miércoles, 19 de julio de 2023

La casa del general Antonio I. Villarreal y doña Blanca Sordo en Monte Blanco 514, Lomas de Chapultepec.

Ahora Monte Blanco #510


Con 1,384 m² en la esquina de Monte Blanco y Montes Pirineos, la que fuera casa del maestro y general –destacado protagonista en varios capítulos de la Revolución Mexicana– Antonio I. Villarreal y su esposa –doña Blanca Sordo A. de Villarreal– se edificó en 1933 siguiendo el diseño de los arquitectos Vicente Mendiola y Emilio Méndez, con un esquema que daba cuenta de la vanguardia nacionalista, con elementos de “Artes Decorativas” y del “Spanish Colonial Revival”, recordando lo bosquejado poco antes en la residencia del expresidente Plutarco Elías Calles en la colonia Anzures (Ver).


Aunque la casa no fue diseñada de origen para el general Villarreal –que por entonces vivía expatriado en San Antonio, Texas, EEUU–, sería ocupada desde 1934 –cuando se enfrentó al general Lázaro Cárdenas por la presidencia de la república– y por apenas diez años ya que murió en 1944 para ser luego morada de su esposa Blanca Sordo Arzate hasta su muerte en 1970, y eventualmente aprovechada como oficinas –con algunas intervenciones como la clausura del porche y alguna decoración de influencia modernista– para albergar recientemente la Notaría Nº161 a cargo de “Gutiérrez Silva y Teutli Notarios”.


A pesar de haber perdido una sección del terreno hacia la colindancia poniente, es unas de las pocas residencias del período –los inicios de la Colonia Lomas de Chapultepec creada como Chapultepec Heights– que se conservan sin intervención mayor y buen mantenimiento, que permiten entender la concepción original del fraccionamiento, sus bardas bajas y la arquitectura que abrió las puertas a ese vanguardista neocolonial/californiano que tanta popularidad alcanzó en la zona.




Chapultepec Heights había nacido en 1921 con la “Chapultepec Heights Company, S.A.”, una sociedad mercantil que contaba cinco socios, a la cabeza de cuyos accionistas estaba José Certucha (sic.), apoyado por Julio Ambrosius como vicepresidente; la sociedad confesaba el respaldo capital de los norteamericanos Samuel W. Rider y Benjamin T., además de un ciudadano inglés -ligado con la tradición maderista y que en 1918 había casado con la hija del arquitecto Antonio Rivas Mercado-, de nombre Albert Blair.

La nueva sociedad mostró gran destreza en el negocio de la “urbanización moderna” al adquirir de la familia Cuevas y a precio francamente irrisorio (en varios documentos aparece como “a centavo el metro”), varias secciones de los terrenos que habían conformado aquella “Hacienda de San Juan de Dios”, específicamente la fracción sur de la “Loma de la Pila vieja” y las barrancas de Barrilaco y Tecamachalco, heredadas por la hijas de don Eduardo Cuevas Rubio, específicamente Ana Cuevas Lascuráin con quien Julio Ambrosius estaba casado...


Así y desde diciembre de 1921, a través de la “Mexican International Trust Company”, “Chapultepec Hieghts”, ofrecía terrenos a $3.oo pesos el metro cuadrado, con el 20% de pago inicial y un plazo de sesenta mensualidades para saldar, o 20% de descuento al pago de contado y un 20% adicional si se construía en un plazo de seis meses. Al adquirir lotes desde 920 hasta 3,000 m², se ofrecían “calles pavimentadas, banquetas con tiras de zacate y arboleda, luz eléctrica, agua y drenaje” en una “Urbanización perfecta de suelo firme” y libre de inundaciones…

Aunque inicialmente el fraccionamiento no logró el éxito esperado, para la década del 30’ y con una nueva administración –el desarrollo se voceó ya como “Lomas de Chapultepec” a cargo de “De la Lama y Basurto”– no solamente se vendieron los lotes iniciales, sino que se amplió la urbanización hacia el poniente, más allá de los límites originalmente previstos. Abajo aparece el “Plano completo del nuevo fraccionamiento de Lomas de Chapultepec” (51 x 81 cm.), publicado por "J. R. Guadarrama –Agente de Ventas–, México noviembre 5 de 1928" en que he señalado el sitio en que el habitaron el general Villarreal y doña Blanca Sordo de Villarreal, un terreno en la manzana 40, esquina de Calle Zúrich (ahora Monte Blanco) y Avenida de los Pirineos.


El magnífico predio trapezoidal contaba 1,985m² en esquina, con frente corto de orientación al norte, espacio suficiente para un amplio jardín al poniente y edificación de dos niveles a manera de una villa en ese fraccionamiento campestre que ya se poblaba con celeridad. Para el diseño de la casa, el encargo recayó en un joven y competente arquitecto que apenas había diseñado y entregado –trabajando como “Jefe de Proyectos” en La Urbana S.A.– una de las obras emblemáticas del gobierno de la Ciudad: la nueva estación de policía y bomberos en la esquina de las calles Revillagigedo e Independencia.



El 28 de noviembre de 1928, los diarios de la capital anunciaban la inauguración del flamante “Edificio de la Inspección de Policía y el Cuerpo de Bomberos”, construido “especialmente para cubrir las necesidades de estos cuerpos” y que sin duda se hallaba “a la altura de los mejores de Europa y América”.

El predio en el que se construyó aquella Central ocupa desde entonces una superficie de mil ochocientos metros cuadrados con 45.60 metros sobre la Calle Revillagigedo –que recibía el acceso principal y las labores de la Inspección de Policía– y 37.65 por Independencia, donde tres grandes arcos daban acceso a los servicios de bomberos y su equipo motorizado.


El edificio había sido diseñado por el joven arquitecto Vicente Mendiola, trabajando para la “La Urbana S.A.”, compañía constructora dirigida por el arquitecto Guillermo Zárraga –hermano del pintor Ángel Zárraga y hombre cercano al General Plutarco Elías Calles, que luego sería Jefe del Departamento de Estadística Nacional y Director de Obras Públicas y Servicios Urbanos del Departamento del Distrito Federal, y que mucho escribió sobre la ciudad bajo el seudónimo “Diego Cañedo”– en la vanguardista línea de lo expuesto en la “Exposition internationale des arts décoratifs et industriels modernes” que se había presentado en París entre abril y octubre de 1925.

En el edificio se ornamentaron las esquinas con las figuras “El Agua” y “El Fuego”, relieves tallados en recinto por el escultor Manuel Centurión, y ejecutadas en 1927.


Aquel edificio, dio notoriedad al joven arquitecto que había iniciado su labor en el prestigiado despacho “Ortiz Monasterio-Calderón Caso” con diseños como la cubierta para la sala de recaudación en la Tesorería en el Palacio Nacional de 1924, o la casa de don Carlos González de Cosío, en Paseo de la Reforma Nº234 (Ver)


A final de 1925, Mendiola concursó con Luis Alvarado y Carlos Greenham –en un certamen organizado por la Sociedad de Arquitectos Mexicanos– para el diseño del nuevo edificio de la Alianza de Ferrocarrileros Mexicanos; vencedores, desarrollaron el proyecto en 1926 y el edificio que se edificó en el Nº20 de la ahora calle Ponciano Arriaga –a unos metros de la entonces estación Buenavista del ferrocarril– era de absoluta vanguardia y respondía a los lineamientos que apenas se habían presentado en la “Exposition internationale des arts décoratifs et industriels modernes” de París. Alberga ahora el “Salón de los Ferrocarrileros en la Tabacalera”.


En 1926 y también empleado en el despacho de los arquitectos Ortiz Monasterio/Calderón Caso, Mendiola trabajó con el escultor Ignacio Asúnsolo –una asociación con escultores que se repetiría varias veces al paso del tiempo– en el diseño y fábrica del “Monumento a los niños Héroes” en el Colegio Militar de Popotla –dos grupos escultóricos a los lados de la escalera central del edificio– edificación que había sido creada quince años antes como Escuela Nacional de Maestros y es ahora Universidad del Ejército y Fuerza Aérea...



En 1927 Vicente Mendiola comenzó a trabajar como “Jefe de Proyectos” en La Urbana S.A., compañía constructora del arquitecto Guillermo Zárraga, donde –además de diseñar la casa del propio arquitecto en la Avenida Ejercito Nacional– proyectó dos edificios para la “Telefónica Mexicana”, uno en Culiacán Nº115, casi esquina con Insurgentes –que ahora alberga la Asociación Mexicana de Ingenieros y Electricistas– y otro en la calle de Artes -hoy Antonio Caso-.

Ocupado ahora por la Asociación Mexicana de Ingenieros, aquel edificio de la “Telefónica Mexicana” en la calle de Culiacán y a unos pasos de la avenida Insurgentes, se conserva en buenas condiciones y abajo aparece una fotografía de las rejas de la entrada principal y escalera al fondo…



Para 1928 se inauguró el monumento “A la memoria de los maestros” como parte de los festejos del centenario del Instituto Científico y Literario de la ciudad de Toluca; trabajando también para Zárraga y nuevamente en mancuerna con el escultor Ignacio Asúnsolo, Mendiola diseñó un pilón rematado por elevado pebetero, flanqueado de alegóricas figuras que representan a un magnánimo y entregado magisterio…


Ese monumento –que aún se conserva en la esquina de Benito Juárez e Instituto Literario del estado de México, en Toluca– presenta un par de figuras que personifican al maestro enseñante que entrega su vida a la labor. La historia cuenta que sería la propia esposa del artista -una hermosa mujer de ascendencia árabe- la que posó para la joven figura.



Con don Miguel Ángel de Quevedo en el Departamento Autónomo Forestal y de Caza y Pesca, en 1937 se abrió al público el Museo de la Flora y de la Fauna Nacionales en el Bosque de Chapultepec y el Conservatorio de la Flora y de la Fauna Tropicales; así –por insistencia del “Apóstol del Árbol”–, se creó el Instituto de Investigaciones Forestales –en Coyoacán–, correspondiente a l'École forestière de Nancy de Francia, por acuerdo ambas naciones.


El “Conservatorio de Flora y Fauna Tropicales de México” (invernadero) de Chapultepec –con frente a la prolongación del Paseo de la Reforma– fue una estructura metálica cubierta por grandes planchas de vidrio opacado a cargo del ingeniero Montenegro, con accesos ceremoniales diseñados por Vicente Mendiola y relieves de Manuel Centurión, diseñadas desde 1933 y entregadas en 1936; a la muerte de don Miguel Ángel de Quevedo –promotor de la empresa– la obra quedó trunca y aquellas estructuras fueron destruidas en 1960 para edificar ahí el Museo de Arte Moderno, con proyecto de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares…



Por encargo de la Dirección de Bienes Nacionales, Mendiola emprendió desde 1931 varias intervenciones al Alcázar de Chapultepec, restaurando el “Caballero Alto” del fortín (torre) y sustituyendo la estructura metálica diseñada por Julius Hoffmann para Maximiliano I de México, por columnas y balaustradas de piedra.


El proyecto original y colocación de aquellas columnas metálicas se debió probablemente al arquitecto Juan N. Anza, atribución hecha gracias a un plano firmado por él durante el periodo presidencial del general Manuel González, quien además ordenó a Santiago Rebull en 1894 pintar otras dos “Bacantes” para adornar las nuevas secciones cubiertas. Esa ampliación de 1882 mantuvo intactas las decoraciones hechas por Kayser, Hoffmann y Rodríguez Arangoiti, extendiendo la superficie del jardín y ampliando los corredores cubiertos por marquesinas. Para entender la intervención de Mendiola, es interesante comparar las fotografías de abajo, donde aparecen ángulos análogos del patio, a la izquierda con la romántica decoración que mantenía en 1910 y a la derecha con la severa intervención de Vicente Mendiola en 1931 y que es la decoración que se conserva hasta ahora (Ver).



Además del diseño de varios planteles para la “Escuela Central Agrícola” durante 1926 y con el arquitecto Zárraga (en Michoacán, Durango, Guanajuato e Hidalgo), Mendiola preparó en el ámbito privado y desde 1927 el diseño de un par de residencias para el general Plutarco Elías Calles, que se sumarían a las diseñadas en 1928 para el Licenciado Abraham Franco y el señor Manuel Schmill –ambas en Tacubaya–, así como la casa de don Ismael Palomino –en la calle de Marne casi esquina con Reforma– diseñada en un estilo que ya para entonces era extraordinariamente popular: el “Spanish Colonial Revival” o Neocolonial y que nos recuerda la diseñada para don Carlos González de Cosío, en Paseo de la Reforma Nº234…


Además, y también en esa vanguardia, diseñó dos casas para don Nicolás Gómez Mayorga –en la Avenida Explanada de Lomas de Chapultepec– que aunque aún en pie, desafortunadamente han sido sustancialmente intervenidas. Mención especial merece aquí la casa que para don Raúl Basurto diseñó Mendiola en el Nº183 de la Avenida México –esquina con Avenida Sonora– de la Colonia Hipódromo (Ver).



Además, es interesante agregar la residencia que en 1932 diseñó y edificó Mendiola para el general Plutarco Elías Calles en la Colonia Anzures –en la esquina de calzada Chapultepec-Popotla y la calle dedicada a León Tolstoi–, ejemplo de la arquitectura que la nueva tradición nacionalista avalaba (Ver). 


Además, es relevante agregar que entre 1930 y 1931, el arquitecto Mendiola edificó su propia casa en la parte baja de las Lomas de Chapultepec, en la entonces calle de Lago de Pátzcuaro Nº115, casi esquina con Avenida del castillo de Chapultepec (ahora Monte Elbruz, casi esquina con Boulevard Manuel Ávila Camacho), desgraciadamente desaparecida.

Aunque cronológica y estilísticamente es aquí donde se inserta la casa de Monte Blanco Nº514, es interesante hacer evidente el amplio abanico estilístico que el arquitecto Vicente Mendiola mostró en su producción residencial, y así resultan relevantes un par de ejemplos: Primero, la Casa Cural –en el Nº14 de la calle Rodríguez Puebla, esquina con República de Venezuela– que desde 1935 diseñó como complemento al templo de Nuestra Señora de Loreto, magnífico diseño del inolvidable Ignacio Castera iniciado en 1809 (Ver).


Un segundo ejemplo sería la casa que proyectó y edificó trabajando con el ingeniero Montenegro para don Cayetano Blanco Vigil en 1940, a corta distancia de la suya propia en la av. del Castillo de Chapultepec Nº67 y lindado con el aún cauce del Río de los Morales -ahora calle Campos Elíseos- esquina con Jesús Camacho Morelos (Ver).


La casa que la propia María Luisa Mendiola cataloga como “en estilo inglés” en las diversas recopilaciones de la obra de su padre, sigue en pie -ahora como sede de una casa editorial- luego de haber albergado desde 1972 y hasta 2019 el reconocido restaurante “Sir Winston Churchill´s” creado por el empresario Rey Fernández Ruiz y su esposa Jane Pearson.

La labor del arquitecto Mendiola seguiría con elocuente producción, incluyendo en años siguientes diseños tan relevantes como la “Capilla Votiva” de 1931 en la esquina de Paseo de la Reforma y la calle de Génova –trabajando con Emilio Méndez Llinas–, los edificios para Petróleos Mexicanos (1942) –en la avenida Balderas, entre Artículo 123 y Victoria– y la Dirección General de Estadística (1943) –en la avenida Juárez, entre Humboldt e Iturbide–, así como monumentos tan trascendentes como la fuente de “La flechadora del Norte” –La Diana– (1943) y el Monumento a la Expropiación Petrolera (1952) trabajando en ambos casos con el ya afamado escultor Juan Olaguibel.



Además de varios relevantes diseños en diversos estados del país, como el Palacio Municipal de Guadalajara (1952) –trabajando con el ingeniero Marcelino Rodríguez Orozco– y la Rotonda de los Hombres Ilustres (1953) también en ese estado, se suman la Catedral de Toluca (1952) así como el Palacio de Gobierno (1967) y Plaza Cívica de Toluca en el Estado de México, incluyendo además obras tan reconocibles como la recuperación de fachada y nivel de atrio del templo de San Francisco (1957) –en Avenida Madero– en el centro de la Ciudad de México, y el santuario de la Virgen de Covadonga (1955) –en Avenida de las Palmas– en Lomas de Chapultepec.




Pero es momento de volver al general Villarreal, habitante de aquella casa diseñada por 1933 en la calle de Monte Blanco Nº514 –por entonces aún calle Lago Zúrich– esquina con Avenida de los Pirineos, que sería morada de don Antonio hasta el 16 de diciembre de 1944, cuando a las 18 horas murió a los 65 años a causa de una “Endoarteritis cerebral no traumática”, dejando la residencia a su esposa doña Blanca Sordo, ya entonces viuda de Villarreal…

Antonio Irineo Villarreal González había nacido en Lampazos de Naranjo –estado de Nuevo León– el 3 de julio de 1879, y fue bautizado el 16 de agosto en la Iglesia de San Juan Bautista, siendo hijo de don Próspero Villarreal Zuazua e Ignacia González Cantú. Inició su educación en aquella ciudad natal, llevado después a San Luis Potosí donde cursó por tres años en la Escuela Normal para Profesores, para ingresar en 1899 a la Normal de Monterrey, institución en la que se tituló como profesor en 1901.


Es interesante dar contexto a ese período, ya que durante su estancia en San Luis se relacionó con jóvenes de ideas liberales, autentica vanguardia en ese período del porfiriato; así, se reunieron en torno al Ing. Camilo Arriaga –sobrino nieto del ya entonces reconocido Ponciano Arriaga– un grupo que fundó el club liberal que le rindiera homenaje; Villarreal fungió como secretario de ese “Círculo Liberal” entre 1896 y 1898; siendo director de la Escuela de Villa Aldama, sería encarcelado por publicar el periódico “El Liberal”.

En 1901 sería dirigente del “Primer Congreso de Clubes Liberales” y por clamar su oposición a la dictadura del presidente Porfirio Díaz, sería encarcelado nuevamente; como evasión cruzó a los Estados Unidos, donde colaboraría con los hermanos Flores Magón en el conocido semanario “Regeneración”, que había comenzado en agosto de 1900 –dirigido desde el 3ª piso del “Centro Mercantil” frente a Palacio Nacional–, pero para entonces se editaba en los EEUU…


En 1904 era ya redactor de aquel semanario Regeneración, editado en San Luis Misouri y órgano de difusión de la ya “Junta Revolucionaria” que conspiraba contra la dictadura, además de entusiasta organizador del Partido Liberal Mexicano, registrado como secretario.

Con otros miembros del Partido, estuvo preso tres años en Los Ángeles –California– y en Yuma –Arizona–; Ricardo Flores Magón, Librado Rivera y Antonio I. Villarreal serían liberados de la penitenciaría de Florence, Arizona, luego de permanecer encarcelados durante 18 meses, acusados de violación las Leyes de Neutralidad de los Estados Unidos. Serían recibidos por una comisión de la Western Federation of Miners, así como por el abogado socialista Job Harriman, quienes buscaban proteger a los apenas liberados de un posible secuestro por parte de los espías y policías mexicanos que intentarían remitirlos a México.


Arriba, una curiosa tarjeta postal lituana de 1909, impresa en solidaridad con los revolucionarios mexicanos presos –tomada del “Archivo Electrónico Ricardo Flores Magón”– aparecen Juan Sarabia, Ricardo Flores Magón, Librado Rivera y Antonio I. Villarreal.

Luego de la renuncia y salida del presidente Díaz, Antonio I. Villarreal colaboró con Filomeno Mata y Juan Sarabia en el “Diario del Hogar”; en el proceso, abandonaría la Organización del Partido Liberal, migrando al maderismo, aunque a su triunfo la ya evidente escisión terminaría en trágica ruptura cuando la corriente radical encabezada por Ricardo Flores Magón se negó a colaborar con el triunfante movimiento maderista y se reiteró anarquista. Desafortunadamente y a consecuencia de esa ruptura, los moderados, liderados por Antonio Villarreal y Juan Sarabia, decidirían asentar una “Junta Reorganizadora del Partido Liberal Mexicano” en la ciudad de México, así como editar su propia versión del histórico vocero Regeneración, versión que Ricardo Flores Magón despectivamente llamaría Degeneración


En 1911 y durante un breve período, Madero nombró a Villarreal como Cónsul General de México en España y poco después se le designó con igual cargo en Japón junto a Gustavo Adolfo Madero –nombrado embajador–. El 18 de agosto de 1912 contrajo matrimonio en Cangas de Onís con la señorita Blanca Sordo Arzate, originaria de Ciudad Juárez, que al paso del tiempo jugaría un papel fundamental en el desarrollo e imagen pública de su marido.



Los Villarreal no cumplirían su encomienda en Japón a causa de los sucesos de la “Decena Trágica” y el asesinato de Madero y Pino Suárez. Luego del nacimiento de su primogénito –Manuel Villarreal Sordo– el profesor Antonio Villarreal se unió Plan de Guadalupe, hizo campaña con Pablo González (primo suyo), Murguía, Zuazúa, Ricault y Jesús Carranza, y eventualmente se unió en el norte a las huestes de la ola revolucionaria contra Huerta…


En la imagen de arriba, aparecen don Venustiano Carranza con Álvaro Obregón a su derecha y Cándido Aguilar –al frente de la Primera División de Oriente del Ejército Constitucionalista– a su izquierda; detrás, Antonio I. Villarreal, Eugenio Aguirre Benavides –Comandante de la Brigada Zaragoza– y Eduardo Hay –secretario de Guerra y Marina– en un retrato de grupo fechado en 1913.

En julio de 1913 Villarreal participó en la campaña que tuvo escenario en los estados de Coahuila y Nuevo León, y participó decisivamente en los combates de Salinas Victoria –contra Rubio Navarrete– y en los de Topo Chico, donde derrotó al general Miguel Quiroga. Entre el 24 y el 25 de octubre de 1913, Villarreal contribuyó a la ocupación de Monterrey, que había sido defendida por Adolfo Iberri. El que fuera hecho coronel en 1910 ascendido a general de brigada en 1914, cuando sus tropas combatieron en Terán, Montemorelos y Linares, internándose en Tamaulipas en noviembre, para ocupar Ciudad Victoria y atacar más tarde la plaza de Guerrero.


Para 1914, marchó sobre Monterrey, contribuyendo a la toma de esa notoria plaza el 23 abril; ocupada la ciudad, el general Villarreal fue nombrado gobernador a fin de abril y comandante militar de Nuevo León; arriba, su retrato en aquel puesto.

Dadas las grandes diferencias entre los bandos revolucionarios –sobre todo entre Venustiano Carranza y Francisco Villa– se convino una ronda de negociación en Torreón –Coahuila–; Villarreal con Cesareo Castro y Luis Caballero representaron a Carranza, mientras que villa designó a José Robles, Miguel Silva y Manuel Bonilla para representarlo. El 8 de julio de 1914, se firmó el “Pacto de Torreón” y parte del problema pareció resolverse...


Arriba, Francisco Villa y Antonio I. Villarreal en Saltillo –Coahuila– reunidos en julio de 1914. Esta sorprendente fotografía es parte del acervo de la Universidad de California en Riverside; abajo, el pleno de la Convención de Aguascalientes, que asumió la soberanía, decidió hacer a un lado a los tres principales caudillos –Carranza, Villa y Zapata–, eligió como presidente interino de la República al constitucionalista Eulalio Gutiérrez y comenzó a preparar el programa de gobierno con las reformas sociales, económicas y políticas que decidieron exigía la Revolución.


Villarreal presidió aquella Convención de Aguascalientes –en octubre de 1914–, con aspiraciones a convertirse él mismo en presidente de la República, pero optó por volver a unirse a las filas del constitucionalismo y así Carranza lo nombró gobernador de Nuevo León y comandante militar de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Desde ese puesto participaría de manera encubierta en la formación de una tercera vía entre Villa-Zapata y Carranza, en propuesta de Eulalio Gutiérrez y Lucio Blanco. Finalmente, sería separado del mando militar por Pablo González en 1915 y rompería definitivamente con Carranza por su postura independiente y por su fracaso contra el villismo, para exiliarse en Brownsville, Texas.


Antonio Villarreal se mantuvo en exilio hasta bien entrado 1920 y al triunfo de la rebelión de Agua Prieta, se acercó al general Álvaro Obregón, para ser integrado a su gabinete como titular de la Secretaría de Agricultura y Fomento. En la foto de arriba, aparece parte de ese gabinete de don Álvaro Obregón, que fue presidente de México del 1 de diciembre de 1920 al 30 de noviembre de 1924; a su derecha y en la Secretaría de Gobernación: Plutarco Elías Calles; a su izquierda y en la Secretaría de Relaciones Exteriores: Alberto J. Pani; a la extrema derecha y a cargo de la Secretaría de Comunicaciones: don Pascual Ortiz Rubio y a la extrema izquierda en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público: Adolfo de la Huerta (tres presidentes de la República mexicana saldrían de ese gabinete). Señalado aparece el titular de la Secretaría de Agricultura y Fomento: Antonio I. Villarreal…

Además, durante ese período, doña Blanca Sordo de Villarreal se mantuvo activísima y en concierto con las damas de la “buena sociedad capitalina”, se presentó en innumerables patronatos de asistencia y organización de eventos para el deleite de la Sociedad, dejando en claro la estabilidad alcanzada por el nuevo gobierno del presidente Obregón...


Arriba, en una imagen de Casasola, captada el 15 de mayo de 1921 en gradas instaladas frente al Hemiciclo a Juárez, el propio Gustavo Casasola nos indica que “…en la tribuna de honor se encontraban los miembros del gabinete, el H. C. Diplomático y el jurado calificador del certamen, integrado por las señoras María Garamendi de Braniff, Lucrecia Cámara de Maldonado, Leonor Mier de Rincón Gallardo, Blanca Sordo de Villarreal, Concepción Lascurain de Braniff, Esther Alba de Pani, María Rincón Gallardo de Ayguesparsse, Dolores Miranda de Hernández Castellot y Ana Rubio de Iturbide…”

Como contraparte, en 1922 se le niega a Villarreal el triunfo en las elecciones del senado por presiones del centro y para fin de 1923, se adhiere a la rebelión delahuertista, un levantamiento armado iniciado en Veracruz y Tabasco, por Adolfo de la Huerta en contra de Álvaro Obregón y su candidato a la presidencia Plutarco Elías Calles...

Las presiones para los opositores de Calles fueron tan fuertes que De la Huerta escapó al puerto de Veracruz desconociendo a Obregón y antes de partir pidió a su amigo Antonio Villarreal se le uniera, además de aconsejarle huir, ya que peligraba su vida. En diciembre de 1923 Villarreal salió rumbo a Puebla, tomó la capital y reunió cerca de ocho mil hombres para enfrentarse dos semanas después a Juan Andrew Almazán, que lo obligó a abandonar la plaza; así, se reunió al gobierno provisional de De la Huerta en Veracruz, como secretario de Agricultura. Entre 1924 y 27, Villarreal se mantuvo en clandestinidad –tanto en Monterrey como en la Ciudad de México– y ya durante el gobierno provisional de Emilio Portes Gil emergió como periodista, atacando la influencia de Calles en el gobierno.


En la foto de arriba, don Emilio Portes Gil –presidente Interino entre diciembre de 1928 y febrero de 1930– sale de la Cámara de Diputados acompañado de general Joaquín Amaro, Carlos Riva Palacio y funcionarios de su gabinete a bordo de un automóvil que me parece ser un Duesenberg “J” de 1927…

Don Emilio Portes Gil que del 18 de agosto al 30 de noviembre de 1928 fue secretario de Gobernación del presidente Plutarco Elías Calles, sería designado por el Congreso como presidente interino de la República iniciando su período el 1 de diciembre de ese mismo año, luego del asesinato de presidente electo, Álvaro Obregón. Durante la presidencia de Plutarco Elías Calles, justo entre dos conflictos políticos importantes –la Guerra Cristera y la peligrosa deuda externa con Estados Unidos–, Obregón manifestó interés por obtener de nuevo la presidencia; tensiones en las cámaras del congreso gestaron un debate entre callistas y obregonistas para buscar la reelección de Obregón y en enero de 1927 se obtuvo una reforma al artículo ochenta y dos constitucional para permitir una reelección –con el intervalo de un periodo de gobierno entre elecciones–, lo que abrió camino a Obregón para volver a esa silla. Así, la idea fue que Villarreal estaría junto a su amigo Obregón y formaría parte de su gabinete, aunque las circunstancias definieron un derrotero totalmente distinto…


Arriba, Álvaro Obregón recibido por Plutarco Elías Calles en la estación Colonia, acompañado por don Antonio I. Villarreal. Abajo Álvaro Obregón en la escalinata frente a la Cámara de Diputados; a su izquierda, don Antonio I. Villarreal y detrás su secretario Fernando Torreblanca.



Luego del asesinato de Obregón y para las elecciones extraordinarias de 1929, Villarreal parecía ser un candidato fiable y reconocido, probablemente por eso, fue capturado en su casa de la capital y obligado a exiliarse en los Estados Unidos, aunque apenas dos meses después, regresó a Monterrey cuando el gobierno de Portes Gil dio su anuencia para que interviniera en tareas políticas relativas a su precandidatura; así, los regiomontanos organizaron el “Partido Antirreeleccionista de Nuevo León” como filial del de la Ciudad de México y lo postularon, aunque el candidato vencedor resultó ser José Vasconcelos, anterior secretario de Educación Pública y rector de la Universidad Nacional, que se encontraba exiliado en San Francisco.

Por su lado, el Partido Nacional Revolucionario postuló al general Pascual Ortiz Rubio (antiguo secretario de Comunicaciones con Obregón) –aunque hubo polémica sobre quién sería el elegido en la convención, pues se había propuesto, en un principio, a don Aarón Sáenz– que ganaría las elecciones y sería presidente de México entre 1930 y 1932, para ser reemplazado por Abelardo L. Rodríguez –como presidente sustituto– entre 1932 y 1934.


Arriba, acompañando a don Pascual Ortiz Rubio, Emilio Portes Gil a su derecha y Antonio I. Villarreal a su izquierda…

Justo en 1934, Villarreal se mudó con su familia a la casa edificada en un terreno en la manzana 40, esquina de Calle Zúrich (ahora Monte Blanco) y Avenida de los Pirineos –justo frente a la casa de don Primo Villa Michel que fuera secretario de Economía Nacional con Abelardo Rodríguez y luego secretario de Gobernación con Manuel Ávila Camacho– y en marzo de ese año y con el apoyo de la “Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes” se aprobó su candidatura oficial para la contienda presidencial; se enfrentaría a Adalberto Tejeda del “PSI”, al líder comunista Hernán Laborde así como al general Lázaro Cárdenas del “Partido Nacional Revolucionario”; este fue su último intento por alcanzar la presidencia.

La casa del candidato parece haber sido una de las dos residencias encomendadas a Méndez y Mendiola por don Plutarco Elías Calles, que eventualmente residiría en la que se edificó en la Colonia Anzures –en la esquina de calzada Chapultepec-Popotla y la calle dedicada a León Tolstoi–, como buen ejemplo de la arquitectura que la nueva tradición nacionalista avalaba (Ver) y que por desgracia fue destruida.



La casa en la esquina de Monte Blanco y Avenida de los Pirineos se edificó sobre un predio trapezoidal con 1,985m² en esa esquina, con frente corto de orientación al norte, espacio suficiente para un amplio jardín al poniente y edificación de dos niveles a manera de pabellón, en ese fraccionamiento campestre que había pasado de Chapultepec Heights a Lomas de Chapultepec y ya se poblaba con celeridad.

Abajo una fotografía aérea de aquella esquina –con el norte hacia arriba–, en que aparece al centro la casa Villarreal/Sordo, diseñada en 1933 por la mancuerna Méndez y Mendiola.


El proyecto centró la construcción en el predio para rodearla de jardín, donde se levantó un rectángulo de dos niveles y casi 400m² de desplante –la construcción sumaría cerca de 900m² construidos– y creó una fachada ceremonial hacia el norte, con un pórtico para vehículos y la entrada protocolaria hacia la doble altura de un “hall” iluminado por un amplio tragaluz circular, eje que además se enfatizó con la mayor elevación de una habitación en tercer piso.


Aquella fachada norte que aún mira hacia la avenida de Montes Pirineos tiene una disposición simétrica a los lados del porche –que eventualmente se cerró luego de las remodelaciones de los años 80’ para albergar oficinas–, y que arriba crea una amplia terraza a la que desahogan dos de las habitaciones del piso alto. El porche definido por tres arcos de medio punto, estaría decorado por azulejos de talavera y herrería ornamental que además se repetiría en los pretiles de la terraza.


La fachada poniente y que mira hacia la avenida Monte Blanco tendría también un balcón creado gracias a un volumen que en planta baja genera accesos secundarios hacia el jardín sur y serían los atajos de uso cotidiano al ser parte de un agradable salón iluminado por un vitral con paisaje montañoso.

En general, las fachadas responden a una sobria composición con amplios paramentos aplanados, que rescata detalles ornamentales de la tradición colonial con decoraciones de tejadillos (alar) y azulejos, donde además aparecen, en herrería y remates, ornamentos a manera de volutas y roleos, que por su geometría hacen referencia a los lineamientos del “Art deco”, que en buena medida seguía en boga por 1933…


Es interesante resaltar lo distinta que esta casa era de las que se habían estado edificando en la colonia creada como “Chapultepec Heights”, que había promovido las primeras residencias a manera de “Bungalow campestre”, con una “Arquitectura Americana” que no se propagó con el éxito esperado, cediendo el sitio al “Spanish Colonial Revival” y lo que eventualmente se conocería como la arquitectura Californiana que tan bien representada estaría en Las Lomas…



La fachada sur de la casa Villarreal/Sordo, que en su momento miraba hasta la avenida Prado Sur, sacaba provecho de un amplio jardín –que sería luego usado para edificar otra residencia–, y sus fachadas hacían eco de la composición general, aunque creando un área dedicada a servicios y cocheras.


Aunque el inmueble se ha intervenido para recibir oficinas y se han modificado los accesos desde ambas calles y el pórtico para autos, la casa sigue presentando un aspecto muy similar al diseñado de origen y gracias a un muy buen mantenimiento y jardinería, podemos usarla como buen ejemplo de lo que el fraccionamiento “Lomas de Chapultepec” esperaba de su urbanización en la década del 30’, ejemplo de una “Ciudad Jardín” de amplias avenidas, con grandes banquetas rodeadas de vegetación, bajos cercados que apenas limitaban los jardines y residencias que parecían repartidas entre parques.


Desde el exterior se descubren detalles interesantes, comenzando por la herrería de la cerca, que recuerda los diseños de Mendiola en otros proyectos, aunque con la discreción de un uso privado.



Aún a pesar de las transformaciones actuales –y la pérdida del acceso principal/ceremonial bajo el pórtico–, el acceso se sigue haciendo por la fachada poniente y su muy cómoda galería iluminada por vitrales; el entrar a la casa desde ese punto permite al visitante entender las características compositivas del conjunto, con los amplios paramentos verticales aplanados y perforados por ventanas con arcos y mangueterías de madera, además de la herrería ornamental en cercas, balcones y claraboyas, los alares decorativos y los acentos de tabique y azulejo ornamental.



Ya dentro, la casa sorprende por sus acabados, de los que aún se conserva buena parte del trabajo en yesos decorativos que de origen ataviaron la casa; además, aunque varios paños han sido renovados, una parte de los vitrales decorativos –en particular una escena montañosa al centro de la vidriera central– aún conserva la distintiva extravagancia.
Aunque ataviada ahora con nuevo mobiliario y lámpara, aparece abajo la galería de acceso de la que yesos y parte del vitral central son diseño original de 1933.


El “Hall” de doble altura es eje de la distribución interior, y aunque ligeramente descentrado –supongo para permitir la iluminación cenital gracias a un amplio tragaluz circular de ocho gajos e innumerables vidros circulares– es el espacio interior más llamativo de la casa, con una arcada en planta baja, además de pasillos y miradores en tres de sus costados en la parte alta, donde otro vitral –abierto hacia la terraza poniente– complementa el atavío.


Dado que desde 1934 y hasta 1944 Villarreal colaboró como editorialista de Excelsior y el Universal, la planta baja albergaba un amplio estudio y biblioteca donde trabajar con un asistente y mecanógrafa, por lo que además de los tradicionales espacios residenciales que se esperarían agrupados en la planta baja –como sala, comedor, antecomedor y cocina– el diseño de Méndez y Mendiola contempló varios espacios para ese trabajo y con accesos separados a fin de no perturbar la marcha diaria del hogar.

La casa serviría como marco para diversos eventos sociales a los que el matrimonio Villarreal/Sordo convocó, innumerables reuniones en que con don Antonio debieron discutirse la creación de instancias como la Asociación de Veteranos de la Revolución y las relaciones del ejercito con el gobierno del presidente Cárdenas; ahí debe haberse discutido la reincorporación de Villarreal al ejército en 1940…


Arriba una fotografía en que se indica al dorso: “Manuel Celis con su novia la señorita Villarreal; con Prieto Laurens, Rodrigo Gómez, Antonio Villarreal y familiares en un salón, retrato 1922”.

Ese “Hall” de doble altura es sitio que condensa y revela buena parte de la intención decorativa en esa arquitectura interior que aún tenía un pie en los lineamientos del “Art deco”, mientras buscaba las características de un decorado acorde a la tradición neocolonial y/o californiana.

Abajo, en una vista actual de esa doble altura en la que se colocaron nuevas lámparas de tradición moderna, podemos ver el tragaluz de ocho gajos y sostenido sobre una base cuadrada por medio de pechinas -que recuerdan la innovación bizantina-, y que no puedo evitar ligar a la Representación Permanente de México en París encargada al Arq. francés André Durand, terminada a principio de 1928, con entrada por el N°9 de la Rue de Longchamp, uno de los primeros ejemplos de aquella tendencia que con el tiempo se conocería como “Art Decó”.


Galería y balcones del piso alto, así como arcadas del piso bajo en ese “Hall” de la casa Villarreal están dotados de abundante, aunque contenida decoración en yeso, que recubre fustes, dinteles, cornisas e intradós con molduras, filetes y listones que bien podrían estar inspirados en los catálogos de “L’Expositio de Arts Decoratifs” de 1925. También en esa línea están los discretos barandales que con carpintería resguardan galería y balcones altos…


Lo que más sorprende, es que no puedo evitar ligar esos diseños a los que tiempo atrás habían presentado Mendiola y Calderón en el concurso con motivo del “Centenario de la invención del Cemento Portland” –concurso en el que ganaron el primer premio–, que fueron publicados en la revista “Cemento” de junio de 1925 y donde se mostraban las muy diversas posibilidades en el uso del concreto encofrado y modelado.


Son innumerables los detalles de interés en el interior de la casa y que aún se conservan, por lo que puede ser motivo de un estudio fotográfico para el que aún no he recibido autorización…


Para el 26 de noviembre de 1940 el general Cárdenas ordenó la reincorporación de don Antonio I. Villarreal a las Fuerzas Armadas de México, con el cargo de general de brigada. En el siguiente mandato, el presidente Manuel Ávila Camacho firmó el 6 de enero de 1941 una orden similar, otorgando el ascenso a general de división, grado que se festejó cuando don Antonio cumplió 62 años.

El general Villarreal trabajó diligente a favor de la Asociación de Veteranos de la Revolución; reconocido como tal, recibió dos condecoraciones al “Mérito Revolucionario” correspondientes a los períodos maderista y constitucionalista, así como una pensión de jubilación efectiva el 1º de diciembre de 1944, computándose un total de 44 años al servicio del ejército.


Arriba, en una foto captada en 1943 luego de la ceremonia de “Condecoraciones al Mérito Revolucionario”, aparece el general Antonio I. Villarreal dialogando con Jesús Agustín Castro –que fuera gobernador en Chiapas y Oaxaca, y luego secretario de la Defensa Nacional de 1939 a 1940 durante la presidencia de Lázaro Cárdenas– y al centro el general Cándido Aguilar Vargas (yerno de Venustiano Carranza y gobernador de Veracruz).



Antonio Irineo Villarreal González murió en su casa de Monte Blanco Nº514 el 16 de diciembre de 1944, pasadas las seis de la tarde, a causa de una hemorragia cerebral no traumática; por sus propias indicaciones el cuerpo se veló durante un par de días en su propia casa.

Luego, la guardia pública ante el féretro el 18 de diciembre convocó al presidente Manuel Ávila Camacho, al secretario de Marina –Gral. Heriberto Jara–, al subsecretario de la Defensa Nacional –Gral. Francisco L. Urquizo–, a los generales Esteban Vaca Calderón, José Agustín Castro y José (Jesús) Agustín Castro, así como a su hijo, el ingeniero Manuel Villarreal Sordo. El cuerpo se llevó luego al Panteón Español donde en 1970 se sepultó también a doña Blanca Sordo de Villarreal.



Una notable vida de 65 años que llevo al maestro de Lampazos de Naranjo –estado de Nuevo León– a reunirse con los Flores Magón y sus ideales, a prisiones varias en México y Estados Unidos, a trabajar con Madero, sufrir la “Decena trágica” y unirse a las batallas de la Revolución, a la Gubernatura de Nuevo León, y trabajar luego con Venustiano Carranza y en el gabinete al lado de Álvaro Obregón, para enfrentarse luego a Plutarco Elías Calles y presentarse tres veces como candidato presidencial, antes de ser derrotado definitivamente por Lázaro Cárdenas…




Este Blog se hace gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea más información, haga el favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; en general, he editado las imágenes a fin de lograr ilustrar mejor el texto. Si se utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.


Conforme haya más entradas (¡Ya hay más de ciento treinta!), aparecerán en el índice de la parte superior derecha de esta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html Ver















4 comentarios:

  1. Qué bellas fotografías arquitectónicas de ese bello país que es México. Y observo que muchas de las fotografías son clásicas y antológicas, viéndose por tanto que esas edificaciones llamaban ya la atención en tiempo antiguo. Sin duda alguna en México desde hace mucho sin muchos años ha habido ya grandes arquitectos y grandes trabajadores que han plasmado su obra y su trabajo las virtudes heredadas de esa tierra. Esperemos que a fecha actual todos los edificios que se consideren valederos de honra y de memoria, sean convenientemente protegidos y catalogados como de valor histórico para preservar el patrimonio del propio pueblo.

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  2. Muchas felicidades por su trabajo de investigación, es muy loable todo su interesante trabajo. El proyecto original de la Catedral de Toluca es del Arquitecto Ramón Rodríguez Araingoti, presentado en 1870, pero el Arq, Mendiola le dió otro aspecto posiblemente las dos torres, que en el proyecto original no existían.
    Sería muy interesante investigar sobre la antigua iglesia que existió en el lugar de Catedral de Toluca, que era parte del monasterio de los Franciscanos

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