai” (“Y” YMCA) –Asociación Cristiana de Jóvenes en la calle de Balderas‒ que durante la decena trágica de 1913 había sido dañado, pero para 1934 ofrecía espacios en renta; abajo, Gonzalo, Pedro e Ignacio F. Herrerías frente al N°79 (ahora 87) de Avenida que rinde homenaje a Lucas Balderas (muerto en la Batalla de Molino del Rey), bajo la placa de la “Young Men's Christian Association”.



El 5 de octubre de 1935, “Mujeres y Deportes” anunciaba la próxima aparición del periódico Novedades; se presentaba como una “edición bull-dog”, que saldría a la venta el domingo por la tarde “después de los toros”, como una edición adelantada del número del lunes, a la manera de los grandes matutinos de Estados Unidos:
“Todos los grandes diarios de la mañana que se editan en Estados Unidos lanzan ediciones adelantadas la víspera, con el objeto de que los lectores que andan en la calle de las seis de la tarde en adelante, lleven a sus casas el periódico del día siguiente. ¿Le gustaría a usted leer hoy en la noche el periódico que se pondrá a la venta mañana?”


Así, con el éxito de “Mujeres y Deportes” y para 1935, Publicaciones Herrerías amplió su mercado con la circulación del diario vespertino “Novedades”, y para 1936 –ocupando ya una buena parte del edificio de Balderas 79‒, la editorial inició el tiraje de una revista ilustrada para adultos llamada “Chamaco” que apareció como suplemento y salió luego a la venta como “cuadernos encuadernables”, tomando ventaja del mercado que habían abierto las revistas “Paquito” y “Pepín” de la editorial del Coronel José García Valseca.


Dada la sorprendente popularidad de “Chamaco”, al año siguiente se dio la publicación DIARIA de “Chamaco Chico” –versión “de bolsillo” del cuaderno (18 x 13 cm) que costaba diez centavos‒; desde 1938 ambas alcanzaron cifras inimaginables de ventas ‒llegando a publicar cada una, hasta 750,000 ejemplares diarios‒ y se vendían además en Centro y Sudamérica.

Al paso del tiempo, “Chamaco” de Publicaciones Herrerías, S.A. imprimió entre muchas otras, la exitosa y perdurable historieta Los Supersabios de Germán Butze, El Monje Loco y las mundos de Sealtiel Alatriste, Rafael Araiza, Gaspar Bolaños, Sixto Valencia (creador de Memín Pinguín), Ángel Mora (Creador de Chanoc) y Gabriel Vargas (creador de La Familia Burrón)….



Además, desde 1935 Ignacio Herrerías fortaleció notablemente la posición de su empresa, cuando con Miguel Lanz Duret (de El Universal), Rodrigo de Llano (de Excelsior) y Félix Palavicini, formó parte del grupo de editores que se coligaron con el gobierno federal para crear la “Productora e Importadora de Papel, S.A.” (PIPSA) que el presidente Lázaro Cárdenas creó el 21 de agosto de ese año. 1935 es también el año en que El Chamaco Herrerías de 33 años estableció una relación firme con Vesta Montoya de 20, relación que al poco tiempo devendría en matrimonio.

En la mitología romana, Vesta era la diosa del hogar, hija de Saturno y de Ops y hermana de Júpiter, Neptuno, Plutón, Juno y Ceres. Se corresponde con Hestia en la mitología griega, aunque en el culto romano asumió mayor relevancia como símbolo de la fidelidad.



Nos dice Felipe J. De la Torre, que:
“La familia Herrerías formaba parte de la alta sociedad capitalina, emparentada por ejemplo con la Casasola. Novedades fue siempre un diario conservador pro gobiernista y entre sus directores figuraron René Capistrán Garza, ex jefe cristero y Jorge Pasquel…”


Para 1935, “Mujeres y Deportes” batió el récord de venta entre los hebdomadarios entonces en boga, pues llegó a alcanzar un tiraje de más de 100,000 ejemplares y con la colaboración de Vesta, que agregó secciones de historia y cultura, la revista resultó aún más atractiva para sus lectores; además, para 1939, las familias habían comenzado a crecer…


Publicaciones Herrerias, S.A. –desde Bucareli 23– adquirió derechos e iniciando en 1939 publicó una gran cantidad de tomos de precio accesible, incluyendo la reimpresión de “México Través De Los Siglos” dirigida por Vicente Riva Palacio o “Disertaciones sobre la Historia de la República Mexicana desde la época de la conquista” de Lucas Alamán, a los que se sumaron novelas de Juan A. Mateos, Xavier de Montepin, Gastón Leroux y Lewis Wallace y su “Ben-Hur”…


Ese 1939 marcó también el año en que la familia Herrerías Montoya adquirió en Tlacopac un extenso “terreno rústico” que años atrás había formado parte de la “ladrillera” de la Hacienda de Guadalupe –luego ligado a la Hacienda Goicoechea– (que en el S. XVIII había sido propiedad de los Condes de Pinillos y Marqueses de Selva Nevada), justo en el punto de confluencia de corrientes que bajaban de las barrancas de Pilares y Guadalupe para formar el Río Tlacopac, y al norte del casco de esa Hacienda que había vendido los terrenos aledaños, y que por entonces aún albergaba el “San Angel Inn” de Madame Roux.

Abajo, un fragmento del plano que corresponde a la “Zona Urbana de San Ángel” del Atlas General del Distrito Federal, publicado en 1929 “…por orden del señor doctor José M. Puis Casauranc, Jefe del Departamento del Distrito Federal.” Destaca al centro el Río de Tlacopac y las avenidas Insurgentes y San Ángel (hoy Revolución); a la izquierda y con el N°7, aparecen los terrenos del hotel “San Angel Inn” (hoy restaurante) y con una estrella roja, he señalado el terreno adquirido por el matrimonio Herrerías Montoya.



El predio con más de seis mil metros cuadrados tenía dos límites fluviales (y por lo mismo algo tornadizos) y largo frente a la propuesta ampliación del Camino a Guadalupe y sus puentes; hacia el Nor-oriente, el terreno estaba a muy corta distancia del templo dedicado de origen a La Asunción –y desde 1987 a La Purísima Concepción‒, fundación del pueblo de Tlacopac y templo que aún se conserva en la esquina de las calles Corregidora y Francisco I. Madero y que de origen dependía de la parroquia de San Jacinto Tenanitla, administrada por los dominicos de Coyoacán.



Directamente al sur y cruzando el río, por entonces aún se conservaban los jardines del Hotel Campestre San Ángel -o San Ángel Inn- antes hacienda de Goicoechea que había conocido el esplendor como hacienda pulquera con sus 36 mil hectáreas dedicadas a la plantación de maguey y producción de su derivado, y que desde 1915 se convirtió en un hotel y restaurante operado por Mme. Roux, anunciándose como “hotel y restaurante de primera clase San Ángel Inn”; la propietaria publicaba que contaba con tranvía eléctrico hasta la puerta, patio colonial, jardines, canchas de tenis, billares, cochera, habitaciones y departamentos con baño individual y que habían atendido a presidentes mexicanos y a personalidades de la época.



Y en impresos para turistas extranjeros, el hotel se anunciaba:
San Angel Inn HOTEL & RESTAURANT Villa Obregón, D.F. An old Carmelite Retreat converted in a beautiful place to stay and dine with great food and no violence; Pure artesian water; Great atmosphere; Magnificent gardens. Once you have been here, you will come back…



Ya desde 1906, la “United States & Mexican Trust Co.” había promovido la subdivisión de los terrenos de aquella hacienda, y el ingeniero Marshal Miller había propuesto un proyecto para el fraccionamiento de la “Colonia Altavista”, limitada al norte por el río y pueblo de Tlacopac, al poniente con los terrenos que aún conservaba la Hacienda de Guadalupe y al oriente, el “Camino para Automóviles de la Ciudad” que hoy corresponde con la calle Reyna.

En el magnífico plano de Miller que reproduzco abajo (el norte está hacia la izquierda), aparece la Colonia Altavista y abajo a la derecha pueden verse los terrenos que desde entonces aparecían como RESERVADOS, justo frente a los jardines y parque del hotel San Ángel Inn.



Frente al hotel y con acceso por la Calle de las Palmas (lote 12 de la Manzana F), desde 1929 el arquitecto Juan O´Gorman diseñó su casa/estudio, que edificó durante 1930 con el apoyo de su amigo Marcial Gutiérrez Camarena; la casa de Palmas 81 colinda con las casas que al año siguiente edificaría para Diego Rivera y Frida Kahlo y que ocupan el predio de la esquina del Paseo de Altavista y Calle de las Palmas (ahora Diego Rivera), edificaciones de vanguardia funcional que no fueron bien recibidas por la sociedad conservadora mexicana. También en 1930, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia edificó para su familia una casa en esa zona, reflejo de su propuesta alterna en la búsqueda de identidad moderna; aunque fuera del límite del plano de arriba, la casa aún se conserva con acceso por Avenida las Flores N° 278 (Ver )



Al paso de los años, los jardines del “San Ángel Inn” fueron subdivididos, prolongando las calles Calero, Campestre y Fresnos, pero el “Camino a la hacienda de Guadalupe” no se amplió y los “Terrenos Reservados” quedaron sin urbanizar y para 1938 se ofrecían como “1.5 acres de Predio Rústico”.

El proyecto para la extensa casa Herrerías-Montoya estaría a cargo de Luis y Francisco Martinez-Negrete Palomar –arquitecto e ingeniero respectivamente–, mancuerna que desde los años 30’ había ganado enorme prestigio como diseñador y constructor, con proyectos de muy diversos estilos y características; desde edificios de tipología “Decó” –como el Edificio REX de 1935 en la Calle de López N°28–, hasta magníficas residencias de estilo “Californiano” –como la casa de la familia Valencia diseñada en 1938 sobre el Boulevard de los Virreyes–,culminando en 1951 cuando para la nueva Ciudad Universitaria, Luis Martínez Negrete con Juan Sordo Madaleno y José Luis Certucha diseñaron el edificio para el Instituto de Geología, magnífico ejemplo de la arquitectura moderna internacional…



Para la casa Herrerías-Montoya de 1938, el diseño obedeció a la tradición del “Spanish Colonial Revival” que tan popular se había vuelto en el desarrollo de “Las Lomas de Chapultepec” y que con grandes techos inclinados cubiertos de teja y amplios muros aplanados, pretendía recuperar la arquitectura colonial novohispana, inspirándose en las misiones Jesuitas de la Alta California; en el amplísimo terreno de compleja geometría y acceso principal por la calle de Gladiolas, el esquema agruparía volúmenes en torno a un jardín privado y giró su eje compositivo hacia el Sur-este, para crear en altura –dentro del volumen principal que alberga la escalera en una doble altura– un mirador con vista hacia los volcanes, desafiando el panorama que desde la terraza del San Angel Inn podía contemplarse.


El acceso ceremonial desde la zona urbanizada del pueblo de Tlacopac permitiría recorrer una larga calzada plantada de palmas Phoenix dactylifera –tan populares en el período– que enmarcarían la fachada principal de la casa, mientras que una terraza recibía a los visitantes dando apoyo a la portada principal y al mirador del piso alto.



Otros dos accesos se prepararon para la propiedad –además de calle de Gladiolas–, permitiendo una entrada de servicio y para vehículos por la calle cerrada de Jazmines, así como otra entrada ceremonial por el puente sobre el afluente del río Tlacopac, con acceso directo a la parte trasera y su salón de fiestas, desde el Antiguo Camino de Acapulco (ahora Anillo Periférico y su Segundo piso). Aunque en la vista contemporánea de Google Maps es difícil encontrarle lógica a los límites originales de la propiedad, he marcado en la toma de 2017 los dos cauces que –ahora entubados– marcaban el límite sur del predio de la casa Herrerías-Montoya, así como los tres accesos; los terrenos del perímetro poniente no formaban parte del terreno original.


Además, cumpliendo con la afición deportiva del "Chamaco", hacia el límite sur de la propiedad se proyectó una alberca que con cinco carriles de nado obedecía a estrictos lineamientos de entrenamiento, mientras que contra la colindancia oriente se consideraron una cancha de frontón para Pelota de mano y Frontenis, caballerizas y dependencias de apoyo para áreas exteriores…

Vista desde los accesos, nada de la casa se haría evidente a los transeúntes.



La casa propiamente dicha se colocó sobre un promontorio central del terreno, como una libre agrupación de volúmenes cubiertos de teja catalana, rodeada de jardines y circundada por un camino vehicular que permitía acceso a todos los puntos de la construcción; en el frente principal, una amplísima terraza con escalinata marcaba el acceso, mientras que hacia el Nor-poniente, las cocheras cubiertas funcionaban como desplante a un gran salón de fiestas.



Por alguna razón que ignoro, los Martinez-Negrete no se hicieron cargo de la ejecución final del proyecto, casa que para 1940 estaba edificada y funcionando como residencia del matrimonio Herrerías-Montoya y sus hijos. Aunque no todos los elementos del diseño original se mantuvieron, resulta evidente que en lo general el proyecto se respetó, ajustándolo en algunos detalles exteriores aunque con modificaciones al interior.



Aunque al paso del tiempo los amueblados han cambiado, la disposición interior se conservó, con un gran “Hall” central de doble altura que daba cabida a la escalera, dando paso al mirador y las habitaciones en la planta alta. Una idea de las características interiores del diseño original, la puede dar una de las casas diseñadas en 1938 por los Martinez-Negrete en Lomas de Chapultepec, que debió tener espacios interiores con significativas similitudes.



Para el 11 de septiembre de 1939, Publicaciones Herrerías S.A. convertía a “Novedades” en un diario matutino, incorporaba la revista “Mujeres y Deportes” como suplemento y tomaba la casi totalidad del espacio disponible en el edificio de Balderas N°87 como oficinas y símbolo de su éxito. Entretanto, para final del año la pequeña familia preparaba la mudanza de su residencia anterior para trasladarse a la casa de Tlacopac / San Ángel Inn, con sus amplios espacios de juego y novedosa arquitectura, nuevos espacios para Vesta y los niños.



La casa de “Calle de las Palmas y Gladiolas N°31” en San Ángel Inn recibió el teléfono 23-99-24 en enero de 1940 y mientras Vesta Montoya de Herrerías e Ignacio F. Herrerías ocupaban la nueva construcción, la cuñada Carmen Casasola y Gonzalo Herrerías se trasladaban a la casa de Patricio Sanz N° 1142 en la Colonia del Valle (la casa Herrerías-Casasola se destruyó y ahora el terreno es ocupado por un conjunto de siete casas).

Al inicio de la década de los 40’, “Vesta y el Chamaco” eran la pareja dorada de la sociedad mexicana, frecuentemente fotografiados en eventos culturales al interior del Palacio de Bellas Artes o pasando una entretenida velada en “El Patio”, centro nocturno en Atenas N°9 –propiedad de Conchita Vélez y Vicente Miranda– sitio muy popular en el período para cenar y bailar.





Para febrero de 1944, como resultado de un conflicto laboral con el sindicato de Novedades, Ignacio F. Herrerías ‒presidente y accionista mayoritario de Diario Novedades y cabeza de Publicaciones Herrerías S.A.‒, se vio envuelto en acre disputa que pareció resolverse, pero el 3 de abril fue asesinado por Florencio Zamarripa Marín ‒que había sido colaborador del diario‒ en la antesala de la oficina del jefe del Departamento del Distrito Federal, frente al Zócalo de la capital. Se especuló en el medio periodístico acerca de otros motivos para el homicidio –violentas trifulcas que sostuvo con sus competidores, como con el coronel José García Valseca–, sin llegar a alguna conclusión que apartara la culpa de Zamarripa.




Vesta Montoya ya viuda de Herrerías se hizo presente durante las manifestaciones de repudio al asesinato e hizo declaraciones incendiarias; al día siguiente (06/04/1944), asumió la dirección de la empresa y se mantuvo en el cargo poco más de dos años (hasta el 09/06/1946) cuando fue relevada por Gonzalo Herrerías.



A final de 1946, un grupo de inversionistas encabezado por el empresario Jorge Pasquel –hombre cercano al ya presidente Alemán–, toma el control de Publicaciones Herrerías y el diario Novedades y poco más de un año después, el 18 de agosto de 1948 Rómulo O’Farrill Sr. toma el control de lo que había sido Publicaciones Herrerías…


La casa de Calle de las Palmas y Gladiolas N°31 ‒San Ángel Inn‒, siguió habitada por Vesta y sus hijos (Ignacio F. Herrerías Montoya sería Diputado y secretario de la Cámara, durante la XLVIII Legislatura), hasta que la viuda de Herrerías murió, y a fin de mayo de 2007 Betty Ann Herrerías Montoya e Ignacio Francisco Herrerías Montoya ‒Albaceas mancomunadas de la Sucesión Testamentaria a bienes de Vesta Montoya Peraza‒ reclamaron su legado.



Desde 2018 se dio a conocer que en el predio se construiría un conjunto residencial llamado “Reserva León Felipe” desarrollado por Grupo Terraforma, donde la casa Herrerías Montoya (sin la zona de cocheras y su piso alto) se transformaría en la Casa Club del conjunto (en el terreno original se prevé edificar 25 casas unifamiliares); abajo un “render” del proyecto de Grupo Terraforma tomado de su página web.




Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (ya son más de 90), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html ver







sábado, 9 de marzo de 2019

La casa González de Cosío - Acosta en la Avenida Juárez, Coyoacán.


Casa que ahora alberga el Instituto Mexicano para la Justicia (IMJUS)


Edificada entre 1893 y 95 como residencia campestre para Julia María, Luz, Manuel y Emilia, hijos del general Manuel González de Cosío Tamayo y su esposa doña Luz Acosta Codina, la casa se conserva –con algunas modificaciones y habiendo perdido parte del predio– en el N° 409 de la calle Francisco Sosa del Barrio Santa Catarina –Coyoacán–, y es frecuentemente usada como telón de fondo para diversas producciones televisivas…



Don Manuel González de Cosío Tamayo fue destacado militar y político mexicano, que sirvió al lado de Porfirio Díaz, fue gobernador del estado de Zacatecas, diputado federal, senador de la República y presidente municipal de la ciudad de México; desde 1891 fue titular de diferentes secretarias en el gabinete de Díaz y residió en su casa de Coyoacán hasta 1913.



Importante no confundirlo con su contemporáneo el general Manuel González Flores, Presidente de la República Mexicana de 1880 a 1884 y que edificó su casa de campo en la hacienda de La Concepción –Chapingo- y que hoy conocemos como Rectoría, “Capilla Riveriana” y oficinas de la Universidad Autónoma Chapingo… (ver)

Don Manuel nació en Zacatecas en 1836; hijo de Manuel González de Cosío Encina (Ca. 1790-1849) y Gertrudis Tamayo Góngora, caso con Luz Acosta Codina (hija de José Cecilio Acosta Martínez y Juliana Codina Acevedo) con quien procreó a Julia María (n. 1868), Luz (n. 1869 y casada en abril de 1888 con el Dr. Fernando López Sánchez-Román y fundadores de la Cruz Roja Mexicana, en su casa de Madero), Manuel, y Emilia (n. 1871 y casada con Nicolás Villarreal), todos González de Cosío Acosta.


El General González de Cosío combatió por el bando liberal en la guerra de Reforma, en las batallas de Ayutla, Silao y Calpulalpan contra la intervención Francesa; en el sitio de Puebla fue hecho prisionero y en 1865 deportado a Francia para regresar a México luego de restaurada la República.

Fue Gobernador interino del Estado de Zacatecas entre octubre de 1871 y julio de1872, para luego ejercer como diputado federal entre 1886 y 1891, senador de la República y presidente municipal en la Ciudad de México.

Bajo la presidencia de Porfirio Díaz se desempeñó como Jefe de la Tesorería General de la Federación, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas (de 1891 a 1895), Secretario de Gobernación (de 1895 a 1903), Secretario de Fomento (de 1903 a 1905), y Secretario de Guerra y Marina de (1905 a 1911). Con Limantour, fue el ministro del Gabinete que no renunció el 24 de marzo de 1911 ante el presidente Díaz…



Desde 1895, cuando México y Guatemala pasaron por un intenso conflicto que estuvo a punto de transformarse en enfrentamiento militar, su hija Luz González Cosío y su yerno –el doctor Fernando López Sánchez-Román– promovieron la creación en México del capítulo nacional de la Cruz Roja; para junio de 1909 se definió la primera mesa directiva provisional de la Cruz Roja mexicana y tras el acuerdo del Consejo de Administración de la asociación del 10 de mayo de 1910 se instruye a Luz González para formar el primer comité de damas voluntarias que comenzaron a trabajar activamente en Cruz Roja Mexicana desde 1911.

Así, la familia González de Cosío Acosta y López jugaría un papel importante –y en frentes diversos– dentro de la sociedad mexicana. Arriba, captado en 1909 durante una ceremonia en Palacio Nacional, el general González de Cosío -Secretario de Guerra y Marina- a la cabeza de altos mandos militares. Abajo, en una sorprendente imagen captada también en 1909 pero en la casa de Coyoacán, la familia González de Cosío Acosta y López; en primer término, doña Gertrudis Tamayo Góngora viuda de González de Cosío -madre del general-, flanqueada por su nuera Luz Acosta Codina de González de Cosío y el propio Manuel González de Cosío; escalones arriba, Luz González Cosío de López (con vestido claro) y Fernando López Sánchez-Román con sus hijos Guadalupe, María de los Dolores, Luz y Fernando, todos López González de Cosío.



Desde 1891 –cuando fungió como Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas–, Don Manuel estuvo en tratos con don Miguel Ángel de Quevedo para autorizar la creación de su vivero en lo que había sido el “Rancho Panzacola” y adquirir un terreno rústico cercano al cauce del Río de la Magdalena y con frente sobre la Antigua Calle Real de Santa Catarina – ya entonces Avenida Juárez y ahora Francisco Sosa– que comunicaba lo que había sido el colegio religioso de los frailes carmelitas dedicado a San Ángelo Mártir, con el viejo Convento franciscano dedicado a San Juan Bautista en Coyoacán.


Las dos grandes edificaciones religiosas de la zona, eran desde el S.XVII, por un lado el colegio de la orden carmelita que se había erigido sobre terrenos donados por don Felipe de Guzmán Itzolinque ‒cacique indígena de Coyoacán‒, Andrés de Mondragón y Elvira Gutiérrez a fin de levantar un colegio, convento y templo dedicados a “San Ángelo Mártir”; con diseño de Andrés de Segura de la Alcuña (conocido como Fray Andrés de San Miguel), la colosal huerta del conjunto rendía abundantes beneficios económicos, y el provecho que se tomó del Río de la Magdalena sigue siendo evidente en la “Avenida Paseo del Río” de Chimalistac.


Tras la Reforma en 1858, el colegio fue clausurado y la custodia del recinto pasó al Ayuntamiento. Las tierras y edificios fueron, en su mayoría, vendidos a particulares y la sección conservada se usó como cárcel y cuartel hasta que en 1921, la SEP usó parte del inmueble para resguardar las piezas artísticas que aún se conservaban del viejo Colegio.

Al otro extremo de la Antigua Calle Real de Santa Catarina estaba el convento fundado originalmente por la Orden de Predicadores de Santo Domingo, que sería luego terminado y ocupado por los franciscanos, dedicándolo a San Juan Bautista.


La Calle Real remataba en uno de los accesos al atrio/camposanto –espacio que ahora ocupa el “Jardín del Centenario” – con un par de arcos que aún se conservan en ese sitio y son recuerdo de aquella estructura colonial…



Recuérdese que en la última década del S. XIX, el convento de San Juan Bautista aún conservaba intacta su barda atrial y las tres puertas –incluida la sur que ha desaparecido– y por la puerta norte se accedía al templo desde la plaza mayor del pueblo, plaza que también llevaba a la “Casa de Cortés”, por entonces Prefectura del Distrito de Coyoacán. Abajo, en una toma captada en 1899 se puede ver el templo y la puerta norte del atrio, arco atrial que aún existe, pero que ha sido trasladado a un costado de la torre.




En la zona intermedia entre los dos conjuntos religiosos, desde el S. XVII se había construido sobre el Río de la Magdalena, justo luego de su confluencia con el Río de Tlacopac, un puente de mampostería llamado “Puente de Altillo” por estar frente a la hacienda de ese nombre, río del que Manuel Payno escribió en Los bandidos de Río Fríoː
“Antes de llegar al pueblo de San Ángel se encuentra un río poco caudaloso en las secas, pero bien surtido de agua en la estación de las lluvias, la más de las veces cristalina, y ruidoso por su lecho de piedras sueltas y redondas, con sus orillas siempre tapizadas de flores silvestres amarillas, rojas y azules…”



Y Justo al lado del puente, uno de los símbolos más conspicuos de la zona, del que el entonces cronista de la ciudad, Salvador Novo, nos cuenta en su Guía de la Ciudad de México publicado en 1968ː
“En la esquina misma de la avenida -el punto llamado Panzacola- sobrevive aislada, al lado de un puente, la pequeña capilla de San Antonio, del siglo XVII...”



Con dos versiones acerca de su construcción, la Iglesia de Panzacola o San Antonio de Padua se edificó en el siglo XVII y se cuenta que fue mandada construir por el conquistador Pedro de Alvarado, aunque también se especula que la erigió una pudiente familia, como pago de una manda a San Antonio.

El caso es que el conjunto de río, puente y capilla es uno de los más perseverantes símbolos de Coyoacán y figura reiteradamente en los retratos que pintores, artistas viajeros y grabadores han hecho de la zona; baste mencionar a Eugenio Landesio con el magnífico lienzo “El puente de San Antonio en el camino de San Ángel, junto a la Panzacola” de 1855 que se conserva en el MUNAL o la vista de Casimiro Castro que se publicó en 1864 (en litografía de Campillo) que siguen siendo perfectamente reconocibles 150 años después, apenas faltando en el grabado la bulliciosa Avenida de la Universidad…


Arriba, una referencia entre la litografía de 1864 y la toma actual de Google Maps, donde en la imagen satelital he marcado el ángulo de la vista y en que se adivina la capilla ‒abajo al centro‒, la curva “Calle Real de Santa Catarina” – que ahora llamamos Francisco Sosa– y su “Puente de Altillo” que tiene lógica cuando sabemos que el edificio naranja en la parte superior central de la imagen de Google maps y a la extrema izquierda en la litografía de castro, fue la Casa Grande da la “Hacienda de San José del Altillo” de los Marqueses de Piña y Aguayo que a final del S. XIX aún estaba en manos de la última descendiente de los marqueses, Doña Elena Piña Aguayo viuda de Sánchez Gavito, y cuyo casco sería donado a los misioneros del Espíritu Santo a mediados del S. XX.

Es precisamente en esa zona, con amplio frente a la que había sido Calle Real, después Paseo de las Damas, luego Paseo de Iturbide, y entonces avenida Benito Juárez (ahora conocida como Francisco Sosa, en honor al periodista, poeta y defensor de la libertad de expresión), que el general Manuel González de Cosío y Tamayo adquirió del ingeniero Miguel Ángel de Quevedo un terreno de lo que había sido el Rancho Panzacola –anexo a la hacienda de San José– para ser vecino de los Sánchez Gavito y el propio Quevedo.


Arriba, la imagen que apareció en "EL MUNDO" el domingo 22 de octubre de 1899 ilustrando los "Alrededores de México -Coyoacán-" con el acceso a la casa González de Cosío-Acosta en la entonces Avenida Juárez; la barda y reja aún existen, aunque la celosía ha sido modificada, y han desaparecido remates y lámparas.

El diseño para esa “Quinta de descanso” sería encargado al destacado ingeniero José Ramón Ibarrola Berruecos, contemporáneo de Antonio Torres Torrija y los hermanos Eusebio y Lorenzo De la Hidalga, que era conocido por haber diseñado en 1884 un “Pabellón Mahometano” de estructura metálica fundida en Pittsburg, para representar a México en la Exposición Internacional de Nueva Orleans (ver), mismo que se desarmó y rearmó en la Alameda Central –donde ahora está el hemiciclo de Guillermo de Heredia que desde 1910 rinde homenaje a Benito Juárez– y ahora ocupa el centro de la Plaza arbolada de Santa María la Ribera.


Aunque Ibarrola es recordado exclusivamente por esa obra de influjo mudéjar, es interesante anotar que para ese mismo pabellón de 1884, presentó en 1883 un diseño ante el Secretario de Fomento y el Jefe de la Tesorería General de la Federación –encargados de aprobar el diseño y autorizar la erogación–, con características que más recuerdan un Chalet Bávaro o la arquitectura inglesa del S. XVI ejecutada en madera…



Arquitecto e ingeniero civil, José Ramón Ibarrola Berruecos se recibió de la Academia de San Carlos en 1862 y por algún tiempo trabajó en Michoacán y luego contratado por el sistema administrativo que revisaba las obras del complejo ferroviario México-Toluca (por parte del Ministerio de Fomento) que se implementaba desde 1872; aparentemente ahí intervino en el diseño de una de las estaciones, aunque no he encontrado datos que lo corroboren.

José Ramón Mariano Ibarrola fue hijo mayor (de siete hermanos) del comerciante José Ramón Ibarrola Salgado (1814-1876, que en documentos aparece como Ybarrola) y María Lugarda Berruecos Morales (1825-1906); casó en mayo de 1871, con Paula Vértiz Esnaurrizar con quien procreó ocho hijos.

Entre 1879 y 1881 Ibarrola encabezó el Departamento de Obras Públicas del gobierno federal, período en el que proyectó y dirigió la construcción del “Faro de Gran Calado del Puerto de Tampico”, a 1.2 kilómetros de las escolleras de la playa Miramar, donde el río Pánuco desemboca al Golfo de México, justo en el límite de Tamaulipas y Veracruz.



El esqueleto de metal, sostiene a 43 metros los reflectores giratorios y resulta ligero para el suelo arenoso resistiendo bien los vientos de la costa. Al pie de la torre dice: “Siendo presidente de la República el general Porfirio Díaz […] se construyó este faro bajo la dirección e inspección del ingeniero civil Ramón de Ibarrola en los talleres de Keinstone Bridge Company de Pittsburg, […] EUA, 1879”

De origen, el “Ministerio de Fomento” estuvo a cargo de Vicente Riva Palacio y para diciembre de 1880 el nuevo presidente, Manuel González, nombró al general Carlos Pacheco Villalobos gobernador del Distrito Federal y en junio de 1881, Pacheco sustituyó a Porfirio Díaz como “Secretario de Fomento, Colonización e Industria”. En éste cargo permaneció durante todo el gobierno de González y fue ratificado en el segundo periodo de Porfirio Díaz desde 1884, y a su cargo estuvo la asignación del diseño de Ibarrola para la Exposición de Nueva Orleans, mientras que el general González de Cosío fungía como Jefe de la Tesorería General de la Federación; seguramente de ahí deriva la decisión de emplear a Ibarrola para el diseño de la Quinta de Coyoacán en el magnífico terreno del Barrio Santa Catarina…


El diseño para la obra que se edificaría al fondo del imponente jardín, tendría una planta en “F”, con un edificio para los servicios en la “pata” y la casa propiamente dicha formando una “C” que recibía un camino ceremonial con pórtico perimetral y mirador. Abajo, la imagen que apareció en página central de "EL MUNDO", el domingo 22 de octubre de 1899, que indicaba “Quinta del Sr. Gral. Don Manuel González Cosío”, compartiendo plana con las casas de los señores Hegewisch, Tablada, Rivas, Sánchez y la “Quinta Rosalía”.



Al otro lado de la calle –vista hacia el Sur–, la propiedad miraba hacia el amplio predio que el propio Miguel Ángel de Quevedo había reservado para sí (ese terreno ha sido subdividido), mientras que hacia el Poniente, el predio lindaba con el terreno donde don Francisco Sosa levantaría su casa, y al Oriente confrontaba el amplio edificio que por largo tiempo se conoció como “Quinta Rosalía” y luego “Casa de Alvarado” bautizada así por quien la habitó desde 1902, Zelia María Magdalena Nuttall Parrott; afortunadamente conservada, es la casa en la que falleció Octavio Paz en 1998, y que ahora ocupa la Fonoteca Nacional.



Esa casa es de los tesoros de Coyoacán y vale la pena visitarla, admirar el portón principal inspirado en una de las puertas del Antiguo Colegio de San Ildefonso, mirar arriba –en el nicho–una escultura de San Juan Nepomuceno, que coincide con el de la iglesia de Panzacola, y gozar de los jardines o las extraordinarias grabaciones que la fonoteca conserva…

Es ese el contexto que fotografió Guillermo Kahlo a final del S. XIX y donde Ibarrola habría edificado la quinta de descanso del General González y su familia, muy a la manera en que lo hicieran los Limantour en Mixcoac (ver y/o ver) o los Landa en Tlalpam (ver).



Por la entonces aún Avenida Juárez circulaba el tranvía Coyoacán/San Ángel, que con tracción animal primero se modernizó con vagones eléctricos en 1909; abajo, en una imagen de 1903 que apareció en “Mexico Illustrated”, que al pié indica “View between San Angel and Coyoacán, on the line of the Federal District Railway” vemos lo que ahora llamamos Callejón del Río con vías férreas y un vagón de tracción animal; detrás, la entrada a la que aún era casa grande de lo que había sido Hacienda de San José del Altillo –entonces hogar de doña Elena Piña Aguayo y Vicente Sánchez-Gavito Beteta–, el puente sobre el Río de la Magdalena y la capilla de San Antonio –Panzacola–…



Importante agregar que para 1906, a espalda de la propiedad de la familia González de Cosío-Acosta –apenas separado por lo que hoy conocemos como el callejón de Parras–, se inauguró el “Reformatorio de mujeres de Coyoacán”, cuando el Ministerio de Fomento dejo de ser presedido por el General y estaba ahora a cargo de don Blas Escontría Bustamante que murió en el cargo; de hecho, también en ese año, se había inaugurado la Escuela Correccional para varones de Tlalpan, como parte del proyecto de González de Cosío.



Este Reformatorio para Mujeres fue el primero en su clase en todo el país y aunque intervenido, se conserva y es hora una Casa Hogar para Varones que en el pasado estuvo a cargo del DIF Nacional y que aparece arriba, con su fachada hacia el Callejón del Río en 1931.

Recordemos además, que también hacia el norte y apenas a un centenar de metros, estaba (como lo sigue estando) el terreno de una hectárea en que el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo estableció un “Vivero de Árboles” en aquellos predios de lo que había sido el Rancho Panzacola, y que en 1907 pasaría a ser administrado por la Secretaría de Agricultura como primer vivero forestal mexicano; aquel vivero de Quevedo, ampliado y abierto al público desde los años 30’, es lo que ahora conocemos como “Viveros de Coyoacán”, parque administrado por el gobierno federal a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.




Pero volvamos a la Quinta González de Cosío-Acosta en la entonces Avenida Juárez, y cuyo acceso aparecía en 1899, ilustrando los -Alrededores de México -, como “Verja de la quinta del Sr. Gral. Don González Cosío” en Coyoacán…


Transgredir esa cancela, permitía andar los ochenta metros de un camino bordeado por grandes abetos, que con amplia glorieta remataba en la escalinata de acceso a la casa, que así aprovechaba parte de la estructura del viejo Rancho Panzacola...

Ahí, con un diseño que entretejía líneas de corte académico –con cantera formando marcos, cornisas y balaustres– con un fastuoso pórtico antepuesto de carácter historicista –trabajado en hierro, lámina de zinc y madera–, estaba la nueva edificación, con sus 1,900 m² construidos en dos niveles y medio sótano…



Mirando la casa desde el acceso, hacia el poniente -al lado izquierdo- un ala de la edificación rematada en amplia “Bay Window”, albergaba salón principal abajo y habitaciones del General arriba, mientras que del lado derecho, la saliente rematada en balcones, recibía el comedor abajo y habitaciones de doña Luz arriba; al extremo derecho –hacia el oriente– un ala con fachada rustica albergaba cocinas y espacios de servicio abajo y habitaciones de los hijos arriba.

Al centro, el pórtico delimitado por esbeltas dobles y triples columnas, marcaba el acceso principal con una saliente que recibía la escalinata y daba paso al recibidor, vestíbulos y escalera, mientras que arriba formaba una amplia terraza que al centro proyectaba una habitación cerrada –pero rodeada de cristaleras– que de origen se diseñó como capilla; ese pórtico y saliente superior, estaban decorados con una distintiva ornamentación metálica de inspiración pompeyana, entonada de encendidos colores y rematada por un friso con tímpano y acróteras.


El conjunto general de la casa sigue ahí, aunque al paso de los años, ha sufrido algunas intervenciones, donde la más relevante fue el retiro del pórtico original y el reemplazo por uno de estructura de concreto y piedra que no lo sustituye con exactitud; la pérdida más importante es la habitación pensada de origen como capilla, que desapareció por completo, y la incorporación –en planta baja– de una parte de aquel corredor abierto.

En su recuento de la carrea del general Manuel González de Cosío, Constancio Peña Idiáquez enfatiza:
“En la memoria de todos están los trabajos emprendidos por el señor González Cosío como Secretario de Gobernación y el empleo de General de Brigada que se le concedió con fecha 12 de Febrero de 1900; pero no debemos pasar en silencio la parte más importante de esa labor: la construcción del Hospital General, la conclusión é inauguración de la Penitenciaría, construcción de un Manicomio general, reglamentación de los servicios de policía, mejoramiento notable en el ramo de Beneficencia Pública, cuyos establecimientos se vigilan é inspeccionan cuidadosamente; organización y reglamentación de la Beneficencia privada, y, por fin, como obra de inmensa trascendencia, el saneamiento de la ciudad de México”.



El General Manuel González de Cosío Tamayo se retiró a su Quinta de Coyoacán en noviembre de 1911 y murió ahí el 14 de diciembre 1913, habiendo sido testigo de los tristes acontecimientos de la Decena Trágica y condenando las acciones de Manuel Mondragón y Victoriano Huerta.

Ya para 1929, en el “Atlas General del Distrito Federal… Su descripción más completa, profusamente ilustrada con mapas, fotografías y gráficas… Formada por orden del Sr. Dr. José M. Puig Casuranc.” mostraba para la zona urbana de Coyoacán entre el río de la Magdalena, el Reformatorio para mujeres (marcado con el N°2) y la avenida Juárez –aquellos terrenos del Rancho Panzacola–, dos “Calle Nueva” que ahora corresponden a Salvador Novo y Parras.



Desde entonces Coyoacán se ha modificado de manera radical, y además de los cambios políticos y económicos, el crecimiento demográfico y urbano han dejado su marca; básteme ejemplificarlo con una imagen aérea –oblicua– captada en 1939:
Al centro, la recién terminada glorieta de Avenida de la Taxqueña –que se trazó como nuevo camino a la Hacienda de Coapa y ahora conocemos como Av. Miguel Ángel de Quevedo– y a cuyo trazo he agregado la que sería la Avenida Universidad creada hasta 1954; abajo a la derecha, se distingue el Jardín de la Bombilla con la parte alta del monumento a Álvaro Obregón, inaugurado en julio de 1935 mientras que arriba a la derecha, se ven claramente los escurrimientos del “Pedregal” donde ahora se asientan las colonias Romero de Terreros, Copilco y Santo Domingo. Al centro izquierda he señalado el sitio donde desde 1895 se edificó la casa González de Cosío-Acosta, que para 1918 dejó de serlo…



Luego de la muerte del General González y por más de cien años, la casa ha sido objeto de leyendas, intrigas e incógnitas, y dada su reciente popularidad como escenario televisivo, motivo de especulación respecto a su propiedad, especulación que va desde “el sobrino de María Victoria” (Juan Zepeda) y la familia Aburto, hasta las ficticias familias Balvanera y De La Riva…



Por años, dado que colindaba con la casa del licenciado Miguel De la Madrid Hurtado (con acceso por Parras N° 30), se especuló que era de su propiedad, posesión que también se adjudicó a la familia Lombardo, y más reciente, agregados un prominente pórtico y mansarda de utilería como tercer piso, la casa figuró de manera destacada en la telenovela “Por siempre mi amor”, producida por Ignacio Sada Madero para Univisión en 2014 como “Residencia De la Riva” y según entiendo, será también escenario principal en "El Señor de los Cielos 2"...


Como “Mansión Balvanera” la casa González de Cosío-Acosta fue el centro de “Amores verdaderos”, producida por Nicandro Díaz González para Televisa en el 2012 y en la que Erika Buenfil protagonizó a Victoria Balvanera Gil de Brizz, “…dueña de unas grandes tierras y una prestigiosa agencia de publicidad”.



Aunque al paso del tiempo -cuando pasó a la propiedad del ingeniero Rafael Aburto- la casa perdió parte de sus jardines, el predio actual aún cuenta 3,991 m² y sorprendentemente, sigue teniendo el mismo tipo de reja que aparece en las imágenes de 1889, aunque la celosía que permitía mirar el jardín desde la calle ha sido sustituida por un muro cerrado.



En 1928, hacia el oriente se abrió una “Calle Nueva” –ahora Salvador Novo– y parte del jardín fue vendido y fincado con frentes hacia esa calle; por eso, la colindancia del jardín se modificó sustancialmente, aunque sigue siendo sorprendentemente extenso y con profuso arbolado –destacan dos grandes Palmeras (Phoenix canariensis) y un par de esbeltas Palmera de abanico (Livistona chinensis) flanqueando el acceso a la casa–, aunque ha perdido los viejos abetos del S. XIX que heredó del Rancho Panzacola...



Al interior los espacios se han modificado de manera sustancial y aunque la escalera principal permanece, casi ninguno de los interiores mantiene íntegros los decorados de 1895; en su período como “Casa Porfiriana” algunas habitaciones se amueblaron recreando aquel período pero mereciendo contados halagos, aunque el antiguo comedor, lograba ilustrar dignamente lo que debió haber sido la casa del S. XIX.



Lo que de origen fuera el pórtico en planta baja quedó cerrado, formando una apretada antesala que da acceso a los grandes salones y sus nuevos usos; no puedo evitar el imaginarlo abierto, con piso de mosaico y limitado el techo por esbeltas columnas pareadas pintadas en ocre intenso…



Por el momento, la casa está ocupada por el Instituto Mexicano para la Justicia (IMJUS) que se define como “…un think tank independiente, sin fines de lucro, que dedica sus esfuerzos al fortalecimiento de la Justicia y del Estado de Derecho en México.”

Ahí se imparten cursos, presenta libros y organizan eventos, que van desde un mercado de productos orgánicos en el jardín y cursos de cocina al interior, hasta clases de fotografía y altares para festejar el día de muertos (abajo, foto de Santiago Luengas Araujo, captada en 2017).



Como sucede con buena parte de las moradas de Coyoacán, la casa González de Cosío-Acosta en lo que fuera la Avenida Juárez y ahora conocemos como Francisco Sosa, es un magnífico retrato de la historia de nuestro país.




Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.


Conforme haya más entradas (ya son más de 80), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…





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