jueves, 13 de diciembre de 2018

La casa de don Plutarco Elías Calles en la Colonia Anzures.




Siguiendo un diseño del arquitecto Vicente Mendiola, en 1932 se edificó una casa para el ex presidente y su segunda esposa Leonor Llorente Machado, en lo que entonces era la Calzada Chapultepec-Popotla y hoy conocemos como Calzada Mariano Escobedo; por su cercanía al Castillo de Chapultepec, donde residían los presidente Emilio Portes Gil primero y Pascual Ortiz Rubio después se acostumbró decir:
“Aquí -en el Castillo- vive el presidente, pero el que manda vive enfrente”.



Luego de la muerte de don Plutarco en 1945, la casa fue sustituida por una residencia que remodelada en 1950 albergó -ampliada- el “Consejo Nacional de Turismo”, fundado en 1952 por Miguel Alemán; el terreno es ahora parte del predio que deberá recibir el “Conjunto Torre Puerta Reforma” diseño de Fernando Romero Enterprise (FR-EE), con una torre que superaría los 320m –más de 65 pisos– y de edificarse será el edificio más alto de la Ciudad de México…



Don Francisco Plutarco Elías Campuzano -a quien conocemos como Plutarco Elías Calles porque adoptó el apellido de Juan Bautista Calles, hermano de la primera pareja de su madre, quien lo cuidó en infancia-, fue un maestro, político y militar, presidente de los Estados Unidos Mexicanos de 1924 a 1928 y figura clave en la historia de México, que en el auge de su carrera fue conocido como el “Jefe Máximo de la Revolución” y de ahí deriva el nombre de “Maximato” para el período.


En Los Presidentes de México, nos dice José María Villalpando que:
“La vida del “jefe máximo” fue de contrastes. La infancia dificil por el abandono del padre y la temprana muerte de su madre moldearon su carácter: frío, serio, poco expresivo, reservado… Calles encontró en la administración pública y en el ejercicio del poder su ambiente natural; se movía enlibertad, sin tapujos. El futuro presidente en el fondo creía en las reformas: en Sonora prohibió el comercio de bebidas alcohólicas, suprimió las jefaturas policiacas, modificó el código civil para legitimar el divorcio…”

En contraste, Josephus Daniels, embajador estadounidense de 1933 hasta 1941, dice:
“Es el hombre de hierro. Hace y deshace presidentes y el Congreso hace lo que él quiere”



Sucesor de Álvaro Obregón, fue Presidente Constitucional del 1° de diciembre de 1924 al 30 de noviembre de 1928, y cuando el 17 de julio de 1928 fue asesinado el presidente (re) electo Obregón –cosa que sumió al país en una profunda crisis política–, logró mantener la unidad partidista y en su último informe anunció el fin del caudillismo para dar paso a la era de las instituciones.

Puede resultar interesante para el lector el recordar que entonces, la residencia oficial de los presidentes de México –siguiendo la tradición atribuida a Porfirio Díaz– era el Alcázar del Castillo de Chapultepec, con la edificación –Alcázar– ejecutada por Maximiliano I de México y su estructura metálica y pinturas en los jardines.



A pesar de varios importantes aportes de enorme consecuencia durante su mandato -como la creación de Banco de México como banco único emisor, la construcción de carreteras y tendido de ferrocarriles-, el período de Elías-Calles es recordado por la expedición en 1926 de la ley reglamentaria del artículo 130 constitucional, que desencadenaría el conflicto religioso que se conoce como “Guerra cristera”.

También durante su mandato y a mediados de 1927, su esposa -doña Natalia Chacón de Elías Calles- falleció y fue inhumada en el Panteón de Dolores de la Ciudad de México, donde a la fecha se conserva el monumento funerario de sobria estampa.



La marca más importante de Elías-Calles se dio luego de dejar el poder a Emilio Portes Gil, con la creación de un partido único, de estado, que logró reunir y unificar a la mayor parte de los grupos políticos: el Partido Nacional Revolucionario –precedente del Partido Revolucionario Institucional– nació el 4 de marzo de 1929 desde la cima del poder, y se abrogó todas las causas de la revolución, se apropió de los colores de la bandera y erigió como único medio para lograr bienestar y desarrollo para el país…

“Pasar, de una vez por todas, de la condición histórica de país de un hombre a la nación de instituciones y leyes…”


Ya sin Álvaro Obregón, que había sido la figura política y militar de mayor escala, el poder e influencia de Calles se acrecentó. Don Plutarco dejó el poder en manos del ingeniero michoacano Pascual Ortiz Rubio en 1930, luego del interinato durante 1929 del abogado Tamaulipeco Emilio Portes Gil; viudo y contando 52 años Elías-Calles casó en ceremonia civil el 2 de agosto de 1930 con Leonor Llorente Machado, hermosa yucateca, guitarrista, pianista y soprano de la Compañía Nacional de Ópera, para quien decidió edificar una casa en la nueva colonia Anzures, encargo que recaería en el joven arquitecto Vicente Mendiola.






Vicente Mendiola Quezada, nacido el 7 de marzo de 1900, había estudiado arquitectura en la Academia de Bellas Artes de San Carlos y recibió el título en 1924. Polifacético artífice y magnífico acuarelista, había diseñado ese año de 24 -trabajando en el despacho del arquitecto Manuel Ortiz Monasterio-, los plafones para la sala de recaudación en la Tesorería en el Palacio Nacional, así como varias “Escuelas al aire libre” para el proyecto educativo de don José Vasconcelos en la “Dirección de Construcción y Reparación de Edificios” para la Secretaría de Educación Pública.


Sus proyectos respondían a la vanguardia del diseño preponderante en el período –en la corriente que hoy llamaríamos “Art Decó” –, aunque también propuso varios proyectos de estilo Neocolonial, como el Centro Escolar Benito Juárez –trabajando para el arquitecto Carlos Obregón Santacilia– o la Biblioteca Cervantes –colaborando con su maestro Francisco Centeno–, ambas en 1923 siendo aún pasante.

En 1925, la Alianza de Ferrocarrileros Mexicanos convocó un concurso para su edificio a través de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos, resultando premiado el diseño presentado por Luis Alvarado, Carlos Greenham y Vicente Mendiola; el edificio en el N° 20 de la calle de Ponciano Arriaga se terminó en 1927 y conserva sus características “Decó” a pesar de que la magnífica cristalera de la marquesina se ha perdido…



También por esos años, el arquitecto ejecutó varios trabajos de remodelación de inmuebles, escuelas y diseños de mobiliario urbano, incluyendo la remodelación del Café Colon en el Paseo de la Reforma, las escuelas agrícolas de Tenancingo, Champuzco y Celaya, así como el diseño de mobiliario urbano para la Chapultepec Heights y una fuente para la Estación Colonia del ferrocarril en Insurgentes.

En 1927, Mendiola saltó a la fama con el diseño para el edificio de la Inspección de Policía y Bomberos en la esquina de Revillagigedo e Independencia, como Jefe de Proyectos de “La Urbana, S.A.”, compañía constructora propiedad del arquitecto Guillermo Zárraga en la que también había diseñado los inmuebles para “Telefónica Mexicana” en Culiacán N°115 y Madrid N°4.


En la Inspección de Policía y Bomberos, Mendiola encomendó al escultor Manuel Centurión los dos relieves que aún podemos ver en las esquinas del edificio que alberga ahora el “Museo de Arte Popular”, consagrados uno al agua y otro al fuego, y que con su infusión indigenista, hacen del edificio un singular ejemplo de esa vanguardia –Decó– en México.

Abajo, una magnífica acuarela del Maestro Mendiola firmada en 1975, en que aparece el marco de una de las puertas de la Real y Pontificia Universidad. En 1923, por orden de José Vasconcelos, se hizo la reconstrucción e instalación de dos puertas del S. XVIII que originalmente fueron parte del recinto universitario frente a la Plaza del Volador; Vicente Mendiola instaló una en la Escuela Normal de Maestros y otra fue colocada por José Villagrán en el Colegio de San Pedro y San Pablo.





A pesar de lo prolífico de su producción, luego de la crisis causada por el asesinato de Álvaro Obregón en 28, Mendiola redujo su actividad –desapareció “La Urbana, S.A.” de Zárraga–, pero trabajó en Toluca (Monumento al Maestro) y Cuernavaca (Jardín Revolución) y para 1930 trabajó en la comisión encargada de elaborar el programa para la nueva Ciudad Universitaria (que se edificaría en los terrenos que ahora ocupan dependencias militares en Lomas de Sotelo).

Desde 1929 y por iniciativa de don Miguel Ángel de Quevedo, se inició la construcción de dos grandes invernaderos en Chapultepec, de soporte metálico y grandes superficies acristaladas diseñadas por el ingeniero Montenegro, de cuyos accesos –de carácter monumental– se encargó el arquitecto Mendiola. También en Chapultepec y mientras trabajaba en la Secretaría de Bienes Nacionales, Mendiola intervino el Alcázar -residencia presidencial-, restaurando “El caballero alto” y modificando la armadura de hierro creada para Maximiliano I, sustituyendo la estructura de los andadores con columnas de piedra y nuevas cubiertas de remates abalaustrados. (ver)



Para 1930, Mendiola estableció un despacho con Emilio Méndez Llinas en Rosales N° 9 y de ese período destacan la “Capilla Votiva” del Paseo de la Reforma –de estilo Decó–, en la esquina de la avenida con con la calle de Génova (ver) y la casa para el doctor Ismael Palomino, en la calle de Marne N° 115 –de estilo neocolonial– con trabajo de cantera, tejas y profusión de hierro forjado.



La producción del arquitecto Mendiola es extraordinariamente fecunda, variada y vigente, aún a pesar de que muchos ejemplos de esa creación –como el edificio de Petróleos Mexicanos en Avenida Juárez N° 92– han sido abatidos:

En Guadalajara, el Palacio Municipal con diseño de 1951 y la Rotonda de los Hombres ilustres diseñada en 1952; en Toluca, la “Plaza de los Mártires” y su Palacio de Gobierno con proyecto de 1965 así como la Catedral, sobre un diseño de Rodríguez Arangoiti; en la Ciudad de México, los “Departamentos Washington” de 1938 -con A. Hurtado- o el edificio de la Dirección General de estadística de 1943.



Me resulta también interesante mencionar las diversas casas que diseñó para Zárraga, Gonzales, Blanco, Palomino y Prieto en Cuernavaca y las colonias Juárez, Cuauhtémoc, Polanco y Lomas de la Ciudad de México, entre las que destaca la que en 1945 diseñó para don Cayetano Blanco Vigil en lo que entonces era la Avenida del Castillo de Chapultepec (ver)


Para 1942, Mendiola diseñó para José De la Lama una fuente en la Avenida Insurgentes (parte del fraccionamiento al cruce de San Francisco y Santa Rosalía) y con Juan Olaguibel la fuente para la última glorieta del Paseo de la Reforma frente a Chapultepec, coronada con la representación de “Diana Cazadora” ; diez años más tarde, diseñó otra fuente también con Olaguibel en ese Paseo al cruce con la Avenida del Castillo, como “Monumento a la Expropiación Petrolera”.


Ambas estructuras aún existen, aunque su entorno ha sido considerablemente alterado y la primera ha sido reubicada en dos ocasiones. Arriba y abajo, imágenes de “La Diana” y “Fuente de Petróleos” en su escenario original.





A inicio de 1931, seis meses luego de su matrimonio con Leonor Llorente Machado, don Plutarco encomendó a Mendiola el diseño de una nueva residencia sobre un amplio predio de casi 2,500m² en la esquina de la recién trazada calle dedicada a León Tolstoi y la amplia avenida que entonces aún se llamaba “Calzada Popotla-Chapultepec” –y que ahora, ensanchada, rinde homenaje al general Mariano Escobedo–, apenas a unos metros de la Calzada de la Exposición –que ahora conocemos como parte del Paseo de la Reforma y que entonces era parte de su “ampliación” hacia las “Lomas de Chapultepec” –.

Esa calle Tolstoi, parte del trazo de una nueva colonia llamada Anzures, recibía ese nombre por haber pertenecido a los terrenos del “Rancho de Anzures”, que desde 1906 había cedido su sector sur-poniente para incorporarlo al Bosque de Chapultepec y conservaba alguna superficie como tierra de cultivo. Abajo, en el fragmento de una imagen panorámica de Guillermo Kahlo captada en 1904 desde el mirador del Castillo, aparece en primer plano el “Café Chapultepec” y detrás la Calzada de la Verónica, que pasó a ser Melchor Ocampo y ahora llamamos simplemente Circuito Interior…


Arriba, en el extremo izquierdo de la toma, he señalado el sitio aproximado en que para 1928 se había trazado la Colonia Anzures. Abajo aparece un fragmento del plano de la Ciudad de México, elaborado en 1929, donde he señalado el sitio en que se construiría la casa Elías Calles/Llorente, en el extremo sur de la Colonia Anzures, limitada por las calzadas Verónica y Chapultepec-Popotla, lindando con el Río de los Morales y sus calles dedicadas a Darwin, Kant, Leibnitz, Shakespeare, Milton, Descartes, Goethe, Comte, Victor Hugo y Tolstoi.



En el terreno rectangular de 2,496m², el arquitecto diseñó una estructura que se alineaba a la restricción frente a la calzada Chapultepec-Popotla y su orientación Oeste con una edificación principal de 1,200m² construidos, dejando un amplio jardín en las orientaciones Norte y Este, donde se edificaron además cocheras, servicios complementarios y una torre mirador que además albergaba un reservorio elevado para suministro de agua a presión.



La casa propiamente dicha, consistía en dos grandes volúmenes de distinta altura, albergando el más alto hacia el sur-oriente las cocinas y servicios de casa, mientras que el más bajo de la esquina nor-poniente albergaba la casa principal en torno a un “Hall” de grandes proporciones e iluminación cenital a través de una vidriera.



En su fachada norte –hacia la calle de Tolstoi–, la casa mostraba una alzado relativamente cerrado, con un amplio cobertizo de acceso para peatones en la esquina que en la parte de arriba creaba una terraza, y un gran ventanal que al interior iluminaba la escalera principal y su doble altura. En la imagen de abajo, se adivina además el pórtico que permitía transición al jardín de la fachada oriente (a la izquierda de la toma).



Hacia el poniente, la fachada principal se desarrollaba en torno a un robusto porche que además de recibir a los autos en la parte baja y dar acceso al Hall de la residencia, permitía una amplia terraza con vista hacia Chapultepec, donde a la izquierda del panorama destacaba el Castillo de Chapultepec, por entonces residencia presidencial…



En la imagen de arriba, aparece ese porche de sólido trazo pero lamentablemente sin colores; a la textura del aplanado habrá que agregar el encendido tono del tabique que recubre rodapié y pretiles, el bermellón de las tejas y el reflejo de los azulejos vidriados que salpican con brillo los arcos y remates. Abajo, he tratado de subsanar el inconveniente…



En general, Mendiola diseñó la casa en un peculiar estilo que entretejía elementos neocoloniales y del “Spanish Colonial Revival” tan en boga para la arquitectura residencial del período, con los fuertes rasgos geométricos de ese Decó “a la mexicana” que le había dado fama, en algo que Enrique X. De Anda ha dado en llamar “La Arquitectura de la Revolución Mexicana”, de la que la colonia Hipódromo-Condesa conserva aún algunos magníficos ejemplos…



Así, la casa Elías-Calles/ Llorente sería domicilio encumbrado por la tradición del “Maximato” y residencia de los dos hijos de la pareja, nacidos Plutarco José en 1931 y Leonardo Gilberto en 1932. En diversos períodos, el porche de entrada sería escenario de reuniones estratégicas y sus correspondientes imágenes, cosa que permite inferir algunos particulares del diseño de Mendiola.



Hacia el Oriente, la casa se abría a un amplio jardín al que se tenía acceso por una extensa galería que arriba creaba una mirador para las recámaras; con su acceso directo a servicios y cocinas, era sitio perfecto para reuniones al aire libre y en innumerables ocasiones, debió ser contexto de tertulias y muestras de apoyo al Jefe Máximo…



Al interior, la casa Elías-Calles/ Llorente debió tener una decoración que también retomaba las tendencias de la arquitectura residencial del período, con una mezcla de modernidad anclada en recreaciones del pasado colonial. En diversas fotografías que muestran reuniones al interior, se puede deducir un amueblado heterogéneo, dentro de una decoración que incluía hierro forjado, pintura y azulejos, complementando lambrines y puertas de madera. Abajo, dos tomas de la etapa en que se homenajeaba a don Plutarco, y donde se pueden adivinar algunos detalles del interior de la casa en la colonia Anzures.



Abajo, en una imagen captada en la terraza sobre el porche de la casa, destacan don Plutarco Elías Calles con Leonor, y a la extrema derecha su hija Hortensia Elías Calles de Torreblanca (ver ), apoyo fundamental durante un largo período.



Desafortunadamente, Leonor Llorente Machado de Elías-Calles murió a causa de un cáncer en 1932, a los pocos meses de nacido Leonardo Gilberto Elías-Calles Llorente y la casa que se había preparado pare ese matrimonio quedó en duelo.

Para Leonor, don Plutarco encargó también al arquitecto Mendiola un monumento funerario que se edificó en el Panteón Civil de Dolores en 1933 y se mantiene en pié, aunque ha perdido el espejo de agua que de origen debió reflejar el relieve “de unas manos femeninas que protegen la llama del recuerdo del efecto del olvido”…



En los años siguientes, la casa fue escenario de diversas intrigas, y aunque don Plutarco pasaba la mayor parte del tiempo con sus hijos en la “Quinta del Lago” sobre la calzada de Tlalpan o la hacienda de Santa Bárbara en Ixtapaluca -Estado de México-, Anzures mantuvo su fama como casa del jefe máximo…

A final de 1934 Elías-Calles enfermó de la vesícula y sus médicos recomendaron viajar a Los Ángeles -California- para ser intervenido y al volver, se albergó en la hacienda "El Tambor" de su hija Alicia Elías Calles de Almada.



En mayo de 1935, don Plutarco regresó a la ciudad de México, y fue recibido por el presidente y una comitiva de callistas, cortejo que se extendió luego a su casa de la colonia Anzures; el 12 de junio, Elías-Calles hacía declaraciones en que exigía poner fin a la ola de huelgas y a la división del Congreso, ya que de no hacerlo: “… por último interviene el ejército, como consecuencia, el choque armado y el desastre de la nación”.



La noche del 9 de abril de 1936, veinte militares y ocho policías armados entraron en la hacienda de Santa Bárbara; le comunicaron que el presidente Lázaro Cárdenas le ordenaba prepararse para salir del país a las siete de la mañana. Así 10 de abril fue conducido al Puerto Central Aéreo, donde en compañía de otros callistas muy activos -Luis León, Luis Morones y Melchor Ortega-, abordó un pequeño aeroplano que lo llevó al exilio en Estados Unidos.



Así, Elías-Calles desapareció del escenario nacional y no volvió sino hasta el inicio de la década de 1940’, a invitación expresa del Presidente Manuel Ávila Camacho, cuando según Ramón Puente “su mirada se había ido dulcificando, ahondándose las arrugas en el rostro”; luego de haber vivido en su casa de la colonia Anzures o el rancho Las Palmas, habitó por un período en la casa de su hija Hortensia en Guadalajara 104 (ver ).



Don Francisco Plutarco Elías Campuzano –a quien conocemos como Plutarco Elías Calles o “Jefe Máximo de la Revolución” – murió el 12 de octubre de 1945, luego de haberse sometido a una intervención quirúrgica en el Sanatorio Cowdray -recién transformado en Hospital Americano- a una cuadra de su casa sobre la avenida Chapultepec-Popotla en el espacio que ahora ocupa el Hotel Camino Real…


Poco tiempo antes, marcando la intersección de la prolongación del Paseo de la Reforma a su encuentro con las calzadas Melchor Ocampo y Chapultepec-Popotla –entonces recién re-nombrada Calzada Mariano Escobedo–, se había colocado una escultura que conmemoraba a Simón Bolívar, magnífica obra del escultor Manuel Centurión (1883-1948) y los fundidores Fernando Díaz y David Soberón, sobre un pedestal de Carlos Obregón Santacilia. Cuando en 1974, se llevaron a cabo las obras para la construcción del Circuito Interior, se destruyó el pedestal y retiró la escultura que ahora se encuentra en Nuevo Laredo -Tamaulipas-, donde llegó como un obsequio del presidente Luis Echeverría.

También en ese sitio, se levantó en la esquina de las calzadas –en la misma manzana que la casa Elías-Calles/ Llorente– un extraordinario edificio de departamentos siguiendo el diseño de los arquitectos Augusto H. Álvarez y Juan Sordo Madaleno en Melchor Ocampo N°487, que desafortunadamente fue destruido en 2015 para dar paso a un conjunto bancario que nunca se concretó.



En 1946, la casa Elías-Calles/Llorente fue destruida y en el terreno edificada una nueva construcción de carácter modernista que se modificó para albergar en 1952 el “Consejo Nacional de Turismo”, creado por Miguel Alemán; la dependencia funcionó ahí con altibajos hasta 1982 cuando se destruyó la construcción y dejó el lote vacante como estacionamiento.



Desde fin de siglo se destruyeron varios edificios colindantes sobre la Calzada Mariano Escobedo (incluyendo el “Hotel Tecali”), con el fin de crear un amplio predio que según noticias de ese período, albergaría unconjunto de General Electric de México y Comercializadora Lundeq primero y “Valsu & Cerro Gordo” después, ambas representadas por don Isaac Saba. Abajo, el panfleto del “Mexico City Hotel Tecali” en Mariano Escobedo N° 736, donde a la extrema izquierda, se alcanza a distinguir parte de la casa que sustituyó la edificada para Plutarco Elías-Calles.



El terreno es ahora parte del predio que deberá recibir el “Conjunto Torre Puerta Reforma” diseño de Fernando Romero Enterprise (FR-EE), con una torre que superaría los 320m, albergando estacionamientos, zona comercial, hotel y oficinas, y de edificarse será la torre más alto de México…




La transformación de la zona ha sido sorprendente y no deja de evolucionar; aunque las imágenes del “Conjunto Torre Puerta Reforma” no son recientes y el diseño podría cambiar grandemente, la perspectiva nos da una idea de la jerarquía de un predio cercano a vías de comunicación importantes, acceso a transporte público y vista sin obstrucciones del Bosque de Chapultepec y su Castillo siempre relevante…



Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (ya son más de 80), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html ver



lunes, 12 de noviembre de 2018

La casa de la familia Gómez-Munguía en la calle del Risco 240 -Pedregal-


Una de las pérdidas más tristes para la arquitectura moderna de la Ciudad de México…



Sobre el promontorio basáltico de un magnífico predio de 3,437m², en el entonces extravagante y despoblado fraccionamiento “Jardines del Pedregal de San Ángel”, el doctor Federico Gómez Santos encargó al arquitecto Francisco Artigas la construcción de una casa para la familia; la edificación se terminó en 1952 siguiendo un diseño del año anterior y resultó ser uno de los ejemplos más distintivos de la arquitectura moderna del período. Desafortunadamente, estando la edificación indemne y en buenas condiciones, fue destruida en 2004 –incluyendo una pintura mural en el vestíbulo, ejecutada por Federico Eppens– y el terreno es ahora ocupado por un conjunto residencial que en nada recuerda aquel patrimonio.




PEDREGAL...

El paisaje agreste de aquella zona había sido inspiración literaria para Federico Gamboa en Santa -de 1903-, causa de curiosidad arqueológica para Manuel Gamio y motivo de interés pictórico por parte de Joaquín Quirico Marcelino Clausell Traconis que dio infusión a la pasión histórica de Gerardo Murillo Cornado -recordado como “Dr. Atl”- que hacia 1921 publicó “El origen del Pedregal de San Ángel”.
Abajo, “El Pedregal”, óleo de Joaquín Clausell que es parte del acervo del Museo Nacional de Arte.



En páginas de Santa, nos cuenta Gamboa que era ese un lugar
“…inexplorado todavía en más de lo que supone su mitad, volcánico todo, inmenso, salpicado de grupos de arbustos, de monolitos colosales, de piedras lisas o encordado declive, y arroyos clarísimos de ignorados orígenes, que serpean y se ocultan y reaparecen a la distancia, ó sin ruido se despeñan en oquedades y abras que la yerba disimula criminalmente; cavernas y grietas profundas, negras, llenas de zarzas, de misterio, de plantas de hojas disformes, heráldicas casi por su forma; simas muy hondas, hondísimas, a cuyas paredes se adhieren y retuercen cactus fantásticos y donde tienden el vuelo pájaros siniestros, corpulentos, que remontan por los aires, muy alto en amplias espirales lentas…”




Para la década de 1940-49, los aparentemente “estériles y colosales monolitos de encordado declive” en ese Pedregal eran objeto de interés y estudio por parte de varios especialistas, desde Gerardo Murillo y Luis Barragán, hasta Diego Rivera que encontraba extraordinariamente atractivo el agreste sitio en tanto concebía “El Anahuacalli” en el pedregal de Santo Domingo -otra zona pedregosa al Este de San Ángel- incluyendo al fotógrafo Armando Salas Portugal que creaba “Vistas de la región más transparente” de la que un ejemplo aparece arriba...

De hecho, probablemente en 1943, Diego Rivera escribió un breve pero sorprendente documento con el encabezado “Requisitos para la organización de El Pedregal” –que en 1949 se publicó por Barragán y los hermanos Bustamante y que aparece abajo– en que proponía lineamientos básicos para el desarrollo de las amplias extensiones cubiertas por lava donde él edificaría al poco tiempo el “Anahuacalli”, ahora “Museo Diego Rivera”:
“Nada se conseguiría si las construcciones destruyeran la belleza natural del lugar. Para evitarlo, basta con fijar unas cuantas condiciones de construcción que desde luego redundarían enteramente en beneficio de los propietarios: Primera.- No se permitiría el destruir más que parcialmente una de las tres capas de lava que constituyen el manto basáltico…”




Entre los interesados por aquellos terrenos, sobresalen los hermanos José Alberto y Luis Bustamante, que con Luis Barragán iniciaron en 1943 la compra de terrenos en la sección Nor-Oeste de la asolada área, adquisición que alcanzaría los 3’000,000m² y que hacia 1947 se transformaría en un nuevo fraccionamiento de amplios terrenos residenciales. El arquitecto Barragán desarrolló el plan urbano para la firma “Jardines del Pedregal de San Ángel, S.A.”, nombre que recibió aquella sociedad; para el conjunto diseñó jardines, obras ornamentales -con Mathias Goeritz- y un par de casas -con Max Cetto- que mostraban las nuevas opciones de aquellos parajes, además de establecer las normas de construcción y lineamientos para evitar destruir la ruda belleza de aquel paisaje. El desarrollo del Pedregal ocupó a Barragán de 1945 hasta 1952, año en que se separó de la empresa.



Arriba, Luis Barragán en su despacho de Tacubaya durante el proceso de diseño de ampliación para la segunda sección urbanizada de Jardines del Pedregal de San Ángel, foto en que he marcado el sitio donde para 1952 se erigió la casa Gómez-Munguía en la calle del Risco 240, de la que trata ésta nota.

Abajo, uno de los jardines diseñados por Luís Barragán como muestra, en fotografía de Armando Salas Portugal, donde al fondo se distingue la cañada de “Los dinamos”; a la derecha, anuncio que apareció en Excelsior el 6 de julio de 1958, como parte de la campaña publicitaria de “Inmobiliaria y Comercial Bustamante S.A de C.V.”



Las primeras edificaciones del fraccionamiento se construirían para don Eduardo Prieto López –siguiendo un diseño de Luís Barragán– y Max Cetto –con diseño del propio arquitecto– iniciando en 1947 y terminándose en 1952. Con Max Cetto, Barragán diseñó también dos casas en los lotes 10 y 12 cercanos al acceso principal del fraccionamiento (“Casas Muestra” en lo que ahora es Avenida de las Fuentes N°130 y 140) casas que aún existen aunque han sido alteradas; en un estilo que Alejandro Aptilon ha denominado “de Rusticidad Contemporánea”, la casa muestra del N°140 se diseñó en 1949 y edificó al año siguiente, como ejemplo de los espacios habitables que el fraccionamiento proponía y se mostraba abierta al exterior incorporando -ya sometidos- los agrestes exteriores del pedregal…



Para 1950, aparece en la escena de Jardines del Pedregal de San Ángel el arquitecto Francisco Artigas, que indudablemente implantará un lenguaje que marcaría el estilo arquitectónico por el que más se recuerda el fraccionamiento; con la casa Chávez Peón primero y caseta de ventas (2) después, edificadas ambas en 1950, el fraccionamiento adquiere un impulso comercial que resolvía un período en que las ventas no respondían a lo esperado por los promotores.



Hijo del general del mismo nombre, “Francisco Artigas es el primer arquitecto que viene a la mente al pensar en el estilo arquitectónico del Pedregal de San Ángel, en los años cincuenta y sesenta” como bien nos dice Alejandro Hernández Gálvez . Estudió ingeniería en la ciudad de México, pero abandonó la carrera; tras construir varias obras en Culiacán, regresó a la ciudad de México y se asoció con Santiago Greenham en compañía de quien diseñó esa primera casa en el pedregal -la Chávez Peón- y para 1952, la del número 240 de la calle del Risco, novedosa interpretación de los lineamientos de Barragán y buen ejemplo de síntesis de aquello que Richard Neutra, Rudolf Schindler y Charles Eames producían…


En 1950 el doctor Federico Gómez Santos había comprado un magnífico predio doble con cerca de 7,000m² a la inmobiliaria de los hermanos Bustamante, y probablemente por aproximación norteña y asombro ante la “caseta de ventas” o la casa Chávez Peón, encargó en 1951 a Francisco Artigas la construcción de una nueva casa para la familia, en sustitución de la que habitaban en la Avenida insurgentes N° 756 (donde hoy se levanta el edificio que alberga la CONDUSEF). El predio incorporaba una importante protuberancia rocosa desde la que las vistas hacia el norte y la Ciudad eran espectaculares y la historia cuenta que es precisamente ahí que solicitó al arquitecto levantar la casa –haciendo eco a la historia de la “Casa de la cascada”, que para la familia Kaufmann diseñó en 1936 el arquitecto Frank Lloyd Wright–.



A la manera de lo que Max Cetto había hecho poco antes en la Calle del Agua N° 130, la casa se retiraría a la parte trasera del predio, colocándose sobre uno de los “estériles y colosales monolitos de encordado declive” que en Santa describe Federico Gamboa, para dejar al frente un amplio camino que serpenteando da acceso a la casa y exhibe lo que Rivera proponía: “Nada se conseguiría si las construcciones destruyeran la belleza natural del lugar”...

Federico Gómez Santos que contaba entonces 55 años, había nacido en 1897 –en el poblado de Zaragoza, estado de Coahuila- hijo de un maestro de escuela; cursó la primaria en su pueblo natal y completó estudios preparatorios en el Ateneo Fuente para ingresar a la Escuela Médico Militar de donde egresó en 1921 y según nos cuenta el Dr. Jesús Lozoya S., los primeros años de vida profesional los desarrolló en campaña en la Huasteca Hidalguense y la dirección del Hospital Militar de Pachuca, aunque su interés se enfilaba por la pediatría.


Luego, el doctor Gómez realizó un internado en el Saint Louis Children’s Hospital de Missouri -en los Estados Unidos- y a su regreso asciendió a teniente coronel cuando en 1929 se le designa profesor de pediatría en la Escuela Médico Militar, cátedra en la que se desempeña hasta 1948. Desde 1924, había casado con Ana Munguía con quien procrearía tres hijos -Ma. Elena, Raúl y Enrique- para quienes edificaría en 1929 una residencia sobre la avenida de los Insurgentes, esquina con Santa Bárbara en la colonia del Valle.

Aunque desde 1933 los doctores Rigoberto Aguilar, Mariano Romero y Federico Gómez habían solicitado al presidente de México -Abelardo L. Rodríguez- la construcción de un hospital para niños, no sería sino hasta 1943 que Manuel Ávila Camacho inaugura el Hospital Infantil de México, a la cabeza del que estaría el Dr. Federico Gómez Santos, novedoso hospital con diseño del arquitecto José Villagrán sobre un terrero 20,000 m², a un costado del Hospital General de México. Además, hacia 1951 el ya General Gómez Santos se hizo cargo de la Sección Materno-Infantil de la Oficina Sanitaria Panamericana, en Washington, por lo que sus viajes y vida social se incrementaron de forma importante, en tanto que luego ocupó la Dirección General de Sanidad Militar. Abajo, el Hospital Infantil de México en 1943 -año de su inauguración- y que desafortunadamente fue demolido luego del sismo de 1985 y sustituido por un nuevo edificio inaugurado recientemente...





En 1949, probablemente a sugerencia de Luis Bustamante, el Dr. Gómez compró un amplio terreno en aquel pedregal –lote doble que contaba cerca de 7,000m²-, reservándose cerca de la mitad para la edificación que usaría como eje/pivote una gran roca sobre la que su hijo menor Enrique gustaba escalar; aparentemente, el arquitecto Artigas no fue la primera opción, pero para 1951, se había creado un anteproyecto sorprendente, que reproduzco aquí gracias a la amabilidad de Fernando Luna.



La idea era desplantar la casa SOBRE la estructura basáltica y dejar su escurrimiento “pahoehoe” (del hawaiano pāhoehoe, que significa "suave" o encordada, que es un escurrimiento de lavas basálticas que forma rugosidades que se asemejan a cuerdas) como soporte escultórico intocado, con las zonas públicas –mirando hacia el norte– gozando de las espectaculares vistas desde lo alto de la roca hacia el valle.

Así, -hacia el Norte y la calle- la casa estaría definida por apenas un par de losas deslindadas por cristales y una caja sólida -para los servicios-, que se posarían apenas con columnas sobre la formación rocosa donde una grieta recibía la escalera de acceso.

Decía Marcel Breuer
“La arquitectura moderna no es un estilo, sino una forma de vida”.




Revisar la planta resulta interesante, y gracias al dibujo que apareció en la revista “Arquitectos de México” (N° 9-10) de febrero 1960, donde se muestra la sección trasera del predio y resulta clara la distribución, podemos ver las zonas públicas hacia el Norte y lo privado hacia el Sur; con estudio, estancia y comedor gozando de las mejores vistas hacia el Nor-Oriente –con más de diez metros sobre el nivel de la calle–, mientras que las habitaciones buscaban refugio en un jardín y orientaciones Sur-oriente, el acceso se daba desde la calle de Risco con un amplio camino para autos que ascendía los primeros metros de la pendiente, dejando a la escalera el ascenso final hasta el vestíbulo.



En la esquina Este del terreno -en una hondonada preexistente a altura intermedia-, se labró además una albera que daría el toque exótico al conjunto exterior y quedaba ligada a una terraza cubierta y sección de servicios como sitio ideal para fiestas de verano…



En buena medida, es gracias a las fotografías de Roberto Luna que aparecieron en infinidad de publicaciones, que podemos apreciar los espacios interiores de la casa y comprender la sorpresa que en los habitantes de la ciudad causaban los diseños que Artigas proponía para El Pedregal.




Desde su terminación en 1952 la residencia de la familia Gómez-Munguía se transformó en símbolo de Jardines del Pedregal de San Ángel y no es de sorprender que gracias a su influencia, se generara una oleada de nuevas edificaciones en el fraccionamiento, varias de ellas encargadas al arquitecto Artigas, incluyendo las nuevas residencias de los promotores del fraccionamiento José Alberto Bustamante (1955, en Agua 868) y Luis Bustamante (1966, en Agua 833). Además, por años la casa Gómez-Munguía sirvió como parte de la campaña publicitaria del fraccionamiento…



Abajo, en una toma oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1954, que mira hacia el oriente y en la que he marcado la casa de la familia Gómez-Munguía en la calle del Risco 240, podemos ver abajo a la izquierda la Avenida San Jerónimo y los accesos al fraccionamiento por la calle de Agua y Avenida de la Fuentes -con los jardines de Barragán y la escultura "El Animal del pedregal" de Goertiz-; el cuenco basáltico que se aprecia abajo a la derecha, está ahora ocupado por estacionamientos y la tienda “The Home Depot” del conjunto comercial San Jerónimo sobre el Anillo Periférico. Nótese que para entonces había cerca de cuarenta casas edificadas en el fraccionamiento “Jardines del Pedregal de San Ángel”…



Siempre me ha resultado sorprendente la modernidad de la casa Gómez-Munguía y aunque durante mi infancia la asocié con los autos de pronunciadas aletas y faros que simulaban propulsores de cohete espacial, los automóviles de su período eran los vehículos de la década anterior, máquinas de la posguerra y de las que el Mercedes-Benz 220 presentado en 1953 (que en México se conoció como “Bolita”) era fiel representante.



Cuando en 1955 se llevó a pantalla el guión de Janet y Luis Alcoriza para “El Inocente”, Antonio Matouk y Rogelio A. González escogieron la casa Gómez-Munguía para presentar los exteriores de la casa de “Mané” -protagonizada por Silvia Pinal- y donde “Cruci” ” -protagonizado por Pedro Infante- es invitado a celebrar el Año Nuevo, sin imaginar que la inocente velada terminará en comedia de enredos…


Gracias también a encuadres de José Ortiz Ramos, en esa cinta podemos ver el amplio camino de acceso que comunicaba la calle con la casa, así como la explanada que llevaba a las escaleras de acceso a la casa y los estacionamientos cubiertos…



Aunque parte de la documentación fotográfica es en imágenes Blanco y Negro, las reproducciones “A Color” de las fotografías de Roberto Luna son extraordinario documento y permiten entender aún mejor el impacto de aquel diseño de 1952.





Para el Hospital Infantil y en la década del 50’, el Dr. Gómez encargó la creación a diversos murales a connotados artistas plásticos, tarea que en parte recayó en el pintor Francisco Eppens primero –con temas “Madre Fértil” y “Desnutrición” – y Diego Rivera después –con “Los niños pidiendo posada” y “La piñata” –, trabajos como eco al mural que Eppens pintó en el vestíbulo de la casa de Risco 240, fresco que evocaba las erupciones que crearon los flujos magmáticos sobre los que se alzaba la estructura.


Francisco Eppens Helguera (1913- 1990) fue un ilustrador y muralista mexicano que es recordado por sus obras de gran formato y por rediseñar en 1968 el escudo nacional mexicano, aunque mucha de su obra es bien conocida –si bien ignorada– al figurar en los timbres postales dibujados para los Talleres de Impresión de Valores y Estampillas (entre 1935 y 1953) además de innumerables carteles para la Secretaría de Hacienda. Eppens creó murales como los del Hospital Infantil de México, el edificio central del PRI y el Teatro Morelos de Aguascalientes, además de “La vida, la muerte, el mestizaje y los cuatro elementos” en la Facultad de Medicina de la UNAM, y “La superación del hombre por medio de la cultura” en la Facultad de Odontología.



La casa de Risco 240 se mantuvo durante los años cincuenta como el prototipo de las residencias del Pedregal, y aunque se edificaron otras casas notables en la zona, la “Casa Gómez” sería modelo a seguir; el propio arquitecto Artigas ejecutó otras varias residencias, incluyendo la “Casa de los Patos” para don Francisco Blanco –en Paseos del Pedregal – (Ver) y la casa para Stanley Wasung –proyecto de 1957 en cerrada de Risco 151- pero conservó siempre enorme cariño por la casa que desde la calle El Risco se mostraba esplendida.



En la casa que Francisco Artigas ocupaba en San Ángel como residencia y despacho –sobre la Calle Del Carmen y colindando con el Jardín de la Bombilla– su oficina fué decorada con un collage fotográfico donde presentaba algunos éxitos residenciales, composición en la que se mostraba como logro -al haber obtenido diversos premios y reconocimientos internacionales-, la casa diseñada en 1951 sobre la gran roca de Risco 240.



Siempre me ha resultado interesante el que fuera Artigas quien proporcionara una alternativa viable a las propuestas que Barragán y Cetto daban a la idea de Diego Rivera para reducir costos en la cimentación de los edificios, y crear en El Pedregal jardines agradables:
“En las grietas horizontales en donde se ha acumulado la tierra vegetal transportada por el aire, la materia orgánica vegetal y animal, son maravillosos receptáculos para la plantación de árboles y arbustos florales, siendo de una fertilidad extraordinaria, mucho mayor que en cualesquier otro lugar del Valle de México.”




En Risco 240, un penoso accidente concretó que se cegara la alberca frente al acceso de la casa, por lo que en las imágenes posteriores a 1959 el espejo azul había desaparecido.

Nos cuenta el doctor Lázaro Benavides Vázquez que en febrero de 1963 el Dr. Gómez renunció al cargo de Director del Hospital Infantil de México, para inaugurar y dirigir el Hospital de Pediatría del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en el Centro Médico Nacional. Terminó su discurso de despedida a los que lo habían acompañado desde la fundación del Hospital Infantil con:
" ... Tengo la absoluta convicción y el más acendrado deseo de que la juventud pediátrica que ha crecido a la sombra de nuestra Institución y se ha desarrollado a través de los canales científicos y éticos que ella ha marcado, la llevará a niveles científicos mucho más altos de los que ha tenido hasta ahora”.



Mi padre conoció al Dr. Gómez y en algunas ocasiones visitamos su casa; de aquel período son mis recuerdos vivos de aquel sitio, cuando llegar al Pedregal era una aventura y pasear sobre la calle de Risco un suceso que incluía el pasar por las rejas del 240, donde sobre la lava se posaba una casa de enormes cristales y entre magueyes y agapandos, un Plymouth 61 –Fury– mostraba su silueta de aletas y propulsores espaciales…


En 1966 el Dr. Gómez Santos se retiró de toda labor profesional activa y murió el 9 de enero de 1980 dejando la casa a sus herederos que la conservaron hasta 2004, cuando para diciembre el inmueble de 1952 fue destruido a fin de liberar el terreno en que se edificaría un conjunto residencial de siete casas, que tristemente poco aprovecharían el complejo terreno.



En imágenes captadas por Luis Gordoa en noviembre de 2004 la casa aparece incólume. Me cuenta el fotógrafo que cuando se le dio acceso a la casa –justo antes de la demolición–, se retiraban los muebles y dentro había cajas repletas de objetos, por lo que apenas se hicieron tomas interiores.

En la imagen de arriba, donde se apartaron parte de las cortinas, puede verse una de las sillas del amueblado original, colocada ahí para mostrar la transparencia del volumen y hacer evidente el tamaño de los planos de cristal. Abajo, una toma del vestíbulo bajo, captada desde la entrada de la escalera de las cocheras; al fondo, la puerta de acceso y escalera que sube al vestíbulo de la casa, mientras que al centro aparece una banca y a la derecha la pintura mural de Francisco Eppens, que desafortunadamente se perdió.





La fotografía de abajo, última imagen de la casa -que se captó a final de 2004 y que reproduzco gracias a la amabilidad de Luis Gordoa-, muestra una construcción a escasos cincuenta y dos años de edificada, en perfectas condiciones estructurales y magnífica representante de la arquitectura moderna en México, justo antes de ser destruida por la irracional opresión inmobiliaria.



El nuevo conjunto terminado en 2006, aprovecha los 3,437m² para brindar espacio a una calle central y siete casas de variado metraje y jardines correspondientes, pero desafortunadamente las formaciones basálticas del predio se han eliminado o ignorado (aunque en la parte trasera del predio parecen haber generado problemas para desplantar las residencias), y de la casa Gómez-Munguía no queda rastro en la calle del Risco N°240.



Mucho ha cambiado la Ciudad de México en sesenta años y “Jardines del Pedregal de San Ángel” no es la excepción; apenas queda el recuerdo de los jardines de acceso al fraccionamiento, donde “El animal del Pedregal” daba la bienvenida a los visitantes desde 1951 en la Avenida de la Fuentes.







Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (ésta es ya la 80), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



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