lunes, 13 de enero de 2014

La casa de campo de don Manuel González en Chapingo.






Arriba, una imagen de la verja -entrada Oriente a la Casa Grande- de la hacienda de La Concepción –Chapingo— tomada en el año de 1909, cuando era casa de campo de don Manuel José Niceto González Mantecón y su señora esposa doña María Guadalupe Fernández. La edificación que en el S. XVII había sido propiedad de Antonio de Medina y Picazzo, fue donada a la Compañía de Jesús y tuvo como propietario desde 1883 al general de división don Manuel González; el inmueble alberga ahora la Rectoría, “Capilla Riveriana” y oficinas de la Universidad Autónoma Chapingo.



La palabra CHAPINGO nos llega del náhuatl y probablemente viene de TZPINI - cosa espinosa y CO – lugar, por lo que significaría "LUGAR DE COSAS ESPINOSAS". Arriba, un plano de 1768 que se conserva en el Archivo General de la Nación (Cat. 881 Neg 977/1060, Tierras v. 917), donde aparecen en un trazo (sin correcta escala) del escribano Joaquín Moreno, “las tierras, compuerta y potrero de Chapingo”, hacia el Oriente de la ciudad y al sur del pueblo de de Texcoco.

En la primera mitad del S. XVII, durante los años que estuvo a cargo de la Compañía de Jesús, en la hacienda de La Concepción se construyeron un nuevo edificio principal y la capilla; en casi ochenta años de administración jesuita, la hacienda aumentó su extensión de 2,683 a 9,789 hectáreas y llegó a ser tan próspera que fue reconocida como una de las haciendas de producción mixta más productivas del siglo XVIII.

Abajo, en una litografía de B. H. Ward (1828) “The hacienda of Chapingo” donde puede apreciarse la fachada de la capilla, establo y graneros, así como los seis entre-ejes de la fachada sur de la Casa Grande (justo al centro) y su oratorio (del lado derecho); sobre ése último edificio se harían diversas modificaciones a final del siglo XIX.



Tras el decreto de expulsión de la Compañía de Jesús de los dominios españoles en 1767, la hacienda fue retenida por la corona y puesta en manos de particulares a partir 1777. A lo largo de los siguientes cien años la ocuparon diversas familias que le harían pequeñas alteraciones, aunque los cambios no afectaron el interés del inmueble: la casa principal construida de buena mampostería albergaba las habitaciones y el oratorio anexo se transformó en almacén, mientras que las otras construcciones básicas de la hacienda agrícola (caballerizas, cochera, pajar, corral, gallinero, troje, bodega de aperos, cocina y despensa, cuarto para carbón) siguieron en uso.

En 1884 el entonces presidente de la república, Manuel González Flores, compró la propiedad que en una de tantas campañas militares había conocido. A decir de Alejandro Rosas, Chapingo no pudo caer en mejores manos; el general le dedicó tiempo y dinero a reconstruir los edificios y vigorizar los cultivos, rescatando la siembra de maguey además de cereales. Si con los jesuitas la vida de la hacienda había alcanzado gran reputación, bajo la administración de González superó expectativas, en particular gracias a la incorporación de un ramal de ferrocarril, que permitió atar eficazmente la producción con la terminal de carga de Buenavista y unir la Casa Grande -que desde 1885 contaba con su propio vagón/dormitorio- a la terminal de San Lázaro.



Don Manuel González Flores era un héroe militar por su intervención en las batallas contra los ejércitos franceses y se le equiparaba al Mariscal Blücher, dada su oficiosidad decisiva en última batalla contra Napoleón. Nos dice Justo Sierra que “…se sobreponía en él no sé qué espíritu de aventura y de conquista que llevaba incorporado en su sangre española y que se había fomentado en más de veinte años de incesante brega militar en que había derrochado su sangre y su bravura. El general González es un ejemplar de atavismo: así debieron ser los compañeros de Cortés; física y moralmente así. De temple heroico, capaces de altas acciones y de concupiscencias soberbias, lo que habían conquistado era suyo y se erizaban altivos y sañudos ante el monarca, para disputar su derecho y el precio de su sangre.”

Su cercanía al general Porfirio Díaz lo colocó en buena posición para sucederlo en la presidencia de México entre 1880 y 1884. Arriba, en una imagen luego del asalto republicano a la ciudad de Puebla --2 de abril de 1867--, donde el ya General perdió el brazo derecho; abajo una fotografía (carte de visite) del general de división Manuel González F. en 1880, justo antes de ser nombrado Presidente de la República. Su período presidencial será recordado por el impresionante crecimiento de la comunicación por ferrocarril, la unificación del sistema métrico decimal en todo el país y el escándalo por la sustitución de monedas de plata por las de aleación de níquel…



En 1883, el presidente González encargó al joven arquitecto Antonio Rivas Mercado el proyecto y ejecución de su residencia privada en la Ciudad de México, cosa que se concretó ése mismo año en Peralvillo, muy cerca de la “Aduana del Pulque”; desafortunadamente la casa fue destruida como eco de las obras de ampliación nor-oriente del Paseo de la Reforma en 1933. Abajo, una fotografía del arquitecto Antonio Rivas Mercado al concluir sus estudios en París en 1878.



A unos meses de entregar la Presidencia, el general González compró las casi 13 mil hectáreas que conformaban entonces la hacienda de Chapingo y partir de 1885, emprendió un febril programa de mejoramiento productivo; dada la confianza que el arquitecto Rivas Mercado había ganado durante la edificación de su casa, le encargó la elaboración de un plan maestro para la reestructuración de los edificios de la hacienda, cosa que incluía la reconstrucción de la Casa Grande e incluso un conducto que llevara agua del pueblo de Chimalhuacán hasta la hacienda.

Aprovechando los antecedentes de su intervención en las haciendas de Ometusco (1881-85) de don Ignacio Torres Adalid y Tecajete (1884), el arquitecto enfrentó el proyecto sabiendo que el General deseaba que la Casa Grande le recordase el viejo edificio fortificado de la Aduana de Pulques de Peralvillo, cercano a su casa en la Ciudad de México. Abajo, la “Aduana del Pulque” o “Garita de Peralvillo” en una imagen de 1898 cuando aún mantenía dos torres de defensa (la garita fue también sede de la escuela Gabriela Mistral y bajo la custodia de la Secretaría de Relaciones Exteriores albergó al Instituto Matías Romero y ahora al Museo Indígena).



En 1886, la primera intervención de Rivas Mercado en Chapingo (cuando ya era diputado federal) fue el edificio para el nuevo Tinacal de la hacienda, espacio que resolvió hacia el poniente de la Casa Grande, con una cubierta de madera (que aún subsiste) y siete entre-ejes con remate de urnas; abajo una imagen del tinacal en 1922, cuando fue transformado en dormitorio para la Escuela Nacional de Agricultura.



Para 1888 las obras habían comenzado en la Casa Grande y Rivas Mercado uniformó el patio del edifico, agregando una nueva ala de servicios hacia el norte e integrando el oratorio al conjunto. En la fachada Sur (principal) marcó los vanos de los siete entre-ejes de la portada con urnas y bajantes, dando a la “planta noble” las ventanas con balcón que la identificarían como habitación; al centro, el portón bajo respondía a un balcón mayor en la planta alta y a un remate de frontón curvo, roto y con dado de reloj, muy a la manera neoclásica -con adornos de cuadrifolios, guirnaldas y roleos-. En las esquinas se inició la cimentación y desplante de las “torre/mirador” que para 1891 se habían enrazado con el resto del edificio. Abajo, la sección central de la fachada sur de la casa grande ya remodelada por Rivas Mercado.



Ya para entonces, la hacienda producía trigo y maíz, además de cebada y alfalfa para sus propios animales. Las mayores entradas económicas provenían de la venta de madera y ganado fino y de la comercialización de leche y pulque en la ciudad de México, en buena medida gracias a la eficacia del transporte por ferrocarril. Durante los siguientes años, incluso durante su labor como gobernador del estado de Guanajuato, don Manuel se presentaba frecuentemente en la hacienda, que según muchos, era su propiedad favorita. Abajo una foto de la ranchería (la imagen es de 1920), frente a la que destaca la vía de ferrocarril instalada en 1887.



De una carta de don Manuel González, fechada en Mayo de 1887 y que obra en el archivo de la BFJC de la UIA, se lee: “... las caballerizas están en obra, faltando los derramaderos; se derribó el portal de la tienda para franquear el paso a la vía férrea, obra que servirá para resguardar el vagón de la intemperie, se ha construido el bordo de la tabla de la Teja y pronto se le echará agua para abonar la tierra. La máquina desgranadora de maíz funciona muy bien, de manera que desgrana y saca perfectamente limpias 200 cargas de maíz diarias”. Abajo una imagen del “Paradero Chapingo”, en que se puede ver a la derecha la barda de la propiedad.



Desafortunadamente, el 8 de mayo de 1893 y aun siendo Gobernador de Guanajuato –en su tercer período-, muere en su casa de Chapingo el general de división don Manuel González Flores, a unas semanas de cumplir los sesenta años. Las pompas fúnebres se llevaron de acuerdo al ritual presidencial desde que el cortejo recibió el féretro en la Estación de San Lázaro. Luego de algunas discusiones, sus restos se depositaron “de manera provisional” en la Rotonda de los Hombres (ahora “Personas”) Ilustres en el Panteón de Dolores. Abajo el grabado de José Guadalupe Posada que documenta el desfile fúnebre el 12 de mayo de 1893 y más abajo la estela conmemorativa en el Panteón de Dolores de la Ciudad de México.





Durante 1893 las mejoras a los edificios de la hacienda se detuvieron y por algún tiempo el futuro de la propiedad quedó en entredicho, ya que el general había divorciado a su segunda esposa y reconocido a siete hijos más, por lo que ahora tres herederos calificados lidiaban la propiedad de Chapingo. Por algún tiempo, don Fernando León González Vázquez (hijo primogénito de su primer matrimonio n.1860) llamó morada a Chapingo, hasta que en 1895 el resguardo pasó a don Manuel José González Mantecón (hijo primogénito del segundo matrimonio de don Manuel) y de su madre, doña Laura Fernández-Arteaga Mantecón (1845-1900) quienes promoverían la culminación de las obras en la Casa Grande según el proyecto de Rivas Mercado.



Para 1896, se retomó el trabajo en varios frentes de la propiedad y de particular interés resulta la terminación de las torres, que por instrucciones de don Manuel González (hijo) se ampliaron un piso, haciendolas más altas y esbeltas; aunque hay la posibilidad de que existiera un proyecto aterior para hacerlas más altas, las torres recibieron ahora un mirador rodeado de columnas de fundición montadas sobre las doce columnas de piedra.
Arriba, una foto contemporánea de una de las torres octagonales de la hacienda de San Antonio Ometusco; remodelada entre 1881 y 1885 por el propio arquitecto Rivas Mercado, es probablemente un modelo cercano al proyecto original para las torres esquineras de Chapingo. Abajo, una fotografía contemporánea de la torre Poniente de la Casa Grande de la hacienda de Chapingo, donde se puede ver la forma que tomó luego de su terminación en 1896; a la izquierda puede verse parte del edificio que originalmente albergó el tinacal.



Las alegóricas torres/mirador se transformaron en el emblema de la hacienda y son su rasgo más significativo; los fustes de cinco cuerpos y base dodecagonal se aligeran en altura hasta llegar a un tambor rematado con doce almenas, perforado por seis cuadrifolios y rodeado por una reja. El cuerpo del mirador –propiamente dicho-, está definido por un barandal y doce esbeltas columnas de fundición (formadas de dos secciones) provenientes de la casa Le Val d’Olsne, que descansan sobre otra docena de columnas de cantera. Abajo, en una imagen contemporánea, la torre oriente; pueden verse con claridad las cinco secciones que la comprenden y los elementos decorativos que empleó Rivas Mercado.



Como complemento a la decoración, la Casa Grande se enmarcó con una balaustrada que de origen definía una grada perimetral; en acodos y accesos, la verja incorporaba sendos zócalos que a su vez sostenían esculturas provenientes de la “Fonderie Le Val d’Osne”. Abajo, una fotografía de la esquina poniente, donde se muestran dos esculturas de fieras; al frente “Lion et serpent” (León con serpiente) firmada Delabrière y al fondo “Lionne avec figuier de barbarie” (Leona con nopal) firmada Heizler; los felinos son copias recientes, ya que los originales -4- fueron requisados por las tropas de Emiliano Zapata y llevados a Amecameca, donde hoy adornan las cuatro esquinas de la plaza (Otras copias de la leona se encuentran en la Colonia Roma -cruce de Orizaba y Yucatán- y sobre el Paseo de Chapultepec, frente al Monumento a los Niños Héroes).



Por instrucción expresa del general González, el arquitecto Rivas Mercado y Manuel González hijo colocaron en el jardín principal de la casa un par de docenas de piezas fundidas por la prestigiada casa Le Val d’Osne; el repertorio incluyó cuatro fieras (felinos), dos estatuas heroicas (Perseo y Ares) así como una veintena de urnas y jarrones además de dos fuentes de platón (Fontaines 214).



Val d'Osne fué la fundición francesa más importante del siglo XIX; grandes escultores trabajaron ahí, algunos reconocidos en nuestra ornamentación urbana como Marthurin Moreau (autor de “Venus” en la Alameda Central), Gabriel-Vital Dubray (autor del “Neptuno” también en la Alameda), Jacquemart o Bartholdi. En realidad, más de doscientos artistas pasaron por sus talleres, y cerca de 40 de ellos son considerados hoy entre los pesos pesados de las artes escultóricas mundiales. Arriba, una postal que ilustra la “galería de modelos” de Le Val d'Osne.



El acceso principal a la Casa Grande se flanqueó por dos hierros de Val d’Osne: un Perseo de Veek y una copia del Ares Borghese cuyo original (copia romana de un original griego) se exhibe en el Louvre. No es de extrañar la elección: a la derecha Ares –dios de la guerra (victoria militar)— y a la izquierda el Perseo –símbolo de la victoria sobre la Gorgona Medusa--. Arriba, un fragmento de la torre poniente y “Persée”, hierro fundido y firmado por Charles Veek así como un inserto con la página del catálogo Val de l’Osne en que se promueve la pieza (STATUES 420); abajo, en una fotografía contemporánea el “Ares” de Val d’Osne que custodia el acceso principal a la Casa Grande de Chapingo y un fragmento de la torre oriente.




Al frente de la Casa Grande y al centro de una glorieta con fuente se colocó “Naïades a la fontaine” firmada Carrier-Belleuse, también de Val de l’Osne. Aunque en Chapingo llaman a la fuente “Las circasianas” --por ligarlas a una leyenda en que el general González la colocó para alagar a una amante Caucásica-- la historia es infundada, ya que la escultura se adquirió luego de la muerte de don Manuel, cuando salió a la venta en 1895. Abajo, “Las Náyades” (Ninfas, como Dríadas o Nereidas, específicamente asociadas con el agua dulce), pieza fundida y marcada Le Val d’Osne de la que existen otros dos ejemplares (de siete variantes en el catálogo) en la Alameda Central -aunque sin la estructura que la cubre- y de las que una comúnmente se conoce como “las comadres”.



La colocación de “Naïades a la fontaine” en 1896 al frente de la Casa Grande, coincide con la instalación de un nuevo sistema hidráulico en la hacienda, que incluyó tanques de almacenamiento y bombas para abastecer de agua a la casa. Entre 1896 y 1900, don Manuel González (Hijo) llevó a cabo un amplio programa de embellecimiento de los jardines frente a la Casa Grande, que para entonces ya era más una casa de campo. En el jardín sur, se abrieron caminos y adornaron con vegetación y varias piezas artísticas de L. Mott Iron de Nueva York, que incluían una veintena estatuas y jarrones que en su mayoría aún se conservan. Abajo un retrato de don Manuel José Niceto González Mantecón (C. a 1910), autor de buena parte de las mejoras a la hacienda entre 1895 y 1910, cortesía del arquitecto Gerardo Hernández Septién.



Aunque desde 1891 don Manuel González Mantecón recibía en la calle Oriente 2 Número 2500 (Teléfono –Mexicana 267) que es la calla que hoy conocemos como Moneda, pasaba –al igual que su padre- una parte importante del tiempo velando por el bienestar de la hacienda que hasta 1910 mantuvo su estado de privilegio. Abajo en una imagen de 1909 que pertenece al archivo Díez-Barroso/Balbás, una magnífica panorámica de la Casa de Campo de la familia González en Chapingo; para entonces el edificio funcionaba más como casa de fin de semana que como sitio de administración de la hacienda. A raíz de las mejoras efectuadas, varios otros edificios cumplían ahora las tarea agrícolas y la casa era más un sitio de esparcimiento y diversión; para entonces ya se habían terminado las torre/mirador, e incluso los cuatro remates de la capilla se alzan en plena ostentación. Un detalle curioso de la imagen es que pueden distinguirse el tubo de bombeo y el nuevo tanque de almacenamiento instalados en 1896 sobre la capilla…



Al interior las habitaciones de la planta noble se amueblaron acorde con la tradición de la época y la capilla se adornó de sobria manera; para 1910 “Chapingo” era un envidiado destino de fin de semana y recibió el examen y alago de algunos visitantes que asistieron a los festejos del Centenario de la Independencia de México; abajo, una imagen del foyer de la escalera en los pisos altos, tomada en 1906 cuando era residencia de don Fernando González…



A raíz de los disturbios revolucionarios de 1910 y 11, la vida en Chapingo no cambió mucho, aunque con el paso de los meses, las circunstancias modificaron la manera en la que se surtía de productos a la Ciudad de México; las cosas se agravaron luego del asesinato del Presidente Madero y a raíz del Plan de Ayala. En los primeros meses de 1914, Zapata tomó Jonacatepec y Chilpancingo; ese mismo año su Ejército Libertador del Sur de 27,000 hombres, controlaba por completo el estado de Morelos y algunos lugares de Guerrero. Poco después tomó Cuernavaca y para junio ocupó Cuajimalpa, Xochimilco y Milpa Alta, con lo que amagaba a la Ciudad de México. A finales de noviembre, la poderosa División del Norte y el Ejército Libertador del Sur entraron en la Ciudad de México. Fue entonces que los terrenos de la hacienda estuvieron tomados por las fuerzas zapatistas y usados como sitio de abasto para la tropa, además de sufrir la Casa Grande cierto grado de saqueo. Emiliano Zapata partió rumbo a Amecameca el 17 de diciembre de 1914 para tomar Puebla y llevó consigo gran cantidad de objetos confiscados en Chapingo…
Abajo, una de las figuras que adornan la “Plaza de los leones” en Amecameca (“Lionne avec lièvre”, firmada Heizler) dejada ahí por el Ejército Libertador del Sur y que fue copiada para reemplazar el faltante en la sección poniente del jardín en Chapingo.



Luego de la pacificación y por orden del presidente Álvaro Obregón, buena parte de las tierras de la hacienda de La Concepción –Chapingo—fueron expropiadas, y el casco y su Casa Grande asignada para usufructo a la Escuela Nacional de Agricultura que se trasladó a la ahora “” el 20 de Noviembre de 1923; la ENA había sido fundada 1854, aprovechando para eso el viejo Convento de San Jacinto, en San Ángel y en sus nuevas instalaciones tendría una enorme superficie para desarrollarse. Abajo, la antigua Escuela de Agricultura de San Jacinto en la Calzada México-Tacuba, hacia 1920 (el inmueble alberga ahora la Secundaria 120 "Rosario Castellanos"); más abajo, una imagen de la Exhacienda de Chapingo 1923 cuando se inauguró la ENA, aprovechando la Casa Grande como salones de clase y el Tinacal como dormitorio.





Al paso del tiempo, la ENA se transformó en Universidad Autónoma de Chapingo (y luego perdió el "de"), ampliando enormemente sus instalaciones sobre los terrenos asignados desde 1923 y en el proceso transformando la Casa Grande en Rectoría y Museo de Agricultura. Aunque se han hecho varias modificaciones, el edificio se mantiene en muy buenas condiciones y aunque los interiores originales se han perdido por completo, la estructura general del edificio se conserva intacta. Abajo, una imagen contemporánea del edificio de Rectoría de la UACh.



Respecto a los interiores, mención especial merece la capilla… En 1924 mientras Diego Rivera trabajaba en los frescos de la Secretaría de Educación Pública (en los muros del patio de lo que había sido un edificio inconcluso para la escuela de jurisprudencia, en la calle de Argentina N° 22 en el centro de la Ciudad de México), fue comisionado para decorar la capilla del nuevo plantel de la Escuela Nacional de Agricultura, que había sido saqueada en 1914 y maltratada por un pequeño incendio en 1918. La llamada “Capilla Riveriana” es considerada por muchos su mejor trabajo mural, con una temática que gira en derredor del concepto: “LA TIERRA FECUNDA o las fuerzas naturales dominadas por el hombre en un NUEVO PARAÍSO”. La capilla fue pintada por Rivera con la colaboración de Xavier Guerrero, Ramón Alba Guadarrama, Pablo O’Higgins y Máximo Pacheco, con la colaboración de León Venado en la albañilería. En el discurso pictórico Tina Modotti aparece como “Tierra Oprimida” y como “Tierra Virgen”, mientras que Lupe Marín inspiró “Tierra Fecunda” y Concha Michel inculcó la personalidad a “Tierra agreste”… Abajo, la “Capilla Riveriana”.



Abajo, una toma oblicua de la zona de Chapingo mirando hacia el sur-oriente; se indica la casa Grande de la Hacienda de La Concepción –Chapingo—que ahora es el edificio de rectoría de la Universidad Autónoma Chapingo.



Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. Si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–. Conforme haya más entradas (ya hay más de 50), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…

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