viernes, 14 de julio de 2017

Casa Serralde / Acosta, en Rubens y Avenida Revolución.




La peculiar construcción de Mixcoac, que –fragmentada y modificada– se conserva en la esquina de Rubens y avenida Revolución como “Bulldog Café”, fue inaugurada en 1903 como casa del licenciado Francisco Serralde Martínez –destacado abogado– y su esposa Guadalupe Acosta García, siguiendo el diseño del ingeniero y arquitecto Enrique Olaeta y que ocupaba la esquina sur-poniente de un espectacular terreno de casi 10,000 m².



Conjeturar aquella casa en su momento de esplendor requiere de viajar unos cien años atrás, entender a los propietarios, restablecer las dimensiones del terreno y hacer un ejercicio de imaginación para restituir colores y amueblado de aquella sorprendente “Casa Morisca”…




Don Manuel Francisco de la Santísima Trinidad Serralde Martínez nació el 4 de octubre de 1855 en la Ciudad de México y fue bautizado tres días después en el templo de la Purísima Concepción del Salto del Agua (según libros de Regina Coeli). Sexto de doce hijos de Víctor Serralde Zamora –Comerciante– (1817-1880) e Isabel Martínez Gómez (1825-1908), estudió leyes en la Escuela de Jurisprudencia (alojada en el ex Convento de la Encarnación -ahora ocupado por las oficinas de la Secretaría de Educación Pública-) durante la “República Restaurada” encabezada ya por Sebastián Lerdo de Tejada, e inició su labor profesional con el establecimiento del Porfiriato.


Su trayectoria como “Prominente Jurisconsulto” sería motivo de un documento autónomo, ya que entre 1895 y 1920 alcanzó la notoriedad de lo que ahora llamaríamos “Super-star”, al involucrarse en casos de gran fama y popularidad, como la compleja defensa de Jesús Flores Magón en un extremo del espectro, hasta la salvaguarda de los derechos de Timoteo Andrade en el sonado cado del “Crimen de Santa Julia” –donde en 1898 y con evidencia fotográfica (procedimiento novedosísimo) exculpó al acusado– al otro extremo…


La fama de sus capacidades como abogado defensor comenzó en 1881 con argumentos en contra los delitos de “Embriaguez y criminalidad” así como de “Violación” en 1882, y llegó al culmen en 1897 cuando fue expulsado de la 2a. sala del Tribunal Superior mientras pronunciaba un discurso en defensa del Sr. Dr. D. Juan de la Peña -director de "El Universal"- cuando sus nuevas oficinas se habían trasladado ya al número 9 de la calle de Montealegre (hoy Justo Sierra).


Esa capacidad para argumentar, le ligó además a las grandes fortunas del período, poniéndole en contacto tanto con la élite económica del porfiriato –como Ignacio Torres Adalid, Francisco Cosío o Ricardo Orozco (a cuyos deudos defendió durante proceso en su contra por fallas en el saneamiento de la Ciudad de México)– con los magnates ferrocarrileros –y las transformaciones de aquellas compañías luego de la revolución–, así como con la jerarquía militar y los procesos que a éstos se hicieron durante y luego del período revolucionario; en la foto de abajo, una imagen de Casasola marcada: “Eutiquio Munguía y Francisco Serralde en la Prisión Militar de Santiago” donde aparece el defensor durante el Consejo de Guerra en que se Juzgó al general Munguía luego de retirarse de la defensa de Torreón abandonando 1,700 hombres y dejando en poder de los villistas 11 piezas de artillería, 300 granadas de artillería, 5 ametralladoras y alrededor de 300 fusiles…



Serralde había casado a los 19 años –el 12 de noviembre 1873– con Guadalupe Acosta García (1857-1939 e hija de Joaquín Acosta & Mónica García) con quien estableció residencia en la nueva Colonia “Santa María la Rivera” -frente al parque sembrado de álamos- casa donde comenzaron a llegar los hijos, que sumarían 12 y de los que 7 llegarían a edad adulta. Abajo Guadalupe Acosta García y Manuel Francisco Serralde Martínez el día de su boda.



Desde 1893, y gracias a los juicios que resolvió favorablemente para don Ignacio Torres Adalid relacionados con los linderos de la Hacienda de la Castañeda y propiedades aledañas (ver), Serralde se hizo de una hectárea de terreno rústico en las alquerías de Nonoalco, entonces municipalidad de Tacubaya -pero adyacente al municipio de Mixcoac-, donde especuló “fincar un rancho con discreta casita de descanso y juego para la familia”; aunque infecundo, el terreno conservaba un granero parcialmente arruinado del que aún se preservaba un vasto muro hacia el poniente de la propiedad . Al paso del tiempo y con las espectaculares quintas que los hermanos Limantour y la familia Scherer edificaron hacia el sur, don Francisco cambió de opinión…


Arriba, en un plano que pertenece a la Mapoteca Orozco y Berra (N°2553), aparece “Croquis de la Municipalidad de Mixcoac mandado a construir por el Ayuntamiento de México en 1891”; aparece marcada con líneas rojas, la parte considerada del municipio y en la zona que corresponde a Nonoalco –que aún pertenecía a Tacubaya pero que por decreto de 1899 pasó a incorporarse a Mixcoac–, he marcado con una estrella el sitio aproximado donde se edificó la casa Serralde/Acosta. Abajo, una fotografía de Charles B. Waite captada en 1898 y titulada “Church at Mixcoac”, que muestra la Parroquia San Juan Evangelista, frente a la actual Plaza Gómez Farías; esa vista sería también la que se tendría desde las ventanas de la casa de don Irineo Paz y su hijo Octavio.



Es importante recordar que a final del siglo XIX, Mixcoac era un poblado rural, que se consideraba alejado de la capital y en que algunos aventureros edificaban quintas de descanso para ir a pasar largas temporadas durante verano. De la zona, nos dice Ignacio Manuel Altamirano: “Hermosísima aldea, callada, fresca, sombría, que se esconde entre los bosques como un nido de alondras, y que encierra en su seno preciosas casitas…”



Desde 1856, la empresa “Ferrocarril de Chalco” había instalado una línea de tranvía (la segunda de la ciudad) que llegaba a Tacubaya sobre la ahora avenida Chapultepec, vía que en 1869 se extendió hacia San Ángel y luego hasta Tlalpan con vagones tirados por mulas; para 1896, el Ayuntamiento de México autorizó a la “Compañía de Ferrocarriles del Distrito Federal” la permuta de tracción animal a eléctrica, con un sistema mucho más rápido y eficiente, cosa que implicaba un nuevo tendido eléctrico y por lo mismo la dotación de “energía y luz” a la zona y al predio, e hizo considerar al licenciado Serralde en cambiar la colonia Santa María por Mixcoac.


Además, para el advenimiento del S. XX, al poniente de la propiedad circulaba ya el tranvía eléctrico del “Ferrocarril del Distrito de México a San Ángel” –inaugurado en 1900– (en lo que hoy es Avenida Revolución) y al Oriente marchaba el “Ferrocarril del Valle de México” (por lo que hoy conocemos como Avenida Patriotismo) y que llevaba directamente al Zócalo –como ampliación de la ruta Zócalo-Tacubaya– en los lujosos y novedosísimos carros “Tranvía” eléctricos de la serie Brill para 24 pasajeros. En la foto de arriba, el taller de la “Compañía del Ferrocarril del Valle de México” con sus relucientes carros serie Brill; en la imagen de abajo el camino del ferrocarril (Tranvía) Tacubaya-Mixcoac-San Ángel a la altura del “Vado de San Antonio”, donde se puede ver el terraplén que para aligerar la pendiente de las vías se había erigido a lo largo de la vía.



Para 1899, luego de regularizar “la hectárea” del predio –zona que para entonces ya pertenecía al municipio de Mixcoac– y definir los linderos con vías y calles, Serralde trabajaba ya con el ingeniero y arquitecto Enrique Olaeta (esposo de su hermana Isabel) sobre un ambicioso proyecto que contemplaba edificar una casa moderna en la esquina sur-poniente de la propiedad y transformar en un “jardín encantado” el terreno rústico que hasta entonces apenas se aprovechaba como granja.

Haciendo fructificar los más de 10,000 m² del terreno trapezoidal, la propiedad sería partida y eventualmente dividida, asignada y distribuida a deudos y allegados, haciendo una subdivisión preliminar para distribuir lotes con frente a las calles del perímetro, que al paso del tiempo pasaron a dedicarse a Peter Paul Rubens, Hans Holbein el Joven (como continuación de Rembrandt) y Raffaello Sanzio (que ahora ampliada, es avenida Patriotismo). La tarea fundamental sería transformar la finca principal en un auténtico edén, vergel que justificara dejar la Ciudad de México para trasladarse con la familia al lejano Mixcoac, aprovechando además el poderoso muro que flanqueaba parte del terreno hacia el poniente.


Arriba, aunque de un plano muy posterior -ya que corresponde al “Plano general de la Ciudad de México para 1929”-, he marcado los límites del terreno original del licenciado Serralde (en rojo) y la sección en la que se edificó la casa de Mixcoac (en naranja). Hacia el sur (abajo) se distingue claramente el Río Mixcoac –parte ahora del Circuito Interior– y destacan al centro de la imagen las vías del tranvía Tacubaya-Mixcoac-San Ángel que corría por Avenida Mixcoac (ahora Revolución) así como las del tranvía Zócalo-San Ángel que cruzaba por Rafael Sanzio (que ampliada es ahora Avenida Patriotismo) y continuaba por Félix Parra hacia el sur.




No tengo información del quién fue la decisión estilística para el diseño de la nueva casa, pero queda claro que el influjo Árabe (específicamente del Reino nazarí de Granada) sería incuestionable, ya que ese exótico estilo era del particular agrado de doña Guadalupe –a quien todos llamaban “Mamá Pita”– y que hallaba gran regocijo en los grabados que de ilustraciones de diversos artistas habían hecho a las narraciones de Sherezada en “Las mil y una noches” los hermanos Dalziel en 1860; además de que obras del diseñador -Enrique Olaeta- serían factor determinante...

José de Jesús Juan Enrique Andrés Olaeta Serralde -nacido en 1844- era esposo de Isabel Serralde Martínez (1867-1922) hermana menor del licenciado Francisco Serralde; no he localizado documentación relativa a sus estudios –aunque la tradición familiar cuenta que vivió varios años en España, África del Norte y Oriente Medio–, pero hay constancia de su actividad edilicia, donde destacan casas de interpretación Morisca, como la edificada en 1900 para doña Isabel frente al Río Mixcoac y al lado de la vía del “Ferrocarril del Valle de México”.


La encantadora quinta de un solo nivel, estaba en lo que hoy es Río Mixcoac N° 180 esquina con Félix Parra, donde ahora hay un “Auto-Lavado” y en un par de fotografías captadas antes de su destrucción, podemos ver las características orientalistas –del mirador y una parte del plafón– en la obra firmada: “E. Olaeta. I-A 1900”.



Lo que puedo asegurar, es que en la biblioteca del licenciado Serralde existía un volumen –firmado “E. Olaeta S. Londres 1890” – que describía los trabajos de Owen Jones entre 1852 y 54 para la edificación del segundo “Crystal Palace” en Sydenham –Inglaterra– utilizando la estructura del edificio original desmantelado en 1851 cuando “The Great Exhibition” de Hyde Park fue clausurada. Ahí aparecían dibujos e imágenes de las sorprendentes recreaciones de los estilos arquitectónicos más importantes de la Historia, representados en la serie de “Fine Arts Courts”, donde evidentemente, la Alhambra era uno de los proyectos más ambiciosos.


Owen reconstruía la Alhambra en Londres, imponiéndose la obligación de hacerlo apartando de ensoñaciones románticas y centrándose en el estudio científico y minucioso del original, aunque permitiéndose eliminar algunos tramos de columnas y manteniendo la escala real de todos los elementos, mientras que reproducía a detalle todos los ornamentos.


Durante las últimas décadas del Siglo XIX, y como reminiscencia de la tradición romántica, en México seguían vivas las recreaciones historicistas y para algunos -como Ramón Ibarrola en Nueva Orleáns, Eduardo Tamaríz en Puebla, u Olaeta en la Ciudad de México-, la manera de desentrañar esas raíces históricas, se lograba replicando el rescate que en España –y en innumerables países del mundo– se hacía de la impronta del Al Ándalus…

Arriba, “Entrance to the Sala de las dos hermanas -Alhambra, Granada-”, Litografía de 1835 de John Frederick Lewis. Procede de “Lewis’s Sketches and Drawings of the Alhambra made During a Residence in Granada in the Years 1833”, publicada en Londres, 1835. La litografía coloreada fue un regalo que Serralde hizo a mi abuelo –Héctor Fierro– en 1917 con motivo del nacimiento de mi padre, y la dedicatoria dice en parte: “… y con la confianza de que éste hijo tuyo sepa de las raíces en que abreva nuestra rica y diversa cultura…”


Aunque podemos rastrear impronta mudéjar en la arquitectura novohispana con ejemplos tan sorprendentes como la portada del templo dedicado a Santiago Apóstol en Angahuan –de las primeras en el territorio Purépecha por las misiones evangelizadoras del siglo XVI–, en detalles de La Huatápera en Uruapan o los extraordinarios artesonados en los conventos franciscanos de Tzintzuntzan y Tlaxcala, para el S. XVII apenas la “Casa del Cacahuatal de San Pablo” se antoja mudéjar, y no será sino hasta el siglo XIX que una pródiga búsqueda se arraigue en nuestro país.

Arriba, la portada de Angahuan, que muestra un triple alfiz único en México y donde el arco se nos muestra adornado con delicado ataurique que incorpora el cordón franciscano; abajo la “Casa del Cachuatal”, más conocida como “Casa del Judío” por haber vivido ahí don Tomás Treviño y Sobremonte, “judaizante quemado vivo por la Santa Inquisición”…



Ese “Exotismo Oriental” habría tenido para el S. XIX y de manera incidental algunos representantes, dilucidados sobre todo en pintura, pero también en salones orientales o “Fumoir” en espacios privados, arreglos en jardines y edificaciones públicas conmemorativas…


Para México, sin duda el edificio más conspicuo en esa búsqueda de raíces diversas en la segunda mitad del S. XIX –y buen representante de aquel eclecticismo historicista que era vanguardia– fue el diseño que para el pabellón que representaría a México en la exposición de la Nueva Orleans de 1884 (en los Estados Unidos), ejecutó don Ramón Ibarrola para un pabellón desarmable. La estructura causó asombro entre los visitantes que se mostraban sorprendidos ante tal portento moruno de fierro, encarnando a la República Mexicana, asombro que se repitió en Chicago y luego San Luis Missouri donde fue rearmado, para llegar finalmente a la Cuidad de México. Arriba, una imagen del “Quiosco Morisco” instalado en la Alameda de la Ciudad de México, estructura que para 1892 albergaba los sorteos de la Lotería Nacional y que en 1909 sería nuevamente desarmada y trasladada a Santa María la Ribera (Inserto, el retrato del ingeniero Ramón Ibarrola, diseñador de la estructura); abajo, el mismo pabellón con una de las innumerables intervenciones que se la hicieron durante el período en que estuvo colocado en la Alameda Central…



La revista “La Ilustración Española y Americana” del 8 de noviembre de 1884, al referirse a ese pabellón mexicano indicaba:
"…un artístico templete octogonal de estilo árabe, cuyos lados reproducen exactamente los más bellos arcos de la Alhambra y del Alcázar de Sevilla."




En general, los edificios neo árabes de México miraban hacia la Alhambra, y al exterior recreaban profusas fachadas que su modelo reservaba para patios interiores o mostraba hacia afuera con recato y prudencia, retomando elementos decorativos de palacios y mezquita de manera casi aleatoria, con la aparición de arcos de herradura polilobulados, atauriques, alicatados, columnillas, parteluces o fuentes, que bien podían pertenecer a la Mezquita, al Patio de Lindaraja o al Palacio de Comares; además, en nuestro caso, se incluiría hasta un mirador a manera de minarte, evocando aquellas torres anexas a las mezquitas desde donde el muecín o almuédano convoca a los fieles musulmanes para que acudan a la oración.

Arriba, el ajimez de la Mezquita de la Alhambra –Ajimez es palabra que viene del árabe “al-šimāsa”, y es una ventana de dos aberturas que está dividida verticalmente en dos partes iguales mediante una pequeña columna o pilastrilla llamada mainel o parteluz; aunque su etimología árabe se refiere al cierre o protección de una ventana, el uso ha dado a ajimez la significación de ventana con dos huecos –; abajo, frontal de la misma, donde destaca el alfiz con ataurique –también llamado arabesco, el ataurique (del árabe "توريق", tawrīq, "follaje") se refiere al adorno de figuras geométricas vegetales y patrones extravagantes que imita formas de hojas, flores, frutos, cintas, animales, y aparecen casi siempre en las paredes de ciertas construcciones árabes, como las mezquitas consideradas como un arte pictórico–.



Aunque cuando se habla de tomar elementos de la Alhambra, se piensa tradicionalmente en el extraordinario patio de la fuente de los leones –como lo hizo Owen Jones en Syndenham–, la inspiración más común llega de espacios menos protagónicos. Abajo, el grabado de David Roberts “El patio de los leones”, publicado en 1835 como parte del álbum “A tourist in Spain -Granada-”; «Alhambra» en árabe es «al-Ḥamrāʼ» (اَلْحَمْرَاء, 'la Roja'), procedente del nombre completo «al-Qal'a al-hamra» ('fortaleza roja') que para nosotros no es lo trascendente, sino como sorprendente embalaje que resguarda sosiego y tranquilidad en auténticos jardines de delicias...



Así –aunque durante los siglos XIX y XX se edificaron innumerables reproducciones del Patio de los Leones–, el espacio exterior que con más ahínco se deseaba capturar fue siempre el Patio de Lindaraja. En ese patio, lo que debió ser un jardín bajo y abierto, quedó encerrado por las tres crujías de las Habitaciones del Emperador con galerías porticadas en planta baja para las que se utilizaron esbeltas columnas procedentes de otros lugares de la Alhambra, creando así una sensación de claustro acentuado por el diseño del jardín y por la fuente central, espacio que es patrón transcrito en innumerables ocasiones…


Arriba, una fotografía del Patio de Lindaraja y su extraordinaria fuente, espacio que adopta el nombre del mirador que lo preside en su fachada exterior al Palacio de los Leones que, hasta el siglo XVI, quedaba abierto al amplio paisaje.

Son éstos algunos de los ingredientes con que Olaeta trabajaría desde 1898 para diseñar la casa de su cuñado, edificación que rápidamente evolucionó y pasó de ser aquella idea de “fincar un rancho con discreta casita de descanso y juego para la familia” a una peculiar “fortaleza árabe” que aclimatada a las usanzas de México, recibiría en los deliciosos jardines una réplica de la fuente de Lindaraja y hasta minarete incluyó…



La construcción inició en 1899 y prosiguió de manera acelerada durante los tres años siguientes con un programa que contemplaba la robusta cimentación de una elevada torre, el levantado de muros de sótano y dos niveles con sus pisos correspondientes, la compleja decoración en exteriores e interiores así como el trazo y plantado del enorme jardín de 4,000 m² que –siguiendo la tradición del islam– debía “…llamar todos los sentidos con el moteado de la cerámica, el perfume de las flores, el murmullo del viento y el agua, los cantos de los pájaros, y ofrecer al espectador una visión del jardín celestial del que habla Mahoma”.

La edificación entonces aprovecharía los doce arcos del granero como muralla, y a su resguardo crearía un “jardín delicioso” sobre el que miraría la casa, morada/fortaleza que sería un rectángulo alineado al lindero sur, con amplia terraza hacia el poniente y esbelta torre mirador para -aún a la distancia- destacar el conjunto. Abajo, una extraordinaria fotografía fechada el tres de marzo de 1903 en que se puede ver la casa desde la calzada Mixcoac (ahora Av. Revolución) en fecha muy cercana a la inauguración…



La imagen que agradezco a Heidi Sohn de la Universidad Técnica de Delft (quien se entrevistó con los descendientes de la familia Serralde en 1996, antes de que vendieran la casa), nos muestra en primer plano el talud para el camino del tranvía y detrás los arcos –parcialmente tapiados– del edificio preexistente y que se transformó en muralla del jardín; al fondo, la casa que se venía edificando desde 1899 y en la que se pueden distinguir ventanas a manera de ajimez, amplias arcadas de la terraza y el espectacular minarete que por esbelto y octagonal, más obedece a la tradición del Islam oriental que a las torres andaluzas.

El distintivo minarete –torre alta y esbelta, que es característica de las mezquitas, y elemento distintivo de la arquitectura islámica– tiene más similitudes con los minaretes Mogoles de la mezquita de Badshahi (del siglo XVII) –o mezquita del Emperador– en Lahore -Pakistán-, que con los modelos Nazaríes de Granada que usaba Olaeta. Tradicionalmente, esos minaretes están rodeados por una o más salientes desde donde el muecín -la persona que canta el llamado a la oración- anuncia le rezo, pero en la casa Serralde se transformó en singular torre de observación...




El edificio principal, terminado en 1903, era un prisma rectangular con base de unos 16 por 40 metros, que hacia el sur (a la derecha en la imagen de arriba) mostraba sobre el semi-sótano y en ambos pisos, una clara alternancia de ventanas con arco de herradura unas y a manera de ajimez otras, con ataurique intercalado y banda ornamental a manera de alfiz unificando los huecos. Arriba y a manera de friso la composición se cerraba con otra banda de ataurique.



Abajo, tres fotografías contemporáneas de esa fachada Sur, en las que se pueden ver algunos detalles: primero de una ventana con arco de herradura lobulado y bordeado por alfiz que integra la imposta y recibe las medias columnillas adosadas con capitel nazarita inspirado en los de la Alhambra; luego la ventana pareada a manera de ajimez, enmarcada por alfiz rectangular y donde los arcos peraltados y lobulados permiten el lucimiento de un mainel (la columna central que también se llama parteluz) de clara inspiración nazarita y que probablemente pretende reproducir la agradable proporción y capitel del pórtico norte de la Casa del Chapiz; finalmente en la toma oblicua, se puede apreciar el complejo conjunto de formas agrupadas y la profundidad de los vanos en la composición, además de hacerse evidente el magnífico trabajo de ajimez, que desafortunadamente ya no tiene color...


En las tres tomas se distingue el «garde-corps ou rambarde métallique pour balcon» de fierro fundido y que aunque tomado de modelo francés, probablemente haya sido fundido en México; además, sorprende en las dos primeras imágenes, la claraboya para ventilar e iluminar el sótano, donde Olaeta se sirvió de molduras circulares para simular arcos de herradura…

Hacia el poniente, el diseñador se permitió algunas libertades en la fachada, transformando el ajimez de planta baja en trifora (aunque manteniendo sus características generales) y creando en el piso alto tres amplios arcos para la terraza, que aunque rebajados y de geometría peculiar, se hermanan al conjunto gracias al lobulado del intradós; esos tres curiosos arcos siempre me parecieron más cercanos a una capilla abierta Novohispana como la de San Luis Obispo en Tlalmanalco que a cualquier modelo nazarí…



Aunque en algún momento se han tratado de relacionar las medidas y modulación de la casa con el sistema métrico de “Codo Árabe”, esa relación es discutible; CODO era la distancia que mediaba entre el codo y el final de la mano abierta (codo real) o a puño cerrado (codo vulgar) y varía desde 64 cm. para el “Codo de Oman”, hasta 47.3 cm. para el “codo tunecino”, pasando por 54 cm. para el “Codo Negro”. En todo caso, es poco probable que Olaeta llegara a tal extremo, considerando las libertades que se permitió en otras áreas.

Lamentablemente no existen fotografías a color del resultado final de las decoraciones exteriores de la casa en 1903, pero acudiendo nuevamente a Heidi Sohn, que en 1996 se entrevistó con los propietarios y descendientes de don Francisco Serralde Martínez y su esposa Guadalupe Acosta, podemos usar una de sus fotografías –tomada en la escalera norte que daba al jardín y parte de la edificación original– para darnos una idea de cómo tanto ataurique como alfiz, fuste y capitel de columnas resplandecían por su contrastada policromía. Más abajo, una fotografía actual a la que he añadido colores a fin de ilustrar la probable apariencia de la casa cuando el colorido original se había aplicado…





La casa Serralde/Acosta no resultó solo una recreación estilística, sino un rescate interpretativo de elementos de aquel romanticismo historicista, y van desde retomar el Al Minar y transformarlo en torre de observación hasta recrear un Hammam en uno de los espectaculares baños, pasando por la formación de jardines deliciosos con fuentes que complementarían el pabellón mirador...

Así, hacia el inmenso jardín que ocuparía más de 4,000 m², Olaeta se dio a la tarea de trazar una retícula -que al paso del tiempo debía recibir Cipreses, Cedros, Naranjos y Truenos- y sobre la que se distribuyeron andadores y plataformas que serían marcadas con fuentes e hilos de agua.



Desde el jardín, es indudable que los elementos sobresalientes del conjunto –adosados al cuerpo regular y con perforaciones de ritmo previsible, a manera de las otras fachadas de la casa– serían el espigado “Minarete” y el pabellón que con sus ocho ventanas perimetrales rematadas con arco de herradura, permitiría largas vistas hacia el edén y sus fuentes, aunque al paso del tiempo la diversidad de usos y estructuras que se edificaron en ese vergel resultaría imposible de predecir…

No fue inusual la edificación de una torre/mirador con imagen árabe, y en Mixcoac como en el viejo Tlalpan descollaba su porte; entre ellas destacó la de la calle Benito Juárez que aún se conserva como parte del Convento de Las Violetas de Tlalpan.



Se cuenta que desde los primeros años, se fabricó un curioso “quiosco morisco”, que sin duda –haciendo eco al de la colonia Santa María la Ribera– se desarmaba y podía transportarse a las festividades que en Mixcoac se realizaban; además se sabe que al paso del tiempo en ese espacio atajado por el inmenso muro se habilitó una cancha para juego de Pelota Vasca, se forjaron jaulas para un peculiar zoológico y eventualmente –aprovechando caminos trazados por Olaeta– se instaló un tren a escala que replicaba alguna parte del recorrido del ferrocarril a Veracruz…



¿Y al interior?

Tal y como hemos señalado, durante el S. XIX –entre las familias adineradas, la nobleza europea y en diversas latitudes– se puso de moda decorar con evocaciones románticas o estilos exóticos, como el chino, turco o árabe. El exotismo árabe fue muy socorrido en España durante el reinado de Isabel II, de modo que a final del siglo, raro era el palacio mansión o casino que no contaba con un Salón o “fumador” decorado interpretando la Alhambra de Granada.

Abajo, en una imagen de Jean Laurent, el Salón árabe del Palacio del marqués de Salamanca en Vista Alegre; aunque lamentablemente muy deteriorado, el salón pervive en Madrid dentro del “Palacio Nuevo”, que fuera obra de Narciso Pascual y Colomer y probablemente diseñado por el arquitecto Rafael Contreras, que por entonces restauraba la Alhambra de Granada.



Otro ejemplo –que me resulta de enorme interés y que además, por ser contemporánea, despliega el intenso colorido de esas recuperaciones interpretativas–, es el antiguo Museo del Ejército en el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro –Madrid–, encargado al yesero y escultor Manuel Castaños y ejecutado en 1903 para exponer el conjunto de piezas de Boabdil que acababan de ser donadas al Museo; el extraordinario interior reúne todos los elementos que en el período se consideraban indispensables para la decoración de un salón árabe y resultaría el patrón modelo para el diseño de esos salones en otras latitudes.



En México, los máximos exponentes de ese “renacer de la influencia mudéjar” –según nos dice Israel Katzman– serían los arquitectos Eduardo Tamaríz y los hermanos Arpa, con innumerables obras interiores en la ciudad de Puebla, ejemplos a los que debemos agregar al arquitecto Antonio Rivas Mercado con su diseño para el Teatro Juárez en Guanajuato, terminado en 1903. Abajo, una imagen de la decoración interior del Teatro Juárez y más abajo, reproduzco una fotografía de Katzman que muestra el “Fumador” de la casa en 2 Norte N° 402, de la ciudad de Puebla, decorado por los hermanos Arpa por 1903 -aunque con el amueblado de los años 60'-.





Como complemento a las anteriores, una imagen que considero interesante e ilustrativa de aquel entusiasmo exotista e historicista –captada en 1904 y también de una obra ejecutada en 1903– y que nos muestra un ángulo del estudio de Antonio Fabrés, instalado en la Academia de San Carlos, cuando sustituyó a Santiago Rebull en la dirección de pintura; la fotografía captada por el propio Fabrés, muestra el decorado “Alahambrista” que incluye –además de sus propias pinturas– elementos diversos como azulejos, tapetes orientales y el par de esbeltas columnas de influencia nazarí en primer plano…


Finalmente y para contemplar algo de lo que colgaba en ese estudio, una fotografía del magnífico lienzo “Por orden del sultán”, pintado por el propio Fabrés y que formó parte de la primera exposición del pintor en México, y que a pesar de pertenecer a una colección privada, se exhibe en el Museo Nacional de Arte.



Espero que éstos ejemplos nos ayuden a imaginar los interiores de la Casa Serralde, que imbuida en ese fantástico mundo de recreaciones históricas y al final de aquel júbilo romántico del siglo XIX, debió haber sido diseñada con algunos de los elementos interiores que aún se pueden contemplar en la Casa Marsans de Barcelona, diseñada en 1906 por el arquitecto Juli Marial como residencia de Josepa Marsans i Peix en lo que se denomina: “…una genuina y acertada combinación de estilos modernista y arquitectura morisca.”



En “Supervivencias mudéjares y presencias orientalistas en la arquitectura mexicana”, Elisa García Barragán nos dice:
“Es una casa de grandes dimensiones a la que no le falta ni su minarete con ventanitas de arco de herradura. … Emplea como elementos decorativos … el estuco policromado que con una ornamentación vegetal y caligrafía cúfica, cubre parte de los muros.... Esta casa que vio mejores tiempos y …contó con un mobiliario morisco completo, según cuentan sus actuales dueños, descendientes del licenciado Serralde, muebles de los que sólo quedan los grandes aparadores del comedor con arcos poli lobulados y rematados por una graciosa crestería de pequeños merlones escalonados.”




Arriba, en una fotografía del salón sur-poniente, se adivinan algunas de las características de la decoración que la casa debió tener en 1903; el ajimez miraba hacia la calle de Rubens mientras que la trifora de la derecha tenía vista hacia la avenida. Desafortunadamente, ese salón seria destruido años después con la ampliación de la avenida que conmemoraba la Revolución, por lo que esto tendrá que bastar para ilustrarlo; luego de esa transformación, un fragmento de la decoración original se reprodujo en la remodelación que se hizo a la casa en 1940 y fue fotografiado por la maestra Sohn (abajo) y pervive aún en el edificio que se conserva en pié (la imagen de más abajo), para permitirnos imaginar la decoración e interiores originales…





No se piense que en México la decoración mudéjar era excepcional; puede encontrarse un curioso ejemplo construido apenas a unos metros de distancia y en la misma fecha en el salón fumador de la casa de campo de Julio Limantour y doña Elena Mariscal Smith de Limantour –ahora Colegio Williams– (ver) o unos años después en Chapultepec Heights –que ahora conocemos como Lomas de Chapultepec– en una de las fastuosas casas edificadas sobre la Prolongación del Paseo de la Reforma, que aún se conserva intacto…




En un texto escrito por doña Matilde Martínez Santoyo –descendiente de los Serralde–, se nos cuenta que el 4 de octubre de 1903 se hizo la mudanza…
“Mamá Pita dejó atrás su casona de la Colonia Santa María, repleta de recuerdos. Dejó partir los carros de mulitas con su menaje de objetos cotidianos… rumbo a Mixcoac. Cuando llegó con sus hijos, la impresión al entrar a su nuevo hogar borró toda reticencia: Era como un cuento de las mil y una noches. Dos moros de tamaño natural custodiaban la entrada principal, y al interior casi temía perderse entre tantos salones y recámaras o extraviarse afuera, distraída entre los estanques y fuentes del jardín…"
"Éste nuevo domicilio ocupaba toda una manzana; el minarete podía ser contemplado desde muy lejos y las paredes relucían con relieves blancos enarcados por azules y oros. No extrañaría el quiosco recién puesto en el parque de Santa María la Rivera, porque su esposo, en un acto de amor y gentileza, le había mandado construir uno pequeño en el vasto jardín de la casa.”


Aunque en una fotografía muy posterior, es interesante hacernos una idea del vecindario y enfatizar el que aquella casa de Mixcoac era vecina de un río y las quintas de descanso de prominentes ciudadanos, como los Limantour (Ver y ver) o los Scherer (ver)


Arriba, en el fragmento de una imagen oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1937, he marcado en rojo la casa Serralde/Acosta (arriba a la extrema izquierda). En la toma que mira hacia el oriente, aparece en primer plano la colonia Alfonso XIII y como referencia he marcado en lila la vía del Ferrocarril, trazo que siguió el Anillo Periférico con su segundo piso; arriba a la derecha, marcado en azul intenso, aparece el río Mixcoac, ahora Calle de Molinos y Circuito Interior; la línea verde, coincide con la Avenida Revolución. Además de la Casa Serralde (en rojo), se distinguen las casas de descanso de Julio Limantour (ahora Colegio Williams), la Quinta de la familia Scherer y la de José Y. Limantour (ambas albergaron al Colegio Madrid)…

Sorprendentemente el proceso revolucionario de 1911 y los disturbios que siguieron a la “Decena Trágica” en 1913, no afectaron grandemente la vida en la casa Serralde; las amistades y vínculos del Licenciado Manuel Francisco Serralde Martínez parecieron brindarle cierta inmunidad durante el proceso y a diferencia de las quintas cercanas que sufrieron depredación y maltrato, la “Casa Árabe” se mantuvo sin quebranto. De hecho, para 1921 y con el establecimiento de “fin de la lucha armada”, Serralde ocuparía una posición privilegiada como “apoderado” en la nueva explotación ferrocarrilera mexicana…


Desde el inicio del siglo la “Casa Árabe” se había transformado en hito de Mixcoac, y veinte años después –para Junio de 1923, cuando el matrimonio Serralde Acosta celebró con los hijos sus “Bodas de Oro”–, coincidiendo con los cincuenta años de matrimonio, se descubría el mayor esplendor de la casa de Mixcoac, que en el jardín ya incluía carrusel mecánico para los nietos, bisnietos y niños del vecindario, pequeño ruedo para regocijo de adultos, un cine adjunto a la casa y -ocupando una parte del jardín- el fantasioso modelo de una fracción del trayecto del ferrocarril México-Veracruz, incitada por el entusiasmo ferroviario de Víctor, que de los Estados Unidos trajo dos trenes a escala y modeló montañas, túneles y puentes…


A aquella ceremonia en la Parroquia San Juan Evangelista y Nuestra Señora de Guadalupe asistieron cuatro de los hijos, encabezados por Elena Serralde Acosta (1874-1946) viuda de Eduardo González Peralta y apenas casada con José María López López, Carlos (1876-1949) casado con Esther Miranda Hernández; Gustavo (1879-1970) con su esposa Ernestina Reyes Pozo, Abelardo (1881-1979) casado con Josefina Villavicencio Carbó-Noguer; Roberto Arturo (1883-1957) con su esposa Eva González Díaz, María Isabel (1887-1951) casada con Miguel Garibay Sevilla y Víctor Serralde Acosta (1899-1996 y que a partir de 1950 se haría cargo de la casa), que serían acompañados de incontables nietos y amigos.

Al año siguiente, en Julio de 1924, la sala de cine sufrió un incendio y ante la insistencia de la comunidad –que ya la consideraba parte de las actividades sabatinas del barrio– fue reconstruida y siguió proyectando cintas que eran además deleite de los visitantes que en tranvía llegaban hasta la casa y podían acceder a la sala por la puerta de Rubens Número 6, cuya herrería mostraba el monograma “FS”; paradójicamente, ese tranvía a Mixcoac –que en 1890 fuera parte del atractivo del terreno– al ampliarse, sería parte de la decadencia de la casa…



Entretanto –algo interesante que liga cine y trenes– fue que en 1933, Guillermo Calles director de la película “El Héroe de Nacozari”, solicitó el auxilio de Víctor Serralde para los efectos especiales de la película que filmaría con Ramón Pereda, Lucha Diaz, Antonio R. Frausto, Conchita Banuet y Feliciano Rueda; así, uno de los trenes a escala de la casa Serralde sería parte de la reconstrucción de aquella historia heroica de un maquinista llamado Jesús García que salvó a un pueblo entero en 1907, en una cinta que se estrenó en 1934…




El 4 abril 1939 murió “Mamá Pita” –doña Guadalupe Acosta de Serralde– y fue sepultada en una cripta que don Francisco mandó edificar a un lado de la capilla del Panteón de Guadalupe –Mixcoac–, apenas mil quinientos metros hacia el poniente de su “Casa Árabe” y desde cuya terraza se podía distinguir el mausoleo.



Desde tiempo atrás, durante la regencia de Javier Rojo Gómez en el Distrito Federal –y a instancia del presidente Ávila Camacho–, se venía evaluando la necesidad de ampliar y mejorar el pavimento de la avenida que corría al lado de las vías del tranvía –electrificado desde 1910– que comunicaba Mixcoac con Tacubaya hacia el norte y San Ángel hacia el sur, y que ahora –como parte del “Servicio de Transportes Eléctricos de la Ciudad de México”– se estaba modernizando y corría ya en ambas direcciones a lo largo del trayecto; para 1943 se incluyó la avenida en el Plano Regulador de la ciudad como “Zona de desarrollo” y desde 1946 se habían iniciado los trabajos de engrandecimiento de la que sería la “Avenida de la Revolución Mexicana”, ampliación que contemplaba trazar camino a ambos lados de la vía y por lo mismo, demoler algunas de las construcciones que obstruían el nuevo trazo.


En la imagen de arriba, tomada en 1945, aparece la vía férrea durante los trabajos de ampliación del “Tranvía de Mixcoac” frente a la que había sido casa de Julio Limantour (que para entonces ya era “Colegio Williams”), vista desde un punto cercano al cruce con Empresa; a la izquierda se distingue la “Casa Árabe” de los Serralde.

Aunque licenciado Serralde había logrado retrasar el proceso de construcción, su menguada salud impidió retardarlo más y en 1948 se iniciaron los trabajos para la ampliación de la avenida y para 1949 se determinó la demolición de una parte de la casa y el muro del jardín, cediendo al arroyo una franja de diez metros a todo lo largo del predio.


En la fotografía de arriba, fechada en 1950, se mira hacia el sur la “Avenida de la Revolución Mexicana” -en proceso de ampliación- desde su cruce con la calle de Holbein y Rembrandt; destacan los postes que dan energía eléctrica al tranvía en sus dos sentidos y a la derecha se puede ver la obra de pavimentación en proceso. A la izquierda, se distinguen la casa Serralde con su minarete y la gran barda con arcos; al extremo izquierdo se evidencia que ya comenzó la demolición para ampliar la calle...


Don Manuel Francisco de la Santísima Trinidad Serralde Martínez -“Papacho”- falleció el 6 de septiembre 1949, a los 93 años en su casa de Mixcoac y fue sepultado al lado de la capilla del Panteón de Guadalupe –Mixcoac–, a un costado de “Mamá Pita”, apenas a mil quinientos metros al poniente de su “Casa Árabe”. En la foto de arriba –que nuevamente agradezco a Heidi Zohn–, don Francisco Serralde en la terraza de la casa, mirando al poniente.


Aunque buena parte de aquella “hectárea de terreno rústico” de 1893 ya había sido repartida entre la familia, luego de la muerte de don Francisco, los cerca de 3,200 m² que integraban el jardín fueron vendidos y los recursos repartidos entre los hermanos, aunque se decidió mantener la casa y una porción de jardín. Durante el proceso de demolición de las viejas caballerizas, sorprendió a muchos descubrir que entre muros se había escondido una limosina que en mayo de 1911 el presidente Porfirio Díaz había confiado en salvaguarda a don Francisco…



La casa había quedado entonces a cargo de Víctor Serralde, quien supervisó obras de reconstrucción del ala poniente, luego de que se había vendido el jardín, expropiado parte del predio y seccionaran tres entre-ejes a la edificación, dejándola con acceso únicamente por Rubens 6.


La casa había perdido casi diez metros en su fachada frente a la avenida, cosa que sumaba unos 450 m² en las tres plantas –incluyendo la terraza poniente–; la decisión de Víctor Serralde fue “doblar” lo demolido para crear una “L” que sobre la Avenida ampliada, recuperara lo expropiado reutilizando todo el material de la demolición para restituir los acabados y recreando incluso los tres arcos de la terraza con vista al poniente. En la imagen de arriba, probablemente captada en 1951, la casa en proceso de remodelación.

Desafortunadamente Víctor suspendió abruptamente el proceso, luego de que en 1951 muriera su hermana María Isabel Serralde, cosa que sumada a la muerte de Carlos Serralde en 1949, creó tensiones entre los heredero y falta de recursos...


La remodelación a la casa permaneció inconclusa por los siguientes cuarenta años, haciendo pensar que el inmueble estaba abandonado; en realidad, la casa seguía habitada por Víctor Serralde Acosta, esposa e hijo.


Para ilustrar las contracciones sufridas por la propiedad, podemos usar la imagen reciente de Google-maps –en que se distinguen a la izquierda la Avenida Revolución y a la derecha la avenida Patriotismo– sobre la que he marcado en amarillo los límites aproximados del terreno adquirido en 1893 y regularizado en 1899. Las diversas parte del terreno fueron adjudicadas y la casa (marcada en rojo) se edificó en la esquina sur-oeste, reservando como jardín el área enmarcada en naranja. Aunque el lindero marcado por la calle de Rubens se mantuvo, la ampliación de ambas avenidas –en los años 50’– redujo también el terreno; el lindero actual, se marcó en azul. Al paso de los años y con la adquisición de varios predios disociados, la “Mega Comercial Mexicana” pareciera querer reintegrar el terreno a sus dimensiones originales…




En 1996 –luego de la muerte de Víctor Serralde Acosta– la casa y su terreno restante (unos 880m²) fueron adquiridos por inversionistas que rehabilitaron el edificio como restaurante; la restauración estuvo a cargo del arquitecto Ricardo Rodríguez y se inauguró a final de 1997 como restaurante y bar “D´seo”.

A inicio del año 2000, el espacio sería cedido a “Bulldog Café” que transformó la Casa Serralde en “La Casa del Rock and Roll en México”, mientras que el espacio abierto de lo que queda del jardín -cubierto con una estructura- permite aprovecharse para eventos diversos y conciertos.


En general, la edificación original y su modificación de 1951 se mantienen, y tanto minarete como mirador conservan íntegra la estructura; la remodelación de 1996 remozó los acabados y repuso buena parte de las decoraciones exteriores, aunque retiró ventanas de lo que ahora son espacios interiores y eliminó toda policromía en atauriques, arcos y frisos.



Sin duda alguna, una de las “Grandes casas de México”…

Aunque no puedo evitar imaginar lo que fue sentarse en el mirador y a través de las ventanas que ahora contemplan el bar, mirar el enorme jardín de los Serralde con fuentes, quiosco, frontón y tren.





Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–. Conforme haya más entradas (ya hay más de 60), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html (ver)



















Agregado el 20 de Noviembre de 2021
Se informó que en Diciembre de 2021, la casa será ocupada por “House of Vans”, “…espacio cultural multidisciplinario abierto al público de manera gratuita”, con “experiencias de cultura urbana, música, arte y deportes de acción”.





















sábado, 3 de junio de 2017

La casa de don Ramón Corral Verdugo y Amparo Escalante en la 4° de Artes




La sorprendente casa de infancia de Leonor, Amparo, Ramón, Carmen, Hortensia, Amalia, Alejandro y Elvira Corral Escalante se levantó en 1899 para doña Amparo Vélez Escalante Montijo de Corral, por parte del entonces Gobernador del Estado de Sonora, que a inicio del siglo gobernaría la Ciudad de México, para luego ocupar el puesto de Secretario de Gobernación y la vicepresidencia de la República Mexicana. Don Ramón Corral Verdugo, ubicaría desde 1900 su residencia en el número 76 de la hermosa “Calle de las Artes” de la que había sido Colonia de los Arquitectos, y es ahora una vía rápida que rinde homenaje al maestro don Antonio Caso -fundador del Ateneo de la Juventud- y parte de la Colonia San Rafael…



Como parte del crecimiento de la ciudad y hacia el sur del templo y hospital de san Cosme y san Damián, lindando con la “Garita del Calvario”, se había planeado desde 1861 un fraccionamiento sobre terrenos propiedad de doña Josefa de Terreros de Algara y al que se llamaría “Colonia de los arquitectos”, a cargo de Eduardo García y Francisco Somera que lo urbanizaron a partir de 1862, con la idea de alojar residencias diseñadas por los arquitectos de la Academia de San Carlos.

Abajo, en plano fechado -1861- designado “Plano general de la Ciudad de México”, impreso por Decaen y que forma parte de la colección de la Mapoteca Orozco y Berra, aparece la mancha urbana de aquella fecha y donde hacia el Oeste (izquierda), se ve claramente la Calzada de Tacuba que luego de flanquear la Alameda, era parte del crecimiento de la mancha urbana hacia el poniente; nótese que aún no existe el Paseo de la Reforma, y que el Paseo de Bucareli (con sus glorietas) casi no tiene edificaciones marcadas. A la izquierda, he señalado la “Colonia de los Arquitectos” que en ese 1861 era apenas proyecto de García y Somera.



Abajo, en un detalle de ese mismo plano el sector Sur-poniente de la ciudad, destacando las edificaciones sobre Ribera de San Cosme y donde al centro-izquierda, se dibujó la “Colonia de los arquitectos” (aun inexistente), con las ocho manzanas que la conformarían: al oriente limitaba con el Camino de Hierro de Tacubaya / calle de Ramón Guzmán que después –ensanchada– se convertirá en Insurgentes Centro; al poniente lindaba con la “Calzada del Rancho de la Casa Blanca” que se transformaría en calle de Rosas Moreno; al sur limitaba con la “Calzada de la Hacienda de la Teja” -ferrocarril a Toluca-, hoy Manuel Villalongín; al norte se ajustaba con la acodada prolongación del camino de Fierro de Tacubaya, hoy Guillermo Prieto y Gómez Farías.


Al centro -y de norte a sur-, la nueva colonia aprovechaba el amplio trazo de la calzada que llevaba a la “Garita del Calvario” y la comunicaba con el templo y hospital de San Cosme, para transformarla en calle de Industria -hoy Serapio Rendón-, complementando el trazo con el cruce -de oriente a poniente- con la Calle de las Artes, que sería prolongación de la importante Avenida Providencia (hoy Artículo 123, Donato Guerra y Antonio Caso); el trazo se complementaba con las calles dedicadas a los Arquitectos -hoy Miguel Schultz- y Del Sur -hoy Sadi Carnot-. En ese plano de arriba, he marcado el terreno que desde un principio reservó para sí don Francisco Somera, y del que un fragmento sería adquirido años más tarde por Ramón Corral.

Abajo, en un fragmento del Plano de la Ciudad de México publicado por José Montauriol y que corresponde a 1889, aparece la ya urbanizada “Colonia de los Arquitectos”, aunque su límite hacia el sur no resultó la Calzada de la Hacienda de la Teja sino una calle estrecha que colindaba con la nueva estación ferroviaria de pasajeros Palmer-Sullivan (vías de riel angosto, que unían la Ciudad de México con Manzanillo y la entonces Villa de Nuevo Laredo) y que ahora -ampliada- llamamos Sullivan; en el plano he marcado en N° 19, que corresponde a la manzana en que para 1900 habitaría don Ramón Corral con su familia.


Además, en el plano de arriba, se distingue sobre la Calle del Sur (ahora Sadi Carnot N° 68) el enorme edificio que alojaría el “Asilo Particular para Mendigos” (señalado con el N° 80) fundado por don Francisco Díaz de León e inaugurado en Septiembre de 1879, que se transformó en asilo para ancianos y es ocupado ahora por el “Pentathlón Deportivo Militarizado México”; hacia el sur y sobre esa misma calle (ahora Sadi Carnot 116) está uno de los primeros conjuntos edificados fuera del casco de la vieja ciudad, y que puede darnos una idea de la apariencia de los edificios del período en la zona.

Al año siguiente, los señores Enrique (Henri) Tron y Leon Signoret a través de Eduardo García constituyeron una sociedad para la compra -en 1890- de una serie de terrenos al norte y poniente de la Garita del Calvario, que incluía el rancho “Cebollón” y fragmentos de la hacienda San Rafael para crear una extensión a lo que se había urbanizado desde 1863 y no había prosperado como se esperaba; al conjunto se le llamó “Colonia San Rafael” con límites (con nombres contemporáneos) al sur, Sullivan y Parque Vía (no Hacienda de la Teja/Villalongín, porque parte de los terrenos se habían usado para la “Estación Sullivan/Colonia” del Ferrocarril Mexicano); al norte, Ribera de San Cosme; al oriente, la Av. Insurgentes Norte; al poniente, la calle dedicada a Gabino Barreda, restricción que luego se extendería hasta la calzada de la Verónica, avenida que luego rendiría homenaje a Melchor Ocampo, y hoy conocemos como Circuito Interior.

Algunos datos adicionales acerca del área, pueden encontrarse en la entrada relativa a la casa Azurmendi / De Teresa en la calle de Sadi Carnot (ver).


Así, gracias al desarrollo de México durante la última década del S. XIX, la nueva Colonia San Rafael tendría enorme popularidad y en sus terrenos se edificarían sorprendentes viviendas de ecléctica diversidad; en la imagen de arriba -una tarjeta de 1901- aparece “Calle de la Industria” (que ahora llamamos Serapio Rendón en honor al diputado defensor de Madero y Pino Suárez) mirando hacia el norte desde la calle de las Artes. De las pocas casas que aún se conservan de ese período, está la edificada en 1900 sobre esa Calle de la Industria (hoy Serapio Rendón N° 76 que en la foto de arriba aparece a la extrema derecha) y que por años albergó la “Women Foreign Methodist Society of Mexico”, luego el Instituto Sara L. Keen y el colegio “Grosso” para varones, y que llega a nosotros -terriblemente modificada- como oficinas del IMJUVE.


La casa -que sería ocupada por John W. Butler a la cabeza de la “Foreign Methodist Society of Mexico” y servía al templo metodista adyacente- era una recreación romántica e historicista que tan en boga estaba durante el cambio de siglo y se había edificado en concordancia con el gusto de la época; podría pensarse que la casa no era particularmente grande, pero en una toma hecha cuando ya albergaba el Colegio Sara L. Keen y que muestra la fachada sur, se puede ver lo amplio de la residencia edificada el mismo año que la casa Corral-Escalante.



Abajo, una imagen de la Calle de las Artes -justo a media cuadra y al cruce con Industria-, sobre la que se edificaría la casa Corral y que nos permite ver ese eclecticismo -imperante desde el S. XIX y durante los primeros años del S. XX-, que permitía recreaciones románicas, interpretaciones renacentistas o glosas de supuesta historicidad y defensa académica en un período que Ulysses Dietz ha llamado de “Eclecticismo creativo”…



Es a ese contexto que se insertan el Gobernador de la Ciudad de México y su señora esposa, doña Amparo Escalante de Corral, mujer de reconocida vivacidad y belleza; Corral Verdugo (nacido el 10 de enero de 1854 en la hacienda Las Mercedes, propiedad de don José María Almada y Alvarado, en donde don Fulgencio -su padre- trabajaba como administrador) había casado en Hermosillo -Sonora-, el 25 de febrero 1888, con Amparo Vélez de Escalante Montijo (1865-1952) luego de que don Ramón había sido nombrado Vicegobernador, aunque ejercía de facto el cargo ya que el entonces Gobernador electo -general Lorenzo Torres-, se encontraba en campaña militar contra los yaquis que se habían levantado -nuevamente- contra el gobierno federal.

Amparo Escalante Montijo era la tercera hija de don Vicente Vélez de Escalante Rodríguez -Alcalde de Hermosillo y acaudalado comerciante sonorense- y María del Carmen Montijo Cervantes, reconocida como una de las bellezas nacionales del siglo XIX, comparada frecuentemente con la zarina, Alexandra Románova.


Por su parte, el joven Ramón Corral Verdugo -formado en abundantes lecturas y fogueado en el debate constante por sus recurrentes diálogos con Miguel Urrea- había decidido años atrás defender la ideas liberales y había adquirido un pequeño taller de imprenta y se dedica de lleno al periodismo; había saltado a la fama en 1872, por reprender en sus escritos –publicados en los periódicos El Fantasma y La Voz de Álamos– al general Ignacio Pesqueira García que generó un conflicto entre los Poderes Judicial y Legislativo por la no reelección del Gobernador del estado; en sus escritos, Corral mostraba gran valor anclado en un discurso de irrestricto respeto a la democracia, presentándose como un sorprendente y hábil adversario político; al paso de los años, se transformó en un eficiente funcionario bajo la tutela del alcalde de Hermosillo que al poco tiempo sería su suegro.

Desde 1879 ocupó puestos como diputado local y Secretario de Gobierno, pasando en 1883 a ser representante federal (por Sonora); para 1887 fungió como vicegobernador del estado y para 1896 Gobernador de Sonora. En ese período, construyó los palacios de gobierno en Hermosillo, Guaymas y Álamos. Instaló el servicio de energía eléctrica para el alumbrado público. Introdujo 300 km de red telegráfica, creó el primer sistema de becas del Estado, el colegio secundario de Álamos y los sistemas de agua de Álamos, Hermosillo, Guaymas y Nogales.

Sorprende que en su obra La sucesión presidencial, Francisco I. Madero lo reconoce: “El señor Corral como gobernador de Sonora fue muy superior al General Torres y al señor Izábal, por cuyo motivo es popular en aquél estado” (p.248).

Además, en el proceso, realizó inversiones en minería, molinos harineros, producción de energía eléctrica y con Próspero Sandoval y Baudelio Salazar obtuvo en septiembre de 1897 la concesión para establecer el Banco de Sonora y que abrió sus puertas el 10 de enero de 1898 con un capital de $500,000 pesos, de los que el 10% era aportación de Corral Verdugo.


Arriba, la sucursal original del “Banco de Sonora” en la Plazuela Hidalgo en Hermosillo –en una fotografía de 1940, cuando ya albergaba la Alianza Hispano Americana–; abajo, ese mismo banco pero con sucursal en Guaymas, inaugurado en 1898 que se alojó en un suntuoso edificio en la calle Tampico (ahora Obregón) entre Yáñez y Porfirio Díaz (ahora Garmendia), con proyecto y construcción a cargo del ingeniero polaco-americano Arthur F. Wrotnowsky –que lo modeló a partir del “Hibernia Bank” de San Francisco–, diseñador que también edificó el Palacio Municipal y la Cárcel de Guaymas (ahora museo del INAH).



Además, en Guaymas Corral se asoció con Luis A. Martínez con quien fundó la Compañía Industrial y Explotadora de Maderas, S. A. que producía energía eléctrica, hielo y fósforos, además de dedicarse a la venta de madera, talleres de fundición, fábrica de carretas y carpintería; ahí también conoció a Ernesto R. Canseco, un joven ingeniero militar destacado en el puerto con quien entraría en contacto después…

En Hermosillo, el matrimonio Corral/Escalante habitaba una gran casa sonorense tradicional, edificada años atrás y adecuada a las necesidades familiares; abajo, en una imagen tomada en 1904, cuando se hicieron homenajes a don Ramón Corral y su esposa (por lo que aparece un arco triunfal sobre la entonces calle de Hidalgo), aparece la casa -que aunque modificada aún existe- edificada en las actuales calles de Pino Suarez (Hermosillo-Nogales), entre Felipe Salido y Bavispe.



Al interior, la casa mostraba la tradicional distribución en torno a dilatados patios protegidos del sol con colgaduras retráctiles, en cuyos grandes corredores se podía gozar lo íntimo en aireada amplitud; un elemento sorprendente en la imagen de abajo, que corresponde a una fotografía que se conserva en el acervo fotográfico de la “California Historical Society” y está fechada en 1899, es la instalación de una lámpara eléctrica de arco, iluminación que seguramente formaba parte de las aventuras de Corral que por esas fechas dotaba de energía eléctrica a la ciudad.





Desde 1890, cuando el presidente Porfirio Díaz enfrentó una crisis financiera provocada por la pérdida de cosechas y la devaluación del peso ‒debida a la depreciación de la plata en los mercados mundiales‒, sumada a la guerra del Yaqui en el noroeste, la “paz y prosperidad” de su mandato se vieron amenazadas para las elecciones federales de 1892; en abril se creó un grupo llamado “Unión Liberal” que apoyó la reelección del general Díaz, grupo que al poco tiempo llegó a conocerse como “los Científicos” (sobrenombre que se consolidó cuando afirmaron que tenían el propósito de "…abogar por la dirección científica del gobierno y el desarrollo científico del país…") por sus argumentos apuntalados en las ideas positivistas de Auguste Comte. Aquella unión -que nunca llegó a consolidarse como partido político-, fue encabezada primero por Manuel Romero Rubio, luego José Yves Limantour y para 1905 era discretamente conducida por Corral.

En la notable fotografía de abajo, captada a principio de 1910 por Manuel Ramos -durante la entrega de premios a los cadetes del Colegio Militar en la tribuna monumental de Chapultepec-, podemos identificar a algunos de esos Científicos: bajo el dosel al Presidente Díaz flanqueado por Ramón Corral (Gobernación) e Ignacio Mariscal (Exteriores); a la izquierda, se distinguen sobre el estrado principal Enrique Creel, Guillermo Landa, Justo Sierra (Instrucción Pública), Justino Fernández (Justicia), José Y. Limantour (Hacienda) y a la derecha Manuel González Cosío (Guerra y Marina) con Leandro Fernández (Comunicaciones).



Para 1900 -al integrarse al gabinete-, don Ramón Corral engranó en ésta maquinaria y como Gobernador del Distrito Federal primero -sustituyendo a Guillermo Landa y Escandón- y ministro de Gobernación después; se integró rápidamente al grupo que con el paso del tiempo, el popular llamaría de “Los Cien tísicos” y mudó definitivamente su residencia a la ciudad de México. Abajo, en una imagen con parte del gabinete de 1907, aparecen detrás del presidente Díaz, Justo Sierra (Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes), Justino Fernández (Secretaría de Justicia), José Yves Limantour (Secretaría de Hacienda y Crédito Público) y Ramón Corral (Secretaría de Gobernación).



Así, no resulta extraño que Corral escogiera la Calle de las Artes como sitio para edificar su nueva residencia, sobre todo si consideramos que apenas a unas calles y en esa misma línea estaría la casa de don Guillermo Landa y Escandón (ver) y poco más al oriente -apenas 1,500 metros más adelante-, se encontraba la casa del propio general Porfirio Díaz, donde aquella calle –ahora Venustiano Carranza– se llamaba “De la Cadena” (ver). Abajo, la casa de don Guillermo Landa y Escandón, en una toma de los años treinta.



A apenas cuatrocientos metros de donde el Gobernador Landa edificaría a partir de 1903 su casa en la esquina de la 2°Calle de Artes y Calle de los Inválidos, el aún Gobernador de Sonora y futuro Regente de la Ciudad de México -Ramón Corral Verdugo- adquirió un predio de poco más de 850 m² en lo que había sido la Colonia de los Arquitectos y desde 1891 se había asimilado a la Colonia San Rafael.

¿Qué mejor manera de llegar a casa que atravesar el Paseo de la Reforma, admirar la escultura dedicada a Cristóbal Colón y tomar la Calle de Artes, detrás del Café Colón?



Aunque la fotografía oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto que aparece abajo es muy posterior, la toma nos permite ver el Paseo de la Reforma en la ampliación de la glorieta con el monumento dedicado a Cristóbal Colón y donde he marcado el cruce con la Calle de las Artes sobre la que he señalado el terreno de la casa Corral/Escalante y donde es muy sencillo distinguir el perfil de la Casa Landa.



La edificación de la casa fue uno de los elementos que permitieron a don Ramón Corral integrarse rápidamente a la maquinaria de la sociedad capitalina y se transformó en eje de la vida de sus hijos y esposa.

Don Ramón, que había nacido el 10 de enero 1854 en la Hacienda de Mercedes -Álamos, Sonora- habría sido bautizado el 21 de enero de ese año. Sus padres fueron Fulgencio Corral Rochín 1834-1868 y María Francisca del Sacramento Verdugo Almada; como ya hemos visto, casó el 25 de febrero 1888, en Hermosillo -Sonora-, con Amparo Vélez de Escalante Montijo (1865-1952).



Nos dice Rafael Sánchiz que concibieron 11 hijos:
Leonor Corral Escalante (n.1885, casada el 16 de octubre 1918 con José Abiega Frías 1891); Enrique Corral Escalante y Alfonso Corral Escalante que murieron en la infancia; Amparo Corral Escalante (1889-1976, casada el 8 de abril 1911 con Guillermo Obregón Gómez-Vélez 1882-1945); Ramón Corral Escalante (que casaría con Guadalupe Canalizo); Carmen Corral Escalante (casada con Manuel Ramos Sauri); Hortensia Corral Escalante (1893-1984, casada el 27 de mayo 1920 con Federico Antillón Castañeda 1893-1942); ya nacida en la Ciudad de México, Amalia Corral Escalante (n. 1900 y que casaría el 28 de febrero 1924 con Rafael Ramos Urrea 1888); Alberto Corral Escalante (n. 1903 y casado con Maclovia Lacy Araiza 1903-1991); Alejandro Corral Escalante (n. 1907 casado con María Camou Loaiza 1908-1989); finalmente Elvira Corral Escalante (que casaría con Rafael Izabal Monteverde). Abajo, en una fotografía que probablemente haya sido captada en 1910: “Ramón Corral & Family”


Hortensia Corral Escalante (en la foto de pie entre sus padres y con cabello largo), que para 1920 casaría en el Templo de Santa Brígida con Federico Antillón Castañeda, había sido inmortalizada desde 1899 en los billetes del “Banco de Sonora S. A.”, al aparecer retratada en el medallón de los billetes de $5 y $10 pesos, diseñados por La American Bank Note Company de Nueva York y presentados en la sucursal de Guaymas en Septiembre de ese año.



Durante la “Guerra del Yaqui” Corral había cobrado fama nacional después de capturar al líder Cajemé (José María Leyva Pérez), aunque la manera de reprimir a los yaqui fuera calificada de feroz y sanguinaria. Gracias a aquel eficiente ejercicio, y luego de desempeñarse eficientemente como gobernador del Estado de Sonora, para 1900 fue escogido como Regente del Distrito Federal, puesto que dejaría tres años más tarde al ser designado Secretario de Gobernación por el Presidente Díaz.

Como ya dije, desde 1898, Corral adquirió para su esposa en la Colonia San Rafael un terreno con 28 metros de frente -norte- a la Calle de Artes y poco más de 1,850 m², sobre el que se edificó una peculiar construcción de ecléctica presencia, aparentemente a cargo del ingeniero Ernesto R. Canseco; en algún momento, se agregó a ese predio original un segundo terreno, con frente a la calle del Sur -Sadi Carnot- y 790 m² que serviría como jardín y había sido parte de la propiedad que en 1862 había reservado para sí el Jalapeño don Francisco Somera, y que tenía ya edificada alguna construcción en la esquina.



Ha sido complejo establecer la autoría del diseño y ejecución de la casa, ya que de Ernesto R. Canseco hay poca información, aunque su trabajo haya sido relevante al colaborar con el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo para ejecutar la fábrica de cigarros del Buen Tono y tener en su haber un importante número de casas, en especial edificadas en la entonces naciente Colonia Roma.



El dato de autoría lo proporcionó del Dr. Luís Ortiz Macedo, que en una larga plática en Mayo de 2003 –cuando trabajaba en su texto “La Historia del Arquitecto Mexicano S. XVI a XX– me mostró una imagen de la casa con el nombre “E. Canseco -1900-” tallado a un costado del arco de acceso; de ser correcto el dato, es factible asumir que Corral conoció a Canseco cuando estaba destacado en Guaymas como Inspector de Salubridad y que luego inició una exitosa carrera construyendo mercados y escuelas. Puedo añadir la información proporcionada por Katzman acerca del Ingeniero Canseco, que fue ingeniero Militar y ejerció como profesor en escuelas de Veracruz, y construyó además los mercados Martínez de la Torre y Dos de Abril en 1894, así como el de “Santa Catarina” -La Lagunilla- en 1903 y que aparece fotografiado abajo.




En un número de la revista “El Mundo Ilustrado”, correspondiente a 1908 y que reproduzco gracias a la generosidad del arquitecto Iván San Martín, apareció una página completa dedicada a “La Residencia del Sr. Vicepresidente de la República” en la que se mostraban tres fotografías acreditadas “(Fots. ¨Heraldo¨)”.



Las imágenes muestran primero el exterior de la casa -fachada norte-, vista en alto desde la acera de enfrente, y donde se puede apreciar que la edificación se colocó liberándola de las colindancias y remetiéndola media decena de metros, permitiendo un amplio acceso peatonal al centro y otro vehicular a la derecha; además, se hace evidente que en el terreno ya había grandes árboles –plantados sin duda en el predio cuando era propiedad de don Francisco Somera– y que hacia el fondo existió un edificio de servicios que probablemente albergaba cocheras y habitaciones.



La volumetría corresponde a la tradición de vanguardia en el momento, presentando un edificio como una Villa o “Quinta de descanso”-con dos pisos completos y un semisótano-, que integra elementos de inspiración historicista que van desde un torreón de mirador triforado y remate a la manera de un campanile toscano, y que arranca sobre unos potentes arcos de medio punto que conforman el pórtico central para acceso ceremonial a la casa, hasta una torre circular con remate/mirador y techo cónico –de inspiración romántica-, pasando por el volumen de habitaciones principales, con elementos gotizantes y rematado por un techo inclinado y con pináculos a la manera francesa…



Y para entender mejor, me permito citar una nota en “El Mundo Ilustrado” aparecida en 1908:

“El Palacio de los Sres. Corral ha venido á embellecer en alto grado aquel aristocrático rumbo de la Metrópoli, donde tantas y tan suntuosas residencias tienen su asiento. Y decimos que ha venido á embellecerlo, porque su estilo arquitectónico y los materiales empleados en la obra, hacen de ella una de las primeras que ahí existen. Su fachada, de cantera blanca y morada, es muy artística; luce en ella en toda su incomparable opulencia el estilo romano, contribuyendo a hacerla mucho más hermosa dos torreones que la coronan, y que corresponden: uno, a la entrada principal, y el otro al ángulo oriente-norte… El ángulo poniente-norte está rematado por una manzarda que resalta notablemente el buen efecto del conjunto, y que forma un tercer piso.”


La imagen central corresponde a la “sala de recibir” donde muebles de singular diversidad estilística forman un ajuar complementado con colgaduras y lámpara eléctrica.

Volviendo a la nota de “El Mundo Ilustrado” de 1908, se habla de la imagen del Salón de Recibir, en donde sentada aparece -supongo- Amalia Corral Escalante:


“En cuanto á la distribución interior, solo diremos que es de lo más bien logrado que pueda encontrarse en México… Los salones son muy armoniosos, distinguiéndose especialmente el de recibir, que tiene vista a la calle y que esta amueblado al estilo Luís XV.”


Finalmente, en la nota de “El Mundo Ilustrado” que me proporcionó el arquitecto Iván San Martín, se habla de la imagen del “Hall”, donde aparecen ahora -supongo también- Amalia, Alberto y Alejandro Corral Escalante en una silla:

“El «Hall» es digno de las más elegantes residencias particulares de Europa ó de los Estados Unidos, no solo por su amplitud, sino por la riqueza de su decorado y por su bien estudiada situación con respecto a los salones. Hacia el fondo, se ve una cómoda escalera que se abre en dos tramos y que comunica directamente con la planta alta.”


Yo agregaría que en ese Hall –al que ya se atribuyen connotaciones funcionales– se vuelve a hacer aparente el eclecticismo del conjunto, donde frente a la chimenea de inspiración renacentista francesa, se agregaron columnas de orden corintio, escalera victoriana, tapete oriental y piano alemán, así como mesa sillones y macetas de amplísima derivación estilística.




Los textos que he citado, aparecen acompañados de la imagen de arriba, que capta nuevamente a los niños Corral Escalante, ahora en la escalera de acceso al cobertizo de la casa; esa escalera sería rampa donde en diversas ocasiones fueron captadas personalidades del mundo político mexicano, cosa que ejemplifico con la fotografía de Casasola captada en 1910, que muestra al vicepresidente Corral, acompañado del Ministro de Hacienda José Y. Limantour, camino a la toma de posesión…



Recuérdese que para 1904 se reformó la Constitución, creándose la Vicepresidencia de la República. Así, Corral fue electo junto con Porfirio Díaz para el sexenio 1904-1910 y de la casa en Artes salió hacia su toma de posesión; las noticias de la época informaban de presiones por parte de inversionistas extranjeros, que recomendaban un personaje hábil y capaz pero más joven que don Porfirio por si fallara su salud -para la época Díaz contaba ya 74 años, mientras que Corral apenas llegaba a los 50-. Abajo, una postal de 1904…



Un factor indispensable a considerar para la carrera de Ramón Corral, es la presencia de Amparo Vélez de Escalante Montijo señora de Corral; para muchos, ejerció una influencia importante en su marido, que se ha comparado al influjo refinador que Carmen Romero Rubio de Díaz tuvo sobre el presidente; hija de don Vicente Vélez de Escalante Rodríguez -que en once ocasiones fuera electo Alcalde de Hermosillo y acaudalado comerciante sonorense- había tenido una refinada educación en el sur de los Estados Unidos, formación que fue clave en el desarrollo de la familia Corral y en la trama que se desarrollaba tras bambalinas.

Abajo, en una fotografía tomada en 1907, dentro del apenas inaugurado Casino Español, aparecen al centro la señora Amparo Vélez de Escalante Montijo señora de Corral (muy alta, de negro y abanico en mano) y su esposo el vicepresidente de México, durante una recepción para su hija Amparo Corral que celebraba su XVIII cumpleaños.



Por un lado, Doña Amparo insistió en una minuciosa educación para todos sus hijos -incluidas las mujeres-, cosa que sorprendió a propios y extraños…
Ya Hortensia Corral (n.1893) era conocida desde 1899 por los billetes del Banco de Sonora, y mientras que Leonor -la hermana mayor- (n.1885) era afamada por su simpatía y conocimiento, “Amparito” Corral (n.1889) era reputada por la belleza e inteligencia que -se decía- había heredado de su madre…



Carmen Corral Escalante, que eventualmente casaría con Manuel Ramos Sauri y destacó como administradora, aparece abajo en una fotografía que se tomó en el Hall de la casa de la calle de Artes hacia 1910, en el mismo sitio que años antes sus hermanos menores habían sido captados en una de las fotografías que aparecieron en El Mundo Ilustrado dos años antes.



En 1904, doña Amparo había acompañado al Vicepresidente -su marido- en un viaje a los Estados Unidos (San Luis Missouri, en representación del Presidente Porfirio Díaz), en el que durante el regreso a principio de noviembre, hicieron un triunfal recorrido por Sonora y fueron recibidos en Hermosillo con pompa y celebraciones. La nota más importante -que apareció en los diarios norteamericanos de St. Louis- fue el que “Mrs. Corral” fungiera como interprete durante la visita de estado…

En la imagen de abajo, el Vicepresidente Corral acompañado de su esposa y con el general Torres y Alejandro Redo, dentro del tren Presidencial durante su estancia en Hermosillo.



Sin duda alguna, doña Amparo, era una mujer excepcional: en una fotografía que siempre me ha sorprendido y que corresponde a la inauguración de las obras del “Manicomio General” (La Castañeda) el 1º de septiembre de 1910, la apertura incluyó un paseo por los edificios y una amplia y detallada visita a la edificación de Servicios Generales, donde fue captada la comitiva que acompañaba al presidente Díaz. Aunque la esposa del presidente estaba presente, Porfirio Díaz caminó por los jardines dando el brazo a la señora Amparo Escalante de Corral, a quien siempre consideró “Dama excepcional” y se mostraba interesada en los aspectos funcionales del nuevo edificio…


En palabras de Liceaga: “Éste, es un momento importante para nuestro país: estamos ahora a la par de las naciones civilizadas, marcando el rumbo de la ciencia y la atención a quienes se benefician de ella…”



El 21 de agosto de 1910, Díaz y Corral fueron proclamados presidente y vicepresidente, por un período que terminaría el 30 de noviembre de 1916; las “Fiestas del Centenario de la Independencia de México” entre el 1 de septiembre y el 6 de octubre de ese año, fueron sin duda un parte aguas en muchos -muchos- aspectos y en lo referente al Vicepresidente Corral, las actividades se multiplicaron y a pesar de sufrir nuevamente los efectos de aquel tumor en la garganta que se había tratado en 1900, concertó la distribución de innumerables eventos, incluyendo la inauguración -sobre el Paseo de la Reforma- de la Columna de la Independencia el 16 de septiembre…



Ramón Corral Verdugo es una figura compleja y para septiembre de 1910 motivo de amplia especulación; en algunos textos, se puede leer que “…La fama de Corral fue una de las causas de la conflagración de la Revolución mexicana”, mientras que otros lo consideran “…mano derecha del presidente e invaluable en la sobria manera de enfrentar la crisis”.


Arriba, una fotografía captada el 9 de septiembre de 1911, al centro el Presidente Porfirio Díaz -que recibía una condecoración enviada por el Rey de España-, acompañado por Ramón Corral (Vicepresidente y Secretario de Gobernación) y Enrique Creel (Secretario de Relaciones exteriores). Abajo, una toma de W. B. Waite que indica: “Don Ramón Corral. Vice-president of México in his office”.



Durante las “Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México” la casa Corral-Escalante se vistió de gala, ya que recibió varias comitivas extranjeras; según el texto de Genaro García, “La ciudad de México, al llegar los días de la celebración del Centenario, se apresuró a presentarse ataviada… y procuró adornarse de la mejor manera posible en fachadas y casas particulares, que, con deseos patrióticos, iluminaron sus casas y las embellecieron con banderas y flores…”


Arriba, “La casa del Sr. Vicepresidente de la República” en la 4° de Artes, según apareció en “Crónica Oficial de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México” (p. 145), publicada en 1911; para entonces, al frente ya se notaban la dos palmeras (Phoenix canariensis) plantadas en 1905 y la familia estaba en París, acompañando a Ramón Corral enfermo…



El 28 de marzo de 1911, el Vicepresidente y Secretario de Gobernación entregó su renuncia al secretario de Relaciones Exteriores -Francisco León de la Barra- que no la admitió sino hasta mayo, haciéndola coincidir con la del Presidente Díaz.

En París, Corral buscaba la cura del cáncer que creía haber desterrado años antes (unos dicen tumor en la garganta, y otros hablan de cáncer pancreático). Consciente de que su mal no tenía cura, pasa los últimos meses de su vida acompañado de su esposa Amparo y varios de sus hijos; nurió el 10 de noviembre de 1912 en París, y desde entonces sus restos están tendidos en el cementerio de Pére-Lachaise (división 11) a unos pasos de Luigi Cherubini y Frédéric Chopin y cerca de Auguste Comte...




Luego de la turbulencia revolucionaria y a pesar de lo que sucedió con otras residencias de miembros del régimen, la casa Corral-Escalante se conservó en muy buenas condiciones y en manos de los descendientes, hasta que fue vendida en los años cincuenta para ser destruida en 1962. Me gusta la fotografía de abajo, en donde las palmeras Phoenix canariensis han crecido por cincuenta años y apenas un remate en la ventana de la mansarda ha desaparecido…



Desde hace algún tiempo, el predio principal está a la venta en diversos portales: “Maestro Antonio Caso #76 Colonia San Rafael, Del. Cuauhtémoc, CP. 06470 Superficie del terreno: 628.0m2 terreno, 1,800m2 construcción. En venta por 23 millones”




Sobra decir que al paso del tiempo, el entorno ha cambiado sustancialmente…







Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–. Conforme haya más entradas (ya hay más de 60), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html (ver)