martes, 27 de mayo de 2014

La casa de don Artemio de Valle-Arizpe




Por categoría y relevancia histórica, más que por dimensiones, la casa que el 15 de noviembre de 1961 dejó don Artemio de Valle-Arizpe (en el número 16 de la calle del Ajusco en la colonia Del Valle –nombrada Calle Artemio de Valle-Arizpe en 1959--), es el perfecto ejemplo de una Gran Casa de México…

Y dice el acta de 1884: "ante mí Manuel Mendarosqueta, juez civil, compareció el señor Jesús de Valle, casado y abogado de 31 años de edad de esta vecindad, y presentó a un niño vivo y expuso que procreó con su esposa Refugio Arizpe de 18 años de edad, y que nació en esta ciudad en la sexta calle de Bravo, casa número uno y le puso por nombre Artemio de Valle. Siendo sus abuelos paternos don Francisco de Valle y doña María de los Ángeles de Peña y maternos, Juan N. Arizpe y Refugio Rodríguez.”



Don Artemio de Valle-Arizpe fue un escritor, diplomático y “colonialista”, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, y que se hizo popular como Cronista de la Ciudad de México; nació en Saltillo, el 25 de enero de 1884, hijo del abogado y luego gobernador de Coahuila Jesús María de Valle de la Peña y Refugio Arizpe Rodríguez, y además hermano del general revolucionario Francisco de Valle Arizpe.

Arriba, el retrato (acuarela y lápices de color sobre papel) que le pintara Saturnino Herrán en 1916 y que ahora pertenece a la colección del Museo de Aguascalientes. Abajo, una fotografía de don Artemio con Alfonso Reyes Ochoa, poeta, ensayista, narrador, diplomático y pensador mexicano, tomada en 1922, durante su encuentro con el coronel Pérez Figueroa, en la legación de México en Madrid.



Artemio de Valle inició estudios con los jesuitas, en el antiguo Colegio de San Juan de Saltillo y continuó su educación en el Ateneo Fuente; luego, en la Ciudad de México, cursó la carrera de leyes por insistencia de su padre, aunque poco ejerció la abogacía por haber encontrado ventaja en los oficios de la diplomacia. A partir de 1919 ocupó cargos en las representaciones de México en España, Bélgica y Holanda. Durante su estancia en España formó parte de la Comisión de Investigaciones y Estudios Históricos, donde su contacto con el Archivo de Indias despertó un especial interés por el período colonial de la América y Nueva España. Fue así como se dio a la tarea de rescatar historias de los tiempos de la Nueva España.



La casa en que habitó desde 1934, edificada por el arquitecto Roberto Álvarez Espinosa sobre la entonces calle del Ajusco -en la Colonia del Valle-, es una de cuatro que se edificaron por el mismo arquitecto sobre predios cercanos, siguiendo proyectos similares y con variantes en la fachada; siguiendo el estilo neo-colonial o Californiano tan en boga en aquel tiempo, la casa ocupó un terreno de poco más de 400m² y frente de 12m hacia el poniente, con acceso y puerta cochera remetidas sobre una fachada que miraba al sur. Arriba, una fotografía de la discreta fachada de la casa número 16, vista desde la entonces calle de Ajusco; abajo un acercamiento a la puerta de acceso, cuyo perfil recuerda las portadas que en Angahua (Michoacán) se ejecutaran durante al evangelización en el S. XVI. Una adición hecha a solicitud de don Artemio, fue el cordón que enmarca el escudo familiar, que siguiendo la tradición rezaba: “El que más vale no vale tanto como Valle vale”.



Al interior, el proyecto del arquitecto Álvarez corresponde a la tradición de rescate colonial que desde principio de siglo proponía en la Academia de San Carlos el arquitecto Federico Mariscal y cuyo mensaje quedó plasmada en “La Patria y la arquitectura Nacional” de 1915. En ese marco, los espacios modernos de la casa fueron complementados con la decoración que don Artemio rescataba de sus visitas a diversos sitios y el amueblado cuidadosamente adquirido o mandado hacer exprofeso con talladores expertos.



Para las descripciones, aprovecho los textos que acompañaron el artículo que apareció en la revista SOCIAL, del 15 de Noviembre de 1938, redactados por Alejandro Núñez Alonso y que a la letra dice: “Don Artemio de Valle-Arizpe, gran señor de la literatura colonialista de México, ex viajero de increíbles andanzas, ex diplomático ante diversas cortes de Europa y muy ilustre coleccionista de muchas y muy variadas y auténticas orfebrerías de época, anillos, abanicos, marfiles y porcelanas…”



Y sigue Alejandro Núñez contando que: “la casa, decíamos, tiene pureza de rasgos. Esa hornacina de piedra, la ventana de gruesos fierros, aquel farol, le dan carácter y calidad. Sin embargo, lo realmente de primer orden y mérito está en los interiores. En la estancia principal o hall, nos detenemos un instante para admirar ese magnífico trisitial (sic.) de coro con altos espaldares tallados, la gran mesa del siglo XVII con patas de rica talla y travesaños de cadena, la Concepción de Alcíbar, pintor poblano del XVIII y, aquí y allá, estolas, brocados, marfiles, cajas y cajuelas de nácar, de carey, de hueso…”



También nos dice Núñez Alonso, ahora para la foto de arriba, que “en la estancia, a lo alto, otra ventana de finos dibujos y levantadas perillas, y, en el mismo muro, algunas pinturas también del siglo XVIII y, al fondo, el vestíbulo. Como pieza notable, un cajonero con alfabeto; el mueble tallado y dorado a fuego, con las letras sobre un fondo de laca azul y las puertas entableradas.” Y reflexiona: “el sitio invita a repasarlo una y muchas veces, porque cada detalle y cada objeto lo amerita.”



“Ahora, otra perspectiva de la estancia. Al fondo la chimenea con el hogar enladrillado; junto, un vargueño espléndido, un sillón frailero del siglo XVII y la escalera de piedra, con azulejos en los peraltes y barandal de torno. A la derecha, el arco de acceso al salón de música y, en primer término, la mesa con sus riquísimas telas bordadas a mano, imágenes de marfil, libros, etc.”

No todos los comentarios eran generosos y desprendidos; al paso del tiempo he encontrado descripciones (Excelsior, 3 de Mayo de 1959) que ante el pasmo por el recinto, registraban más azoro que admiración: "De esta forma estamos ya dentro de su casa llena de chácharas, muchas de ellas traídas de allende los mares y otras que corresponden al México colonial, rescatadas de alguna polvosa bodega. Cruzamos este apretado espacio desconfiando de cada una de las cosas que existen unas sobre otras y que bajo buen cuidado reposan". Así, "Por fin llegamos a la sala: colonial en absoluto, estéticamente antigua, y donde se respira el perfume vetusto y marchito de los siglos. Allí cada cosa encierra una leyenda, un secreto, una historia o una maldición".

Y complemento la fotografía anterior del “hall”, con una de don Artemio en esa misma estancia, aunque en 1959, como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, de la Academia de Historia de Colombia y de la Academia de Historia de Ecuador.



Para la siguiente imagen, Alejandro Núñez nos dice: “Al ver el hall principal desde otro ángulo, aparecen otras muchas piezas valiosas, entre ellas, el armario de media naranja –tres caras--, prodigiosamente tallado. Varias imágenes al estofado, dos columnas talladas y espejos españoles con marcos de dobles águilas doradas al fuego.”



Y para la fotografía siguiente, nos dice en 1938: “En la fotografía principal, un ángulo del salón de música, que también podría llamarse de los espejos por la profusión y riqueza de éstos. Venecianos, franceses y españoles antiguos; ingleses de varias épocas. Al fondo, bajo una veneciana rectangular bellísima, un sofá de brocado italiano del Renacimiento. A la izquierda, un clavecín de cubierta, en palo de rosa. Acá, una vitrina con varios abanicos espléndidos y un sillón abacial.”



La descripción sigue con: “Abajo, parte de la biblioteca en la que destaca, magnífica, la escribanía tallada en que el señor De Valle-Arizpe da cita a los personajes de sus relatos y escribe de sus andanzas y sucedidos. Cuadros miniaturas y un gran Cristo de marfil complementan el conjunto.”

Se sabe que además de las obras de consulta indispensables, la biblioteca contenía varias magníficas ediciones de importancia, como “El Arte en Nueva España” de Francisco Diez Barroso, publicado en 1921 y una nutrida colección de literatura y bocetos de la truhanería novohispana.



Al mencionar la bibioteca es inevtable aludir a algunos de los libros del propio don Artemio. Si bien Emmanuel Carballo lo definió como el "escritor isla" porque estaba rodeado de jóvenes escritores de vanguardia que no coincidían con sus temas y su estilo, Artemio de Valle-Arizpe tuvo una vida intelectual pública muy activa, y escribió en diversos periódicos de la ciudad de México. Además, fue un autor de éxito editorial poco frecuente en la época, ya que de algunos de sus libros se llegaron a imprimir hasta cinco ediciones en vida del autor….

Y nuevamente complemento la fotografía anterior, con una de don Artemio, ahora en la biblioteca, aunque en un retrato para la Editorial Porrúa de 1959.



La obra publicada de Valle-Arizpe es amplia, compleja y tiende a ser olvidada, con más de cincuenta obras que componen el “corpus” y compuesta por un mosaico de elementos que oscilan entre el idealismo y el realismo, aglomerando aspectos de índole popular y erudita.

Así, por un lado, usa la historia como ficción en un grupo de novelas caracterizadas por una composición narrativa donde lo grotesco y lo sublime, la sátira, la ironía y el humor son elementos para una reconstrucción moralizante, en una visión histórica que está cargada del código cultural que el autor quiere hacer evidente; ejemplifico con: “Cosas tenedes” de 1922, “Doña Leonor de Cáceres y Acevedo” de 1922, “El Canillitas” de 1941, “La movible inquietud” de 1945 o “Deleite para indiscretos” de 1951.

En otro grupo de novelas, Valle-Arizpe aborda la realidad histórica como leyenda, entre la ficción y la historia, tocando lo que hoy conocemos como microhistoria, resultando lo que Rangel define como el género de la "leyenda artemiana"; algunos ejemplos pueden ser: “Del tiempo pasado” de 1932, “Historias de vivos y de muertos” de 1936, “Andanzas de Hernán Cortés” de 1940, “Inquisición y crímenes” de 1952 o “Historia, tradiciones y leyendas de calles de México” de 1957.

Mi favorito, es un grupo de obras históricas -propiamente dichas-, donde el objetivo de Valle-Arizpe es abordar a personajes y lugares para dejar constancia formal y duradera; documenta –por ejemplo—la Calzada de TLACOPAN, con datos profundos y fotografías, que son una delicia para el lector.



De la obra producida en esa casa, el texto más exitoso, es sin duda “La Güera Rodríguez” de 1949; un mundo con sustento histórico donde la naturaleza humana es un mundo de fuerzas antagónicas, con pasiones, ambiciones, debilidades, cobardías, abusos, violencia y crimen, en que Valle-Arizpe pone en boca de María Ignacia Rodríguez de Velasco una aguda crítica a la obra maestra de Manuel Tolsá, pero cita a Montaigne recordando que “este es un libro de buena fe”…



Volviendo a la casa, Núñez complementa su descripción de la biblioteca contando que desde ahí puede verse el vestíbulo, “con una gran tela de terciopelo y un cristo magnífico, varios ormanentaes de iglesia,un armario del siglo XVI y algunos faroles muy notables…”



Retomemos la última descripción que en “SOCIAL” de Noviembre de 1938 hace Alejandro Núñez del comedor diciendo: “Con sus cómodas talladas, la mesa de torno y, detalle principal, las bancas de refectorio igualmente talladas con lujo de temas y figuras es un espacio recoleto que se complementa con las puertas de tableros y la infinidad de intrincados hierros y tallas que acompañan a los comensales”.



Y en ese mismo sitio, en una extraordinaria imagen tomada por Lola Álvarez Bravo, captada probablemente en 1961, aparece don Artemio ya viejo, degustando un chocolatito…



Nos dice Marco Fabrizio en un texto que apareció en la red el miércoles 10 de septiembre de 2008:

“El 15 de Noviembre de 1961 murió don Artemio, en ese remanso virreinal que llamaba casa, situado en la apacible calle que, por homenaje nada común, desde en vida del escritor recibió su propio nombre Valle-Arizpe. Quienes tuvieron la fortuna de conocerla pudieron apreciar la nutrida, selecta y elegante biblioteca de Don Artemio que estaba coronada con la siguiente leyenda "Esta biblioteca se hizo con libros prestados. Yo no presto libros."

Sobre el destino que sufrió esa colección de libros, reproduzco parte del artículo de Armando Alanís publicado en la revista Macropolis:

En su testamento, De Valle-Arizpe nombró heredero universal a un joven de Aguascalientes. Pero mientras se llevaban a cabo los trámites para hacerlo efectivo, el general Francisco de Valle Arizpe hermano del escritor, fue a la casa y sustrajo hasta el último libro enviándolos a la ciudad de Saltillo para entregarla al entonces gobernador de Coahuila José de las Fuentes Rodríguez mejor conocido como el diablo. Mandó que todos los libros fueran guardados en el último piso del Ateneo Fuente.
El piso donde se encontraba la biblioteca carecía de instalación eléctrica. Una puerta de madera impedía el acceso. Aun así, se sabe que varios profesores se dieron maña para perpetrar pequeños hurtos. -Si me traes un libro de los de don Artemio, tienes 10 en el examen- prometían los profesores a sus estudiantes.
En marzo de 1984 la biblioteca entera alimentó el fuego que destruyó el último piso del Ateneo…



En 1970 se destruyó la casa N°16 y retiró la placa que recordaba que ésa había sido la morada de don Artemio de Valle-Arizpe y que en honor a él, la calle “del Ajusco” ahora llevaba su nombre. Poco después se edificó un edificio de 10 niveles para oficinas, que prefirió no colocar la placa conmemorativa.



La “Comisión de Nomenclatura de la Ciudad de México”, dependiente de la “SeDuVi” retiró la mayoría de las señales originales y las sustituyó por láminas nuevas, en que ahora el nombre aparecía como “Artemio DEL Valle AriSpe”, sin guión, con S en Arizpe y modificando el “DE Valle” por “DEL Valle”. Luego de innumerables quejas, la comisión aceptó colocar una calcomanía que cambia la S por Z en Arizpe, pero se ha negado a corregir el DEL o agregar un guión. Parece que no importa el cómo escribiera su nombre el hombre a que se rinde homenaje poniendo su nombre a la calle…





Bien decía don Artemio: "La obra de arte es una evasión"



Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. Si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–. Conforme haya más entradas (ya hay más de 50), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…

También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html



13 comentarios:

  1. Es justo así, sin guión. Pero el "del" es un error común. Me gustó mucho esta entrada, felicidades. Tu blog es fascinante; qué ganas de que se edite un libro. Cuentan, por cierto, que la biblioteca de don Artemio fue quemada a propósito, pero quién sabe por qué o quién. Suena a rumor. ¿Quién habrá sido el heredero de Aguascalientes, en todo caso? Un abrazo.

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    1. ¡Gracias!
      Cabe anotar, que don Artemio unía sus apellidos con guión (y así lo hizo asentar legalmente en 1933), cosa que puedes comprobar en la firma (que tomé de una dedicatoria a mi padre, que conservo en biblioteca) y que aparece un par de fotos arriba…
      ¡Saludos!

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  2. ¡Genial! Tu blog es estupendo. Ayer leía sobre la casa de don Francisco Sosa, en Coyoacán: le decían la "Atenas de México"; ojalá algún día nos cuentes su historia.
    ¡Saludos y seguimos!

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  3. Fenomenal, no imaginas con qué gusto espero tus nuevas entradas, mil gracias!

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  4. Gracias Manuel excelente Post como siempre, es una verdadera tragedia que se haya perdido la biblioteca de nuestro ilustre paisano!. También te puedo afirmar que en el mismo lugar donde se quemó hay piezas del mobiliario virreinal que aparecen en estas imágenes que publicas, algunas delas cuales también resultaron dañadas en el incendio. Nunca se supo que tan grande fue la afectación de ese “museo”. Hasta la fecha la universidad de Coahuila a quien pertenece este edificio de la Prepa Ateneo (magnífica joya del Art Deco norestense) nunca se han preocupado por exhibir ni restaurar este acervo dignamente y permanece en una área siempre cerrada, lo poco que se puede ver es a través de un cancel de madera. Por otra Parte me desconcierta un poco la cronología que maneja la fuente que citas respecto a la llegada del acervo a Saltillo ya que don Artemio fallece en 1961 y el gobernador De Las Fuentes están en el cargo de 1982 a 1988.. será que el hermano de don Artemio vivía todavía para estas fechas? en fin un tema todavía bastante controversial el destino de este legado..
    Felicidades por tu blog y saludos desde Saltillo!

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    1. Agradezco por lo que me toca, a pesar de no ser Manuel…
      ;-)
      ¡Saludos!
      Rafael Fierro

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  5. Perdón por cambiarte de nombre Rafael, si era para ti el cometario.. Saludoos!!

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  6. Una pregunta..?? era de origen Vasco..? de que lugar de VASCONGADAS..??

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  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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