lunes, 4 de noviembre de 2019

Casa Suberbie/Cortina en Paseo de la Reforma N° 297

Ahora acceso a SOFITEL-CDMX



Terminada en 1938 por el arquitecto e ingeniero Rafael C. Goyeneche en un predio de más de 1,100 m²  con frente al Paseo de la Reforma, y ocupada por don Felipe Suberbie Mendiola y su esposa María de Lourdes Cortina Portilla, es de los pocos ejemplos residenciales que –aunque mutilada– sobreviven en la Avenida. Entregada a don Manuel Suberbie Cortina, fue casa de cambio GLOBAL, sucursal de Banca SERFIN y desde 2015, recortada y asimilada al acceso de la torre SOFITEL; abajo la casa de Paseo de la Reforma N°297 en un “Render”, como acceso al hotel...


Según el dato que en 2014 daba don Enrique García y García, la magnífica casa con número 297 del Paseo había permanecido en manos de la familia Suberbie-Cortina hasta que se pactó la venta para erigir una esbelta torre; la primera crujía de la casa edificada por Goyeneche en 38 se integró primero al diseño de la “Torre Auténtica Reforma” y aún se conserva como parte del nuevo SOFITEL (AccorHotels) que se edifica desde 2015, y lo que fuera el acceso a la casa será paso al bar…





Rafael Carlos Goyeneche nació en México en 1877 e hizo estudios en la Academia de San Carlos y el Colegio de Minería y según indica Israel Katzman se recibió en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1904, período en que el arquitecto Antonio Rivas Mercado ‒Director‒ y Antonio Fabrés –Subdirector– sobrellevaban refriegas y enfrentamientos operativos, a pesar de los que aún pudo recibir el título de Ingeniero y Arquitecto. Desde 1900, Goyeneche había publicado en la revista “El Arte y la Ciencia” -que editaba su profesor Nicolás Mariscal-, algunos de sus diseños como estudiante, incluyendo una villa y la Estación del ferrocarril de Hidalgo y Nordeste…


Los Anales de la Escuela Nacional de Bellas Artes, indican que hacia 1909 y por parte de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, se encomienda a Goyeneche trasladar una fuente con bocetos ejecutados a tamaño real por el escultor Jesús Fructuoso Contreras, a los jardines de Chapultepec, aunque desafortunadamente el trabajo final y fundido no se ejecutó para las Fiestas del Centenario según estaba planeado. En general, don Rafael Carlos Goyeneche se firmaba en documentos oficiales como Ingeniero y desde 1898 estableció relación con despachos de construcción que se interesaban en promover edificaciones en nuestro país.



Desde 1898 y trabajando con la “Purdy & Henderson Co.” diseñó dos tiendas departamentales siguiendo el modelo de “Au Bon Marché” de Paris ‒que desde 1852 había sido completamente actualizado por Aristide Boucicaut‒ y tomando como modelo el “Annexe Ameublements” edificado en la esquina de Rue du Bac y Babylone, diseñó las tiendas erigidas con novedosa estructura interna de acero.



En 1895 inició la edificación del inmueble para el nuevo “Al puerto de Veracruz –Gran Almacén de Ropa y Novedades-” de Signoret, Honnorat y Cía., establecimiento especializado en venta de artículos de ropa, sedería, muebles y decoración de habitaciones, tejidos y vinos‒ un edificio levantado en la esquina de Capuchinas y 5 de Febrero (ahora Cinco de Febrero y Venustiano Carranza). Aquel edificio se sustituyó a final de los años 30’ por una nueva construcción de características modernas en el mismo predio.



Por otro lado, Goyeneche también diseñó “El Puerto de Liverpool”, comercio que había iniciado como un cajón de ropa fundado en 1851 por Jean Baptiste Ebrard y F. Fortolis, y se transformó en la tienda erigida en la esquina de San Bernardo y Callejuela del Cabildo, a un lado del Palacio de Hierro, con una edificación que desapareció en 1936 al abrirse la Avenida 20 de Noviembre.


Ambos edificios levantados en corto tiempo parecían de fábrica tradicional, pero aprovecharon las novedosas estructuras de acero para reforzar muros y dar amplios claros a las losas; cuando se demolió la vieja tienda Liverpool para abrir la Avenida 20 de Noviembre –ya estaba preparada la ampliación y se creó una nueva fachada sobre la avenida al retirar el edificio de Goyeneche–, se hizo evidente el adelantado sistema constructivo. Arriba, “El Puerto de Liverpool” en un grabado de 1899; abajo el mismo edificio en proceso de demolición visto desde la Avenida 20 de Noviembre –detrás del edificio podría verse la Catedral Metropolitana al terminar la demolición‒.



Entre 1904 y 1908 Goyeneche trabajó además en el diseño y edificación de dos casas sobre la Avenida Juárez, una espectacular residencia que aún se conserva en el N° 26 de la calle dedicada a Abraham González ‒entre Lucerna y General Prim y a corta distancia de la Secretaría de Gobernación‒ en la Colonia Juárez, y la señorial casona que aún conserva el N°28 de la calle dedicada a Ignacio Allende en el centro histórico, a apenas 100 metros de la entonces Cámara de Diputados –hoy Congreso de la Ciudad de México –.

Abajo, dos tomas en que aparecen las casas diseñadas por Goyeneche en N°28 de Allende y N° 26 de Abraham González.





Para 1905 y ya con sus credenciales profesionales, Rafael Goyeneche contrajo matrimonio con María García, con quien engendraría una hija que llamaron igual que su madre. Quiero agradecer tanto a don Jesús Goyeneche como a Gerardo Goyeneche el haberme proporcionado las imágenes familiares que aquí aparecen; es un honor el que se me permita examinar la historia familiar…
Abajo, doña María García de Goyeneche y Rafael Carlos Goyeneche ataviados para la ceremonia de matrimonio.



Desde 1906, Goyeneche estableció relación con la familia Scherer y al centro de un magnífico terreno de casi 7,500 m² en Mixcoac, edificó una “Quinta campestre” (Ver) que años después sería sede del Colegio Madrid frente a la Avenida Revolución. Goyeneche trabajó también en ese período para la familia Cusi, al levantar un “Chalet” en el N°365 del recién ampliado Paseo de la Reforma ‒cuando la ahora Colonia Cuauhtémoc aun no se urbanizaba‒, residencia diseñada desde 1907 aunque terminada hasta 1916 para don Dante Cusi Castoldi y Teresa Armela Archinti.

Abajo, la “Quinta campestre” de la familia Scherer en Mixcoac y más abajo una toma desde el capitel de la Columna de la independencia mirando hacia el poniente, donde aparece solitario, el “Chalet” de la familia Cusi, que aún pervive en la esquina del Paseo y la calle dedicada al Río Guadalquivir.





Además, desde 1908 el arquitecto Rafael Goyeneche trabajó con la colaboración de Ignacio Marquina (entonces aún estudiante de arquitectura) en el diseño y edificación de una casa para la familia Suinaga/Escandón en la esquina de la calle dedicada al Río Danubio y el Paseo de la Reforma -en lotes con números 301, 305 y 309 del propio Paseo- (Ver) y a un lado de la casa que el propio Goyeneche edificaría años después para don Felipe Suberbie y de la que trata ésta nota. Los predios de aquella residencia Suinaga son ahora ocupados por la Embajada de los Estados Unidos de América, edificada entre 1960 y 1964 por los arquitectos Nicolás y Mariano Mariscal Barroso.



A pesar de pronosticársele una carrera prometedora como diseñador, luego de recibirse en 1917, el arquitecto Ignacio Marquina prestó servicios en la Dirección de Antropología, explorando el sitio de Teotihuacán con don Manuel Gamio, para luego ejecutar trascendentales excavaciones en los sitios arqueológicos de Uxmal y Chichén Itzá; en Agosto de 1928 y para el XXIII Congreso de Americanistas, publicó su “Estudio Arquitectónico Comparativo de los Monumentos Arqueológicos de México” como parte de la Dirección de Arqueología de la SEP.


Además de ser profesor de arquitectura prehispánica en la Escuela de Antropología e Historia de México, a Marquina se le recuerda por la publicación de su magnífico libro de 1951 “Arquitectura Prehispánica” y en 1959 el trascendental “Templo Mayor de México” –como “Guía Oficial” del INAH‒, con una reconstrucción del conjunto que siguió vigente hasta luego de las excavaciones de los años 80’; abajo, aparece el “Plano de la maqueta, con indicación del Recinto y de los templos que contenía, en relación con el plano actual de la ciudad indicado en líneas color naranja”, que fuera publicado desde 1959; aunque los datos se han rectificado luego de las excavaciones que iniciaron en 1978, el dibujo sigue siendo sorprendentemente acertado…



La trayectoria de Marquina es esencialmente recordada por sus aportaciones en el ámbito de la arqueología, sin que se haga mención de su actividad como diseñador, asociado inicialmente con Rafael Goyeneche o como proyectista independiente en la esquina de Hamburgo y Génova, o sus aportaciones posteriores dentro de la corriente de arquitectura nacionalista luego de la Revolución...



El proceso revolucionario mexicano no fue agradable para don Rafael C. Goyeneche, por lo que desde 1913 decidió emigrar a los Estados Unidos y para 1916 laboraba en las oficinas de “Purdy & Henderson Co.” de Nueva York, despacho que había edificado en 1904 la torre de The New York Times y en 1902 la admirada tienda “Macy’s” en Herald Square, y el “Flatiron Building” terminado también en aquel 1902. De Nueva York Goyeneche pasó a La Habana –Cuba– donde en el N°32 de la Calle Empedrado –frente al Parque Cervantes‒, se siguió desempeñando como ingeniero, arquitecto, constructor y supervisor para la firma “Purdy & Henderson Co.” (aunque Lightner Henderson ha había muerto ese 1916) y ahí diseñó supervisó obras tan importantes, como el Club de Periodistas y el Havana Yacht Club…


Aquel edificio del Havana Yacht Club sustituía una edificación anterior, y en su momento fue uno de los más solemnes y elegantes en su género; como ya mencioné, fue construido por la firma norteamericana “Purdy & Henderson Company”, bajo la “inspección” del ingeniero y arquitecto Rafael C. Goyeneche y se equipó con lujo en mobiliario, lámparas y vajillas de casas de Europeas. El edificio aún subsiste –aunque deteriorado– como Club Social Julio Antonio Mella, frente al monumento a Calixto García en la avenida 5ta.



Dado que en 1919 se promulgó la “Ley del Turismo” que legalizó el juego en la isla, a Goyeneche se encomendó también el diseño de un Casino en la Playa Marinao, como parte central del desarrollo urbano que transformaría “La Playa” en un conglomerado turístico que pudiera competir con las grandes playas europeas por la calidad de instalaciones e infraestructura; como indemnidad al Yacht Club y en un predio aledaño, proyectó y supervisó la edificación del “Gran Casino Marinao” -luego Casino Nacional- con un lenguaje que integraba la función de los edificios.


Como complemento y en la rotonda de acceso al “Gran Casino Marinao” se colocaron un estanque y una fuente con sugestivas figuras, que desde su instalación causaron furor y apostillas entre los asistentes a las ruletas; Goyenehe había encomendado al simpático pero polémico escultor Aldo Gamba –autor también del Monumento al Mayor General Máximo Gómez, colocado al inicio de la Avenida de las Misiones‒ un conjunto que oficialmente se llama “La Danza de las Horas” pero que generalmente se conoce como Fuente de las Ninfas o de las Musas, con ocho agiles y desnudas bailarinas, que con gracia danzan al borde de un tazón con surtidores de agua.


En 1928, el edificio diseñado por Goyeneche fue remodelado por “Schultze & Weaver”, dándo al casino fachadas neoclásicas, remozado que incluyó un monumental arco “palladiano”, como parte de la fachada principal, aunque se conservaron mayormente estructura original y fuente.


Hacia 1948 el Casino fue adquirido por el “Country Club de La Habana”, demolido y el terreno utilizado para ampliar y mejorar las instalaciones del club, mientras que la fuente pasó desde 1953 a ataviar el acceso al Cabaret Tropicana.





Además de Club y Casino, por 1926, Goyenche encabezó la reconstrucción y remodelación de la iglesia San Felipe de Neri de La Habana, para transformarla en sede del Banco de Comercio, con un diseño que desde entonces hace alarde de una imaginativa interpretación neo-barroca, en la calle Aguiar No. 402 esquina Obrapía; luego de servir como banco y modificado el uso luego de la Revolución, el Templo/Banco fue transformado en Casa de Cultura y ahora funciona como Sala de Conciertos.



También durante esos años veinte, Goyeneche edificó en La Habana cuatro casas más en la zona residencial de La Playa y El Vedado, entre las que destaca la de N° 502 al cruce de calles 19 y E, que ahora es el Centro Cultural Dulce María Loynaz, por haber habitado ahí la escritora y ganadora del premio Miguel de Cervantes.



En ese mismo período, Istrael Katzman nos indica que el arquitecto diseñó desde 1925 y en la Ciudad de México el nuevo edificio para el “Hotel Majestic”, probablemente en afinidad con la remodelación de la iglesia de San Felipe; levantado sobre el terreno que antaño ocupara la casa de don Rodrigo Albornoz ‒contador real de la Nueva España‒ , el predio con frente a la Plaza de la Constitución y esquina de la entonces recién bautizada Avenida Madero (antes Plateros) se diseñó con el mismo alarde de interpretación neo-barroca –o neocolonial‒ que la iglesia San Felipe Neri, aunque con los ajustes necesarios para adecuarlo a las tradiciones mexicanas, con la adición de talla en chiluca y paramentos forrados de tezontle.


Tan trascendente resultaría el diseño, que se utilizó como modelo para reformar las fachadas a la Plaza de la Constitución en esa cabecera de manzana –luego de la remodelación del Palacio Nacional siguiendo en 1926 el diseño de Augusto Petriccioli–, retomando altura, vanos y silueta del Hotel para unificar otras fachadas con los pórticos y frentes hacia la Plaza, incluyendo la sección esquinera del que fuera Centro Mercantil e influyendo sobre el diseño del edificio del DDF.


Las puertas del Hotel Majestic no abrieron sino hasta diez años después, cuando ya Goyeneche había regresado a México, y resulta ineludible pensar que el hotel se benefició de algunos elementos de diseño y experiencias obtenidas del Havana Yacht Club y así desde 1937, las vistas desde las habitaciones “Del Majestic” fueron celebradas…


El período debe haber sido de gran actividad profesional para el arquitecto, y supongo como mera especulación que con dos proyectos importantes edificándose simultáneamente en dos países y bajo su única supervisión, Goyeneche debe haber saboreado el intenso dinamismo de su profesión, aunque parece ser que la situación familiar se deterioró gravemente durante ese período luego de la muerte de su esposa.

Abajo, en fotografía de Manuel Ramos fechada en 1937, una de la habitaciones del Hotel Majestic con su mobiliario neo-colonial y vista a la Plaza de la Constitución de Cádiz (1812) rematando en el acceso principal de Palacio Nacional.



Istrael Katzman indica que Goyeneche participó también en diseño y ejecución de edificios para la firma de don Facundo Bacardí Massó, pero no he logrado encontrar referencias, y Goyeneche no parece haber estado involucrado en el diseño del Edificio Central de la compañía que se concluyó hacia 1930 en un curioso estilo “Decó” sobre la Avenida de Bélgica No. 261 entre Empedrado y San Juan de Dios.

Luego de los disturbios del 29 de mayo de 1934, ligados al Tratado Permanente y la Enmienda Platt entre Estados Unidos y Cuba, Goyeneche vuelve a México definitivamente para dedicarse de lleno al Hotel Majestic, y retoma tareas con algunos de sus antiguos clientes, incluyendo la familia Martínez del Río, para quienes había diseñado un mausoleo en el Panteón Francés de La Piedad.



Es aquí que da inicio el diseño de la que sería residencia de Felipe Suberbie Mendiola y María de Lourdes Cortina Portilla sobre el Paseo de la Reforma, justo al otro lado de la casa de don Emilio Suberbie y Enriqueta Mendiola –padres de Felipe– que fue edificada entre 1923 y 24 en el número 296 del Paseo y construida por el ingeniero Carlos Bello y Acedo.

Los Suberbie habían pasado a formar parte del sector financiero que hacia 1910 se perfilaba como señero en el nuevo siglo mexicano y así, Felipe Suberbie Ramanfour dirigiría “Cervecería Moctezuma, S.A.” hasta su muerte en 1915, cargo en el que lo sustituiría su hijo, Emilio Suberbie Fernández que habitó en la casa cuyo terreno albergó luego el Cine LATINO y ahora la “Torre Reforma/Latino”. (Ver)



Hijo menor de aquel matrimonio entre Emilio Suberbie Fernández y Enriqueta Mendiola, Felipe Suberbie Mendiola casó con María de Lourdes Cortina Portilla, hija mayor del matrimonio de Manuel Cortina García (1877-1947) y María Consolación de la Portilla y Lascuráin, nueve hermanos que habían morado en una residencia que el propio arquitecto Cortina había diseñado en la calle de Enrico Martínez N° 5. Abajo, en una imagen captada en 1934, aparece la familia Cortina Portilla, fotografía en la que al centro destaca María de Lourdes –vestida de blanco– al lado de sus hermanas pequeñas María Consolación y Mercedes, sus padres doña María -de pie con vestido oscuro- y don Manuel -sentado-, rodeados por los hermanos Fernando, Juan, Eustaquio, Andrés, Francisco y Manuel Cortina Portilla.



Nunca he logrado encontrar documentos que confirmen que la casa que diseñó Goyeneche se ejecutó esecificamente para el matrimonio Suberbie-Cortina, e inconsistencias en las fechas me hacen dudar que el cliente original fuera una muy joven pareja de la que además uno de los padres era prestigiado arquitecto y constructor. Felipe Suberbie Mendiola se recibió como Ingeniero Químico por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1946 y la fecha de edificación de la casa –tallada en la fachada– es 1938, por lo que tiendo a suponer que la edificación de la casa se realizó para otro cliente y poco después fue adquirida por la familia.


En todo caso, desde 1937 el arquitecto Goyeneche inició la edificación de la casa N°297 del Paseo de la Reforma –entre las calles dedicadas a los Ríos Danubio y Sena‒, sobre un predio con 1,168 m² y lindante con el jardín de la casa de la familia Suinaga-Escandón, construida por él mismo poco menos de treinta años antes.

Aunque el panorama político había cambiado radicalmente para entonces ya que el país había pasado por una movimiento revolucionario, para 1921 esa Revolución había terminado oficialmente –aunque se diera la “Guerra Cristera” de 1926 a 1929‒; el Paseo mantenían su carácter residencial, aunque habían comenzado las mudanzas con la transformación de algunas casas para albergar colegios –como el Helena Herlihy Hall, en la esquina opuesta– y al poco tiempo comenzaría la transformación de la Avenida en corredor urbano con edificaciones de altura importante.


Arriba, en una toma fechada en 1936 y captada desde el capitel de la Columna de la Independencia, aparece en primer término –abajo a la izquierda – el nuevo edificio del Colegio “Herlihy Hall” edificado en la esquina de Reforma y Río Danubio, sobre un terreno que luego ocuparía el hotel María Isabel Sheraton; luego se distingue la casa Suinaga-Escandón con su amplísimo jardín y el N°309 del propio Paseo, en un terreno que eventualmente recibiría el edificio de la Embajada de los Estadios Unidos de América; al fondo sobresale el recién terminado Monumento a la Revolución que aprovechaba la estructura central del Palacio Legislativo; el edificio alto que se distingue sobre el Paseo es el Hotel Reforma, inaugurado ese mismo año.

Abajo, en una toma oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1952, aparece a la izquierda el Paseo de la Reforma con la Columna de la Independencia, y a la derecha las calles dedicadas a los ríos Danubio, Lerma y Papaloapan; en el óvalo rojo he señalado la que ya entónces era casa Suberbie-Cortina en el N° 297 del Paseo de la Reforma.


Es interesante señalar que para 1938, en el predio colindante hacia el oriente, ya se había construido la casa con número 295 del Paseo, siguiendo un moderno diseño de sobria influencia “streamline” y que desafortunadamente fue demolida prematuramente; a pesar de tal influencia vanguardista –que ya permeaba en los altos estratos de la sociedad mexicana‒, el arquitecto Goyenche se comprometería a usar elementos de tradicionales características académicas para el diseño del N° 297...

Abajo, una toma de la casa N° 295 del Paseo de la Reforma, que pertenece al AGN -archivo Casasola- y que fue probablemente captada hacia 1937; se me ha dicho que la casa fue proyecto del arquitecto Carlos Obregón Santacilia, pero aunque tiene similitudes con algunos de sus diseños residenciales –especialmente con la casa diseñada para don Manuel Gómez Morín en la Av. Nuevo León– no he logrado confirmar el dato.



Ya desde 1888 y por iniciativa de Don Francisco Sosa, el Paseo se había decorado con bancas, efigies y jarrones, y en 1895 se inauguró así el tramo entre la Glorieta de Carlos IV y el Monumento dedicado a Cuauhtémoc; en 1897 se decidió ampliar el segmento del Paseo desde aquella glorieta de Cuauhtémoc y hasta Chapultepec, y se re-trazó desde la “Estación Colonia” del Ferrocarril Nacional Mexicano y hasta la desembocadura de la avenida frente al cerro de Chapultepec, incluyendo a la Gran Glorieta que recibiría la Columna de la Independencia.


En 1893, don Manuel González Cosío, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas anotaba que “…la ampliación consiste en la adición de una faja de terreno de quince metros de latitud a cada lado de la calzada, desde la glorieta en que se halla el monumento a Cuauhtémoc hasta la entrada al bosque de Chapultepec. En dicho terreno se construyen dos calzadas paralelas a la Calzada de la Reforma, inmediatas a los terrenos de propiedad particular que limitan por ambos lados el nuevo paseo, formándose jardines y banquetas entre las calzadas.”

Ahí, también quedaron instaladas esculturas obsequiadas por los estados de la República y los jarrones diseñados por Gabriel Guerra montados sobre pedestales de cantera tallada según el diseño dispuesto por Lerdo de Tejada desde 1873, uno de los cuales quedaría frente al jardín Suinaga-Escandón y la casa Suberbie-Cortina. Al Oriente, se colocó la efigie de Ignacio López Rayón ejecutada por Jesús Contreras y entregada por el Estado de Michoacán en 1899 y al Poniente, el bronce homenaje a Pedro Méndez, ejecutado por el Catalán Federico Homdedeu y entregada por el Estado de Tamaulipas en 1902.


En correspondencia con esos diseños, la residencia del N° 297 se allegaba una decoración que se popularizó en el período, con una composición que mucho debe a la obra que para Louis XIV realizó Jules Hardouin Mansart en Versalles, particularmente en el ritmo y proporción de vanos en la fachada del Grand Trianon, y que recuerda además elementos de la tradición formal inaugurada por Louis XVI, incorporando detalles de “Die Neuen Kammern” que para el Schlosses Sanssouci diseñara Knobelsdorff, salpicado todo con fragmentos rescatados de la opulencia arquitectónica del Segundo Imperio en Francia; influencias que pueden verse también la casa de Marsella 44 –Colonia Juárez– que en 1913 diseñara el arquitecto Francisco Martinez Gallardo y que ha sido intervenida para transformarla en rectoría de la Escuela Bancaria y Comercial… (Ver)


Así, los lineamientos de diseño del “Grand Trianon” de Mansart, son clara inspiración para Goyeneche en Reforma 297, esbozo que por momentos recrea una de las alas frontales del palacio residencial que Luis XIV se hizo construir en 1687…


El conjunto de dos plantas, presenta un basamento a manera de semi-sótamo que alberga recibidor, despacho, salón de fiestas y dependencias de servicio incluyendo cocina, y hacia la fachada principal muestra puerta y ventanas resguardadas por herrería de muy buena factura protegidas por fastuosas ménsulas que sostienen balcones del gran salón de la "Planta Noble", protegidos éstos por antepechos también con herrería ornamental en “suite de cartouches et fleurs de lys” que se repite en otros balcones y escalera interior; encima, y señalados por balcones y ménsulas, ventanas de arco ornamentado, protegidas por cierros metálicos plegables, y culminando la composición -luego de la robusta cornisa- grupos de balaustres ceñidos por pedestales.


Entonces, la fachada sur hacia el Paseo de la Reforma se cubre de cantera y presenta talla de magnífica factura que recuerda aquel recito real -paréntesis al que escapaba el rey con su familia- con sus tres distintivos arcos, ventanas con montante de abanico y clave ornamentada a manera de ménsula de la que brotan lazos de flores y hojarasca, curvas acogidas entre pilastras estriadas de capitel con volutas y colgantes vegetales; aunque en otras áreas, las reminiscencias provienen de otros y muy diversos sitios…


De particular interés es el tratamiento en las esquinas, que con doble arista crea un sistema de incuestionable barroquismo, que se traslada a entablamento y cornisas, llegando incluso a los tramos balaustrados que rematan la composición de esa fachada y primera crujía de la casa.



En una planta compacta que aprovecha al máximo el frente del terreno -relativamente estrecho- y libera al edificio de las colindancias perimetrales, el acceso se da en la zona central donde el cuarto de siete entre-ejes de la construcción, marca acceso y vestíbulo con escalera que permite subir a la “Planta noble”, eje que se señala con amplio balcón y correspondiente balaustrada…


Los elementos de esa composición pueden rastrearse a muy diversas influencias y considerando que Goyeneche pasó un período significativo en Nueva York, uso como ejemplo las grandes residencias “Beaux-Arts” de la Quinta Avenida, con las que seguramente estaba familiarizado; entre esas, resaltan las residencias de Robert Livingston Beeckman y la de George Crocker (cuyo acceso aparece abajo) con las que podemos evaluar el ecléctico repertorio formal empleado en Reforma 297.




Al interior, la casa respondía también a esos lineamientos de sobriedad establecidos desde 1688 en el Grand Trianon, con espacios cuya decoración huía de las opresivas doraduras del Palacio de Versalles y en cambio hacía gala de refinada decoración blanqueada y esculpida en suave realce; no tengo imágenes del salón principal de Reforma 297, pero se puede ejemplificar esa decoración con el interior de la casa Braniff/Lascurain (Ver https://grandescasasdemexico.blogspot.com/2018/05/casa-braniff-lascurain-en-reforma.html ), edificada a apenas unos metros –frente a la glorieta de la Columna de la Independencia– al cruce de Reforma y Río Tiber.


Otros buenos ejemplos de esos interiores estuvieron en las residencias de Robert Livingston Beeckman y la de Ben Ali Haggin en Nueva York -cuyo salón aparece abajo- ornamentación de variadísima impetración a fin del S. XIX y que Goyeneche emplearía con destreza a final de la tercera década del S. XX.



La escalera para ascender a la planta principal de la casa se iluminó con tres grandes ventanales que a través de cristales biselados y emplomado miraban hacia el Poniente y jardín Suinaga, permitiendo el paso de luz gracias a un calado barandal de hierro que repetía los motivos de los balcones exteriores. Abajo, la escalera de la casa Suberbie-Cortina vista desde la planta principal, cuando ya se había construido en el terreno colindante, la Embajada de los Estados Unidos y la casa operaba como sucursal bancaria.


También de ese período, abajo aparece el vestíbulo alto de la casa, que por años fungió como sucursal de Banca Serfín, imagen en la que se puede distinguir el tragaluz central y las diversas puertas acristaladas que permitían el paso a las diversas dependencias de la casa.




Aunque el entorno de la casa cambió significativamente desde 1950 con la demolición de la casa N° 295 del Paseo de la Reforma, en la siguiente década la mutación se volvería aún más evidente con la edificación de la torre principal para el Hotel María Isabel Sheraton sobre los predios que habían ocupado las casas Braniff- Lascuráin, Ramírez-Páez y López Negrete con frente a Reforma, y se turbó de forma incuestionable en 1960 con la demolición de la casa Suinaga-Escandón en el predio adyacente, para edificar la Embajada de Estados Unidos de América.


Con diseño de Nicolás y Mariano Mariscal Barroso, el edificio del Paseo de la Reforma N° 305 se diseñó desde 1959 pero no sería terminado sino hasta 1964 por la constructora Mahrnos ; fue presentado como un ‘edificio flotante’ ya que se cimentó sobre una caja de acero y concreto -que sustituía el peso de la tierra extraída por el del edificio- y era entonces un sistema novedoso; la embajada llamó la atención por mostrar metal, cristal y mármol en las fachadas, luciendo el veteado de un magnífico “Fantastico Arni” -solicitado por el cliente-, y que el propio Mariscal escogió en Italia.

Para la casa Suberbie-Cortina esto significó un cambio definitivo y alteró de forma categórica la percepción de su sitio, aún a pesar de que el edificio de la Embajada dejó una calle para separarse de la colindancia. Arriba, he marcado la casa Suberbie-Cortina al lado de la Embajada, junto a la que aparece el conjunto del Hotel María Isabel Sheraton; abajo la casa vista desde la plataforma y planta libre de acceso a la Embajada.



Abajo, en una interesante fotografía del Catálogo público de los “National Archives USA” aparece otra toma captada desde esa plataforma de la Embajada de los EEUU en Paseo de la Reforma, en que puede verse las fachadas traseras (Norte y Poniente) de la casa Suberbie-Cortina y donde se distinguen ventanas del comedor, antecomedor, “jardín de invierno” y semicírculo de la escalera; en primer plano la calle privada de la embajada aprovechada como estacionamiento. En la toma, me resulta además interesante hacer notar que la casa Suberbie-Mendiola en el Paseo de la Reforma N° 296 –residencia infantil de don Felipe Suberbie y sus hermanos al otro lado de la avenida (Ver) - ya ha sido sustituida por el “Cine Latino”…


Interesante resulta hacer notar la vidriera del “Jardin D’hiver”, cierro con cristal emplomado y estructura metálica que era muy popular en las edificaciones de fin de siglo XIX como “Veranda” y que debió ser sorprendente al atardecer...



Para los años 70’ la casa pasó a cargo de uno de los hijos del matrimonio y dada la formidable transformación del entorno –que implicaba la imposibilidad práctica de destinarla a habitación– se buscó un nuevo uso; varios de los predios circundantes habían perdido sus construcciones residenciales y eran usados como estacionamientos, en espera de capital para la edificación de un inmueble redituable. Aunque hubo ofertas de compra, a fin de demoler la casa y fusionar el predio para hacerlo más grande y viable para una construcción de gran volumen, la familia decidió conservar la casa…


Así, Reforma 297 -"Junto a la Embajada"- fue casa de cambio GLOBAL y sucursal de Banca SERFIN, en concordancia con algunos de los negocios a los que estaba ligada la familia Suberbie-Cortina.



En el predio de Paseo de la Reforma 295 se edificó por YPASA una torre con 23 pisos y que creó un muro-colindancia con más de ochenta metros de altura y que desafortunadamente permitía la ventilación de sus estacionamientos hacia el predio de la casa Suberbie-Cortina; se dice que la conocida como “Torre Knoll” pasó desde 2005 a la propiedad de la muy reconocida Elba Esther Gordillo...

En 2013 se había pactado la venta del predio y la casa edificada por Goyeneche en 1928, aunque por algún tiempo la transacción se estancó. Para 2014 el predio se presentó como sitio donde se edificaría la “Torre Auténtica Reforma” con 45 pisos que albergarían 300 departamentos y seis niveles de estacionamiento. Sorprendentemente, en la prensa se informaba que “El proyecto original de Auténtica Reforma contemplaba la demolición total de la casona, posteriormente se planteó desmontarla y reconstruirla en el piso 22 del edificio aunque ambas propuestas fueron rechazadas por el área de conservación del Instituto Nacional de Bella Artes”.


Para entonces, a la casa ya se le había retirado la magnífica reja frontal y en una sorprendente coincidencia, el arquitecto Juan Pablo Suberbie Cortina –en su rescate y restauración del “Edificio Balmori” en la Colonia Roma que fuera construido en 1922 por el Ingeniero Capetillo Servín‒ colocó en 1994 una reja con idénticas características como nuevo acceso a la cerrada del conjunto sobre la calle de Orizaba.



Por un breve período, la casa de Reforma 297 quedó en espera de una nueva decisión, hasta que en 2015 se anunció que SOFITEL edificaría un hotel en el predio –agregando el terreno trasero con acceso desde la calle de Río Papaloapan N° 38 y 40‒. Se anunciaba entonces que dos crujías frontales de la casa serían integradas al diseño de una torre con 45 niveles –incluyendo siete sótanos– y la fachada se conservaría en su sitio dentro de un proyecto de Grupo ECO Developers.



Desde 2016 se dio la demolición de la parte trasera de la casa, a pesar de varias manifestaciones de vecinos y se preparó la sección del viejo acceso para ser reubicada; además se retiraron herrería y “Veranda” que se consideraban reubicar dentro del nuevo edificio como decoración en los distintos recintos del hotel.



Así, desde 2016, buena parte del terreno quedó libre y la primera crujía de la casa Suberbie-Cortina se encerró dentro de una estructura metálica a fin de conserva la integridad de la estructura durante los trabajos de excavación y construcción.



Por varios meses, quienes paseaban por Reforma se acostumbraron a ver la “casa enjaulada”, donde no pasaba nada…



La apariencia de que nada sucedía en el predio era falsa, ya que desde 2017 se excavó y comenzó la edificación con un curioso e interesante sistema constructivo llamado Top-Down, justo detrás de aquella fachada; el sistema, iniciaba con una losa armada a nivel de calle y de ahí, se realizó la excavación hacia abajo para colar las losas siguientes; además se coló un muro Milán de 48 centímetros de grosor como refuerzo de los seis niveles de sótano para estacionamiento y soporte de columnas que llegarían a más de 30 metros de profundidad…



Para 2017 ya se podía notar el avance de obra y para el año siguiente, detrás de la primera crujía de la casa edificada por Goyeneche en 1938, ya se desplantaba una esbelta torre de austero porte y considerable altura.







Desde 2018 se hicieron públicos algunos elementos de diseño del hotel y se mostró que la primera crujía de la casa Suberbie-Cortina fungiría como acceso al “Motor lobby” del hotel; además se mostraba que la fachada con el acceso a la casa, sería ahora parte del acceso al Bar que además estaría decorado con la veranda de la casa.



Desde lo alto de la nueva estructura quedaba claro que la Embajada de los Estados Unidos ya no era tan infranqueable como antes se deseaba, aunque los permisos para la edificación de SOFITEL, coincidieron con el anuncio de la mudanza de la Cancillería a sus nuevas instalaciones -en futuro cercano- al nuevo edificio proyectado por Tod Williams Billie Tsien Architects / Davis Brody Bond -Joint Venture- en la Colonia Ampliación Granada, y de la que se colocó la primera piedra a principio de 2018.



Aunque las mejores vistas de la torre SOFITEL son hacia oriente y poniente –y por lo mismo colindancias que podrían obstruirse‒, el sorprendente panorama hacia la ciudad y Paseo de la Reforma es asombroso.



De la casa Suberbie-Cortina se conservan las fachadas de la primera crujía –que fueron cuidadosamente renovadas– y espero que de Goyeneche se conserve en la esquina la talla con su nombre y fecha de ejecución. Los vanos del piso bajo se alteraron para permitir la boca de acceso de vehículos, modificando una de las ménsulas y balcón pero reponiendo herrería y balaustradas.


Será interesante visitar el hotel y ver qué se ha hecho con aquella casa de 1938…



Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si se utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (¡Ya hay un centenar!), aparecerán en el índice a la parte superior derecha de ésta página…



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