sábado, 9 de marzo de 2019

La casa González de Cosío-Acosta en la Avenida Juárez, Coyoacán.


Casa que ahora alberga el Instituto Mexicano para la Justicia (IMJUS)


Edificada entre 1893 y 95 como residencia campestre para Julia María, Luz, Manuel y Emilia, hijos del general Manuel González de Cosío Tamayo y su esposa doña Luz Acosta Codina, la casa se conserva –con algunas modificaciones y habiendo perdido parte del predio– en el N° 409 de la calle Francisco Sosa del Barrio Santa Catarina –Coyoacán–, y es frecuentemente usada como telón de fondo para diversas producciones televisivas…



Don Manuel González de Cosío Tamayo fue destacado militar y político mexicano, que sirvió al lado de Porfirio Díaz, fue gobernador del estado de Zacatecas, diputado federal, senador de la República y presidente municipal de la ciudad de México; desde 1891 fue titular de diferentes secretarias en el gabinete de Díaz y residió en su casa de Coyoacán hasta 1913.



Importante no confundirlo con su contemporáneo el general Manuel González Flores, Presidente de la República Mexicana de 1880 a 1884 y que edificó su casa de campo en la hacienda de La Concepción –Chapingo- y que hoy conocemos como Rectoría, “Capilla Riveriana” y oficinas de la Universidad Autónoma Chapingo… (ver)

Don Manuel nació en Zacatecas en 1836; hijo de Manuel González de Cosío Encina (Ca. 1790-1849) y Gertrudis Tamayo Góngora, caso con Luz Acosta Codina (hija de José Cecilio Acosta Martínez y Juliana Codina Acevedo) con quien procreó a Julia María (n. 1868), Luz (n. 1869 y casada en abril de 1888 con el Dr. Fernando López Sánchez-Román y fundadores de la Cruz Roja Mexicana, en su casa de Madero), Manuel, y Emilia (n. 1871 y casada con Nicolás Villarreal), todos González de Cosío Acosta.


El General González de Cosío combatió por el bando liberal en la guerra de Reforma, en las batallas de Ayutla, Silao y Calpulalpan contra la intervención Francesa; en el sitio de Puebla fue hecho prisionero y en 1865 deportado a Francia para regresar a México luego de restaurada la República.

Fue Gobernador interino del Estado de Zacatecas entre octubre de 1871 y julio de1872, para luego ejercer como diputado federal entre 1886 y 1891, senador de la República y presidente municipal en la Ciudad de México.

Bajo la presidencia de Porfirio Díaz se desempeñó como Jefe de la Tesorería General de la Federación, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas (de 1891 a 1895), Secretario de Gobernación (de 1895 a 1903), Secretario de Fomento (de 1903 a 1905), y Secretario de Guerra y Marina de (1905 a 1911). Con Limantour, fue el ministro del Gabinete que no renunció el 24 de marzo de 1911 ante el presidente Díaz…



Desde 1895, cuando México y Guatemala pasaron por un intenso conflicto que estuvo a punto de transformarse en enfrentamiento militar, su hija Luz González Cosío y su yerno –el doctor Fernando López Sánchez-Román– promovieron la creación en México del capítulo nacional de la Cruz Roja; para junio de 1909 se definió la primera mesa directiva provisional de la Cruz Roja mexicana y tras el acuerdo del Consejo de Administración de la asociación del 10 de mayo de 1910 se instruye a Luz González para formar el primer comité de damas voluntarias que comenzaron a trabajar activamente en Cruz Roja Mexicana desde 1911.

Así, la familia González de Cosío Acosta y López jugaría un papel importante –y en frentes diversos– dentro de la sociedad mexicana. Arriba, captado en 1909 durante una ceremonia en Palacio Nacional, el general González de Cosío -Secretario de Guerra y Marina- a la cabeza de altos mandos militares. Abajo, en una sorprendente imagen captada también en 1909 pero en la casa de Coyoacán, la familia González de Cosío Acosta y López; en primer término, doña Gertrudis Tamayo Góngora viuda de González de Cosío -madre del general-, flanqueada por su nuera Luz Acosta Codina de González de Cosío y el propio Manuel González de Cosío; escalones arriba, Luz González Cosío de López (con vestido claro) y Fernando López Sánchez-Román con sus hijos Guadalupe, María de los Dolores, Luz y Fernando, todos López González de Cosío.



Desde 1891 –cuando fungió como Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas–, Don Manuel estuvo en tratos con don Miguel Ángel de Quevedo para autorizar la creación de su vivero en lo que había sido el “Rancho Panzacola” y adquirir un terreno rústico cercano al cauce del Río de la Magdalena y con frente sobre la Antigua Calle Real de Santa Catarina – ya entonces Avenida Juárez y ahora Francisco Sosa– que comunicaba lo que había sido el colegio religioso de los frailes carmelitas dedicado a San Ángelo Mártir, con el viejo Convento franciscano dedicado a San Juan Bautista en Coyoacán.


Las dos grandes edificaciones religiosas de la zona, eran desde el S.XVII, por un lado el colegio de la orden carmelita que se había erigido sobre terrenos donados por don Felipe de Guzmán Itzolinque ‒cacique indígena de Coyoacán‒, Andrés de Mondragón y Elvira Gutiérrez a fin de levantar un colegio, convento y templo dedicados a “San Ángelo Mártir”; con diseño de Andrés de Segura de la Alcuña (conocido como Fray Andrés de San Miguel), la colosal huerta del conjunto rendía abundantes beneficios económicos, y el provecho que se tomó del Río de la Magdalena sigue siendo evidente en la “Avenida Paseo del Río” de Chimalistac.


Tras la Reforma en 1858, el colegio fue clausurado y la custodia del recinto pasó al Ayuntamiento. Las tierras y edificios fueron, en su mayoría, vendidos a particulares y la sección conservada se usó como cárcel y cuartel hasta que en 1921, la SEP usó parte del inmueble para resguardar las piezas artísticas que aún se conservaban del viejo Colegio.

Al otro extremo de la Antigua Calle Real de Santa Catarina estaba el convento fundado originalmente por la Orden de Predicadores de Santo Domingo, que sería luego terminado y ocupado por los franciscanos, dedicándolo a San Juan Bautista.


La Calle Real remataba en uno de los accesos al atrio/camposanto –espacio que ahora ocupa el “Jardín del Centenario” – con un par de arcos que aún se conservan en ese sitio y son recuerdo de aquella estructura colonial…



Recuérdese que en la última década del S. XIX, el convento de San Juan Bautista aún conservaba intacta su barda atrial y las tres puertas –incluida la sur que ha desaparecido– y por la puerta norte se accedía al templo desde la plaza mayor del pueblo, plaza que también llevaba a la “Casa de Cortés”, por entonces Prefectura del Distrito de Coyoacán. Abajo, en una toma captada en 1899 se puede ver el templo y la puerta norte del atrio, arco atrial que aún existe, pero que ha sido trasladado a un costado de la torre.




En la zona intermedia entre los dos conjuntos religiosos, desde el S. XVII se había construido sobre el Río de la Magdalena, justo luego de su confluencia con el Río de Tlacopac, un puente de mampostería llamado “Puente de Altillo” por estar frente a la hacienda de ese nombre, río del que Manuel Payno escribió en Los bandidos de Río Fríoː
“Antes de llegar al pueblo de San Ángel se encuentra un río poco caudaloso en las secas, pero bien surtido de agua en la estación de las lluvias, la más de las veces cristalina, y ruidoso por su lecho de piedras sueltas y redondas, con sus orillas siempre tapizadas de flores silvestres amarillas, rojas y azules…”



Y Justo al lado del puente, uno de los símbolos más conspicuos de la zona, del que el entonces cronista de la ciudad, Salvador Novo, nos cuenta en su Guía de la Ciudad de México publicado en 1968ː
“En la esquina misma de la avenida -el punto llamado Panzacola- sobrevive aislada, al lado de un puente, la pequeña capilla de San Antonio, del siglo XVII...”



Con dos versiones acerca de su construcción, la Iglesia de Panzacola o San Antonio de Padua se edificó en el siglo XVII y se cuenta que fue mandada construir por el conquistador Pedro de Alvarado, aunque también se especula que la erigió una pudiente familia, como pago de una manda a San Antonio.

El caso es que el conjunto de río, puente y capilla es uno de los más perseverantes símbolos de Coyoacán y figura reiteradamente en los retratos que pintores, artistas viajeros y grabadores han hecho de la zona; baste mencionar a Eugenio Landesio con el magnífico lienzo “El puente de San Antonio en el camino de San Ángel, junto a la Panzacola” de 1855 que se conserva en el MUNAL o la vista de Casimiro Castro que se publicó en 1864 (en litografía de Campillo) que siguen siendo perfectamente reconocibles 150 años después, apenas faltando en el grabado la bulliciosa Avenida de la Universidad…


Arriba, una referencia entre la litografía de 1864 y la toma actual de Google Maps, donde en la imagen satelital he marcado el ángulo de la vista y en que se adivina la capilla ‒abajo al centro‒, la curva “Calle Real de Santa Catarina” – que ahora llamamos Francisco Sosa– y su “Puente de Altillo” que tiene lógica cuando sabemos que el edificio naranja en la parte superior central de la imagen de Google maps y a la extrema izquierda en la litografía de castro, fue la Casa Grande da la “Hacienda de San José del Altillo” de los Marqueses de Piña y Aguayo que a final del S. XIX aún estaba en manos de la última descendiente de los marqueses, Doña Elena Piña Aguayo viuda de Sánchez Gavito, y cuyo casco sería donado a los misioneros del Espíritu Santo a mediados del S. XX.

Es precisamente en esa zona, con amplio frente a la que había sido Calle Real, después Paseo de las Damas, luego Paseo de Iturbide, y entonces avenida Benito Juárez (ahora conocida como Francisco Sosa, en honor al periodista, poeta y defensor de la libertad de expresión), que el general Manuel González de Cosío y Tamayo adquirió del ingeniero Miguel Ángel de Quevedo un terreno de lo que había sido el Rancho Panzacola –anexo a la hacienda de San José– para ser vecino de los Sánchez Gavito y el propio Quevedo.


Arriba, la imagen que apareció en "EL MUNDO" el domingo 22 de octubre de 1899 ilustrando los "Alrededores de México -Coyoacán-" con el acceso a la casa González de Cosío-Acosta en la entonces Avenida Juárez; la barda y reja aún existen, aunque la celosía ha sido modificada, y han desaparecido remates y lámparas.

El diseño para esa “Quinta de descanso” sería encargado al destacado ingeniero José Ramón Ibarrola Berruecos, contemporáneo de Antonio Torres Torrija y los hermanos Eusebio y Lorenzo De la Hidalga, que era conocido por haber diseñado en 1884 un “Pabellón Mahometano” de estructura metálica fundida en Pittsburg, para representar a México en la Exposición Internacional de Nueva Orleans (ver), mismo que se desarmó y rearmó en la Alameda Central –donde ahora está el hemiciclo de Guillermo de Heredia que desde 1910 rinde homenaje a Benito Juárez– y ahora ocupa el centro de la Plaza arbolada de Santa María la Ribera.


Aunque Ibarrola es recordado exclusivamente por esa obra de influjo mudéjar, es interesante anotar que para ese mismo pabellón de 1884, presentó en 1883 un diseño ante el Secretario de Fomento y el Jefe de la Tesorería General de la Federación –encargados de aprobar el diseño y autorizar la erogación–, con características que más recuerdan un Chalet Bávaro o la arquitectura inglesa del S. XVI ejecutada en madera…



Arquitecto e ingeniero civil, José Ramón Ibarrola Berruecos se recibió de la Academia de San Carlos en 1862 y por algún tiempo trabajó en Michoacán y luego contratado por el sistema administrativo que revisaba las obras del complejo ferroviario México-Toluca (por parte del Ministerio de Fomento) que se implementaba desde 1872; aparentemente ahí intervino en el diseño de una de las estaciones, aunque no he encontrado datos que lo corroboren.

José Ramón Mariano Ibarrola fue hijo mayor (de siete hermanos) del comerciante José Ramón Ibarrola Salgado (1814-1876, que en documentos aparece como Ybarrola) y María Lugarda Berruecos Morales (1825-1906); casó en mayo de 1871, con Paula Vértiz Esnaurrizar con quien procreó ocho hijos.

Entre 1879 y 1881 Ibarrola encabezó el Departamento de Obras Públicas del gobierno federal, período en el que proyectó y dirigió la construcción del “Faro de Gran Calado del Puerto de Tampico”, a 1.2 kilómetros de las escolleras de la playa Miramar, donde el río Pánuco desemboca al Golfo de México, justo en el límite de Tamaulipas y Veracruz.



El esqueleto de metal, sostiene a 43 metros los reflectores giratorios y resulta ligero para el suelo arenoso resistiendo bien los vientos de la costa. Al pie de la torre dice: “Siendo presidente de la República el general Porfirio Díaz […] se construyó este faro bajo la dirección e inspección del ingeniero civil Ramón de Ibarrola en los talleres de Keinstone Bridge Company de Pittsburg, […] EUA, 1879”

De origen, el “Ministerio de Fomento” estuvo a cargo de Vicente Riva Palacio y para diciembre de 1880 el nuevo presidente, Manuel González, nombró al general Carlos Pacheco Villalobos gobernador del Distrito Federal y en junio de 1881, Pacheco sustituyó a Porfirio Díaz como “Secretario de Fomento, Colonización e Industria”. En éste cargo permaneció durante todo el gobierno de González y fue ratificado en el segundo periodo de Porfirio Díaz desde 1884, y a su cargo estuvo la asignación del diseño de Ibarrola para la Exposición de Nueva Orleans, mientras que el general González de Cosío fungía como Jefe de la Tesorería General de la Federación; seguramente de ahí deriva la decisión de emplear a Ibarrola para el diseño de la Quinta de Coyoacán en el magnífico terreno del Barrio Santa Catarina…


El diseño para la obra que se edificaría al fondo del imponente jardín, tendría una planta en “F”, con un edificio para los servicios en la “pata” y la casa propiamente dicha formando una “C” que recibía un camino ceremonial con pórtico perimetral y mirador. Abajo, la imagen que apareció en página central de "EL MUNDO", el domingo 22 de octubre de 1899, que indicaba “Quinta del Sr. Gral. Don Manuel González Cosío”, compartiendo plana con las casas de los señores Hegewisch, Tablada, Rivas, Sánchez y la “Quinta Rosalía”.



Al otro lado de la calle –vista hacia el Sur–, la propiedad miraba hacia el amplio predio que el propio Miguel Ángel de Quevedo había reservado para sí (ese terreno ha sido subdividido), mientras que hacia el Poniente, el predio lindaba con el terreno donde don Francisco Sosa levantaría su casa, y al Oriente confrontaba el amplio edificio que por largo tiempo se conoció como “Quinta Rosalía” y luego “Casa de Alvarado” bautizada así por quien la habitó desde 1902, Zelia María Magdalena Nuttall Parrott; afortunadamente conservada, es la casa en la que falleció Octavio Paz en 1998, y que ahora ocupa la Fonoteca Nacional.



Esa casa es de los tesoros de Coyoacán y vale la pena visitarla, admirar el portón principal inspirado en una de las puertas del Antiguo Colegio de San Ildefonso, mirar arriba –en el nicho–una escultura de San Juan Nepomuceno, que coincide con el de la iglesia de Panzacola, y gozar de los jardines o las extraordinarias grabaciones que la fonoteca conserva…

Es ese el contexto que fotografió Guillermo Kahlo a final del S. XIX y donde Ibarrola habría edificado la quinta de descanso del General González y su familia, muy a la manera en que lo hicieran los Limantour en Mixcoac (ver y/o ver) o los Landa en Tlalpam (ver).



Por la entonces aún Avenida Juárez circulaba el tranvía Coyoacán/San Ángel, que con tracción animal primero se modernizó con vagones eléctricos en 1909; abajo, en una imagen de 1903 que apareció en “Mexico Illustrated”, que al pié indica “View between San Angel and Coyoacán, on the line of the Federal District Railway” vemos lo que ahora llamamos Callejón del Río con vías férreas y un vagón de tracción animal; detrás, la entrada a la que aún era casa grande de lo que había sido Hacienda de San José del Altillo –entonces hogar de doña Elena Piña Aguayo y Vicente Sánchez-Gavito Beteta–, el puente sobre el Río de la Magdalena y la capilla de San Antonio –Panzacola–…



Importante agregar que para 1906, a espalda de la propiedad de la familia González de Cosío-Acosta –apenas separado por lo que hoy conocemos como el callejón de Parras–, se inauguró el “Reformatorio de mujeres de Coyoacán”, cuando el Ministerio de Fomento dejo de ser presedido por el General y estaba ahora a cargo de don Blas Escontría Bustamante que murió en el cargo; de hecho, también en ese año, se había inaugurado la Escuela Correccional para varones de Tlalpan, como parte del proyecto de González de Cosío.



Este Reformatorio para Mujeres fue el primero en su clase en todo el país y aunque intervenido, se conserva y es hora una Casa Hogar para Varones que en el pasado estuvo a cargo del DIF Nacional y que aparece arriba, con su fachada hacia el Callejón del Río en 1931.

Recordemos además, que también hacia el norte y apenas a un centenar de metros, estaba (como lo sigue estando) el terreno de una hectárea en que el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo estableció un “Vivero de Árboles” en aquellos predios de lo que había sido el Rancho Panzacola, y que en 1907 pasaría a ser administrado por la Secretaría de Agricultura como primer vivero forestal mexicano; aquel vivero de Quevedo, ampliado y abierto al público desde los años 30’, es lo que ahora conocemos como “Viveros de Coyoacán”, parque administrado por el gobierno federal a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.




Pero volvamos a la Quinta González de Cosío-Acosta en la entonces Avenida Juárez, y cuyo acceso aparecía en 1899, ilustrando los -Alrededores de México -, como “Verja de la quinta del Sr. Gral. Don González Cosío” en Coyoacán…


Transgredir esa cancela, permitía andar los ochenta metros de un camino bordeado por grandes abetos, que con amplia glorieta remataba en la escalinata de acceso a la casa, que así aprovechaba parte de la estructura del viejo Rancho Panzacola...

Ahí, con un diseño que entretejía líneas de corte académico –con cantera formando marcos, cornisas y balaustres– con un fastuoso pórtico antepuesto de carácter historicista –trabajado en hierro, lámina de zinc y madera–, estaba la nueva edificación, con sus 1,900 m² construidos en dos niveles y medio sótano…



Mirando la casa desde el acceso, hacia el poniente -al lado izquierdo- un ala de la edificación rematada en amplia “Bay Window”, albergaba salón principal abajo y habitaciones del General arriba, mientras que del lado derecho, la saliente rematada en balcones, recibía el comedor abajo y habitaciones de doña Luz arriba; al extremo derecho –hacia el oriente– un ala con fachada rustica albergaba cocinas y espacios de servicio abajo y habitaciones de los hijos arriba.

Al centro, el pórtico delimitado por esbeltas dobles y triples columnas, marcaba el acceso principal con una saliente que recibía la escalinata y daba paso al recibidor, vestíbulos y escalera, mientras que arriba formaba una amplia terraza que al centro proyectaba una habitación cerrada –pero rodeada de cristaleras– que de origen se diseñó como capilla; ese pórtico y saliente superior, estaban decorados con una distintiva ornamentación metálica de inspiración pompeyana, entonada de encendidos colores y rematada por un friso con tímpano y acróteras.


El conjunto general de la casa sigue ahí, aunque al paso de los años, ha sufrido algunas intervenciones, donde la más relevante fue el retiro del pórtico original y el reemplazo por uno de estructura de concreto y piedra que no lo sustituye con exactitud; la pérdida más importante es la habitación pensada de origen como capilla, que desapareció por completo, y la incorporación –en planta baja– de una parte de aquel corredor abierto.

En su recuento de la carrea del general Manuel González de Cosío, Constancio Peña Idiáquez enfatiza:
“En la memoria de todos están los trabajos emprendidos por el señor González Cosío como Secretario de Gobernación y el empleo de General de Brigada que se le concedió con fecha 12 de Febrero de 1900; pero no debemos pasar en silencio la parte más importante de esa labor: la construcción del Hospital General, la conclusión é inauguración de la Penitenciaría, construcción de un Manicomio general, reglamentación de los servicios de policía, mejoramiento notable en el ramo de Beneficencia Pública, cuyos establecimientos se vigilan é inspeccionan cuidadosamente; organización y reglamentación de la Beneficencia privada, y, por fin, como obra de inmensa trascendencia, el saneamiento de la ciudad de México”.



El General Manuel González de Cosío Tamayo se retiró a su Quinta de Coyoacán en noviembre de 1911 y murió ahí el 14 de diciembre 1913, habiendo sido testigo de los tristes acontecimientos de la Decena Trágica y condenando las acciones de Manuel Mondragón y Victoriano Huerta.

Ya para 1929, en el “Atlas General del Distrito Federal… Su descripción más completa, profusamente ilustrada con mapas, fotografías y gráficas… Formada por orden del Sr. Dr. José M. Puig Casuranc.” mostraba para la zona urbana de Coyoacán entre el río de la Magdalena, el Reformatorio para mujeres (marcado con el N°2) y la avenida Juárez –aquellos terrenos del Rancho Panzacola–, dos “Calle Nueva” que ahora corresponden a Salvador Novo y Parras.



Desde entonces Coyoacán se ha modificado de manera radical, y además de los cambios políticos y económicos, el crecimiento demográfico y urbano han dejado su marca; básteme ejemplificarlo con una imagen aérea –oblicua– captada en 1939:
Al centro, la recién terminada glorieta de Avenida de la Taxqueña –que se trazó como nuevo camino a la Hacienda de Coapa y ahora conocemos como Av. Miguel Ángel de Quevedo– y a cuyo trazo he agregado la que sería la Avenida Universidad creada hasta 1954; abajo a la derecha, se distingue el Jardín de la Bombilla con la parte alta del monumento a Álvaro Obregón, inaugurado en julio de 1935 mientras que arriba a la derecha, se ven claramente los escurrimientos del “Pedregal” donde ahora se asientan las colonias Romero de Terreros, Copilco y Santo Domingo. Al centro izquierda he señalado el sitio donde desde 1895 se edificó la casa González de Cosío-Acosta, que para 1918 dejó de serlo…



Luego de la muerte del General González y por más de cien años, la casa ha sido objeto de leyendas, intrigas e incógnitas, y dada su reciente popularidad como escenario televisivo, motivo de especulación respecto a su propiedad, especulación que va desde “el sobrino de María Victoria” (Juan Zepeda) y la familia Aburto, hasta las ficticias familias Balvanera y De La Riva…



Por años, dado que colindaba con la casa del licenciado Miguel De la Madrid Hurtado (con acceso por Parras N° 30), se especuló que era de su propiedad, posesión que también se adjudicó a la familia Lombardo, y más reciente, agregados un prominente pórtico y mansarda de utilería como tercer piso, la casa figuró de manera destacada en la telenovela “Por siempre mi amor”, producida por Ignacio Sada Madero para Univisión en 2014 como “Residencia De la Riva” y según entiendo, será también escenario principal en "El Señor de los Cielos 2"...


Como “Mansión Balvanera” la casa González de Cosío-Acosta fue el centro de “Amores verdaderos”, producida por Nicandro Díaz González para Televisa en el 2012 y en la que Erika Buenfil protagonizó a Victoria Balvanera Gil de Brizz, “…dueña de unas grandes tierras y una prestigiosa agencia de publicidad”.



Aunque al paso del tiempo -cuando pasó a la propiedad del ingeniero Rafael Aburto- la casa perdió parte de sus jardines, el predio actual aún cuenta 3,991 m² y sorprendentemente, sigue teniendo el mismo tipo de reja que aparece en las imágenes de 1889, aunque la celosía que permitía mirar el jardín desde la calle ha sido sustituida por un muro cerrado.



En 1928, hacia el oriente se abrió una “Calle Nueva” –ahora Salvador Novo– y parte del jardín fue vendido y fincado con frentes hacia esa calle; por eso, la colindancia del jardín se modificó sustancialmente, aunque sigue siendo sorprendentemente extenso y con profuso arbolado –destacan dos grandes Palmeras (Phoenix canariensis) y un par de esbeltas Palmera de abanico (Livistona chinensis) flanqueando el acceso a la casa–, aunque ha perdido los viejos abetos del S. XIX que heredó del Rancho Panzacola...



Al interior los espacios se han modificado de manera sustancial y aunque la escalera principal permanece, casi ninguno de los interiores mantiene íntegros los decorados de 1895; en su período como “Casa Porfiriana” algunas habitaciones se amueblaron recreando aquel período pero mereciendo contados halagos, aunque el antiguo comedor, lograba ilustrar dignamente lo que debió haber sido la casa del S. XIX.



Lo que de origen fuera el pórtico en planta baja quedó cerrado, formando una apretada antesala que da acceso a los grandes salones y sus nuevos usos; no puedo evitar el imaginarlo abierto, con piso de mosaico y limitado el techo por esbeltas columnas pareadas pintadas en ocre intenso…



Por el momento, la casa está ocupada por el Instituto Mexicano para la Justicia (IMJUS) que se define como “…un think tank independiente, sin fines de lucro, que dedica sus esfuerzos al fortalecimiento de la Justicia y del Estado de Derecho en México.”

Ahí se imparten cursos, presenta libros y organizan eventos, que van desde un mercado de productos orgánicos en el jardín y cursos de cocina al interior, hasta clases de fotografía y altares para festejar el día de muertos (abajo, foto de Santiago Luengas Araujo, captada en 2017).



Como sucede con buena parte de las moradas de Coyoacán, la casa González de Cosío-Acosta en lo que fuera la Avenida Juárez y ahora conocemos como Francisco Sosa, es un magnífico retrato de la historia de nuestro país.




Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.


Conforme haya más entradas (ya son más de 80), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html ver













jueves, 14 de febrero de 2019

La casa de don Alberto Robles Gil y Tolsá en General Prim N° 30, Colonia Juárez.




Hacia 1899, el ingeniero Alberto Robles Gil adquirió un predio con miras a edificar para su familia una residencia en la Ciudad de México, inmueble que debía obedecer a su jerarquía como constructor que incursionaba ya en la política del país. Luego de la decena trágica y la toma de la ciudad por las diversas fracciones revolucionarias, la casa cayó en mengua al ser ocupada desde 1938 por diversos giros mercantiles; desde 2014 ha sido promovida como un nuevo sitio “Cool” para eventos, que cultivan el hechizo de su declinación como “Proyecto Público Prim”…



En el terreno de curiosa geometría y poco más de 1,250m², la edificación de dos patios y espectacular escalera se acerca a los 2,200m² construidos en dos niveles, inmueble que según nos dice Jimena González Yuste, perteneció de origen al ingeniero Alberto Robles Gil, quien la edificó para su esposa, María Luisa Souza de Robles Gil y donde habitarían sus tres hijos; el matrimonio ocupó la casa durante 30 años (don Alberto murió en 1936), tiempo en el que fue testigo de la salida de México del Presidente Díaz, el ascenso de Madero y el golpe que llamamos “La Decena Trágica” -inicio de la etapa más violenta de la Revolución Mexicana-, así como del nombramiento de don Alberto como ministro de Fomento...


Nacido en Guadalajara el 16 de diciembre de 1865 y tercero de diez hermanos ‒Manuel (que casó con Guadalupe Dávalos Barajas), Sara, Alberto, Victoria, Jorge, Eulalia, Miguel, María (que casó con Nicolás Puga Verea), Carlos (que casó con Luz María Martínez-Gallardo España) y Luis (que casó con Concepción Mendoza Álvarez)‒ Alberto Robles Gil y Tolsá es recordado como constructor del “Toreo de la Condesa” en 1906 y Gobernador de Jalisco entre agosto de 1911 y octubre de1912, aunque su trayectoria es mucho más compleja y variada; fue hijo de don Emeterio Robles Gil Ibarra –abogado, diputado local constituyente, Gobernador de Jalisco y autor de El Gozo en el pozo y ¿Quién de ustedes es Perico? – y Eulalia Tolsá y Parra, nieta de Manuel Vicente Agustín Tolsá y Sarrión que creó la estatua ecuestre de Carlos IV, diseñó el Colegio de Minería y terminó la Catedral Metropolitana.


Aunque las investigaciones han demostrado lo contrario, la tradición indicaba que la casa de Manuel Tolsá –donde creció Romualdo Tolsá Sanz, abuelo de Alberto– estuvo en la avenida Hombres Ilustres -detrás del Palacio de Bellas Artes-, en una construcción que tomó parte del edificio de la Mariscala de Castilla haciendo esquina con lo que hoy conocemos como Eje Central y que aparece arriba en una fotografía de 1909. Aquel edificio sería de enorme consecuencia en la arquitectura del período y sería referente durante el inicio del S. XX. (ver) fue destruido sin dejar huella, aunque sobre el mismo trazo de calle, aún podemos encontrar cuatro obras destacadísimas del escultor y arquitecto: los trabajos de terminación de la Catedral Metropolitana, la estatua ecuestre de Carlos IV y el Palacio de Minería, así como el Palacio del Conde de Buenavista…



Con ese significativo ascendente familiar, Alberto Robles Gil estudió ingeniería y se graduó como Ingeniero militar, buscando siempre rodearse de destacados diseñadores y artistas en su natal Guadalajara; en 1892 casó con Maria Luisa Souza del Castillo Negrete, con quien engendraría tres hijos (María Luisa –n.1894-, Margarita –n.1896-, Alberto Alfonso –n.1903- todos Robles Gil Souza), período en que decidió trasladar residencia a la ciudad de México para promover su despacho de edificación.



Hacia 1896 con Francisco Martínez Negrete Alva –a quien frecuentaba por ser también accionista de la Compañía de Tranvías de Guadalajara– se aventuró en la nueva “Compañía Industrial Manufacturera de Guadalajara, S.A. de Río Grande” y edificó en lo que había sido la Hacienda Jesús María –al lado de la caída de agua del Río Grande de Santiago – el edificio para la fábrica.


Nos cuenta Jorge Durand que:
“Los planos y estilo arquitectónico seguían el modelo impuesto en Inglaterra para centros industriales y comerciales. La colonia de Río Grande estaba compuesta por dos grandes conjuntos de edificios: la Fábrica y el poblado. El centro fabril seguía el modelo arquitectónico yorquino de grandes muros de ladrillo cara limpia, un pórtico imponente de cerca de 20 metros de alto por donde se ingresaba a una plaza interna frente a la cual aparecían dos grandes pabellones correspondientes a los departamentos de hilados y tejidos. Al centro se elevaba una torrecilla con reloj público de cuatro carátulas. Además había edificios menores donde estaban los departamentos de mecánica, carpintería, almacenes -donde se recibían las pacas de algodón y donde se guardaban los rollos de telas terminados-, oficinas administrativas, laboratorio para elaborar y controlar los tintes de los estampados, una pequeña central hidroeléctrica propia que aprovechaba la caída de agua y de donde salían los malacates que trasmitían la fuerza motriz”.



Y sigue Durand describiendo su visita:
“…seguí mi andar y a pocos pasos fui maravillado por un enorme arco, conformado por doble arco, de medio punto y con dovelas dentadas, sobre columnas dóricas, remata en triangulo. El arco enmarca la hermosa fachada principal de la fábrica, digna de admirarse, es de dos pisos y con vanos arqueados, la puerta principal con arco escarzano y de dos hojas con postigo, arriba de la cornisa una gran ventana en arco de medio punto, la clave expresa un medallón, por lado hay una media columna y enseguida dos columnas, que soportan un fantástico arco escarzano, donde surgen almenas y una bella torre de planta cuadrada, y en sus cuatro caras presume de un señorial reloj parisino, de caratula redonda, los remates de la torre fueron triangulares, haciendo la perspectiva de los techos, es la obra más inglesa de Jalisco. Había unas cabezas de león y de bronce, que desaguaban a una fuente de cantera, donde posaba un soldado romano de mármol.”


Desde 1902, un grupo de empresarios tapatíos constituyó la "Compañía de Tranvías de Guadalajara", y la “Compañía Eléctrica de Luz y Fuerza”, para introducir a la ciudad vehículos eléctricos, propuesta en la que participaría don Alberto. A principios de 1905, se edificó con su asesoría un inmueble en el terreno de San Fernando (hoy el Occidental y el ex-cine Metropolitan) para albergar las oficinas y almacenes de este servicio; el edificio era de dos pisos y cubierto de cantera blanca y roja. La planta baja estaba destinada para almacén de carros y góndolas, talleres de montado y reparaciones, así como despachos para el personal de servicios. En la planta alta, oficinas del director general, secretaría, contaduría y caja, despachadores y jefes de personal.



Pero el ingeniero Alberto Robles Gil tenía planes aún más ambiciosos en la capital:

Ya desde 1900, había hecho diseños para habilitar el templo del Convento de San Agustín que desde abril de 1884 albergaba la Biblioteca Nacional; hacia 1902, por indicaciones de don Justino Fernández Mondoño, diseñó y edificó una portada frente a la capilla del Tercer Orden, fachada que daba unidad al conjunto eliminando el escalonamiento de la capilla original y disimulando su hundimiento…

Abajo, inserta en una toma de “Vistas Mexicanas (246)” de A. Briquet, la fachada con que el ingeniero Robles Gil dio unidad al que fuera Templo de San Agustín (repitiendo elementos que ya habían sustituido la portada lateral –que de origen mostraba un relieve de la Virgen de Guadalupe– en la intervención de don Vicente de Heredia de 1882) con una portada sobrepuesta a la fachada de la capilla lateral.



En 1906 un nuevo coso taurino para la ciudad de México le fue encomendado, contratado por la “Nueva Empresa El Toreo S.A.” como autor y director de un proyecto en la manzana 48 de la naciente colonia Condesa que debía terminarse en menos de un año. Contratada con Oscar Braniff, la estructura de hierro fue traída de Bélgica, mientras que pisos de las lumbreras y del tendido se hicieron en cemento –vanguardia en ese momento–; la plaza diseñada para alojar a 23 mil espectadores se inauguró el 22 de septiembre de 1907 y causó admiración para con su constructor. (ver)


Aquel coso se conservaría ahí hasta 1946, cuando luego de la inauguración de la Plaza México, la plaza de la Condesa cerró sus graderías y se trasladó a Naucalpan, en lo que alguna vez fue la hacienda de Los Leones, punto de referencia y entronque de cuatro antiguos caminos reales que comunicaban a la Ciudad de México con Cuautitlán, Tacuba y Huixquilucan. Para 1947 la estructura metálica de aquel “Toreo de la Condesa”, rearmada y ampliada –envuelta en una estructura de concreto– se transformó en “El Toreo de Cuatro Caminos” inaugurado en noviembre y que funcionó ininterrumpidamente hasta 1968, aunque sin estar totalmente terminado. Eventualmente se le cubriría con una enorme cúpula que nunca se remató de manera conveniente y en el año 2000 fue destruido para dar lugar a una plaza comercial.



Así, para 1908, la familia Robles Gil del Castillo Negrete ya gozaba del prestigio social y la comodidad económica que el auge edificador de la primera década del siglo XX marcó en México. En ese año, el ingeniero Robles Gil ganó además el primer premio en el concurso para el Monumento a la Independencia en Guadalajara con el diseño del arquitecto Eulalio González del Campo y esculturas de Vicente Gusmeri Capra, en una estructura ejecutada para febrero de 1910 y develada en Septiembre, coincidiendo con la Fiestas del Centenario de la Independencia de México...



Como parte del “Concurso Científico y Artístico del Centenario”, para 1911, don Alberto publicaba “La ciudad de México y sus construcciones bajo los puntos de vista de su estabilidad y de la legislación actual en la materia. Estudio presentado por el Sr. Ing. D. Alberto Robles Gil en nombre de la Academia N. de Ingeniería y Arquitectura.”, que publicado en México por “Tipográfica de la viuda de F. Díaz de León, sucs.”, enmendaría las reglamentaciones constructivas de la ciudad de México.



Además, también en 1911, don Alberto participó en el concurso para el nuevo templo Catedralicio de la Diócesis de Querétaro, en que se especificaba que los proyectos deberían ser de orden románico o gótico y el costo no debía exceder el millón y medio de pesos; los concursantes fueron el propio ingeniero Alberto Robles Gil, Felipe B. Noriega (queretano), Carlos Noriega (autor del proyecto del monumento a La Corregidora), Guillermo Heredia (autor del diseño para el Panteón Nacional), Manuel Torres Torrija (que diseñó el Teatro lírico en la calle República de Cuba) y Manuel G. Velazco, cuyo proyecto resultó ganador. El edificio diseñado en terrenos del convento de Santa clara nunca se edificó…



Pero volvamos a la casa en lo que ahora conocemos como la Colonia Juárez, edificada en el N° 30 de la Calle dedicada a Joan Prim y Prats, conde de Reus, marqués de los Castillejos y vizconde del Bruch, Capitán general de Puerto Rico, defensor de los intereses de Cataluña y presidente del Consejo de Ministros en 1869 y 70, que estuvo al frente del cuerpo expedicionario español con plenos poderes al desembarcar en Veracruz en enero de 1862 y se trasladó después a Orizaba aunque luego de la firma de los Tratados preliminares de La Soledad, ordenó la retirada de sus tropas; hombre casi ignorado, al que simplemente llamamos General Prim…


Además, Prim había casado en 1856 con Francisca Agüero y González, hija de don Francisco de Agüero y Salas -un conocido banquero mexicano de la época- y Antonia González Echevarría -1ª Condesa de Agüero-, situación que le permitió libertades; luego de elegido como Rey de España Amadeo de Saboya, Joan Prim sufrió un atentado el día 27 y murió el 30 de diciembre de 1870, para pasar de uno de hombres más influyentes en la España del momento, a uno de los estadistas más admirados del S. XIX y justamente por eso en la nueva urbanización aledaña al viejo Paseo de Bucareli, se le rindió homenaje desde 1899.



Con fruición, don Salvador Novo relata las delicias que aquel “Paseo Nuevo” que había sido inaugurado en 1778 y que ahora conocemos simplemente como “Bucareli”, y
“…que estuvo poblado con más de dos mil hermosos fresnosy hacía la delicia de paseantes; trazado sobre los terrenos desecados de una zona pantanosa, la anchurosa vía contaba tres carriles pareados ‒un par para coches, otro para caballos‒ y a los extremos un par jardinado y dedicado a los caminantes. Contaba tres rotondas con soberbias fuentes (de las que una sobrevive en la Plaza Loreto , frente a Santa Teresa la Nueva), y en la glorieta mayor, una con el escudo de la ciudad que sería sustituida por otra que representaba a “La Patria”.


Abajo, en una imagen de 1876 y que mira hacia el norte sobre el Paseo (antes de la reducción en que perdió jardines), puede verse la glorieta al cruce con la hoy calle de Atenas y Emilio Dondé (sitio en que ahora está el “Reloj Chino”), y al fondo se adivina la estatua ecuestre de Carlos IV en el encuentro de los Paseos de la Reforma y Bucareli.


Aprovechando la ampliación hacia el sur que permitía el Paseo y ya en las inmediaciones de la “Garita de Belém” ‒lindando con el acueducto que aún traía agua de Chapultepec, y apenas a unos metros del Colegio de Belén de las Mochas (que para 1863 se transformaría en la Cárcel de Belem) ‒ se había edificado la Real Fábrica de Puros y Cigarros de México –resultado directo de las Reformas borbónicas en Nueva España– que fue construida entre 1793 y 1807, terminada por el arquitecto español José Antonio González Velázquez. De origen, el propio virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa encargó el diseño al ingeniero militar Miguel Constanzó, aunque fue Miguel Mascaró quien ejecutó el diseño final en 1788 y para 1793 se encargó la construcción a González Velázquez, entonces director de arquitectura de la Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes de la Nueva España. La construcción fue suspendida en 1801 y finalmente -en 1805-, el arquitecto Ignacio Castera reinició los trabajos terminándolos en 1807.


En ese 1807 el tabaco de Veracruz entraba ya por la puerta sur de La fábrica para ser clasificado según su calidad y frescura; esas hojas se asoleaban y pasaban a manos de las mujeres en los patios del norte para forja y terminado, mientras que los hombres en los patios del sur descargaban materia prima y movían el producto acabado; finalmente, el tabaco empacado dejaba el edificio por la puerta norte…

Aquella manufactura funcionó apenas ocho años; la independencia sofocó el monopolio del tabaco y convirtió el edificio en cuartel general y cárcel -uso muy acorde con su fortificado aspecto-, por lo que aquella fábrica fue rebautizada como “La Ciudadela”. Ahí dentro estuvo preso por más de un mes el cura José María Morelos y Pavón, hasta que salió rumbo a su fusilamiento ‒en Ecatepec‒ en diciembre de 1815; desde en 1912, el sacerdote da la espalda a “La Ciudadela” de pié sobre un pedestal en la estatua fundida en su honor -en la plaza que lleva su nombre- frente a la puerta norte del recinto que para entonces era “Fábrica Nacional de Armas” y “Museo de Artillería”.



Así, frente al Paseo de Bucareli, muy cerca de “La Ciudadela” y la “Cárcel de Belém”, se trazó una nueva calle que ligaba el Paseo de la Reforma con el de Bucareli, sobre terrenos que habían pertenecido a los hermanos Limantour y a la familia Borges-Días, atravesando el predio de los almacenes de tranvías, para llegar a la calle de Osorio (hoy Atenas) que ligaba la Fábrica de Armas con la Hacienda de la Teja, por lo que hoy conocemos como la calle Manuel Villalongín…
¡Un magnifico y eficiente camino para llegar a la “Estación Colonia” del Ferrocarril Nacional!


Arriba, en un fragmento del plano de la Ciudad de México correspondiente a 1897, aparece el VI cuartel donde destaca el edificio de “La Ciudadela” ya transformada en Fábrica Nacional de Armas, y los Paseos de Bucareli y Reforma; al centro de la imagen, se distingue al sur de la “glorieta grande” del paseo de Bucareli el “Depósito de los tranvías de vía angosta”, correspondiente al inmueble que fungía como oficinas para la terminal, maniobras y depósito del “Tranvía de vía Angosta de México / Tacubaya y Mixcoac”; como referencia, una estrella marca el sitio donde se construyó la casa de la familia Robles Gil del Castillo Negrete.

Con servicio de tracción animal primero y eléctrica después, su principal ruta –llamada “La Cima” – salía del Zócalo, tomaba hacia al sur sobre 5 de Febrero (usaré los nombres actuales), hasta Uruguay, Revillagigedo, Morelos, Paseo de Bucareli, Avenida Chapultepec, luego Pedro Antonio de los Santos, Revolución hasta Barranca del Muerto donde estaba el manicomio de la ciudad “La Castañeda”. Para 1898 la empresa se incorporó a “Transportes eléctricos de la Ciudad de México” y el terreno se puso a la venta, cortado por mitad para trazar la nueva calle dedicada al General Prim.


Arriba, en un fragmento del plano de la Ciudad de México correspondiente a 1907, una estrella marca el sitio donde se construyó la casa de la familia Robles Gil del Castillo Negrete, en el N° 30 de la calle General Prim, entre el Paseo de Bucareli y la calle de Limantour (ahora dedicada al jefe del maderismo Abraham González Casavantes). Justo enfrente, aprovechando parte de una edificación preexistente, el arquitecto Emilio Dondé Percigat diseñó una casa que sería ejecutada por el ingeniero Rafael García y Sánchez Facio para don Feliciano Cobián F. y Rosalía Fernández del Valle, edificio que desde 1911 alberga la Secretaría de Gobernación en el “Palacio Cobián”… (ver)



Así como el señor Cobián adquirió parte de lo que había sido el edificio de “La compañía del Tranvía de vía Angosta de México / Tacubaya y Mixcoac”, el ingeniero Robles Gil adquirió desde 1898 un fragmento del “Depósito de los tranvías de vía angosta” –probablemente por su relación con la "Compañía de Tranvías de Guadalajara"‒, por lo que el predio resultó de extraña geometría con estrecho frente a la nueva calle, aunque generosos 1,251m² al centro de la manzana.

A inicio del S. XX, difícilmente se podía pensar en un mejor vecindario, apenas a unos metros del Paseo Bucareli, con nueva infraestructura que incluía abastecimiento de agua a presión y alcantarillado oculto, y con nuevas residencias señoriales edificándose en los alrededores, y un desarrollo hacia el poniente que se transformaría en la “Colonia Americana” y eventualmente en “Colonia Juárez”.



¡Y qué servicios!
Apenas a dos calles, estaban las instalaciones de don Máximo López Ornilla que en 1903 ofrecía “Construcción y Reparación de toda clase de Carruajes”, además de “Alquiler de Coches de lujo por día y por mes, con Caballos ó sin ellos… y a precios cómodos”.



Trabajando con el arquitecto Alcérrega (no está claro si Ventura Alcérrega –autor de la casa de don Francisco Espinosa en la calle Patoni ver ‒ o Ignacio Alcérrega y Comonfort) el Ingeniero Robles Gil preparó desde 1899 el diseño para una casa que en disposición más respondía a los viejos dictados coloniales que a las tendencias académicas de vanguardia.

A la casa se accedía por un amplio pero alargado corredor, que en “L” daba paso a un par de patios que articulaban los espacios de la vivienda y una espectacular escalera, que sin duda debía rendir homenaje a las creadas por Manuel Tolsá en el Palacio del Conde de Buenavista y Palacio de Minería.



Una de las sorprendentes peculiaridades de la casa, cosa que no necesariamente resulta evidente para quien en primera instancia la visita, es la amplitud de los patios y sus corredores, holgura lograda por la estructura metálica y en voladizo con que se obró el inmueble; aunque el esquema de patio pudiera parecer una solución añeja, la estructura de vigas metálicas que soportan bóvedas baídas de ladrillo -con un sistema generalmente llamado “Bóveda catalana” (“volta catalana”)- resulta de asombrosa versatilidad y en el caso de los patios, permitió desaparecer las tradicionales arcadas y/o soportes perimetrales…



Aunque el predio tiene una ligera desviación en las perpendiculares del trazo (seguramente debido a que el rasgo dejado por el depósito de tranvías no coincidió exactamente con el trazo de la calle y manzana), los ejes de pasillos, patios y escalera de la casa se ordenan perfectamente, dejando las irregularidades perimetrales al interior de las habitaciones; así, el esquema en “L” permite un espléndido acceso lateral al punto donde eje de escalera y patios se ordenan.



Así, el patio principal no solamente se abre con los 8 x 8 metros que tiene de luz en los huecos, sino que se amplía a sorprendentes 15 x 15 metros (asombrosos 225m² libres al centro del edificio) gracias al sistema constructivo que evade soportes interiores. El resultado es asombroso, y aunque en imágenes parece pequeño, ese espacio del patio principal y su perspectiva desde la escalera hacia el segundo patio interior, resulta memorable aunque su estado actual sea ruinoso...


El acceso desde la calle de General Prim, se da gracias a un ancho pero extenso pasillo (más de veintiún metros de largo y tres de ancho) que además de desembocar en patio y escaleras, marcaba un recorrido punteado por nichos, grandes puertas, iluminación cenital y candiles.

Además, contra la colindancia poniente, se permitía el acceso al gran espacio que por un período ocuparon el despacho del ingeniero y algunas dependencias de servicio; el amplísimo espacio de gran altura –que gracias a la estructura metálica y bóveda enladrillada permite un área libre de 7 x 24m.– al paso de los años ha servido para incontables usos y ahora tiene acceso directo a la calle, porque se demolió el antepecho de la gran ventana; al mismo tiempo, ese gran local tenía acceso tanto a la escalera principal como a los locales posteriores, pasando a través de un ingenioso pasillo de servicio que bajo la escalera principal, permitía el paso a dependencias alejadas.



Ya dentro, el segundo patio –y sus 97m²– permiten amplitud inusitada al interior del edificio, que con un amplio salón entre patios, no añora vistas a la calle y permite interesantes perspectivas que mantienen la tradición palaciega de “Suite ou Enfilade” de planos sucesivos...


Aunque la gran escalera de diseño imperial es el elemento más conspicuo en el diseño de conjunto, su estado actual hace casi imposible imaginarla en su período de apogeo, habiendo perdido acabados originales y sufriendo deterioro en las diversas superficies; aun así, la cuantía espacial del hueco que la alberga y la inevitable referencia a las escalinatas de don Manuel Tolsá, son de interés inevitable.



Ya arriba, la doble desembocadura de la escalera con un balconcillo semielíptico y corredor que da acceso a las diversas habitaciones es también sitio espacioso y agradable, cubierto nuevamente por los volados de la estructura de viguetas y cañones de tabique, pero abierto hacia el amplio patio e iluminado por ventanales y tragaluz.

En ese pasillo de la parte alta –con más de tres metros de ancho y limitado por barandilla de hierro forjado–, una docena de puertas con marco ornamentado dan acceso a las diversas habitaciones de la zona privada de la residencia; en imágenes recientes, a pesar del deterioro del edificio, puede percibirse lo generoso y atractivo del espacio.





Mención especial merecen las cartelas ornamentales sobre el dintel de las puertas, que con diseño alusivo a los elementos neoclásicos trabajados en la obra de Tolsá, presentan repisas sobre ménsulas de acantos y roleos geométricos que enmarcan cartuchos ovalados –sin inscripción–rodeados de ornamentaciones diversas.


La calidad ornamental de esas cartelas, me hace pensar que para el periodo en que se ejecutaron, colaboraba ya el arquitecto Gorozpe con el ingeniero Robles Gil, cosa que no es descabellada, considerando que poco tiempo después, Manuel Gorozpe diseñó y ejecutó para doña Maria Luisa Souza del Castillo Negrete un conjunto de casas en el predio colindante –en el N°32 de General Prim–.



Me permito aclarar que parecería haber varios autores en lo que se refiere al diseño de ornamentaciones, en particular una discrepancia entre la decoración interior y la de fachada, que con ornamentación exuberante –aunque menos estudiada– hace referencia a motivos de la tradición rococó; compárese los “cartouches” de los dinteles de puertas interiores (arriba) con el que remata el arco de la serliana del balcón principal en fachada (abajo) que con exuberantes roleos y hojarasca refleja una tradición que se desvía de aquellos cánones que intentan ser de inspiración neoclásica.


También en fachada, el balcón sobre el acceso principal obedece a esa distintiva diversidad estilística, y me permite aseverar que la residencia del ingeniero Robles Gil no solo es ecléctica en su ornamentación, sino que tiene una ornamentación de ecléctica diversidad…


Aunque deteriorada –severamente en algunos sitios–, esa ornamentación de la fachada es de sí un catálogo de influencias finiseculares, con sillares de colorido alternante y corte biselado que evidencia el despiece de dovelas en dinteles y arcos, fustes exentos y tritostilados, arcos de trazo diverso, ménsulas con grifones,rejas de magnífica factura, guirnaldas de hojas de roble con bellotas y hasta una solemne piedra clave con león melenudo -símbolo de poder, fuerza y sabiduría-.





Aunque la casa llega a nosotros ciertamente deteriorada y totalmente desprovista de amueblado y acabados interiores originales, es fácil imaginarla en su período de esplendor, más aún si hacemos referencia a otras edificadas y amuebladas en el mismo momento, como la que para la familia de don Sebastián B. de Mier y su esposa doña Guadalupe Cuevas Rubio, fuera edificada en 1899 por el ingeniero José Francisco Serrano (ver) o la que desde 1896 edificaba el ingeniero Luis Bacmeister para Juan Antonio Azurmendi Zamora y Dolores De Teresa Miranda en la que sería Colonia San Rafael (ver)


Arriba, una imagen captada en 1908 que al pie dice: “Doña Guadalupe Cuevas y Rubio de De Mier Almendaro, con sus hija y nieta, doña Leonor de Mier de Rincón Gallardo, condesa de Regla y Leonor Rincón Gallardo y de Mier -actualmente señora de Riba y Landa-”, en el magnífico “Jardin d’hiver” de la casa de Ribera de San Cosme N°3. Abajo, el patio interior y escalera de la casa N°30 de General Prim –residencia del ingeniero Alberto Robles Gil y su esposa Maria Luisa Souza del Castillo Negrete‒ en su estado actual.



Más relevante aún imaginar que desde 1911, el ingeniero Robles Gil fungía como gobernador del estado de Jalisco -entre agosto de 1911 y octubre de 1912-, luego de tres desastrosos interinatos (Manuel Cuesta, Emiliano Robles y David Gutiérrez) y que después de convocar a elecciones entregó el mando del estado al licenciado José López Portillo y Rojas, cuando a la cabeza del gobierno de México ya estaba Francisco I. Madero.
Abajo, don Alberto Robles Gil en octubre de 1912, durante una ceremonia en Guadalajara donde al centro del grupo aparece el nuevo gobernador José López Portillo y Rojas.



Para final de 1912, don Alberto había regresado a la Ciudad de México y desde principio de 1913, formó parte importante del grupo que respaldando a Félix Díaz se oponía a las decisiones y políticas del presidente Madero -causando huelgas, reclamos por los derechos de los trabajadores y las peticiones para restringir la entrada de capital extranjero-. Abajo, en una fotografía de Manuel Ramos marcada como “Reunión en la Embajada” aparecen sentados el propio ingeniero Robles Gil al lado de los generales Manuel Mondragón y Félix Díaz Prieto con el abogado Rodolfo Reyes Ochoa, hijo del general Bernardo Reyes.



En febrero de 1913, se dio un golpe militar que por duración conocemos como “Decena Trágica”; un grupo de disidentes comandado por el general Manuel Mondragón se levantó en armas y puso en libertad a Bernardo Reyes y Félix Díaz, generales presos en Tlaltelolco; luego, asaltaron Palacio Nacional y decretaron estado de sitio. En el Castillo de Chapultepec, Madero fue informado de lo sucedido (por teléfono), y salió rumbo al Palacio custodiado por cadetes del Colegio Militar, gendarmes de la capital, miembros de su gabinete y amigos; así, llegó al Zócalo, en lo que se selló como la “Marcha de la Lealtad”...



El episodio es relevante porque luego del primer fracaso- y la comprensible conmoción entre la ciudadanía- , los sublevados se desbandaron, para reagruparse luego con Díaz y Mondragón refugiados en La Ciudadela. Desde ahí -el 11 de febrero-, iniciaron las acciones bélicas contra objetivos dispersos en la ciudad, causando pánico generalizo entre la población. La zona aledaña a la Ciudadela –Museo y Almacén militar y fábrica de armamento y municiones– sería epicentro de la lucha, querella que en semanas siguientes recrearía Manuel Ramos como parte del trabajo fotográfico que le encomendó el nuevo gobierno.


Arriba: “Tiradores felicistas en batalla desde La Ciudadela”, recreación de Manuel Ramos; en la toma reactuada sobre el acceso central del edificio (nótese el astabandera y la parte trasera del cartucho de la fachada), aparecen tiradores, heridos y rescatista, y al fondo -centro izquierda- se distingue la estructura del Palacio Legislativo; a la extrema izquierda la calle de General Prim…

Las luchas crearían desconcierto entre los pobladores y durante los días de enfrentamiento, varios inmuebles fueron severamente dañados; algunos, muy cerca de la casa Robles Gil - Souza, destacando daños a la residencia Scherer en la esquina de Paseo de la Reforma y Versalles (ver) o el reloj que la comunidad china había obsequiado a la cuidad, colocado desde 1910 sobre la “Glorieta grande” del Paseo de Bucareli (ver).



Luego de la renuncia del presidente Madero y vicepresidente Pino Suárez –el 19 de febrero–, serían asesinados frente a la prisión de Lecumberri –el 22 de febrero–; cuando Pedro Lascuráin presentara esas renuncias ante el Congreso, fue nombrado Presidente Interino y renunció luego de nombrar a Victoriano Huerta como secretario de Gobernación, escalando así éste la presidencia de México.


En la imagen de arriba, el primer gabinete del presidente Huerta (sentado al centro) que quedó entonces integrado por Francisco León de la Barra en la Secretaría de Relaciones Exteriores (sentado a la izquierda), Alberto García Granados como Secretario de Gobernación (sentado a la derecha), Rodolfo Reyes a cargo de la Secretaría de Justicia (de pie, al lado de León de la Barra) Manuel Mondragón en la Secretaría de Guerra y Marina (de pie a la derecha de Huerta), Jorge Vera Estañol a cargo de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes (de pie a la izquierda de Huerta), y Alberto Robles Gil en Fomento que se transformó en Secretaría de Agricultura y Colonización (de pie a la extrema derecha).

Abajo “El reloj de Bucareli”, toma captada el 20 de febrero de 1913, cuando apenas a unas cuadras –en Palacio Nacional– Alberto Robles Gil había sido nombrado titular de la Secretaría de Fomento; en la foto -detrás del reloj-, la casa de don Eduardo Rincón Gallardo –ahora parte de la Secretaría de Gobernación–, y a la izquierda de la toma, se distingue la casa que entonces ocupaba la esquina de Paseo de Bucareli y General Prim.


A pesar de la evidente desolación del entorno, específicamente la zona del Paseo de Bucareli cercana al reloj Chino, La Ciudadela y la casa de don Alberto, los meses que siguieron a la toma de posesión de Huerta, deben haber sido para Robles Gil un período de intensa actividad y satisfacción, aunque su puesto en el gabinete apenas duró del 19 de febrero al 8 de julio de ese 1913; por lo mismo, durante esos cinco meses la casa de General Prim 30 fue seguramente sitio de actividad permanente, reuniones constantes y exuberantes celebraciones...



Don Alberto dejó el gabinete por diferencias con el Presidente a principio de Julio, coincidiendo con los levantamientos armados, la reunión de representantes del Ejército Constitucionalista y la División del Norte en Torreón donde acordaron permanecer aliados y convocar a una Convención revolucionaria, así como la toma –el 8 de julio– de la ciudad de Guadalajara por las fuerzas comandadas por Álvaro Obregón.

Para el 15 de julio, Huerta renuncia a la presidencia y huye del país, dando inicio al período más cruel de la lucha revolucionaria mexicana, período en el que sorprendentemente doña Maria Luisa permaneció en la casa de General Prim con su esposo…



Don Alberto murió el 03 de mayo de 1936 y su viuda dejó la casa para habitar en la calle de Monterrey N°55 –entre Durango y Oaxaca– que para 1943 recibió el teléfono 14-07-82; el inmueble de tres niveles aún existe, con transformaciones para recibir usos completamente distintos al residencial. Entretanto, la casa de General Prim N° 30 fue arrendada a la tabacalera que comercializaba tabaco cultivado en Nayarit, Veracruz y Jalisco; la compañía Manufacturera “El Águila, S.A.” competía con El Buen Tono y para 1936, La Moderna y El Águila decidieron crear “Tabaco en Rama, S . A.” consorcio que ocupó la casa y sus patios.



El uso como oficina y luego bodega deterioró significativamente la vivienda y hacia 1966 quedó desocupada; en abandono, el menoscabo fue significativo y para el inicio del S. XX los acabados interiores se habían perdido a causa de goteras generalizadas. Hacia 2013 –en peligro de desplome y/o demolición– el predio fue adquirido como una aventura que desde 2014 –luego de algunas intervenciones indispensables para dar uso a los espacios– recibió el nombre de “Proyecto Público Prim”.



Muy diversas han sido las actividades que alberga Prim 30, con exposiciones de arte, bodas, “happenings” y pasarelas que aprovechan el hechizo de la decadente estructura. Diversas también han sido las maneras en que se aprovecha el espacio y muchas las ambientaciones que se han dado a patios y escalera.



Es claro que la escalera principal es siempre uno de los atractivos primordiales y de manera recurrente, sitio focal para el desarrollo de diligencias de enorme diversidad que no solamente incluyen subir y bajar, recuerdo de lo que fuera la casa…



El patio principal y su pasillo de acceso son también sitios que de manera recurrente captan la atención de quienes usan los generosos espacios y no puedo evitar preguntarme si los expeditos ocupantes modernos tienen idea de lo que ahí sucedía hace poco más de cien años, cuando la casa era habitada la familia Robles Gil…





Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (ya son más de 80), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html
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