miércoles, 7 de febrero de 2018

La casa de Edward N. Brown en la esquina de Mérida y Puebla,

Colonia Roma; luego de Mario Padilla y María Luisa Nicolín en Lomas de Chapultepec.


En la entonces privilegiada esquina formada al encuentro de las calles dedicadas a Mérida y Puebla, se edificó entre 1905 y 1907 una sorprendente residencia para el señor Edward Nonphlet Brown, por entonces Presidente de Ferrocarriles Nacionales y amigo cercano de don Walter Orrin, que con Pedro Lascurain y C. C. Lamm fraccionaron aquellas tierras conocidas como “Potreros de la Romita”. De la casa nada queda en esa esquina, pero con algunas modificaciones la estructura sobrevive reconstruida en lo que ahora conocemos como “La Loma”…


Edificado en una curiosa mezcla estilística, el “Chalet” fue ocupado por Brown y su familia de 1908 a 1917 y luego albergó por un tiempo la cancillería del Imperio del Japón así como un bachillerato, hacia 1940 fue comprado por don Mario Padilla para su esposa María Luisa, desmontado y ensamblado en un amplísimo terreno con acceso por la parte alta del Paseo de la Reforma; luego de algunos años y la densificación de la zona, pasó a formar el “Leitmotif” del fraccionamiento “La Loma” en la cerrada Paseo del Castillo, que ahora es parte integral de “Real de las Lomas” con acceso también desde Bosques de la Reforma…
Abajo, una magnífica imagen captada en 2006 y que agradezco al arquitecto Arturo Ortiz Struck, en que aparece la casa en su estado actual.





Edward Nonphlet Brown nació en marzo de 1862 en Auburn, Alabama, EE.UU., y a los 16 años ingresó al servicio ferroviario en la Northeastern Railroad Co. -de Georgia- para ejecutar registros contratado como “Rodman & Chainman”, misma empresa en la que para 1887 ya había sido ascendido a ingeniero de división e ingeniero residente en el ferrocarril central de Georgia; a partir de 1887, estuvo a cargo -en México- de la construcción de las vías e instalaciones del ferrocarril de Saltillo a San Luis Potosí, y al año siguiente fue nombrado superintendente de división en San Luis Potosí, para recibir un ascenso en el mismo cargo pero comisionado de la zona Ciudad de México entre 1889 y 1892.


Arriba, la estación –y vías del Ferrocarril Nacional Mexicano- de San Luis Potosí captada en1890, uno de los edificios que se levantaron bajo la supervisión del Superintendente Brown entre 1888 y 89. Familiarizado ya con el sistema, fungiría como Superintendente General de Ferrocarriles entre diciembre de 1892 y marzo de 1902, período en el que se transformó en una figura importante en el ámbito nacional e internacional, estando ligado a James Speyer –de Speyer Brothers en Nueva York– como agente financiero de Collis P. Huntington y sus intereses en los ferrocarriles mexicanos.



En 1902, se designó a Edward N. Brown como vicepresidente y gerente general del Ferrocarril Nacional y para 1904 se le nombró Presidente del Ferrocarril Nacional Mexicano, puesto en el que reorganizó las vías del Ferrocarril Nacional de México, unificando bajo su mando el sistema del Ferrocarril Nacional Mexicano y el “Mexican International Railway” integrándolo con el “Texas-Mexican Railway” con las enormes dificultades y afectación de intereses que eso implicaba.


En 1908 se le nombró Presidente del sistema unificado de “Ferrocarriles Nacionales de México” -que incorporaba el Ferrocarril Interoceánico-, y bajo su control estarían entonces los 13,200 Kilómetros de vía ancha –principal– además de 650 Kilómetros de las ampliaciones que por entonces se colocaban; su impacto contable en la economía del país era entonces en verdad significativo y con la nueva estructura, en 1909 salieron al mercado las acciones de la compañía…



Es interesante agregar que en su nueva labor, el presidente Brown inauguraría varias nuevas estaciones –entre las que destacaba la del Ferrocarril Central de Buenavista– y sorprendentemente pugnaría por la fabricación local de locomotoras, proyecto que florecería hasta el inicio de la segunda década del siglo con la aparición de la “Locomotora 40”, gozosamente construida en México.


Puede ser interesante dar contexto a esa actividad del señor Brown, recordando que las oficinas del presidente estaban en los pisos altos del suntuoso edificio recientemente edificado en la esquina de Vergara (ahora Bolivar) y la entonces apenas ampliada Avenida Cinco de Mayo; el edificio ocupado por Ferrocarriles Nacionales de México había sido diseñado y construido por el Ingeniero Isidro Díaz Lombardo entre 1905 y 1907 y se arrendaba de la familia Limantour, ya que estaba escriturado a nombre de la señora María Cañas, esposa de J. Y. Limantour.



Durante los siguientes años y a pesar del movimiento armado, la infraestructura de Ferrocarriles Nacionales de México se conservaría casi intacta y bajo la dirección de Brown, e incluso luego del proceso revolucionario, aquellas instalaciones se allegarían como parte integral del triunfo revolucionario; abajo, un inserto publicitario que apareció en una de las revistas “MEXICO” de EXCESIOR para 1925.




Nos dice Leopoldo Mendívil López que “…Brown (era) …presidente del Ferrocarril Nacional Mexicano y representante en México de uno de los banqueros más poderosos del mundo… Speyer… (y por eso promovía) negocios con el secretario de Relaciones Exteriores, Pedro Lascurain. Ellos y el cirquero Edward Orrin consiguieron los contratos del gobierno para fraccionar y desarrollar dos nuevas colonias, la Roma y la Condesa… con la Compañía de Terrenos de la cazada de Chapultepec y la Compañía de la Colonia Condesa. (Para 1908, se les conocía como) …los reyes de la colonia Americana y del Jockey Club; en los Estados Unidos, les decían La Mafia Tropical.”

En efecto, para febrero de 1903, el gobierno federal había otorgado a la “Compañía de terrenos de la Calzada de Chapultepec, S.A.” el permiso para fraccionar los predios de lo que se conocía como Potrero de la Romita, terrenos ya infecundos que habían pertenecido a la hacienda de La Condesa, luego a los señores Calero Sierra y Echegaray, y desde 1896 estaban en posesión de la familia Lascurain, siendo transferidos en 1902 a aquella sociedad inmobiliaria y sus inversores; con un capital de $800,000.00, la compañía estaba representada por sus principales accionistas: Edward Walter Orrin –actuando como Gerente–, el propio Pedro Lascurain Paredes –como Tesorero–, Gabriel Morton (Vicepresidente de Ferrocarriles Nacionales), Cassius C. Lamm, Lewis Lamm (planificadores y constructores) y Edward N. Brown –como los cuatro vocales–.


El fraccionamiento era novedoso por sus servicios, y atraería las miradas de quienes ansiaban dejar el viejo casco de la ciudad para trasladarse a zonas innovadoras y descongestionadas. Algunos de los lotes de importante superficie, se asignaron a los inversionistas de la “Compañía de terrenos de la Calzada de Chapultepec, S.A.” y así Orizaba N° 43 y sus fantásticos 3,575 m² frente a la “Plaza Roma” se entregaron a don Pedro Lascurain, Córdoba N°42 con 3,295 m² sería asignado a Lamm, Mérida N° 33 y 3,254 m² a Morton, mientras que Mérida N° 21 con 2,351 m² tocaría a Brown…

En la imagen de abajo, que corresponde a una copia heliográfica del “Plano de lotes de la Colonia Roma” y está fechado en 1917, he marcado los lotes en que algunos de los socios edificaron sus propias casa a manera de muestra, y corresponden a las de Pedro Lascurain en Orizaba N° 43 (1), C. C. Lamm en Córdoba N°42 (2), Gabriel Morton en Mérida N° 33 (3) y Edward N. Brown –de la que trata ésta nota– en Mérida N° 21 (4) esquina con Puebla…


Complementando, señalo también la casa que en 1910 edificara para su familia el arquitecto Lewis Lamm (5), con 2,416 m² en la esquina de la avenida Orizaba y la entonces avenida Veracruz que desde 1925 homenajea a Álvaro Obregón (ver); la casa no sería ocupada por la familia, pero es la única de aquel grupo de inversores que llega a nuestros días, paradójicamente como “Casa Lamm”.

La "Colonia Roma" era sorprendente...


Arriba, en una imagen panorámica de la “Compañía Industrial Fotográfica” captada en 1910 y que mira desde lo alto una esquina del Parque Roma (ahora Plaza Río de Janeiro) desde Durango y hacia el oriente, aparecen las edificaciones que para entonces se había levantado; de todo lo que se aprecia, apenas se conserva el edificio de departamentos (extrema derecha) que muchos llaman “la casa de las brujas” y que fue diseñado en 1908 por el ingeniero Randolph A. Pigeon en un dramático estilo que ostenta elaborado trabajo en el aparejo de tabique rojo, y que recuerda el "Midland Hotel & St. Pancras Station" de Londres.

Abajo, en un fragmento de esa fotografía panorámica y en primer plano, se distinguen los prados del “Parque Roma” cruzados por la avenida Orizaba –que llegaba hasta la rotonda del centro– y en la esquina, la casa que cedió su terreno para el edificio Orizaba 42; a la derecha, las casas de Cassius Clay Lamm y Gabriel Morton. Señalados en rojo, techos y torres de la casa de Edward N. Brown y su esposa.



Ya para 1900, el señor C. C. Lamm era reconocido como constructor, y sus inmuebles residenciales de la “Colonia del Paseo” (que ahora llamamos Colonia Juárez) eran examinados y ensalzados. Desde 1896, el señor Orrin habitaba en una de sus construcciones –en la esquina de las calles de Madrid y París– lo mismo que don Pedro Lascuran en la morada de un solo piso con vista al Paseo de la Reforma, por no hablar de las casas de los señores Arturo Smith -en Londres- y F. P. Hoech -en Dinamarca-, o la espectacular residencia del señor Marquard en la esquina de Berlín y Londres…


En la imagen de arriba, captada por Guillermo Kahlo en 1907, aparece la calle de Berlín, con la nota: “Distrito más nuevo de la capital de México”. Las edificaciones respondían a una amplia variedad estilística con influencias diversas y todas haciendo gala de lo que Israel Katzman ha dado en llamar “Eclecticismo Académico y/o Campestre” con retornos a estilos del pasado europeo como el bizantino, románico y barroco…

De hecho, las influencias llegaban también de los Estados Unidos y no es de extrañar que para esos años y con la aportación en diseño de Lewis Lamm, el despacho produjera también edificaciones que hacían referencia a lo que en el norte se llamaba “Romanesque-Victorian style” y del que la casa en el N°1207 de Pennsylvania St., en Denver –Colorado-, es buen ejemplo…



Aquel “Victorian style” que había sido el furor en los últimos veinte años del Siglo XIX, encontraba además ecos en lo que desde 1890 era la impronta del arquitecto Henry Hobson Richardson, cuyos diseños dieron origen al nombre de un estilo -el “Románico richardsoniano”-, que estuvo en boga en los últimos años de ese siglo. Desde la Trinity Church en Boston, hasta el la tienda departamental “Marshall Field Wholesale” de Chicago, pasando por la Biblioteca pública Thomas Crane en Quincy -Massachusetts-; el “Richarsonian Romanesque” rescataba una rica variedad de elementos como tramos de muros en blanco haciendo contraste con las cintas de ventanas, y torres cilíndricas con cubiertas cónicas integradas a la rústica mampostería almohadillada.



No es extraño el que se diera esa influencia, ya que recordemos que el grupo ligado a Brown procedía de Norteamérica y además, sus actividades estaban directamente ligadas a la industria ferroviaria, en la que además de la labor de tendido de vías, mantenimiento de máquinas, coordinación de servicios y creación de estaciones, la nota de lujo y refinamiento en el servicio era dada por la “Pullman Palace Car Works” que con sus carros, dormitorios y vagones privados daba el parámetro de lujo al viajar…



Aquella idea de solidez proporcionada con ciclópeos sillares, trabajados de manera rústica y con rudo almohadillado, sería magnífico emblema que reiteradamente aparecería en la industria ferroviaria y se repetiría en México con una peculiar interpretación del “Richarsonian Romanesque”. Arriba, obreros saliendo de la Pullman Palace Car Works, en 1893; abajo, “Copshaholm”, casa de J. D. Oliver en South Bend Indiana, edificada en 1896. Más abajo, una recreación de “The Stonehurst-Paine Estate” en Waltham –Massachusetts–, diseñada por el propio Henry Hobson Richardson.




“The Stonehurst-Paine Estate” en Waltham –Massachusetts–, diseñada como residencia campestre por Henry Hobson Richardson para Robert Treat Paine y Lydia Lyman, resultó en una inusual colaboración entre Richardson y Frederick Law Olmsted, y quedó terminada en 1886. El muy rustico mamposteo de aparejo irregular y concertado, torreón e incluso la ventana a la manera Paladiana, fueron seguramente inspiración para el diseño de la casa Brown en 1904 y que para 1906 edificaba Lamm en la Colonia Roma.


Sobre aquel terreno de la calle de Mérida N° 21 –esquina con Puebla–, con 2,351 m² y amplios frentes hacia el sur y oriente, se diseñó la casa para la familia Brown a final de 1904; un poco a manera de ejemplar de las posibilidades del fraccionamiento y otro tanto como expresión de predominio económico, la casa abrevaba en esa tradición victoriana, tamizada por de la solidez que Richardson había propuesto interpretando la solidez del románico.


Arriba, en una sorprendente foto captada algunos años después por Manuel Ramos, aparece el jardín frontal –sur– de la casa Brown y el pórtico de la esquina; además de permitirnos ver a detalle el mamposteo de aparejo irregular con que se edificó la casa, los fustes de mármol sólido que sostenían ese pórtico y el intrincado diseño de la herrería, la toma permite distinguir el campanario del templo de la Sagrada Familia al fondo y sobre la calle de Puebla, así como un muro de la casa en la esquina de Puebla y Córdoba (N° 16), que aún existe y albergó por años las oficinas del INAH, siendo edificada sobre un predio gemelo al de la casa Brown.


Si aún se conservara la casa Brown en la esquina de Mérida y Puebla de la Colonia Roma, Google-maps nos mostraría una vista similar a la de arriba. La casa edificada entre 1905 y 1907, se colocó entonces hacia el sur-oriente del terreno de poco más de 2,350 m² a fin de permitir la mayor amplitud del jardín y mejores vistas para la casa; la construcción debe haber alcanzado los 950 m² construidos con tres plantas y semi-sótano, con “porte-cochère” abierta al jardín sobre la fachada norte, acceso ceremonial por la esquina y frente oriente así como amplísimos pórticos hacia el sur, incluyendo una sección acristalada a manera de invernadero.



A final de la primera década de siglo XX, cuando poco se había edificado en los alrededores, contemplar la casa debió ser francamente espectacular, al percibirse desde el cruce de calles con ese robusto trabajo de mampostería en piedra gris de Zacatecas e inclinadas techumbres cubiertas con teja verde vidriada con el sello “D.M. Chicago”; como lo describió Israel Katzman en “Arquitectura del S. XIX en México”:
“Con el nombre de Campestre Romántica, se hace referencia a las residencias –incluso citadinas– que se hicieron rodeadas de espacios descubiertos y por lo tanto separadas una quinta de la otra; de contornos quebrados, casi nunca encerrada en un solo rectángulo, de techos inclinados, generalmente con torres románticas de cubierta cónica o piramidal y con ornamentación variable… aprovechando el aparejo de los materiales.”


El 2 de agosto 1908, el semanario “El Mundo Ilustrado” (número 5, Tomo II, año XV, Mexico), presentaba en la página 138 un reportaje acerca de El Nuevo Presidente de los Ferrocarriles Nacionales, mostrando al señor Edward N. Brown con su familia en la nueva casa.


El artículo nos refiere:
“En la última reunión del comité ejecutivo de la Compañía de los Ferrocarriles Nacionales de México fue electo para la presidencia de la misma, el señor E. N. Brown que por mucho tiempo…”
“Publicamos el retrato del señor Brown y fotografías de su elegante residencia en la colonia Roma.”


Abajo, en otra toma captada por Manuel Ramos, el pórtico de acceso y entrada principal de la casa mirando al oriente desde la puerta de entrada; además de los fustes de mármol sólido –Saint Flourian– que sostienen el pórtico, llama la atención el pabellón para la reja de acceso que al acabado rústico de los muros añade un peculiar techo de características casi orgánicas que están en deuda con la Casa Batlló de Barcelona (edificio modernista de Antoni Gaudí).


Transponer cualquiera de los tres pabellones con rejas de acceso permitía entonces pasar a los monumentales pórticos que cubrían las dos puertas de entrada y rodeaban los torreones de la casa, permitiendo amplias vistas hacia la esquina de Mérida y Puebla o el recogimiento de una terraza acristalada con vista al jardín poniente.


Desde el pórtico principal, se podía acceder a un amplísimo espacio de doble altura -al centro de la casa-, que a manera de “Hall” permitía distribuirse a los diversos espacios interiores incluyendo la escalera que llevaba al tercer piso, salones, biblioteca, comedores y sus miradores. Parte de los acabados y ebanistería se encomendaron a la Pullman Palace Car Works, incluyendo el espectacular acceso y su vitral, trabajo que aún se conserva íntegro...


Salvo las tomas que aparecieron en el semanario “El Mundo Ilustrado” de 1908, no tengo otras buenas imágenes que muestren el interior original de la casa, pero esas fotografías nos da una idea de la altura de los espacios y permite conjeturar acerca del resto del decorado interior…


La decoración original de la casa, debió obedecer a esos cánones del eclecticismo prevalente en los primeros años del siglo veinte, y a falta de buenas imágenes de los interiores, me permito mostrar tres fotografías que corresponden al “Pullman Palace Car” de 1904, vagón que podía rentarse a los interesados –o usarse como referente para mandar a hacer el propio– y era prototipo en lo relativo a la decoración de interiores de lujo y admirado por todo aquel ligado a la industria ferroviaria…


Arriba, del “Pullman Palace Car”, un salón principal, “Stateroom” y barbería con techo acristalado.

Con las “Fiestas del Centenario” durante Septiembre 1910, la actividad de Brown en la logística de Ferrocarriles Nacionales se vería saturada, dado el significativo incremento en la actividad ferroviaria, pero para el año siguiente -el jueves 7 de junio de 1911 y luego de un fuerte temblor a las 4:26-, con la llegada de Madero a la estación Colonia del Ferrocarril Central, la actividad tomaría un nuevo derrotero, y con alguna incertidumbre…


Arriba, una magnífica imagen que muestra a Francisco I. Madero en el balcón central de la “Estación Colonia” (donde ahora está el Monumento a la Madre) a eso de las 13:00 hrs. a su llegada a la capital; esa mañana, la región central del país había sentido una fuerte sacudida.

El presidente Madero se entrevistaría en innumerables ocasiones con el presidente de Ferrocarriles Nacionales de México, y además de corroborarlo en el cargo trabajó con él ampliamente para remediar algunos de los desperfectos que con la lucha del año anterior se habían generado; para 1912, Edward N. Brown tomaría unas vacaciones con su familia, viajando en carro privado a los EE.UU. para visitar los Parques Nacionales de California…


Arriba, una nota del “San Francisco Call” del lunes 29 de Julio de 1912, en que se describe el paseo que Mr. Brown hacía con su familia a esa ciudad así como el parque Yosemite y el lago Tahoe. La breve nota termina con: “…Brown dice que la paz se moldea en el escenario mexicano, y que en corto tiempo la rutina laboral se restablecerá...”

Brown permanecería cinco años más en su puesto a la cabeza de Ferrocarriles Nacionales de México, pero a partir de 1913 y luego de la “Decena Trágica” la administración de los ferrocarriles se transformó en oscura labor; en "El tren pasa primero", Elena Poniatowska nos dice que “Pancho Villa volaba trenes para ganar batallas y destruía los rieles", mientras que Teresa Márquez agrega que "...la destrucción de la red ferroviaria fue una constante en la lucha, así como las reparaciones provisionales o los remiendos para proseguir la marcha a como diera lugar". Los ferrocarriles de Brown eran ahora algo diferente a lo planeado…



Para 1917, año en que culminó oficialmente la lucha revolucionaria y se promulgó la nueva Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Brown dejó el país; severas diferencias con el presidente Venustiano Carranza aseguraban que perdería su puesto y la familia partió de vuelta a los Estados Unidos, inicialmente con el proyecto de radicar en Auburn, Alabama. La casa se arrendó y fue ocupada como residencia del embajador en México del emperador del Japón.



Algunos años después, la casa fue desocupada cuando la residencia del embajador se trasladó a una edificación sobre el Paseo de la Reforma y que era propiedad de la señora Carmen Luján (ver). Entonces, la casa fungió como embajada de Alemania y luego de la guerra fue ocupada por el “Colegio Bachilleratos”; aunque la estructura principal permaneció sin alteraciones importantes, en las áreas abiertas se edificaron de manera provisoria diversos cobertizos.



Para 1937 la casa pasó a la propiedad de don Enrique Braun y sufrió pequeñas alteraciones; aunque se mantenía razonablemente completa los últimos años de la década no fueron amables con la estructura y hacia 1940 el terreno se puso en venta sin considerar lo edificado; afortunadamente la estructura fue adquirida por don Mario Padilla para su esposa María Luisa Nicolín, matrimonio que con sus hijos habitaba en la parte alta de Las Lomas de Chapultepec, en el número 2545 del Paseo de la Reforma, esquina con la ahora calle Rivera de Cupia (en rigor, Ribera Cupía llamada así por “La Mesa” del estado de Chiapas).

Al final de esa calle, el señor Padilla había adquirido un amplio y accidentado terreno en la cumbre de un promontorio que miraba hacia el lomerío donde años más tarde se urbanizaría y fraccionaría lo que hoy llamamos “Bosques de las Lomas”.


Arriba, en una toma oblicua fechada en 1972, la zona de “Bosques de las Lomas” cuando apenas se terminaba la urbanización; al centro derecha, marco “La loma” donde el señor Padilla reedificó la casa Brown.

De las memorias que “DESC” publicó en 1998, entresaco:
“Juan Torres Vivanco asistió a la boda de Mario Padilla Nicolín con la hija del empresario Octaviano Longoria; desde la casa de los Padilla, en la parte alta de Las Lomas, se veían los llanos y barrancas propiedad de Torres Vivanco, quien le ofrece a “don Chito” –como le decían sus amigos– 3 millones de metros cuadrados por seis millones de pesos. En 1956, don Octaviano invita a don Carlos Trouyet como socio con el 40% de las acciones y juntos empiezan a hacer proyectos para el desarrollo urbano de la zona, que sería una ampliación de las ya totalmente saturadas Lomas de Chapultepec…”



Así, luego de ser desmontada en 1941, la casa Brown se reedificó como casa Padilla Nicolín en un promontorio del amplio terreno lindante con la parte alta del Paseo de la Reforma en la zona de Lomas Altas, en una calle que apropiadamente ahora se llama “Cerrada del Castillo”; la muy cuidada reconstrucción tiene una curiosa característica: a fin de aprovechar las mejores vistas y orientación la casa se re-ensambló invertida, como vista en un espejo…



Años más tarde, al terreno Padilla Nicolín se agregarían las casas de algunos de sus hijos y pasado el tiempo cambiaría de propietario y la casa se transformó y luego de urbanizarse, fraccionarse y poblarse la cumbre, perdería la casa vistas y explanada, aunque “El castillo” ampliado con una nueva ala y otra torre se conserva como pieza central de lo que sería el fraccionamiento Real de las Lomas, en lo que hoy se conoce como “La Loma” con acceso desde Rivera de Cupia o Paseo de los Ahuehuetes.



Existe una muy interesante publicación de don Mario Padilla escrita con la colaboración de Marco Aurelio Almazán y con título «El jibarito y " La Loma"» que apareció en 1972; agradezco a los miembros de la familia Longoria/Padilla y al arquitecto Langarica el haberme obsequiado un ejemplar con el que complementé y corregí la información y del que reproduzco la fotografía de abajo; queda claro que don Mario y su esposa gozaron enormemente de la casa...





Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.


Conforme haya más entradas (ya hay más de setenta), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…


También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html (ver)















5 comentarios:

  1. Excelente artículo.Recomiendo no ponerle filtros a unas fotos,no se aprecian bien los edificios con ellos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Mil gracias Erick!
      Agradezco tu recomendación ya que siempre trato de poner las mejores imágenes de que dispongo; te pediría que si posees o hallas alguna en que se aprecien mejor los edificios me lo hagas saber para incorporarla; si específicamente te refieres a la última –con la que sierro la nota–, aparece un poco antes con todo el detalle posible.
      ¡Saludos!
      RF

      Eliminar
  2. Hola Rafael.
    Antes que nada, quiero agradecer y felicitarte por tu increíble aportación a la memoria de la ciudad con este blog. Quiero aprovechar este comentario para hacerte saber que la entrada de la casa Suinaga/Escandón de abril del 2016 parece tener un problema porque no se muestra toda la información, ojalá sea algo que se pueda resolver porque me quedé a la mitad y (ahora) con más curiosidad.

    ResponderEliminar