martes, 14 de mayo de 2019

La casa de Diego Redo y María Teresa Vidal, en Versalles N°28



Una de las notables casas ligadas al profiriato, que aún conserva la Ciudad de México –ahora, aún más sorprendente que en su estado original–, es la que durante 1909 edificó Don Diego Redo y en la que habitaría con su esposa María Teresa Vidal, en la Colonia Juárez. El inmueble que ha estado ahí por 110 años, se conserva en perfectas condiciones y aunque pasó por una mala época, ensanchó su terreno y fue recientemente intervenido y ampliado, poniéndolo al día con instalaciones y equipamiento de vanguardia; es ahora propiedad de un conocido coleccionista, una de las casas marco para su asombrosa compilación de arte...




Hacen falta tres aclaraciones preliminares: Aunque de origen la casa perteneció a doña Alejandra de la Vega y Vega viuda de Redo que ahí falleció a los 93 años, fue residencia de don Diego Redo y su esposa por un período significativo. La familia Redo –de tradición Sinaloense– ha repetido el nombre Diego en tres generaciones: Diego Redo De la Vega –del que trata ésta nota–, fue hijo de Joaquín Redo Balmaceda, y nieto de Diego Redo Rivadeneyra; sus hijos fueron Joaquín, Teresa (que casó con Juan Sánchez Navarro y Peón), Beatriz (que casó con Luis de Yturbe y Limantour), Alejandro y Diego Redo Vidal-Soler, últimos propietarios –Redo– de la casa en Versalles N° 28 de la colonia Juárez. La casa actual, goza de un terreno más amplio que el de origen y ésta nota se refiere a la edificación original en la que habitaron Diego Redo y su esposa María Teresa.




Don Joaquin Redo y Balmaceda nació en 1833 en Victoria de Durango –Estado de Durango–. Fue hijo de Francisca Balmaceda y Diego Redo Rivadeneyra, dueño de una importante casa comercial en la propia ciudad de Victoria de Durango; muy joven viajó a Culiacán, donde conoció a Alejandra de la Vega y Vega, hija de don Antonio Vega Rábago ‒el mayor de 17 hermanos y cabeza de una influyente familia en el terreno empresarial y político (Francisco de la Vega y Rábago sería gobernador en 1852)‒, con quien casó en Culiacán (él de 31 y ella de 19) en 1864.



Nos dice Gustavo Aguilar Aguilar que:
“Gracias a sus amistades y relación con los Vega Rábago, se abrió exitosamente camino en los negocios, además de sus intereses en la industria de transformación y en el comercio; fue adentrándose en la minería, transportes marítimos y se convirtió en propietario de fincas rústicas y urbanas”.

A raíz de su matrimonio con Alejandra de la Vega, Redo y Balmaceda se convirtió en propietario de la fábrica textil de la familia de la Vega; luego de la muerte de su suegro, cambió el nombre de la factoría a "El Coloso", y la transformó en una sobresaliente productora de telas de Sinaloa. Abajo, la fábrica “El Coloso –de Rodas–” hacia 1898.



Para 1866, don Joaquin fundó en Mazatlán con Juan Bautista Hernández y Martín Mendía, la casa comercial “La Torre de Babel” que vendía artículos diversos ‒ telas y muebles de Europa y Oriente, maquinaría y materiales para la industria minera y agrícola de los EEUU, además de alimentos y bebidas de importación‒ , y apenas dos años después, compró la fundición de Sinaloa que operaría como proveedor; en el tomo que en 1878 describe la industria en Sinaloa, se nos dice:
“El edificio que ocupa está situado en la esquina de la calle Principal y Vigía, y es el único de la población que consta de dos pisos y arriba un mirador. En la parte alta habita la dependencia de la casa –almacenándose además parte del inventario–, y en los bajos están la tienda, escritorio, tres salones y tres almacenes amplios, bien ventilados y adecuados á este clima. Para atender á las necesidades de la casa y á su numerosa clientela, tiene á su servicio diez y siete empleados.”

“El principal giro de la casa de que nos venimos ocupando es la lencería, de la que compra fuertes cantidades en Manchester, Hamburgo, París, New York y Barcelona, que se reciben por todos los vapores, y anualmente embarcan en buques de vela que parten de Hamburgo, vía Estrecho de Magallanes, con destino á Mazatlán, abarrotes, mercería y artículos gruesos para la minería y la agricultura, que por su poco valor no resisten el flete de vapor.”

“Hernández, Redo y Mendía son dueños de los cafetales Camila, Bismarck, Palo de Arco, Copalita, Llano Oscuro, Pacífico, El Paraíso y El Retiro, situados en la mejor zona cafetalera del Estado de Oaxaca, y exportan sus productos á todos los mejores mercados de Europa… Son banqueros de la California Powder Works (Sic.) y agentes para la venta en los Estados de Sonora, Sinaloa y Territorio de Baja California, de los productos de las fábricas Toledo Steel Works, de Scheffield -Inglterra-, y The Ropeways Syndicate de Londres, y de las máquinas de coser Domestic…”



En 1878, y ya como Senador de la República, formó “la Aurora” –“primera fábrica de azúcar en Sinaloa”– sobre tierras compradas desde 1873 al oriente de Culiacán. En marzo de 1900 se colocó la primera piedra de lo que sería el ingenio azucarero “Eldorado” –a unos 55 Km al sur de Culiacán–, que con maquinaria comprada al ingenio “Saint Claudius” –de Florida, desde donde se trajo rodeando Sudamérica por el Cabo de Hornos‒, y donde se levantó la primera zafra de marzo a mayo de 1903 con una sorprendente producción de 6’128,902 toneladas de caña.


Arriba, “Primera piedra del edificio del ingenio El dorado, Sinaloa 1901”, donde al centro-izquierda aparece don Joaquín; abajo, “Compuerta principal del canal de irrigación del ingenio La Primavera en 1898” [de CRESPO, H. Historia del azúcar en México, México, FCE] ingenio que se incorporó en 1902 a “Redo y Compañía”.




Es importante anotar que en éste período había en México un creciente consumo interno de azúcar y en los Estados Unidos –donde se había abolido la esclavitud, afectando severamente la producción de caña y su recolección–, la demanda había aumentado notablemente, creando un mercado de creciente valor en el que Redo se insertó de forma expedita.

Aunque desde 1866 existía una sociedad Agrícola-Industrial llamada “Redo y Cía.”, en agosto de 1902, se constituyó “Redo y Compañía” (con capital social de 210 mil pesos o dólares, pues la paridad era de uno a uno), encabezada por don Joaquín e incorporando a su esposa e hijos ‒Joaquín, María Beatriz, Diego y Alejandro Redo De la Vega‒, sociedad que concentró algunas propiedades en Oaxaca, el patrimonio de las fábricas de hilado y tejidos “El Coloso”, bienes producidos (azúcar y Alcohol) de “La Aurora”, con sus plantíos de caña, terrenos, implementos y maquinaria, incluyendo además la hacienda “Eldorado”, con sus edificios, fábrica, cañaverales (875,550 hectáreas de corte), implementos y casas, e incorporó también el predio “El Huijote” con sus plantaciones de maguey, alambique y maquinaria para la extracción de mezcal, con sus 6,405 hectáreas, e incluyó finalmente en “Redo y Compañía” la península de “Lucenilla”‒al suroeste de Culiacán‒ con sus 8,700 hectáreas. En la sociedad figuraba de manera circunscrita María Beatriz, que en 1891 había contraído matrimonio en el Sagrario de la Capital, con Juan Zaldívar Flórez.


Arriba, una asombrosa imagen de la familia Redo de la Vega en ese período -probablemente 1895-: aparecen de izquierda a derecha, Joaquin Redo De La Vega, Juan Zaldivar Y Flores esposo de Beatriz Redo De La Vega, doña Alejandra De La Vega De Redo, don Joaquin Redo Balmaceda, Diego Redo De La Vega -sentado- y Alejandro Redo De La Vega. Abajo, en otra fotografía de 1895, María Beatriz Redo De la Vega de Zaldívar con su hija Beatriz Zaldívar Redo (luego condesa de Saucedilla) y su madre, Alejandra De la Vega y Vega de Redo. Frecuentemente se ha dicho que a doña Alejandra de Redo, se dedicó el vals "Alejandra", que compuso Enrique Mora Andrade y se interpretó por primera vez el 15 de julio de 1907; en realidad, el vals fue compuesto en honor a Alejandra Ramírez Urrea de entonces 17 años, por encargo del perdidamente enamorado Rafael Oropeza. (Escuchar)




El 12 de noviembre 1900, en Madrid –España‒ murió inesperadamente a los 32 años María Beatriz Redo De la Vega de Zaldívar dejando huérfana a la pequeña Beatriz y un hueco en “Redo y Compañía”; cuatro años después, el 13 de mayo de 1904, murió a los 71 años don Joaquín Redo Balmaceda en su casa de Mazatlán a causa de una pulmonía. A la cabeza de “Redo y Compañía”, quedó nominalmente Joaquín Redo De la Vega, poyado por sus hermanos Diego y Alejandro, aunque buena parte de las acciones permanecieron en resguardo y usufructo de su madre doña Alejandra De la Vega y Vega –entonces ya viuda de Redo– y aguijoneado el titular por los bríos de su hermano Diego.



Desde 1877, los Redo habían apuntalado al general Francisco Cañedo en la Gubernatura del Estado de Sinaloa, pero a la muerte de éste -en junio de 1909-, Diego Redo De la Vega se postuló como candidato frente a José Ferrel Félix; apoyado desde la capital por el Presidente Díaz y Vice-presidente Corral, resultó electo gobernador interino para el período 1909-1911 y sería luego ratificado para un período completo. A los pocos meses estalló la revolución y Diego Redo fue depuesto por las fuerzas maderistas de Sinaloa; con la toma de Culiacán y para junio de 1911, varias de las propiedades de los Redo fueron prácticamente destruidas causando enormes pérdidas materiales, incluida la quema total de “El Coloso –de Rodas–” así como de la segunda planta de “La Aurora”, la destrucción de los cañaverales de “ElDorado” y el saqueo de la casa familiar en el propio Culiacán…



En el momento, se registró que el general Iturbe aclaró:
“Yo había establecido mi cuartel general primero en el Barrio y después en el ingenio azucarero La Aurora; el ganado fue para el rancho. Se ha hablado mucho del incendio de la fábrica de hilados El Coloso, propiedad de los Redo; debe aclararse ese punto en nombre de la verdad histórica: Nuestros soldados, lo hicieron como respuesta a la terquedad al no haber aceptado nuestras proposiciones de paz cuando las ofrecimos. Yo di instrucciones de que se pusiera a salvo parte de las existencias de la fábrica, sin que posteriormente el fuego fuera dominado porque creció rápido...”




Pero volvámos a la Ciudad de México del S. XIX:
Desde 1897, don Joaquín Redo venía negociando con don Ramón Corona Madrigal la adquisición de algunos terrenos tanto en Culiacán como en la capital de la república; en octubre de 1899 se aseguró la compra de un amplio predio en la nueva Colonia del Paseo, frente a los terrenos que años atrás había ocupado la “Plaza de toros Colón”, sobre la que había sido calle Sur 16 y para entonces se llamaba Calle del Congreso, a corta distancia de las Albercas Pane y las calles de Salazar y Arteaga (ahora Atenas) y colindando con lo que había sido uno de los “Encierros” de los tranvías de mulas que llegaban a la Plaza Mayor.

Desde 1897 la fracción sur-oriente de un proyecto urbano de Salvador y Javier Malo Valdivielso se había concretado, trazando y urbanizando a manos de la “Chapultepec Land Improvement Company” lo que pasaría a ser la “Colonia del Paseo”, sitio que entonces se consideraba sector “Correcto y deseable” en el crecimiento de la ciudad –en el ángulo formado por los Paseos de Bucareli y Reforma–, y donde se edificarían algunas de las extraordinarias residencias de la “Colonia Americana”.


Terminada en noviembre de 1903 frente al Paseo de Bucareli, la gran residencia de doña Rosalía Fernández del Valle de Cobián -diseñada por el arquitecto Emilio Dondé-, era una de las moradas que señalaban el potencial de la zona (ver). Al otro extremo y sobre el Paseo de la Reforma, se terminó en 1906 la casa de Hugo y Clara Scherer frente al monumento a Cristóbal Colón –edificada según el proyecto del ingeniero Salvador Echagaray–. (ver)


Entre esos dos Paseos y hacia el sur-oriente, se extendería la “Colonia del Paseo” –urbanizada sobre terrenos adquiridos por don Joseph Limantour con dos largas calles paralelas a Bucareli nombradas Calle de Limantour (ahora Abraham González) y la vieja Calle del Congreso (ahora Versalles)‒, urbanización que ampliada mutó en la Colonia Americana, de anchas y tranquilas calles jardinadas con enumeración de capitales europeas, bordeadas de espectaculares residencias que al paso de los años cederían paso a la relativa ponderación de las edificadas en la Colonia Juárez. Abajo, una imagen de la calle dedicada a Versalles, mirando hacia el sur, al cruce con General Prim.


Luego de la muerte de su marido en 1904, doña Alejandra De la Vega viuda de Redo se hizo cargo del apresto de una casa en la ciudad de México, digna de la familia Redo y que a unos pasos del Paseo de la Reforma y corta distancia del proyectado Palacio Legislativo sirviera como fortín de las actividades familiares en la Capital de la República.


Cosa muy similar hacía desde 1899 el ingeniero Alberto Robles Gil, que en el N°30 de la calle dedicada al General Joan Prim y Prats, levantó su residencia con la asistencia del arquitecto Alcérrega, creando espacios que recordaban los antecedentes familiares ligados a don Manuel Tolsá. (ver) Arriba, la calle de General Prim mirando hacia el oriente desde la entonces Calle de Limantour, donde a la derecha se aprecia la casa Robles Gil / Souza del Castillo Negrete.


Con poco más de treinta metros frente a la Calle del Congreso, donde se identificaba con el número 28, la casa Redo se edificó sobre un terreno de casi 2,000m²; al frente, un magnífico cuerpo bajo se desplantaba sobre el semisótano para permitir el desarrollo de una fachada de seis entre-ejes, que rematada por un tímpano central, se remetía unos cinco metros para dejar un jardín frontal que a través de la reja permitía admirar la composición de fachada.


Con la tradicional composición simétrica, esa fachada poniente presenta un cuerpo central con ventana de tres vanos –uno con balcón– y remate de frontispicio cuyo tímpano se mantuvo sin talla central. El trabajo de cantera evidenciaba las pilastras con un color claro y tanto dados como repisas, remates y balaustres, lucen sobria talla. A ambos lados, dos cuerpos de ventanas con balcón de herrería y montados sobre las ventanas del semisótano daban masa a la composición general de esa fachada a la calle.


Ese cuerpo frontal se liberaba de las colindancias y permitía que cuerpo bajo abriera ventanas (4) hacia ambos lados antes de dar apoyo al cuerpo principal de la casa, que con dos niveles y semisótano, alcanzaría los 1,650 m² construidos.


Hacia el norte, el acceso principal a la escalinata de entrada se marcaba con un pórtico de triple arcada y cuatro metros de ancho, que además de servir como cobertizo para carruajes, separaba con otra reja las secciones de servicio y ligaba el volumen alto de la parte trasera con un amplio balcón limitado por balaustres.


Así, la composición en escorzo del acceso resultaría espectacular, con remates aparejados de cartelas, urnas, acróteras y balaustres; atrás, un descenso al semisótano permitía una liga directa con las dependencias de servicio y en la parte trasera del predio se incluyeron caballeriza, cocheras y bodegas.



La casa debió quedar dispuesta en 1910 y habilitada para las fiestas del centenario de la Independencia de México, pero las turbulencias políticas que siguieron a la muerte del general Francisco Cañedo en junio de 1909 y el interinato de Celso Gaxiola Rojo desviaron toda la atención y energía de la familia a la postulación de Diego Redo De la Vega para gobernar el Estado de Sinaloa; luego del enfrentamiento con José Ferrel Félix, Diego Redo asumió la gubernatura en agosto de 1909, pero la inauguración de la casa en la calle de Versalles quedó relegada, ya que desde junio comenzaron violentos enfrentamientos a los que el gobernador desafió con fuerza militar…



Don Diego Redo había tomado posesión del cargo el 27 de septiembre de 1909 durante la mañana en palacio de gobierno y por la noche en el Teatro Apolo, donde se celebró un concurrido baile; en su reseña, el historiador sinaloense Héctor Olea nos cuenta:
“Sobre la puerta de entrada se colocaron las letras “D.R.”, a luces de colores y un retrato monumental del señor Diego Redo. Se encendieron por primera vez, cuatro mil lámparas eléctricas y a la entrada del gobernante se saludó con la marcha “Viva Redo”, compuesta especialmente por el músico Carero, y don Diego inició el baile de “Cuadrillas” de honor, que terminó a las cinco de la mañana del siguiente día, acontecimiento social que ocupó todas las crónicas de la prensa de aquella época.”



Cuando Francisco I. Madero desembarcó en Mazatlán, recibió una calurosa acogida y los grupos anti-reeleccionistas se fortalecieron considerablemente; en Sinaloa, inició la Revolución en noviembre de 1910. Desde los primeros días de 1911 la guerrilla se organizó para tomar las plazas principales y avanzaron hasta conseguir la caída de Mazatlán y Culiacán –asientos de poder económico y político–. Luego de tomar la capital, los revolucionarios aplicaron la “venganza popular” castigando vehementemente las propiedades de la familia Redo.

Nos cuenta Ma. Carmen López:
“Diego Redo había sido amenazado a que entregara la plaza, bajo la intimidación de incendiar la fábrica de hilados y tejidos “El Coloso”, propiedad de su familia. Como se negó a rendirse sin dar batalla, luego de la derrota de los federales, la fábrica fue innecesariamente arrasada por órdenes de Conrado Antuna.”



En enero de 1911 Madero asumió la presidencia y nombró al Ingeniero Manuel Bonilla su delegado en Sinaloa, encomendándole proteger la vida del depuesto gobernador Redo que el 31 de mayo había sido aprehendido en el Palacio de Gobierno y encarcelado en la Casa de la Moneda; escapando la ejecución y custodiado por Juan M. Banderas, don Diego salió rumbo a los Estados Unidos y el exilio.

Así, como varios otros simpatizantes del régimen, Diego Redo inició su exilio en Nogales y de ahí se trasladó a Los Ángeles –California–; luego viajó a Francia, donde se dice que por un corto período fue secretario particular de Porfirio Díaz, en alguno de los interludios entre los viajes a Suiza, Alemania, España, Egipto y Francia. Luego de la muerte del general Díaz, el 29 de octubre 1917, en el Club de Golf de Biarritz –Francia–, contrajo matrimonio con María Teresa Vidal-Soler Costa con quien ya en España procreó a Joaquín, Teresa, Beatriz, Alejandro y Diego Redo Vidal-Soler, y con los que regresó a México –y Sinaloa– a final de 1923 durante la amnistía que brindó el gobierno de Álvaro Obregón.



Preservada por su madre, la casa de la Ciudad de México había quedado como una cápsula sellada en 1910, refugio de la familia e intocada por los levantamientos que siguieron a los tristes días de febrero de 1913. De esa casa, nos cuenta en alguno de los artículos de “El diario de un Snob” el así auto designado “Duque de Tlaquepaque” refiriéndose a Alejandra Redo (Bisnieta de la pareja):
”…como que les tocó aún habitar en la palaciega mansión de Don Diego Redo y Dña. María Teresa Vidal Soler en las calles de Versalles en Ciudad de México y que por suerte aún llegamos a ver medio puesta... con aquellos inmensos candiles de mil luces, muros forrados en damasco y enormes Tibores de Compañía de Indias... y hasta en lo que habían sido las caballerizas aún pendían de los percheros los ya desteñidos uniformes de los cocheros... como mudos testigos —al igual que los muros— de otros tiempos... y otros mundos de gran esplendor...!!! Hoy el mundo es otro pero siempre lo hemos mencionado... ¡¡¡Las modas cambian... pero el ESTILO y el “savoir faire” permanecen...!!!”


Debió sorprender a don Diego el descubrir que muchas de las residencias del período, eran ahora oficinas y dependencias del gobierno o habían sido destruidas luego de un período de abandono; ejemplo interesante eran dos casas frente a la estatua ecuestre de Carlos IV en el Paseo de la Reforma, transformada una –la residencia Limantour-Cañas (ver)– en embajada, y otra –la residencia de la Torre-Díaz (ver)– en sede de la Lotería Nacional…



La cosa es que al paso de los años, la zona de aquella “Colonia del Paseo” de 1909 había cambiado considerablemente, y a pesar de que la casa Redo seguía estando en una zona privilegiada –a una calle de la casa de la familia Cobian, que desde 1911 albergaba la Secretaría de Gobernación–, los barrios residenciales habían migrado ya hacia el sur y poniente, con la notable expansión de la Colonia Juárez y creación de nuevos fraccionamientos como las Colonias Cuauhtémoc, Roma, Hipódromo, Lomas de Chapultepec y Polanco…

Abajo, en una fotografía aérea de la zona hacia 1930, aparecen la “glorieta de Colón” (arriba izquierda) sobre el Paseo de la Reforma y “glorieta del Reloj Chino” (abajo derecha) sobre el Paseo de Bucareli; he marcado la casa Redo con frente a la calle de Versalles y como referencia -con estrellas- la Academia Hispano-Mexicana (que entonces ocupaba la Casa Scherer) en Reforma, y la Secretaría de Gobernación (Palacio Cobián) en Bucareli.



Durante aquel exilio, en México había permanecido Joaquín Redo de la Vega –el hermano mayor– a cargo de Redo y Compañía, que a pesar de la pérdida de “El Coloso” y luego de restablecer la producción en “Eldorado” y “La Aurora”, a fin de garantizar los envíos de azúcar al mercado y la seguridad de los pagos en el comercio, realizó operaciones financieras con instituciones bancarias de diversas partes del país, resolviendo en parte los problemas que enfrentaba frente a la diversidad de billetes circulando en la república; gracias las buenas relaciones que la familia Redo y algunos comerciantes de Eldorado tenían con el nuevo gobierno, se les proporcionaron guardias civiles que protegieran producción y envío. Así, a pesar de las graves pérdidas de 1911 y haberse cambiado en 1916 la razón social a “Redo y Compañía. S.A.” para operar desde Los Ángeles –California– (donde además estaban intereses mineros de la familia en la “Pacific Gold Mining Co.”), la sociedad resultó finalmente beneficiada por la Revolución y los procesos posteriores, aunque el precio sería de importancia:

Severamente disminuida la salud de Joaquín Redo durante los años de inestabilidad y transformación, murió en la Ciudad de México en 1925 y así, Diego quedó formal y nominalmente a la cabeza de “Redo y Compañía”; aunque su madre –doña Alejandra De la Vega viuda de Redo, que contaba ya ochenta años– seguía siendo el mayor tenedor de las acciones.



Hacia 1928, ante la vacante en su organización interna, la sociedad familiar cambió nuevamente su razón social conformando una Sociedad Civil Particular denominada “Redo y Compañía Sucesores, S.C.P.” con Diego Redo como presidente, Alejandro Redo, Beatriz Llamosa Zaldivar, y emblemáticamente Alejandra De la Vega viuda de Redo (que para entonces había cumplido ya 84 años). Para 1933, el hermano menor-Alejandro Redo Vega nacido en 1873-, murió luego de una aventura mal mesurada y el 3 de enero de 1937, murió a los 93 años doña Alejandra De la Vega viuda de Redo, para ser enterrada luego en el Panteón Español de la Ciudad de México; Miguel Alessio Robles –Secretario de Industria y de Comercio y Trabajo– escribió un homenaje a la memoria de la señora Alejandra Redo, publicado en 'El Universal', el día de su sepelio, 4 de enero de 1937…

La casa de Versalles quedaba ahora como la propiedad metropolitana emblema de Diego Redo y María Teresa Vidal, y sitio donde sus hijos y nietos pasaría largas temporadas, incluyendo a Teresa -que casó con Juan Sánchez Navarro y Peón-, Beatriz -que casó con Luis de Yturbe y Limantour-, Joaquín, Alejando y Diego que vivió ahí con su esposa Norma Hoeffer Fierro; abajo, en una fotografía de 1946, Norma Hoeffer Fierro de Redo con su hijo mayor, Diego Redo Hoeffer.



Norma Hoffer fue hija del empresario alemán Alberto Hoeffer asentado en Hermosillo, que en 1895 casó con Genoveva Fierro originaria de Choix -Sinaloa- y con quien procreó 7 hijos: Alberto, Enrique, Alfonso, Luis, Roberto, Consuelo y Norma.

Con arraigo en Sonora y Sinaloa, como herederos de “ElDorado”, los redo Hoeffer pasaban largo tiempo en el norte, pero la casa de los abuelos siempre fue casa en México para Roberto, Dieguito y su hermana…




Cuando Teresa casó con Juan Sánchez Navarro y Peón, se integró a una familia que a final de la Colonia y durante la transición de México a Nación, poseía tierras que cubrían 7.5 millones de hectáreas e incluía 17 haciendas y muchas estancias ganaderas; su propiedad de entonces era una de las más grandes de América Latina, duplicando el territorio de Bélgica y acercándose al de Portugal. Pero Juan había heredado sólo el imponente apellido, porque aquellas tierras las perdió su bisabuelo Carlos, cuando se ligó a los conservadores en favor de Maximiliano de Habsburgo y en 1866 las propiedades fueron confiscada por el gobierno de Juárez, y Carlos Sánchez-Navarro fue encarcelado por dos años para luego salir al exilio en Francia; así, a Juan le tocó recrear un poderío familiar arruinado...

Don Juan Sánchez Navarro se desempeñó como vicepresidente de Grupo Modelo, aunque su carrera profesional comenzó dentro del departamento de Publicidad de la Cervecería Cuauhtémoc. Destacó por ser miembro fundador del Partido Acción Nacional en 1939 junto a Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna, así como Presidente del Club de Banqueros de México. Una de las formalidades nupciales con Teresa Redo y Vidal-Soler, se llevó en la casa familiar de Versalles, casa que sus hijos Miguel, Eduardo, Beatriz y Mercedes, conocieron simplemente como la casa de los abuelos.




Por otro lado, la familia de Beatriz Redo es recordada en su matrimonio con Luis de Yturbe y Limantour por María Teresa Iturbe (Hermana de Jaime), que casó con Luís Gálvez quien instaló en la casa de la abuela -Río Sena 88-, el magnífico restaurante “Les Moustaches” a mediados de los 70’

Nos dice Alonso Martínez Barreda que:
“Pasada la fase militar del movimiento de 1910-1920, las inversiones de Redo y Compañía, así como de los otros empresarios azucareros continuaron incrementando sus capitales y producción. La etapa posterior, conocida como revolución agraria 1920-1940, no perjudicó a las grandes concentraciones de tierras que estos empresarios continuaban incrementando, y desde 1929, esa sociedad continuó produciendo azúcar en grandes cantidades.”


Lo que cambió drásticamente en los años 40’ y 50’ fue el entorno de la casa Redo de Versalles, con la destrucción de las casonas restantes de las inmediaciones y la sustitución con los nuevos edificios símbolo de la modernización mexicana.




Arriba, dos tomas comparativas captadas desde la cúpula del Palacio legislativo que en 1937 cedió su estructura al Monumento a la Revolución, desde donde se ve el Paseo de la Reforma con el Monumento a Colón y detrás la casa de la familia Scherer; en la toma de abajo, desapareció la casa Scherer y aparecieron dos nuevos edificios que sustituyeron al “Café Colón” con las oficinas para la Secretaría de Recursos Hidráulicos y las casas pareadas de don Lauro Carrillo y el “Hotel Johannis” con el edificio de departamentos “Latinoamericana”; en ambos casos, se señala la casa Redo con una estrella…


Arriba, en una sorprendente fotografía que publicó “meridadeyucatan.com” en 2014, pero captada en 1961, se nos dice:
“En esta imagen vemos a dos personajes de la historia reciente de México: De pie el Coronel Porfirio Díaz Ortega, hijo del General Díaz que gobernó México por más de treinta años. Sentado, en silla de ruedas, don Diego Redo de la Vega, quien fuera gobernador de Sinaloa en tiempos de don Porfirio. Don Diego… es abuelo de Luis de Yturbe y Redo y de los Sánchez Navarro. La foto se tomó en el ingenio azucarero de Eldorado, en Sinaloa, un lugar mítico. Llama la atención que en la foto, don Diego vista suéter y corbata de moño, mientras el Coronel porte simple camiseta y chanclas…”


Don Diego Redo De la Vega murió el 13 de enero 1963 en la Ciudad de México, a la edad de 93 años; la casa de Versalles 28, quedaba ahora como parte de la sucesión testamentaria y se pondría a disposición de los herederos poco tiempo después…



La propiedad quedó a resguardo de Diego Redo Vidal-Soler y languideció por algún tiempo, repartiéndose parte del amueblado y sufriendo los sobresaltos que el sismo de 1985 causó en las inmediaciones…



Don Diego Redo Vidal-Soler, murió en enero de 1998 a los75 años. En un diario de Tucsón -Arizona-, se publicó la siguiente nota tras su muerte:
"Murió el ranchero mexicano-socialité Diego Redo Vidal-Soler, que entre sus amigos contaba al el ex Presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan; falleció el sábado en Hermosillo -Sonora-, de un ataque al corazón provocado por una neumonía.”



La casa de Versalles 28, quedaba ahora como parte de la sucesión testamentaria y se pondría a la venta poco tiempo después…

Afortunadamente, la casa llamó la atención de un importante coleccionista de arte que con su esposa y por algún tiempo ya, venía adquiriendo propiedades para habitar en ellas y albergar su acervo mientras lo disfrutaba; como complemento a sus inmuebles en la Colonia Roma adquirió la casa de Versalles N°28 y con la asistencia del arquitecto José Luis Espinosa –que en 1993 había restaurado la casa de la familia Lamm-Martínez, en Avenida Álvaro Obregón N° 99 (Ver) –, intervino la casa Redo…


Además del terreno original, el nuevo propietario anexo a la finca un par de predios que con amplias superficies, permitieron dar holgura a la ya centenaria construcción; hacia el norte y a todo lo largo de la colindancia, 1,800m² dan ahora cabida al jardín formal y explanada trasera, en tanto que el pórtico de acceso y su triple arcada se libera por completo; hacia el sur, otra generosa superficie permite acceso desde la calle dedicada al General Prim, mientras independiza circulación de autos y servicios.


El jardín norte permite además de un solemne acceso, jardín formal y exhibición de piezas escultóricas (incluyendo “La Naissance de Vénus” del escultor Mathurin Moreau, vaciado de los que en el S. XIX se ordenaban por catálogo a la Fundición de Arte de Val D’Osne en Francia y del que hay una réplica en la Alameda Central), contemplar la estructura original y sus fachadas, que sorprenden por su diseño; el perímetro fue sembrado con Ficus Benjamina (un experto me ha insistido que son Ficus insípida) que con rápido desarrollo han creado una tupida cortina vegetal.



Hacia el Oriente, la zona de cocheras y servicios se modificó sustancialmente, permitiendo salida hacia el sur y creando una nueva estructura cuya fachada pudiera ser digno telón de fondo para los espacios interiores de la casa principal; además, la intervención de Espinosa, repuso, recreó y complementó los elementos decorativos que debieron guarnecer la construcción original.


Ese espacio que en el diseño original fuera simplemente patio de servicio, se transformó ahora en terraza y salida a los jardines, cuyo balcón está adornado por una sorprendente pieza escultórica que sigue la huella de Girolamo Masini.



De la casa Redo se modificó la sección trasera, incorporando la parte alta con una doble altura a manera de Hall para el que Espinosa creó una nueva fachada, que junto con el tratamiento de arcos en el pórtico de acceso –con sus medallones, balaustres y hornacinas–, complementa perfectamente la edificación original.



Al interior, los espacios recibieron nuevas funciones, remodelándose y reaprovechándose los salones, a los que se dotó de adelantos tecnológicos que no necesariamente se hubieran imaginado en el siglo anterior. Además, esos espacios albergan ahora una de las colecciones más importantes de América Latina, un gran retrato de la historia del arte…


A solicitud de los propios administradores de la fundación que gestiona los bienes, no doy más detalles de la colección. Básteme estrictamente mencionar una magnífica obra escultórica que se colocó al exterior: de Jean-Baptiste Auguste Clésinger, “Perseo rescatando a Andrómeda”, pieza que da el toque perfecto al jardín norte y agrega trama al discurso arquitectónico del conjunto.



No cabe duda que la casa Redo quedó en buenas manos, y es ahora aún más sorprendente que de origen.
Espero pronto se pueda visitar el acervo, como quien admira “The Frick Collection”…




El entorno sigue cambiando y desde que en 2015 se anunció la edificación del conjunto “Colón Reforma” a cargo de Sordo Madaleno Arquitectos con el rascacielos más alto de la ciudad, y el más alto de Iberoamérica; esa Torre Reforma Colón estaría acompañada de otras cuatro torres, una en el terreno que ocupó el Cine París, otra donde está el hotel Fiesta Americana –y que ocupara antes la casa de la familia Scherer–, una cuarta vecina de la más alta en el cruce de Atenas y Versalles y la última en la manzana que forman las calles Abraham González, Atenas y Bucarelli –frente a la Secretaría de Gobernación–, que estaría vinculada con el resto del conjunto con un paso elevado entre los diversos edificios.


Aunque esos terrenos permanecen vacantes, se han hecho preparativos para la edificación, aunque por el momento, la que fuera casa Redo sigue rodeada de estacionamientos, frente a un teatro, colindando con una funeraria y prácticamente inadvertida…



Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



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