jueves, 3 de febrero de 2022

La casa de don José Luís Giribet y Solovera en Aristóteles 232.



Edificada en 1941 como parte del impulso inmobiliario de la Fraccionadora Cedros y comprada en 1949 para albergar su creciente colección, la casa de Aristóteles 232 aún se conserva prácticamente intacta, aunque ha perdido el espectacular amueblado de que la dotara don José Luis Giribet, comerciante que hacia 1948 logró agrupar una sorprendente colección de muebles y elementos decorativos que siguió creciendo durante cuarenta años y –aunque cuestionados y objetados– se podían calificar de excepcionales.

En una entrevista registrada poco antes de su inesperada muerte en 1987, don José Luis declaraba orgulloso:
“Lo sencillo no me gusta; me agrada lo esplendoroso…”


Para el viandante casual, poca preeminencia parece tener la fachada de la casa número 232 en la calle de Aristóteles, a medio camino entre las avenidas Homero y Horacio de Polanco, casa que –a pesar de estar ya desocupada y en venta a inicio de 2022– con su gran ventanal de doble altura en fachada, pareciera recordar aún el espectacular –y cambiante– mobiliario que albergó entre los años 50’ y 80’ del siglo XX y que para 1989 se dispersó y fortuitamente ha reaparecido en subastas diversas en distintos países, incluyendo el espectacular lienzo que recrea el “Louis XV en costume de Sacre” de Louis-Michel Van Loo…


Don José Luis Giribet y Solovera nació en Santander -España-, hijo de don Marco Antonio Giribet y la condesa de Solovera (dama de honor para doña María Victoria Eugenia de Battenberg, reina consorte de Alfonso XIII); abajo en una fotógrafa captada en enero de 1923 durante un concierto a beneficio de los Sanatorios Antituberculosos, aparecen Ss.Mm. las Reinas doña Victoria Eugenia y doña María Cristina acompañadas por sus damas de honor, incluida la Condesa de Solovera (a la extrema izquierda).


Don José Luis estaba además emparentado con don Mariano Giribet Solovera, amigo cercano de don Miguel Primo de Rivera –que gobernó el país entre 1923 y 1930– y que en 1930 asistiría a los funerales del dictador con la representación de la familia. Aunque la unión del linaje con la casa de Borbón era tenue, don José Luis siempre la apuntó y en ese tenor hacía frecuente alusión a las hazañas de Luis II de Baviera –der Märchenkönig–, que con emoción recreó la opulencia del Palacio de Versalles de Louis XIV de Francia en Herrenchiemsee


Arriba, una “Commode” –uno de los fantásticos muebles que para la recámara de Luis XVI en Versalles creó Jean-Henri Riesener, que ahora se exhibe en el Musée Condé en el Château de Chantilly– de la que una buena copia adornaba el recibidor de la casa Giribet en Polanco.


A pesar de estar la familia ligada a la Falange Española, luego de la guerra civil don José Luis permaneció en México –con varios de sus hermanos– y se estableció como parte de una ventajosa empresa comercial que a pesar de la ruptura de relaciones con España logró notables beneficios en la exportación de materia prima y le permitió el importar amueblado y objetos decorativos de ultramar.

Los varios giros empresariales en que se vio involucrado con la familia, le consintieron a viajar constantemente a Europa y en los diversos viajes –siempre puntuados por la visita a alguna subasta o anticuario– fue acumulando una sorprendente cantidad de enseres que trasladó a México y que para 1949 encontrarían exhibición en Polanco, tanto en el Nº 232 como en el Nº136 de Aristóteles, donde adquirió otro inmueble que perteneció a doña María Félix.



En Polanco, aquel fraccionamiento que en 1948 nació como “Chapultepec-Polanco” por el impulso de la empresa urbanizadora “De la Lama y Basurto”, había seguido extendiéndose hacia el Este y Norte, y desde 1941 –ya para entonces a cargo de la “Urbanizadora Cedros”– se habían trazado las calles entre las hoy avenidas Ejército Nacional y Horacio. Arriba, el fragmento de una imagen aérea de la Compañía Mexicana de Aerofoto, fechada en 1945 en que aparecen las avenidas Homero y Horacio (con los cedros que se habían plantado a lo largo de una vía férrea de la Hacienda de los morales. Ver  ), y al centro la calle de Aristóteles, en la que he señalado la casa Nº232.

En un predio de 438 m² y frente de casi quince a la amplia calle dedicada al filósofo, polímita y científico nacido en la ciudad de Estagira, Aristóteles –Ἀριστοτέλης–, la casa no es lo que se esperaría como marco para albergar una destacada colección de muebles y decoraciones, pero era apenas el paso inicial en un proyecto que prevería construir un gran recinto para albergar el repertorio, proyecto que al paso del tiempo se modificó, con la compra de una casa que había pertenecido a doña María Félix (Ver), apenas unos metros al sur y sobre la misma calle.


En el Número 287 de “SOCIAL” que apareció en junio de 1960, se hacía –en la sección “la Mesa Elegante y Residencias de México”– un recuento que reseñaba la casa de don José Luis Giribet y Solovera, y que a la letra detallaba:
Con renovado interés vuelve SOCIAL a la magnífica residencia de don José Luis Giribet y Solovera, sita en las calles de Aristóteles, de la Colonia Polanco. Ahora, encontramos no solamente la extraordinaria colección de piezas de indiscutible mérito, ya mencionadas en aquel reportaje publicado hace seis años. De sorpresa en sorpresa fuimos anotando en nuestro carnet los nuevos bellísimos objetos que en el transcurso de estos años don José Luis ha ido atesorando durante sus muchos viajes por el extranjero. ¿Será necesario insistir en la inigualable calidad de todo lo que aquí ofrecemos?



E iniciaba la descripción de 1960 con:
Desde luego, la fachada presenta una discreta y elegante modernidad con atinadas soluciones en la combinación de los materiales empleados: pasta gris arena, cantera de Guanajuato para el marco del gran ventanal, hierro esmaltado en blanco para las mangueterías, barandales a la forja y como complemento, bellas plantas de ornato en el jardín, de las que resaltan los preciosos injertos de rosal en plena floración. La puerta principal y la del garaje, esmaltadas en blanco.

El texto firmado por Mariano Dueñas dista mucho de las reseñas que años antes preparaba para los lectores de SOCIAL don Francisco Borja Bolado -director de la publicación- y en algunos casos comete doloridos errores y tropieza con imprecisiones.
Al transponer el umbral, pasando por el breve y muy agradable vestíbulo, colocamos nuestra cámara en perspectiva hacia el salón. Algo único en donde hay de todo: lujo, buen gusto y extraordinarias piezas, algunas únicas en el mundo. Desde luego, anotamos los suaves tonos de la decoración en grises para los muros y plafond, y negro en el mármol del piso, recubierto este casi en su totalidad por dos regias alfombras, Kirman Imperial la del fondo y china le del primer término. El set del primer término está formado por el juego auténtico –Luís XV– con tapices de Aubusson, de tonos muy delicados en franca armonía con el oro de la madera. La mesita, Luís XV también con adornos de bronce dorado y en ella, tres piezas de porcelana e Meissen, parte de la gran colección que aquí encontramos. Junto al sofá, cómoda de la época con medallones de Sévres, cubierta de mármol y sobre ella, piezas de Lalike (por Lalique) y otras de Meissen. Mencionamos especialmente, el óleo –batalla–, firmado por Carlo Moretti (1676-1739).


Siempre me resulta triste el no poder ver los colores en las imágenes de la revista, y un ejemplo indiscutible es la “cómoda” –en rigor un Meuble à Hauteur d'Appui– con medallones de porcelana de Sévres, que sin duda debió ser sorprendente…


Para el “juego auténtico –Luís XV– con tapices de Aubusson”, se pueden encontrar innumerables equivalencias, y muestro un conjunto que apareció en “Auction/France” por 2015 como: “IMPORTANT MOBILIER DE SALON EN BOIS DORE RECOUVERT DE TAPISSERIE D’AUBUSSON Comprenant un canapé et quatre fauteuils. Modèle à dossier plat sculpté de fleurettes en son milieu, au milieu de la traverse avant et en haut des pieds avant cambrés. Accotoirs en coup de fouet. Ils sont recouverts d’une superbe tapisserie d’Aubusson présentant des personnages sur les dossiers et des animaux sur les assises. Beau travail de style Louis XV exécuté au XIX siècle.”


Complementando la idea del mobiliario, los tapetes parecen haber sido de buena factura, en particular el Kirmān Imperial del fondo, con su gran medallón central, inspirado en los producidos durante el S. XV y XVI en la región de Kirmān en el sur de Persia.

Y sigue Mariano Dueñas:
¿No cree el lector que este ángulo de la casa es algo verdaderamente magnífico?
Está formado por la chimenea, finamente tallada en cantera gris, con cubierta de mármol y en ella tres piezas de Sévres, enjoyado, de las que sobresale el reloj, considerado único por estar rematado en la parte de arriba con un jarrón. En el muro, obra del gran maestro del rococó Jean Marg (Sic.) Nattier (1685-1776), estupendo retrato de Luís XV, que luce primorosamente en traje de Corte –cetro, sedas, armiño–. A los lados dos piezas únicas: candelabros de Meissen, hechos para el rey Luis de Baviera en 1845 y exhibidos en la exposición de Bruselas en 1850. Tienen tres metros de altura y priva en ellos el tono rojo bermellón, el oro y poseen doce brazos. Un par de menores dimensiones fue obsequiado por Luis de Baviera a la reina Victoria y están actualmente en el Castillo de Windsor. Mencionamos finalmente el biombo de la chimenea con tapiz de Aubusson y la cómoda de la izquierda, de la misma época, así como el óleo y la pieza de porcelana austriaca.


En realidad, el óleo es una de las copias que se hicieron de un fragmento del gran óleo de Louis-Michel Van Loo –pintor oficial de le Corte española y retratista de Luis XV– con el título “Louis XV en costume de Sacre” que copiaría Jean-Martial Frédou de la Bretonnière –alias Frédou– en1766. Este lienzo es relevante porque la tela original de Van Loo está extraviada y apenas existen dos copias directas, una en Versalles (del propio Frédou, respetando la composición y dimensiones originales) y otra en Beaune, además de otras diversas copias de autores y aptitudes diversas…


Así, el “retrato de Luís XV” no es “obra del gran maestro del rococó Jean Marc Nattier” como nos dice Dueñas, sino la copia de una sección del lienzo de Louis-Michel Van Loo con el título “Louis XV en costume de Sacre” (Luís XV en atuendo de investidura) de Frédou, y formó parte de un lote de lienzos que se vendió –éste como “Portrait of Louis XV in coronation attire, french school of the 19th century”– en la subasta de la casa Christie’s de Nueva York en 1999.

Al mirar la composición, no me cabe duda que la intención de Giribet fue repetir la disposición que en Herrenchiemsee creó Luis II de Baviera –der Märchenkönig–, festejando la opulencia del Palacio de Versalles de Louis XIV de Francia, aunque con un retrato más corto de Luis XV y candelabros monumentales austriacos…



En lo referente a esos “Candelabros de Meissen” me ha sido imposible rastrear su paradero, encontrar piezas equivalentes en los catálogos de “Meissen Manufaktur” o ubicar los que adornaron el Castillo de Windsor. Son piezas poco comunes y con algunas características que no son frecuentes en las piezas de Meissen, y parecerían más pertenecer a la escuela de Dresden o Capodimonte…

Superficialmente, las piezas tienen más afinidad con lo producido por la Kaiserlich privilegierte Porcellain Fabrique (Real fábrica de porcelana de Viena) que cerró en 1864, o la Sächsische Porzellan-Manufaktur Dresden (conocida como la fábrica de porcelana de Dresde) que desde 1872 inició su gran producción desde Gründerzeit. En todo caso, abajo aparece don José Luis mostrando -orgulloso- uno de sus candelabros monumentales de tres metros de alto, en 1970.



Retomando el texto de Mariano Dueñas:
Tenemos ahora el enfoque opuesto, del fondo del salón hacia el vestíbulo, perspectiva en la que se pueden apreciar con mejor detalle de lo ya descrito, destacando además el busto de mármol de María Teresa de Austria, Emperatriz de Francia, firmado por Barye, sobre graciosa columna jónica, de mármol también. Los candelabros, franceses, del siglo XVIII, en bronce y mármol y, en forma especial, la gran cómoda Luís XIV –anterior a la época de Boulle– con preciosos adornos de bronce y en bronce, trabajados a la cera perdida, varios “amorcitos” y cuatro atlantes. Sobre la cubierta de mármol, juego de Meissen –reloj y jarrones– con escudos imperiales. El óleo es obra de Sir William Beechey y es el retrato del príncipe de Courselles.


Aquí nuevamente sorprende la descripción de Dueñas, con su “gran cómoda Luís XIV”–mueble que en la foto se distingue a la derecha y al fondo– y que no es otra cosa que una réplica de una de las fantásticas piezas del mobiliario que para la recámara de Luis XVI en Versalles creó Jean-Henri Riesener, y de la que constantemente aparecen en subasta copias de mudable calidad. La “Commode” de Riesener, fue parte de un conjunto encargado en 1775 y que sería intervenido por el propio autor luego de la Revolución (cambió el lienzo central de marquetería que representaba a Minerva con los escudos del rey y la reina) y ahora se exhibe en el Musée Condé en el Castillo de Chantilly; la cómoda de Giribet era una copia probablemente ejecutada por la casa “E. Kahn & Cie.” de París, entre 1910/20.


Creo necesario anotar que el ebanista, escultor y decorador francés André-Charles Boulle (París, 1642 – 1732) estuvo activo durante el reinado de Luis XIV, y obtuvo el nombramiento de «ebanista del rey» en 1672; los muebles de Riesner se encargaron en 1775, tiempo luego de muerto Boulle. Además, creo necesario agregar que los “preciosos adornos de bronce y en bronce, trabajados a la cera perdida… y cuatro atlantes” corresponden a cuatro figuras –en bronce dorado de magnífica factura al igual que el resto de la ornamentación– que representan a Marte, Hércules, Prudencia y Templanza…



Encima de la “Commode” de Riesener, el “juego de Meissen –reloj y jarrones– con escudos imperiales” debe haber agregado sorprendente colorido, y es muy del gusto de quienes aprecian la porcelana blanca; recordemos que en Meißen (una ciudad alemana en el ahora estado federado de Sajonia) se produjo la primera porcelana Europea –en el castillo gótico de Albrechtsburg–, ya que antes solo las piezas importadas de oriente estaban fabricadas con la pasta blanca –a base de caolín– con superficie blanca y lustrosa que se consideraba refinada y distinguida.

Luego del éxito experimental en 1708 de Ehrenfried Walther von Tschirnhaus, la producción de porcelana de Meissen comenzó recreando piezas que intentaban replicar las decoraciones chinas, y luego en 1710 atrayendo artistas y artesanos que crearon una nueva estética. La compañía sigue activa como Staatliche Porzellan-Manufaktur Meissen GmbH y su logotipo –dos espadas cruzadas– se creó en 1720 con la intención de protegerse de falsificaciones.


Las piezas de porcelana de Meissen obedecían a una estética que no necesariamente resulta atractiva a la mirada contemporánea, pero su extraordinaria calidad e influencia en el siglo XVIII, estimuló la competencia, y otros países –luego del arduo proceso de encontrar caolín y re-descubrir los procesos de cocción y esmaltado, que en Meissen se guardaban celosamente– crearon sus propias fábricas de porcelana, entre las que destacaría en la Francia de 1740, la Manufactura de Vincennes que se fundó con el apoyo de Luis XV y Madame de Pompadour, y que llevaría a la creación de la prestigiada Manufacture nationale de Sèvres.

Finalmente agregar que me parece improbable el que Sir William Beechey haya pintado un retrato de Daniel de Rémy de Courcelle , Sieur de Montigny, de La Fresnaye et de Courcelle (1626-24 de octubre de 1698) que fuera el Gobernador general de Nueva Francia desde 1665 hasta 1672, ya que los retratos de Beechey giran en torno a personajes de la política inglesa; es más plausible que el lienzo presentado en el recibidor se tratara de la copia de un retrato de Robert Le Vrac Tournières, que pintaba a los funcionarios francéses del período, tal y como lo hiciera con Charles de la Boische en el retrato del Marquis de Beauharnois –Gobernador de Nueva Francia entre 1726 y 1747–, lienzo fechado en 1748.



De vuelta a la descripción de la casa en SOCIAL de Junio de 1960:
Estamos ahora en el comedor, señorial también. La decoración de los muros y el plafond, realizada en suaves tonos de gris. El piso de mármol negro y el menaje compuesto por un auténtico juego Chippendale, formado por la mesa de extensión, las sillas tapizadas de damasco rosa igual que el de las cortinas. En la vitrina –a la derecha–, rica colección de cristal cortado y en el aparador –a la izquierda–, bellísimas piezas de Meissen. De muy buen gusto, el carré de cristales en el muro, que multiplica las bellezas del conjunto. Al fondo, dos estupendos tibores de Sajonia, que tienen como base cuatro esfinges de bronce. Al centro, en bronce también, busto de María Antonieta. Mencionemos finalmente la gran alfombra china, los arbotantes y candil de Lalike (Ibid.)…


El “busto de María Antonieta” parece ser una de las innumerables réplicas que en bronce se hicieron del famoso busto en mármol “Marie-Antoinette, reine de France (1755-1793)” de Felix Lecomte que se conserva en el palacio de Versailles. Mientras que los “dos estupendos tibores de Sajonia” deben haber sido piezas de especial importancia para don José Luis, ya que frecuentemente se retrató con ellos…


No se piense que “el carré de cristales en el muro” complementando la decoración es cosa extraña: en el mismo período la casa de la familia González Jauregui/Rivas -ahora centro Cultural Helénico- (Ver) en la Avenida Revolución, ostentaba el mismo tipo de contraposición, también con un “carré de cristales en el muro, que multiplica las bellezas del conjunto”…



Y retomando el texto de Mariano Dueñas:
Pasamos a la planta superior y en el enfoque vemos un salón íntimo, no menos elegante que el resto de la casa. Desde luego, el gran sofá y los sillones tapizados en seda roja y blanca, piezas muy elegantes, de líneas modernas, que van muy bien con todo el conjunto. El tapete es chino, como los ya descritos anteriormente. En el centro, mesita francesa con taraceas de nácar y filetes de metal. El óleo del muro es retrato del príncipe-cardenal Armand Gastón de Rohan, pintado en 1740 por Alexander Sacharoff. A los lados, paisajes holandeses, óleos del siglo XVIII. Y en primer término dos fabulosos –esa es la palabra– candelabros que pertenecieron a los Médicis, en bronce con base de mármol.


Me inquieta el pensar que el Palazzo de los Médici en Florencia –obra de Michelozzo di Bartolomeo edificada en 1444, por encargo de Cosme de Médici– hubiera albergado algunas piezas con esas características; me parece que más tienen de barroco que de renacentista los candeleros. Para ilustrar, aparece abajo un magnífico candelero de la capilla lateral de la basílica de Santa María degli Angeli e dei Martiri –en Roma–, pieza de indudable estirpe barroca…


Algo que sí me asombra, es que en la casa se exhibera el “Portrait d’Armand-Gaston-Maximilien, Cardinal de Rohan-Soubise”, atribuido por Mariano Dueñas a Alexander Sacharoff y que es en realidad obra del estudio de Nicolas de Largillière (francés, 1656–1746), lienzo que en 2010, apareció en la subasta del 22 de mayo de “Neal Auction” de Nueva Orleans…



Los lectores de SOCIAL pueden ver una de las muchas piezas de Boulle que se encuentran en diversos lugares de la casa. Esta cómoda (1.60 de alto por 2.00 metros de longitud) pertenece a la mejor época del inigualable maestro que fue Charles-Augusto Boulle, que con sus creaciones llenó los palacios del “gran siglo”. En las vitrinas hay piezas de mucho mérito, destacando una corona de oro, diamantes y amatistas. El reloj -sobre la cubierta-, francés, de bronce con plaquillas de porcelana. Estaba en el Palacio Real de Madrid y es regalo de S. M. el rey Alfonso XIII y la reina María Victoria Eugenia a la condesa de Solovera, dama de honor de la reina y madre del dueño de la residencia que visitamos.


Como ya anoté antes, el ebanista, escultor y decorador francés André-Charles Boulle (París, 1642 – 1732) estuvo activo durante el reinado de Luis XIV, y obtuvo el nombramiento de «ebanista del rey» en 1672. Aunque dejó cuatro hijos que siguieron sus pasos –Jean-Philippe (1690-1745), Pierre-Benoît († 1741), Charles-André (1685-1749) y Charles-Joseph (1688-1754)–, ninguno es “Charles-Augusto”.
La “marquetería Boulle” es reconocible por la inserción en maderas preciosas de materiales como concha de tortuga, cobre, nácar y latón; aunque la técnica apareció desde el S. XVI, sería Boulle quien la llevaría al esplendor con el detallado ensamblaje de los diversos materiales.


Aunque esta era seguramente una pieza fabricada en el S.XIX y vendida como “Enfilade en marqueterie Boulle, avec porte bombée pleine en façade et lateraux avec porte galbée et vitrée”, el trabajo de marquetería en carey y lámina de latón dorado tendría el mismo hechizo que las piezas del S. XVIII, aunque no necesariamente la legitimidad...



En lo que se refiere al “reloj francés, de bronce con plaquillas de porcelana”, se trataba seguramente de una pieza francesa en bronce cincelado y dorado, con mosaicos polícromos en porcelana de Sèvres y manufactura decimonónica. Al paso del tiempo, innumerables “pendule” han salido al mercado y generalmente resultan sorprendentes…



Recuérdese que la idea de tener una máquina que señalara el tiempo en una caja compacta, fue sinónimo de riqueza desde el S. XVII, y los palacios se llenaron de esas máquinas de tiempo; aunque hay varios fabricantes de maquinaria, con regularidad las cajas se encargaron a artesanos diversos y los diseños fundidos y labrados en bronce dorado se engalanaron con aderezos diversas, incluidas placas de porcelana elaboradas en Sèvres

Arriba y abajo: “Horloges Style Louis XVI avec Plaques en Porcelaine Sévres” magníficos ejemplos de “Garniture cheminée” subastados recientemente y que siguieron siendo populares en el siglo XIX a pesar de ya no ser vanguardia...



En innumerables ocasiones, la “Manufacture nationale de Sèvres” colaboró con relojeros para ejecutar las “Garniture compéte” a la manera de la que adorna la chimenea principal de la casa, complementando el reloj con jarrones y piezas de porcelana en el tradicional color azul cobalto y oro…




Sigamos con la descripción de Mariano Dueñas:
En este enfoque vemos una parte del Hall superior. En el centro, mesa –otra pieza de Boulle– sobre la que están dos jarrones enjoyados de Sèvres en azul cobalto y juego de té, inglés, en plata finamente trabajada, de elegantes líneas. Al fondo, otra cómoda de Boulle y en el muro, retrato de James, duque de York, obra de Sir Godfrey Kneller (1645-1723), que pintara también los retratos de Luis XIV de Francia, Jaime II de Inglaterra, Guillermo II, Pedro el Grande, catalina de Rusia, la reina Ana, Carlos VI de España…. A la derecha, otra de las extraordinarias pinturas que posee el señor Giribet: un Rubens (1577-1640) “La Diosa del Amor”. Sin comentario.


Mucho me temo que la nota si requiere de comentario…

Aunque es factible que el lienzo que se distingue a la extrema derecha si presente a Venus/Diana (diosa del Amor) y al lado un Cupido desprovisto de su flecha –una popular historia, registrada por Ovidio en que Venus queda prendada de Adonis por las diabluras de Cupido–, es imposible que el lienzo de la fotografía provenga del pincel de Rubens…

Aunque Pedro Pablo Rubens tocó el tema –un buen ejemplo es “El jardín del Amor”, lienzo que se conserva en el Museo del Prado– el óleo de la casa Giribet no tiene elemento alguno que nos haga pensar siquiera en el pincel exuberante, dinamico y sensual de Rubens. Siendo liberal, se me ocurre que pudiéramos estar frente a algún discípulo o seguidor de François Boucher (1703-1770), que con tantas variantes pintara la “Venus desarmando a Cupido” (Venus desarmando a Amor o el Baño de Venus), obras que tan copiadas e interpretadas fueron en el siglo XIX…


Sospecho que el desconocimiento del tema por parte de Mariano Dueñas, una terrible confusión al tomar notas, o mala información por parte de don José Luís, le llevaron a registrar el lamentable traspié y algo similar sucede con “retrato de James, duque de York, obra de Sir Godfrey Kneller (1645-1723), que pintara también los retratos de Luis XIV de Francia, Jaime II de Inglaterra, Guillermo II, Pedro el Grande, catalina de Rusia, la reina Ana, Carlos VI de España”…

Sir Godfrey Kneller (cuya ficha señala como fecha de nacimiento el 8 de agosto de 1646 y el 19 de octubre de 1723 como fecha de muerte) fue efectivamente un retratista que sirvió como pintor en las cortes de varios reyes ingleses; alumno de Ferdinand Bol y Rembrandt, su obra es numerosa, habiendo retratado a una decena de monarcas europeos –incluído Luis XIV de Francia– y creando al menos cuarenta y cuatro retratos de los miembros del Kit-Cat-Club, un club de hombres de letras y destacados políticos. Efectivamente, Kneller retrató a “King James II as Duke of York” –retrato que se conserva en The National Trust– pero ese retrato -abajo- poco tiene que ver con el que aparece al centro de la imagen que se publicó en SOCIAL…



Finalmente, la “mesa –otra pieza de Boulle–” debería registrarse como copia de “Table de Milieu” o “Table violon”, una de las innumerables –y ocasionalmente buenas– copias de los muebles que se fabricaron en el S. XIX siguiendo el diseño de André-Charles Boulle, ejecutadas también en bronce y carey; en este caso la pieza era de “Bedel & Cie.” un reputado mueblero parisino…



Y prosiguiendo con la descripción de SOCIAL:
El enfoque de la cámara permite ver, desde el fondo del salón superior hacia el Hall, un ángulo diferente de esta magnífica casa, donde apreciamos varias de las cosas ya descritas anteriormente: las mesas, los juegos de porcelana, los candelabros de los Médicis. Añadiremos a lo dicho, el candil de Lalike y sobre la cómoda de la derecha, un antiguo busto de Safo, trabajado primorosamente en mármol. Nada más…



El texto de Dueñas publicado en 1960, termina con:
Llegamos finalmente a la alcoba principal. Desde luego, el lecho cubierto de seda de suaves tonos igual que las cortinas del gran ventanal que da al jardín posterior. A los lados de la cama, mesitas de noche laqueadas en negro con veladoras de Bohemia. En el muro, capa de luces en negro y oro –preciosa– y de dramática belleza, el Santo Cristo, talla de marfil, del siglo XVII, sobre cruz de palo santo con remates en oro. Muy gracioso, el sillón y primoroso el secretaire, Luis Felipe, con medallones de bronce y porcelana. Anotamos finalmente el sinnúmero de piezas de cristal cortado y porcelana en las repisas y cubierta del secretaire.



Sospecho que el mueble a que Dueñas se refiere como “secetaire Luis Felipe” es una copia de las piezas que en tiempos de Luís XVI produjo Martin Carlin (c. 1730–1785), ebanista nacido en Friburgo y que en París sería reconocido por su “magníficos muebles con insertos de porcelana de Sèvres”. Abajo, el magnífico “secrétaire à abattant” de Martin Carlin que se exhibe en el Metropolitan Museum of New York…




Años después, don José Luis Giribet agregaría a su colección lo que en 1970 describió como: “Una venerable reliquia histórica: la cama en que durmió la emperatriz Carlota”, magnífico complemento a mi colección.


En la entrevista publicada en el diario “Novedades” el domingo 6 de septiembre de 1970, don José Luis contó a Martha De la Lama:
“Mi colección de objetos de arte está valuada en 20 millones de pesos, pero nadie me regaló ese dinero, ni lo gané en la lotería. He hecho mi capital trabajando como comerciante y he reunido las piezas de mi colección a través de toda mi existencia y con grandes esfuerzos. En la vida todo cuesta trabajo, nada es fácil, ni siquiera el ser feliz…”
“Poseo objetos que han pertenecido a los príncipes de Mónaco, otros que fueron del célebre periodista norteamericano Randolph Hearst, y varios más de los que fue dueña la actriz Marion Davis. Tengo un par de candelabros de tres metros de alto que pertenecieron al rey Luis de Baviera.”


En aquella misma entrevista, De la Lama agregó:
Su pieza favorita, sin lugar a dudas, es la cabecera para cama en plata que Diego Rivera diseñó para María Félix y que él compró recientemente. Única en el mundo, la cabecera es impresionante: tiene varios ángeles que sostienen en las manos rosas y margaritas, las flores favoritas de la actriz, y en medio una leyenda: “María de los Ángeles…
En la pared, a un costado de la cama, hay un retrato de la Doña en rosa y verde que fue pintado por Ocejo.

Ya don José Luís se había manifestado admirador de María Félix cuando compró la casa que la actriz habitara en Polanco –en el Nº136 de Aristóteles (Ver)– y que en 1950 había aparecido en la revista SOCIAL Nº 162.


En 1979, Giribet indicó en entrevista:
Respecto a la cama, … “Cuando yo muera quiero que se llevada al museo de Diego; el Anahuacalli, para que el pueblo de México pueda admirarla ahí.”
“Pienso donar varias piezas al museo del Castillo de Chapultepec, y las demás las distribuiré entre mis familiares y personas que por su trato merezcan mi buena voluntad. Estoy en contra de la costumbre de heredar todo a la familia. Los parientes generalmente se sienten con los derechos sobre una herencia y en realidad no tienen ninguno, pues la relación sanguínea es producto de la casualidad.”



Luego de su inesperada muerte en 1987, no he logrado encontrar alguno de los objetos en las bodegas del Anahuacalli o Museo Nacional de Historia…



Este Blog se hace gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; en general, he editado las imágenes a fin de lograr ilustrar mejor el texto. Si se utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (¡Ya hay más de un centenar!), aparecerán en el índice a la parte superior derecha de ésta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html

Ver














jueves, 23 de diciembre de 2021

La casa ‒Casco‒ de don Eduardo Cuevas y Dolores Núñez en Av. del Castillo N° 86. ‒Hoy “Hacienda de los Morales”‒


Don Eduardo Manuel Melesio Francisco de Paula Cuevas Lascurain fue bautizado el 13 de febrero 1878, segundo hijo de don Eduardo Cuevas Rubio (1846-1920) y Ana Lascurain Gómez-Valdés, contrajo nupcias el 12 de enero de 1905 con María de los Dolores Ana Josefa del Corazón de Jesús Núñez Couto, y con ella procreó diez hijos que serían los postreros habitantes de la ya para entonces añosa edificación…



Mucho se ha escrito acerca del casco de la Hacienda de San Juan de Dios, y no pretendería aquí agregara nada a los numerosos estudios y artículos publicados; básteme hacer una sucinta historia del sitio para concebir el entorno en que la familia habitó la casa de Avenida del Castillo de Chapultepec N°86 y entender así las sorprendentes transformaciones de la zona.

La propiedad de la amplísima hacienda –San Juan de Dios‒ pasó a manos de la familia Cuevas cuando don Eduardo Cuevas Rubio adquirió de don Juan Goribar la posesión en 1880. Aquel conjunto había comenzado a formarse desde 1539, cuando don Lorenzo de Tejada ‒“Oidor que fue de la Real Audiencia de la Nueva España”‒ emprendió la compra de tierras en la zona, pasando el conjunto luego a manos de Pedro de Sandoval, su viuda y herederos, Bartolomé de Terreros, Nicolás Gómez de Prado, su viuda y heredero, Baltazar de Arechavala y sus herederos, para quedar en propiedad de Jesús Goribar hacia 1876.


Resultó interesante descubrir –en el AGN‒ el contrato por el que Juan Goribar ‒heredero de la propiedad‒ vendió a Cuevas por ciento cuarenta y cinco mil pesos la “…Hacienda y Molinos llamados “San Juan de Dios de los Morales” y sus ranchos anexos “Huisachal”, “Polanco” y “Anzures” situados en la jurisdicción de Tacubaya, Distrito Federal, y Villa de Tlalnepantla, Estado de México, “siendo su estancia total, treinta y cinco caballerías, dos fanegas, dos cuartillas y tres mil novecientos noventa y nueve varas cuadradas” y sus linderos son los siguientes: por el Poniente con el Molino de Riohondo, Hacienda de León; por el Oriente con la Hacienda de La Blanca; por el Norte con la dicha Hacienda de León, el Molino de Sotelo, el Pueblo de San Joaquín y la Hacienda de la Asención; y por el Sur la Hacienda de Jesús del Monte, Pueblo de Tecamachalco y Molino del Rey todo lo cual se expresa en el plano que el señor Goribar mandó levantar y que tiene a la vista el suscrito notario”.

Generalmente conocida como “Los morales” o “Hacienda de morales” –a raíz del añejo intento por plantar Morera (morales) para criar gusanos de seda‒, fue productora trigo, cebada y alfalfa, además de pulque y aceite de oliva, y asiento de la “Compañía Molinera Mexicana S.A.”, además de abastecer de ganado en pie y toros de lidia a la capital.


Arriba, el extraordinario plano que en 1871 levantaran y dibujaran “de la Hacienda y Molino de San Juan de Dios de los Morales” los ingenieros Fernando de Rosenzweig y Luis Bolland para don Eduardo de Cañas y que reproduzco aquí gracias a la amabilidad de Joaquín Carral Cuevas. Justo al centro, aparece marcado como “La Hacienda” el casco, rodeado por tierras de cultivo que incluían amplias tierras de riego, olivar y magueyal, además del “Rancho Huisachal” con explotación forestal y los varios torrentes que irrigaban la zona y daban tracción al molino.

Don Eduardo Cuevas Rubio haría prosperar la hacienda incrementando la producción e instalando nueva tecnología ‒incluyendo el emplazar carros de ferrocarril “Decauville” (Ver) para transportar la producción y tres molinos que llegó a arrendar‒ y para la llegada del S.XX se contaba entre las propiedades más prosperas de la cuenca.

En el documento “1896 Estadística Gráfica -Progreso de los Estados Unidos Mexicanos-” (al que tuve acceso gracias al arquitecto José Luis Laguna) se puede leer:
MOLINO DE LOS MORALES
Ésta hermosa finca es, sin duda alguna, una de las primeras que se fundaron en los alrededores de la Capital desde la época de la Conquista, pues se remonta su construcción al año de 1580. La situación topográfica que tiene el Establecimiento Industrial y Agrícola que vá á ocuparnos es de las más hermosas, pues desde allí se tiene, al frente y en una grán extensión, abarcado el Valle de México con sus panoramas tan variados como sorprendentes, que no se cansa la vista de contemplar y causan la admiración de los touristas que visitan aquel punto. El aspecto del Molino es encantador; pués tiene agua en abundancia y ello hace que todas sus cercanías estén pobladas de árboles corpulentos frondosos y exhuberante vejetación que le dá embellecimiento. En la finca hay varios departamentos, todos bastante ámplios y en magníficas condiciones higiénicas como eran todas las construcciones llevadas á cabo en la época de la de referencia. Naturalmente que la finca ha sufrido notables refomas en estos últimos años con objeto de adaptarla á las necesidades que reclaman los adelantos modernos para esa clase de Establecimientos. La finca agrícola cuenta con inmensos campos de sembradura en muy buenas codiciones para la siembra del trigo, que se cosecha de superior clase; maíz, frijól, haba y algunos otros cereales. En los mismos campos hay sembrados algunos millares de magueyes de superior calidad para extraer de ellos el aguamiel y elaborar pulque. El tinacál para la elaboración del pulque, está instalado con mucho aseo y el pulque que allí se hace es muy apreciado. Existe en la finca una galeria donde están instaladas las máquinas agrícolas, sistema americano, destinadas á trillar, desgranar, aventar etc. los diversos cereales que se cosechan y que son depositados en seguida en las trojes extensas y de gran capacidad. La maquinaria motríz que impulsa á todas las otras destinadas á moler el trigo, representa una potencia de setenta caballos de vapor. Los molinos son todos sistema francés lo mismo que las otras máquinas accesorias. La molienda se hace con toda limpieza y las diversas clases de harina y granos que tiene la casa son de verdadera estimación, tanto en la plaza comercial de México, como en otras de verdadera inportancia.



Es difícil para el observador del S.XXI el comprender que “Los morales” al iniciar el S. XX era una zona alejada de la Ciudad de México y que buena parte de aquellos terrenos eran simplemente tierras de labranza más allá de Chapultepec; cuando en 1901 Conrad Wise Chapman visitó México, pintó la cuenca vista desde la hacienda de don Eduardo Cuevas y en sus paisajes presenta los grandes volcanes – Iztaccihuatl y Popocatépetl‒ el cerro de Chapultepec con su “Castillo” y el paisaje campirano de labranza… ¡Extraordinariamente ilustrativos!


Arriba “Chapultepec desde la hacienda de los morales” de Conrad W. Chapman, óleo sobre tabla firmado “Chapman Mexico 1901”; en el óleo se distinguen los volcanes, el cerro de Chapultepec y al frente una magnífica Dracena (supongo es una Dracaena indivisa, marginata o Cordyline australis) entreverada con un nopal y al pie de los que corre un río al final de la barranca de Barrilaco, sitio que hoy probablemente está bajo la Avenida Campos Elíseos a la altura del Conservatorio Nacional de Música y el Anillo Periférico…

Abajo, “México desde la Hacienda de los Morales'' también de Conrad Wise Chapman, fechado en 1907 (y que ahora forma parte de la Colección Carlos Slim) en que aparecen a lo lejos –mirando hacia el oriente desde la Loma de San Isidro‒ la ciudad y el lago de Texcoco; en medianía, los terrenos de la Hacienda de San Juan de Dios y en primer término el Río de Tecamachalco, que unido luego al caudal del Río de Barrilaco, formaba el “Río de los morales”.



El propio José María Velasco ya había pintado desde 1891 “Valle de México desde el río de los morales” (parte de la colección del MuNal), vista tomada desde un punto aún más elevado, probablemente al lado de la “Mojonera alta” al lado del camino a Tecamachalco en lo que hoy es el límite entre el Estado de México y la CDMX, y donde aún hoy cruzan los puentes de Tecamachalco y Avenida de la Fuentes…


Parece increíble tal transformación –y los cursos de agua dejan clara la importancia de la hacienda que los cuidaba y aprovechaba‒, y que terrenos rebosados y de labranza estén ahora ocupados por la interminable mancha urbana, con Lomas de Chapultepec, Tecamachalco, Granada y Polanco…

Abajo, en una fotografía de Guillermo Kahlo –parte del álbum “MEXIKO 1904”‒ captada desde el Alcázar de Chapultepec –residencia creada por Maximiliano I por 1864 (Ver) y que ya para por entonces, remodelada en 1881 por don Manuel González era usada como residencia presidencial‒ donde aparece la “Garten Gallerie” (Galería -corredor- del Jardín); en la toma que mira hacia el poniente se pueden ver hacia el norte –derecha‒ los terrenos de la Hacienda de San Juan de Dios “Los Morales”, propiedad de la familia Cuevas.



Cuando el 13 de mayo de 1920 murió don Eduardo Cuevas Rubio, se había hecho ya la distribución de los terrenos de aquella hacienda entre sus hijos, y abajo aparece la copia de un plano fechado en diciembre de 1920 –calco del firmado por los ingenieros Fernando de Rosenzweig y Luis Bolland en 1871‒ que serviría para identificar las diversas “fracciones” y destinar beneficiarios.


Al sur, lo que se conocía como “Loma de la Pila vieja” y era parte de la “fracción 5°”, pasó a la propiedad de la hija mayor ‒Ana Cuevas Lascurain (n.1876)‒ que casada desde septiembre de 1902 con Julio R. Ambrosius vendería a la “Chapultepec Heights Company” ‒integrada por cinco socios capitalistas: Samuel W. Rider y Benjamín T. Davis (norteamericanos), Albert Blair (británico y por entonces esposo de Antonieta Rivas Mercado), José Certucha y el propio Julio R. Ambrosius (mexicanos)‒ el 6 de octubre de 1921, unos 2’210,940m² de las tierras en esa “Loma” para crear la primera sección que se vendió como Loma de Bella Vista. Para 1922 y aprovechando el que se prolongaría la "Calzada de la Exposición", José Luis Cuevas Pietrasanta había diseñado el fraccionamiento que luego de varios ajustes y ensanchamientos devendría en lo que hoy conocemos simplemente como “Las Lomas”…



Guadalupe Cuevas Lascurain (n.1888) casaría en febrero 1922 con Francisco de Paula García-Sancho Chacón y desde 1921 recibió terrenos en la fracción 4° que devendrían en lo que se transformó en Colonias Granada, Loma Hermosa e Hipódromo de la Américas, incluyendo una gran extensión que luego de gran contención se designó como terrenos para la Ciudad Universitaria, pero eventualmente quedó en manos de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Alberto Cuevas Lascurain ‒que desde 1907 había contraído nupcias con Trinidad Gándara Girón‒ se aventuró desde 1922 en fraccionar y urbanizar en parte de sus terrenos de la fracción 5° la “Colonia del Bosque de Chapultepec”, entre el Río de Polanco (hoy entubado bajo Campos Elíseo) y la Calzada del Paredón (luego Fundición y hoy avenida Rubén Darío); esa primera aventura fraccionadora tuvo moderado éxito (Ver) y quedó después integrada a la colonia Chapultepec-Polanco.



Carlos Cuevas Lascurain –el hermano menor que había casado con Leonor Barrigón Martín‒ uniría fuerzas con Eduardo (1878-1950) en conservar algunos terrenos en cultivo y crear sobre lo que había sido el camino que comunicaba la hacienda con Tacubaya, la nueva Avenida del Castillo de Chapultepec; además, vendió una amplia superficie –aún plantada de fresnos‒ al lado del Rancho San Isidro, a don Manuel Ysita (Ver) para la construcción de una nueva casa.

El hermano mayor, Eduardo Cuevas Lascurain (1887-1959) recibiría su fracción correspondiente, que circunscribía el casco y varios edificios de servicio e incluía la vía férrea que daba servicio a la hacienda y que para entonces se había incorporado ya al servicio del Ferrocarril de Cuernavaca; don Eduardo contaba 42 años a la muerte de su padre y había sido auxiliar en la administración de los bienes; con su esposa Dolores Núñez decidieron habitar la gran casa y hacerla residencia de sus hijos, mientras aprovechaban la explotación de las tierras y eran testigos de un espectacular cambio en el entorno…


Arriba, en un lienzo firmado “Gerry Gedovius” aparece don Eduardo Cuevas Lascurain frente a su casa en “Los morales” por 1947. Germán Gedovius (1867-1937) fue un notable artista de la vanguardia mexicana de final del XIX y principio del XX; fue instrumental en la educación artística de la Academia de San Carlos, estableció una cercana amistad con la familia Cuevas Nuñez y pintó los retratos varios miembros de la familia con la que pasaba largas temporadas.

Don Eduardo había contraído matrimonio desde 1905 con Dolores Núñez Couto, hija de don José Tobías Núñez Pérez-Lomba y Ana Couto Bulnes, matrimonio que engendraría diez hijos de apellido Cuevas Núñez. Abajo, doña Dolores Núñez de Cuevas.


Para 1920 ‒año en que los Cuevas Núñez fijabaron residencia en el casco de la hacienda‒, habían nacido ya Eduardo (n.1907), María Dolores (n.1908), Carmen (n.1910), Carlota (n.1912), Antonio (n.1913), Luz (n.1918) y venía en camino José (n.1920); núcleo familiar al que se agregarían Jorge, Ana Elena y finalmente Magdalena –a la que todos llamarían “Manona”‒.


Al paso del tiempo varios miembros de la familia mudaron residencia a las zonas urbanizadas cerca del casco, específicamente a la Avenida del Castillo de Chapultepec, que con su amplio camellón (parte del viejo “Camino para Tacubaya” que antaño se usaba para el traslado de ganado hacia la capital) se transformó en sitio envidiable para residir ‒don Carlos Cuevas y Leonor B. de C. en Av. Castillo N°90, o el Dr. Rafael Carral y Elena Cuevas en Av. Castillo N°39 son buenos ejemplos‒.

Así, dentro del “Atlas General del Distrito Federal –Tomos I y II‒” aparecía el “Plano de la Ciudad de México con datos de 1929” y en que en el fragmento que reproduzco abajo, se distinguen los terrenos aún dedicados a la labranza aledaños a la hacienda, así como los fraccionamiento de Lomas de Chapultepec (abajo) y Granada (arriba derecha); además, es importante notar el trazo del “Ferrocarril de Cuernavaca” que atraviesa la propiedad de sur a norte y siguió siendo instrumental para enviar parte de la producción a la ciudad...


Si comparamos con el levantamiento de 1871, podemos observar que al trazo del “Camino Real para México” se había transformado en camino secundario –que luego daría lugar al trazo de la Avenida Salomón, hoy dedicada a Presidente Masaryk‒ pasando a ser el camino de acceso la “Avenida de los Morales” que hoy llamamos Avenida Ejército Nacional Mexicano y que en su cruce con la vía del ferrocarril era el nuevo acceso a la hacienda.


Desde tiempos de don Eduardo Cañas, la “Hacienda y Molino de San Juan de Dios de los Morales” tenía su acceso por el “Camino Real para México” ‒de trazo Este/Oeste‒ que al acercarse al casco enderezaba hacia el norte –creando una arboleda‒ para encontrarse con el eje de la Casa Grande –según puede verse en el detalle del plano que los ingenieros Fernando de Rosenzweig y Luis Bolland trazaron para don Eduardo en 1871 y que aparece arriba‒. Abajo, aparece un detalle del ángulo inferior derecho de ese mismo plano, donde se distingue el “Plano de la casa” y en que se han indicado además “Magueyal”, “Olivar”, “Jardín” y “Alamedita”.


Además, nos da los datos para identificar otros edificios como el pajar –junto a la puerta norte en el camino a San Joaquín‒ los largos edificios para depósito de trigo y asoleadero, la Troje con sus corrales, machero, carpintería y herrería, así como el molino y su depósito de agua al lado del “Despacho”, agregando también el “Tinacal” frente al “Camino para México”.

Abajo, aparece una fotografía aérea –fechada en 1947‒ donde queda claro que todos los edificios se conservaban hasta entonces y seguían operando bajo la mirada vigilante de don Eduardo Cuevas Lascurain.


La Casa Grande –marcada simplemente como “Habitaciones” en el plano Rosenzweig/Bolland y que en la foto de arriba aparece justo al centro‒ correspondía a un esquema de patio central, y tiene orígenes que pueden rastrearse hasta la edificación de don Lorenzo de Tejada hacia 1550. La construcción corresponde principalmente al S. XVIII y abajo aparece un croquis que publiqué en 1983, con ambas plantas del edificio principal.

Es interesante hacer énfasis en el piso alto al frente oriente de la construcción, que además de tener una torre/mirador en la esquina Noreste, recibía una ancha escalera para desembocar en un salón con amplísima terraza cubierta y que fungía como mirador gracias a su arcada abierta hacia el oriente y las amplias vistas hacia los cultivos, Chapultepec y la ciudad de México.


El esquema no es del todo inusual en las edificaciones virreinales de la Cuenca de México, pero casi todos los ejemplos han desaparecido; un modelo sobresaliente –que nos puede asistir, a pesar de su mayor escala‒ se conserva en el Estado de Morelos y es comúnmente conocido como el “Palacio de Cortés”, edificación intervenida en diversas ocasiones pero que conserva el espíritu de lo construido por el español Hernán Cortés en los años inmediatos a la conquista de México.


Parece haber sido su residencia, y donde asentó la encomienda al recibir el marquesado del Valle de Oaxaca. La edificación guarda una sorprendente semejanza con el Alcázar de Colón de Santo Domingo que se edificó a inicios del siglo XVI, y con los magníficos murales de Diego Rivera en el mirador, es ahora sede del Museo Regional Cuauhnáhuac.


Por su parte, el Alcázar de Colón o “Palacio Virreinal de Don Diego Colón” es un alcázar edificado por 1506, levantado en la Plaza de España de la Ciudad Colonial de Santo Domingo (República Dominicana). Edificado sobre un solar contiguo a los farallones que miran hacia el río Ozama y concedido a Diego Colón ‒hijo primogénito del ahora vituperado descubridor Cristóbal Colón‒ por el rey Fernando el Católico, para que “…obrase una morada para él y su descendencia en la isla de La Española”, a la que llegó en 1509 en calidad de gobernador.

El añoso edificio funciona ahora como el “Museo Alcázar de Colón”, y –aunque desprovisto de patio‒ subir al mirador puede dar una clara idea de la intención de diseño –una magnífica terraza cubierta‒, que se repitió en la Casa Grande de la Hacienda de San Juan de Dios.



Aunque para el S.XIX en “Los morales” la arcada ya se había cerrado con ventanas para permitir el uso como habitaciones para los Cuevas, la evocación al Alcázar de Colón y su género arquitectónico no puede pasar inadvertido, con la edificación colocada en alto y su magnífico mirador abierto hacia la Cuenca de México, la distante ciudad y los terrenos irrigados más productivos de la hacienda…


Aún hoy, quien contempla el panorama rematado por la silueta de edificios en Polanco frente a Chapultepec –en el pasado, seguramente se alcanzaba a distinguir a lo lejos la silueta de la Catedral Metropolitana al centro de la ciudad, tal como lo dejan claro los lienzos de Conrad W. Chapman y José María Velazco‒, no puede menos que maravillarse ante el espectáculo.



Esa arcada dio una imagen distintiva la Casa Grande y a pesar de que quedó cegada –probablemente desde el S. XVIII‒ la distinguía claramente en el conjunto. Abajo una fotografía que indica: “Hacienda de ‘Morales’ y Compañía Molinera Mexicana, S. A.” captada en la primera década del S. XX, podemos apreciar el conjunto de Casa Grande (izquierda), molino y administración, con terrenos aún cultivados en lo que hoy conocemos como Polanco; a la izquierda, se distinguen los árboles de la arboleda triangular que hoy conocemos como “Parque Machado” y la toma debe haberse hecho desde un sitio en que años después se trazaron las calles dedicadas a Plinio y Solón…



Es indispensable recordar que “Los morales” siguió plantando los campos aledaños mientras que criaba y repartía ganado; por años, la hacienda recibió en sus campos los toros que don Antonio Llaguno del Rancho San Mateo (Zacatecas) enviaba para las corridas citadinas, mientras que el ferrocarril –que aprovechaba las vías tendidas años atrás y que pasaban justo frente a la Casa Grande‒ era instrumental en abastecer el mercado de la ciudad de México y Tacubaya.

Abajo, una fantástica toma del abrevadero frente al casco; atrás la arboleda que hoy conocemos como “Parque Machado” y a la izquierda, las vías que ahora dan nombre a la “Avenida Ferrocarril de Cuernavaca”. En la toma –captada desde la calle que hoy llamamos Juan Vázquez de Mella‒ se alcanza a distinguir el estanque ‒sitio ahora ocupado por el edificio que alberga el CAD‒ que acumulaba agua del molino antes de enviarla a irrigar los terrenos bajos por un cauce que hoy yace bajo la avenida Campos Elíseos…



Abajo, el fragmento de una imagen oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1948, en que aparece –arriba izquierda‒ la Casa Grande con su jardìn (atràs) y el camino de acceso; al centro de la imagen se distinguen el molino y el edificio que aún funcionaba como administración y “Despacho”. El largo edificio bajo que se extiende a la derecha era el depósito de trigo y su “asoleadero”, mientras que enfrente se distinguen la Troje con sus corrales, machero, carpintería y herrería; un poco más abajo se nota la vía del Ferrocarril de Cuernavaca. La arboleda que se distingue abajo a la derecha, corresponde al trazo de lo que hoy llamamos Avenida Cicerón…


Aunque para cuando se hizo esa toma, ya se había edificado el Conservatorio Nacional de Música al otro lado de la Avenida Salomón (en la esquina izquierda de la foto), los campos seguían visiblemente cultivados mientras que la Casa Grande albergaba a la familia Cuevas/Núñez.

Al paso del tiempo, buena parte de aquellos edificios de servicio serían destruidos cuando se urbanizó Polanco y se trazó la parte alta de las avenidas que hoy llamamos Homero y Horacio; afortunadamente, aún se conserva el edificio del Molino –que tiene sorprendentes similitudes con el conocido “Molino del Rey”, aledaño al Rancho de la Hormiga (Ver) y que por años funcionó como apoyo a las residencias presidenciales (Ver)‒ y que puede descubrirse justo al costado del actual acceso.


Ese edificio albergó depósitos y uno de los tres molinos de la hacienda, que contaba además una alta chimenea (ya desaparecida) para complementar el servicio con vapor; aledaños al acceso a la casa, se distribuían por un lado la rampa a las caballerizas y cocheras –al costado sur‒ y por otro el paso a los servicios y administración –hacia el norte‒ donde comenzando por el molino, se podía llegar a la administración y otras dependencias.



Aquella plazoleta al norte de la Casa Grande era sitio de incidental agitación, donde jornaleros, capataces y compradores se reunían frente a la administración para acordar faenas, tarifas y calendario…

Abajo, en una imagen que también agradezco a Joaquín Carral, aparece ese espacio de común tranquilo, liga entre las tierras productivas y casa ‒ya entonces citadina‒ en que habitaba la ampliada familia Cuevas‒Núñez; no solo resulta sugestiva la sombra sobre el acceso, sino admiro las dos jaulas para los longevos loros que por años flanqueando la entrada y auxiliaron en la administración…



Al poniente, la casa abría las vistas hacia un jardín y el amplio Olivar de la Loma de Sotelo, sitio aprovechado como vergel, donde los niños pudieron vivir extraordinarias aventuras, y más cuando se aventuraban más allá de la verja, al explorar la zanja que abastecía de agua al molino principal.

Abajo, una toma de la fachada de la Casa Grande hacia el jardín poniente; en la foto, se distingue la singular silueta de la capilla, edificada desde el S. XVIII al sur del patio y que afortunadamente aún conserva el singular perfil salpicado de pináculos que complementan la espadaña.



Aunque desde 1647 don Bartolomé de Terreros obtuvo de don Francisco de Aguilar y Seixas el permiso para oficiar en la capilla que construyó en el casco de la hacienda, sería doña Ana María Romo ‒viuda de Nicolás Gómez Prado‒, quien por 1718 hermoseó el recinto y le dio las características exteriores que aún conserva.


Aunque al interior la decoración barroca se sustituyó por ornato neoclásico, se conservan algunos magníficos lienzos, incluidas una crucifixión y una escena de la vida de San Francisco del pincel de los Echave.



La capilla vista desde el patio sería motivo de varios lienzos, incluido uno ejecutado por Germán Gedovius y que ofrece una vista interior de la Hacienda de los morales; tanto doña Dolores como don Eduardo pidieron a Gedovius clases de pintura, y seguramente por eso floreció una amistad que se habría de prolongar hasta la muerte del artista en 1937.


Hasta donde entiendo, por los años veinte, doña Dolores acondicionó un estudio/habitación para el pintor en la hacienda, mientras que Gedovius apadrinó a Magdalena durante el bautismo. De hecho, fue en “Los morales” donde el pintor vivió sus últimos días.

Arriba la "vista interior de Los morales" y abajo “Retrato de Carmen Cuevas Núñez” firmado en 1929, ambos del pincel de Germán Gedovius.



La hacienda misma sería así motivo de representaciones diversas y seguramente de ese período proviene una vista en que se captó el conjunto de la “Hacienda de San Juan de Dios de los morales” hacia 1929. La pintura bien complementa lo que aparece en las fotografías del período.



Al interior, doña Dolores acondicionó la vieja estructura a la práctica del período, integrando a la decoración de algunas habitaciones un ecléctico conjunto de muebles y avíos que dieran a la Casa Grande la presencia requerida en el S. XX.

Las diversas habitaciones presentarían entonces un escogido conjunto de muebles, ornamentos y colgaduras que evocarían tanto el ponderado pasado colonial como el eclecticismo del porfiriato, pasando por el efusivo barroco y las opulentas memorias a Luís XV.


Arriaba, una imagen del comedor de la casa Cuevas-Núñez hacia 1930; algunos de los elementos que aparecen en la fotografía, aún se conservan en el recinto transformado en restaurante. Abajo el Salón de la casa, donde amueblado y decoración corresponden a la moda del tiempo y con muebles que en gran medida aún conservan los herederos.



La casa sería escenario de innumerables reuniones y como ejemplo, retomo el texto que en “SOCIAL” apareció en el número de enero 1942, recordando la “Posada en la Hacienda de los Morales” de diciembre de 1941:
En la casa solariega de la hacienda de Los Morales, la señorita Helen Cuevas reunió en una de las noches de Posadas, a un numeroso grupo de sus amigos, y, como en años anteriores, ofreció un baile en el cual los motivos de Navidad dieron alegre marco a la fiesta. Las “Piñatas” y el árbol tradicional, tuvieron sitio en los jardines de la casa, y, en los salones, después de la cena, el baile hasta el amanecer.
En la fotografía principal (abajo), un grupo de invitados de la señorita Cuevas. Son –de izquierda a derecha‒: María Teresa Osio y Sánchez Adalid, René Chousal, María Elena Campero y Escalante, María Luisa García Armendáriz, Luís López Hermosa, Telmo de Landero, Gloria Jiménez Canet, Rafael del Villar, Margarita Gargollo y Rivas y Ángel de Lascurain.


Y sigue la nota:
Y en ésta página, en el estrado de los retratos de familia, otro grupo de invitados. Están: Román S. de Lascurain, Carlos Elguero, Jr.; Ruth Herig, Alicia González, María Elena García, Carlos Ruíz de Chávez, Sofía Corona y Manuel González.


Detrás el grupo, destaca el retrato familiar que aún se conserva y en que aparece la familia Lascurain y Gómez-Valdés con don Ángel Gerardo Lascurain Miranda (1809-1876) y doña María Consolación Gómez-Valdés Martínez-Alcalde (1821-1874) a la cabeza, acompañados de Julia, Román Sebastián (n.1845 y que casaría con Concepción Landa Escandón), Pablo, Ana (que contraería matrimonio con Eduardo Cuevas Rubio), María Belén y María del Carmen (n.1855 y que casaría con Fernando de María Campos Castro); llegarían después Josefa, Ángel Gerardo y Consolación, todos Lascurain Gómez-Valdés.


La nota de “SOCIAL” termina con:
Y abajo, en el mismo orden, ahora frente al árbol de navidad colocado en el patio, aparecen: Jesús García Collantes, Paulina Gargollo y Rivas, Elvira Dubois, Rodolfo García Bravo, Carmen Elguero y Landa y María Teresa Torres Izábal.


Don Eduardo Cuevas Lascurain murió el 21 de febrero 1950 ‒a los 72 años‒, mientras que doña Dolores Núñez Couto viuda de Cuevas, murió el 5 de julio 1959 ‒también a los 72 años‒; los hijos distribuirían las propiedades y conservarían parte de la posesión de la casa. La hija menor –Manona‒ instalaría su morada apenas a unos pasos del casco, frente a la arboleda de lo que años atrás había sido el “Camino Real para México”…

El viejo casco aún conserva los espacios primordiales de la Casa Cuevas, aunque terciados para adecuarlos a las nuevas necesidades como restaurante y sus áreas públicas.


Las transformaciones primordiales se han dado en el entorno, que resulta difícil imaginar en su realidad de hace apenas ochenta años…

Abajo, el fragmento de una imagen oblicua, fechada en 1930; al frente, aparece la “Loma de Sotelo” en la sección que hoy ocupa el Hospital Central Militar. A la izquierda –abajo‒, se distingue lo que hay llamamos Avenida Ejército Nacional y al centro de la imagen los cultivos y el jagüey (bordeado de árboles) de la Hacienda con que se abastecía el molino; arriba al centro, la arboleda del camino a San Juan de Dios, y a la izquierda el casco y los edificios de servicio. Arriba a la derecha, aparece la incipiente urbanización de “Chapultepec Heights”…



A mi parecer, la transformación más sorprendente está en los terrenos que ahora ocupa lo que inició como el fraccionamiento Chapultepec-Polanco y ahora conocemos con el genérico Polanco. Abajo, una toma oblicua fechada en 1936 y que mira hacia el noroeste, en que aparecen en primer término el Bosque de Chapultepec y su “Castillo”; buena parte de las tierras que se distinguen atrás, formaron parte de las tierras de cultivo de “Los morales” y están ahora ocupadas por Polanco y su franja de edificios altos frente al paseo de la Reforma. El amplio rectángulo que se distingue a la izquierda de la imagen era el Club de Polo, sitio que ahora ocupan el Campo Marte y Auditorio Nacional.


Como complemento, aparece abajo otra toma oblicua que ahora mira hacia el oriente, en que aparecen en primer término (abajo al centro) la Casa Grande de “Los morales” y los largos depósitos de trigo y asoleaderos, la Troje con sus corrales, machero, carpintería y herrería. A la izquierda, destaca por sus árboles lo que era el “Camino a los morales” y ahora conocemos como Avenida Ejército Nacional Mexicano, con la planta de General Motors y los edificios de la Beneficencia Española; a la derecha se distinguen el Club de Polo y las calles de Chapultepec Heights. Al centro de la toma, los terrenos que ahora ocupan las diversas secciones de Polanco…



Desde 1946, don Eduardo Cuevas entró en tratos con José G. De la Lama (1867-1975) y Raúl A. Basurto (1898-1962) para fraccionar una sección aledaña a la Prolongación del Paseo de la Reforma frente al Club de Polo (Ver); el consorcio había creado ya la Colonia Hipódromo y la urbanización en terrenos de la Hacienda de San Juan de Dios se conoció como “Chapultepec-Polanco” y se inauguró en 1938. En un plano de 1784 que se conserva en el Archivo General de la Nación aparece la “Casa Arruinada de Polanco” (Ver) que evidentemente daba nombre a la zona…

La aventura sería un gran éxito y “Como por encanto…!” rápidamente se edificaron casas de uniforme estilo gracias al reglamento que los desarrolladores crearon. Abajo, la publicidad de “Chapultepec-Polanco” que apareció en el diario Excelsior el 2 de abril de 1939.|



Abajo el fragmento superior de una toma oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1949 que mira hacia el poniente y en que aparece la Colonia Polanco; a la izquierda se distinguen el Paseo de la Reforma y el Bosque de Chapultepec, justo al cruce con la entrada al fraccionamiento donde se levantó un Obelisco. Arriba al centro se distingue al casco de la hacienda y lo que aún se conservaba cono terrenos plantados de alfalfa donde luego se trazarían las calles que rinden homenaje a Séneca, Platón, Sócrates, Sófocles, Plinio y Solón…


También en la imagen de arriba, se distingue el apenas inaugurado Conservatorio Nacional de Música, edificado en los terrenos del Club Hípico Alemán entre la Avenida Salomón (ahora Presidente Masaryk) y el Río de los morales (ahora Campos Elíseos).

Desde 1965 Pedro Gorozpe –por entonces director del hotel María Isabel Sheraton‒ y Juan Cortina Portilla ‒reputado inversionista‒, convencieron a los herederos de la familia Cuevas para instalar en la vieja casona –ya para entonces totalmente rodeada por la ciudad‒ un restaurante; con la mediación de los arquitectos Enrique y Agustín Landa y Juan Cortina del Valle, se intervino el “Casco” para adecuarlo al nuevo uso y se crearon nuevas cocinas y áreas de servicio bajo la supervisión de Gorozpe. El edificio del molino se aprovechó como bodegas y un amplio salón en el piso alto, se creó una nueva escalera y el antiguo comedor se transformó en estancia, mientras que algunas de las habitaciones se cubrieron con nuevas “bóvedas catalanas”, cubierta que se repitió en los nuevos corredores creados hacia el jardín.



Años después se agregó hacia el oriente un edificio de estacionamiento y un nuevo arco de acceso; el estacionamiento eliminó el viejo acceso desde el “Camino Real de México” y la arboleda, así el gran arco sería la nueva entrada principal que ahora además muestra el nombre del restaurante.


A pesar de las modificaciones interiores, estoy seguro que don Eduardo y doña Ana reconocerían sin titubeos la casa en que habitaron desde 1920 hasta su muerte; incluso algunos de los cuadros y muebles permanecen como parte de la decoración.


A final de agosto de 2011 se anunciaba que una parte de los descendientes habían vendido su participación en la empresa, que ahora sería mayoritariamente encabezada por Maxwell&Lyle.



Al exterior, en diversas ocasiones se han remodelado, ampliado y acondicionado los distintos espacios, organizando el jardín, caballerizas y hasta el gallinero para aprovecharse como parte del restaurante. A pesar de que la vieja finca está ahora rodeada por altos edificios y con el “Segundo Piso” erguido apenas a unos metros, los espacios no han perdido la inspiración centenaria…



Uno de los mejores espectáculos lo sigue dando el salón de la arcada/mirador que ha mudado las vistas a los campos de cultivo por la metrópoli con altos edificios de la zona hotelera de Polanco…




Este Blog se hace gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; en general, he editado las imágenes a fin de lograr ilustrar mejor el texto. Si se utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (¡Ya hay más de un centenar!), aparecerán en el índice a la parte superior derecha de ésta página…





También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html

Ver