lunes, 2 de noviembre de 2015

El PENSIL AMERICANO



El PENSIL AMERICANO fue un conjunto bautizado así en 1795, que se edificó de origen por gusto del bachiller don Manuel Marcos de Ybarra, en las inmediaciones de Santa María Magdalena Tolman –Tacuba– sobre una amplia posesión adquirida en 1765. El nombre que recibió años después, era un redoble en honor a la publicación de “Pensil americano, florido en el rigor del invierno, historia de la aparición de la Virgen de Guadalupe y la fundación de su templo…”, de don Ignacio Carrillo y Pérez…

Ya en el siglo XIX fue visitado por Maximiliano I de México camino a Popotla y casa campestre de los generales Hermenegildo Carrillo y Pedro Hinojosa, sitio de memorables festejos y donde se insiste que Ángela Peralta «Cantarina de cámara del imperio» cantó: “Aroma dais al aire, Flores de Pensil, y admiráis, por el donaire tan gentil, que vuestra hacéis, toda alma varonil.”


Buena parte del “jardín barroco” ha cedido sus prados y huertos a naves industriales y bodegas en la populosa colonia Ahuehuetes, justo al sur del antiguo pueblo de Tlacopan –Tacuba–, pero un fragmento del “Jardín delicioso”, la capilla y tres “follies” aún se conservan junto a la ruinosa morada -con acceso desde la avenida Lago Chiem N°84-, apenas a unos metros de la estación “San Joaquín” de la línea 7 del Metro.


En un fragmento del “Plano de la Ciudad de México”, que corresponde al levantamiento firmado por Guillermo R. Puga en enero de 1906 y que reproduzco gracias a la generosidad de Javier Balbás Diez Barroso, puede verse la zona justo al sur de Tacuba y norte del Río San Joaquín, donde se han señalado los terrenos de cultivo de “LA MAGDALENA” Tolman y el jardín del “PENSIL”.

Durante el siglo XVII, la zona aledaña al antiguo pueblo de Tlacopan –que había cambiado su nombre a TACUBA–, era un poblado cuyos habitantes estaban dedicados al cultivo de la tierra y que aún conservaban recuerdo del Teocalli que había dado nombre al pueblo y que había sido par ceremonial de Tlaltelolco; frente a éste centro ceremonial, se había edificado en el siglo XVI el templo de San Gabriel Tlacopan, que resultó ser la principal parroquia de una extensa región que abarcaba dieciocho poblaciones, desde San Bartolomé –Naucalpan– y San Lorenzo –Tlaltenango– hasta San Esteban –Popotla– y San Juan de Dios –Los Morales–.


La edificación del templo de San Gabriel fue concluida alrededor de 1573, aunque pasó por diversas modificaciones en interior y exterior, particularmente en 1755, 1871 y a mediados de1970. Frente al templo se extendía un amplio atrio que luego se convirtió en el Jardín Juárez, área que desapareció casi por completo con la inserción de la línea 7 del Metro en 1984.

En el Archivo General de la Nación (3052- 978/1697 hospital de Jesús), se conserva un plano –abajo– fechado en 1738 y firmado por Juan del Campo Velarde (midió), en el que puede verse la zona del camino a Tacuba desde la Tlaxpana. A la extrema izquierda, aparecen –marcados con M– el “Pueblo de tacuba y potrero del cazique”; marcado con “O” la “calzada que va a San Joaquín” (que luego se llamó Camino Real a San Juanico y hoy corresponde a la calle de Felipe Carrillo Puerto, para llegar a Calzada Legaria). Con K y L aparecen señalados los terrenos del “Barrio de Santa María Magdalena” y los potreros de Tecamachalco, zona en la que aparecería lo que hoy llamamos PENSIL MEXICANO...


En los archivos de la Parroquia de Tacuba se tiene noticia de que en 1761, don Jacinto Roque Cortés Chimalpopoca –por ese tiempo mayordomo de la hermandad de Santa María Magdalena Tolman y heredero de doña Francisca Cano Moctezuma– realizó la venta de “varios pedazos de tierra de sus ascendientes padres y abuelos, en los potreros de Tecamachalco”, acción con la que varios miembros de comunidades aledañas se inconformaron; el pleito que se extiende hasta 1777, incluye la denuncia de que “malversó recursos obtenidos de la mercedad de varios pedazos de tierra al bachiller don Manuel” que según aseveraban, habían sido donados “a favor del culto del Santo Niño Jesús y de Santa María Magdalena Tolman en su capilla de dicho barrio”.



En un maravilloso documento de la Biblioteca Pública de Toledo –arriba–, aparece el “Curato de Tacuba”, cuya autoridad llegaba hasta la Hacienda de los Morales (Polanco y Lomas) hacia el sur, incluyendo la propiedad de “Ybarra” que se señala en rojo; es ésa la heredad que nos interesa…

Es posible inferir que el beneficiario de aquella transacción de 1761 sea don Manuel Marco –Marcos en otros documentos- de Ibarra (Ybarra), el bachiller en filosofía y cánones de la Real y Pontificia Universidad de México (y que para 1780, dictaba en la “Imperial Corte de México” las Constituciones al Prontuario –dignidad de la Santa Iglesia de Roma Apostólico– como clérigo Presbítero y pastor Árcade de número con el nombre de Sirresio Timbrio), ya que en varios documentos ante el cabildo nos “...dice haber comprado un sitio y habiendo empezado a construir, la Real Sala del Crímen le ordenó la cesara. Pide se tomen las providencias para que pueda continuar.” (17 de Junio de 1761) y para el 9 de Julio, solicita nuevamente “…continuar la construcción de la fábrica del sitio que se le mercedó en Magdalena.”



De hecho, en su libro “Arte Colonial en México” publicado en 1948, don Manuel Toussaint nos dice que el jardín “Parece que perteneció a don Manuel Marco de Ibarra, cuyas son las armas que luce el escudo que remata una de las portadas...” (tomando el dato de lo publicado en 1945 por Manuel Romero de Terreros), refiriéndose seguramente al arco doble de una de las “folies” (locuras) –fotografía de arriba, donde he agregado el escudo que tradicionalmente asocia con el Bachiller– de los jardines que desgraciadamente ya no existe. Es importante señalar que no se refieren al gran escudo de la que ahora funge como puerta de acceso al conjunto, que no existía en ese momento, por ser parte de una edificación posterior…


Desafortunadamente no puedo corroborar lo escrito por Romero de Terreros o Toussaint, ya que esa fotografía es la única que he obtenido con cierta definición y ese escudo corresponde apenas parcialmente a lo que tradicionalmente se asocian con los apellidos Marcos (“Escudo chevronado de ocho piezas de plata y gules, cuatro de cada esmalte” y/o “En campo de oro, un pino al natural, cargada su copa de una cruz, de gules.”) e Ibarra y/o Ybarra (“En campo de plata, un olivo de sinople con sus ramas abiertas y en el centro de ellas una cruz llana de gules, superada por una corona de espinos de sinople” …”flanqueado con dos lobos de sable empinados a su troco”); arriba, los tradicionales escudos de Ybarra, Marcos e Ibarra.

De hecho, los elementos del escudo de la fotografía de la arcada norte del Pensil podrían también asociarse a las familias Álvarez, Barriga, Bolado, Camino, Mendiola, Fullea, Diosdado, Padín, Cegarra y otra docena más...



De cualquier forma, el jardín que nos interesa, asociado al período de esplendor en que se denominó como “PENSIL AMERICANO” –con sus afamados acomodos barrocos–, corresponde a 1795, más de treinta años luego de esa adquisición en 1761, tiempo en el que probablemente ya no estuviera en manos de don Manuel Marcos Ibarra…

El propio Toussaint, también señala que aquel jardín comparaba en esplendor con el creado por don Martín Borda en Cuernavaca, siguiendo el diseño de José Manuel Arrieta y con otros en Tlalpan y San Ángel, lamentablemente ya también desaparecidos. Inclusive Wikipedia nos dice que “fue una de las fincas de recreo más extraordinarias de la ciudad. Decorado en estilo barroco, este jardín data de 1766 y tuvo una superficie de tres mil metros cuadrados” (en realidad más de 11,000m²).



¿Qué era ese Jardín que llamamos Pensil?

El Diccionario Enciclopédico Abreviado de Espasa-Calpe, nos dice que PENSIL se refiere figurativamente a un “Jardín delicioso” –aunque el término refiere estrictamente a un jardín colgante–, por asociación con los idealizados “Jardines colgantes de Babilonia” (una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo) y que desde el siglo XVI se transformaron en parámetro poetizado de diseño. La idea barroca en la Nueva España del Siglo XVIII era la de un jardín de delicias, a la manera en que la tradición Francesa en tiempos del “Rey Sol” había imbuido a la Casa de Borbón en España luego del ascenso de Felipe V.

Abajo, de la extraordinaria colección de Viviana Corcuera, el retrato de “Ramona Antonia Musitu y Zaldive de Icazbalceta y sus hijas María Josefa Icazbalceta y Musitu y Ana Ramona Icazbalceta y Musitu”, obra de Juan de Sáenz, que puede ilustrar la presencia de la alta sociedad y nobleza del siglo XVIII novohispano. ¡Miren el delicioso jardín del que se acompañan las retratadas!



Ya para el tiempo de Carlos III de España, las Ordenanzas de Población de 1573, promovidas por Felipe II, habían generado la Alameda Central de Ciudad de México siglo XVI y para el S. XVII los paseos de Bucareli y de la Viga, o la Alameda de Querétaro. La jardinería proliferó especialmente en el siglo XVIII, sobre todo entre la aristocracia y el clero, que avivaron la edificación de residencias tanto urbanas y rurales que escondían amplios jardines para esparcimiento de su dueño e invitados. Tanto proliferó la moda, que para 1780, la zona del camino a Tacuba se había transformado en sitio reconocido por sus “Casas de Placer y que algunos llaman el Tívoli de México como si tuviera una Villa Adriana o una Villa d’Este”.


Es posible entender el contexto gracias a un óleo sobre tela –arriba– que resguarda el Museo Nacional de Historia “Planta y descripción de la muy Noble e Imperial Ciudad de México”; en la poco común perspectiva a ojo de pájaro mirando de Esta a Oeste, la ciudad aparece abajo a la izquierda y se distinguen en la parte alta los acueductos de Chapultepec y Santa Fe, que convergen hacia la loma de Chapultepec. En la parte de arriba y derecha del óleo, aparece el camino que en lejanía lleva al pueblo de Tacuba, luego de pasar por el Templo de San Cosme (37), el hospicio de Santo Tomás (43), el templo de San Antonio (38) y la capilla de San Jacinto (42), que también aparecen en el plano de Juan del Campo Velarde.

Romero de Terreros cita un texto del Padre Vetancourt que en 1698 corrobora la trascendencia de estos dos espacios, constantes en las haciendas mexicanas: “Todo lo más de la comarca, en cinco leguas en contorno, está poblada de huertas, jardines y olivares, con casas de campo que los ricos de la Ciudad han edificado para su recreo”, auténticos paraísos “... con invenciones de agua que entretienen”, arroyos y florestas.

Estas “casas de placer” se multiplicaron en el siglo XVIII, como reflejo del refinamiento de costumbres traído de Europa. Las villas suburbanas de San Ángel, como la del capitán Martínez Aguirre con “pulidas huertas y amenos jardines”; o la del Conde de Xala, cuyo patio se adornaba con cerca de un centenar de macetas de Talavera de Puebla luciendo los azules y blancos entre claveles y naranjos; o el palacio que el arzobispo Vizarrón construyera en Tacubaya “con sus primorosos jardines, fuentes y arboledas de crecidas huertas” por las que gustaba pasear el primer conde de Revillagigedo o las surgidas en otros lugares cercanos a la capital. ¡Extraordinaria visión de una sociedad que hacía suyas las costumbres de lo que llamamos barroco!



He habado específicamente de Carlos III de España que para 1760 nombraría a la cabeza del virreinato a don Francisco Cagigal de la Vega –de corta estancia– y luego a don Joaquín Juan de Montserrat y Cruïlles, y don Carlos Francisco de Croix precediendo a don Antonio María de Bucareli y Ursúa, Henestrosa y Lasso de la Vega que llegó en 1771 y permaneció hasta 79 como cuadragésimo sexto virrey. Durante ése período, poca o nula información he encontrado respecto al jardín de Santa María Magdalena Tolman, pero para 1784 aparece nuevamente un rastro sugestivo y puede ilustrarse visitando la sala que exhibe los retratos de virreyes de la Nueva España en el Museo Nacional de Historia, dentro del Castillo de Chapultepec…



La nota interesante proviene de una carta de don Matías de Gálvez y Gallardo quien tomó posesión como virrey de la Nueva España el 29 de abril de 1783, puesto en el que realizó una ventajosa labor, incluyendo un fuerte impulso la Academia de San Carlos, fundada en 1784.

Gálvez permaneció menos de nueve meses en su puesto, tiempo que apenas sirvió para impulsar algunos proyectos de sus antecesores, destacando la desecación de la laguna de México; además, favoreció el rescate y remodelación del palacio de Chapultepec, que era usado como residencia temporal de los virreyes, y permitió a Manuel Valdés reeditar la “Gaceta de México” medio de difusión de ideas ilustradas.



Gálvez dio orden para el saneamiento, alumbrado y empedrado de las calles de la capital, además de tomar medidas para la conservación de acequias y puentes, y la mejora de los abastos desde los puntos de suministro; embelleció la Plaza Mayor e insistió en la terminación de las torres de Catedral. Curiosamente, prohibió el juego de naipes –muy popular en el virreinato– a pesar de que su hermano José había levantado una fábrica de naipes en Macharaviaya, su pueblo natal.

En su correspondencia con viejos amigos en Tenerife –fechada en Tacubaya el 2 de Septiembre de ese 1784– refiere su oferta por unas tierras en “el camino a Tacuba” donde podría “mejorar un jardín para el esparcimiento y sitio donde curar los males que aquejan”, porque “..me he visto mui enfermo, y si no me salgo de Mejico a ese lugar, creo pararia en tragedia”…



El documento sorprende por la candidez, y permite asumir que el virrey no llegó a ver concretada la transacción, ya que murió el 3 de noviembre de 1784 –apenas dos meses luego de enviada la carta–. Lo que es posible, es que su sucesor en el puesto e hijo, decidiera sostener la oferta…

Bernardo de Gálvez y Madrid, I conde de Gálvez y vizconde de Galvestón, fue un militar y político español, héroe de Pensacola, ciudadano honorario de los Estados Unidos de América hijo de Matías de Gálvez y sobrino de José de Gálvez y Gallardo, por entonces Secretario de Estado del Despacho de Indias.



Don Bernardo de Gálvez llega a la Nueva España precedido de gran pestigio…

Cuando las trece colonias que Inglaterra tenía en América del Norte se sublevan y emprenden una guerra contra la metrópoli para conseguir su independencia (de 1775 a 1783), Francia y España apoyan con armas y dinero a los insurrectos. Francia reconoce la independencia de los Estados Unidos y firma con el nuevo país un tratado de amistad y colaboración. Como consecuencia, Inglaterra declara la guerra a Francia, y con ésta se solidariza España en 1779, renovándose el Pacto de Familia.

Rotas las hostilidades ese mismo año, Bernardo de Gálvez arrebata sucesivamente a los ingleses los fuertes de Manchack, Baton-Rouge, Paumure de Natchez, Thompson y Smith. En 1780, parte de Cuba y se dirige a Fort Charlotte y Movila (la actual Mobile, en Alabama), plazas que logra rendir tras un sitio de tres semanas; así, la cuenca baja del río Mississipi queda libre del peligro que suponía la presencia de fuerzas inglesas contra Nueva Orleáns. Estas victorias le valieron el ascenso a mariscal de campo, y para sus soldados, pasar de héroe a mito.



Aun así, la auténtica gloria le esperaba en el asedio y toma de Panzacola (hoy Pensacola –Florida-), que estaba bien defendida, comandada por los generales Peter Chester y John Campbell. A pesar de que el objetivo se consideraba inviable, Gálvez decide atacar esa plaza cuya toma era considerada de extrema importancia para el decurso de la guerra y sorprendentemente domina con un solo bergantín. Así, tomando como base las plazas de Panzacola y Movila, recupera para España las dos Floridas, lo que conllevó para los ingleses la enorme pérdida de sus fortalezas en el Golfo de México, con la excepción de Jamaica.

El 19 de octubre de 1781, el ejército sedicioso vencía definitivamente en Yorktown a las tropas británicas. La guerra había terminado y nacía un nuevo país: “Los Estados Unidos de Norte América”. En el desfile de victoria, un orgulloso Bernardo de Gálvez cabalgaba a la derecha de George Washington.

La Paz de Versalles, firmada en septiembre de 1783 entre Gran Bretaña, Estados Unidos, España y Francia, puso oficialmente fin a la guerra, y supuso para España el reconocimiento de su soberanía sobre La Florida.

Esta brillante actuación le vale don Bernardo el ascenso a teniente general, la condecoración de la Enmienda de Bolaños de la Orden Militar de Calatrava y la concesión por Carlos III de los títulos de vizconde de Gálveztown y conde de Gálvez; para perpetuar su hazaña de entrar él solo con su barco en la bahía de Pensacola, el rey añadió a su escudo de armas el bergantín Galveston con él a bordo y como cimera la leyenda “Yo solo”.



Ese mismo año de 1783, Bernardo de Gálvez vuelve a la Península, pero al año siguiente regresa a América como gobernador de la Capitanía General de Cuba. Al poco tiempo de estar en La Habana, muere su padre, a la sazón virrey de Nueva España, y don Bernardo es promovido al cargo de virrey, del que toma posesión en 1785.

En el tomo II de “México a través de los siglos”, don Vicente Riva Palacio nos dice que: “El conde de Gálvez hizo su entrada solemne en México el 17 de junio de 1785, acompañándole su esposa, la joven y bella doña Felicitas Saint-Maxen, natural de Nueva Orleans.” “El conde de Gálvez se presentaba en público conduciendo él mismo su carruaje y aún entraba así en la plaza de toros antes que comenzara la lid, dando vueltas al redondel, como si fuera el paseo de uno de los carros en los circos romanos; esto le valía siempre grandes aplausos de la multitud; sentábase al lado de cualquiera persona familiarmente en los espectáculos públicos, y en palacio dio un convite al regimiento de zapadores…”Un caso ocurrió que llamando extraordinariamente la atención hizo desconfiar á los españoles en México de las intenciones del virrey conde de Gálvez: una mañana volvía éste á caballo á la capital de una casa de campo llamada El Pensil, adonde se había retirado por motivos de salud, cuando cerca de la Alemada encontró la siniestra comitiva que llevaba al patíbulo á tres reos condenados á muerte por homicidas y ladrones…”



Durante su mandato como virrey, Bernardo de Gálvez continúa con las obras del Palacio de Chapultepec, retoma el alumbrado público de las principales calles de la capital, concluye los remates de las torres de Catedral y ultima las obras del camino a Acapulco. Como corresponde a un hijo de la Ilustración, destaca su apoyo a las Ciencias y el patrocinio a la expedición de Martín Sessé y Lacaste -uno de los botánicos que se trasladaron a Nueva España durante el siglo XVIII para estudiar y clasificar la flora del territorio-, además de apuntalar los proyectos de Vicente Cervantes, que llevó a España un completísimo catálogo de diversas especies de plantas, peces y aves.

Es precisamente en ese período y con la asesoría de don Vicente Cervantes, que dota el jardín de La Magdalena con nuevas plantas y edificaciones.

Siempre me ha maravillado el recrear el recorrido que don Bernardo de Gálvez y Madrid haría para ir y venir de ésa “casa de campo llamada El Pensil”, por lo que en el plano de abajo, que corresponde a un detalle del levantamiento de 1857 por la Comisión del Valle he marcado en naranja el posible camino entre Magdalena Tolman y la Alameda de México.


Al centro de la imagen, la ciudad de México (que sorprende por las dimensiones que presentaba en 1857 y que había mantenido desde 1790); arriba, se señala la Villa de Guadalupe (estrella azul) y abajo el pueblo de Tacubaya (estrella amarilla). El recorrido marcado seguía los arcos del acueducto de Chapultepec (que llegaba a la Fuente de la Mariscala detrás del convento de Santa Isabel donde hoy está el palacio de Bellas Artes) por la calle de México a Tacuba –por Ribera de San Cosme y Puente de Alvarado– hasta la fuente de la Tlaxpana (donde hoy está un parque público y la “Capilla Británica” al cruce con Melchor Ocampo -Circuito Interior-).



El recorrido iniciado en la “casa de campo” incluiría seguir rumbo al norte –hacia el pueblo de Tacuba– para doblar hacia el oriente en la “calzada que va al Convento de San Joaquín” y que oficialmente se bautizó como Camino Real de San Juanico (que hoy corresponde a la calle que honra a Felipe Carrillo Puerto), para entroncar con la Calzada Mexico-Tacuba a la altura de la Escuela Normal de Maestros –bordeando lo que ahora es la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea y que fuera diseñado como la original escuela para el magisterio durante el porfiriato–, donde había estado la capilla de Nuestra Señora de la Paz, “una buena legua antes del árbol de Popotla”.



Me asombra saber que ese camino que apuntaba al lejano San Joaquín y atravesaba Tolman, llevaba al enorme convento que ahora se halla velado entre los panteones Francés y Sanctorum, pero conservando aún en el eje del panteón, el extraordinario aljibe que se edificó entre 1741 y 44 bajo el priorato del padre alejo de San Joaquín.



La barda que hoy vemos protegiendo al PENSIL AMERICANO –en estado ruinoso– es apenas una pequeña parte de aquel conjunto, ya que como nos dice don Manuel Romero de Terreros en 1945: la propiedad “tiene la particularidad de ostentar, en sus ángulos, muy graciosas portadas, que antaño daban acceso a la huerta; la principal portadilla, formada por dos arcos y rematada con el escudo de armas de Ybarra, toscamente labrado y hoy mutilado” ha desaparecido por completo, pero se conserva sobre la calle de Lago Chiem parte de lo que en 1795 era el acceso protocolario.



Debe haber sido todo un acontecimiento acceder por aquella entrada principal, al pasar bajo la ornamentada crestería de la portada de doble tímpano mixtilíneo, en cuyo centro, la corona condal timbraba el escudo de armas, montado sobre una hornacina –seguramente dedicada a proteger una imagen de María Magdalena– flanqueados ambos por pináculos de ascendiente barroco, montados sobre dados, montados sobre roleos...



Esa portada es en sí un enigma, ya que aunque se mantiene en pie, ha pedido la adarga que permitiría adjudicar sin dudas la propiedad de quien erigió el frontal. Curiosamente, en algún momento alguien decidió labrar sobre el broquel desguarnecido el nombre IBARRA, ignorando los límites originales, seguramente como parte de alguno de los pleitos de propiedad que han plagado al edificio desde 1820. Bien nos dice María Bustamante Harfush que “Después de la Independencia de México, los escudos de armas fueron borrados para no dejar huella del pasado hispano"...



A pesar del deterioro de los remates, haber perdido la corona que cerraba la composición y haber sufrido la desposesión del escudo, se conserva la magnífica estructura barroca -típica de las edificaciones urbanas de la segunda mitad del S. XVIII-, con sus dos frontones mixtilíneos delimitados por roleos moldurados en cuyos vértices descansan cubos que estuvieron coronados por pináculos, y que con más entusiasmo que razón se ha querido atribuir a los grandes arquitectos del barroco novohispano.



Compárese la composición del doble frontón del Pensil -arriba- con el remate de la portada del templo de la Enseñanza -abajo-, autentico manifiesto de la arquitectura barroca novohispana, comúnmente atribuida a don Francisco Antonio Guerrero y Torres, donde nos encontramos ante una estructura de elaborado barroquismo local con sus volutas alternadas y remates de líneas mixtas. La fotografía de abajo, es un fragmento de la captada por Guillermo Kahlo en 1905, y muestra el tímpano mixtilíneo de la portada del templo.




Otro asunto interesante que podemos hacer notar mientras hablamos de la portada, es lo referente al nombre tallado en el arco rebajado del acceso que parece indicar “PENSIL MEXICANO”, texto tallado en el dintel y remarcado con pintura ocre.



La talla original decía “PENSIL AMERICANO” y según se cuenta, fue alterado a causa de la intervención norteamericana luego de que el 13 de septiembre de 1847 cayera el Colegio Militar de México en el Castillo de Chapultepec. Eliminando la A y sustituyendo la R por X, el pensil pasó a ser mexicano para protegerse así de la invasión americana o la posibilidad de incautación…

Volviendo a la parte alta, se ha insistido también que es en ese período en que se “rasuró” el escudo, ya que presentaba los blasones del conde de Gálvez y vizconde de Galveston (Gálvez-Town), cosa que transformaba al conjunto en propiedad de un ciudadano honorario de la nación invasora.



También se ha repetido que el conjunto fue “propiedad del último Virrey” cuyo escudo ornaba la portada. Nominalmente, el último virrey de la Nueva España fue Juan José Rafael Teodomiro O'Donojú O'Ryan, que ocupó el puesto cuatro días, por lo que es poco probable que adquiriera la propiedad y le tallara su escudo; algo similar sucede con su antecesor don Pedro Francisco Novella Azabal Pérez y Sicardo; además ninguno poseía título nobiliario, por lo que timbrar el escudo con una corona les hubiera sido imposible...

Antes que ellos, gobernaron la Nueva España don Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza -1.er Conde de Venadito-, y don Félix María Calleja del Rey Bruder Losada Campaño y Montero de Espinosa -1.er Conde de Calderón-; ocuparon el puesto por cinco y tres años y fueron conocidos por apoyar las expresiones neoclásicas de esa nueva vanguardia, por lo que es poco probable que mantuvieran su armas sobre una portada barroca…



El título de “Pensil Americano” se debe al homenaje que en 1795 se hiciera a la aparición del texto de don Ignacio Carrillo y Pérez que como “Pensil americano florido” se imprimió por Mariano Joseph de Zúñiga y Ontiveros en 1797. El texto, que se refiere a “La imagen de María Santísima de Guadalupe, aparecida en la Corte de la Septentrional América México”, que a pesar de hacerlo en pleno invierno, transformó en florido jardín el sitio de su visión milagrosa.



Así, “PENSIL AMERICANO FLORIDO EN EL RIGOR DEL INVIERNO” se aplicó como sinónimo de un jardín milagroso, ya no dedicado al placer sino a la prodigiosa contemplación en la usanza barroca.



¿Y ya dentro?

La idea de la casa de placer estaba muy bien representada en éste conjunto de 1790; María Bustamante en su texto acerca de Los Pensiles, nos dice que “Tras la barda se conservan las ruinas de lo que fuera una gran casa solariega o villa de descanso, una pequeña capilla y un ¨jardín exuberante¨ -de ahí la palabra Pensil- de varias hectáreas junto a una huerta.”



La parte edificada, corresponde a los cánones de las residencias del S. XVIII donde prolifera el patio de influencia andaluza, que en éste caso funciona como amplia antesala que da opción a entrar a la casa o pasar directamente a las terrazas que miran hacia el jardín.

En el edificio que llega a nuestros días, es difícil entender las características de aquel Pensil del S. XVIII, por lo que en la imagen de Google-Earth que aparece abajo mirando hacia el oriente, he marcado en naranja, el límite de lo que hasta 1930 fue el “Pensil Mexicano” y señalado en rojo, lo que queda de aquel “Jardín delicioso”; en la toma se distingue la avenida Lago Chiem -bajo la que corre la línea 7 del metro- y a la extrema izquierda su cruce con Lago Wam.



En su tesis de licenciatura de junio de 2015, Rafael Ramírez Eudave (UNAM) propone el rescate del Pensil Mexicano a fin de utilizarlo como un centro cultural; como parte de su análisis y proyecto, dibujó un croquis que permite entender lo que aún queda del jardín y edificio, en particular la disposición de lo edificado; podemos ver que los edificios sobrevivientes se concentran hacia la calle de Lago Chiem (poniente), aunque varias de las habitaciones han perdido sus techos.





El inmueble presenta dos claras etapas en su construcción, que respaldarían la hipótesis de una parte edificada por el Bachiller Manuel Marcos Ibarra y otra, mucho más opulenta, edificada por un miembro de la nobleza novohispana. A la derecha –en la imagen de Google-maps captada en 2014–, el grupo de construcciones de menor altura y calidad, erigidas en torno a una platea abierta que mira al oriente –marcadas en naranja–; a la izquierda, la edificación de mucho mejor factura, en torno a una patio cerrado –al poniente– al que se tiene acceso por la gran portada y edificado sobre una plataforma, que crea una terraza-mirador limitada por jardín y capilla, y que mira en altura hacia el oriente–marcadas en rojo– .

La simple revisión de la barda que hace fachada sobre Lago Chiem, permite observar debido a su ruinosa condición, que la construcción ha tenido diversas etapas e innumerables intervenciones, unas de mejor factura y calidad, pero señala también a un acceso de importancia que tiempo atrás fue tapiado.



Arriba, la vista desde Lago Chiem, donde destaca la ventana en cuadrifolio del pasillo principal de la casa; abajo, en una vista desde el jardín y mirando hacia el poniente, podemos ver el corredor principal de la casa; a la izquierda la platea de la construcción original y a la derecha la plataforma y terraza del edificio principal –edificado durante el período de esplendor–, que de origen estaría cubierta con un techo sostenido por viguería y que llevaba a la capilla.



En su interesante texto acerca de “Los nobles novohispanos a fines de la época colonial”, Verónica Zárate Toscano nos dice que “…las casas de los nobles en el campo,… guardaban una estructura un poco distinta a las residencias de la ciudad. Por ejemplo, las casas rurales tenían huertas y jardines, poco frecuentes en las casas de ciudad, donde la vida al aire libre se centraba en el patio. La casa rural…” era de menor altura, pero “tenía jardín enlozado, dividido la mitad con un gracioso repartimiento de setos y arriates, con terraza elevada dos pies, y en el centro de la vista, su fuente circular de chiluca” aunque un elemento que perduraba como claro símbolo poder económico y social, era la capilla privada...


Arriba, en una maravillosa fotografía que María Bustamante publicó en el libro “Las Pensiles”, podemos ver la terraza principal de la casa –que ha perdido su cubierta– y la capilla y torre-campanario del Pensil Americano. Sobre el techo de esa terraza se ubicaba un mirador con antepecho de tabique, que permitía mirar en lontananza y hacia el oriente, la Ciudad de México, capital de la Nueva España. Abajo, en un ángulo muy similar a la anterior, pueden adivinarse detrás del árbol la torre de la capilla así como el techo de la terraza, con su celosía que hacía las veces de antepecho; además, abajo destaca una de las portadillas o “folies” del jardín, estructuras a las que nos referiremos más adelante.




En la fotografía de arriba, que mira hacia el nor-oriente y que pertenece a la colección de Constantino Reyes Valerio (Coord. Mon. Hist. INAH), puede verse la torrecilla de planta cuadrada y un solo cuerpo, con su decoración en argamasa, vanos de arco mixtilíneo -curiosamente apuntado- y hornacinas esquineras que quieren ser parte de estípites; las pilastras están decoradas con motivos vegetales y rematan en curiosos capiteles dobles que sostienen una cornisa perimetral sobre la que descansa la pequeña cúpula rematada por un orbe.

Abajo, en una toma terciada, cuando ya el techo de la terraza había colapsado en 1957, destacan el sistema constructivo con terrado, una ventana de la capilla y las características de la vibrante ornamentación de las cornisas.


De esa esbelta torre-campanario de la capilla se ha perdido buena parte del trabajo ornamental, que corresponde visiblemente a la tradición del argamasado poblano y tlaxcalteca; de magnífica factura tiene similitudes con la Capilla de los Dolores –Iglesia de Guadalupe– en Puebla o con la portada de la parroquia de Metepec.

Pero en el conjunto, el elemento arquitectónico más elaborado y sorprendente, debió ser sin duda la portada de esa capilla doméstica…



El corredor de la terraza con vista a los jardines, remata hacia el norte con una portada de acceso central, enmarcado por un arco mixtilíneo flanqueado por un par de pilastras estípites de magnífica factura, que desplantan de un manojo de dados y que en su desarrollo presentan juegos ornamentales con dados, medallones y capiteles de sorprendente riqueza.

Desafortunadamente los techos se han perdido, junto con buena parte de las puertas y ventanas –casi todos a causa de un incendio documentado en 1968–, por lo que las puertas entableradas de las fotografías ya no existen.


La foto de arriba, muestra la portada de la capilla luego del colapso del techo de la terraza en 1957. Gracias a la luz que pasa por el techo arruinado, resulta interesante observar que sobre la puerta de arco trilobulado, aparece una hornacina ceñida por pequeñas pilastras y flanqueada por angelillos que sostienen cornucopias. Esa iluminación también detalla los estípites tallados en chiluca, que presentan los tradicionales elementos de la pilastra troncopiramidal invertida de los que tanto habló don Manuel González Galván, y que tienen sorprendentes similitudes compositivas con los de la portada lateral del templo de la Santísima Trinidad, tallados entre 1755 y 83, atribuidos reiteradamente a don Lorenzo Rodríguez, autor del Sagrario Metropolitano. –Abajo un detalle de la portada lateral, tomados de una fotografía de Guillermo Kalo expuesta en 1905–.



Aunque la portada de la capilla se mantiene en pié, llega a nosotros severamente deteriorada y en necesidad urgente de consolidación. Abajo, en una invaluable fotografía de María Bustamante tomada en 2004 y que reproduzco gracias a su generosidad, aparece la portada, así como el interior de la capilla, ya desprovisto de retablo, piso y puertas.



Jorge Pedro Uribe va más allá y con admirable enjundia dice de la capilla que la “fachada churrigueresca pudo ser diseñada por Lorenzo Rodríguez, el andaluz que reedificó el Colegio de Niñas y se encargó del Sagrario Metropolitano y de las portadas del Colegio de las Vizcaínas, entre otras obras importantes.”

Difícilmente pueden encontrarse elementos formales que determinen con certeza la autoría de las diversas partes del edificio, y hasta el momento, no he encontrado documento alguno que arroje luz sobre esa o alguna otra parte edificada.



Complicado también conjeturar acerca del interior de la casa, con sus espacios cubiertos por viguería y terrado; los innumerables usos que las habitaciones han tenido a lo largo de 235 años, aunado a los altibajos en la ocupación del edificio hacen de eso una ardua y resbaladiza empresa. Aun así, la casa que reconstruyera el arquitecto Alejandro von Wuthenau para don Manuel Barbachano Ponce, rememorando las casas campestres virreinales, puede ser un buen ejemplo, sobre todo gracias al maravilloso biombo que la ornamentaba y al que volveremos líneas adelante…



No es descabellado pensar que las habitaciones del Pensil estuvieran ricamente amuebladas a final del S. XVIII, en particular el comedor, sitio significativo para la recreación de los visitantes, apenas detrás del jardín delicioso; una forma de ilustrarlo, puede ser el salón comedor de la “Casa de los Perros” (también Casa Grande, Palacio de Herrera o Casa del Águila) en Apaseo el Grande –Guanajuato–, edificada para don Francisco Herrera entre 1780 y 1789 por Mariano de las Casas. El salón presenta escenas de la tradición local, pero con un lenguaje pictórico “chinesco”, que tan de moda estuvo en el período.



De particular interés me resulta la fuente que sirve al comedor, de importancia casi perdida en nuestros días y que además ilustra la imaginería de ese momento barroco, ligado al virreinato.



El casco de lo que llamamos “Pensil mexicano” es entonces una construcción de apenas 800 m² y una docena de habitaciones, parte de ellas montadas sobre una plataforma, entre las que destacan una capilla –de magnífica portada–, un salón grande -que probablemente hiciera las veces de “salón de Estrado”-, un salón menor que fungía como comedor formal y una estancia –a espaldas de la capilla- que seguramente funcionó como recamara. Éstos espacios se agrupan en “U” en torno a un gran patio de acceso –con una puerta ceremonial– que además da ingreso a la escalera formal que lleva a la gran terraza –antaño cubierta– y al PENSIL…



En un fragmento del magnífico grabado –iluminado– “HORTUS ET PALATIUM ATESTINORUM TYBURI” con el subtítulo “Le Jardin et le Palais á coté de la Ville de Tivoli” de Étienne Dupérac que se produjo entre 1560 y 75, aparecen los afamados jardines de la Villa D’Este, conocidos como “Il triunfo del Barroco”. Son éstos jardines los que en buena medida sirvieron como detonador y modelo a los producidos en Francia y España, y que de manera indirecta influyeron en los jardines barrocos novohispanos y de los “Tivoli” mexicanos.

La tradición barroca del paseo en jardines viene de la práctica renacentista con el rescate de lo que -en Roma por ejemplo- habían sido los viejos jardines de los palacios; ahí, la jardinería está perfectamente diseñada para establecer el paisaje, en un mundo en donde el orden y la geometría predominan por encima de todo, salvo cuando aparecen –casi como sorpresas– piezas “descubiertas” de la antigüedad…

¿Imaginan pasear por un jardín de Roma –Campo de' Fiori (campo de las flores), por ejemplo– y repentinamente descubrir “el Torso Belvedere”, como sucedió durante el papado de Julio II?



¡Esa era idea!

Salir y deambular, quedar sorprendido ante la belleza de las nubes; saludar cortesanamente y conversar de naderías optimistas; verse elogiado por la galantería del acompañante y agasajado al escuchar canto prudente; maravillado ante el paisaje limitado por volcanes nevados y sorprendido al descubrir en el huerto una gradilla cubierta de curiosa venera marina; gratificado al encontrar un “risco” de refrigerios refrescantes junto al suave murmullo de una fuente.

“Es demasiado larga la vida para lo malo, demasiado corta para lo bueno”…



De una recopilación de Crispín de Passe –el Viejo–, uno de los grabados de la serie “Las edades del hombre”; el lema dice: “Hoy a mí, mañana a ti” (Hodie mihi, cras tibi).

El jardín barroco tiene una larga historia y de estar interesados, recomiendo el texto de Sonsoles Nieto Caldeiro, “El jardín barroco español y su expansión a Nueva España”

Una pintura que mejor explica esa galantería XVIII, es “Sarao en un jardín”, un biombo de diez hojas, pitado cerca de 1785, y que fue donado por la familia Barbachano al Museo Nacional de Historia; se encuentra dentro de la sala que alberga los retratos de virreyes de la Nueva España -en el Castillo de Chapultepec-, y es clave para entender lo que sucedía en el Pensil…



Aunque por su geometría es difícil de fotografiar, muestro las seis hojas centrales reunidas en una sola imagen, donde destacan seis personajes en una terraza, frente a una “follie” de ornamentación rococó, respaldados por la maravillosa vista del Valle de México.


Casi quisiera imaginar que esos lienzos se pintaron en el PENSIL AMERICANO, jardín de placer.

Así, en el Pensil, destacan las “folies” que debieron ser parte fundamental del acomodo y dieron fama barroca al jardín. Abajo, en lo que fuera una de las esquinas del primer cenador, una de las curiosas bancas que adornaron la primera etapa del pensil…


“…descubrir en el huerto una gradilla cubierta de curiosa venera marina”.

La “folie” es un concepto que aparece en el contexto cultural europeo, donde estas estructuras son parcialmente arquitectónicas o escultóricas, de pequeñas dimensiones, y no se les relaciona necesariamente con una función específica. Pueden presentarse de incontables formas, como un pabellón o una torre, semejar una ruina o una gruta, una glorieta o rotonda, fuentes, bancas, nichos en esquinas o como conchas, etc.

Las llamadas folies se encuentran entre las edificaciones más exóticas que se ha producido el paisajismo Europeo en el curso de su historia, aunque se asocian claramente con la tradición barroca. Es más, como sucedió con Bernard Tschumi en el Parque de la Villette, el concepto puede reinventarse en cualquier época y en el contexto que lo amerite. Literalmente, el término en inglés “folly” significa un acto o un capricho, foolish; en italiano “Follia” se refiere también a la idea de locura y se aplicó de forma importante a las variaciones musicales de carácter extravagante. Para la teoría arquitectónica, es un tipo de edificación que no posee algún carácter especial, uso o beneficio específico, no es tampoco un simple ornamento, por eso son difíciles de clasificar.



En el sorprendente documento que don Manuel Romero de Terreros publicó en 1945 a través de la librería Porrúa, se nos dice que “Mucho de mudéjar tiene el decorado de los remates de su fuente y el de un gran nicho que cobija un asiento de piedra, lo que nos hace pensar que datan de una época anterior a la de las portadas y muro de lo que, a falta de mejor nombre hemos denominado ¨glorieta¨, pues éstos son del gusto del siglo XVIII, si bien, ejecutados evidentemente por manos indígenas.”



Romero de Terreros deja claro que hay dos distintos tipos de decoraciones en el jardín, uno “de mano indígena” y otros de mejor factura, trabajados en piedra y “sin las limitaciones de la argamasa”.



Arriba, las ilustraciones que aparecen en “los jardines de la Nueva España”; abajo, la portadilla de ROMERO de Terreros Manuel, Los Jardines de la Nueva España, Antigua librería Robredo de José Porrúa e Hijos, México 1945; primer documento que junto con otras fincas describe El Pensil.



Y sigue Romero de Terreros:

“Ostenta el muro que limita el prado principal, en varios de sus tramos, una puerta de ceremonia flanqueada por sirenas y, en medio, un medallón que debe haber encerrado algún motivo decorativo, quizá un tablero da azulejos con figuras y flores. Restos de tan vistosas mayólicas háyanse aún en las otras fuentes y asientos.” De éstas “puertas de ceremonia” sabemos que existieron al menos siete, con diversas variantes en el diseño; en el jardín actual, permanecen dos.



Gracias a las fotografías que en 1924 se tomaron al edificio como parte del inventario –y luego en 1944 para la publicación de Romero de Terreros–, tenemos algunas muestras de esas “locuras ornamentales” del pensil, y también registro de su lamentable deterioro.









Finalmente, el montaje fotográfico de una de las bancas con dosel de concha que perviven en el Pensil; sobre la fotografía 1934, donde se puede ver una de las puertas ceremoniales –a la extrema izquierda- y la banca con su crestería y remates con jarrones, he sobrepuesto la ruina de lo que se conserva en el jardín…



Al paso de más de doscientos años, el vergel que fuera escenario barroco de final del siglo XVIII vio llegar cambios que no son del todo coherentes con su intención original.

Abajo, un par de urnas de porcelana “En el estilo de Sèvres” que forman parte de la colección del Museo de la Basílica de Guadalupe; los receptáculos decorativos con ornamentación firmada por Le Courmeur y Bertren muestran escenas galantes del siglo XVIII europeo, con una “Danza en el huerto” y ”Danza galante en un delicioso jardín”…



Se ha dicho insistentemente que Doña Ángela Peralta estrenó ahí “Los majos enamorados” (o “Goyescas”) con la música de Enric Granados y libreto de Fernando Periquet. El cuadro primero –“El Pelele” – que se desarrolla en una frondosa arboleda frente a un merendero, está inspirado en una pintura de Goya preparada para la fabricación de un tapiz.



En la obra, Paquiro dice, piropeando a las majas: “Aroma dais al aire, flores de pensil, y admiráis por el donaire,tan gentil, que vuestra hacéis toda alma varonil. Porque es vuestro perfume, flores de pensil, tan sutil, que embriagáis por do vais.” A lo que las majas responden: “Se estima tal piropéo y aún más, no siendo feo nuestro doncel.”



La obra apareció en 1911 y fue publicada en 1916, mientras que Ángela Peralta «Cantarina de cámara del imperio» cantó en México en 1866, 1871 y de 1875 a 83, cuando murió luego de contraer fiebre amarilla en Veracruz. Resulta imposible el que cantara “Los majos enamorados” en el ya Pensil Mexicano…









Con el siglo XIX llegó la Independencia, junto con guerras, invasiones, imperios e innumerables cambios para el Pensil, entre ellos, volverse mexicano luego de ser americano…

Abajo, en un fragmento del “Plano de la municipalidad de Azcapotzalco” levantado en el año de 1899, aparece la zona de Tacuba, al sur del pueblo de Azcapotzalco. La flecha señala “El Pensil” que incorpora los terrenos de “La Magdalena”.



En el siglo XIX, sabemos que la casa con sus jardines y huertos perteneció hasta 1825 a don Juan de Dios Martínez, ya que luego de su muerte, se puso en venta “El Pensil Mexicano” en $5,500 pesos el 6 de Diciembre de 1825.

La propiedad pasó a manos del General Hermenegildo Carrillo –Comandante militar de la Plaza de México– que en 1887 realizó importantes celebraciones motivo de varias notas periodísticas; para 1895, la finca aparece como propiedad del general Pedro Hinojosa –que fuera gobernador de Chihuahua, Nuevo León y Durango, así como Secretario de Guerra y Marina– hasta su muerte en 1903.



En 1927 “El Pensil” pasó a ser propiedad de Agathon Gosch Mack -de quien nos dice María Bustamante fuera embajador de Alemania en México-, que enamorado del país casó en México y habitó el Pensil; luego de la muerte de su viuda, pasó como legado a su hijo y a su heredero, el ingeniero José Paz Gosch, quien comenzó a fraccionar el huerto en 1967; la propiedad cuenta ahora 2,928 m² de los 17,885m² que tenía en 1932 cuando se le declaró monumento…



La parte central de la edificación y sus jardines fueron declarados monumento histórico el 14 de abril de 1932 por el jefe del Departamento de Monumentos Artísticos, Arqueológicos e Históricos de la SEP –Narciso Bassols–. Los argumentos del documento subrayaron la importancia de la capilla “de estilo churrigueresco, y que fue construida en la quinta o sexta década del siglo XVIII”, así como los elementos arquitectónicos de los accesos de la huerta principal y el jardín. Se argumentaba que era el único edificio que conservaba sus huertas de recreo, portada, arcadas, exedras y fuentes del jardín; puerta de la capilla y su torre, “todas decoradas profusamente”.

Si bien durante varias décadas fueron de interés cultural los jardines históricos, la categoría que fundamentaba su conservación desapareció de la Ley Federal sobre monumentos arqueológicos, artísticos e históricos en 1972. De cualquier modo, el predio del Pensil comenzó a fraccionarse desde 1960, y donde estuvo el terreno de su antigua huerta aparecieron bodegas, alterando el entorno del edificio.

La intervención más triste se dio en 1998, cuando se destruyó una parte del casco original para ampliar una bodega aledaña, en terreno aparentemente adquirido por el señor Jaime Kababie. Es como una desconsolada comedia de equivocaciones, repleta de indolencia, mala voluntad y simple ignorancia; un recuento lo hace Abraham Díaz Vega “El Pensil Mexicano, en ruinas” (http://contralinea.com.mx/c13/html/contrass/CONTRASS%20X.html)



Nos dice Estela Eguiarte Sakkar que en la Gaceta Parlamentaria de la Comisión del Distrito Federal, expedida en septiembre de 2011, se reconoció el valor patrimonial que el Pensil aporta a la sociedad mexicana. “En él, se accedió a la pronta recuperación del sitio, y se autorizó a una expropiación por parte del Jefe de Gobierno capitalino”… “A pesar de lo anterior, el jardín, su capilla y villa de descanso siguen en estado ruinoso, y aunque se encuentran en un estado aceptable de conservación, el deterioro que presenta se acrecentará si no se realizan acciones prontas”.



Termina Eguiarte diciendo que “El Pensil Mexicano representa una oportunidad única para México para revalorar y apreciar la manera en que los jardines eran concebidos hace tres siglos. Si se pierde este patrimonio, se irá al olvido todo un capítulo de la historia nacional que bien merece ser retomado en estos tiempos de atentados contra el medio ambiente y desencanto de las personas por el entorno donde habitan.”

Termino con otra invaluable fotografía de María Bustamante, tomada en 2004 y que reproduzco gracias a su generosidad, en que se aprecia la hornacina ceñida por pequeñas pilastras y flanqueada por angelillos que sostienen cornucopias sobre el arco que daba acceso a la capilla del Pensil; al fondo, un se aprecia parte de lo que fuera la decoración del interior de ese espacio.







Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. Si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–. Conforme haya más entradas (ya hay más de 50), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…

También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html

28 comentarios:

  1. Es interesantísimo como nos lleva por toda la historia evolutiva no sólo del Pensil Mexicano, también de todo el contexto político, social y artístico a nivel mundial y como están ligadas con un lugar único. Me encanta la idea de Rafael Ramírez Eudave de trasformar El Pensil Americano en un espacio cultural, creo que sería un homenaje perfecto a una casa de campo que dio mucha delicia a tantas personas.
    Un placer poder leer lo que escribe, estoy seguro de que su próxima entrada será espectacular como todas las demás. ¡Saludos!

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  2. Su blog es maravilloso. Siempre lo disfruto. Le escribo porque un amigo puso su comentario sobre la casa de los Limantour en Mixcoac y dice que fue destruida, lo cual es cierto, pero la casa no. Es la preparatoria del Colegio Williams, que la conserva con gran orgullo y cuidado. Dado que compartí en mi página https://www.facebook.com/Historia-de-M%C3%A9xico-y-el-mundo-que-lo-rodea-149338091868774/?ref=hl y que aquí no puedo poner la foto, le mando la liga y, otra vez, muchas muchísimas felicidades.

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    1. Luz Ma.
      ¡Gracias!
      Los hermanos Limantour tuvieron dos casas en Mixcoac, una contra esquina de la otra.
      La casa que perteneció al ministro José Y. Lmantour, albergó por un tiempo al internado del colegio Williams y después al colegio Madrid cuando fue destruida la casa que de la familia Scherer.
      La que perteneció a Julio M. Limantour, es la que actualmente aloja al Colegio Williams.
      Puedes encontrar más información en:
      Para la casa de campo de Julio M. Limantour http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2012/10/la-quinta-de-julio-m-limantour-en.html
      Para la casa de campo de José Y. Limantour http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2012/11/las-casas-de-don-jose-yves-limantour.html
      Para la casa de lampo de la familia Scherer
      http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/04/quinta-chalet-de-la-familia-scherer-en.html
      ¡Saludos!
      RF

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  3. Gracias por tan valioso blog y por las lecciones de historia y sociedad que nos ha brindado. Leer un artículo nuevo es sumergirse en la tremenda y accidentada historia de nuestro país.
    Saludos.

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  4. Me he pasado dìas leyendo el blo, es excelente, con tanta historia de las familias màs encumbradas del porfiriato. Gracias por compartir todo esto.

    Hace dìas vì en la Col. Roma una casa bellisima en la calle de Cordoba No. 10, hay una Càmara de Aceites, Grasas, Jabones, la casa es creo yo del mismo estilo y desde la calle se ve un jardìn en tres niveles, sabrà ud. algo de la historia de esta casa?

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    1. ¡Mil gracias por el comentario!
      Esa casa se restauró hace algunos años y pronto escribiré acerca de su historia... ;-)
      ¡Saludos!

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    2. Muchas gracias a ud, por compartir estas historias tan interesantes, en nuestro paìs no todo es feo y pobre

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  5. Una delicia leerlo Rafael, tengo una inmensa gratitud por el tiempo que se toma para no dejar en el olvido tan fabulosas historias de un pasado que vuelve a nosotros con su valiosa investigación.

    Muchas Gracias.

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  6. Saludos, hay algún patronato o alguna intención de restaurarlo?

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  7. El Sr. Agathon Gosch no está consignado en la lista de Embajadores de Alemania en México. Verificar en: Liste der deutschen Botschafter in Mexiko: https://de.m.wikipedia.org/wiki/Liste_der_deutschen_Botschafter_in_Mexiko

    Con afecto y respeto: Dr. René G. Rivera Notholt. rrnotholt@hotmail.com

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    1. Tiene usted toda la razón; nunca he podido encontrar registro de esa presencia como embajador…

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  8. Tocayo, aunque no tengo el placer de conocerlo en persona, celebro enormemente la difusión de este interesantísimo caso de arquitectura novohispana y a título más personal, también celebro que el documento de mi tesis haya encontrado algún buen destino. Pese al tiempo que me dediqué a investigar el tema, siempre es refrescante descubrir un poco más, releer hipótesis y prestarse a la duda. Un saludo sincero y mis felicitaciones por su blog, ojalá uno encontrara más gente ocupada en el patrimonio como usted.

    Rafael Ramírez E.

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  9. Un gran aporte. Saludos de Cervecería Pensil Mexicano.

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  10. Yo estudié ahí cuando era el instituto Washington, grandes recuerdos!! De hecho fui testigo de cuando un compañero falleció a causa de un rayo. Triste

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    1. Hasta donde entiendo, el "Pensil" nunca albergó al Instituto Washington; ¿No estará usted confundiendo con la casa de don Antonio Rivas Mercado?
      (http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2015/11/la-casa-de-don-antonio-rivas-mercado-y.html)
      ¡Saludos!
      RF

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  11. Yo nací, crecí, y he embejecido en la col Santa Maria la Ribera y me he horrorizado ante la destrucción inmisericorde de las grandes casona pertenecientes a grandes personajes que en ella habitaron.Mi querida colonia también tiene una gran historia de la cual me encantaría que en alguna ocacion hablará usted,sería un placer.Agradesco henormemente su publicación la cual me ha proporcionado un gran momento de placer y recuerdos,quisiera poder obtener su libro y si puede darme los datos completos del mismo para obtenerlo se lo agradecería muchísimo. Gracias.

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  12. Yo nací, crecí, y he embejecido en la col Santa Maria la Ribera y me he horrorizado ante la destrucción inmisericorde de las grandes casona pertenecientes a grandes personajes que en ella habitaron.Mi querida colonia también tiene una gran historia de la cual me encantaría que en alguna ocacion hablará usted,sería un placer.Agradesco henormemente su publicación la cual me ha proporcionado un gran momento de placer y recuerdos,quisiera poder obtener su libro y si puede darme los datos completos del mismo para obtenerlo se lo agradecería muchísimo. Gracias.

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    1. Esperanza,
      Gracias por su comentario; dentro de un par de semanas, publicaré acerca de Santa María...
      Y, me temo que no existe libro.
      ¡Saludos!
      RF

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  13. Hola Carlos,
    Te comparto las anécdotas de mi madre, que hoy tiene 81 años. Ella nació en 1935 y vivió en Lago Michigan #31. Cuenta que su abuela postiza (amiga de su mamá), doña Julia de León tenía una hermana llamada Teresita, quien llevaba a mi mamá a visitar a la familia Gosch, quien entonces vivia en el Pensil Mexicano. Mi mamá recuerda a las 4 hermanas: Victoria, Sofia, Martha y otra (Luz Maria?), muy católicas por cierto. Ya en aquel entonces las hermanas eran mayores y eran hijas de quien fué agredado de la embajada alemana en México. Mi mamá recuerda haber visto una pintura grandísima del padre de las señoritas Gosch en la sala donde las recibían: Un hombre con barba y una capa larga, negra y con botas, usaba una banda en el pecho y con una espada. Mi mamá tendría unos 6 años (~1941) y recuerda lo bello de la casa por dentro, nada que ver con los restos que se ven en las imágenes: Todo el piso era de piedra, tambien los escalones. Tenia una alberca que ya ni se usaba y estaba vacía llena de hojarasca. Dice que al entrar al portón las lozas de piedra en el piso tenian pasto entre los espacios de las piezas. Y enseguida habían dos escalinatas que se encontraban en un pasillo elevado. Los cuartos que daban al pasillo eran usados como recámaras. Mientras las señoritas platicaban, mi mamá se iba a correr por los jardines, corredores, patios y la capilla. Estaba en uso la capilla en aquel entonces. Mi mamá dice que las hermanas no le hablaban a la hermana mayor (Sofia), y que vivian en secciones separadas del pensil. Al parecer la “tia-abuela” de mi mamá fue vecina de las Gosch (vivían en frente del pensil). Le contaban a mi mamá que ellas hacían teatro en secciones del jardín y que además durante la revolución el padre de ellas les dió alojamiento a la familia de Julia y Teresita y el pensil no fué tocado. Al pasar de los años la señorita Martha fue maestra de 4o año en la escuela Vicente Guerrero de mi mamá. Al morir Teresita mi mama perdió contacto con la familia Gosch. Obvio no tenemos fotos de aquella época, pero si tienes preguntas para ella, con gusto te respodemos.

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  14. Hola. Les comparto un dato interesante referente a mi antepasado el insurgente Ignacio López Rayón. En la biografía del insurgente, escrita por su hijo del mismo nombre, y re-publicada por Carlos Herrejón (La Independencia según Ignacio Rayón, Cien de México, SEP, 1985), se menciona que después que el insurgente Ignacio López Rayón salió de prisión el 15 de noviembre de 1820, "permaneció en Tacuba habitando una casa de campo conocida con el nombre del 'Pensil Americano', hasta fines de julio de 1821." Este hecho le da un valor adicional a este edificio, ya que albergó a uno de los principales personajes de nuestra independencia, quien fue el continuador de la lucha a la muerte de los primeros caudillos, el creador del primer gobierno insurgente (la junta de Zitácuario) y quien elaboró el primer proyecto de constitución nacional. Saludos. José Rivera López Rayón

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