viernes, 6 de abril de 2018

La villa Escandón–Buch en Tacubaya, luego Academia Militarizada México.

(Luego CETRAM-Tacubaya y ahora un baldío)


Al inicio de la segunda mitad del S XIX, la quinta de descanso más espectacular en las lomas de Tacubaya, era la edificada por don Manuel Escandón Garmendia sobre un terreno de más de cincuenta mil metros cuadrados siguiendo un diseño del arquitecto Vicente Escandón a manera de Villa italiana; al conjunto de jardines, fuentes, lago e invernadero, se agregaría en 1863 una capilla a cargo del arquitecto Javier Cavallari. Hacia 1896, el matrimonio Buch-Escandón modificó y modernizó la casa y luego de un período de abandono pasó a manos de don Antonio Haghenbeck, y en 1945 se transformó en sede de la Academia Militarizada México. El terreno fue fraccionado, y luego de un incendio en 1964, la centenaria casa fue demolida; del conjunto original no queda huella alguna, aunque algunos objetos ahora forman parte de la colección Haghenbeck y se exhiben en la “Casa de la Bola” y las haciendas de Santa Mónica y San Cristóbal Polaxtla, donde aún se preservan elementos arquitectónicos y ornamentales…



Don Manuel María Albino Juan Nepomuceno Escandón Garmendia nació el 15 de diciembre 1807 en Orizaba -Veracruz-, hijo de Pablo Escandón Cavandi (1770-1824) y María Guadalupe Garmendia Mosquera (1779-1833). Empresario exitoso, fue quinto (de doce) hermanos: con Dolores (que casaría en 1819 con José Ignacio Amor de Ferreira Fernández), María Guadalupe (que casaría en 1820 con Alejandro María Arango Menéndez), Pablo, José Joaquín (que casaría en 1833,con Lina Fagoaga Fagoaga), María de la Luz, Pedro (que casaría con Emma Lamage), Vicente (que casaría en 1855 con María Guadalupe Arango Escandón), María Francisca (1815-1879, que casaría en 1843 con José María Landa Martínez), José María, Concepción, Carlota y el menor Antonio Escandón Garmendia (1824-1877), que casó el 16 de junio 1855 en la Ciudad de México, con Catalina Barron Añorga (1824-1880) y a quienes volveremos más adelante.



En “Los bandidos de Río Frío”, Manuel Payno alude a don Manuel como
“…banquero, propietario, agricultor, fabricante, empresario en su principio de la línea de diligencias, minero, financiero, ¿qué no era Escandón en esa vía de actividad y de ingenio, para ganar dinero y abarcar las más atrevidas empresas?”


Apoyado en parte por el capital heredado de su madre, don Manuel Escandón Garmendia había sido propietario de las diligencias que, con sede en el Hotel Diligencias de Orizaba, eran señero transporte hacia la capital del virreinato; con su hermano Antonio, adquirió hacia 1836 la fábrica de hilados y tejidos Cocolapam -instalada unos años antes por don Lucas Alamán-, de la que obtuvieron sustanciales rendimientos y para 1856 adquirieron la concesión del gobierno para terminar y explotar el “Ferrocarril Mexicano” en el tramo de Veracruz a Río San Juan, logrando al año siguiente -del Presidente Comonfort- la anhelada concesión integral México–Veracruz. Además, con varios inversionistas, compró “Real del Monte”, mina que para 1851 otorgó uno de los yacimientos más abundantes para beneficio de plata.



El ferrocarril México-Veracruz, a cargo de la “Compañía Limitada del Ferrocarril Mexicano” que inició operaciones desde 1856 en manos de los hermanos Escandón Garmendía, se transformó después en “Ferrocarril Imperial de México”, cuando Maximiliano I apoyó el desarrollo del novedoso sistema que uniría el puerto de Veracruz con la Ciudad de México, pasando por Córdoba, Orizaba, Apizaco y Puebla. Con altibajos y don Manuel a la cabeza, sustituido por don Antonio después, tendría un costo de cuarenta millones de pesos y sería hito en la historia ferroviaria, con el tendido de vías en complejos tramos, que incluyeron la celebérrima cañada de Metlac, inaugurándose en 1873 junto con la “Estación Ferrocarril Mexicano México-Veracruz” en los terrenos de lo que había sido la Hacienda de Buenavista; desafortunadamente don Manuel no vería concluido el tendido e inauguración de terminal capitalina, ya que murió en 1862.




En la Ciudad de México, don Manuel residió en el llamado “Palacio Guardiola”, donde luego su hermano Vicente, edificaría la notabilísima “Casa de los perros” (Ver) frente al templo de San Francisco y la calle de ese nombre (ahora Av. Madero) en la Plaza Guardiola.

Pero hacia 1848, don Manuel decidió edificar una residencia campestre en la tranquila Tacubaya, en el lomerío camino a lo que había sido casa del arzobispo –jardín que para 1882 albergaría el Observatorio Astronómico Nacional– justo frente al Convento de San Diego –claustro que en 1900 fue remodelado para convertirlo en el Cuartel del 10° Regimiento de Caballería–, y a tiro de piedra de la hermosa propiedad del Conde de la Cortina (predio que luego su hermano Antoni acogió por matrimonio con Catalina Barron); al sur, la propiedad lindaba con el cauce del río Tacubaya –justo río debajo de los molinos de Valdez y Santo Domingo y anexando la propiedad que había pertenecido al obispo Palafox y Mendoza–, y –hacia el oriente–a un extremo de la calle Real con acceso al lado de los portales de La Magdalena –al sur– y Portal de Cartagena –al norte–, donde se surtía todo lo indispensable: “frutas, verduras, semillas, pan, carne, ollas, cazuelas, anafres, sombreros, rebozos, calzones y zapatos. De todo y para todos…”


Arriba, el portal de La Magdalena, en las entonces calles de Juárez esquina con Río Tacubaya, que hoy se llaman avenida Jalisco y Rufina; abajo, el “CROQUIS del municipio de Tacubaya” fechado en 1897, en que he marcado el sitio en que casi cincuenta años antes, don Manuel Escandón erigió su residencia campestre.



Desde tiempo atrás esa elevación había sido sitio relevante por sus molinos, aunque para el S. XVIII por aquella residencia Arzobispal edificada por orden de Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta -arzobispo y trigésimo octavo virrey- entre 1734 y 1738, que incluía olivares (aunque ahora resulte extraño, el aceite de olivo fue uno de los principales productos producidos en la Villa de Tacubaya) así como un espléndido huerto. Ese mismo edificio se usó luego como cuartel del Ejército Trigarante durante los días previos a la entrada a la ciudad de México y la consumación de la independencia, y durante la intervención de 1847 fue cuartel de las tropas estadunidenses, sitio donde se formaron los juicios a los integrantes del Batallón de San Patricio y donde algunos fueron fusilados…


Arriba, la portada del edificio en su estado actual. En una extraordinaria acuarela que se conserva en la Bibliothèque Nationale de France, aparece abajo “El valle de México desde el jardín del Obispo en Tacubaya”, del álbum “Antiquités Mexicaines” que entre 1829 y 30 pintara Juan Federico Waldeck. La vista hacia el oriente mira el valle donde a la extrema izquierda se distingue el Cerro de Chapultepec y al centro izquierda destacan las dos cúpulas del Convento de San Diego (al lado de las que hoy pasa el Segundo Piso del Periférico); a la extrema derecha se adivinan los terrenos que escogería don Manuel Escandón para su casa de campo…



En diciembre de 1857, el partido conservador emitió en ese ya EX Arzobispado el Plan de Tacubaya por el que desconocieron la reciente Constitución de ese mismo año, suscitando así la Guerra de Reforma cuyo capítulo más amargo para Tacubaya fue el de los “Mártires de Tacubaya” en 1859.

Ya viviendo unos metros abajo don Manuel Escandón y por orden del Presidente Díaz, se edificó en el huerto del viejo edificio –justo en el vergel que aparece en la acuarela de Waldeck– el “Observatorio Astronómico Nacional”, de ahí el nombre que ahora tiene la avenida así como la estación del metro Observatorio…



Arriba, otra vista de la ciudad desde la Loma de Tacubaya, ahora en una litografía coloreada de Carlos Nebel que formó parte de "Viaje pintoresco y arqueológico a la parte más interesante de México" con el título “MEXICO Visto desde el Arsobispado (sic.) de Tacubaya” fechada en 1836; seguramente identificarán nuevamente la loma de Chapultepec, así como las dos cúpulas del Convento de San Diego; el camino que se distingue es probablemente lo que ahora conocemos como la calle Barranquilla…



Colina abajo, hacia el norte de la propiedad Escandón –apenas cruzando la entonces calle de Zaragoza y Oidor Carvajal (ahora Avenida Observatorio) –, estaba el magnífico Convento de San Diego, que sería “desamortizado” con la Reforma y cuyos muros serían reaprovechados desde 1898 para albergar el Cuartel del X Regimiento de Caballería; el templo –foto de arriba- aún se conserva como Museo Nacional de la Cartografía. La sección norte del huerto sería tomada por la Secretaría de la Defensa para edificar una zona residencial. Más abajo, justo donde se levantaría la casa, hacia 1900 se erigió el “Colegio Inglés de Tacubaya” a espaldas del predio de la casa del conde de la Cortina que ya para entonces era propiedad de don Eustaquio Barron Cantillón y Cándida Añorga de Barron (ver) y colindando con los jardines de la “Casa de la Bola”.


Arriba, en una toma de 1900, la calle del Oidor Carvajal con la reja del Colegio Inglés y a la izquierda el Cuartel del X Regimiento de Caballería. Abajo, en una litografía de autor no registrado –de la que desafortunadamente solo tengo con detalle esta reproducción en blanco y negro–, aparece una vista hacia el Este desde la azotea de la casa que ahora estaría en la esquina de Manuel Dublán y Cerrada Rufina; aparecen en 1840 –tomados probablemente desde la terraza de la casa que había pertenecido al obispo Juan de Palafox y Mendoza– los volcanes Caldera, Guadalupe y Xaltepec bajo las nieves de Iztaccíhuatl y Popocatépetl; justo al centro se distingue el convento dominico dedicado a La Candelaria, fundación de 1556 por fray Lorenzo de la Asunción, y que aún existe en la Avenida Revolución (Circuito Interior) justo frente a la Plaza de Tacubaya.


Es interesante agregar que en esa misma vista –detrás de La Candelaria–, aparecen terrenos de lo que años después se conocería como la “Colonia Escandón” que desde 1869 –y como parte de la adquisición de buena parte de los terrenos de la “Hacienda de la Condesa”– había quedado inscrita en la testamentaría del señor Manuel Escandón y que en manos de la familia sería subdividida a partir de 1880-
Ésta es la vista que debió anhelar don Manuel Escandón desde la terraza de su casa al escoger hacia 1848 el terreno para su idealizada “Villa” campestre en Tacubaya, justo cuando la mina de “Real del Monte” comenzó a rendir inimaginables ganancias…

Abajo, en un fragmento del plano fechado en 1897 en que he señalado el terreno en cuestión, aparece la zona de Tacubaya y franja circundante, cuando el Río Tacubaya/La Piedad (que define lo que ahora conocemos como “Calle Rufina” a la izquierda y “Viaducto” a la derecha) aún era hito; además, se distingue claramente el trazo del “Ferrocarril de Cuernavaca”, que en parte señala lo que ahora conocemos como el “Anillo Periférico” con su Segundo Piso…


El terreno de forma irregular y accidentada topografía sumaba unos 50,000m², con límite impreciso hacia el poniente y pronunciada pendiente descendiendo hacia la cuenca en el oriente, limitado claramente por la entonces calzada Carvajal (ahora Observatorio) y la esquina con la Plaza Cartagena del pueblo de Tacubaya; desde la parte central, un promontorio permitía vista sin obstrucción de la cuenca, ciudad de México y cordilleras circundantes, además de contar con el terreno fértil y agua suficiente para riego, estanques y fuentes gracias al caudal del río que aún entonces daba fuerza motriz a los molinos río arriba.

Ahí, en el promontorio norte, don Manuel encargó a su sobrino Antonio Escandón y Barron una casa de campo, a la manera de lo que había visto durante sus estudios europeos y en particular siguiendo las emocionadas descripciones hechas de la Villa Boncompagni Ludovisi en el monte Quirinal, una de las colinas de Roma…


Uno de los tesoros en la biblioteca Escandón, fue un ejemplar de la edición que en 1850 se hiciera en Londres del: “Dr Emil Braun’s Panorama von Rom. Aufgenommen vom Casino der Villa Ludoviso und in Kupfer gestochen von Carl Sprosse. Neun Folioplatten und Titelvignette”

La obra incorpora un extraordinario grabado panorámico de siete metros de largo de la fantástica Roma de mediados de siglo, ampliamente considerado como el mejor de todos los panoramas dedicados a la ciudad. El artista, Carl Ferdinand Sprosse (1819-1874), se había formado en la Academia de Leipzig, y trabajó como dibujante de arquitectura para varias editoriales, antes de llegar a Roma en marzo de 1844. Según la nota editorial, los dibujos para el panorama se ejecutaron durante un período de tres meses, y Sprosse pasó otro año grabándolos sobre lámina de cobre. El trabajo fue publicado bajo los auspicios de Emil Braun, primer secretario del Instituto di Corrispondenza Archeologica en Roma…

Abajo, fragmento de uno de los nueve grabados de la Vista Panorámica, firmada “C. Sprosse im Rom Juni 1849”, que forma parte de la colección Balbás-Diez Barroso y a quienes agradezco la posibilidad de reproducirlo.



De particular relevancia me resulta el que ese panorama fuera “Tomado del casino Villa Ludovisi y grabado en cobre por Carl Sprosse”, ya que esa sorprendente villa romana, también sería motivo de inspiración: La Villa Ludovisi, conocida también como Villa Boncompagni Ludovisi o Villa Aurora, era una de las varias villas de la ciudad de Roma (Italia), edificada en el siglo XVII por Domenichino en el área que antiguamente ocuparon los jardines de Salustio (Horti Sallustiani) cerca de la Porta Salaria, por encargo del cardenal Ludovico Ludovisi. Sus magníficos jardines fueron diseñados por André Le Nôtre, el arquitecto de los jardines de Versalles.



La villa, trazada con un proyecto de Domenichino, era un conjunto de jardines, huertos y bosques, con avenidas de cipreses y setos altos, con diversos elementos ornamentales como fuentes, estatuas y un obelisco (Obelisco Salustiano) de la época imperial, y donde además se encontraron el Jarrón Borghese, el Trono Ludovisi y las esculturas conocidas como el Gálata moribundo y el Gálata Ludovisi. En su mejor momento, el conjunto tuvo tres edificios: el Casino dell'Aurora, el Casino Capponi y el Palazzo Grande.

Más tarde, hacia 1872, la villa pasó a manos de los Boncompagni, quienes la alquilaron al rey Víctor Manuel II como residencia para su amante, Rosa Vercellana. En 1883, pese a las muchas protestas de la clase intelectual, el príncipe de Piombino, Baldassarre Boncompagni, vendió la propiedad tras dividirla en parcelas. La mayoría de los edificios y estatuas fueron destruidos y el Casino dell'Aurora fue la única construcción que siguió en pie. La Via Vittorio Veneto atravesó su terreno, parte del cual está ocupado por la embajada estadounidense.

Aquella “Villa Ludovisi” en el Pincio, con espectaculares vistas hacia la ciudad, bosquecillos, jardines, lagos, fuentes, esculturas y edificios diversos ligados a la tradición Palladiana debe haber sido la principal inspiración para don Manuel y Antonio Escandón, al crear en 1851 la “Villa Escandón de Tacubaya”.


Arriba, un fragmento de la litografía de J. Campillo sobre un dibujo de Casimiro Castro titulada “La Villa de Tacubaya, Tomada a ojo de pájaro sobre el camino de Toluca”, parte del álbum “México y sus alrededores” publicado en 1864 por J. Decaen. En primer plano, aparece el Río Tacubaya, en lo que ahora conocemos como “Calle Rufina” cuando se acerca a la Avenida Jalisco. Señalada en rojo, la “Villa Escandón” con un terreno que ahora está segmentado por las calles dedicadas a Carlos Lazo, L. Ruíz y L. Castellanos, y ocupado por varios conjuntos habitacionales, los hospitales pediátrico y Escandón, la Plaza de Gaule, paradero de Tacubaya, el mercado Cartagena, así como las instalaciones subterráneas del Metro Tacubaya.

Como complemento, también de “México y sus alrededores” abajo aparece un fragmento de la litografía de Castro “La Villa de Tacubaya, tomada desde Chapultepec” y en la imagen he señalado otra vista de la casa de descanso de don Manuel Escandón. Arriba a la derecha, se distinguen claramente el edificio del ya entonces ex‒arzobispado y las cúpulas de San Diego; dentro del óvalo –en la parte baja- la construcción es la “Casa de la Bola” y el otro edificio grande sobre la avenida –que ahora llamamos Parque Lira– es “La Casa Amarilla” que ahora alberga la Delegación Miguel Hidalgo.



Aunque el terreno y sus jardines eran magníficos, la casa debió resultar aún más sorprendente; abajo, la foto de un lienzo que se exhibió en la “Séptima exposición de la Academia Nacional de San Carlos -1855-” y que se reseñó en “El Universal”, donde la crónica –sin crédito a la autor– aparecida el 29 de enero de 1855, nos dice que:
“El cuadro marcado con el número 52 es una vista de la hermosa casa de campo que tiene en Tacubaya el señor don Manuel Escandón. Esta posesión, que es una maravilla de lujo y opulencia, parece que está escondida de ojos profanos en medio del magnífico jardín que la rodea, como un palacio de hadas o una de aquellas mansiones de misterio de que nos habla la mitología; el autor del cuadro, don Carlos Byrn, nos la ha presentado con bastante propiedad, escogiendo bien el punto de vista, y presentando la hermosa casa y el elegante invernáculo como objeto principal del cuadro...”


Aunque la fotografía del óleo es muy deficiente, deja claro que la casa se había terminado para 1855 y -complementando los grabados de Campillo y Castro- contaba un edificio de planta cuadrangular con balcón curvo -hacia el oriente- en la parte alta del terreno, complementado con un enorme invernadero que aprovechaba la pendiente sur, rodeado todo por jardines de pródiga vegetación, terrazas, esculturas y fuentes.

La casa propiamente, era un edificio de planta cuadrada y patio central abrigado por cúpula acristalada, con pórticos columnados hacia los cuatro puntos cardinales, donde las asombrosas vistas del oriente se jerarquizaron por un salón oval y pórtico semicircular en planta baja, rematado el gesto por un balcón decorado de pedestales con jarrones y esculturas, gesto que se complementaba hacia norte y sur con pórticos de influencia Palladiana.


Arriba, en una poco común fotografía captada en 1866, aparece el pórtico norte de la casa Escandón (idéntico al pórtico sur) con los elementos decorativos que daban el toque de “Villa Italiana” a la casa de campo; el pórtico –que marca el eje de la construcción– se ha diseñado con elementos extraídos de “Los cuatro libros de la arquitectura” de Andrea Palladio, inspirándose específicamente en detalles que aquel arquitecto había usado en el Palazzo Chiericati de Vicenza.

Además, la foto da respaldo y credibilidad al óleo de José Jiménez fechado en 1858 “Casa del señor Escandón en Tacubaya” -72 x 98 cm. que pertenece a la Colección Banamex- en el que vemos esa misma entrada norte unos años antes (no existe aún la capilla que se levantó a la muerte de don Manuel) y donde el volcán Iztaccíhuatl protagoniza la lejanía.



Recuérdese que en ese mismo 1858, Francisco Javier Álvarez -alumno del paisajista Eugenio Landesio- pintaba la nueva casa del arquitecto Lorenzo de la Hidalga en la Calzada México Tacuba (ver), “villa” ejecutada por el prestigiado arquitecto también en un estilo que abrevaba en la tradición renacentista italiana; el lienzo firmado F.J.A. que muestra la “Casa de campo del arquitecto De la Hidalga” vista desde el jardín, presenta una edificación de marcada inspiración neoclásica, con una galería central que remataba en un ático ornamentado con esculturas que probablemente fueran de tamaño natural. Muy de acuerdo con el lenguaje arquitectónico acostumbrado, aparecen como señal y sello compositivo los pórticos a manera de loggia, vanos cerrados en medio punto, enmarcado y moldura asignados a puertas y ventanas, áticos ornamentados, así como otros elementos compositivos de la más pura tradición académica, ligada irremediablemente también a villas del véneto como el Palazzo Chiericati (Vicenza) de A. Palladio, la Villa Nani-Mocenigo (Canda, Rovigo) de Vincenzo Scamozzi o el mismísimo Palazzo della Ragione, mirados a través del filtro académico francés...



Complementemos las pinturas anteriores con el magnífico lienzo de Claude-Joseph Vernet, ejecutado en 1749 –más de cien años antes– y presentando los jardines de aquella Villa Ludovisi de los grabados de Carl Ferdinand Sprosse; el bucólico entorno de una Villa romana del renacimiento, que la Tacubaya del S. XIX anhelaba capturar…



Aunque los pórticos norte (hacia la calle de Zaragoza y Oidor Carvajal -ahora Avenida Observatorio-) y sur (hacia los jardines, lago y bosquecillo) tenían ese tratamiento renacentista, el diseño más sorprendente se daría al pórtico Oriente, que con un soportal semicircular cobijaba un salón oval y daba jerarquía a las vistas hacia valle y volcanes, rematado arriba con un ático, balcón decorado de pedestales con jarrones y esculturas a la manera clásica.

Abajo, en una magnífica fotografía captada en 1866, aparece el pórtico oriente de la casa Escandón en Tacubaya; para entonces, luego de la muerte de don Manuel, se había levantado en la explanada norte una capilla de reminiscencia gótica que diseñó el arquitecto Javier Cavallari –por entonces director del ramo de Arquitectura en la Academia de San Carlos-.

¿Pueden ustedes imaginarse sentados en ese pórtico al atardecer, mirando la Ciudad de México y su lago, bordeado el paisaje por cerros y montañas, coronado el panorama en lejanía por volcanes nevados?

Eso es lo que nos describiría Manuel Payno, cuando visitó la casa en 1856…


Visitar la Villa Escandón en tiempo de don Manuel debió ser un deleite, y recuérdese que la edificación de la casa coincidió con el último periodo de don Antonio López de Santa Anna en el gobierno, cuando Ignacio Comonfort ascendió a la presidencia; lo que debió ser el esplendor de la Villa Escandón coincide con el turbulento período de las luchas de Reforma y la derrota de los liberales encabezados por Juárez frente a los conservadores que traerían de Miramar al Archiduque Maximiliano de Habsburgo para encabezar el Segundo Imperio Mexicano.

En 1856, Manuel Payno –considerado uno de los iniciadores de la novela costumbrista en México– describió varias notables casas de Tacubaya, incluyendo “…la de Jamisom, la de Escandón, la del conde de la Cortina, la de Bardet, la de Iturbe, la de Carranza, la de Algara, la de Laforgue, la del finado Sr. Herrera y algunas otras.”
“Lo que sobre toda ponderación despierta el interés y la curiosidad, es la casa del Sr. D. Manuel Escandón.”
“Al costado de la casa está el invernáculo, donde encuentra una abundante colección de parásitas y orquideas, dignas del estudio de los que se dedican á la botánica. Alrededor de la casa y del invernáculo de hallan el parque ó bosque, que con el tiempo será espeso y pintoresco, como un sitio primitivo; el jardín, lleno de flores variadas y exquisitas, la hortaliza y los prados; todo salpicado de fuentes agua clara, de cenardores y kioskos, cubiertos de yedra y madreselva, de asientos cómodos donde reposar, a la sombra de los piñones, cipreses y fresnos, gozando á la vez de la vista deliciosa de aquella mansion, y de la escena grandiosa y magnífica que descúbrela vista cuando reposa en el horizonte, y ve á la alegre y luminosa México tendida al pie de la jigantesca Mujer Blanca.”


“En la huerta y parque hay un precioso baño y un estenso estanque, de tres varas de profundidad, donde los aficionados á la natacion y al sistema hidropático pueden pasar largas horas de ese terrible y frío placer que siente el cuerpo con el contacto del agua. Hay también un tiro de pistola, un juego de bolos, un tren de caballos y carritos para niños, una estensa pajarera, que en breve estará llena de faisanes dorados y de las aves mas esquisitas, y un estanque a flor de tierra donde constantemente viven y juegan patos, ánsares, y sobre todo, unos cisnes blancos de Inglaterra y cisnes negros con el pico y los ojos rojos, de la lejana tierra de Australia.”
“No solamente en México, sino en Inglaterra y Francia, donde tanto abundan los castillos y residencias campestres, la casa del señor Escandon sería notable.”

“La entrada es por una elegante portada con su puerta y su enverjado de hierro. A la izquierda está una casa rústica, pequeña y pintada encarnado, como las que se encuentran en las campiñas de Inglaterra. Una calzada de chopos y de fresnos ya muy crecidos, y que presentan un aspecto entre sombrío y majestuoso, conduce hasta un extenso terrado circular, donde está construida la casa. Un peristilo corintio, con su enlosado de mármol de Génova, sostiene el segundo cuerpo de la casa. Las entradas, por los lados izquierdo y derecho, la forman dos pórticos también corintios. En la espalda, y unidas solamente por un pasadizo, se encuentran las habitaciones para los criados, las caballerizas, y las cocheras.”

Y sigue Payno:
“En lo interior, el patio está cerrado por una cúpula de cristal, y unas columnatas de cantería, estucadas primorosamente, sostienen cuatro alas de portalería y corredores. El salón, comedores, billar, antesala y cocina, están estilo inglés en el piso bajo. Las recámaras, baños y tocadores, todo con su debida separación e independencia, están en el piso alto. El patio sirve de una especie de elegante foyer, alumbrado en las noches por un candelabro de bronce dorado, que sostienen tres figuras del tamaño natural.”


“La arquitectura, pinturas, adornos y pormenores de la casa, están hechos á todo costo y del gusto y estilo mas modernos, y son por cierto dignos de atención; pero sorprenden mucho mas los muebles, servicio y menaje de las habitaciones. Las paredes, en el patio, corredores, billar y recámaras, están cubiertas de pinturas. El Sr. Escandon adquirió la galería perteneciente al Sr. conde de la Cortina, que es la mas abundante y completa de las colecciones que existen en la República. Tiene en verdad algunas pinturas anónimas de poco mérito; pero en compensación posee algunos orijinales de Pablo de Céspedes, Alonso Cano, Cabrera, Tenard, Gerardo Dow y otros, y muy buenas copias de Rafael, Ticiano y Corregio. Es una pérdida para el arte que no estén colocados estos cuadros por su órden histórico en una galería especial.”


Desafortunadamente, don Manuel Escandón Garmendía falleció el 9 de junio 1862 en su casa de la Ciudad de México –el Palacio Guardiola–, a la edad de 54 años; la Villa de Tacubaya pasó entonces –por disposición testamentaria de don Manuel– a la propiedad de su hermano, Antonio Escandón Garmendía –que en 1855 había contraido matrimonio con Catalina de Barrón Añorga, I baronesa de Barrón– quienes encargaron a Javier Cavallari una capilla para homenajear a don Manuel en la explanada oriente, y decidieron modificar el terraplén bajo para ampliar el lago haciendo cambios al “invernáculo” y emparentando la casa Escandón con la residencia campestre al otro lado de la calle, propiedad del suegro Eustace Barron Cantillon (ver)



Don Antonio es recordado por haber obsequiado a la Ciudad de México en 1877, un monumento dedicado a Cristóbal Colón, con esculturas de Charles Cordier, que se colocó en la segunda glorieta de lo que sería el Paseo de la Emperatriz, que ahora conocemos como Paseo de la Reforma.

Antonio José Alejandro Escandón Garmendia (1825-1882) fue un industrial que también participó en el desarrollo del ferrocarril en México; contrajo matrimonio con Catalina de Barrón Añorga, con quien tuvo siete hijos, entre los que destacaron el general Pablo Escandón (1856-1929), Manuel Escandón marqués de Villavieja, así como Carlota Maximiliana Escandón, duquesa de Montellano que casaría con Felipe Falco y Osorio, hermano de María del Rosario XVI Duquesa de Alba. Los otros hijos de don Antonio y Catalina fueron Eustaquio, María Catalina, Antonio -el arquitecto que diseñó la villa en 1849- y la pequeña María que casaría con Manuel Buch Echeverría y serán el siguiente eslabón en la historia de nuestra casa.


Doña Catalina hizo innumerables mejoras a la casa que fuera de su cuñado, sitio de descanso familiar que permitía huir del ajetreo citadino, pero quiso además hermanar la propiedad con la quinta de su juventud, propiedad que había pertenecido al conde de la Cortina, era entonces propiedad de don Eustace Barron y que nosotros conocemos como “Parque Lira”. Así, además de modificar los jardines y lago, crear una nueva calle de acceso y modificar el invernadero, animó a su esposo a contratar al nuevo director del ramo de arquitectura en la Academia de San Carlos y diseñar dos nuevos edificios para la villa...

Así, mientras que en la Quinta Barron-Añorga de Tacubaya –al otro lado de la calle–, el arquitecto Cavalari creó un “arco de cochería a la manera italiana” (que aún existe y es ahora el acceso al “Parque Lira”), para la Villa Escandón-Barrón diseñó y edificó en 1863 sobre la terraza norte, una capilla familiar en homenaje a Manuel Escandón, con las mismas características eclécticas que diseñó un nuevo invernadero y aviario para la terraza sur –que no se edificó–.




Para 1896, la propiedad que contaba ya casi cincuenta años en manos de la familia, pasaría a una nueva fase cuando el 4 de mayo de ese año, en la propia capilla dela Villa de Tacubaya, María Catalina Florencia Francisca Antonia Trinidad del Corazón de Jesús Escandón Barron –hija menor de Antonio Escandón y Catalina Barron– casó con Manuel Gonzalo María Guadalupe Ignacio Agustín Miguel Ramón Francisco de Paula Buch Echeverría (1867- 1937) y recibieron como regalo de bodas la casa y sus terrenos. No se piense que eso era inusual, y lo podemos confrontar con el casamiento de su prima Dolores Rubín Escandón que en 1911, cuando casó con Jorge Gómez de Parada y Buch, recibió como regalo la “Hacienda de La Condesa” (ver)


Luego de un largo viaje por Europa, el matrionio residió en el Paseo de la Reforma (no es sorpresa que la residencia estuviera frente al monumento que el padre de la novia había regalado a la ciudad veinte años antes) mientras se hacían los arrreglos necesarios a la casona de Tacubaya.

En manos del matrimonio Buch-Escandón, la “Villa romana” sería modernizada e intervenida, transformada en un edificio de características académicas y dotada además de tecnología de vanguardia, como iluminación eléctrica, agua caliente, excusados de cascada y teléfono, edificándose además en el límite poniente del predio un edificio/hospital de beneficencia…



Además de un nuevo trazo y acomodo de los jardines, que incorporaron un camino en el eje Oriente-Poniente así como una magnífica fuente dedicada a Neptuno, el cambio más evidente fue la ampliación de la casa, con la adición de un nuevo piso de habitaciones en la parte alta, alojada la ampliación de 1898 bajo una mansarda perimetral con altos remates en las cuatro esquinas –dejando sin obstrucción la cúpula de cristal que iluminaba el gran Hall–, muy a la manera de moda finisecular internacional.

En la imagen de abajo, la fachada oriente de la casa, con el pórtico amueblado a manera de mirador, la nueva escalera de acceso y en primer plano, la nueva fuente con su brocal de mármol y la escultura de Neptuno (en el inserto, la fuente en su estado actual, habiendo perdido un brazo).



En aquella edificación de “La Belle Époque” se dieron algunas brillantes recepciones y fiestas, mientras que la habitaban los hijos del matrimonio Buch Escandón, y donde Manuel (n. 1898), José (n. 1899), Antonio (n. 1901), Javier (n. 1902) y Carmen (1904), disfrutaron hasta 1913 de los extensos terrenos de la “casa de Tacubaya”, con caballerizas, pajarera, boliche, “Nursery” (guardería) y hasta un “cuarto de muñecas” que Carmen amaba.

El mundo se transformaba aceleradamente y con el cambio de siglo, el entorno social de Tacubaya se modificó también, convirtiendo el bucólico y alejado pueblecillo en una parte más de la agitada Ciudad, donde las nuevas costumbres se dejaban ver en la mismísima Plaza o los portales de Cartagena o La Magdalena. ¿Quién hubiera imaginado en el S. XIX, ver a mujeres solas -¡vestidas de blanco!- paseando por la Plaza de Tacubaya?



A la transformación social, se agregaría la construcción de una de los edificios más especializados de la ciudad en lo que había sido el huerto del Arzobispado: en 1908, a Tacubaya se mudaba –luego de haberse alojado en la Torre del “Caballero Alto” del “Castillo de Chapultepec” desde 1878– el nuevo Observatorio Astronómico Nacional, con sus cúpulas metálicas que albergarían el telescopio “Gran Ecuatorial” de 15 pulgadas construido por la empresa irlandesa Grubb , así como otros instrumentos de la altísima tecnología del momento.



En algunos aspectos, para la casa Buch-Escandón el cambio parecía no sentirse y en 1907, la “Mansión Buck” (sic.) –con la asistencia de la tía Carlota Maximiliana Escandón y Barron, duquesa de Montellano– era escenario de la gran recepción que incluía a Elihu Root, Secretario de Estado del presidente Theodore Roosevelt, y que según reporte de “The Mexican Herald”:

“…Fue una ocasión elegante. Casa y jardines de la mansión fueron bellamente iluminados con motivo del gran baile y el interior de la residencia fue primorosamente decorado, a fin de recibir el desfile de bellas damas con hermosos vestidos y joyas deslumbrantes que salutarían a la duquesa de Montellano, a su esposo don Felipe Falcó y Osorio -VIII Duque de Montellano-, así como al señor Root y sus brillantes comitivas… La cena de innumerables cubiertos se sirvió a la una en punto, y el baile se prolongó hasta temprana hora de la mañana siguiente, aunque Mr. Root se retiró temprano para tomar camino hacia la residencia de Chapultepec donde se recuperaba su esposa.”


El periódico afirmaba que “…el espléndido y elegantísimo baile ofrecido por don Manuel Buch y su esposa María Escandón de Buch en su suntuosa residencia de Tacubaya ha constituido un final brillantísimo de las fiestas organizadas en honor de los duques de Montellano, así como para despedir al Secretario de Estado norteamericano y su familia.”


Sería ocioso decir que los sucesos de 1910 resultaron desagradables la para el matrimonio Buch-Escandón o que los acontecimientos de 1913 tuvieron serias repercusiones para sus inversiones, aunque habría que señalar la enorme merma que la Hacienda de Santa Inés -en Cuautla-, sufrió con la lucha revolucionaria, más aún cuando don Manuel había instalado ahí un avanzado y novedoso sistema de riego y siembra, que comenzaba a dar frutos. La familia partió a Europa y doña María no volvería a México, ya que para 1925, murió en Inglaterra…

Por trece años, la casa de Tacubaya quedó desocupada…



Puede resultar interesante mirar entonces tres grandes casas de Tacubaya en ese 1925…

Abajo, en una toma oblicua que mira hacia el norte, la calle que aparece vertical es Avenida Jalisco y el N°1 señala la propiedad que había pertenecido al matrimonio Mier y Celis/Pesado (ver); el N°2 indica el jardín de la casa Cortina/Barron/Lira (ver) , que aún se conserva como parque; el N°3, está sobre el extenso predio de la “Villa Escandón” que pasaba de los Escandón/Buch a propiedad de Antonio Haghenbeck De la Lama (la casa se señala en naranja).



Abajo, en un fragmento del “Plano General de la Ciudad de México para 1929”, he marcado lo que aún era la casa Buch-Escandón en Tacubaya; el N° 22 marca el Ex arzobispado y el Observatorio Astronómico Nacional y es interesante notar que aunque aún aparecen los jardines del “Parque Lira” y casa Escandón, la arboleda de la casa Mier y Celis/Pesado De la Llave ya no se marca.



Abajo, una fotografía oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1941 -en la que he señalado la propiedad de la que se trata esta nota-, nos da pie a entrar a la siguiente etapa en la historia de aquellos edificios y jardines. La arboleda de la derecha es el “Parque Lira” y en lontananza se distinguen el Panteón Civil de Dolores, la tercera sección del Bosque de Chapultepec y el fraccionamiento Lomas. La calle que sube al centro de la imagen, es Avenida Observatorio y el edificio grande que se ve al centro abajo, es la “Casa de la Bola” que era entonces propiedad de la familia Rincón Gallardo/Rosso y sería adquirida por el señor Antonio Haghenbeck De la Lama.



Don Manuel Gonzalo María Guadalupe Ignacio Agustín Miguel Ramón Francisco de Paula Buch Echeverría murió en enero de 1937 en su casa de Tacubaya, y la propiedad fue vendida por sus hijos –al año siguiente– a don Antonio Haghenbeck De la Lama, incluyendo una parte importante del mobiliario, así como la totalidad de la decoración exterior de jardines y casa.

Al poco tiempo, Antonio Haghenbeck encontró un arrendatario que usaría el total de la extensa propiedad y en acuerdo con el inquilino, retiró buena parte de las esculturas, fuentes y decoraciones de la casa Buch/Escandón, trasladándolas a bodegas diversas, aunque algunas de las piezas fueron llevadas a la casa que apenas a un centenar de metros se había remodelado en 1915 por el arquitecto Manuel Cortina García y que adquirió en 1942 a la muerte de doña Ana Rosso de Rincón Gallardo. Don Antonio estaba desmantelando además la casa familiar en Avenida Juárez (ver), por lo que disponía de una considerable cantidad de material de demolición y decoración para aprovechar en lo que decidió sería su nueva residencia…


Así por ejemplo, la “Casa de la bola” recibiría dos de los cuatro leones que habían custodiado los pórticos de acceso a la “Villa Escandón”, el jardín algunas esculturas del pórtico curvo, mientras que al interior se colgaban candiles e instalaban muebles del período Buch-Escandón.

Para 1947, cuando Haghenbeck compró la abandonada Hacienda de Santa Mónica –con la idea de transformarla en casa de descanso–, decidió instalar ahí otras varias piezas de la casa Escandón, incluyendo tapices y el “candelabro de bronce dorado, que sostienen tres figuras del tamaño natural” de que nos hablaba Payno al describir la casa de don Manuel en 1856.



Finalmente, cuando Antonio Haghenbeck adquirió la hacienda de San Cristóbal Polaxtla, llevó allá secciones enteras de pórticos, jarrones, herrería y esculturas de la casa de Tacubaya…



El arrendatario que se interesó en la formidable propiedad que había sido Villa Escandón/Buch-Escandón, fue el General José Félix Bañuelos Bañuelos, quien para 1942 la ocupó como sede de la nueva Academia Militar México, que se presentaba como “Primer internado militar privado en México”.


Entonces, la casa tendría nuevo uso y sería transformada y ampliada nuevamente para recibir a sus 500 ocupantes, estudiantes que darían otro significado al viejo inmueble cuya construcción contaba ya 93 años y ahora sería conocido como “El Castillo militar de Tacubaya”. -Para más detalles, existe una interesante página con la “Historia Gráfica de la Academia Militarizada México” que se puede consultar en http://ammgrupo20web1.galeon.com/index.html  (ver)-



Un capítulo aparte merecería la Academia Militar México –que por razones administrativas cambiaría designación a Academia Militarizada México–, pero en lo que a nosotros concierne, su ocupación del conjunto entre 1942 y 1962 significó el retiro del lago y una buena parte del arbolado, a fin de crear explanadas para ejercicios, tablas gimnasticas y evoluciones miliares, el retiro del “invernáculo” y su estructura de 1851, además de la edificación -en lo que habían sido las zonas de servicio- de edificios de aulas. Es importante recordar que en el período la administración citadina amplió la Avenida Observatorio, por lo que una amplia faja de terreno se perdió a la calle y en el proceso se retiró la capilla diseñada en 1863 por Cavallari.


En la casa principal –ahora el “Castillo”– donde Haghenbeck había retirado muebles y elementos decorativos, se acondicionaron los pisos altos como dormitorios de alumnos internos –con las derivadas adecuaciones a los espacio y sus instalaciones–, mientras que abajo los salones acogieron comedores, aulas, auditorio y oficinas. Aunque deteriorado, el edifico se transformó en símbolo visible de la Academia Militarizada y figuraba siempre como parte de las imágenes institucionales así como del recuerdo de sus estudiantes (agradezco la imagen al arquitecto Iván San Martín, fotografía en que aparece su padre en 1950 -al centro con casaca oscura-).


Al paso del tiempo, una nueva perdida alteró de manera drástica el conjunto, cuando al oriente se abrió la calle E. Castellanos y edificó el Mercado Cartagena en lo que había sido parte del lago y gran jardín de acceso a la casa y la Academia usaba como explanada de desfiles. Abajo, el detalle de una fotografía oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1958 en que destaca la ya ampliada Avenida Observatorio; señalo la parte baja del terreno donde ya se había construido el nuevo mercado y destruido varias de las viejas casas sobre Parque Lira así como el portal Cartagena.



En 1962 la casa sufrió un grave incendio, que inició en la mansarda de la casa y consumió totalmente la ampliación de 1897-98; el percance marcó la destrucción total del edificio que se desmontó al año siguiente, aunque la Academia Militarizada México siguió usando los terrenos hasta 2006.

Las diversas partes del predio original han sufrido enormes cambios y la distribución original es casi inimaginable; abajo aparece una imagen actual de Google-maps, en que he marcado de manera aproximada la distribución de la Villa Escandón.



En febrero de 2018 se retiró el taller que ocupaba el terreno mismo de la casa y durante marzo se niveló el terreno, preparándolo para un nuevo uso. Abajo, una imagen del estado actual de ese sitio que en 1851 ocupó la “Villa Escandón de Tacubaya”.





Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (ésta es ya la septuagésima), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html (ver)



















4 comentarios:

  1. Acabo de llegar a este blog, estoy fascinada con los contenidos. ¡Felicidades!

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  2. Excelente trabajo de investigación. Yo fui alumno de la AMM en sus últimos años y jamás pensé que tuviera tanta historia. ¡Felicidades!

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    1. ¡Hola Christian!
      Un gusto saber que te resultó interesante… :-)
      ¡Saludos!
      RF

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