lunes, 12 de noviembre de 2018

La casa de la familia Gómez-Munguía en la calle del Risco 240 -Pedregal-


Una de las pérdidas más tristes para la arquitectura moderna de la Ciudad de México…



Sobre el promontorio basáltico de un magnífico predio de 3,437m², en el entonces extravagante y despoblado fraccionamiento “Jardines del Pedregal de San Ángel”, el doctor Federico Gómez Santos encargó al arquitecto Francisco Artigas la construcción de una casa para la familia; la edificación se terminó en 1952 siguiendo un diseño del año anterior y resultó ser uno de los ejemplos más distintivos de la arquitectura moderna del período. Desafortunadamente, estando la edificación indemne y en buenas condiciones, fue destruida en 2004 –incluyendo una pintura mural en el vestíbulo, ejecutada por Federico Eppens– y el terreno es ahora ocupado por un conjunto residencial que en nada recuerda aquel patrimonio.




PEDREGAL...

El paisaje agreste de aquella zona había sido inspiración literaria para Federico Gamboa en Santa -de 1903-, causa de curiosidad arqueológica para Manuel Gamio y motivo de interés pictórico por parte de Joaquín Quirico Marcelino Clausell Traconis que dio infusión a la pasión histórica de Gerardo Murillo Cornado -recordado como “Dr. Atl”- que hacia 1921 publicó “El origen del Pedregal de San Ángel”.
Abajo, “El Pedregal”, óleo de Joaquín Clausell que es parte del acervo del Museo Nacional de Arte.



En páginas de Santa, nos cuenta Gamboa que era ese un lugar
“…inexplorado todavía en más de lo que supone su mitad, volcánico todo, inmenso, salpicado de grupos de arbustos, de monolitos colosales, de piedras lisas o encordado declive, y arroyos clarísimos de ignorados orígenes, que serpean y se ocultan y reaparecen a la distancia, ó sin ruido se despeñan en oquedades y abras que la yerba disimula criminalmente; cavernas y grietas profundas, negras, llenas de zarzas, de misterio, de plantas de hojas disformes, heráldicas casi por su forma; simas muy hondas, hondísimas, a cuyas paredes se adhieren y retuercen cactus fantásticos y donde tienden el vuelo pájaros siniestros, corpulentos, que remontan por los aires, muy alto en amplias espirales lentas…”




Para la década de 1940-49, los aparentemente “estériles y colosales monolitos de encordado declive” en ese Pedregal eran objeto de interés y estudio por parte de varios especialistas, desde Gerardo Murillo y Luis Barragán, hasta Diego Rivera que encontraba extraordinariamente atractivo el agreste sitio en tanto concebía “El Anahuacalli” en el pedregal de Santo Domingo -otra zona pedregosa al Este de San Ángel- incluyendo al fotógrafo Armando Salas Portugal que creaba “Vistas de la región más transparente” de la que un ejemplo aparece arriba...

De hecho, probablemente en 1943, Diego Rivera escribió un breve pero sorprendente documento con el encabezado “Requisitos para la organización de El Pedregal” –que en 1949 se publicó por Barragán y los hermanos Bustamante y que aparece abajo– en que proponía lineamientos básicos para el desarrollo de las amplias extensiones cubiertas por lava donde él edificaría al poco tiempo el “Anahuacalli”, ahora “Museo Diego Rivera”:
“Nada se conseguiría si las construcciones destruyeran la belleza natural del lugar. Para evitarlo, basta con fijar unas cuantas condiciones de construcción que desde luego redundarían enteramente en beneficio de los propietarios: Primera.- No se permitiría el destruir más que parcialmente una de las tres capas de lava que constituyen el manto basáltico…”




Entre los interesados por aquellos terrenos, sobresalen los hermanos José Alberto y Luis Bustamante, que con Luis Barragán iniciaron en 1943 la compra de terrenos en la sección Nor-Oeste de la asolada área, adquisición que alcanzaría los 3’000,000m² y que hacia 1947 se transformaría en un nuevo fraccionamiento de amplios terrenos residenciales. El arquitecto Barragán desarrolló el plan urbano para la firma “Jardines del Pedregal de San Ángel, S.A.”, nombre que recibió aquella sociedad; para el conjunto diseñó jardines, obras ornamentales -con Mathias Goeritz- y un par de casas -con Max Cetto- que mostraban las nuevas opciones de aquellos parajes, además de establecer las normas de construcción y lineamientos para evitar destruir la ruda belleza de aquel paisaje. El desarrollo del Pedregal ocupó a Barragán de 1945 hasta 1952, año en que se separó de la empresa.



Arriba, Luis Barragán en su despacho de Tacubaya durante el proceso de diseño de ampliación para la segunda sección urbanizada de Jardines del Pedregal de San Ángel, foto en que he marcado el sitio donde para 1952 se erigió la casa Gómez-Munguía en la calle del Risco 240, de la que trata ésta nota.

Abajo, uno de los jardines diseñados por Luís Barragán como muestra, en fotografía de Armando Salas Portugal, donde al fondo se distingue la cañada de “Los dinamos”; a la derecha, anuncio que apareció en Excelsior el 6 de julio de 1958, como parte de la campaña publicitaria de “Inmobiliaria y Comercial Bustamante S.A de C.V.”



Las primeras edificaciones del fraccionamiento se construirían para don Eduardo Prieto López –siguiendo un diseño de Luís Barragán– y Max Cetto –con diseño del propio arquitecto– iniciando en 1947 y terminándose en 1952. Con Max Cetto, Barragán diseñó también dos casas en los lotes 10 y 12 cercanos al acceso principal del fraccionamiento (“Casas Muestra” en lo que ahora es Avenida de las Fuentes N°130 y 140) casas que aún existen aunque han sido alteradas; en un estilo que Alejandro Aptilon ha denominado “de Rusticidad Contemporánea”, la casa muestra del N°140 se diseñó en 1949 y edificó al año siguiente, como ejemplo de los espacios habitables que el fraccionamiento proponía y se mostraba abierta al exterior incorporando -ya sometidos- los agrestes exteriores del pedregal…



Para 1950, aparece en la escena de Jardines del Pedregal de San Ángel el arquitecto Francisco Artigas, que indudablemente implantará un lenguaje que marcaría el estilo arquitectónico por el que más se recuerda el fraccionamiento; con la casa Chávez Peón primero y caseta de ventas (2) después, edificadas ambas en 1950, el fraccionamiento adquiere un impulso comercial que resolvía un período en que las ventas no respondían a lo esperado por los promotores.



Hijo del general del mismo nombre, “Francisco Artigas es el primer arquitecto que viene a la mente al pensar en el estilo arquitectónico del Pedregal de San Ángel, en los años cincuenta y sesenta” como bien nos dice Alejandro Hernández Gálvez . Estudió ingeniería en la ciudad de México, pero abandonó la carrera; tras construir varias obras en Culiacán, regresó a la ciudad de México y se asoció con Santiago Greenham en compañía de quien diseñó esa primera casa en el pedregal -la Chávez Peón- y para 1952, la del número 240 de la calle del Risco, novedosa interpretación de los lineamientos de Barragán y buen ejemplo de síntesis de aquello que Richard Neutra, Rudolf Schindler y Charles Eames producían…


En 1950 el doctor Federico Gómez Santos había comprado un magnífico predio doble con cerca de 7,000m² a la inmobiliaria de los hermanos Bustamante, y probablemente por aproximación norteña y asombro ante la “caseta de ventas” o la casa Chávez Peón, encargó en 1951 a Francisco Artigas la construcción de una nueva casa para la familia, en sustitución de la que habitaban en la Avenida insurgentes N° 756 (donde hoy se levanta el edificio que alberga la CONDUSEF). El predio incorporaba una importante protuberancia rocosa desde la que las vistas hacia el norte y la Ciudad eran espectaculares y la historia cuenta que es precisamente ahí que solicitó al arquitecto levantar la casa –haciendo eco a la historia de la “Casa de la cascada”, que para la familia Kaufmann diseñó en 1936 el arquitecto Frank Lloyd Wright–.



A la manera de lo que Max Cetto había hecho poco antes en la Calle del Agua N° 130, la casa se retiraría a la parte trasera del predio, colocándose sobre uno de los “estériles y colosales monolitos de encordado declive” que en Santa describe Federico Gamboa, para dejar al frente un amplio camino que serpenteando da acceso a la casa y exhibe lo que Rivera proponía: “Nada se conseguiría si las construcciones destruyeran la belleza natural del lugar”...

Federico Gómez Santos que contaba entonces 55 años, había nacido en 1897 –en el poblado de Zaragoza, estado de Coahuila- hijo de un maestro de escuela; cursó la primaria en su pueblo natal y completó estudios preparatorios en el Ateneo Fuente para ingresar a la Escuela Médico Militar de donde egresó en 1921 y según nos cuenta el Dr. Jesús Lozoya S., los primeros años de vida profesional los desarrolló en campaña en la Huasteca Hidalguense y la dirección del Hospital Militar de Pachuca, aunque su interés se enfilaba por la pediatría.


Luego, el doctor Gómez realizó un internado en el Saint Louis Children’s Hospital de Missouri -en los Estados Unidos- y a su regreso asciendió a teniente coronel cuando en 1929 se le designa profesor de pediatría en la Escuela Médico Militar, cátedra en la que se desempeña hasta 1948. Desde 1924, había casado con Ana Munguía con quien procrearía tres hijos -Ma. Elena, Raúl y Enrique- para quienes edificaría en 1929 una residencia sobre la avenida de los Insurgentes, esquina con Santa Bárbara en la colonia del Valle.

Aunque desde 1933 los doctores Rigoberto Aguilar, Mariano Romero y Federico Gómez habían solicitado al presidente de México -Abelardo L. Rodríguez- la construcción de un hospital para niños, no sería sino hasta 1943 que Manuel Ávila Camacho inaugura el Hospital Infantil de México, a la cabeza del que estaría el Dr. Federico Gómez Santos, novedoso hospital con diseño del arquitecto José Villagrán sobre un terrero 20,000 m², a un costado del Hospital General de México. Además, hacia 1951 el ya General Gómez Santos se hizo cargo de la Sección Materno-Infantil de la Oficina Sanitaria Panamericana, en Washington, por lo que sus viajes y vida social se incrementaron de forma importante, en tanto que luego ocupó la Dirección General de Sanidad Militar. Abajo, el Hospital Infantil de México en 1943 -año de su inauguración- y que desafortunadamente fue demolido luego del sismo de 1985 y sustituido por un nuevo edificio inaugurado recientemente...





En 1949, probablemente a sugerencia de Luis Bustamante, el Dr. Gómez compró un amplio terreno en aquel pedregal –lote doble que contaba cerca de 7,000m²-, reservándose cerca de la mitad para la edificación que usaría como eje/pivote una gran roca sobre la que su hijo menor Enrique gustaba escalar; aparentemente, el arquitecto Artigas no fue la primera opción, pero para 1951, se había creado un anteproyecto sorprendente, que reproduzco aquí gracias a la amabilidad de Fernando Luna.



La idea era desplantar la casa SOBRE la estructura basáltica y dejar su escurrimiento “pahoehoe” (del hawaiano pāhoehoe, que significa "suave" o encordada, que es un escurrimiento de lavas basálticas que forma rugosidades que se asemejan a cuerdas) como soporte escultórico intocado, con las zonas públicas –mirando hacia el norte– gozando de las espectaculares vistas desde lo alto de la roca hacia el valle.

Así, -hacia el Norte y la calle- la casa estaría definida por apenas un par de losas deslindadas por cristales y una caja sólida -para los servicios-, que se posarían apenas con columnas sobre la formación rocosa donde una grieta recibía la escalera de acceso.

Decía Marcel Breuer
“La arquitectura moderna no es un estilo, sino una forma de vida”.




Revisar la planta resulta interesante, y gracias al dibujo que apareció en la revista “Arquitectos de México” (N° 9-10) de febrero 1960, donde se muestra la sección trasera del predio y resulta clara la distribución, podemos ver las zonas públicas hacia el Norte y lo privado hacia el Sur; con estudio, estancia y comedor gozando de las mejores vistas hacia el Nor-Oriente –con más de diez metros sobre el nivel de la calle–, mientras que las habitaciones buscaban refugio en un jardín y orientaciones Sur-oriente, el acceso se daba desde la calle de Risco con un amplio camino para autos que ascendía los primeros metros de la pendiente, dejando a la escalera el ascenso final hasta el vestíbulo.



En la esquina Este del terreno -en una hondonada preexistente a altura intermedia-, se labró además una albera que daría el toque exótico al conjunto exterior y quedaba ligada a una terraza cubierta y sección de servicios como sitio ideal para fiestas de verano…



En buena medida, es gracias a las fotografías de Roberto Luna que aparecieron en infinidad de publicaciones, que podemos apreciar los espacios interiores de la casa y comprender la sorpresa que en los habitantes de la ciudad causaban los diseños que Artigas proponía para El Pedregal.




Desde su terminación en 1952 la residencia de la familia Gómez-Munguía se transformó en símbolo de Jardines del Pedregal de San Ángel y no es de sorprender que gracias a su influencia, se generara una oleada de nuevas edificaciones en el fraccionamiento, varias de ellas encargadas al arquitecto Artigas, incluyendo las nuevas residencias de los promotores del fraccionamiento José Alberto Bustamante (1955, en Agua 868) y Luis Bustamante (1966, en Agua 833). Además, por años la casa Gómez-Munguía sirvió como parte de la campaña publicitaria del fraccionamiento…



Abajo, en una toma oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1954, que mira hacia el oriente y en la que he marcado la casa de la familia Gómez-Munguía en la calle del Risco 240, podemos ver abajo a la izquierda la Avenida San Jerónimo y los accesos al fraccionamiento por la calle de Agua y Avenida de la Fuentes -con los jardines de Barragán y la escultura "El Animal del pedregal" de Goertiz-; el cuenco basáltico que se aprecia abajo a la derecha, está ahora ocupado por estacionamientos y la tienda “The Home Depot” del conjunto comercial San Jerónimo sobre el Anillo Periférico. Nótese que para entonces había cerca de cuarenta casas edificadas en el fraccionamiento “Jardines del Pedregal de San Ángel”…



Siempre me ha resultado sorprendente la modernidad de la casa Gómez-Munguía y aunque durante mi infancia la asocié con los autos de pronunciadas aletas y faros que simulaban propulsores de cohete espacial, los automóviles de su período eran los vehículos de la década anterior, máquinas de la posguerra y de las que el Mercedes-Benz 220 presentado en 1953 (que en México se conoció como “Bolita”) era fiel representante.



Cuando en 1955 se llevó a pantalla el guión de Janet y Luis Alcoriza para “El Inocente”, Antonio Matouk y Rogelio A. González escogieron la casa Gómez-Munguía para presentar los exteriores de la casa de “Mané” -protagonizada por Silvia Pinal- y donde “Cruci” ” -protagonizado por Pedro Infante- es invitado a celebrar el Año Nuevo, sin imaginar que la inocente velada terminará en comedia de enredos…


Gracias también a encuadres de José Ortiz Ramos, en esa cinta podemos ver el amplio camino de acceso que comunicaba la calle con la casa, así como la explanada que llevaba a las escaleras de acceso a la casa y los estacionamientos cubiertos…



Aunque parte de la documentación fotográfica es en imágenes Blanco y Negro, las reproducciones “A Color” de las fotografías de Roberto Luna son extraordinario documento y permiten entender aún mejor el impacto de aquel diseño de 1952.





Para el Hospital Infantil y en la década del 50’, el Dr. Gómez encargó la creación a diversos murales a connotados artistas plásticos, tarea que en parte recayó en el pintor Francisco Eppens primero –con temas “Madre Fértil” y “Desnutrición” – y Diego Rivera después –con “Los niños pidiendo posada” y “La piñata” –, trabajos como eco al mural que Eppens pintó en el vestíbulo de la casa de Risco 240, fresco que evocaba las erupciones que crearon los flujos magmáticos sobre los que se alzaba la estructura.


Francisco Eppens Helguera (1913- 1990) fue un ilustrador y muralista mexicano que es recordado por sus obras de gran formato y por rediseñar en 1968 el escudo nacional mexicano, aunque mucha de su obra es bien conocida –si bien ignorada– al figurar en los timbres postales dibujados para los Talleres de Impresión de Valores y Estampillas (entre 1935 y 1953) además de innumerables carteles para la Secretaría de Hacienda. Eppens creó murales como los del Hospital Infantil de México, el edificio central del PRI y el Teatro Morelos de Aguascalientes, además de “La vida, la muerte, el mestizaje y los cuatro elementos” en la Facultad de Medicina de la UNAM, y “La superación del hombre por medio de la cultura” en la Facultad de Odontología.



La casa de Risco 240 se mantuvo durante los años cincuenta como el prototipo de las residencias del Pedregal, y aunque se edificaron otras casas notables en la zona, la “Casa Gómez” sería modelo a seguir; el propio arquitecto Artigas ejecutó otras varias residencias, incluyendo la “Casa de los Patos” para don Francisco Blanco –en Paseos del Pedregal – (Ver) y la casa para Stanley Wasung –proyecto de 1957 en cerrada de Risco 151- pero conservó siempre enorme cariño por la casa que desde la calle El Risco se mostraba esplendida.



En la casa que Francisco Artigas ocupaba en San Ángel como residencia y despacho –sobre la Calle Del Carmen y colindando con el Jardín de la Bombilla– su oficina fué decorada con un collage fotográfico donde presentaba algunos éxitos residenciales, composición en la que se mostraba como logro -al haber obtenido diversos premios y reconocimientos internacionales-, la casa diseñada en 1951 sobre la gran roca de Risco 240.



Siempre me ha resultado interesante el que fuera Artigas quien proporcionara una alternativa viable a las propuestas que Barragán y Cetto daban a la idea de Diego Rivera para reducir costos en la cimentación de los edificios, y crear en El Pedregal jardines agradables:
“En las grietas horizontales en donde se ha acumulado la tierra vegetal transportada por el aire, la materia orgánica vegetal y animal, son maravillosos receptáculos para la plantación de árboles y arbustos florales, siendo de una fertilidad extraordinaria, mucho mayor que en cualesquier otro lugar del Valle de México.”




En Risco 240, un penoso accidente concretó que se cegara la alberca frente al acceso de la casa, por lo que en las imágenes posteriores a 1959 el espejo azul había desaparecido.

Nos cuenta el doctor Lázaro Benavides Vázquez que en febrero de 1963 el Dr. Gómez renunció al cargo de Director del Hospital Infantil de México, para inaugurar y dirigir el Hospital de Pediatría del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en el Centro Médico Nacional. Terminó su discurso de despedida a los que lo habían acompañado desde la fundación del Hospital Infantil con:
" ... Tengo la absoluta convicción y el más acendrado deseo de que la juventud pediátrica que ha crecido a la sombra de nuestra Institución y se ha desarrollado a través de los canales científicos y éticos que ella ha marcado, la llevará a niveles científicos mucho más altos de los que ha tenido hasta ahora”.



Mi padre conoció al Dr. Gómez y en algunas ocasiones visitamos su casa; de aquel período son mis recuerdos vivos de aquel sitio, cuando llegar al Pedregal era una aventura y pasear sobre la calle de Risco un suceso que incluía el pasar por las rejas del 240, donde sobre la lava se posaba una casa de enormes cristales y entre magueyes y agapandos, un Plymouth 61 –Fury– mostraba su silueta de aletas y propulsores espaciales…


En 1966 el Dr. Gómez Santos se retiró de toda labor profesional activa y murió el 9 de enero de 1980 dejando la casa a sus herederos que la conservaron hasta 2004, cuando para diciembre el inmueble de 1952 fue destruido a fin de liberar el terreno en que se edificaría un conjunto residencial de siete casas, que tristemente poco aprovecharían el complejo terreno.



En imágenes captadas por Luis Gordoa en noviembre de 2004 la casa aparece incólume. Me cuenta el fotógrafo que cuando se le dio acceso a la casa –justo antes de la demolición–, se retiraban los muebles y dentro había cajas repletas de objetos, por lo que apenas se hicieron tomas interiores.

En la imagen de arriba, donde se apartaron parte de las cortinas, puede verse una de las sillas del amueblado original, colocada ahí para mostrar la transparencia del volumen y hacer evidente el tamaño de los planos de cristal. Abajo, una toma del vestíbulo bajo, captada desde la entrada de la escalera de las cocheras; al fondo, la puerta de acceso y escalera que sube al vestíbulo de la casa, mientras que al centro aparece una banca y a la derecha la pintura mural de Francisco Eppens, que desafortunadamente se perdió.





La fotografía de abajo, última imagen de la casa -que se captó a final de 2004 y que reproduzco gracias a la amabilidad de Luis Gordoa-, muestra una construcción a escasos cincuenta y dos años de edificada, en perfectas condiciones estructurales y magnífica representante de la arquitectura moderna en México, justo antes de ser destruida por la irracional opresión inmobiliaria.



El nuevo conjunto terminado en 2006, aprovecha los 3,437m² para brindar espacio a una calle central y siete casas de variado metraje y jardines correspondientes, pero desafortunadamente las formaciones basálticas del predio se han eliminado o ignorado (aunque en la parte trasera del predio parecen haber generado problemas para desplantar las residencias), y de la casa Gómez-Munguía no queda rastro en la calle del Risco N°240.



Mucho ha cambiado la Ciudad de México en sesenta años y “Jardines del Pedregal de San Ángel” no es la excepción; apenas queda el recuerdo de los jardines de acceso al fraccionamiento, donde “El animal del Pedregal” daba la bienvenida a los visitantes desde 1951 en la Avenida de la Fuentes.







Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (ésta es ya la 80), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html ver





























































miércoles, 31 de octubre de 2018

Casa de la familia Suberbie Mendiola en Paseo de la Reforma 296


Predio ocupado luego por el “Cine Latino” y ahora “Torre Reforma Latino”…


La casa que para 1949 dejó de ser residencia de Emilio Suberbie y Enriqueta Mendiola fue edificada entre 1923 y 24 sobre un terreno adquirido desde 1914 por don Felipe Suberbie Ramonfaur en el número 296 del Paseo de la Reforma, entre las calles dedicadas a Génova y Belgrado de la Colonia Juárez. La casa fue destruida para edificar el “Cine Latino” inaugurado en 1960 siguiendo un diseño de Romero, Vergara y Salazar, y luego de largo período de abandono demolido para edificar la “Torre Reforma Latino” con diseño de Landa+Martínez Arquitectos que fuera inaugurada en 2016.





Don Emilio Suberbie Fernández, nació el 24 de enero 1892 en Chihuahua, hijo de Felipe (Philippe) Suberbie Ramonfaur y Josefa Fernández Escontrías (n. 1861). Para octubre de 1920, Había casado en Chihuahua, con Enriqueta Mendiola Rosambeau (1893-1961) con quien procreó cinco hijos; don Emilio es recordado por su importante papel en la Cervecería Moctezuma de Orizaba –siguiendo los pasos de su padre–, “Extractos y Maltas SA”, Central de maltas y Banco de México.



La familia Suberbie traza su origen a la comuna francesa de Monein, en la región de Aquitania, al sur del país y al pie de los Pirineos; cercana a Pau, Lourdes, Bayona y Biarritz, en pleno Bearn vinícola, zona afamada por el Jurançon, dulce y dorado vino blanco de ilustre historia. Así, en 1553, Enrique de Borbón (el futuro Enrique III de Navarra y Henri IV de Francia) fue bautizado en Pau a la usanza bernesa, frotados los labios con ajo y mojada la frente con unas gotas de Jurançon, calificado hasta bien entrado el siglo XIX como “vino de Reyes y rey de los vinos”.



La familia Suberbie era de tradición agrícola y hasta la fecha, un camino que sale de Monein hacia el sur, se conoce como “Chemin Suberbie”. Nos cuenta Isabel Suberbie que “…nuestro ancestro Jean Suberbie era viticultor; una parte de la familia emigró a Biarritz, otra a Bordeaux y nuestro bisabuelo Philippe a México, donde se casó con Josefina Fernández.”

Aquel Philippe Suberbie Ramonfaur (1861-1915) era hijo de Baptiste Suberbie Ranbez y Françoise Ramonfaur Berduc y dada la confusa situación económica de la zona en 1875 partió camino a América buscando mejor futuro. Hacia 1877 se estableció primero Chihuahua y luego en Veracruz, y en 1886 casó con Josefa Fernández Escontrías (nacida y bautizada en la arquidiócesis de Chihuahua el 17 de noviembre de 1861 e hija de Ignacio Fernández Villegas y María de Jesús Escontrías González) con quien procreó cinco hijos de los que solo dos sobrevivieron: Jesús de Dios (n.1887), Josefina (n. 1889 que casaría en 1921 con José Félix Bezaury Falomir), Emilio (n. 1892 que casaría en 1920 con Enriqueta Mendiola Rosambeau), Juan y Carmen, todos Suberbie Fernández.



Don Felipe (que transformó el Philippe de su infancia) resultó ser magnífico administrador, y hacia 1896 se involucró en una cervecería que Enrique Mantey y Guillermo Haase habían fundado en la ciudad de Orizaba, parte del impulso industrializador de la ciudad, encabezada por las fábricas textiles de la “Compañía industrial de Orizaba”(luego CIDOSA); la cervecería formada en 1894 se reestructuró como una Sociedad Anónima en 1896, y bajo el nombre de “Cervecería Moctezuma, S.A.” agregó capital alemán a través de los Señores Adolph Burhardt, Cuno Von Alten y Emilia Settekorn de Mantey, así como capital francés representado por Felipe Suberbie, respaldado por la Société Financière pour l'Industrie au Méxique.

Abajo, en una imagen captada en 1898 por el fotógrafo Juan D.-Vasallo , cuando iniciaban los trabajos de ampliación, la “CERVECERÍA MOCTEZUMA” aparece la fachada sur del edificio y lo que hoy es la calle 10 Sur (Poniente 17) en Orizaba; al fondo, la inconfundible silueta del Cerro del Borrego.



Con Adolph Burhardt como maestro cervecero y aprovechando la pureza de la infiltración del deshielo del Pico de Orizaba (volcán Citlaltépetl), la Cervecería Moctezuma llegó al mercado con cerveza tipo Pilsener en maracas como La Luna, La Flor, La hija de Moctezuma, Juárez y MODELO.

En los últimos años del S.XIX la cerveza comenzó a sustituir al pulque en el paladar mexicano y gracias a su fácil conservación se elevó como la nueva bebida de elección e impulsó el crecimiento de esa industria y la competencia entre productores, entre los que “Cervecería Mocezuma” destacó.



Además, para 1900 la “Moctezuma” recibió medalla de Oro en la “Exposición Universal de París” y para el año siguiente, bajo la dirección de don Felipe, el capital francés pasó a predominar en la empresa emprendiéndose un periodo de modernización y crecimiento, incluyendo en 1912 la adquisición de la Cervecería El Salto del Agua, y con ella la marca de cerveza “El Sol”…

Con la Société Financière pour l'Industrie au Mexique -fundada por Jean Signoret-, sus ligas al Banco de Londres y México -dirigido ya entonces por Joseph Signoret-, y la comunidad Barcelonnette, los Suberbie pasaron a formar parte del sector financiero que hacia 1910 se perfilaba como señero en el nuevo siglo mexicano y así, Felipe Suberbie Ramanfour dirigiría “Cervecería Moctezuma, S.A.” hasta su muerte en 1915, cargo en el que lo sustituiría su hijo, Emilio Suberbie Fernández de cuya casa trata ésta nota...




Aunque Josefina y Emilio habían nacido en Chihuahua, la familia residía desde 1896 en Orizaba y para 1899, don Felipe consideró adquirir un predio en la ciudad de México para edificar una residencia permanente en la capital. Su búsqueda debe haberse visto orientada por los ejecutivos del Banco de Londres y México, y en particular por don Thomas Braniff, que en ese periodo estaba involucrado en la promoción de los predios que había adquirido en 1896 y que de origen habían formado parte de la Hacienda de la Teja y el Rancho de los Cuartos y más adelante pasaron a ser parte de la “Colonia la Teja”, sitio en que se había trazado la Calzada encomendada por Maximiliano I de México, para comunicar la ciudad con Chapultepec.

Desde 1897 la administración de la ciudad decidió ampliar aquel Paseo entre la glorieta de Cuauhtémoc (al cruce con Insurgentes) y Chapultepec, y para 1903 se decidió edificar un monumento –dedicado a la Independencia de México– en la “Glorieta Grande” del Paseo, por lo que para los primeros año del siglo XX, esa zona del Paseo de la Reforma y la nueva ampliación a la colonia Juárez, era el sitio más suntuoso y deseable de la ciudad. (Ver)


Arriba, en un plano fechado en 1907 que reproduzco gracias a la generosidad de Javier Balbás, aparece la zona del Paseo de la Reforma entre la Glorieta a Cuauhtémoc y el “Castillo” de Chapultepec, donde he marcado el sitio por el que don Felipe se interesó. Es importante hacer notar que la distribución actual no coincide con el proyecto de las calles señaladas en el plano, ya que aunque el trazo para las Calles Reforma 9 y 12 Sur, coinciden con las actuales Niza y Florencia, a Génova y Amberes (que retoman Reforma 10 y 11 Sur) se agregaron Copenhague, Belgrado, Estocolmo y Berna…

No tengo datos específicos de cómo o cuando se dio la transacción, pero para 1914, un amplio predio sobre el Paseo de la Reforma (incluyendo el marcado con el N°296) aparece como propiedad de doña Josefa Fernández Escontrías de Suberbie, aunque en algunas fuentes y desde 1915 aparece también como parte de las propiedades de Raúl de Colombres F. –dato que también registra Ignacio Ulloa del Río en su investigación–. De cualquier modo, esa posesión pasaría a propiedad de Emilio Suberbie Fernández y sobre el predio con número 296 y hacia 1923 –luego de su matrimonio con Enriqueta Mendiola en octubre de 1920– se comenzaría a edificar una nueva casa.

Abajo, en una imagen captada desde lo alto del capitel de la columna del Monumento a la Independencia de México captada alrededor de 1921 o 22, aparece hacia el oriente el Paseo de la Reforma, y en lejanía (arriba a la izquierda) se distingue la estructura del inconcluso Palacio Legislativo; abajo a la derecha, los terrenos –usados entonces como campos de juego– donde se edificaría la casa Suberbie-Mendiola, cuando aún no se trazaban las calles de Belgrado y Estrasburgo.




Luego de la muerte de don Felipe en 1917, Emilio –de 25 años– tomó las riendas de la Cervecería Moctezuma e inició una serie de transformaciones administrativas que resultarían relevantes para el futuro de la compañía –como la creación de Corrugados Tehuacán (COTESA), que inició sus operaciones en 1936 para proveer las cajas de cartón donde empacar la cerveza–, aunque daría también inicio a un proceso de agregación que la transformaría en parte de un gran conglomerado cervecero que hoy conocemos como “Cuauhtémoc-Moctezuma / Heineken México”.

Un motivo de orgullo para los empleados, que desde junio de 1911 habían obtenido entre sus prestaciones de trabajo el descanso dominical, fue la creación del club de fútbol Moctezuma de Orizaba en 1932, equipo que jugaría en la Primera División mexicana, desde 1940 hasta 1950. Abajo, el MOCTEZUMA DE ORIZABA en 1938, año en que se enfrentó a la selección del País Vasco.




Aunque Don Emilio se mantuvo a la cabeza de Cervecería Moctezuma, hacia 1941 don Raúl Bailleres Chávez, propietario del Banco de Crédito Minero y Mercantil, encabezó a inversionistas mexicanos que adquirieron la Cervecería Moctezuma luego de que la sociedad afrontara altibajos productivos. Además, Emilio Suberbie Fernández formaría parte de la Asociación Industrial Vallejo, que ahora incorpora a empresas tan diversas como “Cuauhtémoc-Moctezuma”, “Condumex” y “Coca-Cola Company”, hasta “ADO”, “Bimbo” y “Lala”, pasando por “Audi”, “Marian” y “Kohler”…

Desde 1939, Don Emilio formó parte del Consejo de Administración del Banco de México, fungiendo como Consejero Propietario de 1940 a 1949 y en 1951-52, 1966 y 67. Como tal, estampó su firma en algunos de los billetes emitidos por el Banco de México en aquellas décadas, cuando diseño e impresión se encomendaban a la American Bank Note Company; abajo, un admirado ejemplar de la serie BDA de 1967, billete que algunos quincuagenarios (o con aún más años a cuestas) recordarán con afecto…



El billete de veinte pesos mantuvo ese diseño por décadas y mostraba en el anverso el perfil de “La Corregidora” -doña Josefa Ortiz de Domínguez-, parte ineludible de la historia de la Independencia, complementado en el reverso por una perspectiva del “Palacio del Gobierno Federal en Querétaro”, en un magnífico trazo de lo que fuera el patio barroco del Claustro del ex-Convento de San Agustín y ahora llamamos Museo de Arte de Querétaro.

Para 1923, don Emilio Suberbie inició la edificación de una nueva residencia para su familia sobre un lote de 2,200m² y 39 metros frente a la avenida lateral –agregada en 1899– del Paseo de la Reforma; el predio registrado con el número 296, en una manzana limitada por las calles Génova, Amberes y Hamburgo, en la que para 1928 se abriría la “Calle cerrada” de Estrasburgo. Abajo, en una toma oblicua de la compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1932, destaca a la izquierda el Paseo de la Reforma con la “Columna de la Independencia” en la glorieta mayor, y a la derecha la parcialmente urbanizada Colonia Cuauhtémoc con calles nombradas por ríos de México (perpendiculares a Reforma) y el mundo (paralelos a Reforma); abajo a la izquierda se distingue la casa de la familia Suberbie-Mendiola.



Aunque desde 1917 –año en que falleció don Felipe Suberbie– se había encomendado el proyecto para una residencia al ingeniero Carlos Bello, todo parece indicar que cinco años después se siguió en lo general aquel diseño, con ajustes realizados posteriormente por su hijo. Debo aclarar que Ignacio Ulloa del Río en su libro “El Paseo de la Reforma, Crónica de una Época (1864-194)”, publicado en 1997 por la UNAM -ENEP Aragón-, nos dice que ese predio perteneció a la familia Colombres e incluye entre sus magníficos dibujos una vista de la casa tomada desde Reforma.



El ingeniero Bello es conocido por sus obras en la ciudad de Puebla de los Ángeles, diseños entre los que destacan la remodelación de la “Casa del Presidio” (de origen parte del Colegio de San Ignaciano de la Compañía de Jesús) en Reforma 717, así como las casas de Reforma 517 y 725 (esquina 9 Sur) que afortunadamente aún se conservan. La de la esquina de Av. Reforma y calle 9 sur, edificada justo frente a la Parroquia de San Marcos Evangelista y su convento (que ahora ocupa la Escuela Primaria Oficial "Carmen Serdán") alberga ahora el Plantel Reforma de la “Universidad Alva Edison” mientras que el N. 517 -residencia Bárcenas Cué-, encontramos ahora la “Casa Atelier”, y de la “Casa del presidio” -que de hecho es una remodelación ejecutada en 1905, se conserva la recia y templada ornamentación que sigue la boga de principio del siglo XX.



El ingeniero Carlos Bello fue el cuarto hijo de José Luis Bello y González, que