lunes, 4 de noviembre de 2019

Casa Suberbie-Mendiola/Cortina en Paseo de la Reforma N° 297

Ahora acceso a SOFITEL-CDMX



Terminada en 1938 por el arquitecto e ingeniero Rafael C. Goyeneche para don Emilio Suberbie y su esposa Enriqueta Mendiola en un predio de más de 1,100 m² y con frente al Paseo de la Reforma, es de los pocos ejemplos residenciales que –aunque mutilada– sobreviven en la Avenida. Entregada a don Felipe Suberbie y donde residiría con María de Lourdes Cortina, fue luego casa de cambio GLOBAL, sucursal de Banca SERFIN y desde 2015, recortada y asimilada al acceso de la torre SOFITEL; abajo la casa de Paseo de la Reforma N°297 en un “Render”, como acceso al hotel...


Según el dato que en 2014 daba don Enrique García y García, la magnífica casa con número 297 del Paseo había permanecido en manos de la familia Suberbie-Cortina hasta que se pactó la venta para erigir una esbelta torre; la primera crujía de la casa edificada por Goyeneche en 38 se integró primero al diseño de la “Torre Auténtica Reforma” y aún se conserva como parte del nuevo SOFITEL (AccorHotels) que se edifica desde 2015, y lo que fuera el acceso a la casa será paso al bar…





Don Emilio Suberbie Fernández, nació el 24 de enero 1892 en Chihuahua, hijo de Felipe (Philippe) Suberbie Ramonfaur y Josefa Fernández Escontrías (n. 1861). Para octubre de 1920, Había casado en Chihuahua, con Enriqueta Mendiola Rosambeau (1893-1961) con quien procreó cinco hijos; don Emilio es recordado por su importante papel en la Cervecería Moctezuma de Orizaba –siguiendo los pasos de su padre–, “Extractos y Maltas SA”, Central de maltas y Banco de México.



La familia Suberbie traza su origen a la comuna francesa de Monein, en la región de Aquitania, al sur del país y al pie de los Pirineos; cercana a Pau, Lourdes, Bayona y Biarritz, en pleno Bearn vinícola, zona afamada por el Jurançon, dulce y dorado vino blanco de ilustre historia. Así, en 1553, Enrique de Borbón (el futuro Enrique III de Navarra y Henri IV de Francia) fue bautizado en Pau a la usanza bernesa, frotados los labios con ajo y mojada la frente con unas gotas de Jurançon, calificado hasta bien entrado el siglo XIX como “vino de Reyes y rey de los vinos”.



La familia Suberbie era de tradición agrícola y hasta la fecha, un camino que sale de Monein hacia el sur, se conoce como “Chemin Suberbie”. Nos cuenta Isabel Suberbie que “…nuestro ancestro Jean Suberbie era viticultor; una parte de la familia emigró a Biarritz, otra a Bordeaux y nuestro bisabuelo Philippe a México, donde se casó con Josefina Fernández.”

Aquel Philippe Suberbie Ramonfaur (1861-1915) era hijo de Baptiste Suberbie Ranbez y Françoise Ramonfaur Berduc y dada la confusa situación económica de la zona en 1875 partió camino a América buscando mejor futuro. Hacia 1877 se estableció primero Chihuahua y luego en Veracruz, y en 1886 casó con Josefa Fernández Escontrías (nacida y bautizada en la arquidiócesis de Chihuahua el 17 de noviembre de 1861 e hija de Ignacio Fernández Villegas y María de Jesús Escontrías González) con quien procreó cinco hijos de los que solo dos sobrevivieron: Jesús de Dios (n.1887), Josefina (n. 1889 que casaría en 1921 con José Félix Bezaury Falomir), Emilio (n. 1892 que casaría en 1920 con Enriqueta Mendiola Rosambeau), Juan y Carmen, todos Suberbie Fernández.



Don Felipe (que transformó el Philippe de su infancia) resultó ser magnífico administrador, y hacia 1896 se involucró en una cervecería que Enrique Mantey y Guillermo Haase habían fundado en la ciudad de Orizaba, parte del impulso industrializador de la ciudad, encabezada por las fábricas textiles de la “Compañía industrial de Orizaba”(luego CIDOSA); la cervecería formada en 1894 se reestructuró como una Sociedad Anónima en 1896, y bajo el nombre de “Cervecería Moctezuma, S.A.” agregó capital alemán a través de los Señores Adolph Burhardt, Cuno Von Alten y Emilia Settekorn de Mantey, así como capital francés representado por Felipe Suberbie, respaldado por la Société Financière pour l'Industrie au Méxique.

Abajo, en una imagen captada en 1898 por el fotógrafo Juan D.-Vasallo , cuando iniciaban los trabajos de ampliación, la “CERVECERÍA MOCTEZUMA” aparece la fachada sur del edificio y lo que hoy es la calle 10 Sur (Poniente 17) en Orizaba; al fondo, la inconfundible silueta del “Cerro del Borrego”.


Con Adolph Burhardt como maestro cervecero y aprovechando la pureza del deshielo del Pico de Orizaba (volcán Citlaltépetl), la Cervecería Moctezuma llegó al mercado con cerveza tipo Pilsener en maracas como La Luna, La Flor, La hija de Moctezuma, Juárez y MODELO.

En los últimos años del S.XIX la cerveza comenzó a sustituir al pulque en el paladar mexicano y gracias a su fácil conservación se elevó como la nueva bebida de elección e impulsó el crecimiento de esa industria y la competencia entre productores, entre los que “Cervecería Moctezuma” destacó.



Además, para 1900 la “Moctezuma” recibió medalla de Oro en la “Exposición Universal de París” y para el año siguiente, bajo la dirección de don Felipe, el capital francés pasó a predominar en la empresa emprendiéndose un periodo de modernización y crecimiento, incluyendo en 1912 la adquisición de la Cervecería El Salto del Agua, y con ella la marca de cerveza “El Sol”…

Con la Société Financière pour l'Industrie au Mexique -fundada por Jean Signoret-, sus ligas al Banco de Londres y México -dirigido ya entonces por Joseph Signoret-, y la comunidad Barcelonnette, los Suberbie pasaron a formar parte del sector financiero que hacia 1910 se perfilaba como señero en el nuevo siglo mexicano y así, Felipe Suberbie Ramanfour dirigiría “Cervecería Moctezuma, S.A.” hasta su muerte en 1915, cargo en el que lo sustituiría su hijo, Emilio Suberbie Fernández de cuya casa trata ésta nota...



Luego de la muerte de don Felipe en 1917, Emilio –de 25 años– tomó las riendas de la Cervecería Moctezuma e inició una serie de transformaciones administrativas que resultarían relevantes para el futuro de la compañía –como la creación de Corrugados Tehuacán (COTESA), que inició sus operaciones en 1936 para proveer las cajas de cartón donde empacar la cerveza–, aunque daría también inicio a un proceso de agregación que la transformaría en parte de un gran conglomerado cervecero que hoy conocemos como “Cuauhtémoc-Moctezuma / Heineken México”.

Entrada la tercera década y luego de pacificado el país, la familia de don Emilio Suberbie y su esposa Enriqueta Mendiola se establecieron permanentemente en la ciudad de México, por lo que decidieron construir una residencia con frente al Paseo de la Reforma, sobre un amplio predio de 1,100m² ‒a unos pasos de la Columna de la Independencia y colindante con el amplísimo predio de la casa de la familia Suinaga/Escandón‒ y encargaron al arquitecto Rafael C. Goyeneche el diseño de su nueva residencia.



Aunque el panorama político había cambiado radicalmente para entonces y el país había pasado por una movimiento revolucionario, para 1921 esa Revolución había terminado oficialmente –aunque se diera la “Guerra Cristera” de 1926 a 1929‒ y el Paseo mantenían su carácter residencial, aunque habían comenzado las mudanzas con la transformación de algunas casas para albergar colegios –como el Helena Herlihy Hall, en la esquina opuesta– y al poco tiempo comenzaría la transformación en corredor urbano con edificaciones de altura importante.


Arriba, en una toma fechada en 1936 y captada desde el capitel de la Columna de la Independencia, aparece en primer término –abajo a la izquierda – el nuevo edificio del Colegio “Herlihy Hall” edificado en la esquina de Reforma y Río Danubio, en un terreno que luego ocuparía el hotel María Isabel Sheraton; luego se distingue la casa Suinaga/Escandón con su jardín y el N°309 del propio Paseo, en un terreno que eventualmente recibiría el edificio de la Embajada de los Estadios Unidos de América; al fondo sobresale el recién terminado Monumento a la Revolución que aprovechaba la estructura central del Palacio Legislativo; el edificio alto que se distingue sobre el Paseo es el Hotel Reforma, inaugurado ese mismo año.




Desde 1937 el arquitecto Goyeneche inició la edificación de la casa N°297 del Paseo de la Reforma –entre las calles dedicadas a los Ríos Danubio y Sena‒, sobre un predio con poco más de 1,100m² y lindante con el jardín de la casa de la familia Suinaga-Escandón, construida por él mismo poco menos de treinta años antes.

Rafael Carlos Goyeneche nació en México en 1877 e hizo estudios en la Academia de San Carlos y el Colegio de Minería y según indica Israel Katzman se recibió en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1904, período en que el arquitecto Antonio Rivas Mercado ‒Director‒ y Antonio Fabrés –Subdirector– sobrellevaban refriegas y enfrentamientos operativos, a pesar de los que aún pudo recibir el título de Ingeniero y Arquitecto. Desde 1900, Goyeneche había publicado en la revista “El Arte y la Ciencia” -que editaba su profesor Nicolás Mariscal-, algunos de sus diseños como estudiante, incluyendo una villa y la Estación del ferrocarril de Hidalgo y Nordeste…


Los Anales de la Escuela Nacional de Bellas Artes, indican que hacia 1909 y por parte de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, se encomienda a Goyeneche trasladar una fuente con bocetos ejecutados a tamaño real por el escultor Jesús Fructuoso Contreras, a los jardines de Chapultepec, aunque desafortunadamente el trabajo final y fundido no se ejecutó para las Fiestas del Centenario según estaba planeado. En general, don Rafael Carlos Goyeneche se firmaba en documentos oficiales como Ingeniero y desde 1898 estableció relación con despachos de construcción que se interesaban en promover edificaciones en nuestro país.



Desde 1898 y trabajando con la “Purdy & Henderson Co.” diseñó dos tiendas departamentales siguiendo el modelo de “Au Bon Marché” de Paris ‒que desde 1852 había sido completamente actualizado por Aristide Boucicaut‒ y tomando como modelo el “Annexe Ameublements” edificado en la esquina de Rue du Bac y Babylone, diseñó las tiendas erigidas con novedosa estructura interna de acero.



En 1895 inició la edificación del inmueble para el nuevo “Al puerto de Veracruz –Gran Almacén de Ropa y Novedades-” de Signoret, Honnorat y Cía., establecimiento especializado en venta de artículos de ropa, sedería, muebles y decoración de habitaciones, tejidos y vinos‒ un edificio levantado en la esquina de Capuchinas y 5 de Febrero (ahora Cinco de Febrero y Venustiano Carranza). Aquel edificio se sustituyó a final de los años 30’ por una nueva construcción de características modernas en el mismo predio.



Por otro lado, Goyeneche también diseñó “El Puerto de Liverpool”, comercio que había iniciado como un cajón de ropa fundado en 1851 por Jean Baptiste Ebrard y F. Fortolis, y se transformó en la tienda erigida en la esquina de San Bernardo y Callejuela del Cabildo, a un lado del Palacio de Hierro, con una edificación que desapareció en 1936 al abrirse la Avenida 20 de Noviembre.


Ambos edificios levantados en corto tiempo parecían de fábrica tradicional, pero aprovecharon las novedosas estructuras de acero para reforzar muros y dar amplios claros a las losas; cuando se demolió la vieja tienda Liverpool para abrir la Avenida 20 de Noviembre –ya estaba preparada la ampliación y se creó una nueva fachada sobre la avenida al retirar el edificio de Goyeneche–, se hizo evidente el adelantado sistema constructivo. Arriba, “El Puerto de Liverpool” en un grabado de 1899; abajo el mismo edificio en proceso de demolición visto desde la Avenida 20 de Noviembre –detrás del edificio podría verse la Catedral Metropolitana al terminar la demolición‒.



Entre 1904 y 1908 Goyeneche trabajó además en el diseño y edificación de dos casas sobre la Avenida Juárez, una espectacular residencia que aún se conserva en el N° 26 de la calle dedicada a Abraham González ‒entre Lucerna y General Prim y a corta distancia de la Secretaría de Gobernación‒ en la Colonia Juárez, y la señorial casona que aún conserva el N°28 de la calle dedicada a Ignacio Allende en el centro histórico, a apenas 100 metros de la entonces Cámara de Diputados –hoy Congreso de la Ciudad de México –.

Abajo, dos tomas en que aparecen las casas diseñadas por Goyeneche en N°28 de Allende y N° 26 de Abraham González.





Para 1905 y ya con sus credenciales profesionales, Rafael Goyeneche contrajo matrimonio con María García, con quien engendraría una hija que llamaron igual que su madre. Quiero agradecer tanto a don Jesús Goyeneche como a Gerardo Goyeneche el haberme proporcionado las imágenes familiares que aquí aparecen; es un honor el que se me permita examinar la historia familiar…
Abajo, doña María García de Goyeneche y Rafael Carlos Goyeneche ataviados para la ceremonia de matrimonio.



Desde 1906, Goyeneche estableció relación con la familia Scherer y al centro de un magnífico terreno de casi 7,500 m² en Mixcoac, edificó una “Quinta campestre” (Ver) que años después sería sede del Colegio Madrid frente a la Avenida Revolución. Goyeneche trabajó también en ese período para la familia Cusi, al levantar un “Chalet” en el N°365 del recién ampliado Paseo de la Reforma ‒cuando la ahora Colonia Cuauhtémoc aun no se urbanizaba‒, residencia diseñada desde 1907 aunque terminada hasta 1916 para don Dante Cusi Castoldi y Teresa Armela Archinti.

Abajo, la “Quinta campestre” de la familia Scherer en Mixcoac y más abajo una toma desde el capitel de la Columna de la independencia mirando hacia el poniente, donde aparece solitario, el “Chalet” de la familia Cusi, que aún pervive en la esquina del Paseo y la calle dedicada al Río Guadalquivir.





Además, desde 1908 el arquitecto Rafael Goyeneche trabajó con la colaboración de Ignacio Marquina (entonces aún estudiante de arquitectura) en el diseño y edificación de una casa para la familia Suinaga/Escandón en la esquina de la calle dedicada al Río Danubio y el Paseo de la Reforma -en lotes con números 301, 305 y 309 del propio Paseo- (Ver) y a un lado de la casa que el propio Goyeneche edificaría años después para don Felipe Suberbie y de la que trata ésta nota. Los predios de aquella residencia Suinaga son ahora ocupados por la Embajada de los Estados Unidos de América, edificada entre 1960 y 1964 por los arquitectos Nicolás y Mariano Mariscal Barroso.



A pesar de pronosticársele una carrera prometedora como diseñador, luego de recibirse en 1917, el arquitecto Ignacio Marquina prestó servicios en la Dirección de Antropología, explorando el sitio de Teotihuacán con don Manuel Gamio, para luego ejecutar trascendentales excavaciones en los sitios arqueológicos de Uxmal y Chichén Itzá; en Agosto de 1928 y para el XXIII Congreso de Americanistas, publicó su “Estudio Arquitectónico Comparativo de los Monumentos Arqueológicos de México” como parte de la Dirección de Arqueología de la SEP.


Además de ser profesor de arquitectura prehispánica en la Escuela de Antropología e Historia de México, a Marquina se le recuerda por la publicación de su magnífico libro de 1951 “Arquitectura Prehispánica” y en 1959 el trascendental “Templo Mayor de México” –como “Guía Oficial” del INAH‒, con una reconstrucción del conjunto que siguió vigente hasta luego de las excavaciones de los años 80’; abajo, aparece el “Plano de la maqueta, con indicación del Recinto y de los templos que contenía, en relación con el plano actual de la ciudad indicado en líneas color naranja”, que fuera publicado desde 1959; aunque los datos se han rectificado luego de las excavaciones que iniciaron en 1978, el dibujo sigue siendo sorprendentemente acertado…



La trayectoria de Marquina es esencialmente recordada por sus aportaciones en el ámbito de la arqueología, sin que se haga mención de su actividad como diseñador, asociado inicialmente con Rafael Goyeneche o como proyectista independiente en la esquina de Hamburgo y Génova, o sus aportaciones posteriores dentro de la corriente de arquitectura nacionalista luego de la Revolución...



El proceso revolucionario mexicano no fue agradable para don Rafael C. Goyeneche, por lo que desde 1913 decidió emigrar a los Estados Unidos y para 1916 laboraba en las oficinas de “Purdy & Henderson Co.” de Nueva York, despacho que había edificado en 1904 la torre de The New York Times y en 1902 la admirada tienda “Macy’s” en Herald Square, y el “Flatiron Building” terminado también en aquel 1902. De Nueva York Goyeneche pasó a La Habana –Cuba– donde en el N°32 de la Calle Empedrado –frente al Parque Cervantes‒, se siguió desempeñando como ingeniero, arquitecto, constructor y supervisor para la firma “Purdy & Henderson Co.” (aunque Lightner Henderson ha había muerto ese 1916) y ahí diseñó supervisó obras tan importantes, como el Club de Periodistas y el Havana Yacht Club…


Aquel edificio del Havana Yacht Club sustituía una edificación anterior, y en su momento fue uno de los más solemnes y elegantes en su género; como ya mencioné, fue construido por la firma norteamericana “Purdy & Henderson Company”, bajo la “inspección” del ingeniero y arquitecto Rafael C. Goyeneche y se equipó con lujo en mobiliario, lámparas y vajillas de casas de Europeas. El edificio aún subsiste –aunque deteriorado– como Club Social Julio Antonio Mella, frente al monumento a Calixto García en la avenida 5ta.



Dado que en 1919 se promulgó la “Ley del Turismo” que legalizó el juego en la isla, a Goyeneche se encomendó también el diseño de un Casino en la Playa Marinao, como parte central del desarrollo urbano que transformaría “La Playa” en un conglomerado turístico que pudiera competir con las grandes playas europeas por la calidad de instalaciones e infraestructura; como indemnidad al Yacht Club y en un predio aledaño, proyectó y supervisó la edificación del “Gran Casino Marinao” -luego Casino Nacional- con un lenguaje que integraba la función de los edificios.


Como complemento y en la rotonda de acceso al “Gran Casino Marinao” se colocaron un estanque y una fuente con sugestivas figuras, que desde su instalación causaron furor y apostillas entre los asistentes a las ruletas; Goyenehe había encomendado al simpático pero polémico escultor Aldo Gamba –autor también del Monumento al Mayor General Máximo Gómez, colocado al inicio de la Avenida de las Misiones‒ un conjunto que oficialmente se llama “La Danza de las Horas” pero que generalmente se conoce como Fuente de las Ninfas o de las Musas, con ocho agiles y desnudas bailarinas, que con gracia danzan al borde de un tazón con surtidores de agua.


En 1928, el edificio diseñado por Goyeneche fue remodelado por “Schultze & Weaver”, dándo al casino fachadas neoclásicas, remozado que incluyó un monumental arco “palladiano”, como parte de la fachada principal, aunque se conservaron mayormente estructura original y fuente.


Hacia 1948 el Casino fue adquirido por el “Country Club de La Habana”, demolido y el terreno utilizado para ampliar y mejorar las instalaciones del club, mientras que la fuente pasó desde 1953 a ataviar el acceso al Cabaret Tropicana.





Además de Club y Casino, por 1926, Goyenche encabezó la reconstrucción y remodelación de la iglesia San Felipe de Neri de La Habana, para transformarla en sede del Banco de Comercio, con un diseño que desde entonces hace alarde de una imaginativa interpretación neo-barroca, en la calle Aguiar No. 402 esquina Obrapía; luego de servir como banco y modificado el uso luego de la Revolución, el Templo/Banco fue transformado en Casa de Cultura y ahora funciona como Sala de Conciertos.



También durante esos años veinte, Goyeneche edificó en La Habana cuatro casas más en la zona residencial de La Playa y El Vedado, entre las que destaca la de N° 502 al cruce de calles 19 y E, que ahora es el Centro Cultural Dulce María Loynaz, por haber habitado ahí la escritora y ganadora del premio Miguel de Cervantes.



En ese mismo período, Istrael Katzman nos indica que el arquitecto diseñó desde 1925 y en la Ciudad de México el nuevo edificio para el “Hotel Majestic”, probablemente en afinidad con la remodelación de la iglesia de San Felipe; levantado sobre el terreno que antaño ocupara la casa de don Rodrigo Albornoz ‒contador real de la Nueva España‒ , el predio con frente a la Plaza de la Constitución y esquina de la entonces recién bautizada Avenida Madero (antes Plateros) se diseñó con el mismo alarde de interpretación neo-barroca –o neocolonial‒ que la iglesia San Felipe Neri, aunque con los ajustes necesarios para adecuarlo a las tradiciones mexicanas, con la adición de talla en chiluca y paramentos forrados de tezontle.


Tan trascendente resultaría el diseño, que se utilizó como modelo para reformar las fachadas a la Plaza de la Constitución en esa cabecera de manzana –luego de la remodelación del Palacio Nacional siguiendo en 1926 el diseño de Augusto Petriccioli–, retomando altura, vanos y silueta del Hotel para unificar otras fachadas con los pórticos y frentes hacia la Plaza, incluyendo la sección esquinera del que fuera Centro Mercantil e influyendo sobre el diseño del edificio del DDF.


Las puertas del Hotel Majestic no abrieron sino hasta diez años después, cuando ya Goyeneche había regresado a México, y resulta ineludible pensar que el hotel se benefició de algunos elementos de diseño y experiencias obtenidas del Havana Yacht Club y así desde 1937, las vistas desde las habitaciones “Del Majestic” fueron celebradas…


El período debe haber sido de gran actividad profesional para el arquitecto, y supongo como mera especulación que con dos proyectos importantes edificándose simultáneamente en dos países y bajo su única supervisión, Goyeneche debe haber saboreado el intenso dinamismo de su profesión, aunque parece ser que la situación familiar se deterioró gravemente durante ese período luego de la muerte de su esposa.

Abajo, en fotografía de Manuel Ramos fechada en 1937, una de la habitaciones del Hotel Majestic con su mobiliario neo-colonial y vista a la Plaza de la Constitución de Cádiz (1812) rematando en el acceso principal de Palacio Nacional.



Istrael Katzman indica que Goyeneche participó también en diseño y ejecución de edificios para la firma de don Facundo Bacardí Massó, pero no he logrado encontrar referencias, y Goyeneche no parece haber estado involucrado en el diseño del Edificio Central de la compañía que se concluyó hacia 1930 en un curioso estilo “Decó” sobre la Avenida de Bélgica No. 261 entre Empedrado y San Juan de Dios.

Luego de los disturbios del 29 de mayo de 1934, ligados al Tratado Permanente y la Enmienda Platt entre Estados Unidos y Cuba, Goyeneche vuelve a México definitivamente para dedicarse de lleno al Hotel Majestic, y retoma tareas con algunos de sus antiguos clientes, incluyendo la familia Martínez del Río, para quienes había diseñado un mausoleo en el Panteón Francés de La Piedad.




Es aquí que da inicio el diseño de la que sería residencia de Emilio Suberbie y Enriqueta Mendiola sobre el Paseo de la Reforma, contratado seguramente por su liga con Signoret, Honnorat y Cía. Abajo, en una toma oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1952, aparece a la izquierda el Paseo de la Reforma con la Columna de la Independencia y a la derecha las calles dedicadas a los ríos Danubio, Lerma y Papaloapan; en el óvalo rojo he señalado la que sería casa Suberbie/Mendiola en el N° 297 del Paseo de la Reforma.



Es interesante señalar que para 1938, en el predio colindante hacia el oriente, ya se había construido la casa con número 295 del Paseo, siguiendo un moderno diseño de sobria influencia “streamline” y que desafortunadamente fue demolida prematuramente; a pesar de tal influencia vanguardista –que ya permeaba en los altos estratos de la sociedad mexicana‒, el arquitecto Goyenche se comprometería a usar elementos de tradicionales características académicas para el diseño del N° 297...

Abajo, una toma de la casa N° 295 del Paseo de la Reforma, que pertenece al AGN -archivo Casasola- y que fue probablemente captada hacia 1940; se me ha dicho que la casa fue proyecto del arquitecto Carlos Obregón Santacilia, pero aunque tiene similitudes con algunos de sus diseños residenciales –especialmente con la casa diseñada para don Manuel Gómez Morín en la Av. Nuevo León– no he logrado confirmar el dato.



Ya desde 1888 y por iniciativa de Don Francisco Sosa, el Paseo se había decorado con bancas, efigies y jarrones, y en 1895 se inauguró así el tramo entre la Glorieta de Carlos IV y el Monumento dedicado a Cuauhtémoc; en 1897 se decidió ampliar el segmento del Paseo desde aquella glorieta de Cuauhtémoc y hasta Chapultepec, y se re-trazó desde la “Estación Colonia” del Ferrocarril Nacional Mexicano y hasta la desembocadura de la avenida frente al cerro de Chapultepec, incluyendo a la Gran Glorieta que recibiría la Columna de la Independencia.


En 1893, don Manuel González Cosío, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas anotaba que “…la ampliación consiste en la adición de una faja de terreno de quince metros de latitud a cada lado de la calzada, desde la glorieta en que se halla el monumento a Cuauhtémoc hasta la entrada al bosque de Chapultepec. En dicho terreno se construyen dos calzadas paralelas a la Calzada de la Reforma, inmediatas a los terrenos de propiedad particular que limitan por ambos lados el nuevo paseo, formándose jardines y banquetas entre las calzadas.”

Ahí, también quedaron instaladas esculturas obsequiadas por los estados de la República y los jarrones diseñados por Gabriel Guerra montados sobre pedestales de cantera tallada según el diseño dispuesto por Lerdo de Tejada desde 1873, uno de los cuales quedaría frente al jardín Suinaga-Escandón y la casa Suberbie-Cortina. Al Oriente, se colocó la efigie de Ignacio López Rayón ejecutada por Jesús Contreras y entregada por el Estado de Michoacán en 1899 y al Poniente, el bronce homenaje a Pedro Méndez, ejecutado por el Catalán Federico Homdedeu y entregada por el Estado de Tamaulipas en 1902.


En correspondencia con esos diseños, la residencia del N° 297 se allegaba una decoración que se popularizó en el período, con una composición que mucho debe a la obra que para Louis XIV realizó Jules Hardouin Mansart en Versalles, particularmente en el ritmo y proporción de vanos en la fachada del Grand Trianon, y que recuerda además elementos de la tradición formal inaugurada por Louis XVI, incorporando detalles de “Die Neuen Kammern” que para el Schlosses Sanssouci diseñara Knobelsdorff, salpicado todo con fragmentos rescatados de la opulencia arquitectónica del Segundo Imperio en Francia; influencias que pueden verse también la casa de Marsella 44 –Colonia Juárez– que en 1913 diseñara el arquitecto Francisco Martinez Gallardo y que ha sido intervenida para transformarla en rectoría de la Escuela Bancaria y Comercial… (Ver)


Así, los lineamientos de diseño del “Grand Trianon” de Mansart, son clara inspiración para Goyeneche en Reforma 297, esbozo que por momentos recrea una de las alas frontales del palacio residencial que Luis XIV se hizo construir en 1687…


El conjunto de dos plantas, presenta un basamento a manera de semi-sótamo que alberga recibidor, despacho, salón de fiestas y dependencias de servicio incluyendo cocina, y hacia la fachada principal muestra puerta y ventanas resguardadas por herrería de muy buena factura protegidas por fastuosas ménsulas que sostienen balcones del gran salón de la "Planta Noble", protegidos éstos por antepechos también con herrería ornamental en “suite de cartouches et fleurs de lys” que se repite en otros balcones y escalera interior; encima, y señalados por balcones y ménsulas, ventanas de arco ornamentado, protegidas por cierros metálicos plegables, y culminando la composición -luego de la robusta cornisa- grupos de balaustres ceñidos por pedestales.


Entonces, la fachada sur hacia el Paseo de la Reforma se cubre de cantera y presenta talla de magnífica factura que recuerda aquel recito real -paréntesis al que escapaba el rey con su familia- con sus tres distintivos arcos, ventanas con montante de abanico y clave ornamentada a manera de ménsula de la que brotan lazos de flores y hojarasca, curvas acogidas entre pilastras estriadas de capitel con volutas y colgantes vegetales; aunque en otras áreas, las reminiscencias provienen de otros y muy diversos sitios…


De particular interés es el tratamiento en las esquinas, que con doble arista crea un sistema de incuestionable barroquismo, que se traslada a entablamento y cornisas, llegando incluso a los tramos balaustrados que rematan la composición de esa fachada y primera crujía de la casa.



En una planta compacta que aprovecha al máximo el frente del terreno -relativamente estrecho- y libera al edificio de las colindancias perimetrales, el acceso se da en la zona central donde el cuarto de siete entre-ejes de la construcción, marca acceso y vestíbulo con escalera que permite subir a la “Planta noble”, eje que se señala con amplio balcón y correspondiente balaustrada…


Los elementos de esa composición pueden rastrearse a muy diversas influencias y considerando que Goyeneche pasó un período significativo en Nueva York, uso como ejemplo las grandes residencias “Beaux-Arts” de la Quinta Avenida, con las que seguramente estaba familiarizado; entre esas, resaltan las residencias de Robert Livingston Beeckman y la de George Crocker (cuyo acceso aparece abajo) con las que podemos evaluar el ecléctico repertorio formal empleado en Reforma 297.




Al interior, la casa respondía también a esos lineamientos de sobriedad establecidos desde 1688 en el Grand Trianon, con espacios cuya decoración huía de las opresivas doraduras del Palacio de Versalles y en cambio hacía gala de refinada decoración blanqueada y esculpida en suave realce; no tengo imágenes del salón principal de Reforma 297, pero se puede ejemplificar esa decoración con el interior de la casa Braniff/Lascurain (Ver https://grandescasasdemexico.blogspot.com/2018/05/casa-braniff-lascurain-en-reforma.html ), edificada a apenas unos metros –frente a la glorieta de la Columna de la Independencia– al cruce de Reforma y Río Tiber.


Otros buenos ejemplos de esos interiores estuvieron en las residencias de Robert Livingston Beeckman y la de Ben Ali Haggin en Nueva York -cuyo salón aparece abajo- ornamentación de variadísima impetración a fin del S. XIX y que Goyeneche emplearía con destreza a final de la tercera década del S. XX.



La escalera para ascender a la planta principal de la casa se iluminó con tres grandes ventanales que a través de cristales biselados y emplomado miraban hacia el Poniente y jardín Suinaga, permitiendo el paso de luz gracias a un calado barandal de hierro que repetía los motivos de los balcones exteriores. Abajo, la escalera de la casa Suberbie-Cortina vista desde la planta principal, cuando ya se había construido en el terreno colindante, la Embajada de los Estados Unidos y la casa operaba como sucursal bancaria.


También de ese período, abajo aparece el vestíbulo alto de la casa, que por años fungió como sucursal de Banca Serfín, imagen en la que se puede distinguir el tragaluz central y las diversas puertas acristaladas que permitían el paso a las diversas dependencias de la casa. Más abajo, el acceso desde el jardín.






Aunque Don Emilio se mantuvo a la cabeza de Cervecería Moctezuma, hacia 1941 don Raúl Bailleres Chávez, propietario del Banco de Crédito Minero y Mercantil, encabezó a inversionistas mexicanos que adquirieron la Cervecería Moctezuma luego de que la sociedad afrontara altibajos productivos. Además, Emilio Suberbie Fernández formaría parte de la Asociación Industrial Vallejo, que ahora incorpora a empresas tan diversas como “Cuauhtémoc-Moctezuma”, “Condumex” y “Coca-Cola Company”, hasta “ADO”, “Bimbo” y “Lala”, pasando por “Audi”, “Marian” y “Kohler”…

Desde 1939, Don Emilio formó parte del Consejo de Administración del Banco de México, fungiendo como Consejero Propietario de 1940 a 1949 y en 1951-52, 1966 y 67. Como tal, estampó su firma en algunos de los billetes emitidos por el Banco de México en aquellas décadas, cuando diseño e impresión se encomendaban a la American Bank Note Company; abajo, un admirado ejemplar de la serie BDA de 1967, billete que algunos quincuagenarios (o con aún más años a cuestas) recordarán con afecto…



El billete de veinte pesos mantuvo ese diseño por décadas y mostraba en el anverso el perfil de “La Corregidora” -doña Josefa Ortiz de Domínguez-, parte ineludible de la historia de la Independencia, complementado en el reverso por una perspectiva del “Palacio del Gobierno Federal en Querétaro”, en un magnífico trazo de lo que fuera el patio barroco del Claustro del ex-Convento de San Agustín y ahora llamamos Museo de Arte de Querétaro.


A la muerte de don Emilio y doña Enriqueta, la casa pasó a ser ocupada por el hijo menor de aquel matrimonio y su esposa; Felipe Suberbie Mendiola había contraído nupcias con María de Lourdes Cortina Portilla, hija mayor del matrimonio de Manuel Cortina García (1877-1947) y María Consolación de la Portilla y Lascuráin, nueve hermanos que habían morado en una residencia que el propio arquitecto Cortina había diseñado en la calle de Enrico Martínez N° 5. Abajo, en una imagen captada en 1934, aparece la familia Cortina Portilla, fotografía en la que al centro destaca María de Lourdes –vestida de blanco– al lado de sus hermanas pequeñas María Consolación y Mercedes, sus padres doña María -de pie con vestido oscuro- y don Manuel -sentado-, rodeados por los hermanos Fernando, Juan, Eustaquio, Andrés, Francisco y Manuel Cortina Portilla.



Felipe Suberbie Mendiola se había recibido como Ingeniero Químico por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1946, había contraído nupcias al poco tiempo y ocupó la casa con su nueva familia algunos años después.


Aunque el entorno de la casa cambió significativamente desde 1950 con la demolición de la casa N° 295 del Paseo de la Reforma, en la siguiente década la mutación se volvería aún más evidente con la edificación de la torre principal para el Hotel María Isabel Sheraton sobre los predios que habían ocupado las casas Braniff- Lascuráin, Ramírez-Páez y López Negrete con frente a Reforma, y se turbó de forma incuestionable en 1960 con la demolición de la casa Suinaga-Escandón en el predio adyacente, para edificar la Embajada de Estados Unidos de América.


Con diseño de Nicolás y Mariano Mariscal Barroso, el edificio del Paseo de la Reforma N° 305 se diseñó desde 1959 pero no sería terminado sino hasta 1964 por la constructora Mahrnos ; fue presentado como un ‘edificio flotante’ ya que se cimentó sobre una caja de acero y concreto -que sustituía el peso de la tierra extraída por el del edificio- y era entonces un sistema novedoso; la embajada llamó la atención por mostrar metal, cristal y mármol en las fachadas, luciendo el veteado de un magnífico “Fantastico Arni” -solicitado por el cliente-, y que el propio Mariscal escogió en Italia.

Para la casa Suberbie/Mendiola -ahora Suberbie/Cortina-, esto significó un cambio definitivo y alteró de forma categórica la percepción de su sitio, aún a pesar de que el edificio de la Embajada dejó una calle para separarse de la colindancia. Arriba, he marcado la casa Suberbie-Cortina al lado de la Embajada, junto a la que aparece el conjunto del Hotel María Isabel Sheraton; abajo la casa vista desde la plataforma y planta libre de acceso a la Embajada.



Abajo, en una interesante fotografía del Catálogo público de los “National Archives USA” aparece otra toma captada desde esa plataforma de la Embajada de los EEUU en Paseo de la Reforma, en que puede verse las fachadas traseras (Norte y Poniente) de la casa Suberbie-Cortina y donde se distinguen ventanas del comedor, antecomedor, “jardín de invierno” y semicírculo de la escalera; en primer plano la calle privada de la embajada aprovechada como estacionamiento.


Interesante resulta hacer notar la vidriera del “Jardin D’hiver”, cierro con cristal emplomado y estructura metálica que era muy popular en las edificaciones de fin de siglo XIX como “Veranda” y que debió ser sorprendente al atardecer...



Para los años 70’ la casa pasó a cargo de uno de los hijos del matrimonio y dada la formidable transformación del entorno –que implicaba la imposibilidad práctica de destinarla a habitación– se buscó un nuevo uso; varios de los predios circundantes habían perdido sus construcciones residenciales y eran usados como estacionamientos, en espera de capital para la edificación de un inmueble redituable. Aunque hubo ofertas de compra, a fin de demoler la casa y fusionar el predio para hacerlo más grande y viable para una construcción de gran volumen, la familia decidió conservar la casa…


Así, Reforma 297 -"Junto a la Embajada"- fue casa de cambio GLOBAL y sucursal de Banca SERFIN, en concordancia con algunos de los negocios a los que estaba ligada la familia Suberbie-Cortina.



En el predio de Paseo de la Reforma 295 se edificó por YPASA una torre con 23 pisos y que creó un muro-colindancia con más de ochenta metros de altura y que desafortunadamente permitía la ventilación de sus estacionamientos hacia el predio de la casa Suberbie-Cortina; se dice que la conocida como “Torre Knoll” pasó desde 2005 a la propiedad de la muy reconocida Elba Esther Gordillo...

En 2013 se había pactado la venta del predio y la casa edificada por Goyeneche en 1928, aunque por algún tiempo la transacción se estancó. Para 2014 el predio se presentó como sitio donde se edificaría la “Torre Auténtica Reforma” con 45 pisos que albergarían 300 departamentos y seis niveles de estacionamiento. Sorprendentemente, en la prensa se informaba que “El proyecto original de Auténtica Reforma contemplaba la demolición total de la casona, posteriormente se planteó desmontarla y reconstruirla en el piso 22 del edificio aunque ambas propuestas fueron rechazadas por el área de conservación del Instituto Nacional de Bellas Artes”.


Para entonces, a la casa ya se le había retirado la magnífica reja frontal y en una sorprendente coincidencia, el arquitecto Juan Pablo Suberbie Cortina –en su rescate y restauración del “Edificio Balmori” en la Colonia Roma que fuera construido en 1922 por el Ingeniero Capetillo Servín‒ colocó en 1994 la reja de la casa familiar como nuevo acceso a la cerrada del conjunto sobre la calle de Orizaba. Me cuenta el arquitecto: “En su remodelación, el banco Serfín había desmontado las rejas y estuvieron guardadas algunos años...”





Por un breve período, la casa de Reforma 297 quedó en espera de una nueva decisión, hasta que en 2015 se anunció que SOFITEL edificaría un hotel en el predio –agregando el terreno trasero con acceso desde la calle de Río Papaloapan N° 38 y 40‒. Se anunciaba entonces que dos crujías frontales de la casa serían integradas al diseño de una torre con 45 niveles –incluyendo siete sótanos– y la fachada se conservaría en su sitio dentro de un proyecto de Grupo ECO Developers.



Desde 2016 se dio la demolición de la parte trasera de la casa, a pesar de varias manifestaciones de vecinos y se preparó la sección del viejo acceso para ser reubicada; además se retiraron herrería y “Veranda” que se consideraban reubicar dentro del nuevo edificio como decoración en los distintos recintos del hotel.



Así, desde 2016, buena parte del terreno quedó libre y la primera crujía de la casa Suberbie-Cortina se encerró dentro de una estructura metálica a fin de conserva la integridad de la estructura durante los trabajos de excavación y construcción.



Por varios meses, quienes paseaban por Reforma se acostumbraron a ver la “casa enjaulada”, donde no pasaba nada…



La apariencia de que nada sucedía en el predio era falsa, ya que desde 2017 se excavó y comenzó la edificación con un curioso e interesante sistema constructivo llamado Top-Down, justo detrás de aquella fachada; el sistema, iniciaba con una losa armada a nivel de calle y de ahí, se realizó la excavación hacia abajo para colar las losas siguientes; además se coló un muro Milán de 48 centímetros de grosor como refuerzo de los seis niveles de sótano para estacionamiento y soporte de columnas que llegarían a más de 30 metros de profundidad…



Para 2017 ya se podía notar el avance de obra y para el año siguiente, detrás de la primera crujía de la casa edificada por Goyeneche en 1938, ya se desplantaba una esbelta torre de austero porte y considerable altura.







Para 2018 se hicieron públicos algunos elementos de diseño del hotel y se mostró que la primera crujía de la casa Suberbie-Mendiola/Cortina fungiría como acceso al “Motor lobby” del hotel; además se mostraba que la fachada con el acceso a la casa, sería ahora parte del acceso al Bar que además estaría decorado con la veranda de la casa.



Desde lo alto de la nueva estructura quedaba claro que la Embajada de los Estados Unidos ya no era tan infranqueable como antes se deseaba, aunque los permisos para la edificación de SOFITEL, coincidieron con el anuncio de la mudanza de la Cancillería a sus nuevas instalaciones -en futuro cercano- al nuevo edificio proyectado por Tod Williams Billie Tsien Architects / Davis Brody Bond -Joint Venture- en la Colonia Ampliación Granada, y de la que se colocó la primera piedra a principio de 2018.



Aunque las mejores vistas de la torre SOFITEL son hacia oriente y poniente –y por lo mismo colindancias que podrían obstruirse‒, el sorprendente panorama hacia la ciudad y Paseo de la Reforma es asombroso.



De la casa Suberbie-Mendiola/Cortina se conservan las fachadas de la primera crujía –que fueron cuidadosamente renovadas– y espero que de Goyeneche se conserve en la esquina la talla con su nombre y fecha de ejecución. Los vanos del piso bajo se alteraron para permitir la boca de acceso de vehículos, modificando una de las ménsulas y balcón pero reponiendo herrería y balaustradas.


Será interesante visitar el hotel y ver qué se ha hecho con aquella casa de 1938…

El 21 de enero de 2020 se hicieron correcciones al texto de esta entrada, a sugerncia y siguiendo las incicaciones del arquitecto Juan Pablo Suberbie Cortina, a quien agradezco sus invaluables comentarios.



Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si se utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



Conforme haya más entradas (¡Ya hay un centenar!), aparecerán en el índice a la parte superior derecha de ésta página…



También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html
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jueves, 10 de octubre de 2019

La casa Cortina/Goríbar en la 5ª Calle del Congreso.




En un predio de 969 m², la sorprendente casa en la 5ª calle del Congreso de la Colonia Americana ‒con el actual N°113 de la calle de Versalles en la Colonia Juárez‒, fue diseñada y edificada desde 1906 por los arquitectos Manuel Cortina e Ignacio Gorozpe. De origen los extraordinarios interiores se diseñaron para don Joaquín Cortina Rincón Gallardo y su esposa Refugio Goríbar Zavala, residencia que erróneamente se dice pasó a propiedad de la familia Sanborns. Al paso del tiempo la casa pasó a albergar oficinas diversas incluyendo desde 1990 la Secretaría de Transporte y Vialidad (Setravi) ya como propiedad de Leo Noetzel del Castillo Negrete, y para 1995 fue escena de la sonada muerte del entonces Secretario de Transporte del D. F., Luis Miguel Moreno, para ceder luego sus espacios a la “Dirección General del Centro de Control de Confianza” de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal; ahora es baluarte de eventos sociales diversos (como la exposición sobre el Mundial Rusia 2018 o la semana de la moda de 2019) que se aprovechan de los sorprendentes interiores...




Don Joaquin Maria Bernardo José Cortina y Rincón-Gallardo nació en Ciudad de México hacia 1876, hijo de Miguel Cortina San Román (n.1845) y María Luisa Rincón-Gallardo Rosso (1846-1902), hermana mayor de Eduardo Rincón-Gallardo Rosso (1848-1906), Marqués Guadalupe Gallardo, padre de Carlos Rincón-Gallardo Romero de Terreros, 4° Marqués Guadalupe Gallardo, 3° Duque Regla, 11° Marqués Villahermosa de Alfaro, y tío de Carmen Rincón-Gallardo Romero de Terreros (1876-1966) Condesa San Bartolomé de Jala, que había casado el 12 de septiembre 1900 con Rafael Ortiz de la Huerta Flores, y que desde 1905 vivían al otro lado de la calle del Congreso… (Ver)


El diseño de aquella casa Ortiz de la Huerta y Rincón-Gallardo, se había encomendado al destacado arquitecto Manuel Gorozpe (que desde 1901 habitaría a unos metros de ahí (Ver), pero el matrimonio Cortina/Goríbar decidió encargar el diseño de la nueva vivienda a un par de jóvenes arquitectos que apenas recibían el título de la Escuela Nacional de Bellas Artes: Ignacio Gorozpe y Morán (n. 1877) que era el hermano menor de Manuel Gorozpe ‒hijos ambos de Pedro Miguel Gorozpe y Echeverría y Guadalupe Morán y Cervantes‒, y que había estudiado arquitectura con su primo Manuel Cortina García (n. 29 de mayo 1877), hijo de Manuel Cortina e Icaza –hermano de Francisco Cortina, padre de la Duquesa de Regla– y Luz García y López de la Cuadra.


Doña Concepción Cortina y Cuevas de Rincón-Gallardo y Romero de Terreros –duquesa de Regla– había sido instrumental en la creación del nuevo fraccionamiento que como “Colonia Americana” se desarrollaba desde 1897 y en 1909 se transformaría en la Colonia Juárez y así por parentesco, afecto y estirpe, estaban ligados propietarios, clientes y arquitectos…

Arriba, doña Concepción Cortina y Cuevas de Rincón-Gallardo y Romero de Terreros –duquesa de Regla– justo después de su boda; abajo el arquitecto Manuel Cortina García, sobrino de la duquesa y socio de Ignacio Gorozpe y Morán, autores del proyecto de la casa en la actual Versalles N°113.




Desde 1897 la fracción sur-oriente de un proyecto urbano de Salvador y Javier Malo Valdivielso se había concretado, trazando y urbanizando a manos de la “Chapultepec Land Improvement Company” –administrada por don Carlos Rincón Gallardo y Romero de Terreros‒ lo que pasaría a ser la “Colonia del Paseo”, sitio que entonces se consideraba sector “Correcto y deseable” en el desarrollo de la ciudad –urbanizada sobre el ángulo formado por los Paseos de Bucareli y Reforma–, y donde se edificarían algunas de las extraordinarias residencias y novedosos edificios con departamentos de la “Colonia Americana”.


Entre esos dos Paseos y hacia el sur-oriente, se extendería la “Colonia del Paseo” –urbanizada sobre terrenos adquiridos por don Joseph Limantour con dos largas calles paralelas a Bucareli nombradas Calle de Limantour (ahora Abraham González) y la vieja Calle del Congreso (ahora Versalles)‒, urbanización que ampliada mutó en Colonia Americana, de anchas y tranquilas calles con inventario de capitales europeas, jardinadas e iluminadas por la noche en sus cruces, bordeadas de espectaculares residencias. Arriba, una imagen de la Calle del Congreso, captada desde la esquina de lo que sería la calle de Berlín con el edificio de departamentos diseñado en 1907 por Regis A. Pigeon “para empleados consulares”; abajo, una imagen de la calle dedicada a Versalles –antes Calle del Congreso‒, mirando hacia el norte, al cruce con Marsella y Turín (aunque alterada, la casa a la extrema derecha de la toma aún subsiste).


Cuando se decidió ampliar la urbanización hacia el poniente, buena parte de los predios quedaron en propiedad del Banco de Londres y México y la “Compañía de Mejoras de los Terrenos de Chapultepec” –de don Carlos Rincón Gallardo y Romero de Terreros‒ con remate celebrado en 1896. Abajo, en el fragmento de un plano fechado en 1907 que describe la urbanización de la Ciudad de México, he señalado el trapecio que delimita la zona que inició como Colonia del Paseo y se llamaría Colonia Americana a cargo de la “Compañía de Mejoras de los Terrenos de Chapultepec” poblándose apresuradamente.


Así desde 1900 y como parte de la ampliación de la exitosa “Colonia Americana” se desarrolló hacia el sur-poniente ese nuevo sector -ya como Colonia Juárez-, con un trazo ortogonal al Paseo de la Reforma, con Hamburgo, Londres, Liverpool y Marsella paralelas a ese Paseo, y Bruselas, Berlín, Dinamarca, Nápoles y Havre perpendiculares. El último tramo de la Calle del Congreso, se transformaba ahora en Versalles, justo al llegar a la Avenida del acueducto de Chapultepec, en una manzana pentagonal limitada por Dinamarca, Marsella y Berlín…

En aquellos nuevos parajes edificarían sus casas -desde 1896- don Hugo Marquard y Mr. H. C. Waters, gerente general del Banco de Londres y México (Ver) o en 1903 el gobernador Diego Redo para María Teresa Vidal (Ver).


En ese contexto se edificó a partir de 1906 la residencia Cortina-Goribar a manos de la mancuerna Cortina y Gorozpe que ya desde 1899 había diseñado y edificado la magnífica casa de Rosales 200 (en la ahora intensamente transitada Avenida Guerrero, muy cerca de donde se levanta el “Caballo de Sebastián” en Reforma) y trabajaban en una casa para don Ignacio Cortina, frente a la glorieta al cruce de Londres y Dinamarca.




El matrimonio de don Joaquín Cortina Rincón Gallardo y doña Refugio Goríbar Zavala eran aún propietarios de algunas de las antiguas haciendas familiares en los límites de Jalisco, Guanajuato, Aguascalientes y Zacatecas en derredor a Ciénaga de Mata; bien nos dice Beatriz Rojas en “Las instituciones de gobierno y la élite local”: “Los Rincón Gallardo, desde muy temprano especializaron sus haciendas en los diferentes tipos de ganado que criaban. Desde 1662 Chinampas se dedicaba a las ovejas, la de Tecuán al ganado mayor, las de Encinillas y San Isidro de Peñuelas eran de labor; la cría de mulas estaba en la hacienda de Agostadero. Esta lógica perduró y en el siguiente siglo se siguió respetando esta distribución…” y se mantuvo vigente, aunque para el S. XIX parte de las haciendas habían pasado ya a manos de los Cortina y en parte constituían el acervo de don Joaquín y su esposa...


Además, el matrimonio era dueño de una desvencijada casona colonial (S. XVIII) en el pueblo de Tacubaya que de tiempo atrás se conocía como “Casa de la Bola”; en 1914, el matrimonio decidió refrescar la propiedad como casa de descanso y solicitó también al arquitecto Manuel Cortina García intervenir pisos y fachada. En 1942, esa propiedad pasaría a manos del señor Antonio Haghenbeck y hoy es museo que alberga una colección que conserva algunos de los efectos que amueblaron aquellas casas de los Cortina-Goribar.


Sobre el terreno de peculiar geometría y frente de apenas veinte metros sobre la Calle del Congreso ‒a escasos metros del aún entonces pueblo de “Romita” al otro lado de la Calzada del Acueducto‒, la nueva casa del matrimonio de Joaquín Cortina y Rincón Gallardo con María del Refugio Goríbar y Zavala vería llegar en 1906 a Joaquín Jr. (que casó en Octubre de 1941, con Susana Corcuera y García Pimentel 1914-1991), en 1907 a Antonio (que casó en Agosto de 1937, Ciudad de México con Guadalupe Riba y Landa 1909-1979), en 1910 a María Luisa (que casó con Daniel Escalante y Ortega), en 1911 a José (que casó en Noviembre de 1938 con Cecilia López Negrete Monteverde) y en 1913 a Rafael (que casó Octubre de 1939 con Adela Céspedes Rul) todos Cortina Goríbar y que pasaron su infancia en aquella morada.


El esquema –como muchas de las construcciones residenciales del período– alineaba la edificación a la banqueta, con un espacioso basamento de servicio sobre el que se alzaba la casa de majestuosas proporciones aunque sobria expresión exterior. Recuérdese que en el período, la Academia de San Carlos aún dictaba los lineamientos del “Buen Gusto” y tanto profesores como alumnos, estaban versados tanto en la tradición de la arquitectura clásica como en la selección de elementos extravagantes que afinaban el eclecticismo que en México predominaba en la primera década del S. XX.




En ese contexto, al exterior la residencia Cortina presentaría un conspicuo balcón de esbozo neoclásico y ornamentación de exégesis “mudéjar” como límite al margen de una composición, que de otra manera podría entenderse como de estricta disposición académica…



Como se señaló, el mayor arreglo en fachadas se dedica a la galería de la antesala, balcón que protegido por fustes de orden jónico y robustos estribos estriados, se abre con colorida decoración mirado desde el Oriente, resguardando un espacio que para el viandante estimula la curiosidad por inaccesible; apenas mirar el remate de la puerta de cristales coloridos -rematada con mosaicos polícromos- y las bovedillas vaídas recubiertas de ladrillos vidriados con firuletes pentalobulados, invita a sospechar los interiores.


De hecho, ese mirador es manifestación de las maravillas ornamentales que para el visitante depara el diseño interior de Cortina y Gorozpe, con piso y rodapié de mayólicas multicolores e intricado diseño de infusión moruna, muy en concordancia con el exotismo finisecular del imperante -aunque ya entonces destronado- eclecticismo académico…



Entrar a la casa se hacía entonces por aquel discreto y estrecho andador del sur -que desde un principio quedó constreñido por la edificación colindante-, para tomar la escalinata de generosa rampa que llevaba al “Piano nobile”, o llegar al medio patio permitía acceso a las muy diversas dependencias. Además, ese andador daba acceso directo e inmediato al semisótano que en las habitaciones del frente albergó un pequeño despacho, sala de juegos y salón fumador para los caballeros.



La relativamente frugal escalera de ascenso -que desafortunadamente fue modificada y despojada del ornato original- da paso a un par de recibidores o antesalas que con decoración de atauriques y arabescos, vestibulan el acceso a salones y otras dependencias; con atrevido colorido -ya perdido- resaltado por vidrios multicolores en puertas y ventanas, esas antecámaras debieron ser sorprendentes cuando contenían el amueblado original…


Arriba a la izquierda, la antesala Oriente y su ángulo sur -habiendo recreado el amueblado-, con puerta a la galería y ventana al andador; como complemento, a la derecha el salón mudéjar de la casa Braniff-Amor en Ribera de San Cosme (Ver), con los tradicionales pertrechos de un salón decorado a la manera del Al-Ándalus. Abajo, la puerta de antesala a galería -y sus vidrios multicolores- vista desde fuera.


A pesar de perder policromía y amueblado, el par de antesalas son notable ejemplo de aquel eclecticismo vigente en los primeros años del S. XX, y antecedente para valorar las notables habilidades decorativas que en otros salones desarrolló la mancuerna Cortina/Gorozpe…



Sin duda alguna, el aposento más asombroso de la residencia Cortina-Goribar en la Calle del Congreso debió ser el Gran Salón; con superficie de 160 m² y 6 m. de altura libre, la profusa iluminación de los ventanales aún permite deleitarse admirando la decoración que atavía pisos, muros y plafón, con suntuosas y complejas lacerías, atauriques y labrados con estrellas de seis y ocho puntas de estética barroquizante, que quisieran ser convite a la filigrana de la Alhambra…


Al exterior, los tres grandes ventanales no denuncian el decorado interior y sorprendentemente tampoco dan parámetro a la monumental gradación de ese espacio; el gran salón no es una propuesta excepcional y toda gran residencia del período debía acoger uno equivalente…


Como ejemplo, bástenos recordar el salón de la casa de doña Carmen Rincón-Gallardo Romero de Terreros Condesa San Bartolomé de Jala y Rafael Ortiz de la Huerta Flores, justo enfrente -en la Calle del Congreso Luego Versalles N°112-, o la casa de la hija predilecta del Presidente Díaz - Amada Díaz Quiñones- que casada con Ignacio de la Torre Mier y Celis habitaba frente a la Estatua ecuestre de Carlos VI, en el número 1 de la Plaza de la Reforma (Ver) y cuyo salón aparece fotografiado abajo…



El Gran Salón de la residencia Cortina/Goríbar debió ser de suyo y desde 1907, uno de los salones memorables en la Ciudad de México, que con ajuar y guarniciones disociadas de la estética arabizante de los muros, daba brío y firmeza a la energía ecléctica de la gran estancia.


No es extraño entonces, que en 2019 –a más de 110 años de creado‒ ese salón siga siendo sitio preferido para exhibiciones y pasarelas…


Aunque sorprende la carpintería en piso y arrimadero, de particular relevancia resulta el plafón de esa gran estancia, con imponente trabajo en yeso a manera de carpintería de lazo…


Tradicionalmente, la carpintería de lazo llegó a nosotros como labor de entrelazados en madera para cubrir la parte vista de las techumbres andalusíes y mudéjares. De concepción eminentemente geométrica, parte de una estrella de seis u ocho puntas que, mediante engarces o lazos va multiplicándose para dar lugar a una «rueda de lazo». De origen hispanomusulmán –de hecho nazarí-, tuvo sus primeras manifestaciones en los palacios de La Alhambra a comienzos del siglo XIV, pero pronto se difundió por toda la Península e islas Canarias, alcanzando en puntos muy alejados de Granada un nivel de perfección comparable al conseguido en los talleres de al-Ándalus; en la Nueva España, los ejemplos son numerosos, pero resaltan los trabajos en la iglesia de San Francisco de Tlaxcala, el artesonado de la Iglesia de Santo Domingo de Yanhuitlán -en Oaxaca- o de la vieja sacristías del Hospital de Jesús en la Ciudad de México…

Otras dependencias de Versalles 113 tienen un ornato menos pródigo, aunque en su momento el amueblado debió jugar papel importante en su decorado. El largo pasillo que comunica interiormente los diversos espacios aún conserva carpintería de magnífica factura y la iluminación/ventilación cenital permiten entender el cuidado con que Cortina y Gorozpe diseñaron los distintos espacios.


Mientras que las habitaciones se reúnen frente al medio-patio con orientación sur, el extremo Nor-poniente de la construcción concentra cocina, comedor, antesalas y otras dependencias con sus propios accesos a zona de servicios y espacios abiertos del patio trasero. Ahí, un nuevo vestíbulo con acceso desde patios y pasillo interior da acceso al Salón Comedor.


Remate a la circulación interior y con liga directa al Gran Salón, el comedor retoma la pompa decorativa de aquel, en un designio finisecular más acorde con la delicadeza del romanticismo europeo que con la intensidad del Magreb…


El amplio salón de pródigo ornato deja intocadas todas las superficies y entre los decorados destacan las pinturas de gran formato que engalanan muros y plafón con escenas bucólicas de encantadora confección. Entre el profuso trabajo de yesería del plafón, un tondo central se abre entre ramas y hojas a un alegórico y pulcro cielo, mientras que dos granes secciones de muro se visten -lujosamente encuadrados - con eventos pastoriles de asecho y persecución.


De nuevo, no es extraño entonces, que en 2019 –a más de 110 años de creado‒ ese salón siga siendo sitio preferido para sesiones fotográficas y pasarelas…


Para 1909, el propio arquitecto Manuel Cortina García usaría un recurso equivalente en su propia casa de la calle de Enrico Martinez, con magnífica escena campestre pintada en el espacio de la escalera; ya habrá oportunidad de garabatear acerca de aquella magnifica edificación…


Por de pronto, el salón comedor de aquella casa de doña Refugio Goríbar Zavala y Joaquín Cortina Rincón Gallardo –luego Leo Noetzel del Castillo Negrete‒ se conserva en envidiables condiciones y resulta sitio codiciado para eventos diversos.




Al paso del tiempo, el rumbo se transformó perceptiblemente y lo que había sido una zona eminentemente residencial pasó a ser bulliciosa zona comercial, a pesar de las innumerables y fastuosas residencias del entorno.



Un caso interesante es el de la casa aledaña (Versalles N° 115) –justo compartiendo la colindancia sur de la casa Cortina- Goríbar‒, que habiéndose edificado 1907 para albergar al representante del gobierno de la República Francesa ante el gobierno de México nunca llego a ocuparse a causa de los disturbios de 1910, y para 1945 fue adquirida en por el matrimonio de Stela y Frank A. Sanborn, casa donde sus hijos Jack y Francis visitaron frecuentemente aunque residieran en a Lomas de Chapultepec uno y la calle de Amberes el otro.


Arriba, una imagen de la casa de Frank Sanborn y la que desde 1917 era su segunda esposa, Stela ‒junto con Jack y Francis propietarios de “Sanborns Hnos.”, que en 1919 había inaugurado su nuevo local en la “Casa de los Azulejos” como casa matriz‒ donde se exhibía la colección de arte y plata, incluyendo porcelanas y tapetes persas. Desafortunadamente la casa fue destruida hacia 1960 y el terreno aprovechado como estacionamiento, pasando luego también a la propiedad de Leo Noetzel del Castillo; supongo que de ahí deriva el desliz de asumir que la casa N°113 de Versalles era junto con la N°115 (ahora 117 de Versalles) incluyendo sus 1,181 m² de terreno, era propiedad de Frank Sanborn…



Otra gran edificación destruida fue la casa Ortiz de la Huerta y Rincón-Gallardo (Ver https://grandescasasdemexico.blogspot.com/2017/05/la-casa-del-arquitecto-manuel-gorozpe-y.html ) justo al otro lado de la calle, para ser ocupado el terreno por el conjunto “Plaza Versalles 112” y sus diez edificios de cinco niveles con cincuenta departamentos. Sorprendentemente, el edificio de departamentos diseñado en 1907 por Regis A. Pigeon “para empleados consulares” aún se conserva restaurado y ampliado, aunque la sección norte del conjunto original desapareció luego de sufrir daños estructurales durante los sismos de 57 primero y 85 después.



La casa diseñada y edificada desde 1906 para don Joaquín Cortina Rincón Gallardo y su esposa Refugio Goríbar Zavala, se conserva intacta en el N° 113 de Versalles, y aunque ha tenido algunos sobresaltos a causa de sus ocupantes, se mantiene en perfectas condiciones. En abril de 1995 fue escenario del suicidio –de dos tiros en el pecho– del entonces Secretario de Transporte del D. F., Luis Miguel Moreno Gómez -amigo del regente Espinosa Villarreal- que puso al descubierto la venta ilegal de más de milquinientos juegos de placas a concesionarios de taxis y microbuses, y encabezó la investigación por el desvío de 26 millones de pesos de la ex Ruta 100 hacia el sindicato…


La casa diseñada en 1906 por los arquitectos Manuel Cortina e Ignacio Gorozpe con sus extraordinarios s interiores se mantiene reservada detrás de grandes árboles a unos pasos de Avenida Chapultepec y pocos se toman el tiempo de admirarla y descubrir la autoría labrada en la fachada.




Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si se utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–.



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