jueves, 17 de mayo de 2018

Casa Braniff-Lascurain en Reforma esquina con Tiber N°132.



Donde por años un Sanborns ocupó la esquina del Paseo de la Reforma y Río Tiber, estuvo desde 1912 el “Townhouse” de George T. Braniff y Concepción Lascurain, edificación donde crecieron los ocho hijos del matrimonio. En 1936 la casa se arrendó al gobierno de Brasil como embajada, consulado y residencia, pero hacia 1960 fue adquirida por Antenor Patiño, destruida y en su sitio se edificó parte del “Edificio Bolivia” que desde 1965 albergó las oficinas de Ford Motor Company y muchos consideran parte del Conjunto “María Isabel Sheraton”, ahora Paseo de la Reforma 333, diseño a cargo de los Arqs. José Villagrán García, Juan Sordo Madaleno y Ricardo Legorreta.



Doña María Concepción Guadalupe Damasa Josefa Lascuráin y Landa nació el 11 de diciembre de 1877. Hija de Román Sebastián de Lascuráin y Gómez Valdés y Concepción de Landa y Escandón (hermana del ministro Guillermo de Landa y Escandón) casó el 12 de mayo de 1900 en la Ciudad de México con George T. Braniff Ricard, hijo mayor del prominente empresario Thomas Braniff Woods (1830-1905) y Lorenza Ricard Werdalle, y fungía como apoderado legal de “C. y O. BRANIFF y Cia.”.

La pareja sobresalía en su actuar dentro de la sociedad capitalina y mientras que don Jorge Braniff –que había hecho estudios en Georgetown Washington y gustaba "mexicanizar" su nombre de George a Jorge– seguía los pasos de su padre al frente de la casa “G. y O. Braniff” en la importación y venta de maquinaria, promoción de terrenos, el consejo de Administración de la Fábrica de Papel San Rafael, e incursionaba en la gestión del gobierno capitalino, doña Concepción Lascurain de Braniff fundaba patronatos de asistencia y organizaba eventos para el deleite de la Sociedad capitalina.


Arriba, en una imagen de Casasola, captada el 15 de mayo de 1921 en gradas instaladas frente al Hemiciclo a Juárez, el propio Gustavo Casasola nos indica que “…en la tribuna de honor se encontraban los miembros del gabinete, el H. C. Diplomático y el jurado calificador del certamen, integrado por las señoras María Garamendi de Braniff, Lucrecia Cámara de Maldonado, Leonor Mier de Rincón Galardo, Blanca Sordo de Villarreal, Concepción Lascurain de Braniff, Esther Alba de Pani, María Rincón Gallardo de Ayguesparsse, Dolores Miranda de Hernández Castellot y Ana Rubio de Iturbide…”

El matrimonio procreo siete hijas y un hijo que destacarían en la sociedad mexicana, incluyendo a Concepción Braniff Lascuráin que casó en 1929 con Enrique Buch y Gómez de Parada; Carmen Braniff Lascuráin que casó en 1923 con Luis García Pimentel y Elguero; Lorenza Braniff Lascuráin que casó en 1931 con José Miguel Gómez de Parada y Buch; María Braniff Lascuráin que casó en 1939 con Henry Kirkwood Henderson; Guadalupe Braniff Lascuráin que casó en 1934 con Manuel Espinosa Ardila; Jorge Braniff Lascuráin único varón; Dolores Braniff Lascuráin que casó en 1934 con Manuel Pizarro Ordozgoiti y Mercedes Braniff Lascuráin que casó en 1958 con Paulino Fernández González.


Arriba, en una toma de hace noventa y siete años captada en avenida Juárez, frente a la casa de la familia Haghenbeck (desde la esquina con la actual Luís Moya), nos dice también Casasola que “el 15 de mayo de 1921, se celebró en la ciudad de México la gran fiesta floral de primavera, organizada por el Ayuntamiento. Por la mañana desfilaron muchos automóviles adornados, así como una veintena de carros alegóricos; el Automóvil Club presentó un elegante ¨mail-coach ¨ titulado ¨Pompas de Ilusión¨ , que era manejado por el señor Mario Bulnes y conducía a las señoritas: Guadalupe Braniff, Dolores Icaza y López Negrete, Carlota Cornejo, Josefina Algara, María Teresa Salvidea, Bichita Amor y Carlota Algara.”

En correspondencia con esa representación social, el matrimonio Braniff–Lascurain habitaba un “Townhouse” sobre el Paseo de la Reforma, como lo habían hecho don Thomas Braniff y Lorenza Ricard (ver) desde 1886 y entonces lo hacía el matrimonio de Oscar J. Braniff y Guadalupe Cánovas (ver). No debe sorprendernos la ubicación, ya que don Thomas Braniff había adquirido en 1896 terrenos que de origen habían formado parte de la Hacienda de la Teja y el Rancho de los Cuartos y más adelante pasaron a ser parte de la “Colonia la Teja”; esos predios fueron luego adquiridos por el Banco de Londres y México y la “Compañía de Mejoras de los Terrenos de Chapultepec” en remate celebrado en 1896, sociedad en la que don Thomas acumulaba el 45% de las acciones en compañía de Félix Cuevas (20%), Rafael Dondé (20%) y el Banco (15%). Aunque la superficie total de esos terrenos se vio mermada cuando la administración de la ciudad decidió ampliar el Paseo entre la glorieta de Cuauhtémoc (Insurgentes) y Chapultepec en 1897, don Thomas apoyó el quebranto y cuando los accionistas disolvieron la sociedad en 1903, a don Tomás correspondieron nueve predios que sumaban 125,341.44m² en terrenos con frente al ampliado Paseo entre las ahora Hamburgo y Río Lerma…


Arriba, sobre el fragmento de un plano que corresponde a la Ciudad de México en 1907 –y que reproduzco gracias a la generosidad de Javier Balbás Diez Barroso–, he marcado los predios que de acuerdo a Carmen Collado, quedaron en 1903 a nombre de don Thomas Braniff y la “C y O. BRANIFF y Cia.”, mismos que luego de la muerte del padre en 1905, pasaron a manos de sus hijos mayores Jorge y Oscar Braniff Ricard, junto con haciendas, capital y maquinaria diversa.



La fortuna familiar Braniff era bien conocida, pero la trayectoria de los hermanos Braniff Ricard no pudo haber sido más diversa, ya que mientras Alberto es considerado el primer aviador de Hispanoamérica y Lorenza ingresó a la nobleza con el título de Marquesa de Mohernando al desposar a Luis Bermejillo Martínez-Negrete, el colérico Tomás es recordado como fundador de la “Compañía de Seguros La Latinoamericana”, Rafael –el menor– memorable por su vida disipada, Óscar resuena como copropietario de la vasta hacienda de Jalpa así como por sus esfuerzos en lograr la pacificación de la República luego de los levantamientos armados de 1910 y Arturo por su vida apacible, cercano a su madre y en compañía de esposa e hijas; en contraste Jorge Braniff Ricard –el mayor– fue siempre distinguido por severidad y mesura de carácter, seguramente adjudicable a ser el portavoz de la familia.

En la imagen de abajo, detalle de una imagen oblicua de la compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1921, aparecen la calle de José María Lafragua (al frente) y el Paseo de la Reforma (atrás); se señala la casa de Arturo Braniff y María Garamendi en Lafragua N° 16, así como la residencia de doña Lorenza Ricard viuda de Thomas Braniff (ver).



Mientras que Tomás Braniff Ricard decidió desde 1898 establecer residencia con su esposa Elena Amor Vivanco en una amplísima propiedad con frente a la Rivera de San Cosme (ver), Arturo Braniff residía desde 1906 en la misma manzana que sus padres, con su esposa María Garamendí -en la entonces Calle de la Penitenciaría N° 16 (hoy José María Lafragua)-, a medio camino entre el Monumento a Cristóbal Colón y el Palacio Legislativo en construcción; Oscar J. Braniff hizo lo propio en 1921 con su esposa Guadalupe Cánovas al establecerse en un extenso predio sobre el Paseo de la Reforma (ver). Como contraparte, Jorge Braniff Ricard decidió en 1912 establecer residencia frente a la Columna de la Independencia, sobre un predio propiedad de la “C y O. BRANIFF y Cia.”, donde edificó para su esposa un “Townhouse” de sobria arquitectura, como parte de una estrategia de promoción y venta de los terrenos de esa manzana que permanecía vacante a pesar de estar frente a la “Columna de la Independencia de México” terminada dos años antes y que había sido inaugurada el 16 de septiembre de 1910…


Arriba, fotografía “Columna de la Independencia” captada desde un promontorio que se ubicaría en donde ahora confluyen las calles de Río Ebro y Río Nazas; nótese que aún no existe el trazo de la actual calle de Rio Tiber y que la arboleda que marca el Paseo casi no tiene edificaciones, salvo la casa Braniff-Lascurain frente a la amplia glorieta del monumento. Abajo, maqueta del diseño final de la columna, entregada en 1905 por el arquitecto Antonio Rivas Mercado.



El monumento conmemorativo se había planteado desde 1842 como parte del “Arreglo de la Gran Plaza de México” diseño que contemplaba el "...proyecto de monumento que recordara las acciones heroicas y campañas relativas a la Independencia Mexicana" así como varias intervenciones en la explanada frente a Catedral, incluyendo el Palacio de Santa Anna y sus edificios, con la adición de fuentes y de manera destacada en la propuesta del arquitecto Lorenzo de la Hidalga, una columna conmemorativa de la Independencia de México (ver).



Arriba, “Vista de la gran Plaza de México” -pintura y litografía de Pedro Gualdi-, publicada por la Imprenta litografica Ag. Masse; inserto un óleo también de Gualdi. Abajo “Entrada de Maximiliano y Carlota a la Plaza Mayor, acompañados por el ejército francés”, litografía coloreada de Godefroy Durand y Best Cosson Smeeton fechada en 1864.

El 16 de septiembre de 1843, se colocó en la Plaza Mayor la primera piedra del monumento para honrar a los héroes de la Independencia, se excavaron los cimientos y se edificaron la base de soporte y los tres primeros cuerpos del pedestal que sostendría la columna; cuando ese año el gobierno de los Estados Unidos planteó la incorporación de Texas a su territorio y sucedió la muerte de la esposa Santa Anna, los escándalos le obligaron al retiro de la escena política. Las obras para la columna quedarían detenidas y para 1864 -a la llegada de Maximiliano I de México- ese zócalo fue utilizado como grada para el recibimiento y de ahí el nombre que la Plaza Mayor recibe hasta nuestros días…



Para 1877 la idea se retomó luego de una convocatoria del “Secretario de Estado y de Fomento, general Vicente Riva Palacio” para honrrar a “Hidalgo y demás héroesde la Independencia”, aunque ahora como parte del embellecimiento de la avenida que Maximiliano I había trazado en 1866, que había pasado a llamarse Calzada Degollado y desde 1872 se denominaba Paseo de la Reforma y que ya contaba homenajes a Colón y Cuauhtémoc. Luego de diversos periplos –que inclyeron la ejecución en Italia de una estatua en bronce del cura Hidalgo esculpida por Gius Trabacchi, que finalmente se obsequió estado de Guanajuato y se colocó en el Parque de la Acacias sobre un pedestal diseñado por Ernesto Brunel– se optó por un diseño del jóven arquitecto António Rivas Mercado que retomaba el proyecto de una columna propuesto en 1886 por el despacho Cluss & Schultze de Washington DC.

El nuevo monumento ocuparía una glorieta agrandada al centro de la sección que desde 1897 se había re-trazado del Paseo entre la estatua de Cuauhtémoc –iniciada en 1878– frente a la “Estación Colonia” del Ferrocarril Nacional Mexicano y la desembocadura de la avenida en Chapultepec.

En 1893, don Manuel González Cosío, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas anotaba que “…la ampliación consiste en la adición de una faja de terreno de quince metros de latitud a cada lado de la calzada, desde la glorieta en que se halla el monumento a Cuauhtémoc hasta la entrada al bosque de Chapultepec. En dicho terreno se construyen dos calzadas paralelas a la lda la Reforma, inmediatas a los terrenos de propiedad particular que limitan por ambos lados el nuevo paseo, formandose jardines y banquetas entre las calzadas.”


Arriba, en una extraordinaria imagen captada en 1919 desde la terraza del Alcázar de Chapultepec, aparecen Paseo de la Reforma y la Avenida Chapultepec. En lejanía –a la izquierda– se distingue la estructura metálica del Palacio Legislativo y a la derecha, se adivinan las torres de la Catedral; en primer plano, sorprende descubrir detrás de la astabandera, un estanque donde hoy esperan los autobuses del “Paradero Chapultepec” y donde una enorme excavación da paso a los doce carriles del Circuito Interior. La arboleda del Paseo de la Reforma señala el sitio que desde 1897 se había ampliado con dos calzadas y al centro se adivina la glorieta con el Monumento a la Independencia…



Nos dice Alfonso Alcocer que aquella Columna se encargó en 1900 al arquitecto Rivas Mercado con dos condicionantes: “…que el monumento había de consistir en una columna conmemorativa y que dicha columna debía erigirse en la cuarta glorieta del Paseo de la Reforma”. El diseño se hizo público de 1901 cuando apareció en "El Mundo Ilustrado” el 12 de mayo, con una descripción del propio arquitecto y cuatro láminas. La estatuaria y decoración sería encomendada a Enrique Alciati y el resultado final tendría un curioso paralelo con lo presentado en el Puente Alejandro III en París, que diseñaron Joseph Cassien Bernard y Gaston Cousin en 1892, y fue inaugurado en 1900 con las magníficas esculturas de Jules Dalou…



El 1° de mayo de 1901 el Presidente nombró al arquitecto Antonio Rivas Mercado responsable de la construcción y el 2 de enero del año siguiente se colocó “la primera piedra” sobre la cimentación ya ejecutada; para mayo de 1903 se contrató la “Casa Claudio Pelandini” a fin de suministrar mármoles para las terrazas y en junio se apalabró al escultor Guillermo Cárdenas para ejecutar la estatua de Guillén de Lampart.

A principio de 1906 se terminó la construcción del pedestal y el monumento llegaba a los 10.36 metros, medidos a partir del pavimento de Paseo de la Reforma; desafortunadamente, para octubre de ese año, se suspendió la construcción cuando se notó un desplome en la vertical de la columna que había llegado ya a los 20.50 metros…



La Secretaría de Gobernación nombró una comisión integrada por los ingenieros Gonzalo Garita, Guillermo Beltrán y Puga, y Manuel Marroquín y Rivera para dictaminar la causa del desplome y el 13 de junio de 1907 acordó que lo edificado debía desmantelarse para construir una nueva cimentación. La Comisión –de la que salió Marroquín que sería sustituido por el arquitecto Manuel Gorozpe– fue designada para ejecutar la obra, quedando el arquitecto Rivas Mercado como “Director artístico del Monumento”…

La columna se desmanteló entre el 19 de julio y el 29 de noviembre de 1907 y luego se dinamitó la plataforma de cimentación que había edificado Rivas Mercado cinco años antes; para el 30 de marzo de 1909 se terminó la nueva cimentación (foto de arriba) de pilotes de madera y concreto, unidos a una plataforma superior de concreto y sujetos por una ataguía metálica de cuarenta y cuatro metros de diámetro y ocho de profundidad.

Bajo la supervisión de Gonzalo Garita y Manuel Gorozpe se recreó la estructura del dado y rearmó la estructura en una obra de absoluta pulcritud, mientras Rivas mercado contrataba en París a un nuevo ornatista y se colocaban los revestimientos de mármol y granito suministrados por Claudio Pellandini. Abajo, una imagen de la columna entes de colocarse la última piedra en septiembre de 1909.



Durante los siguientes doce meses, se labraron las decoraciones, se doró la Victoria Alada de Alciati al pie del monumento, se instalaron las otras estatuas y preperaron las inscripciones a fin de que todo estuviera a punto para la inauguración del 16 de septiembre de 1910.




Sin duda alguna, a partir de ese momento “la quinta glorieta” del Paseo de la Reforma se volvió sitio principalísimo, y las propiedades de “C y O. BRANIFF y Cia.” sobre el Paseo adquirieron nuevo donaire, en particular aquellos terrenos con vista a la Columna de la Independencia. Aunque resulte insólito, salvo por la residencia de don Dante Cusi Castoldi y su esposa Teresa Armella, los terrenos hacia el poniente de la columna permanecían yermos a pesar de la suntuosidad de la avenida.

Abajo, en una sorprendente toma captada en 1916 (aunque el registro indica que es de 1922) mirando hacia el poniente desde el capitel de la Columna de la Independencia y publicada por la Compañía Industrial Fotográfica, aparece el Paseo de la Reforma y terrenos aledaños. La única edificación cercana, es la casa que en 1907 había diseñado el arquitecto Rafael Goyeneche en la esquina del paseo y la proyectada Calle 13 Norte para la Familia Cusi-Armella y que aún se conserva en Reforma N°365 esquina con Guadalquivir.



Habría que esperar a 1912 para que los terrenos al cruce con la entonces Calle 12 Norte (que ahora conocemos como Río Tíber) se pavimentara y comenzara a fincar, erigiéndose la residencia de la familia Braniff-Lascurain primero y Ramírez-Escandón después. Al otro lado de la 12 Norte, habría que esperar hasta 1920 para que se erigiera la residencia de la familia Torrez-Izábal mientras que la 13 Norte vio aparecer la residencia Pani-Carral en 1919.

En la imagen de abajo, un fragmento de la toma oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto que miraba el Paseo de la Reforma y Columna de la Independencia en 1923, he marcado las casas de las que únicamente se conserva la edificada por don Dante Cusi en Reforma N°365 esquina con Guadalquivir.



Desde 1909 la “C y O. BRANIFF y Cia.” subdividió terrenos en la manzana con frente a la lateral de Reforma y entre las calles 11 y 12 Norte, con predios de superficie superior a los 1,000m² (predios de compleja geometría cuando tenían frente a la curva de la rotonda) y en 1910 George T. Braniff se concedió el más pequeño, en la esquina sur-poniente con una superficie de 1.024m² a fin de edificar una casa que pudiera mostrar las ventajas de habitar en aquel "alejado" vecindario.

Los sucesos políticos debieron retrasar la edificación, pero para 1912 se construía ya una residencia en la esquina de lo que ahora conocemos como Paseo de la Reforma y Tíber, siguiendo un proyecto que se decía había sido comisionado el año anterior al arquitecto Neoyorquino Horace Trumbauer, reconocido por algunos de sus diseños residenciales, como el Townhouse para James B. Duke House en la Quinta Avenida de Nueva York y destacando el diseño que para “The Elms” en Newport -Rhode Island-, había realizado en 1899 para Edward Julius Berwind. No hay datos que confirmen esa autoría, y en el currículo del arquitecto apenas figura una nota que indica “1911- sketches for Townhouse in Mexico City”; en todo caso, no hay registro de que Trumbauer haya viajado a México, y menos aún durante la revolución…

Así, uso el término “Townhouse” para enfatizar la influencia norteamericana en la morada de la familia Braniff, así como la relativa sobriedad del diseño que a manera de residencia urbana evitaba rodear de jardines la edificación, pero no respondía a los viejos lineamientos coloniales en que la construcción se diseñaba en torno a un patio. Además, es factible que George T. Braniff comisionara el diseño a Trumbauer y lo entregara para su adecuación y ejecución a un arquitecto en México, más aún durante un período que auguraba disturbios sociales.



En cualquier caso, la edificación iniciada en 1912 y terminada en 1919 sería firmada y supervisada por el arquitecto Luís Cuevas García, egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes y donde fue profesor de “Estilos Ornamentales” por varios años; en el currículo del arquitecto Cuevas destaca una interesante propuesta de 1917 para transformar la Plaza de la Constitución con nuevos elementos ornamentales, incluyendo cuatro esculturas colosales en las esquinas del propuesto jardín; aunque esa propuesta no prosperó, las ideas se retomaron en 1921 cuando los “Pegasos” de Agustín Querol –creados para rematar el Teatro Nacional– fueron trasladados a la Plaza como parte de los festejos del Centenario de la Consumación de la Independencia de México.

A diferencia de las fastuosas casas de sus padres y hermanos, el “Townhouse” Braniff-Lascurain se mostraba relativamente austero y solemne al exterior, aunque sumando casi tres mil metros cuadrados construidos en tres niveles, que incluían un basamento –que saturaba por completo el terreno disponible– y dos pisos de generoso entresuelo. La composición de fachada abrevaba recatadamente en la tradición académica y los lineamientos de la usanza francesa definida desde el S. XVIII por Ange-Jacques Gabriel, aunque con inevitables alusiones al diseño que en 1687 y para “Le Grand Trianon” hiciera Jules Hardouin-Mansart y que delatan los interiores en las peculiares ventanas del piso principal.


Son ciertamente esos interiores, ejecutados por el arquitecto Luís Cuevas García, lo que califica la morada Braniff-Lascurain como una de las “Grandes casas de México”, y no puedo evitar el imaginar abrir las puertas a la izquierda de la toma de arriba, para salir a la terraza sur que miraba al Paseo de la Reforma y la gran glorieta con la Columna de la Independencia…

Con acceso por la Calle 12 Norte, que a partir de 1913 recibió el nombre de Avenida Río Tíber, una marquesina acristalada daba cobijo a la discreta entrada que se abría al recibidor, dando paso a una escalera que permitía subir al piso principal, donde el “hall” distribuía a las diversas habitaciones y piso superior, “hall” que aparece abajo en una imagen que forma parte del archivo fotográfico de don Felipe Teixidor.



Desafortunadamente, nunca he encontrado imágenes interiores de la casa cuando estaba habitada por la familia Braniff, pero cuando en 1936 se arrendó para albergar la representación de Brasil en México, se hicieron varias tomas de los espacios que aún conservaban todos los acabados y parte del amueblado original. Así, en 1939 se publicaban en la revista “SOCIAL”, imágenes captadas por Gustavo Verdayes acompañadas de textos redactados por el director de la revista, Francisco Borja Bolado.

“Por especial y señalada cortesía del señor Embajador del Brasil, SOCIAL ha visitado el palacio de don Jorge Braniff y de su esposa, ocupado actualmente por la embajada. Edificado en estilo francés, el palacio ofrece un armonioso y elegante conjunto arquitectónico, que le da calidad y señorío. Traspuesto el pórtico y ya en la planta recepcional (sic.), el gran hall de estucados blancos, a cuyo fondo es tema principal la gran escalera de mármol con su dibujado barandal de bronce. El mobiliario lo complementa un gran candil y algunos óleos de mérito”.


“En otra fotografía, la chimenea del hall, en mármol blanco y con un gran espejo ornamental, ajuarado de candelabros y reloj de bronce ormolú del siglo XVIII; en primer término el candil barroco -también ormolú- de doce brazos y al fondo el salón de música, desde cuya amplísima ventana puede admirarse aventajadamente el arbolado del Paseo de la Reforma y la majestuosa Columna de la Independencia de México.”


“No podemos dejar el hall sin maravillarnos ante el tramo inicial de la escalera, con su “torchère” en bronce a manera de paje (magnífico trabajo de Coret), un magnífico tibor en su columna de mármol, y atrás un vargueño de finos y antiguos tallados, que completan el armonioso conjunto de este rincón de la casa.”



Y sigue Francisco Borja Bolado:
“Pasemos ahora al gran salón del palacio, con sus altas puertas de cristales y sus espléndidos cortinajes de terciopelo color oro. En los muros, las guirnaldas de flores y medallones, estucados, dan estilo a la estancia. El magnífico ajuar “abuisson” (sic.), la mesa y la gran consola con planchas de mármol rosa y su gran espejo sobre finas, complicadas tallas a fuego, el soberbio candil almendrado y el gran tapete blanco y oro, hacen la riqueza deslumbrante de esta sala.”


Como complemento, me permito agregar aquí una imagen contemporánea del “Salon des Glaces” del Grand Trianon en los jardines del Versalles; obra de Jules Hardouin-Mansart iniciada en 1688 que ha sufrido innumerable intervenciones, aunque sigue presentando buena parte de las características originales. Es interesante notar el ascendiente que sobre el diseño interior de Cuevas García tendría Hardouin-Mansart.



Y retomando el texto de Francisco Borja Bolado, publicado en 1939:
“Al extremo opuesto del salón una gran jardinera de tres espejos es el tema principal. Más acá, otro grupo de sillones y sillas del ajuar forman estrado íntimo. Luego, las espléndidas columnas de mármol y, en primer término –izquierda–, otra gran consola con algunos bronces de época, varios de ellos de gran mérito. Al fondo, otro gran candil almendrado de triple iris y, en los “paneaux” (Sic.), diversos dibujos franceses e italianos de distintas épocas pero de autores mundialmente famosos.”



“Siguiendo el recorrido, ofrecemos una perspectiva del salón de música y parte del estrado de confianza del salón principal del palacio. La repetición del tema decorativo en los estucos de los muros hace la unidad armoniosa de las salas. Acercarse al magnífico piano Rosenkräntz y pulsar sus teclas, permite asomarse además a una ventana que permite el éxtasis de una prodigiosa perspectiva: la maravillosa columna que conmemora nuestra independencia con la dorada victoria alada que la corona.”



Como era común en el período, otras habitaciones respondían a influencias decorativas diferentes, y así en la casa Braniff nos encontramos que comedor y salón fumador retomaban lo que entonces se llamaba decoración inglesa, con profusión de maderas y muebles de influencia Tudor:
“El comedor, enlambrinado en caoba y tapizado con seda al color, es otra de las estancias más suntuosas del palacio. La gran mesa, la sillería y muebles accesorios, son, igualmente, de caoba. El candil de catorce brazos de bronce e innumerables luces, los candelabros de plata maciza, las magníficas pinturas de época, etc., dan al lugar una severa nobleza y una particular distinción.”





Y agrega la descripción que “…en el salón anexo, a que los caballeros pueden retirarse a discutir, chimenea de mármol blanco, muebles de descanso y algunas pinturas de familia que complementan la decoración.”


Esa imagen siempre ha llamado mi atención, y hace pensar en la influencia que los hermanos hubieron de tener sobre la decoración de sus casas; en la residencia Braniff-Amor de Ribera de San Cosme, una chimenea de particulares similares decoraba el salón comedor…



Finalmente aprovecho imagen y texto de “SOCIAL” que en el Número 33 de la revista, publicado para abril de 1939, nos mostraba otras imagenes acompañadas por texto de Francisco Borja Bolado:
“Por último, el hall de la planta alta del palacio, con su gran chimenea española de azulejos, su espléndido tapiz flamenco y otros muebles de mérito. Otro gran candil y, al fondo, el comedor íntimo de la casa transformado ahora en embajada.”


"Y en la otra fotografía, un obsequio para nuestros queridos lectores, parte de la alcoba de la señora doña Maria Concepción Lascuráin y Landa de Braniff, ajuar que perteneció a su señora madre con rico mobiliario francés del siglo XVIII, siendo el lecho una positiva pieza de museo, no solo por su autenticidad sino por la espléndida talla de la madera y el brocado en azules de su tapicería.”



¡Interesante lo publicado en "SOCIAL", bajo la dirección de Francisco Borja Bolado!
Más aún si consideramos que el matrimonio Braniff-Lascurain regresaría a habitar la casa cuando en 1940 la embajada reubicó su sede en la casa de don Joaquín Baranda Mac Gregor y su esposa la señora Dolores Luján Zuloaga (ver)



¿Pueden ustedes imaginar cuando ésta era la vista al lado de casa, mirando desde Río Tíber?



Para 1945, la casa volvía a ser habitada por sus dueños acompañados por su hija Mercedes, que casaría en 1958 con Paulino Fernández González; en los directorios telefónicos del período, para Tíber N° 132, colonia Cuauhtémoc, aparecen los teléfonos 35-70-62 y 14-68-79.



La zona había cambiado de manera radical y aunque los vecinos inmediatos –la familia de don Luis Ramírez Escandón y Luz Páez– habían perseverado ahí, para 1948 pusieron la casa en venta mientras que los López Negrete se mudaron a Las Lomas y la escuela aledaña (Helena Herlihy Hall) cerró sus puertas tiempo después.

Para 1954, el frente del Paseo de la Reforma a un costado de la Columna de la Independencia comenzaba a quedar sin residentes, cuando Jorge Tomás Gerónimo Braniff Ricard murió a los ochenta años en la habitación de su casa, con vista al Ángel. Abajo, una toma de 1948, con la vista desde el capitel de la columna hacia la avenida Tíber, donde a la derecha aparece la casa Braniff.



Doña Maria Concepción Guadalupe Lascuráin y Landa viuda de Braniff siguió habitando la casona y en 1957, luego de un sobresalto decidió mudarse con su hija Dolores, casada con Manuel Pizarro Ordozgoiti, a la calle de Amargura en San Ángel… ¡Siempre el Ángel!



La casa sufrió daños menores ese 28 de julio de 1957, aunque se contaba que los inmensos candiles “almendrados y de triple iris” habían quedado hechos pedazos al estrellarse contra el techo. La Victoria Alada de Alsciati calló hacia el Sur –hacia la avenida Florencia– y sufrió graves daños que se comenzaron a reparar de inmediato, en el taller de José Fernández Urbina, en la calle de Concepción Béistegui número 403, de la colonia del Valle. Se consideró un remplazo, pero se decidió en soldar e injertar nuevas piezas en las zonas más dañadas y salvo la cabeza, que Fernández rehízo por completo, el resto de la escultura se remendó, trabajó y repujó hasta que pudo ser colocada en su sitio al año siguiente.



Concepción de Lascuráin y Landa viuda de Braniff falleció en 1959, a la edad de 82 años, y poco después sus hijos pusieron a la venta la casa vacía y así comenzó una nueva transformación de la zona aledaña a la columna de la Independencia en Reforma.



En 1959, Antenor Patiño Rodríguez (nacido en Oruro –Bolivia- en 1896 y muerto en 1982, Nueva York, Estados Unidos) decidió aventurarse en la hotelería mexicana; heredero del llamado "Rey del Estaño" -Simón I. Patiño-, pasó a ser propietario de las principales minas de estaño en Bolivia y controlar así su mercado mundial. Cuando las minas fueron nacionalizadas en 1952 luego de la revolución boliviana, Patiño buscó otros sitios para sus inversiones y en ese 1959, luego de divorciarse de la Duquesa de Dúrcal, María Cristina de Borbón y Bosch-Labrús, estaba listo para una aventura en México.

Consiguió crear grandes desarrollos turísticos como Las Hadas -en Manzanillo- (lugar que alcanzó extraordinaria notoriedad al filmarse ahí película "10- la mujer perfecta" con la inolvidable Bo Derek y su curioso peinado) y Las Alamandas en la Costa Alegre del estado de Jalisco, pero la aventura inició con el Hotel “María Isabel” llamado así en honor a su segunda hija Isabel Patiño de Borbón, que murió al dar a luz a su única hija Isabel Goldsmith-Patiño, poco después de casarse con James Goldsmith.



Patiño reunificó terrenos con frente al Paseo de la Reforma y ríos Tíber, Volga y Danubio que en 1903 habían quedado a nombre de don Thomas Braniff y la “C y O. BRANIFF y Cia.” y habían sido fraccionados desde 1909, incluyendo los de las casas Braniff- Lascuráin, Ramírez-Páez y López Negrete. Asesorado por los arquitectos José Villagrán García y Juan Sordo Madaleno, definió la explotación del nuevo predio con el diseño de dos torres ligadas para el hotel y un edificio de oficinas, articulados por una explanada que concediera espacio y vistas hacia el monumento significativo inaugurado en 1910.

Arriba, parte de las propuestas originales que en 1960 hicieran para el hotel en Reforma y Tíber los arquitectos Sordo Madaleno, Villagrán y Legorreta; abajo, en una imagen aérea fechada en 1961, puede verse el avance en la construcción del Hotel María Isabel –que sería administrado por la cadena Sheraton– mientras que se edificaba aún la estructura para el “Edificio Bolivia” y su explanada frente a la columna de la Independencia.



El hotel “María Isabel –Sheraton” fue inaugurado el 31 de marzo de 1962 y el “Edificio Bolivia” tres meses después; el resultado fue aclamado como un exitoso diseño que respetaba la columna de la Independencia al dejar una explanada con el propósito de que la masa del edificio no compitiera con el monumento. El conjunto sería importante detonador para el nuevo impulso que recibiría el Paseo de la Reforma como corredor corporativo y turístico.



Curiosamente, la esquina que desde 1912 ocupó la casa Braniff-Lascurain fue asignado para locales comerciales y estacionamiento para edificio que desde entonces ocupa la representación de FORD en México, enroque que en la esquina coincide casi perfectamente con los linderos de la casa. Ese local sería ocupado desde 1968 por “Sanborns”, complementando el éxito que la tienda de Lafragua había alcanzado.









Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (ya hay más de setenta), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…

También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html (ver)







¿Y si don Antenor Patiño (guiado por Villagrán García, Sordo Madaleno y Legorreta) hubiera dejado la casa Braniff-Lascurain en Reforma y Tíber, como parte del local que por años ocupó el “Sanborns del Ángel”? ;-)












1 comentario:

  1. Su trabajo es excelente, gracias por permitirnos aprender más. Saludos desde Mérida , Yucatán

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