viernes, 1 de junio de 2018

-1910- La representación China en Rosales N°9




En un predio colindante a los terrenos que tiempo atrás habían pertenecido a la Plaza de toros del Paseo Nuevo, el arquitecto Emilio Dondé edificó en 1878 y para Domingo (o Vicente) Pozo, una residencia sobre la calle que sería dedicada a José Rosales Flores, apenas a unos metros de la estatua ecuestre de Carlos IV que 18 años antes había colocado ahí Lorenzo De la Hidalga. Años después -hacia 1900- la casa sería modificada y ampliada por el arquitecto José G. De la Lama y ocupada en 1910 por la representación de China durante las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México. Para 1949 la casa se destruyó para abrir la calle que rinde homenaje a don Ignacio Mariscal…


La Mapoteca Orozco y Berra conserva una magnífica litografía coloreada, “México en 1858” compuesta por Casimiro Castro –que la delineó y litografió–, que muestra una “Vista en Globo de la Ciudad de México de noroeste a sureste” donde se contempla la ciudad en su entonces totalidad, totalidad de hace 160 años. A la extrema derecha, se contempla el límite marcado por el “Paseo de Bucareli” que muchos llamaban el “Paseo Nuevo”, donde la glorieta mayor estaba adornada por una fuente dedicad a “La Patria".



En la sección inferior derecha de la litografía de Castro, se descubre además la glorieta a la que ese mismo 1858 y por instrucción de don Miguel Lerdo de Tejada, el arquitecto Lorenzo de la Hidalga había trasladado la magnífica escultura ecuestre de Carlos IV ejecutada por Manuel Tolsá, llevada ahí desde el patio central de la Pontificia y Nacional Universidad de México (que la resguardaba ahí desde 1823), iniciando la maniobra el 3 de septiembre de 1852, para colocarla sobre un nuevo y sobrio pedestal de su autoría, frente a la plaza de toros (ver)


La estatua sustituía una fuente en esa primera glorieta del Paseo de Bucareli (“Fuente de Victoria” instalada en 1828) que daba apertura al Paseo desde las amplias calles de Rosales y Patoni, frente a la Plaza de toros del Paseo Nuevo y desde donde apenas unos años después el emperador Maximiliano I de México arrancaría el trazo de su nuevo Boulevard (diríamos Paseo) hacia Chapultepec.

Frente a esa glorieta, mientras se desmontaba la fuente y edificaba el nuevo zócalo diseñado con enorme mesura para “El caballito”, se había estrenado la “Plaza de toros del Paseo Nuevo” el domingo 23 de noviembre de 1851, construcción que llamó poderosamente la atención y había sido ejecutada para los hermanos Domingo y Vicente Pozo por el mismo arquitecto Lorenzo De la Hidalga (ver)

Decía la invitación para el 23 de noviembre de 1851:
"PLAZA DE TOROS DE BUCARELI.-Está concluida y se estrenará mañana con una corrida de siete toros tan buenos y valientes, según los empresarios, como las cuadrillas de toreros y toreadores".


Arriba, una sorprendente imagen captada en 1853 -que pertenece al acervo del “Andrew Dickson White Collection of Architectural Photographs” de la Cornell University Library-, nos muestra la estatua de Carlos IV ejecutada desde 1796 por Manuel Tolsá y fundida hacia 1803, colocada sobre el nuevo pedestal de Lorenzo De la Hidalga en 1852, frente al edificio que daba acceso a la Plaza de toros de Bucareli, edificio también ejecutado por De la Hidalga entre 1850 y 51. A la izquierda de la toma, la calle de Patoni y del Ejido (ahora Avenida de la República) y a la derecha la calle de Rosales (que sigue llamándose así, pero todos consideran parte de la Avenida Guerrero).



Tan significativa era esa glorieta, que sería desde ahí que en 1865, Maximiliano I de México ordenó al Capitán de Ingenieros -Luís Alois Bolland- hacer los estudios necesarios para trazar un nuevo Paseo que ligara de manera conveniente esa glorieta –del Paseo de Bucareli– con el Bosque Chapultepec, y donde el emperador edificaría –a manera de Alcázar– una Residencia Imperial sobre el cerro donde había estado el colegio Militar (ver)



La estatua fue trasladada en 1979 a una plaza que juiciosamente se bautizó como “Plaza Tolsá” (frente a la calle de Tacuba y al palacio de Minería también obra del arquitecto) y el sitio del edificio frente a la plaza de toros ha tenido innumerables alteraciones, pero la de 1890 nos resulta relevante cuando –luego de cerrada la Plaza en 1867 y aprovechado el edificio de acceso para otros fines–, siguiendo un proyecto del ingeniero militar Ignacio De la Barra, se terminó en 1891 la casa de doña Amada Díaz y José Ignacio De la Torre y Mier en la que entonces era llamada “Plaza de la Reforma N°1” (ver).


Así, el cruce de avenidas en la “Glorieta del Caballito” –que algunos preferían llamar “Plaza de la Reforma” – se transformó en uno de los más importantes nodos de la Ciudad de México, donde se articulaba la vía de gobierno por las Avenidas Juárez y Patoni hacia el oriente con la Alameda y Plaza de la Constitución, y hacia el poniente con la explanada hacia el nuevo Palacio Legislativo en construcción; de la glorieta partía hacia el Sur-Oeste aquel suntuoso Boulevard a Chapultepec –que ya había pasado de ser Paseo de la Emperatriz a Degollado y era ya conocido como “Paseo de la Reforma” – y hacia el sur, el viejo y residencial Paseo de Bucareli cuya contraparte hacia el norte era la pulcra calle de Rosales, llamada así en honor a don José Antonio Abundio de Jesús Rosales Flores –el "héroe de San Pedro"– que en 1864, derrotó al ejército francés luego de su desembarco en el puerto de Altata –en un paraje llamado San Pedro– y que fuera además nombrado gobernador del Estado de Sinaloa en ese mismo año.

Al paso del tiempo, en la acera con vista al sur en esa glorieta y sobre las avenidas aledañas, se edificarían grandes residencias entre las que destacaban la mencionada casa del matrimonio De la Torre-Díaz, la de la familia De la Serna, e incluso la de don Francisco Espinosa –tesorero general de la Federación con Porfirio Díaz y Manuel González– que sería transformada luego en Ministerio de Relaciones Exteriores (ver)


La fotografía de arriba nos permite colegir el contexto residencial frente a esa glorieta, vista desde el Paseo de la Reforma y Bucareli, donde aparece en la toma de 1897 la estatua ecuestre de Carlos IV y a la izquierda la Calle de Rosales. A la derecha la “Avenida Poniente 4” ‒según la nomenclatura numérica instaurada en 1887‒ o Calle del General Patoni, con las casas de las familias De la Serna (que sería adquirida por José Y. Limantour en 1907) y Morán; al extremo derecho de la foto, un fragmento de la casa N°108 que se diseñó en 1893 por instrucciones de don Francisco Espinosa; me fascina el que aparecen los diversos carruajes de la época, con las dos guayín en primer plano, un cabriolé en la esquina del monumento y las berlina de la derecha, complementadas por el carretón del fondo a la izquierda...

Sobre esa avenida dedicada a José Rosales Flores se edificarían también magníficas residencias, aprovechando el amplio terreno que dejó libre la plaza de toros cerrada en 1867; con frente a la acera oriente y a la grupa de la estatua ecuestre, aparecerían desde 1870 una decena de residencias y edificios que aprovecharían la magnífica ubicación y el transporte, que primero con “tranvía de mulitas” y vagón eléctrico después, comunicaba hacia los puntos cardinales con seis posibles vías férreas.



Una de las primeras nuevas casas en edificarse ahí, fue diseñada por el arquitecto Emilio Dondé Percigat para alguno de los hermanos que otrora habían construido el “Toreo del Paseo nuevo”, hermanos Vicente y Domingo Pozo Goya; Dondé se había recibido en 1872 en la Escuela nacional de Bellas Artes, y dejó un importante legado en nuestra ciudad.

Nos dice don Luís Ortiz Macedo:
“Conviene mencionar a los arquitectos que defienden con energía su posición ante los ingenieros, en el sentido de orientar la arquitectura unilateralmente hacia lo artístico; posición en la que sobresale Emilio Dondé, quien fue un arquitecto de prestigio como constructor de residencias en la ciudad de México; proyectó obras de embellecimiento y urbanización para la misma, con la idea de abrir nuevas avenidas conectando las existentes; realizó un proyecto para el Palacio Legislativo, construyó el templo expiatorio de San Felipe de Jesús y adaptó el Palacio de Iturbide para usos comerciales.”


Edificado en terrenos que tiempo atrás ocupara la capilla de Nuestra Señora de Aránzazu del Templo de San Francisco, el templo expiatorio de San Felipe de Jesús es señalada obra de Emilio Dondé construida entre 1886 y 1897; de peculiar inspiración románica e interior con guiño a lo bizantino, dio enorme prestigio al arquitecto, al ser templo favorecido por doña Carmen Romero Rubio de Díaz.



Con un ingente arsenal formal, los diseños de Dondé incluyen proyectos para edificaciones públicas y privadas, destacando varias residencias que lamentablemente se han perdido al paso de los años; afortunadamente se conserva un ejemplo sobresaliente, terminado en 1903, casa que Dondé diseñó y edificó para doña Rosalía Fernández del Valle de Cobián hacia el sur de la estatua ecuestre y que nosotros conocemos como cara ceremonial de la Secretaría de Gobernación (ver).


El bloque central del “Palacio” es un sólido elemento de ocho entre-ejes y seis vanos en las dos plantas, a las que a ambos lados se adicionó un portalón de acceso y una galería de cuatro entre-ejes más. Magnífico ejemplo de las habilidades compositivas de Emilio Dondé, habilidades que se manifestaron también en el diseño de 1878 para la casa Pozo en el entonces N° 9 de la calle dedicada ya a José Rosales pero que pasaría a llamarse “Calle Sur 12” en 1887, siguiendo la nomenclatura numérica y adquiriría un nuevo número -219 de Sur 12-.

La casa de dos plantas, seis ente-ejes y cinco vanos, contaría un portalón de acceso y grata galería en la parte alta, al centro de la composición en fachada que recuerda un Palazzo veneciano. No tengo información más detallada de ese diseño, aunque para teorizar, presento abajo una reconstrucción fotográfica de la apariencia que debió tener esa edificación hacia 1890, antes de que se construyeran nuevos inmuebles a los lados.


Hacia atrás, la casa debió tener un extenso jardín que se ampliaba hacia el centro de la manzana, ya que colindaba con los huertos que tiempo después serían ocupados por la residencia Vallarta, con frente a la calle del Ejido.

Eventualmente, la edificación quedaría en manos de la viuda del hermano menor -Domingo María Pozo Goya-, María de los Ángeles Bermúdez de Zozaya Gómez-Gallo viuda de Pozo, que la entregaría a su hija. La casa de dos pisos edificada hacia 1878, debió ser de gran sobriedad y sería intervenida hacia 1895 por el propio arquitecto Dondé y probablemente con la ejecución del ingeniero Rafael Sánchez-Facio en una ampliación a la parte trasera, escalera con cubierta de estructura metálica y haciendo modificaciones a la ornamentación (en inventario, para mayor confusión, aparece como “casa en Rosales 219”).

Hacia fin de siglo, resurgió el interés por habitar en la calle de Rosales; así, varias de las casas se reedificaron o modificaron y ampliaron siguiendo la moda del período, agregando una buhardilla en la parte superior de los inmuebles, a la manera de lo que gracias a los lineamientos de Hausmann y diseños de Mansard se hacía en París. De ese período es la imagen de abajo, en que aparecen dos residencias sobre la Calle de Rosales hacia 1907; la de la derecha aún pervive –aunque sin el techo “amanzardado”– como “Lavandería CITY” en Rosales N° 13, casi esquina con Mariscal.



En 1900, José De la Lama intervino la casa de Rosales N° 9 a fin de adecuarla para un nuevo propietario que aparentemente era miembro de su familia, creando una ampliación que integraba un tercer piso con una buhardilla y mansardas además de una crestería decorativa de extraña evocación belga o neerlandesa.



José Gerónimo Lama Gómez-Lamadrid ha sido motivo de estudio y polémica; vivió entre 1867 y 1950 y estuvo casado tanto con Josefina Glises Schüte (con quien engendró a Sara Lama Glises que casó en 1920 con Guillermo Rossell) como con Dolores Cortina Montúfar que le sobrevivió hasta 1972. Desde 1898 agregaba “De la” a su apellido, y según nos cuenta Israel Katzman:
“En las fachadas de muchas de sus obras agregaba a la inscripción de su nombre la de arquitecto, sin embargo, parece que no poseía el título académico. Fue de los que más construyeron en las dos primeras décadas del siglo. Con él estuvo asociado un tiempo el ingeniero belga Zwicker, y después trabajaron en su despacho los arquitectos Francisco J. Serrano y Enrique Aragón Echegaray. Introdujo en sus casas muchas innovaciones… y hacía series de casas en que cada una era de diferente estilo”


Arriba, un par de imágenes que creo resultan de interés para explicar la cita de Katzman, donde se muestran los frentes de algunas casas edificadas en 1905 sobre la avenida Chapultepec –entre Havre y Niza (a la izquierda) así como sobre la calle de Marsella (a la derecha)– por la mancuerna Zwicker/De la Lama y complementan el retrato de las edificaciones que De la Lama hacía en la primera década del siglo la que en 1907 edificó sobre la calle de Jalapa N° 43 y sería ocupada por la familia Barragán / Rodríguez (ver)



Aparentemente, a partir de 1915, De la Lama actuó como agente inmobiliario para don Alejandro Escandón Escandón y hacia 1922 –ya con su propio capital–, designó como administrador y asociado a su joven directivo (y agente fiduciario) Raúl Basurto, dedicando sus esfuerzos al desarrollo de fraccionamientos, entre los que destacan las colonias Hipódromo y Chapultepec-Polanco así como sus ampliaciones y desarrollos en Morelos como Vistahermosa y Lomas de Cuernavaca (ver)

Así, don José G. De la Lama es más recordado como empresario desarrollador de fraccionamientos y cabeza de la sociedad “De la Lama y Basurto”, que por la primera ampliación a una residencia, ejecutada en la calle Rosales N° 9 hacia 1900 para su familia…


Aquella ampliación se daba cuando el frente oriente de la cuadra a la calle Sur 12 había quedado consolidado y la casa de Rosales N° 9 conservaba aún un amplio jardín hacia el poniente. La extensión, que José G. De la Lama ejecutó a la casa propiedad de Felisa Sevilla Espinosa (esposa de su hermano Eduardo Lama Gómez-Lamadrid) se hizo ya con la efectiva asesoría del ingeniero Erghard Zwicker, y fue una de las pocas obras de ámbito familiar, antes de definirse como promotor y empresario; muestra también la clara influencia de Zwicker evidente en ese peculiar remate a la manera barroca, evocando probablemente lo que se había hecho en Flandes u Holanda, Namur o Lovaina.



Es muy probable que también a partir de 1900 se hicieran adecuaciones interiores a la casa ya que diez años después –para cuando tengo registros de los espacios interiores– la casa muestra claros elementos ornamentales representativos de la decoración característica del cambio de siglo.
Así las cosas para la casa de Rosales N° 9, a unos metros de la Estatura ecuestre de Carlos IV y Paseo de Bucareli, ahí donde ya retirada la fuente dedicada a “La Patria” para colocar una estatua dedicada a Benito Juárez en 1900, se decidió instalar un “Reloj Conmemorativo del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre China y México”…





Es interesante recordar aquí que el 14 de diciembre de 1899, Wu Tingfang (伍廷芳), ministro plenipotenciario del Gobierno de la Dinastía Qing de China en los Estados Unidos y Manuel Azpíroz Mora, ministro plenipotenciario de México en Washington (que entre 1873 y 76 había sido cónsul de México en San Francisco -California- y había lidiado con los problemas de la inmigración china en los EE.UU.), firmaron oficialmente en esa ciudad el “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre China y México”. De esta manera, los dos países establecieron relaciones diplomáticas y el gobierno Chino buscó una sede para su representación en la Ciudad de México.



El Doctor Wu Tingfang –abogado que había hecho estudios en Reino Unido (en la University College London) y primera persona de etnia china en ser miembro oficioso del Consejo legislativo de Hong Kong– había sido nombrado personalmente por el Emperador Guangxu y sirvió bajo la dinastía Qing como Embajador entre 1896 y 1902 ante los Estados Unidos de América, España y Perú, volviendo a los Estados Unidos con el título de Ministro Plenipotenciario del Imperio Chino ante ese país, México, Perú y Cuba desde 1907 hasta 1909. Durante este lapso se hizo amigo del presidente Theodore Roosevelt y visitó a Thomas Edison, mientras recordaba su aprecio por Manuel Azpíroz (muerto en Washington en 1905 a los 68 años), lapso durante el que surgió la idea de que la comunidad China asentada en México hiciera un regalo a su país adoptivo, festejando el “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación” que permitía a los nacionales de ambos países entrar y viajar en los países firmantes, así como dedicarse al comercio. En Marzo de 1910, el Dr. Wu dejó los estados unidos rumbo a Europa, pasando luego por Singapur y Hong Kong, rumbo a Beijing donde seguiría una peculiar carrera luego de la revolución, llegando a ocupar brevemente la presidencia cuando el Dr. Sun Yat-Sen se ausentó...



En 1908, el Dr. Wu hizo entrega de una maquinaria inglesa de relojería al entonces embajador de México en Washington, don Enrique Creel Cuilty (que regresaba a México para ocupar el cargo de Gobernador Constitucional del Estado de Chihuahua) a fin de que la otorgara como símbolo de buena voluntad al gobierno de su país con la intermediación de la comunidad china en México, y en recuerdo de las negociaciones que se habían hecho años atrás con su buen amigo Manuel Azpíroz; solicitaba además al gobierno mexicano tuviera la bondad de condescender, señalando un sitio donde levantar un “Monumento al Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre México y China”.

Aunque la idea era inaugurar el monumento en 1909 –año en que se ratificaría por diez años más el tratado– los convenios para erigir la torre del reloj público tardarían dos años; así en junio de 1910, don Manuel L. Chang -Presidente de la colonia- a nombre de la comunidad china en la Ciudad de México, entregó a don Guillermo Landa y Escandón, Gobernador del Distrito Federal el monumento, instalado donde años atrás estuviera una fuente dedicad a La Patria en la “rotonda grande” del Paseo de Bucareli.



Con una añeja tradición y asociación, ligadas al comercio con la Nueva España y la legendaria “Nao de China” (de hecho, la llegada del galeón San Pablo a las costas novohispanas se dio el 8 de octubre de 1565) , la población China que migraba a México venía creciendo desde 1895, con poblaciones importantes en Baja California, Chihuahua y el Distrito Federal; barcos provenientes de Cantón y Hong Kong desembarcaban en Mazatlán, Ensenada y Guaymas con cientos de varones chinos que se contrataban para impulsar la expansión del ferrocarril en el norte de México y el Suroeste de los Estados Unidos, mientras que otros viajaban al Estado de Chihuahua como jornaleros, a Yucatán contratados en la industria henequenera, y algunos se aventuraban al altiplano para probar suerte en el comercio.



Así, la inmigración China a México –que los vapores norteamericanos dedicados a su transporte catalogaban como “coolie labor”– pasó de unos 1,500 individuos en 1895 a 20,000 en 1910. Además, nos cuenta Ivonne Campos Rico que hacia 1910 en la Ciudad de México había una compacta comunidad China, que contaba cerca de 1,500 miembros activos; comunidad presente en varios giros comerciales y que aprovechaba toda oportunidad para hacerse presente.

En general, en el México de la primera década del siglo veinte, se veía a los chinos inmigrantes con asombro y reticencia, herederos de una tradición milenaria extravagante y atractiva, trabajadores y obstinados, pero dados a la farsa o el ardid y con propensión a consumir el opio que se había vuelto tan nocivo y popular en la China sofocada por el mercadeo del Reino Unido, Francia y Estados Unidos…



Aunque se dice que los chinos trajeron el opio a México (algunos insisten en que el cultivo y comercio de Sinaloa hacia los Estados Unidos inicia en el período), la demanda realmente importante hacia 1910 –cuando menos para los comerciantes citadinos–, se dio gracias al rescate y renovación del gusto por las “chinerías”, gusto que había estallado durante la colonia y sería retomado ahora en línea con el eclecticismo europeo que gustaba de las “Chinoiseries”…



Así las cosas para septiembre de 1910, cuando durante las “Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México” con fascinación se vio ondear la “dorada Bandera del Dragón del Celeste Imperio” en la capital mexicana...

La bandera de la dinastía Qing fue el vivo emblema adoptado a finales del siglo XIX con el Dragón Azul sobre un campo amarillo liso con una “llameante perla roja del cuervo de tres patas” en la esquina. Se convirtió en la primera bandera nacional de China y se la conoce generalmente como la "Bandera del Dragón Amarillo" y cuenta la tradición -dudosa- que proviene del atuendo imperial del emperador Kangxi.



Nos dice la “Crónica de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México” que:
“El Celeste Imperio comunicó, con fecha 21 de julio, haber sido nombrado Embajador Especial el Excelentísimo señor Chang Yin Tang, quien traería como secretarios á los señores R. J. Cay y Lian Lueng Fang, y con carácter de intérprete al señor Ping Tien Lu.”

“En el vapor americano ¨Esperanza¨ llegó á Veracruz, el 26 de agosto, á las 7 a. m., el personal de la representación especial de China, por lo que, á pesar de la lluvia persistente que caía, los malecones se vieron concurridos al oírse las salvas de quince disparos con que el cañonero ¨Bravo¨ y el baluarte de Santiago saludaban á la Embajada”


En la foto de arriba, que aparece en “Crónica de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México” publicado en 1911, se retrata a “S. E. el Embajador Especial, Excelentísimo Sr. Chang Yin Tang” y abajo al “Sr. Ping Tien Lu, Intérprete oficial de S. E. Chang Yin Tang”


Y sigue la “Crónica de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México”:
“A las 7 p. m. del 27, llegó á la Capital de la República el Excelentísimo señor Chang Yin Tang. Fué recibido en la estación, solemne y afectuosamente, por el señor Secretario de Relaciones, el señor Subsecretario del ramo y con iguales honores que los señores Embajadores llegados antes… Después partieron la Embajada y la comitiva en seis coches presidenciales á la elegante residencia que se tenía preparada al Embajador en la calle de Rosales, número 9.”



Esa casa con la "Bandera del Dragón Amarillo" era la casa Pozo diseñada por Dondé en 1878 y remodelada por el ingeniero Erghard Zwicker en 1900, por instrucciones de José G. De la Lama para Felisa Sevilla Espinosa de Lama (esposa de su hermano Eduardo Lama Gómez-Lamadrid) y que apenas en 1909 pasó a propiedad del gobierno de la República en un trámite muy similar al de la casa Cobián, cuando resultó afectada por adeudos tributarios y a fin de año, pasó a posesión del gobierno federal y entregada al ministro Limantour, quien la asignó a la cartera de Relaciones, incluyendo el mobiliario…


Nuevamente, de “Crónica de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México” de 1911, reproduzco arriba “Sala de la residencia de la Embajada China” y abajo “Antesala de la residencia de la Embajada China”.



Finalmente –abajo–una imagen que me resulta sorprendente (me pasma ver “escupideras” en un comedor): “Comedor de la residencia de la Embajada China, también de “Crónica de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México” publicado bajo la dirección de Genaro García y por acuerdo de la Secretaría de Gobernación en 1911.



De aquella casa en Rosales partirían S. E. el Embajador Especial, Excelentísimo Sr. Chang Yin Tang y su comitiva a los diversos eventos organizados por las autoridades y las presentaciones protocolarias, que incluyeron la presentación de cartas credenciales en compañía del marqués de Polavieja, embajador especial de España y representante de SRM Alfonso XIII.



Las visitas durante los primeros días de septiembre incluyeron un paseo a Chapultepec, la inspección del “Monumento/Reloj al Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre México y China” en la glorieta de Bucareli y un convivio en la casa del matrimonio De la Torre/Díaz –apenas a unos pasos de la Embajada–, donde el Sr. Chang Yin Tang pudo deleitarse reposando en el “salón chino” de la residencia…



Cada día presentaba nuevos eventos y agasajos, y resulta interesante imaginar el contexto solemne y festivo que presentaba en esos días la capital mexicana, ilustrado gracias a la imagen de abajo, que en 1904 mira el cruce de Paseo de la Reforma, el dedicado a Antonio María de Bucareli y Ursúa , así como las calles de José María Patoni y José Antonio Rosales, justo frente a la estatua ecuestre de Carlos IV. (ver)



Las salidas del Embajador y su comitiva eran motivo de celebración, ya que la comunidad china en México se mantenía pendiente, y los curiosos gustaban de acercarse a mirar los sorprendentes atuendos con que “Los Chinos” salían a los encuentros oficiales. Particular interés despertaban el sombrero de seda o Qing Guanmao (清代官帽) y la “Queu” o “Corte Manchú”, un peinado específicamente masculino usado por los manchúes y luego impuesto a los chinos Han durante la dinastía Qing: El cabello en la parte frontal de la cabeza se rasuraba por encima de las sienes cada diez días y el resto del cabello se trenzaba en una larga coleta.



Además de las celebraciones protocolarias, brindis, cenas y discursos, S.E. el Sr. Chang Yin Tang presenció otro evento importante en el Salón Panamericano, ceremonia trascendental para la comunidad china en la Ciudad de México que se celebró el 20 de septiembre de 1910.


Tomo nuevamente de “Crónica de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México”:
“Una docena de muebles de madera riquísima y muy finamente tallada, varios cortinajes opulentos y un tapiz maravillosamente bordado constituyeron el regalo hecho por la colonia china al Gobierno de México, con motivo del Centenario. Son obras de arte que dan la muestra de una refinada cultura y un gusto depurado; se advierte en ellas el reflejo de una civilización espléndida y original, que será más y más conocida en México mientras los vínculos que ligan á ambos pueblos siguen estrechándose. El valioso obsequio fue colocado en uno de los salones de la Presidencia.”
“La ceremonia de entrega se efectuó el día 20 de septiembre, en el Salón Panamericano del Palacio Nacional, y no en la sala de recepciones diplomáticas, porque no se trataba de un obsequio de Estado á Estado, sino de un regalo de particulares residentes en México y consagrados por completo al trabajo; y si bien el señor Encargado de negocios de aquel Imperio representó á la colonia china, esto no se debió á carácter oficial alguno, sino á un buen deseo de los donantes.”


“A las doce del día apareció en el estrado de honor del Salón Panamericano el señor Presidente de la República, seguido por los miembros de su gabinete y luciendo, como un homenaje a China, la condecoración del Doble Dragón. Pocos momentos después, acompañados por el Primer Introductor de Embajadores, don Luis S. Carmona, el señor Tam Pui-Shum Encargado de Negocios de China; el señor Manuel L. Chang, Presidente de la colonia, y los señores Luis Chang Leun Kam Ming, Tam Quang Lung, Antonio Pérez, Tam Man Yin y J.H. León avanzaron lentamente con las formalidades de costumbre hasta llegar al pie de la plataforma donde se encontraba el señor Presidente”


El “ajuar” (Conjunto de muebles y enseres de uso común en las casas) resultó de enorme interés y sería exhibido durante octubre y noviembre en Palacio para ser trasladado luego a Chapultepec, donde forma parte del acervo del Museo Nacional de Historia, aunque los “varios cortinajes opulentos y un tapiz maravillosamente bordado” o el biombo de crisantemos ya no se exhiben.

El Sr. Chang Yin Tang y su comitiva dejaron la ciudad de México con rumbo a Veracruz el 29 de septiembre, renunciando a la casa de Rosales N°9 que los acogió durante el período. El inmueble regresaba a la custodia de la Secretaría de Relaciones, a cargo de don Enrique C. Creel que para marzo de 1911 dejaría el despacho en manos de Victoriano Salado Álvarez y la casa como “Residencia para visitantes distinguidos”, inmueble que don Pedro Lascuráin -Secretario de Relaciones Exteriores en el Gabinete de Francisco I. Madero- aprovecharía grandemente.



1911 sería período turbulento y un mal año para la comunidad China en México:
“Las calles de Torreón a las tres de la tarde estaban cubiertas de cadáveres… La consternación en que quedó la ciudad es indescriptible, no hay palabras con que expresarla".
Líneas del periodista Delfino Ríos, testigo del asesinato de 303 chinos que ocurrió el 15 de mayo de 1911. Según varios historiadores, fue la masacre más violenta de ciudadanos chinos en la historia del continente americano; la mitad de la comunidad china de Torreón -Coahuila-, en el noreste de México había sido asesinada...

Además, nos dice Wikipedia:
“Se conoce como Decena Trágica al golpe militar que tuvo lugar del 9 al 19 de febrero de 1913 para derrocar a Francisco I. Madero de la presidencia de México. La sublevación se inició en la Ciudad de México, donde un grupo de disidentes comandado por el general Manuel Mondragón se levantó en armas y puso en libertad a los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz, quienes estaban presos. Posteriormente, asaltaron algunas dependencias de gobierno y decretaron estado de sitio.”

Y poco más adelante, luego de describir el asalto a Palacio Nacional y la toma de “La Ciudadela” nos explica:
“A las 10:30 a. m. del 11 de febrero comenzaron las acciones bélicas. Huerta ordenó el ataque de artillería, pero solo le proporcionó a Ángeles obuses de metralla que no hacían ningún daño a La Ciudadela y a Rubio Navarrete no le dejó en claro sus objetivos. Siguiendo el plan acordado, las cuatro columnas de leales realizaron un avance frontal siendo blanco directo de los rebeldes. De acuerdo con Urquizo, quien fue testigo de los acontecimientos, «sólo siendo muy animal se podía creer que pudiera tomarse una fortaleza montados a caballo y caminando por un lugar barrido por las ametralladoras». Las calles quedaron llenas de cadáveres de hombres y caballos, ese día hubo más de quinientos muertos y heridos. El Reloj Chino ubicado en la glorieta de Bucareli y Atenas, que había sido obsequiado por ese gobierno con motivo de las celebraciones del centenario de la Independencia de México, fue completamente destrozado.”



Esas últimas palabras siempre me han sorprendido, no solo por la violencia de los acontecimientos en Torreón y la Ciudad de México, sino por la idea de que “El Reloj Chino ubicado en la glorieta de Bucareli y Atenas”… “había sido obsequiado por ese gobierno con motivo de las celebraciones del centenario”, malentendido que se ha repetido insistentemente en innumerables fuentes.

Uno de mis textos favoritos especula:
“El Reloj Chino fue un obsequio del último emperador chino, Puyi, y su gobierno, con motivo del centenario del inicio de la guerra reformista de México.” Y agrega “fue el embajador chino, chan Yin quien lo trajo con enorme cuidado y exponiendo su integridad física, en un viaje que demoró siete meses en el vapor Esperanza de los Mares, y prorrogando luego tres días más de penurias en llegar del puerto a la ciudad de México”


Al “ajuar” obsequiado por la comunidad china en México aquel 20 de septiembre de 1910, acusaría un ensueño similar, y para 1921 se exhibía en la Residencia Presidencial de Chapultepec como “los muebles que la Emperatriz de China había presentado en 1910”, agregándose un retrato de la emperatriz viuda Cixí o Zishí (chino: 慈禧) como amuleto, sin importar el que hubiera muerto en 1908…



Los muebles laqueados e incrustados que la comunidad china obsequió al gobierno de México han sido parte del mobiliario de Chapultepec y parte integral del decorado durante el período en que fue residencia presidencial luego de la revolución; cuando en 1921 se festejó el fin de la lucha armada, coincidiendo con el fin de la lucha de independencia, el grupo de muebles formaba parte del “Salón Chino”, antesala de la terraza baja.





Cuando en 1939, la residencia presidencial migró a “Los pinos” y destinó el Castillo de Chapultepec a un “Museo Nacional de Historia moderna” a cargo del INAH, el salón se amuebló como “Salón de Acuerdos” y los muebles chinos se designaron como exhibición de un nuevo aposento. Lo curioso, es que en el “salón fumador”, que está amueblado y decorado con piezas de procedencia china, japonesa y de la Compañía de Indias holandesas, se exhiben muebles de procedencia diversa, sin importar cambiar la cédula que indica “Ajuar Chino que se entregó a México durante las Fiestas del Centenario”…





Para “Rosales 9” no tengo datos específicos de lo que aconteció luego de la Revolución; en una nota publicitaria de la “Lotería Nacional” fechada en 1925, donde se ostenta como sede lo que había sido residencia De la Torre y Mier–Díaz (ver) aún aparece el inmueble en la calle de José Rosales, a espaldas de la estatua ecuestre de Carlos IV.




Arriba, en una toma captada dese la obra para transformar parte de la estructura del Palacio Legislativo en “Monumento a la Revolución” -que debe haberse tomado cerca de 1934- se distingue la calle de Rosales y la casa del N° 9 con una araucaria en su jardín; abajo, en el detalle de una toma oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1936 aún aparece la casa, aunque desprovista de jardín y para 1947 parte del trazo de la calle Basilio Vadillo ya se había modificado.



En 1949 se dio continuidad a la calle dedicada a don Ignacio Mariscal con el fin de desembocar en la ampliada avenida Rosales/Guerrero y preparar los trabajos de ampliación del Paseo de la Reforma; en ese período se destruyó la casa edificada en 1878.



Luego de la ampliación del Paseo de la Reforma iniciada en 1952 para “dar continuidad al trazo”, se destruyeron innumerables construcciones trascendentes para extender el Paseo unos 2.6 kilómetros hasta llegar a la Glorieta de Peralvillo. Una de las pérdidas más tristes, sería la casa de don Francisco Espinosa que había sido adecuada como sede de la secretaría de Relaciones Exteriores y remodelada tanto por el arquitecto Nicolás Mariscal en 1906 y con grán éxito por el arquitecto Carlos Obregón Santacilia en 1923 (ver).



Siempre me resulta interesante recordar lo que había donde hoy está otra cosa. Las modificaciones a nuertra cuidad me resultan apasionantes, más aún cuando se tejen historias fantásticas en derredor de cosas como un reloj...


Luego de que el “Reloj Chino” de Bucareli sufriera daños irreparables durante la Decena Trágica de 1913, fue necesaria una reconstrucción completa, empresa que estuvo a encargo del arquitecto Carlos Gorbea, autor también del Teatro Principal de Tenango del Valle. El nuevo diseño tomó como inspiración los innumerables relojes ingleses que en las antiguas colonias (particularmente Australia) se habían levantado durante los primeros años del siglo.


El nuevo reloj –con maquinaria proporcionada por “La Emeralda” – fue inaugurado el 29 de septiembre de 1921 en el marco de las “Celebraciones del Centenario de la Consumación de la Independencia de México”, celebraciones que también implicaron llevar los “Pegasos” de Agustín Querol –creados como remates del Teatro nacional” – a la Plaza de la Constitución, y emitir monedas de oro de cincuenta pesos, que por eso llamamos “Centenarios”…





Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (ya hay más de setenta), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…

También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html (ver)











Como complemento a la historia del “Monumento al Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre México y China” que todos conocemos simplemente como “Reloj Chino”, reproduzco abajo el texto íntegro de ese tratado, signado el 14 de diciembre de 1899, por S.E. Wu Tingfang (伍廷芳), ministro plenipotenciario del Gobierno de la Dinastía Qing de China en los Estados Unidos y S.E. Manuel Azpíroz Mora, ministro plenipotenciario del Gobierno de la República Mexicana en los Estados Unidos y publicado el 30 de Julio de 1900 por la Secretaría de Relaciones Exteriores.

















2 comentarios:

  1. Saludos,fantástico blog,me gustaría conocer la historia de la antigua embajada de Japón que fue dañada en la Decena Trágica.Isaac C. Victal.

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  2. Muy ibteinteres, me gustaría conocer la historia de la casa ubicada en Río Rhin y reforma construida en 1920.

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